Lo comunitario tiene potencial para generar mayor equidad

Apuntes sobre la economía plural

Teresa Morales Olivera
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 24
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Para abordar el tema de la “economía plural” que se incorpora como primera e importante característica del modelo económico boliviano en la Constitución Política del Estado promulgada en 20091; quiero, en primer lugar, recoger los puntos de partida que podrán permitir un mejor análisis, tanto del contenido esencial, como de la representación formal de la economía plural que hoy por hoy se utiliza discursivamente bastante, pero muchas veces se entiende su significado sólo epidérmicamente.

Los tres puntos de partida que servirán para este análisis son, por un lado, los avances hechos por la CEPAL que dieron pasos esenciales en lo relativo a analizar América Latina desde la propia Latinoamérica, lógica de análisis que el pensamiento neoliberal abandonó y que hoy debiéramos retomar desde nuestra nueva perspectiva. Entre los nuevos conceptos acuñados ya desde los 50 por los pensadores de la CEPAL se incluyen conceptos como el “intercambio desigual” relación particular centro -periferia y en ese marco reconocen y desarrollan la noción de “heterogeneidad estructural”.

En segundo lugar, recoger y analizar la envergadura y la cualidad descriptiva esencialista de lo que René Zavaleta denominó “Sociedad Abigarrada” o “Formación Social Abigarrada” como contribución esencial a la comprensión de la sociedad boliviana.

En tercer lugar, poner sobre la mesa el contenido esencial de las características del nuevo Estado refundado desde la nueva Constitución Política del Estado que no es otra que la condición Plurinacional del Estado boliviano.

La importancia de cada uno de estos tres elementos resulta distinta debido a que mientras el primero hace aportes estrictamente orientados a la estructura económica, el segundo y el tercero hacen referencia a condiciones sociales, políticas y estructurales que desde algún punto de vista podrían entenderse como complementarias a la dimensión estrictamente económica señalada por CEPAL.

Después de haber pasado desde los años 80 por más de dos décadas en los que la inteligencia económica estuvo dominada por un “pensamiento único” neoliberal que reinaba tanto en los gobiernos como en la academia, resulta vital rescatar y retomar el cuerpo analítico que plantea y utiliza la CEPAL por ser específico y ser directamente aplicable a las condiciones del desarrollo de América Latina2. En esa dimensión es que retomamos los avances de la escuela de la CEPAL iniciada en los 50 por Raúl Prebish, seguido por reconocidos pensadores de cuyos aportes rescatamos aquí principalmente el concepto de la “heterogeneidad estructural” descrita por Anibal Pinto.

Lo esencial del concepto de “heterogeneidad estructural” nos propone que, en las economías latinoamericanas, la existencia de una elevada participación en el empleo total de las actividades de muy baja productividad del trabajo. Las unidades económicas de pequeño tamaño, caracterizadas por su rezago tecnológico constituyen una gran parte de la estructura productiva y comercial de bienes y servicios del país, mientras que una pequeña cantidad de unidades económicas está constituida por empresas de mayor desarrollo tecnológico y mayor productividad y mayor inversión. Este concepto es un punto de referencia para el análisis estructural de la economía boliviana.

Siguiendo con el segundo punto de partida de este análisis del tema de “economía plural” no podemos dejar de lado el enorme aporte del René Zavaleta Mercado al llegar a la creación de la noción de “formación social abigarrada” o “formación abigarrada” que es una aplicación a Bolivia del concepto general de “modo de producción” y de formación económico social” y complementariamente a eso la noción de “sociedad abigarrada”3 y, sobre todo recogemos el gran proceso reflexivo de Zavaleta cuando va transitando su reflexión desde el concepto tradicional de ”clase” hacia el concepto de “masa” pasando por su reflexión por la “intersubjetividad concreta e históricamente producida”.
En el marco de lo planteado para el primer y segundo punto de partida, se puede desarrollar con mayor claridad y fundamento la noción de “Economía Plural” que se quiere analizar aquí a partir además, y principalmente de lo que se entiende por condición plurinacional del Estado. La condición plural de la economía boliviana está enmarcada pues en la condición plural del Estado Boliviano y en su naturaleza plurinacional, sólo a la luz de la noción de plurinacionalidad del Estado, puede comprenderse y explicarse el concepto de “Economía Plural”.

