Reflexiones desde la experiencia

Aporte al debate TIPNIS

Anastasio Kohmann
Publicado en Diciembre 2019 en La Migraña 33
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En la medida que pasa el tiempo y el conflicto del TIPNIS no se resuelve, pienso en el instrumento que el señor Carlos Marx nos dio para analizar las sociedades o Estados, y haciendo una adaptación a la realidad de Bolivia, llego a la sospecha que el conflicto del TIPNIS es la lucha de los pequeños burgueses (los pequeños y medianos propietarios de la tierra que en los últimos 30 años se han organizado sindicalmente en las federaciones de colonizadores y cocaleros) contra los indígenas del oriente, cuya supra estructura cultural y mental no les permite la propiedad de la tierra como capital, y por eso no son aptos para “el desarrollo capitalista de la agricultura, al no superar los procedimientos primitivos de producción…” (Ley de Reforma Agraria). Y según la observación de Marx, la infraestructura dominante se impone. Eso en Bolivia ya no debe ocurrir porque “Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico…”

Y en medio de este conflicto está nuestro presidente que, por un lado, lanzó en las NN. UU. las palabras proféticas: “La Madre Tierra tiene derechos” y no debe ser explotada ni maltratada. (Que a mi entender es un concepto auténticamente indígena.) Y la otra sentencia profética: “La causa del calentamiento global es el capitalismo”. Incluyendo el capitalismo colonialista, que se practica en toda la cuenca amazónica. Y por el otro lado, en Bolivia sus compañeros sindicalizados como colonizadores y cocaleros, le critican y le presionan por haber firmado una ley corta a favor de 53 comunidades indígenas no capitalistas, y en contra de la construcción de una carretera que iba facilitar la colonización de las tierras bajas.
Y aquí los antecedentes, que me llevaron a esta conclusión.

Génesis

Para los indígenas de toda América los conflictos tienen un inicio, una historia. Personalmente, comencé a comprender el conflicto existencial de ser o no ser indígena en la inmensa cuenca amazónica en la noche del Jueves Santo a Viernes Santo del año 1974.

Después de siete horas de viaje en un camión “mixto” por la recién abierta carretera de Coronel Oviedo (Py) a Salto Guairá (Br), –que era parte del famoso “punto cuatro” de la Alianza de Progreso de los EE. UU. y cuyo objetivo era la vertebración caminera de las selvas amazónicas–, y tres horas de caminata llegué a la “colonia Fortuna” de la comunidad Chiripá Guaraní.
Al llegar me presento al cacique Canuto. Él me explica que toda la comunidad está a punto de ir a la oración del bosque (ñembo’e ka’aguype) y si me gusta puedo ir con ellos. Claro, por más cansado que estuve, esta ocasión no quería perder.

Esta oración del bosque era realmente un rito comunitario. Toda la comunidad, pequeños y grandes, tenían una participación activa. Las mujeres con sus Tacuaras de diferente tamaño y grosor marcaban el ritmo, mientras los hombres formaban una fila y dirigido por su líder espiritual bailaban al son de las tacuaras en círculos frente a las mujeres. Todo esto acompañado con cantos y oraciones. Después de una hora y media se hizo un descanso de, aproximadamente, media hora, y luego se siguió con la ceremonia, pero dirigido por el cacique y después de otro descanso, por otro líder de la comunidad.

Cerca de la media noche llegó un nutrido grupo de campesinos “interculturales” al lugar atraídos por el sonido de las Tacuaras que se escuchaba por leguas, y comenzaron a profanar este rito. Para ellos, esto era una fiesta de Pascua y lo convirtieron en un Carnaval. A mí me daba vergüenza, pero los indígenas seguían su rito sin dejarse provocar.

Ya cerca de las dos de la madrugada se me acerca el líder espiritual (chamán) y me invitó a ir con él a su casa. Caminábamos unos veinte minutos por la orilla del bosque hasta llegar a su casa. Ahí me invita a sentarme en una hamaca, pero no para descansar y dormir, sino para darme un “lavado de cerebro” desde la hamaca de al lado.

