Soporte de una ética indispensable

Che, desde la unidad latinoamericana

María del Carmen Ariet García
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 23
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América Latina en el Che

Múltiples y diversas fueron las remembranzas de Ernesto Che Guevara sobre América Latina, desde su asombro por la exuberancia de sus paisajes hasta el recuento de su dramática historia en momentos culminantes, así como la importancia de su cultura nacida de las poblaciones autóctonas, de la posterior transculturación, hasta la deformación llevada a cabo contra el espíritu del hombre americano, ese que Martí lúcidamente vislumbrara como un hombre comprometido por recuperar su plena identidad en su diversidad y también en su unidad; base primaria para entender las formas y los modos propios de cómo obtener la plena independencia para enfrentar, de una vez por todas, al “gigante de las siete leguas”, refiriéndose al poderío norteamericano.

El Che tuvo el tesón y a la vez el privilegio, como afirmara, de llegar a conocerla desde su interior en más de una oportunidad, bebiendo incansablemente de toda esa savia nutriente que devuelve al hombre americano en sus ansias y afanes, pero sobre todo en sus frustraciones. Extendió su mirada profunda para penetrar en la dimensión de los enormes problemas que la han caracterizado desde siglos atrás, se fue identificando con sus anhelos libertarios y soberanos y sobre todo, fue construyéndose un proyecto, quizás “por los caminos del ensueño”, pero enorme en su humanismo y en la exaltación de los plenos valores americanos, distintivos del hombre portador de los cambios como sujeto activo y con el soporte de una ética indispensable para construir proyectos emancipatorios.

De lo que se trata, no es sólo del recuento detallado de cada uno de los países recorridos y sus valoraciones particulares, sino son las circunstancias actuales por las que atraviesa Latinoamérica toda, lo que provoca el tratar de comprender el propósito manifiesto de extender esas visiones particulares a una totalidad mayor, como el punto exacto para estudiar, profundizar y calibrar los verdaderos problemas y las posibles salidas, con la aspiración de alcanzar la plena liberación tan anhelada por nuestros pueblos.

Quizás en ese afán, que tuvo sus inicios en los viajes de juventud, cuando intentó captar un camino certero para la reflexión y la interpretación, seducido por dar prioridad al hombre y a su vida espiritual maltrecha y deformada por poderes irracionales, comenzó a elevar sus objetivos al relacionar esa realidad incuestionable con análisis más profundos, apoyados en el estudio y, dar paso, al empleo de conocimientos y teorías que fue depurando hasta alcanzar la que consideraba superior, el marxismo como la interpretación certera ante soluciones posibles de transformación.

De esa forma, penetra en el mundo latinoamericano acompañado de presupuestos que, aunque profundizó con el tiempo y los hizo más sistemáticos, le sirvieron para trazarse una ruta indetenible, primero, delimitando el papel sustancial de los cambios a través de procesos revolucionarios, unido a una visión realista de su entorno por intermedio de tesis que surgieron y fueron cobrando forma y contenido, a medida que penetraba en el conocimiento de todos y cada uno de los países que conforman el mapa continental: antiimperialismo, humanismo y latinoamericanismo, son ejes fundamentales, interrelacionados en su contenido y forma y que, junto a sus decisiones más determinantes, representan los pilares esenciales para alcanzar el verdadero camino a la soberanía y la emancipación.

Esos preceptos fueron cobrando mayor cuerpo y dimensión cuando decide participar en el proyecto revolucionario cubano, el que por circunstancias y objetivos fue radicalizándose y el que, desde esos instantes, representa para el Che un referente político incuestionable. Es en esa revolución, asumida como suya, y en su condición de dirigente de la misma, donde pudo comprender el contenido exacto de esa tríada, definida en los ejes que debían formar parte de cualquier proceso revolucionario continental, por ser parámetros compartidos y reconocidos a lo largo de toda su historia.
Es importante destacar, en el presente recorrido, que el propósito no es cerrar o delimitar un esquema de pensamiento único, porque estaríamos faltando a una verdad innegable, que el pensamiento construido por el Che no sólo alcanza una sistematización en sus visiones, sino sobre todo que se abre para ampliar contenidos y dar espacio a los procesos cambiantes que saldrían de la voluntad totalizadora de la transformación a construir por nuestros pueblos. Para el Che esos caminos se centraban en el avance de procesos revolucionarios radicales, socialistas por demás, pero nunca cerrados a percepciones preestablecidas en su evolución; era partidario de conocer y marcar los procesos perfectibles para el cambio. En numerosos trabajos y discursos analizó con vehemencia momentos definitorios en lo económico y en político como pasos ineludibles en los que puede avanzarse, si en verdad se desea una profunda transformación de nuestras realidades.

En foros nacionales e internacionales, analizó y delimitó la necesidad de la integración de nuestros países como sustancial para enfrentar los poderes hegemónicos, tanto desde el interior como desde el poderío de potencias externas presentes a lo largo de nuestra historia, tal es el caso de España e Inglaterra y que en la actualidad se circunscribe mayoritariamente al imperialismo norteamericano. Si se extraen contenidos de sus exposiciones referidas a esos temas nos percatamos, sin necesidad de forzar la demostración, de la validez de muchas de sus pautas, encaminadas a tratar de encontrar puntos comunes por los que pasaron cada una de nuestras naciones en su devenir histórico. Aspectos que no sólo persisten, sino que se manifiestan, aunque solapadamente, en ciertas circunstancias de manera más aguda, dado el carácter irracional que está teniendo el modelo capitalista actual, su criminalidad y su permanente extorsión por intermedio de una universalización que emplea en contra de la humanidad y el planeta.

Todo ello hace que para nada estén agotados sus planteamientos como manifiesta alguna que otra tendencia detractora, sólo que no puede soslayarse la impronta de las circunstancias y el momento en que fueron expuestos. Sin embargo, su percepción y alcance forman parte del acervo político y cultural del pensamiento latinoamericano más revolucionario y radical construido hasta el presente.

Para el Che, quizás el punto más controversial, a juicio de algunos, fue la determinación de la lucha armada como la solución más efectiva, sin negar, como lo hiciera, el peso de otras visiones y su papel en los procesos de cambio. Dicho así, pudiera parecer una solución incierta dado el resultado final de su acción en Bolivia, pero aun cuando no se esté de acuerdo con la solución asumida, tampoco se ha podido borrar su posible empleo en circunstancias dramáticas ni sus análisis de la realidad latinoamericana, veraces con su historia y sus circunstancias y siempre presente a partir de escenarios apremiantes.

Es por eso, que sin esquematismos como ya expusimos, una visión actual de lo destacado por el Che continúa validando los ejes que trazó como imprescindibles. Su percepción del humanismo, centrado en el peso y papel del hombre americano, convertido en un hombre múltiple y con identidad propia, capaz de enfrentar y enfrentarse a acciones y cambios que permitan su participación comprometida con lo político y lo social. Esa esencia se basa en las raíces de lo más autóctono del pensamiento de Marx y el marxismo originario, donde se colocaba al hombre en el centro de la nueva sociedad a construir. Nunca olvidar, que la esencia del denominado socialismo tercermundista expuesto por el Che se centra en el hombre como el actor principal “de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad”,1 definido en su ensayo imprescindible, “El socialismo y el hombre en Cuba”.

Desde los componentes de esa trilogía, por su importancia, el latinoamericanismo se reafirma dentro del sistema de pensamiento guevarista como consustancial a su quehacer revolucionario. Esa percepción alcanza una estatura singular porque, además de distinguir al verdadero hombre latinoamericano en su esencia, persigue eliminar el camino trunco, abandonado o tergiversado de nuestra historia, y llegar a construir el verdadero desarrollo potencial de nuestros pueblos.

Ahí están, en sus vínculos, las definiciones que se enlazan con muchas de las propuestas que se debaten en el seno de las nuevas estructuras nacidas del intento de alcanzar una verdadera unidad, solidaridad y soberanía plenas. Siguen siendo conceptos válidos y actuales, aun cuando se tropiecen con obstáculos y deformaciones; seguirán presentes, al menos comportándose como la conciencia crítica de lo que no hicimos, pero que siempre se estará a tiempo para realizarlo, si en verdad deseamos encontrar los reales caminos de la independencia total.

El tercer eje demostrativo, se renueva y profundiza acorde con los tiempos históricos, el antiimperialismo, aun cuando en momentos se disfrace o no sea aceptado abiertamente por tendencias ambiguas. Posee un valor de veracidad innegable, porque como bien afirmara el Che, su historia de violencia, penetración y deformación en nuestros países es tan palpable que negarlo es marchar de espaldas a la realidad misma, incluso aunque se nieguen a enfrentarlo de ese modo. Qué otra cosa puede decirse y afirmarse cuando en el curso de su evolución se ha permitido, no sólo solidificar su modelo de poder, sino que nos ha maniatado, adueñado y dominado en todos los órdenes. Cómo negar los procedimientos y las doctrinas que a lo largo de siglos han impuesto para torcer el rumbo de nuestro desarrollo; ahí está el denominado Panamericanismo, en su tiempo el principal obstáculo histórico para la integración puramente latinoamericana y caribeña y con la posterior creación de su principal instrumento político de dominación regional, la OEA [Organización de Estados Americanos], en sustitución de la Unión Panamericana y la estructura del “sistema de seguridad hemisférica” como herramienta coercitiva ante eventuales posiciones contrarias a su política imperial en la región.

La singularidad de esos tres ejes en el pensamiento político y latinoamericanista del Che, no son los únicos que contribuyen a comprender, como un todo, la realidad de América Latina, sin embargo, se destacan porque, sin duda, representan, dentro de ese pensamiento, sus posiciones más profundas para poder construir con amplitud y sistematicidad la historia y el comportamiento de nuestras naciones y cuáles son sus reales fortalezas para poder plantearse una verdadera integración.

Es ahí, donde encontramos en el Che una senda clara y de continuidad con nuestros próceres y con el legado que le dejara la Revolución Cubana, en particular, el liderazgo de Fidel para contribuir al futuro regional. Queda, también, el compromiso de examinar su pensamiento desde la creación, el debate y la polémica, para así entender el mérito indiscutible del profundo contenido de sus tesis y eliminar las posiciones que sólo las juzgan a través de méritos y errores, al estar, sobre todo, en desacuerdo con su actuar práctico.

Su proyección de futuro, por intermedio del cambio revolucionario, sus análisis de los posibles modelos a poner en práctica y el papel de concatenación a través de categorías que se mantienen casi invariables, por mucho que algunos sobrevaloren sus “supuestos errores” en el orden práctico, no demeritan su capacidad intelectual y su creatividad para vislumbrar un porvenir más humanizado y superior de Nuestra América.

El Che y su correlación con la actual coyuntura continental

En grado aparencial, la situación por la que atraviesa el continente pudiera ser paradójica, si nos remitimos a la presumible actualidad o no de los presupuestos antes analizados dentro del pensamiento del Che; no obstante, sería importante examinar momentos o ciclos que pudieran corroborar o alejarnos de lo expuesto.

Las razones a esgrimir pudieran ser múltiples, pero un punto de partida recurrente en especialistas y/o estudiosos de la realidad latinoamericana, se presenta a través de periodizaciones o ciclos determinantes en la evolución y desarrollo de hechos o acciones de carácter histórico, aun cuando no siempre se esté de acuerdo con las etapas o definiciones propuestas. Cierto es, que cualquier ciclo puede acercarnos o alejarnos de una interpretación certera, no obstante es un método relativamente apropiado para definir sus características y circunstancias, razón por lo que en la actualidad también se han estimado esas formas de interpretación, donde para unos se está en presencia del fin de un ciclo y el principio de otro; de esa forma transcurre el dilema actual para tratar de estudiar y analizar el presente.

La polémica apunta al fin de los llamados gobiernos progresistas o de izquierda surgidos y que han permitido, primero, el surgimiento y evolución de líderes de izquierda y movimientos populares que han alcanzado espacios de poder y representatividad en los gobiernos de sus países respectivos, al proyectar políticas avanzadas e intentar alcanzar la integración e identidad tan añorada desde las guerras de independencia, con el surgimiento y fortalecimiento de instrumentos propios, como es el caso del ALBA, el MERCOSUR y la CELAC, entre otros.

Sin duda, las interrogantes afloran espontáneamente, cómo fueron posibles estos gobiernos y cuánto han alcanzado hasta hoy, en un momento en que para muchos se cierra un ciclo que daría paso a un segundo, menos radical y más neoconservador.

Muchas pudieran ser las preguntas y las respuestas, pero sin dudas las esenciales, aunque se evadan, se centrarían en hasta dónde se ha podido alcanzar una verdadera transformación estructural y hasta dónde las clases dominantes y el poder trasnacional están dispuestos a permitir entregar sus riquezas en pos de un desarrollo unificador y de integración al servicio de las mayorías.

Cómo se pudo llegar a la existencia de esos gobiernos que permitieron y alcanzaron posiciones victoriosas y por qué están sumidos en el retroceso actual, que los ha llevado, en algunos casos, a la pérdida de sus poderes. Las respuestas, si las desglosamos por componentes, se pudieran considerar, dentro de los más importantes, el que dentro de la esfera económica se proyectaran políticas erradas que implicaron el sostenimiento de acciones orientadas a la ilusión del poder de las materias primas y su transferencia a los países desarrollados, sin pensar siquiera en el propio comportamiento del sistema global dominante y sus crisis sistémicas, que pueden, en un instante, dar al traste con cualquier política propia, lo que siempre ha traído para la región incertidumbre, no sólo en lo económico, sino sobre todo en la esfera de lo social.

De esa manera, comienza de nuevo la pesadilla de la implantación nefasta del neoliberalismo en su fase más brutal y despiadada, aun cuando aparente vestirse con otro ropaje. Ahí está el ejemplo de Argentina y el supuesto encantamiento empleado por el presidente Macri, quien en breves meses ha estremecido todos los niveles de la sociedad argentina en un pleno retroceso de los derechos alcanzados.

Quizás, pudiera parecer conveniente la pregunta que para muchos está en desuso, pero que para la mayoría, quiéranlo o no, se sostiene, ¿existe en su total dimensión el imperialismo y su contraposición insoslayable, el antiimperialismo, o sería aferrarse a cuestiones y circunstancias de un pasado ajeno al presente? Por eso, a pesar de posiciones encontradas, en un breve recuento como este, retomar al Che por intermedio de uno de sus ejes conceptuales y la necesidad de replanteárselos en la actualidad, puede servir de punto de apoyo para, no sólo comprender lo que está sucediendo, sino destacar los elementos medulares que distinguen la política imperialista y las posibles respuestas que se deben dar para encontrar el rumbo que distingue a unas posiciones de otros, las más radicales o las reformistas y claudicantes.

Es imprescindible, seguir construyendo, si en verdad se desea luchar por una sustitución real de nuestras estructuras, la definición de vías y accesos para todos en el bien común y que pasaría por esclarecer, como definiera el Che, la vinculación real entre la economía y la política, binomio del que no podemos separarnos si se quiere alcanzar el verdadero desarrollo independiente y soberano.

De lo anterior, expuesto como una lección necesaria, se desprende el valor que cobra el anhelo de muchos por alcanzar y actuar con una verdadera Latinoamérica unida y ser portadores del sueño latinoamericano, centrado en la integración y la unidad. No es posible pensar en el uno sin el otro, por ello la necesidad de retomar, con sentido crítico, actual y renovado, esas coordenadas, porque de lo contrario sería difícil e incluso irreal trazar cualquier vía que nos lleve a la emancipación, teniendo en cuenta que la unidad sólo se logra cuando existe voluntad política para alcanzarla.

El complejo itinerario de esa renovada trilogía necesita un apremiante examen con conciencia de presente, pero sobre todo con conciencia de futuro, pues de otra forma nos alejaríamos de la ruta que nos permitiría transitar de manera más estable y más cercana a nuestros ideales, recordando con el Che que en nuestra América “hay una identidad tan grande entre las clases de estos países que logran una identificación de tipo ‘internacional americano’, mucho más completa que en otros continentes”.2

La coherencia y similitud de esa apreciación nos remite y refuerza sus convicciones, cuando desde el inicio de sus viajes por el continente, en su 24 cumpleaños, Ernesto brinda por la América Unida.

Pasados los años aún persiste el reto, nos queda luchar por su legado indiscutible, signado por su ejemplo y entrega.

La certeza de presupuestos alcanzables desde el Che en el presente de América Latina

  • Desde la resistencia de las culturas emancipatorias se debe acentuar el verdadero carácter de las políticas imperialistas a lo largo de nuestra historia y, por consiguiente, dibujar el mapa actual del antiimperialismo con fundamentos políticos e ideológicos que propicien la elaboración de estrategias y tácticas puntuales para acercarnos a respuestas de conjunto, con el objetivo de alcanzar una transformación estructural profunda e imponer, desde posiciones realistas, el peso de nuestro poder. De las acciones comunes y la fuerza que emana de ellas, se debe contribuir a erosionar la adjudicada hegemonía invencible de Estados Unidos y la inevitable preponderancia del libre mercado, como fuerzas imbatibles de la “globalización” y de la única alternativa para la América.
  • Se debe trazar el camino de la unidad con las fuerzas políticas y los movimientos sociales que den al traste con el programa diseñado por la denominada “nueva derecha” y poder articular una política que de paso a la integración y a la consolidación de nuevos liderazgos que sean capaces de resaltar el papel consciente del capital simbólico que ostentamos. Es innegable la necesidad de trabajar con estrategias a más largo plazo y señalar desafíos puntuales, centrados en el poder de las fuerzas populares y en su unidad, lo que permitiría la construcción de acciones más sólidas y realistas.
  • Trabajar en el desarrollo de una conciencia colectiva que permita la unión de un efectivo movimiento de pueblo y la construcción de medios de comunicación propios, capaces de afianzar la ideología y la hegemonía del proyecto futuro que debe predominar en nuestras batallas por librar: el antineoliberalismo y el antiimperialismo.
  • Promover una amplia corriente anticapitalista apta para desvirtuar, tanto al neoliberalismo como las tendencias neodesarrollistas que resurgen, y analizar la unión entre la política y la economía como uno de los problemas más apremiantes de la actualidad, capaz de imponerse a los sectarismos revolucionarios y alcanzar, como afirmara el Che, la comprensión verdadera del papel imprescindible de la soberanía y su visión de futuro bajo el compromiso de la solidaridad y las alternativas que promuevan la lucha por la emancipación, el socialismo ético y la plena participación de las masas.
  • Propiciar el desarrollo potencial de una mayor cultura y educación para impedir la absorción del potencial revolucionario de nuestros pueblos por el poder imperial y tratar de acercarnos a cómo debiera ser nuestro socialismo autóctono y con capacidad plena para enfrentar economías cada vez más maniatadas y dependientes y poder avanzar en la obtención de un mundo mejor, como la alternativa máxima de la unidad y el desarrollo de nuestros pueblos.

Tanto las propuestas de cambio delineadas por el Che, como las resultantes de los procesos actuales, apuntan a la necesidad de superar errores salvables, con el objetivo de crear procesos que cada vez más apunten a la integración regional y a las nuevas sociedades que entre todos podemos construir. Es y seguirá siendo el desafío de todos.

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María del Carmen Ariet García

Licenciada en Sociología y Doctora en Ciencias Históricas, es la Coordinadora Científica del Centro de Estudios Che Guevara, asesora de la Cátedra Che Guevara, Programa FLACSO de la Universidad de La Habana, miembro de la Comisión de Grados Científicos de Sociología del MES, miembro de LASA y del Consejo editorial de la revista Contexto Latinoamericano.

Es Investigadora y Profesora Titular. Es coordinadora del proyecto editorial dedicado a la vida y obra de Ernesto Che Guevara en colaboración con la editorial Ocean Sur. Ha participado en numerosos eventos nacionales e internacionales y en múltiples asesorías de productos multimedias y fílmicos.


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