La revolución dentro de la revolución

Aproximaciones al Sujeto, el Estado y los procesos de transición

Pilar Lizarraga
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 24
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Situarnos como sujetas y sujetos en el proceso de transición nos plantea el desafío de avanzar en la construcción de un pensamiento crítico que nos permita comprender las tensiones y contradicciones que se plantean en este proceso. El revisitar a Marx desde una perspectiva que rompa la lectura dogmática de los manuales y reducida a la dimensión económica, nos permite acercarnos a ese Marx político, como lo plantea Concheiro, 2017. Un Marx que construye su pensamiento desde una práctica política que permite comprender las bases sobre las cuales se ha edificado el orden de dominación capitalista.

Es en este desafío, que con los jóvenes que son parte de este proceso y forman parte del aula abierta del pensamiento crítico, nos hemos desafiado a leer a la luz de nuestro proceso las cartas que Karl Marx le escribe a Arnold Rouge en 1843 y a partir de esto formularnos algunas cuestiones que nos provoquen continuar con las indagaciones de las tensiones y contradicciones que se plantean en el devenir del proceso de transformación hacia esos otros mundos posibles.

Estas cartas se constituyen en un material valioso para la formación en la medida en que contienen y testimonian un abordaje teórico y político que devela las condiciones estructurales bajo las cuales se edifica el “viejo mundo” y las condiciones en las que se constituye el sujeto dominante, el amo y dueño del mundo.
La carta de mayo de 1843 plantea la necesidad de estudiar de forma crítica “al dueño del mundo”, que se expresa en el viejo mundo y que es el capitalismo. También nos plantea la visibilización de dos sujetos de la revolución, la humanidad doliente que piensa, que se constituye en el pueblo, la plebe y la humanidad pensante oprimida, los intelectuales. Incorpora elementos para comprender el Estado en su proceso de reconstitución en el proceso revolucionario y el rol de este en la transformación.

¿Cómo se caracteriza la sociedad y el Estado del dueño del mundo? Y ¿cuáles son los hilos de continuidad en nuestro proceso?

Marx (1843) plantea que el mundo viejo se erige a partir del despojo y la explotación y que la sociedad de los dueños del mundo, se plantea como una sociedad jerarquizada conformada por el patrón y los esclavos y la inscripción de este como un engranaje de reproducción de su propia dominación dando paso a la constitución de la reproducción de este sujeto a partir de su propia condición de esclavo y del patrón esclavo del “dueño del mundo”.

La sociedad es de propiedad de los filisteos, que son los que personifican al individuo mezquino, sin conciencia y que no se diferencia del animal, no posee razón. En el trabajo de Marx los filisteos son los alemanes liberales burgueses o el pequeño burgués, que, en palabras de Bernstein, es un hombre deleznable, que tipifica al hombre materialista que mercantiliza todas las acciones y dimensiones de la vida. La sociedad se constituye en base a estos individuos que concentran el poder y constituyen su poder a partir de un “poder hereditario”. Este tipo de sociedad para reproducirse requiere de un individuo que no sólo es despojado de su base material, sino de su conciencia y acción libertaria que se reproduce bajo el mecanismo de la propia dominación como sujeto oprimido, dominado, esclavo. Ambos, uno en condición de propietario y el otro de esclavo, son engranajes para la reproducción del sistema, son esclavos del dueño del mundo.

Marx plantea que la trasformación de este individuo deshumanizado, en un hombre humanizado, podrá cambiar el mundo en un mundo humanizado y una sociedad y Estado que exprese este otro mundo, ya que el individuo que constituye el Mundo trae consigo la forma del Estado y la Sociedad. ¿Pero cuanto la conquista de la libertad y la ruptura con el régimen opresor cambia la esencia de la Sociedad y el Estado y la opresión del mundo, es decir cuanto logra trastocar las bases de la reproducción del capitalismo?

En el análisis de la revolución francesa, el individuo deshumanizado conquista su humanidad y se constituye como ser libre del amo, el señor feudal y la monarquía, pero esta toma de conciencia “del esclavo” y de acción libertaria, termina acomodando a las burguesías en otro espacio de poder a partir de la conquista de la libertad y la humanización del sujeto, configurando un pacto social donde sigue siendo el “individuo humanizado”, los derechos individuales y la constitución de una ciudadanía a partir de este derecho la que constituyen la República.