Empezó sus reflexiones reprochándome los males principales que nosotros los “blancos” (extranjeros, criollos, mestizos, y campesinos) les hemos causado y les seguimos causando a estos pueblos y naciones indígenas de la inmensa Amazonía. Dijo: “Uds. creen que Dios ha creado esta tierra. Nosotros creemos también que Dios ha creado la tierra por lo tanto el Dios de ustedes y el Dios de nosotros es el mismo porque solo puede haber un solo creador. La diferencia es, que ustedes lo veneran de una manera y nosotros a nuestra manera. Si nosotros vamos al culto de ustedes lo respetamos, nos portamos igual que ustedes, porque sabemos que está bien como lo hacen ustedes. Es la forma como ustedes veneran a Dios, pero nos ofende profundamente cuando ustedes vienen a nuestro culto y no lo respetan, y se burlan y menosprecian nuestra forma de venerar a Dios, tal como lo están haciendo ahora en esta nuestra oración del bosque.” Comprendí, que yo tenía la obligación moral de corregir mis hermanos “cristianos “, y no permitir que profanan este culto.

Luego, menciona que nosotros los “blancos” tenemos un libro muy bonito, la Biblia, que cuenta como Dios, el Padre de todos, ha creado la Tierra, como hizo las plantas, los animales y a todos nosotros los humanos, para lanzarme la pregunta:”¿Cómo es posible que gente de ustedes vienen aquí y a otros partes a poner cercos de alambre, diciendo esta tierra es mía, yo tengo papeles, si ustedes también creen que Dios ha creado la Tierra y la ha creado para todos los humanos? ¿Cómo puede ser que Dios reparte la tierra mediante papeles?” Yo no pude contestar. Solo quería desaparecer de vergüenza, y mis primeros pensamientos eran ¿habrá sido un ateo o un rey que se atribuía derechos divinos?

Siguió esta argumentación explicándome que también nosotros los “blancos” tenemos el derecho de vivir en estas tierras, aunque ellos la han habitado primero, ya que la tierra es de todos, pero deberíamos respetar aquel acuerdo o contrato verbal que hicieron sus antepasados con los primeros españoles que llegaron, y que decía:” las tierras con bosque para los indígenas y las tierras abiertas para los blancos”. Lamentó mucho, que nosotros los blancos no somos un pueblo de palabra. No respetamos acuerdos. No se puede confiar en lo que decimos. Comprendí que nosotros los blancos como pueblo somos un desastre, no tenemos una cohesión cultural, no tenemos un “modo de vivir”, somos incalculables, entre nosotros, y mucho más para los hermanos indígenas.

La última parte de la conversación la dedicó a explicarme el significado de “ñande reko”. Me explicó que ellos no tienen una palabra equivalente a “religión”, que no tienen un modo de practicar la fe y otro modo de vivir, como es costumbre entre los cristianos. “Nosotros tenemos un solo modo de vivir, que es el ñande reko, nuestra vida no se puede dividir en un modo religioso y un modo mundano de vivir. Ñande reko, nuestro modo de ser, incluye toda nuestra vida: El aspecto laboral, cultural, familiar, comunal y nuestras creencias. Todo esto junto es nuestro modo de ser, ñande reko”, repitió.

Esta conversación, o, mejor dicho, este lavado de cerebro, duraron algo más de dos horas y en las pocas horas que quedaron hasta el amanecer comencé a sacar mis conclusiones.

  1. Este líder religioso, o chamán, sabía más de nosotros los “blancos”, que yo de ellos.
  2. Por más que yo era un crítico de las estructuras injustas que dominaban los países del Cono Sur, me hizo ver que yo tenía una lógica o “supra estructura mental” muy diferente a la de ellos. Me hizo ver la dicotomía o la esquizofrenia de nuestras vidas al dividirlas en vida diaria y vida religiosa, vida privada y vida pública, al creer en un “creador” de la tierra y no cuestionar el reparto arbitrario de la tierra, etc.
  3. La experiencia de los indígenas en quinientos años de colonización es, que las palabras de los “blancos” no tienen valor, son engaño y pura promesa.
  4. Nuestra fe en la propiedad privada de la tierra como medio de producción es mucho más fuerte que nuestra fe en un creador y el destino universal de la creación.