Por esa razón, en Bolivia el concepto de “heterogeneidad estructural” con el que se ha descrito desde la CEPAL la economía del país, es en realidad, resulta ser superado por ser un concepto meramente descriptivo y epidérmico y por esa misma razón no permite la comprensión completa de los rasgos estructurales del patrón de producción y reproducción de la vida material y social en Bolivia y de sus articulaciones o intersubjetividades interiores.

Así. la nueva constitución nos plantea comprender la economía boliviana como “plural” entendida esta pluralidad como una noción mucho más compleja e integral que contiene no sólo la descripción de tamaños y productividades de unidades económicas, sino también su relación de intersubjetiviedad entendida esta como Zavaleta la entiende, además sus relaciones de dominio o subalternidad (a la manera del Formación Económico Social que propone Marx) o más bien su hegemonía mirando desde Gramsci, y complementariamente sobre todo, reconocer su diversidad en cuanto a la representación de diversos proyectos civilizatorios, los cuales, al mismo tiempo de ser tan diversos, sin embargo se proponen organizarse en torno a un “núcleo común”5 que es un Estado Unitario.

La economía plural está constituida por las formas de organización económica comunitaria, estatal, privada y social cooperativa. Estas cuatro formas de organización económica reflejan de alguna manera lo que la teoría marxista señala como “modos de producción” que co-existen dentro de una sociedad o dentro de una “formación económico social”, pero más precisamente, dejando atrás o incluso complementando la noción de heterogeneidad estructural cepalina, y usando la noción de formación social abigarrada de Zavaleta, llegamos a una noción propia de Economía Plural.

La noción propia de “economía plural” se describe en el texto constitucional además usando la noción de articulación entendida no sólo como la relación económica que sucede entre las distintas formas de organización económica que sucede en el mercado sino como la mutua “calificación” que caracteriza la relación social entre estas formas de organización:

“…. su crítica a la noción de articulación entre modos de producción, donde destaca, más bien, la “calificación” mutua de las diversidades conjugadas, desplaza el tradicional tratamiento vertical de la cuestión hacia una mayor atención a las relaciones horizontales, diría, entre las partes. Desplazando apenas sus términos, podríamos proponer entonces la siguiente definición (operatoria) de “formación social abigarrada”: se trata de la calificación mutua de diversidades económico-sociales de tal suerte que, en concurrencia, ninguna de ellas mantiene su forma (previa); la referencia, o sea, la sociedad concreta objeto de conocimiento permitiría caracterizar las diversas historias en juego, es decir, los diversos grados de constitución social (relativos) ahí implicados; y, el marco de “calificación de unas por otras” diversidades recurriría al concepto de “intersubjetividad” para reconocer, en las crisis sociales, el grado de unidad de la diversidad alcanzado en dicha concurrencia”.

Es en ese marco, la Constitución Política del Estado remite a una Economía Plural en la que coexisten diversas formas de organización económica.

Es en el marco de esas cuatro formas de organización económica en el que pueden encuadrarse la variedad de expresiones concretas que adoptan los distintos tipos de emprendimientos productivos existentes en Bolivia: empresas capitalistas convencionales; la propia actuación del Estado a través de empresas públicas; asociaciones, cooperativas, comunidades indígenas y campesinas; unidades familiares urbanas y rurales; organizaciones empresariales o cualquier otra.

La otra dimensión que subyace a la explicación de la economía plural es que esta coexistencia de diversas formas de organización económica ha sido construida históricamente desde la hegemonía de las relaciones sociales capitalistas de producción.

Sin embargo, amén de su forma de relacionamiento económico que se da a través del mercado y que más adelante analizaremos, es preciso tomar en cuenta la diferencia importante entre los proyectos civilizatorios de base cultural que representan las distintas formas de organización económica incluidas en la economía plural: la cultura occidental moderna que actualmente es de tipo empresarial capitalista y las culturas comunitarias propias de los pueblos y naciones originarias.

Las formas de organización económica que incluyen formas de producción y distribución que corresponden a la cultura occidental moderna capitalista son las dominantes o hegemónicas, por que imponen a las demás formas de producción su lógica empresarial orientada al objetivo de buscar la acumulación capitalista.

Desde esta perspectiva simplificando su lógica, el objetivo de la economía es el crecimiento económico, mientras que la distribución de los productos y servicios debe quedar en manos del mercado, es decir que la población sólo puede acceder a lo que necesita si lo puede comprar.

Las formas de producción y distribución de las culturas comunitarias tienen un objetivo distinto: tienen como objetivo el Sumaj Kamaña (vivir bien) de todos los pueblos en conexión con el territorio en que viven.

Estas formas de producción y distribución comunitarias tienen muchas y muy profundas diferencias con la lógica occidental capitalista por que encarnan una lógica distinta de visión de la vida, del ser humano, la sociedad y el cosmos, contienen “sistemas” distintos de producir y reproducir no sólo la vida material (económica) sino también la vida social, política y cultural de la sociedad.

Estas son diferencias de naturaleza no solo cultural sino “civilizatoria”; en definitiva son civilizaciones distintas.

Desde la perspectiva del proceso de cambio, lo comunitario tiene potencial para generar materialmente mayor equidad y armonía social que la forma de producción y distribución mercantil capitalista la cual genera sistemáticamente desigualdades económicas y sociales. Así, se entiende que estas formas de producción y distribución propias de las economías comunitarias no son formas “arcaicas” o que correspondan a fases pasadas de la historia humana. Aunque es verdad que existen desde tiempos inmemoriales, no son formas “ya superadas” por la modernidad, son formas de vida y reproducción social que han existido y existen en Bolivia paralelamente a la vida moderna capitalista, pero que han sido subalternizadas, han sido invisibilizadas, han sido “negadas” por el Estado Monocultural hasta el presente.
En ese marco es importante destacar que las diferentes formas de organización económica obedecen a diferentes formas de producción, intercambio, consumo y organización del trabajo sustentados sobre racionalidades y patrones culturales diferentes.

Así, cada una de estas formas de organización económica posee sistemas de valores propios y formas de relacionamiento social, tipos de propiedad y gestión diversos entre sí; sus principios de distribución del excedente entre los participantes en el proceso de producción también les son propios; y lo mismo ocurre con sus formas de relacionamiento con la Naturaleza, más respetuosas en algunas de ellas y más depredadoras en otras.

El vicepresidente García Linera aporta luz sobre esta cuestión cuando plantea que “un segundo elemento de cambio económico es el desarrollo de procesos de modernización de las economías familiares microempresariales y artesanales urbanas, y de las economías campesinas comunitarias. Si el Estado es el principal generador de riquezas, debe comenzar a transferir recursos y tecnología hacia los sectores microempresariales y campesinos. Ahí, este proyecto se distancia del desarrollismo que predominó en los años cuarenta y cincuenta, según el cual todos debían convertirse en obreros o burgueses. Acá estamos imaginando una modernización pluralista, con renovación tecnológica, especialización y diversificación, acceso a mercados, provisión de servicios, pero dentro de la propia lógica microempresarial y campesina comunitaria.”7

De esta forma, a través del empoderamiento de las formas de organización comunitaria se produce de manera natural una expansión de los valores de los que la misma se nutre y que constituyen el fundamento axiológico del Vivir Bien definido en la Constitución como el objetivo y referente último de toda actividad económica.