Esto contrasta con el proceso revolucionario de Bolivia, doscientos dieciséis años después, donde la potencia de las Naciones y Pueblo Indígenas Originarios Campesinos constituyen los derechos colectivos y territoriales como base del pacto social, otro pacto social, que como lo plantea Boaventura de Sousa, tiene que ver con la subversión del orden constitucional liberal, dando paso al constitucionalismo emancipatorio.

En el proceso de la Revolución democrática, política y cultural de Bolivia se plantea un proceso de reconstitución del sujeto trayendo al centro de la política la enunciación sustantiva de la libre determinación y la condición de preexistencia del sujeto que trae la dimensión del Yo colectivo e inscribe como hecho estatal otro tipo de ciudadanía y derechos que trastocan los pactos y acuerdos sociales que se fundamentan en la revolución francesa. Son los derechos colectivos de las naciones y pueblos indígenas Originarios Campesinos que se inscriben, ya no en su dimensión de ciudadano individuo, sino de sujeto colectivo con proyecto de transformación de país. La condición de la naturaleza del Estado Nación es desafiada para ser significada y sustantivada a partir de los sistemas políticos de los pueblos que se expresan en la clave política de la Autonomía y la autodeterminación de los pueblos y que se constituirá en la base para avanzar en la construcción del Estado Plurinacional: “Sin autonomías indígenas no hay Estado Plurinacional”.

Los procesos revolucionarios trastocan las estructuras de poder y generan procesos de transición de un orden que se expresa en el viejo mundo, hacia otro orden que es el de los otros mundos posibles. La revolución inicia el momento en que se irrumpe en las estructuras de poder y se edifica otras para cambiar de forma sustantiva las relaciones de explotación. Ante esto, como no traer las palabras de Durruti (1931) cuando le preguntan qué hará con las ruinas que queden del proceso de la revolución, y el responde, los obreros por naturaleza son los que generan la riqueza y porque no tendrían que construir esos otros mundos diferentes. La fuerza de la transformación puesta en el sujeto revolucionario, es la que sustenta y permite avanzar en la transformación de las relaciones de opresión y constituir las bases para las relaciones donde prime el bien común.

En el proceso de transición de eso que muere a lo que nace, se tiene la pervivencia del Estado viejo que puede ser leída a través de la permanencia de la figura de los “señores hereditarios, puntos focales de la sociedad del mundo viejo” que construyen el sentido de pertenencia a través de la posesión de la humanidad de los otros y sobre eso constituyen las subjetividades de que el mundo les pertenece. Y lo toman como es y cómo cree ser. Se toman así mismos por cabeza y se colocan donde crecieron sus pies, sobre los hombros de los animales políticos que no tienen más vocación que la de ser sometidos agradecidos y amantes devotos” (Marx, 1843), y terminan constituyendo su poder a partir de un poder absoluto.

En estos procesos de transición, hacia esos otros mundos, se tienen continuidades de lo capitalista, colonial y patriarcal que se expresan en los tejidos y en las acciones de los sujetos muertos en vida, como lo plantea Marx (1971) que es reproducido por el viejo sistema.

Esta figura en la Tarija de hoy, puede ser leída en el ciclo de gobernar por decreto de Adrián Oliva (2015-2017), donde se está configurando y revitalizando el orden político y de las formas de hacer la política tradicional, donde el “señor hereditario”, Gobernador del Departamento exalta su poder a partir del voto del pueblo y se constituye por encima de la propia institucionalidad y opera en torno a este poder absoluto que encarna el Rey. En este proceso se avanza en el despojo de los pueblos y se apropia de los mecanismos instaurados por la revolución democrática en Bolivia, gobierna por encima de ella y por encima del poder del pueblo, embargando la voz del sujeto y rompiendo todos los mecanismos de mediación entre sociedad y Estado y avanzando en las formas despóticas y de establecimiento de dominio. Y donde la potencia y la acción del propio sujeto no pueden restaurar en este ciclo el embargo de la voz y la deshumanización que se estaría planteando desde el sujeto dominante. Se avanza con decretos que terminan constituyendo los ejércitos de mano de obra para la empresa privada, enajenando al sujeto de la revolución a partir de separarlo de su base comunitaria y constituirlo como un muerto en vida para producir la riqueza para el amo, dueño del mundo, el capital.

Este proceso deja ver una narrativa donde está la permanencia del viejo estado señorial, que se asienta en la concepción de una ética donde el dominante plantea los términos de la reconciliación con el dominado, reestableciendo las viejas reglas del juego del poder del Estado colonial, por ejemplo en los conflictos y en la clausura de los espacios de mediación entre el Estado y la sociedad civil a partir de la forma de gobernar por decreto para establecer dominio del territorio del departamento.

El sujeto de la transformación

Marx en el análisis que hace sobre el momento de ruptura con el viejo mundo, se plantea que es necesario un proceso de acumulación de fuerzas para que este “nuevo mundo sea más perfecto”. En este proceso el plantea que hay dos sujetos, la humanidad doliente que piensa y la humanidad pensante oprimida, expresando en esto la potencia y la acción de la plebe que al tomar conciencia es capaz de plantear un quiebre, pero que requiere una conducción para poder encauzar el proceso de transformación y el de la intelectualidad que es el conduce.

En este esquema que plantea Marx, la condición de pensante está en ambos sujetos, pero recae la acumulación en la humanidad oprimida que tiene que acumular fuerzas. En esta narrativa, en el aula Chaves Selva nos plantea la pregunta de si es posible que este planteamiento del que piensa y el que sufre (ambos pensantes) se expresen en un solo sujeto y por otro que la conducción no tenga como vanguardia a los “intelectuales o partidos políticos” que le quitan la espontaneidad a las masas (Luxemburgo, Rosa). Esta cuestión me lleva a analizar como esa condición de individuo (campesino, indígena) primero constituye a través de un ciclo de acumulación al sujeto del proceso los PIOC que propone un tipo de sociedad y Estado (proyecto del Estado Plurinacional Comunitario), pero que al mismo tiempo se constituyen como sujetos dentro del propio Estado. ¿En qué medida, este sujeto en el proceso de transición no pierde la conducción o termina siendo sometido por la vieja institucionalidad del Estado que pervive?

Entonces se plantea otra tensión que es construida en el análisis de Marx, en la carta de septiembre, y es la referida a la condición y naturaleza del propio Estado, ese Estado político que condensa la luchas sociales, y que es a partir de lo que se significa, esto nos plantea la cuestión si con la significación de la lucha de las naciones y Pueblo Indígenas Originarios Campesinos (IOC) la narrativa del Estado político se ha transformado y si el sujeto no pierde su condición libertaria al significar el Estado.
Marx plantea “partiendo de este conflicto del Estado político consigo mismo es posible desarrollar la verdad social”. Así como la religión es un registro de las luchas teóricas de la humanidad, el Estado político es un registro de las luchas prácticas de la humanidad. Por ende, el Estado político expresa, dentro de los límites de su forma (como una clase particular de Estado) todas las luchas y necesidades y verdades sociales. Entonces, tomar como objeto de crítica una de las cuestiones políticas más específicas- como la diferencia de Estado social y un Estado basado en la representación” (carta septiembre 1843). En este marco, el Estado plurinacional encierra la lucha de clases y de los pueblos por constituir otra expresión societal en base a la pluralidad de esos mundos que estuvieron en el subsuelo de la política (Tapia, 2005) y que son las bases del contrato social que sustenta el Estado Plurinacional.

Esto nos remite a los derechos colectivos como base para construir y significar el Estado Plurinacional desde las narrativas que son grafiadas por la lucha de los pueblos.

Al analizar la superioridad del sistema representativo sobre el sistema social- estatal, el crítico, de manera práctica gana, el interés de un gran grupo. Al elevar el sistema representativo de su forma política a la forma universal y al acentuar la verdadera importancia que subyace…..

La crítica a la participación en la política y por ende a las luchas reales e identificar nuestra crítica en ellas (Marx).

La reforma de la conciencia consiste en que el mundo sea consciente de su propia conciencia.

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Pilar Lizarraga

Es Licenciada en Economía por la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) de Cochabamba. Doctorante en la Universidad Federal Fluminense (UFF) en Niteroit- Río de Janeiro- Brasil (2013-2017), con maestría en Geografía por la Universidad Estadual Paulista (UNESP) Sao Paulo- Brasil. Directora de la Comunidad de Estudios JAINA. Coordinadora del Grupo Desarrollo Rural y Descolonización de CLACSO. Coordinadora del Observatorio de la Plurinacionalidad. Miembro del grupo Otros bicentenarios.