Pasaron 37 años desde aquel ñembo’e ka’aguipe, y en todos estos años tuve presente dos lecciones de aquella noche:

La primera, desconfiar de mi propia “supra estructura mental” preguntándome a menudo: ¿lo que pienso y lo que siento, es verdad o solo “supra estructura” para justificar mi cómoda “infraestructura económica”? Comprendí que estos indígenas con su “infra estructura económica” de cazadores, pescadores, recolectores y pequeños agricultores, no pueden concebir “la tierra como medio de producción privada”, sino como donación del creador a sus criaturas, los hombres, indígenas y blancos.

Y la segunda, después de 500 años de colonización, acompañado de todo tipo de vejámenes y engaños, nuestra palabra ya no vale nada frente a los indígenas. Ya no pueden confiar en lo que un “blanco” dice. Si nuestra palabra no emana de una autoridad legalmente constituida y no es debidamente notariado, firmado y sellado, no vale nada. Y en caso que todo esto se cumple, a los indígenas tampoco les sirve esta palabra oficializada porque como no pueden pagar abogados y comprar jueces para defender sus derechos, de poco les sirve. (Ejemplo, el Decreto de la Creación del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Securé. Al cabo de diez años, la cuarta parte del parque ya fue colonizado por interculturales).

Después de esta introducción a –mi modo de entender– a la mayoría de los pueblos indígenas de la inmensa Amazonia, cuyo modo de producción es: cazar, pescar, recolectar y la agricultura para el autoabastecimiento, quiero pasar a analizar el conflicto TIPNIS desde Vallegrande, contando solo con la información tendenciosa de la prensa nacional, y lo poco que me acuerdo de la sociología crítica.

Para mí, la construcción de la carretera por el TIPNIS solo era el detonador de un problema de fondo, que comparten todas las naciones afiliadas a la CIDOB, y es su sobrevivencia como personas y naciones.

Durante 500 años estas naciones experimentaron diferentes formas de reducción, pero su mayor amenaza son las carreteras (no los caminos vecinales) Transamazónicas que se empezó a construir a partir de los años 60 en todos los países de la cuenca. En aquellos años la “Alianza para el Progreso del Pueblo de Estados Unidos”, en su “Punto Cuatro” (en Bolivia probablemente lo llamaron “Proyecto 4 Norte” ayudaba a los Gobiernos nacionales a construir carreteras por medio de las selvas, con el fin de “colonizarlas”, con el claro propósito de disminuir el proletariado rural en la zona interandina y en las zonas suburbanas, con el fin de debilitar los movimientos populares inspirados en la Revolución cubana.

Si bien, La “Reforma Agraria” de Bolivia era anterior a la “Alianza para el Progreso”, y a pesar de sus muchas luces, tenía algunos “considerandos” y “artículos” cuestionables, que al parecer fueron apropiados por la “Alianza para el Progreso”. Por ejemplo, “Considerando que los poseedores feudales…, al constituirse en un freno para el desarrollo capitalista de la agricultura…, han demostrado su incapacidad…”. Esta meta de “desarrollo capitalista de la agricultura”, que impulsa la “Reforma Agraria, se ha impreso a lo largo y ancho de todas las carreteras de la Amazonia e incluso en el Chaco. Y si consideramos, que por cada kilómetro de carretera, la colonización penetró unos 15 kilómetros a ambos lados, entonces, podemos calcular que se cortó 3 000 hectáreas de selva por cada kilómetro de carretera. ¿Cuantas millones de hectáreas de bosque se habrá quemado en toda la cuenca amazónica solo para el “desarrollo capitalista de la agricultura?” Y es esta penetración colonizadora que ha reducido y destruido el habitad ancestral de las naciones indígenas, y este hecho debe estar vivo en la memoria de aquellos que tuvieron que renunciar forzosamente a su “modo de producción” y por eso mismo, aceptar el etnocidio, que es la destrucción de su cultura y en muchos casos el genocidio de su pueblo.
En el noveno “considerando”, de la Ley de Reforma Agraria, el inciso f) explicita y justifica este proceso de colonización, diciendo: “Promover corrientes de migración interna de la población rural, ahora excesivamente concentrada en la zona interandina, con objeto de obtener una racional distribución humana, afirmando la unidad nacional y vertebrar económicamente el oriente con el occidente del territorio boliviano;”

Este texto es una clara muestra de la supra estructura mental que inspiró a los redactores de la Reforma Agraria, y que entre líneas dice más o menos esto: Hay demasiada población campesina pobre no capitalista, por no ser propietaria de la tierra, en la zona interandina, que constituye un peligro para cualquier Gobierno. Por eso, mandemos a las tierras bajas como conquistadores y colonizadores. Con esto aseguramos que el oriente no se va y, además, hay una mayor corriente económica hacia la zona interandina.