La complejidad de la estructura económica boliviana responde, en gran medida, a las características impresas por la dominación colonial sobre las formas de producción y de organización social autóctonas comunitarias. De ese proceso resultaron formas mixtas e intermedias de organización social y económica que, a su vez, y con el desarrollo capitalista, han ido estableciendo relaciones y vínculos de comunicación entre sí, ya sea por el nexo del intercambio económico o por el de las instituciones jurídico-políticas del Estado, esto es intersubjetividad desde Zavaleta.

De esta forma, una consecuencia muy importante de la confluencia de estas formas de organización económica es que no puede hablarse en sentido estricto de que en Bolivia exista un único espacio económico integrado, si entendemos como tal, aquél en el que la mayor parte de los agentes son funcionales a los procesos de producción, intercambio y consumo que permiten su reproducción ampliada y continuada en el tiempo sobre una base equilibrada y una distribución equitativa del producto social.

En su lugar, la conjunción de las distintas formas de organización económica señaladas, cuyas lógicas de reproducción son propias y diferentes entre sí, confluyen en un espacio común que es el mercado capitalista, es decir, no existe una articulación armónica entre esas formas de organización económica que den lugar a un espacio económico integrado sino que la relación entre las mismas está mediatizada por el mercado. El mercado capitalista es, en definitiva, el que ordena el conjunto del sistema para acabar otorgando hegemonía al capitalismo. Dicho en otros términos, el mercado capitalista hace efectiva a realización del plus valor generado por el trabajo social de las trabajadoras y trabajadores bolivianos.

El problema fundamental se produce cuando ese mercado, como es el caso exacerbado bajo el periodo neoliberal, es de naturaleza capitalista y se encuentra completamente desregulado. En ese caso, el mercado capitalista se convierte en una estructura neoliberal de intercambios más que en un espacio social y económico al que los agentes acuden para satisfacer, por la vía del intercambio de bienes y servicios, sus necesidades.

Por lo tanto, es en el mercado capitalista en donde confluyen, en diferente grado de intensidad, los agentes que integran las distintas formas de organización económica para tratar de valorizar, en las mejores condiciones posibles, los resultados de su actividad productiva y acceder, a continuación, a los bienes de consumo o capital que les son necesarios para la continuidad del proceso de reproducción social y económico. Y es en ese momento, cuando se está produciendo la valorización del trabajo social por parte de las diferentes formas de organización económica de la Economía Plural, cuando de las mismas se expropia una parte importante de la plusvalía para la reproducción del sistema capitalista de producción, de acumulación y de dominación.

Evidentemente, y como ocurre en cualquier entorno en el que el mercado se encuentra desregulado, las posiciones de poder de cada uno de los agentes marca decisivamente su capacidad de apropiación del producto social. En una estructura económica como la boliviana, en la que existen unas diferencias de poder económico tan significativas entre el sector capitalista y el resto de las formas de organización económica, ello se traduce en una importante subsunción del valor social generado por parte de aquél.

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Teresa Morales Olivera

Licenciada en Economía. Es candidata al Doctorado en Ciencias del Desarrollo, CIDES Universidad Mayor de San Andrés UMSA La Paz. Bolivia.
Especialista en temas de microempresas, empleo, pobreza y desarrollo. Fue asesora de la Bancada del MAS en la Asamblea Constituyente (2007 y 2008); fue Asesora del Ministro Carlos Romero en el Ministerio Desarrollo Rural y Tierras, el 2009 fue Viceministra de Desarrollo Rural y Agropecuario, el 2010 fue Coordinadora de la Unidad Jurídica de Desarrollo Constitucional para la Asamblea Legislativa Plurinacional. Desde 2011 hasta enero 2015 desempeñó el cargo de Ministra de Desarrollo Productivo y Economía Plural del Estado Plurinacional de Bolivia. Actualmente se desempeña como asesora de la Presidencia de la Cámara de Diputados de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia.