Para reflexionar el horizonte emancipatorio Indianista-katarista

Condiciones simbólicas y materiales de la insurreccion

Carlos Roberto Arias Pérez
Publicado en abril 2019 en La Migraña 30
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El presente ensayo forma parte de la tesis de maestría referida a: “La violencia se justifica, análisis del discurso en el uso de la violencia como recurso legítimo en los grupos insurgentes de la década del 90 por parte del Ejército Guerrillero Tupak Katari (EGTK), por las limitaciones del ensayo y la recopilación de información lo que se aborda acá son los vacíos , desencantos y frustraciones en el horizonte emancipatorio indianista-katarista, los cuales ante el agotamiento de formas y medios institucionales “legales” optan por la insurgencia armada, clandestina, ilegal, terrorista, subversiva y revolucionaria.

Es decir el presente ensayo pretende explicar el agotamiento de los recursos democráticos institucionales que tomo el movimiento indianista-katarista, para buscar una solución a sus problemas y que ante la insuficiencia de estos métodos la vía armada se convirtió en una posible salida, los elementos que justifican el uso de la violencia no son tomados acá, sino solamente las razones y el contexto que impulsarían a optar por la insurgencia armada.

En la década del 90 la forma de ejercer la ciudadanía estaba en busca de nuevas formas articuladoras de las energías creativas. Atrás quedaron las experiencias de cuarteles y sindicatos, que habían trazado el rumbo del país, entre 1964 y 1982. Si bien en aquellos años la dirección política estaba ejercida en el monopolio de poder entre la alta cúpula militar y empresarial frente a los sindicatos que se constituían como espacios de ejercicio democrático en constante respuesta antagónica a las imposiciones burocráticas y jerarquizadas del Estado.

Toda articulación y ejercicio de derechos estaba concentrado en las experiencias sindicales, donde la demanda respecto a nuevos horizontes emancipadores como ser derechos laborales, redistribución de la riqueza, etc. tuvo su escenario en las insurrecciones del Siglo XX.

A pesar que en 1982 los derechos políticos se encontraban en otro escenario, estos aún eran limitados esto debido a la versión democrática que toma Bolivia donde la democracia representativa de tipo liberal mediante el voto universal el cual crea una masa homogénea, al menos en el discurso, donde los blancos, mestizos e indios gozaban del mismo derecho y obligación para ejercer la ciudadanía.
El llamado retorno a la democracia permite la emergencia, articulación y fortalecimiento de diversos partidos políticos amorfos y efímeros, que si bien el contexto y el momento había dejado atrás a los autoritarismos militares y se permitía el ejercicio de libertades civiles antes restringidas como ser la libertad de opinión y asociación, siempre habían condicionado su existencia en relación a su adhesión a organizaciones de tipo social, sindicatos, federaciones etc. donde la relación partido-militante siempre había tenido un rasgo de disciplina miento. Es decir, el retorno y el ejercicio de la democracia en la década de 1980, fue producto de la dinámica y la acción colectiva de las clases subordinadas.

En 1985 se da lugar a un proceso de desmantelamiento del Estado, pero también de las organizaciones sociales, La Central Obrera Boliviana (COB), bastión y referente del sindicalismo en Bolivia desde mediados del siglo XX sufre una desarticulación de sus bases con la puesta en acción de políticas económicas y sociales ligadas a una arremetida liberal que se estaba llevando a cabo en toda Latinoamérica, este hecho da un nuevo y renovado protagonismo a los partidos políticos que encontraban en el retorno a la democracia un nuevo escenario para su existencia; sin embargo, a diferencia de años anteriores, los partidos políticos con capacidad más aglutinante y de mayor convocatoria se encontraban ligados entre sí en la formulación de propuestas similares, donde el ejercicio de la política y el viraje económico era de tipo neoliberal.

El escenario es entonces desalentador para cualquier propuesta de tipo progresista, por un lado, se da lugar a una profunda desarticulación del movimiento social, principalmente escenificado en el desmantelamiento de la Central Obrera Boliviana, y por otro el fallo programático y la insuficiencia de capacidad operativa y de gestión de una propuesta como ser la derrota de la Unión Democrática Popular. Es en este espacio donde las propuestas de tipo conservador y de derecha tienen las condiciones simbólicas y materiales para desarrollarse, absorber y aniquilar toda energía emancipadora y creativa.

La derrota de los grandes relatos expresada en la crisis del modelo soviético, hizo más crítico el panorama, la única visión hegemónica del mundo parecía ser la vía del libre mercado y la democracia liberal, el desarrollismo, la inversión extranjera, la seguridad jurídica, y la representación del ciudadano en el multipartidismo.

El monopolio en el ejercicio de propuestas políticas, sociales y económicas en manos de los diversos y a la vez homogéneos partidos políticos, dio a finales de la década de 1980 e inicios de 1990, la imagen de que la separación y diferencia entre cualquier propuesta de izquierda y derecha había desaparecido, la hegemonía dominante había creado la idea del triunfo del capitalismo, esto reforzado por una ciudadanía con capacidad para ser representada por una diversidad de partidos políticos, donde tanto indios como q’aras eran representados y por lo tanto en apariencia todo brecha y diferenciación había sido superado, la ilusión había distraído a la masa.

La consecuencia de esta nueva reconfiguración del neoliberalismo en “sociedades con procesos rezagados de formación de clases sociales y con fuertes jerarquías socioculturales muchas veces étnicas, con Estados-nación inconclusos y con instituciones débiles” (Calderón y Moreno, p. 132) fue en ensanchamiento de la brecha social y el fragmentamiento de las condiciones sociales, además la reducción del Estado junto a la intención homogeneizante de los ciudadanos constituyo dejar de lado o en su defecto ocultar problemas de identidad y reconocimiento sobre una amplia población que demandaba ser atendida.

El problema del indio había sido una cuestión aún pendiente, que a pesar de haber transcurrido entre 1982 y 1952, 30 años del Voto universal y de dar la ciudadanía al indígena, de haber existido una serie de partidos indianistas e indigenistas. La cuestión aún estaba en constante tensión. Las interrogantes todavía son: “¿Qué hacer con los indios?, ¿estamos degenerando?, ¿de dónde venimos?, ¿existe Bolivia?, ¿el nacionalismo es una mera fachada del colonialismo interno?” (Stefanoni, 2010, p. 9).
El problema era abordado de distinta forma por un lado desde la propuesta de los partidos nacionalistas del pasado Siglo la solución se encontraba en la re significación del Estado con la construcción del mestizaje1 que tuvo la intención simbólica de lenguaje del ser nacional, creando un sujeto donde el indio y el blanco sean unidos en una nueva re significación, donde el campesino y el intelectual son entendidos y personificados en el comerciante de mercado, por el contrario, desde la propuesta de la izquierda el indio no constituía ni significaba la posibilidad de ser actor o sujeto revolucionario, dado que la concisión emancipadora recaía de manera exclusiva sobre el obrero por su condición de clase y su aparente rol en la historia.

El 15 de mayo de 1945 la primera opción se materializaba, al llevarse a cabo bajo el gobierno de Gualberto Villarroe1Al respecto Laura Kotkowitz, desarrolla la construcción simbólica del ser nacional en el mestizaje. el primer congreso indigenal donde se daba fin al pongueaje y al mitanaje que; sin embargo, no logro acabar con el sistema hacendal ni solucionó el problema de la tierra, al contrario, el resultado de este congreso resultó ser moderado frente a la necesidad del momento histórico.

El capítulo del mestizaje no concluye sino hasta 1952 donde la insurrección popular da lugar a la revolución, que sin lugar a duda, significó el más importante evento de cambio estructural del Siglo XX en Bolivia, puesto que se da fin al Estado de tipo oligárquico y se da paso al nacimiento de capitalismo de Estado, con conocidas medidas de modificación estructural como ser el cogobierno Estado y Central Obrera Boliviana, nacionalización de las minas, voto universal, reforma agraria y reforma educativa, hechos donde el problema del indio es abordado desde la óptica del mestizaje y la ciudadanía. El proceso del 52 tiene como segunda etapa el denominado “pacto militar-campesino” a mediados de la década del 60, el 9 de abril de 1964 se reafirma la simbología de la revolución nacional y la Reforma Agraria con un pacto firmado entre una federación campesina y la cúpula militar del MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario).

Es en este contexto de subordinación de las federaciones campesinas frente al entonces Estado militar y golpista de Barrientos2En 1964 como consecuencia del pacto militar y el grueso apoyo indio campesino, se lleva a cabo el golpe de estado de Rene Barrientos frente al entonces presidente electo Víctor Paz Estensoro, dando lugar a uno de los acontecimientos más sui generis de la historia de Bolivia, un vicepresidente dio golpe al presidente de estado., donde se da lugar a la emergencia de intelectuales indígenas: “nuevas generaciones indígenas urbanas, producto de la educación de masas rural de los años cincuenta y de las migraciones del campo a la ciudad” (Ibíd., p. 98), es decir una generación que gracias al discurso del mestizaje y al momento histórico del nacionalismo es integrado a las ciudades, con acceso a educación inicial y universitaria, pero es en las ciudades donde se enfrenta al racismo en todas las esferas de las relaciones sociales, es una generación que se enfrenta a la discriminación pero sobre todo al fracaso, en los hechos, del eje programático de la revolución y su visión conciliadora campo-ciudad.

En este escenario es donde se gesta la propuesta indianista-katarista, que cuestiona no solo el colonialismo interno al que se enfrenta el indio en las ciudades sino también a la historia, a la formación de la república, al coloniaje y al descubrimiento de América.

Si bien los cortos momentos de ejercicio democrático y los lapsos cortos en las dictaduras militares crean, con significativa fuerza, la emergencia y la rearticulación de distintos partidos políticos donde las propuestas programáticas van desde el nacionalismo más burgués, hasta los partidos de izquierda radical.

En esta amalgama de propuestas donde la promesa indianista-katarista toma fuerza, como ser el Movimiento Indio Tupak Katari3La fundación del MITKA es consecuencia del primero congreso histórico indio llevado a cabo en abril de 1978 (MITKA) a la cabeza de Luciano Tapia o el Movimiento Revolucionario Tupak Katari (MRTK), el Partido Indio de Bolivia (PIB) dirigido por Fausto Reinaga, entre muchos otros, de hecho la variopinta propuesta indianista hace suponer la “minifundización política del país” (Ibíd., p. 105). Que sin embargo pueden ser entendidos mejor en base a dos grupos, el indianismo que se concentra más en una propuesta racializada y el katarismo con una visión más de tipo campesino y cultural.

Si bien por relativos momentos dichos partidos logran ocupar un espacio dentro de la lógica y dinámica de la democracia de tipo representativa, como por ejemplo a finales de la década de 1970 donde el Movimiento Indio Tupak Katari (MITKA) obtiene un diputado, de la misma forma en 1980, el MITKA y MITKA–1 consiguen dos representantes indianistas en el congreso4Los dos representantes fueron Constantino Lima y Luciano Tapia, este último estuvo rodeado de una considerable polémica en su momento, debido a una acusación de apoyo al golpe de Natush Busch, acusación que fue desmentida posteriormente., por otro lado la representación de campesinos Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), es incorporada a la COB, este hecho no significó la representación absoluta de la masa indígena, un ejemplo de esto es la escasa participación en la Asamblea Popular de 19715En el gobierno de Juan José Torrez se lleva a cabo la Asamblea Popular a la cabeza de la COB, donde la CSUTCB solo obtiene 23 delegados frente a 132 delegados obreros., Según Hurtado la participación en el Comité Ejecutivo de la COB también estaba reducida a los indígenas.

Es de esta forma que en los años noventa la participación del indio en la política toma dos vertientes: una democrática y la otra subversiva, por un lado el MRTK de Liberación a la cabeza de Víctor Hugo Cárdenas llega al congreso de 1985 a 1989; mientras que una propuesta referida a la autodeterminación de la nación aymara, con una propuesta de confrontación y separación del Estado blanco-burgués está bajo la dirección de la denominada Ofensiva Roja de los Ayllus Tupakataristas a la cabeza de Felipe Quispe Huanca con el brazo armado del Ejército Guerrillero Tupak Katari (EGTK), este último fue el intento por aproximar dos pensamientos el marxismo y el indianismo.

Es decir, el nuevo momento político, nacional e internacional, del retorno a la democracia y la caída de la URSS, demuestra un espacio de protagonismo y ejercicio de la democracia, pero a la vez un vacío y una aparente falta de esperanza en horizontes de izquierda, la tesis del fin de la historia, junto con la victoria de la democracia liberal, hacía suponer que las cosas son de una forma y es una equivocación pensar lo contrario.

La invisibilización del problema del indio, al igual que el desencanto de las experiencias emancipadoras, daba la imagen de que la homogenización ciudadana era la única solución al problema de la nación, del campesino, del indio, y la tierra. Ofensiva Roja de los Ayllus Tupakataristas significa, entonces, el desencanto de tiempo y del espacio.

En el continente a se había dado lugar a experiencias subversivas, la más cercana había sido las guerrillas del Perú, primero la de clara tendencia maoísta Sendero Luminoso bajo la dirección de Abimael Guzmán, la propuesta de tipo indianista de Movimiento Revolucionario Tupak Amaru (MRTA), en Chile la vanguardia Organizada del pueblo (VOP), el Movimiento Juvenil Lautaro y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, y las experiencias en Colombia del ELN (Ejército de Liberación Nacional) y FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).

En Bolivia, la lucha armada no era un concepto del todo desconocido, se tenía la experiencia en la Bolivia contemporánea de la guerrilla del Che en Ñancahuazú en 1966-1967, al igual que la guerrilla de Teoponte, incluso dentro del planteamiento del MITKA, como partido indio, se manifestó en su primer congreso la opción armada como principio ideológico para la toma del poder político y la liberación del Qullasuyu (Quispe; 18, 2009).

Es de esta forma que el 22 de junio de 1991, en plena vida democrática el EGTK anuncia el inicio de la guerra comunitaria con el colgamiento simbólico de tres gallos rojos en la ciudad de El Alto, días después se produciría su primera acción violenta con el atentado contra dos torres eléctricas en la ciudad de El Alto.

Bibliografía

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Carlos Roberto Arias Pérez

Nacido en La Paz, Bolivia, Licenciado en Economía de la Universidad Mayor de San Andrés (2012), con estudios en Sociología, actualmente cursa la Maestría en Filosofía y Ciencia Política en el CIDES-UMSA. Fue docente en la Universidad Católica Boliviana, docente investigador de la Universidad Pública de El Alto y Coordinador de Posgrado en la Carrera de Economía de la UPEA.


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