Aún más claro, respecto a la supra estructura mental de la revolución del MNR, es el capítulo III del título IX. de la Ley de Reforma Agraria, que dice:

“De las reducciones silvícolas

Art.129. Los grupos silvícolas de los llanos tropicales y subtropicales, que se encuentran en estado salvaje y tienen una organización primitiva, quedan bajo la protección del Estado.

Art.130. Los núcleos escolares campesinos y las instituciones particulares, debidamente autorizadas, que se encarguen de la incorporación de los silvícolas a la vida nacional, dispondrán de tierras suficientes para establecer a las familias reducidas y convertirlas en agricultores independientes. La propiedad colectiva y particular de los silvícolas es inalienable. Las instituciones de reducción silvícola estarán, en todo tiempo, bajo el control del Gobierno.

Art.131. Sin perjuicio de la formación de la propiedad familiar silvícola, los organismos encargados de su incorporación fomentarán los sistemas de trabajo cooperativo.”

Estoy seguro, que hasta hoy día hay bolivianos, que aprueban estos artículos, creyendo que es una buena medida, a pesar que son racista, discriminatorio y étnocida.

Los indígenas interandinos, en cambio, gozan de mejor trato en la Ley de Reforma Agraria. El noveno considerando, en su inciso b) dice: “Restituir a las comunidades indígenas las tierras que les fueron usurpadas y cooperar en la modernización de sus cultivos; respetando y aprovechando, en lo posible, sus tradiciones colectivistas”.

La ley misma, a partir del artículo 44, habla de ellos como campesinos, comunarios o colonos.

Por lo menos, a ellos no hay que reducirlos y convertirlos.

Es decir, la supra estructura legal de la revolución emenerrista distinguía explícitamente entre el indígena interandino, al cual se restituye todos los derechos ciudadanos, y se le animó a ser conquistador y colonizador de las tierras bajas, y el indígena de las tierras bajas, al cual se califica legalmente como “silvícola”, “en estado salvaje”, de “organización primitiva” y hay que “reducirlo“ y “convertirlo en agricultor” no tiene plenos derechos ciudadanos, por eso queda bajo la tutela del Estado. (Art.129, 130). Además, “Las instituciones (¿ONG?) de reducción silvícola estarán en todo tiempo bajo el control del Gobierno.”

Me llama la atención, que durante la marcha indígena algún ministro, varios legisladores y dirigentes de movimientos sociales, reclamaban lo mismo y por eso me pregunto: ¿si bien con la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional la supra estructura legal del Estado cambió, hasta qué punto cambió la supra estructura mental de nosotros, el pueblo en general y de sus líderes?

Para resolver el conflicto del TIPNIS de la CIDOB y de los indígenas de las tierras bajas a fondo y a largo plazo tenemos que reconocer que existen supra estructuras mentales diferentes entre ellos y nosotros que debemos respetar. Por ejemplo, yo compré un pedazo de tierra para trabajarla y vivir de ella. Para mí la tierra es un medio de producción, es mi capital privado, que defiendo a toda costa. La agricultura es mi modo de producción, es mi infra estructura económica, y necesito que el Estado me la proteja con sus leyes, con la supra estructura.

Para los indígenas de las tierras bajas la situación es diferente. La infra estructura económica de ellos es, cazar, pescar, recolectar y sembrar para el consumo familiar, y la tierra para ellos no es un medio de producción, no es capital privado, sino la madre que provee las plantas, frutas y animales que necesitan para vivir, pero igual que nosotros, necesitan que el Estado protege con sus leyes esta infraestructura económica ancestral de ellos. Ellos no pueden comprar o apropiarse la tierra porque para ellos la tierra es “sagrada madre” y lo sagrado ni la madre, se compran ni se vende. Las palabras “sagrada madre tierra”, del preámbulo de la nueva Constitución Política del Estado, para ellos son palabras reales, y no, como para la mayoría de nosotros, palabras simbólicos. Además, si la tierra es madre, entonces, tiene derechos (como lo dijo el presidente en las NN. UU.) y obligaciones y hay que tratarla con respeto. El indígena de tierras bajas (y seguramente, el de los Ayllus) es consciente, que de la tierra nació, y del fruto de la tierra vive, y a ella vuelve, él es parte de ella.

Por esta comprensión diferente de la tierra, el ñande reko es un modo de ser no capitalista. El antropólogo Bartomeu Meliá del Paraguay me decía: “Para mí estos pueblos no son pueblos anticuados, para mí son pueblos proféticos porque ellos viven los valores que necesitamos para las nuevas sociedades. No acumulan riquezas, no tienen envidia, no son vengativos, no buscan la vanidad, comparten lo que tienen, practican lo que los cristianos predican, pero pocas veces cumplen e inspirado por el Padre Nuestro formuló la frase: …ellos nos perdonan nuestras ofensas como nosotros no les perdonamos su inocencia”.

¿Qué hacer, cómo resolver el conflicto?

“Todos los movimientos que surgen de una necesidad no cumplida y se lanzan a la lucha son movimientos sociales.” (Enrique Dussel) La necesidad no cumplida de las naciones afiliadas a la CIDOP, a mi entender, es que siguen amenazadas en su existencia como naciones. Carlos Marx decía: “El modo de producción dominante (capitalista) define la supra estructura legal del Estado”, y de esta manera se impone y asfixia los otros modos de producción como el “nande reko”. Ellos sienten que, los compañeros sindicalizados tienen más cercanía al actual Gobierno que ellos y que la supra estructura mental de los compañeros colonizadores y cocaleros está todavía muy impregnada por la ideología de la Ley de Reforma Agraria que propone el desarrollo capitalista de la agricultura e insinúa el menosprecio de los indígenas de las tierras bajas.

Tenemos que consolidar y fortificar a nuestro Estado Plurinacional y eso, a mi entender, significa restringir la democracia liberal que sostiene: “una persona, un voto”, y entablar un diálogo sincero con todas estas naciones minoritarias, y una vez creado los instrumentos legales que les garantiza su existencia a largo plazo y su consolidación como naciones con un modo de vivir propio no capitalista, y su participación orgánica en el Gobierno indígena de la nación, se podrá negociar la construcción de la carretera o de un ferrocarril por el corazón del TIPNIS.

En el otro frente del conflicto hay que empezar una profunda reflexión con los compañeros “colonizadores”, “cocaleros” y agroindustriales sobre los alcanzas de las palabras de nuestro presidente Evo, que dijo: “La Madre Tierra tiene derechos” y “el capitalismo es la causa del calentamiento global, salvemos el planeta Tierra”. ¿Y qué significan estas palabras para nosotros que trabajamos la tierra?
Un primer pensamiento respecto a esta pregunta es: Dejemos de explotar la tierra y volvamos a practicar la agricultura, “…porque –para Marx– era más importante la cultura que la economía” (Enrique Dussel, Exposición hacia un Marx desconocido).

“Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal. Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, que integra y articula los propósitos de avanzar hacia una Bolivia democrática, productiva, portadora e inspiradora de la paz, comprometida con el desarrollo integral y con la libre determinación de los pueblos”. (Preámbulo CPE).

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Anastasio Kohmann

Nació en Hausach, región de Selva Negra, Alemania (1944). Se formó en el área de metalmecánica (1958 – 1962). Ingreso a la Congregación de los Hermanos Misioneros de San Francisco de Asís, donde adquirió su formación religiosa y pastoral (1962-1966). Acompañamiento de las organizaciones de la «Juventud Agraria Cristiana» y «Ligas Agrarias Cristianas» en Paraguay (1966 – 1975).

Llega a Bolivia y se instala en Vallegrande en el Equipo Parroquial (1977). Fue asesor del Equipo MIJARC (Movimiento Internacional Juventud Agraria Rural Católica) (1988 – 1992).

En 1993 se separo de la Congregación Franciscana y desde 1996 su actividad principal es la agricultura en la localidad de Vallegrande.


Nota: