Una nueva gramática política escrita de multiples maneras y voces

Constitución y proceso constituyente

Farit L. Rojas Tudela
Publicado en Septiembre 2019 en La Migraña 32
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Muy pocas veces se dialoga sobre lo que trae consigo el texto constitucional, y no nos referimos a su articulado, sino a lo que traen consigo estos artículos y disposiciones, y en sí a lo que trae consigo la Constitución.

Partimos de una hipótesis: hay algo que trae consigo el texto constitucional, algo que no está escrito, pero que es la condición de todo lo que está escrito, pues lo escrito lo invoca, lo conjura y permite muchas veces sentirlo, verlo fugazmente.

La gramática de la imagen movimiento constitucional

La distancia que hoy podemos tener del proceso constituyente boliviano1En agosto de 2006 se inaugura la Asamblea Constituyente boliviana en la ciudad de Sucre. La Asamblea se organiza en 21 comisiones, con la posibilidad de llegar a consensos en sus informes o de propiciar un informe de Mayoría y uno de Minoría por Comisión. En muchos casos se presente un solo informe aprobado por consenso. Tanto los informes o propuestas de Mayoría o de Minoría son importantes para comprender la construcción de la CPE, pues muchos de sus artículos tienen su origen en los informes o propuestas de minoría, y no solos, como muchos piensan, de la mayoría. Antes de culminar su trabajo las 21 comisiones participan de los «Encuentros Territoriales» en los nueve departamentos y recogen las propuestas de la población. Una vez que las 21 comisiones concluyen con la elaboración de sus informes y en consecuencia con la redacción de los artículos se elaboran los denominados «consolidados», que son la reunión de todos los artículos de las 21 comisiones. Los consolidados traen Proyectos de Constitución de hasta 700 artículos. Sobre estos materiales se prepara el Proyecto de Texto Constitucional aprobado en Grande en Chuquisaca en el mes de noviembre. La Asamblea Constituyente cambia su sede de Sucre a Oruro, y en diciembre de 2007 aprueba el Proyecto de Texto Constitucional aprobado en grande, en detalle y en revisión. Los proyectos de Texto Constitucional aprobados tanto en Sucre como en Oruro difieren en elementos sustanciales como la organización del Legislativo. En Sucre se planteaba un legislativo unicameral y en Oruro se consolida el Legislativo Bicameral. Después de una serie de conflictos en los primeros meses del año 2008, el Gobierno posibilita una reunión en la ciudad de Cochabamba para dialogar con los prefectos de los nueve departamentos sobre el Proyecto de Constitución. En este espacio se genera el informe del Diálogo Nacional: Mesa Autonomía y nueva Constitución Política del Estado, Cochabamba, octubre de 2008. Asimismo, se revisan en el H. Congreso de la República los contenidos del Proyecto de Texto Constitucional aprobado en grande, en detalle y en revisión en Oruro. Se incluyen los acuerdos a los que se llegaron en Cochabamba y se modifican más de 100 artículos, viabilizando de esta manera el referendo constitucional que se lleva a cabo en enero de 2009, mediante el cual se aprueba la nueva CPE por el 61.43 % de los votos. (2006-2009) nos permite apreciar, con mayor claridad, la fuerza e inmanencia de su exterior constitutivo, de los acontecimientos que fueron lanzados en su duración y que, tanto en el presente como en el futuro próximo, resuenan y reverberan generando las condiciones de posibilidad de una gramática constitucional en emergencia.

El proceso constituyente, en tanto exterior constitutivo de la Constitución, y en tanto condición vibracional del texto, es el soporte de una serie de acontecimientos que ampliaron y amplían el presente.

Como señala Caputo:

Un acontecimiento no es exactamente lo que ocurre, que es lo que la palabra inglesa sugiere (event), sino algo dado en lo que ocurre, algo que ha sido expresado o realizado o a lo que se le ha dado forma en lo que ha ocurrido; no es algo presente, sino algo que busca darse en lo que está presente […] Lo que ocurre, ya sea una cosa o una palabra, es siempre deconstruible en virtud de los acontecimientos, que no son deconstruibles. Ello no significa que los acontecimientos sean eternamente verdaderos, como el eidos platónico; lejos de ser eternamente verdaderos o presentes, los acontecimientos nunca están acabados o formados, realizados o construidos, porque solo lo que está construido es deconstruible. Las palabras y las cosas son deconstruibles, pero los acontecimientos, si es que los hay, no son deconstruibles (Caputo en Vattimo y Caputo, 2010: 75-76).

Cuando tratamos de comprender lo establecido en el nuevo texto constitucional boliviano del año 2009, a partir de la revisión de sus procesos de acumulación y sedimentación política, las propuestas de la sociedad civil, las actas e informes de los constituyentes, así como los dos proyectos de texto constitucional aprobados, el primero en Chuquisaca, y el segundo en Oruro, antes de las transformaciones y adecuaciones que se realizarían en el mes de septiembre de 2008 en Cochabamba y en el mes de octubre del mismo año, en el ya extinto Congreso de la República, como parte de pactos y acuerdos de viabilidad momentánea del curso político, se puede apreciar una expansión del presente, una polifonía coral de voces que se despliegan desde el proceso constituyente a un presente continuo, es decir, una serie de acontecimientos que posibilitan la vibración de cada uno de los artículos de la Constitución.

Este exterior constitutivo, estos acontecimientos lanzados que se encuentran en el proceso constituyente que hacemos referencia, se configuraron y se configuran como un flujo de fuerzas que se sitúan tanto por dentro como por fuera de la Asamblea Constituyente, y en consecuencia tanto por dentro como por fuera del texto constitucional vigente, generando las posibilidades de una nueva gramática política escrita de múltiples maneras, y a múltiples voces. Estas múltiples tramas discursivas y narrativas se cristalizan, una buena parte de ellas, en la manera en la que se van desarrollando las distintas versiones del nuevo texto constitucional. La Constitución en este sentido tiene sus branas, sus otras posibilidades pegadas, siempre al ras de cada artículo de la Constitución.

Este exterior constitutivo ha generado una heterogeneidad de tramas discursivas, todas ellas en lucha contra una trama dominante, la cual refleja el orden republicano, colonial, liberal, y a la vez práctico, pues se articula en el conjunto de instituciones y saberes que se prorrogan por una parte de la academia jurídica, el habitus de los agentes que trabajan en el Estado y en el Derecho en sí, y por el entramado institucional estatal aún en pie y que expresa su carácter utilitario en la gestión y conservación del poder2Una fuente del Derecho es la Academia, es decir la formación profesional de abogados que se desarrolla en las facultades de Derecho. Como señala Bourdieu: “Toda acción pedagógica es objetivamente una violencia simbólica en tanto que imposición, por un poder arbitrario, de una arbitrariedad cultural” (Bourdieu y Passeron, 1998: 45). La noción de lo arbitrario se refiere a que en el currículum de enseñanza del Derecho no se incluyen el conjunto de saberes de una cultura universal y necesaria; lo que se incluye es una selección de saberes que concuerda generalmente con los intereses materiales y simbólicos de los grupos sociales dominantes, que llegan a impactar en esta competencia, por decir lo que es, el Derecho (Bourdieu, 2000). .

Las otras tramas discursivas, que hemos caracterizado como heterogéneas, se expresan en las gramáticas políticas y sus posibilidades deconstructivas, que también se encuentran en el texto constitucional. Las posibilidades de interrelación (no de negación o absorción) entre las tramas heterogéneas y la trama dominante republicana y liberal, genera una articulación explosiva y deconstruccionista que posibilita pensar en un nuevo Derecho, y en nuevas formas de comprender los derechos, los deberes y las garantías constitucionales en un canon de interculturalidad compleja.

Desde la lógica de las tramas heterogéneas que se encuentran en la Constitución, es posible afirmar que el nuevo texto constitucional se presenta como uno de los más avanzados en el Continente, pues el mismo permite contar con una herramienta de deconstrucción del Derecho y en consecuencia del Estado.

Entendemos, inicialmente esta herramienta de deconstrucción, que se encuentra en la nueva Constitución Política del Estado como la posibilidad de tejer y destejer una serie de posibilidades de lecturas, de lenguajes del Derecho y de los derechos, y de formas de las instituciones estatales que se relacionan con ambos. Dicho de otra manera, el mismo texto constitucional, se deconstruye a sí mismo, relativizando incluso los caracteres más imperativos del mismo Derecho.

La lectura deconstruccionista, como herramienta metodológica, es en sí una dinámica, una imagen-movimiento, es decir, no concibe su objeto de estudio como una lógica estática de identidad, sino concibe su objeto como un proceso que avanza, contamina, se resignifica constantemente en el curso y la implicancia de su lectura. Invita a leer la nueva Constitución Política del Estado como una imagen movimiento3Aquí tomamos una parte de las nociones del filósofo francés Gilles Deleuze, en lo que respecta a sus estudios de cine., que nos plantea el dilema de la diferencia entre la cosa en sí (la Constitución) y la percepción de la cosa en movimiento (el movimiento, por ejemplo, de la voluntad constituyente, del pluralismo jurídico, del precedente constitucional o de las autonomías).

La imagen es la que actúa en las otras imágenes. Utilicemos una metáfora: el film, en él una imagen es seguida de varias otras, que a la vez modifican la percepción de las primeras imágenes. La Constitución presenta una serie de imágenes del Derecho, y a la vez genera una determinada manera de comprender el Derecho, pero el movimiento que supone el desarrollo en la práctica de estas imágenes va cambiando la comprensión que en sí se tiene de la Constitución. Es el caso del pluralismo jurídico; es muy posible que la manera en la cual se comprende los derechos y las instituciones estatales cambie, y no solo en su vertiente jurídica, sino en las distintas cualidades de acontecimientos y de vibraciones del mismo, tómese como ejemplo los pluralismos: el político, el lingüístico, el institucional4Si bien el artículo 1 de la Constitución establece cinco pluralismos (el jurídico, el lingüístico, el político, el cultural y el económico) si se analiza con atención los artículos 1 y 30, parágrafo II, se tiene que en primer lugar se reconocen las instituciones de las naciones y pueblos indígenas, y en segundo lugar que es un derecho de las naciones y pueblos indígenas que sus instituciones sean parte de la estructura general del Estado, generando de esta manera un pluralismo institucional. Asimismo, si se revisan los archivos del proceso constituyente boliviano (2006-2009) es posible encontrar en los debates de la Comisión 1 (Visión de País) de la Asamblea Constituyente las argumentaciones de un pluralismo religioso y no así un debate sobre Estado laico. En consecuencia, es posible encontrar más de un pluralismo en el desarrollo mismo de la Constitución y sus artículos, así como, la voluntad constituyente, referente de la interpretación constitucional conforme lo establece el artículo 196, parágrafo II de la Constitución. , el económico, etc., que le son co-constitutivos a la Constitución y a las intenciones del proceso constituyente.

En consecuencia, el pluralismo, la porosidad, la incompletitud del texto, son dínamos que permiten comprender el movimiento del Estado, y a la vez el movimiento del Derecho, y entender a este Derecho como una imagen en movimiento, en transición constante, en vibración constante. Si el texto constitucional en sí, por sí solo, tiende a deconstruirse en este movimiento de imágenes, estamos delante de una Constitución en transición, y en consecuencia con un Derecho en transición, un Estado en transición.

La transición es en sí, el devenir mismo del Derecho. Una posibilidad abierta a la justicia. Un golpe de suerte que genera herramientas para pensar en la justicia a partir del Derecho. Un invocar a la justicia para que la misma no se mantenga extraña al Derecho.

En consecuencia, es necesario aclarar lo que entendemos por transición, devenir y justicia.

En el primer caso, la transición sería la condición misma de un texto que no se agota en lo escrito, es decir, un texto que convoca en su aplicabilidad a elementos que están fuera del texto constitucional, tales como la voluntad constituyente (artículo 196, parágrafo II), la jurisprudencia y el precedente constitucional (artículo 203), los instrumentos internacionales, sean tratados o convenios de derechos humanos (artículos 13, parágrafo IV, 256 y 410) el pluralismo jurídico (artículos 1 y 178) y los derechos no enunciados en el texto constitucional, pero que puedan invocarse como derechos (artículo 13, parágrafo II) y la condición cambiante del denominado tenor literal del texto (artículo 196, parágrafo II). La transición, en consecuencia, no lo es a un estadio distinto, es decir, no se trata de llegar a un estadio estable y sin transformaciones, sino todo lo contrario, afirmar la transición que posibilita el texto5Por tenor es posible entender la literalidad del texto, sin embargo, buscando estrategias más cercanas a las posibilidades abiertas de interpretación de la Constitución, buscamos jugar con el significado de tenor, desde su misma literalidad. Tenor puede hace referencia a una voz que sustenta, una voz, la voz de quien aplica la Constitución, esta voz se desarrolla en un registro posible de voz, este registro es convocado por la armonía misma de la Constitución aplicada a un caso concreto. En este sentido el tenor literal del texto lo es a condición de lo que se intente decir de la Constitución, y desde la Constitución. Si un término en la Constitución se resignifica al interior mismo de la Constitución, el tenor estará condicionado a los materiales constitucionales necesarios para decir la Constitución o para decir algo desde la Constitución. Quien diga la Constitución, la voz que aplique la Constitución, específicamente a un caso concreto, deberá tomar en cuenta la armonía de la Constitución en su aplicación a caso concreto, de lo contrario el tenor literal generará una disonancia con la armonía posible.. supone afirmar que el texto no se resuelve, sino que queda abierto y posibilita convocar una y otra vez a la transición, de una imagen a otra.

En el segundo caso, el devenir es la condición misma de la transición. No es posible el devenir sin la transición del texto. El devenir sería la condición cambiante del texto constitucional, tanto por lo que este convoca para su interpretación como su aplicación a caso concreto. El devenir es el tiempo sin resolver, y en consecuencia el devenir de una Constitución es su condición constante de realización. No solo porque en la labor legislativa las leyes, y en este caso la Constitución6Conforme al tenor de la promulgación del texto constitucional boliviano de 2009, la Constitución es la ley fundamental del nuevo Estado Plurinacional Comunitario. , han sido redactadas en un lenguaje general que deberá adecuarse al caso concreto de su aplicación, sino porque a momento de aplicar el texto constitucional se reúnen, se convocan, una serie de posibilidades, de materiales constitucionales necesarios para una definición, la cual no agota en sí el texto ni los materiales constitucionales, sino que tienden, en todo caso, a reproducir los materiales, dado que esta definición pueda ser tomada más adelante como uno más de los materiales que se convoquen para la aplicación a la singularidad del caso concreto7Esta singularidad del caso concreto termina en convertirse en la universalidad de facto, de hecho, de lo singular. SoloSolo es singular a condición de ser único.. La singularidad de cada caso concreto, y las condiciones de interpretación abierta del texto constitucional hacen del mismo el escenario de posibilidad del devenir, como se señaló, como tiempo aun sin resolver.

Finalmente, el tercer caso a tratar es la justicia. El Derecho no es en sí mismo la justicia. Casi con acuerdo doctrinal se podría decir que el Derecho es el medio para acceder a la justicia, no para dar con ella con su aplicación, sino para acceder a la singularidad de lo justo aplicado a un caso concreto. La misma condición del Derecho para acceder a lo justo es lo que permite deconstruir al Derecho. Lo que se entiende por justo o ajustado es lo que permite tomar a la Constitución como texto abierto, que permita convocar a una serie de materiales de interpretación constitucional en busca de generar su aplicabilidad al caso concreto. Lo justo sería entonces la singularidad de la aplicación de la Constitución al caso concreto, no en busca de generar una justicia general, sino una justicia singular, una justicia que responda al caso y no a la disposición positiva, sino que haga de esta última -la disposición positiva- una disposición dúctil predispuesta al logró de la justicia, por ello la posibilidad de abrir el texto constitucional, de convocar otros materiales, para su adecuación a un caso concreto. Pensar lo justo desde la generalidad de la norma, es en si una contradicción. Pues pensar supone necesariamente ser convocado a pensar, lo contrario sería simplemente la aplicación mecánica de la norma, a partir de un computador en el que se ingresan los datos, la norma y se trabaje por subsunción. Pensar es en si lo que convoca el acontecimiento, respecto a la injusticia que se hace presente. La injusticia es lo que en si convoca a la justicia. Si hay injusticia es porque hay algo que falta, algo que no está presente, por ello el devenir del Derecho es en parte el devenir de la justicia, y decimos en parte porque lo justo es siempre lo que está ausente, y lo que convoca al devenir, como condición misma de que está por venir, no está resuelto. No se puede llegar a lo justo sino a través de lo injusto, del señalamiento de lo que falta, de lo ausente. Lo ausente solo puede bordearse, solo puede sentirse, más no puede hacerse presente.

El efecto vibracional del acontecimiento

El acontecimiento no es lo que ha sucedido, sino lo que ocurre en lo que ha sucedido, no es algo que se haya dado en el pasado, sino es algo que se proyecta desde el pasado hasta el presente y se abre al devenir. Cuando decimos que algo ha acontecido, no lo decimos solamente para dar cuenta del pasado, sino para dar cuenta del presente, que es condición de la referencia al pasado, y a lo que ha acontecido. Pero el acontecimiento en sí, no solo da cuenta del presente (o se encuentra en el presente), sino que lo amplia, lo multiplica, y en consecuencia lo cuestiona (cuestiona su unidad), por ello, el acontecimiento no es el presente, sino que lo habita de múltiples maneras.

El acontecimiento no puede ser dicho de una sola vez y de manera definitiva, el acontecimiento, si bien puede ser retratado por el lenguaje, cercado por la lengua y conjurado por la escritura, el acontecimiento no es el lenguaje en sí, pues rehúye al mismo.

Es posible afirmar que algo terrible sucede en el lenguaje. Lo terrible no es en sí el lenguaje, sino lo terrible es algo que sucede en el mismo. El lenguaje tiene como condición ser el medio a través del cual nos comunicamos, el lenguaje es el soporte o la condición de comunicación entre seres humanos. Como condición, como soporte no es terrible; lo terrible que anotamos es aquello que sucede en el lenguaje, pues los significados que lleva consigo el lenguaje para lograr la comunicación no pueden decir el acontecimiento8En este sentido, Caputo señala que: “El nombre es una formulación provisional de un acontecimiento, relativamente estable para ser una estructura en evolución, mientras que el acontecimiento nunca descansa, se mueve, buscando nuevas formas que adoptar, tratando de ser expresado de maneras todavía inéditas. Los nombres son históricos, contingentes, expresiones provisionales en lenguajes naturales, mientras que los acontecimientos son lo que los nombres intentan formar o formular, nombrar o denotar (Caputo en Vattimo y Caputo, 2010: 76). . Por ello estas condiciones del lenguaje son terribles, pues no pueden captar de manera final al acontecimiento, y lo hacen, de esta manera, indecible9El lenguaje juega a decir el acontecimiento, como en este texto decimos el acontecimiento, a condición de estar de acuerdo con el acontecimiento. Pero decimos que hay acontecimiento, e imaginemos que los lectores de este texto estén de acuerdo con el acontecimiento, como un acuerdo para que tengamos comunicación, pero no porque aprehendamos el acontecimiento, porque su aprehensión es imposible. .

Con esta condición el acontecimiento es lo que estaría ausente del lenguaje que lo intenta registrar, pero que lo invoca como ausente, como aquello que falta. Sin embargo, el acontecimiento nos manda señales y nos espera detrás del lenguaje.

Si el lenguaje no puede finalmente registrar ni hacer posible el acontecimiento, ¿cómo puede invocarlo, cómo nos manda señales, cómo nos espera? Una posibilidad es a partir de la incompletitud del registro, de la incompletitud del lenguaje, y en consecuencia a partir del efecto vibracional de cada artículo de la Constitución.

Líneas atrás decíamos que el pluralismo, la porosidad de la norma, la incompletitud del texto, son dínamos que permiten comprender el movimiento del Estado, y a la vez el movimiento del Derecho.

Este movimiento es solo posible a partir del acontecimiento. Una vez más debemos decir que el acontecimiento no es el movimiento, sino lo que lo hace posible. El acontecimiento vibra, como una potencia en ebullición.

El movimiento en la Constitución se encuentra en la vibración del acontecimiento en cada artículo de la Constitución. De la misma manera, que decíamos con el movimiento, el acontecimiento no es la vibración, sino lo que hace posible la vibración, en tanto el acontecimiento viaja cerca de cada uno de los artículos de la Constitución.

El movimiento crucial está en tratar el acontecimiento como algo que se juega en las palabras y las cosas, como una potencia que vibra en su seno y las impacienta con el acontecimiento. Deleuze dice que desear el acontecimiento significa más concretamente desear ‘no exactamente lo que ocurre, sino algo en lo que ocurre, algo todavía por venir que puede ser consistente con lo que ocurre’. ‘El acontecimiento no es lo que ocurre (un accidente), está más bien en lo que ocurre, en lo puramente expresado. Nos manda señales y nos espera’. Esto sería ir en una dirección más bien derrideana por cuanto desear el acontecimiento significa ‘afirmar’ el acontecimiento, decir ‘oui, oui’ (¡Amén!) no a lo que está presente, sino a lo que está por venir, a lo que vibra en las cosas y en las palabras, a lo que ellas nos prometen (Caputo en Vattimo y Caputo, 2010: 81).

Los acontecimientos hacen vibrar al texto constitucional, se encuentran habitando en cada artículo de la Constitución, no son sus palabras, sino están en las palabras, como fuerza interna que las hace posible.

Los artículos de la Constitución, en consecuencia, son como cuerdas de un violín que vibran y se despliegan cuando se convoca a la voluntad constituyente, al bloque de constitucionalidad, a la jurisprudencia y el precedente, a los derechos en devenir, al pluralismo jurídico o al tenor literal del texto. Los artículos son cuerdas y sus interacciones deberían generar armonías, la armonía de la Constitución aplicada al caso concreto, a partir de determina vibración de cada artículo, que en su interacción con los materiales constitucionales, y los datos necesarios de cada caso singular y concreto, debería generar una armonía.

Si pensamos que cada artículo de la Constitución es en realidad un modo de vibración del acontecimiento, deberíamos a la vez pensar que el acontecimiento se encuentra pegado y al ras de cada uno de los artículos de la Constitución.

Bajo este razonamiento, el acontecimiento es lo que abre cada artículo de la Constitución, y en consecuencia es lo que permite que cada artículo vibre. Dónde se encuentra lo abierto, pues al ras de cada artículo, de cada término, de cada intento del lenguaje por aprehender el acontecimiento. Este estar siempre al ras, pegado a cada artículo, puede ser representando con la imagen de una brana, una superficie que se encuentra apegada, al ras de un objeto, pero que es invisible, pero que por ello no significa que no exista. La brana es el nombre que la física cuántica y específicamente la teoría de cuerdas ha utilizado para denominar el espacio en el cual pueden encontrarse otras dimensiones extras, dimensiones que están al ras de un objeto de tres dimensiones.

Los físicos han vuelto ahora a la idea de que el mundo tridimensional que nos rodea podría ser una rebanada tridimensional de un mundo de dimensión superior. Una brana es una región determinada del espacio-tiempo que se extiende solo en una rebanada (posiblemente multidimensional) del espacio. La palabra “membrana” motivó la elección de la palabra brana porque las “membranas”, como las branas, son láminas que o bien rodean o bien pasan a través de una sustancia. Algunas branas son rebanadas que están dentro del espacio, mientras que otras son rebanadas que acotan el espacio, como las rebanadas de pan de un bocadillo (Randall, 2011: 88).

Las branas son algo más que una simple localización en el espacio: son objetos por derecho propio. Las branas son como membranas y, al igual que las membranas, son objetos reales. Las branas pueden estar flojas, y en este caso pueden contonearse y moverse, o pueden estar tensas, y entonces lo probable es que se mantengan quietas. Y pueden portar cargas e interactuar mediante fuerzas. Además, influyen en comportamiento de las cuerdas y de otros objetos. Todas estas propiedades nos dicen que las branas son esenciales para la teoría de cuerdas (Randall, 2011: 430-431).

Las branas constituyen la condición de posibilidad de otras dimensiones no percibidas o no vistas del universo, transformado a este en un pluriverso.

Las branas podrían tener distintas dimensiones. Podrían curvarse. Podrían moverse. Podrían enrollarse a lo largo de dimensiones invisibles (Randall, 2011: 100).

Imaginemos una tubería cuadrada cuyo largo es infinito, en el interior de la misma vive un insecto. Para el insecto el interior de la tubería es lo único que ve, lo único que siente, vive en un mundo de tres dimensiones, y en una temporalidad determinada. Lo que no imagina el insecto es que las paredes de la tubería dan a algún lugar afuera, a alguna otra dimensión que simplemente es imposible de conocer para el insecto, pero no por ello esta dimensión no existe. La dimensión que no ve, que no siente el insecto, es lo que se denomina como brana, aquella dimensión apegada, que se encuentra al ras, una especie de exterior constitutivo que se hace presente gracias al acontecimiento.

El acontecimiento habita la brana.

Por ello, la Constitución estaría siempre en devenir, tanto por la realización constante del acontecimiento, como por las posibilidades abiertas de las branas de la Constitución.

La Constitución vigente y sus branas: la condición multitextual y politópica

Estas branas de la Constitución son todo lo que se apega a los artículos y disposiciones de la Constitución y a la vez la hacen vibrar de una determinada manera. Tanto los instrumentos internacionales de derechos humanos, como el precedente y la jurisprudencia son un tipo de branas que hacen vibrar cada artículo de la Constitución de una determinada manera, sin embargo, la manera más visible de soporte de branas —aunque sabemos que las mismas no son visibles— se encuentran en los archivos del proceso constituyente.

Cabe unas palabras sobre los archivos: conforme a lo dispuesto en el artículo 196, parágrafo II, es un criterio preferente —no el único— de interpretación, la voluntad del constituyente conforme a sus documentos, actas y resoluciones, estas se encuentran en los archivos del proceso constituyente. Sin embargo, estos archivos están hechos de documentos escritos, de versiones variadas del texto constitucional vigente. No es posible encontrar en ellos al acontecimiento. Lo que encontramos en ellos son los registros precarios que el lenguaje ha hecho del acontecimiento, pero en virtud a su cantidad, a su carácter voluminoso de archivo se puede inteligir, sentir algo que se encuentra en los archivos, en los intentos del constituyente de plasmar el acontecimiento.

La voluntad constituyente es en sí, el despliegue de los acontecimientos, pero la voluntad en tanto potencia; en tanto fuerza que se ha cristalizado en texto escrito, no se agota solo en lo escrito. Una vez más algo terrible pasa en lo escrito, la voluntad en tanto potencia no puede reducirse a lo escrito, pero en la pluralidad de los archivos puede encontrarse una puerta, un atisbo, un guiño de la voluntad en tanto acontecimiento. Los acontecimientos, como se mencionó, mandan guiños, señales.

La voluntad constituyente no es en sí la voluntad de un asambleísta o de un grupo de asambleístas, sino la voluntad-fuerza que guía a los asambleístas, que genera una especie de sintonía ontológica del asambleísta con una fuerza que se genera en lo sucedido, es decir, en la fuerza del acontecimiento. Por ello, la voluntad del constituyente, no es la voluntad de un informe o de una propuesta, sino del conjunto de archivos del constituyente, conjunto coral, de pluriverso, que ha registrado el paso del acontecimiento, en sí al acontecimiento que se despliega hasta el presente, buscando ser invocado no en un documento, sino en varios documentos, actas y resoluciones, pero para ser invocado en el presente de cada situación, de cada singularidad.

Estos documentos, actas y resoluciones van más allá del texto vigente de 7 febrero de 2009. Se encuentran en el Proyecto de Texto Constitucional de 20 de octubre de 2008; el Proyecto de Texto Constitucional de 9 de diciembre de 2007; el Proyecto de Texto Constitucional de 24 de noviembre de 2007; los Informes de Mayoría, Informes de Minoría e Informes de Consenso de cada una de las 21 comisiones de la Asamblea Constituyente, y en el Proyecto de Texto Constitucional de las organizaciones del Pacto de Unidad, propuesta que fue seminal a momento de empezar a redactar los informes de comisión10En una entrevista realizada a Raúl Prada, Asambleísta Constituyente, este señalaba que “en el documento del Pacto de Unidad, que fue el documento de referencia de la Asamblea Constituyente, se plasmó una concepción consensuada y construida colectivamente de lo que era el Estado Plurinacional […] todas las organizaciones componentes del Pacto de Unidad lograron construir un acuerdo político, lograron discutir, interpretar […] Para lograr el documento del Pacto de Unidad han concurrido muchas reuniones y congresos entre las organizaciones, en todo este transcurso se ha puesto en tensión la voluntad de unidad de las organizaciones sociales. Empero, a pesar de las dificultades, se ha logrado llegar a un consenso sobre el Estado Plurinacional, comunitario y social; esa eran características definidas colectivamente del perfil del nuevo Estado por parte de las organizaciones sociales componentes. De este modo, el Pacto de Unidad llega a la Asamblea Constituyente con un documento construido colectivamente” (Prada en Svampa, Stefanoni y Fornillo, 2010: 50-51). .

Estos documentos, estos archivos, han registrado el paso de los acontecimientos en el proceso constituyente, y por ello han hecho de la Constitución no un texto constitucional, sino una multitextualidad politópica que intenta caracterizar el acontecimiento.

Es politópica, en tanto los acontecimientos se generaron en diferentes topoi, en diferentes lugares comunes, retóricos y construidos culturalmente. Como señala Boaventura de Sousa Santos, los topoi “funcionan como premisas para la argumentación, posibilitando de esta manera la producción e intercambio de argumentos” (Santos, 2009: 518). La condición politópica del texto constitucional la relaciona directamente con su carácter de incompletitud.

Como señala Marafioti:

La palabra topoi es de origen griego, corresponde al latín locus communis, de donde proviene el español lugar común. Fundamentalmente un topos es (a) un elemento de una tópica, una tópica es una heurística, un arte de colectar informaciones y de hacer emerger los argumentos; (b) por especificación de (a), un esquema discursivo de un tipo de argumento (Marafioti, 2012: 50).

La condición politópica del texto constitucional debe elevar la conciencia de incompletitud del texto, al máximo posible, para generar un diálogo cultural a momento de interpretar el texto.

Lo que sucedió en el proceso constituyente boliviano (2006-2009) ha sido una ampliación del presente, una posibilidad de hacer vibrar el texto constitucional a partir de la producción de una serie branas que registran en si el paso de los acontecimientos, y que permiten convocarlo como aquello que está ausente en el texto constitucional.

Por lo señalado, el texto constitucional no se realiza de una sola manera y de una sola vez, sino que se realiza en el devenir, en su condición de ser una Constitución del tiempo no resuelto, sino del tiempo por resolver, por ello la Constitución siempre será una nueva Constitución Política del Estado boliviano, porque su novedad se encuentra en el carácter vibracional del acontecimiento que se encuentra en cada uno de sus artículos, abiertos al devenir de la interpretación.

Política constitucional

La justicia es indecible, es indecidible, y es ella la que posibilita la deconstrucción misma del Derecho. Sin embargo, apremia desde su indecibilidad la necesidad de su decidibilidad, es decir, de la decisión del Derecho, pues la Justicia asedia, busca su realización. “Sin importar cuán difícil, imposible de programar, imposible de decidir sea la situación, la justicia no espera; se exige aquí y ahora en la situación particular” (Derrida y Caputo, 2009: 163).

No hay posibilidad de la justicia sin el Derecho. El Derecho sería la única condición de posibilidad de la justicia, de deseo de justicia, de promesa de justicia, aunque la misma sea en sí misma imposible de realizar. Es entonces, una urgencia de la justicia la que precisa que el Derecho sea.

Si hasta ahora hemos dicho que el Derecho, desde su condición de porosidad, se abre y se encuentra incompleto, y que a la vez su completitud es imposible, estamos convocados por la urgencia de justicia a decir y decidir lo qué es el Derecho. Lógicamente esta es una tarea difícil y compleja. Pero lo sería mucho más si no existirían posibilidades de decidir. Si el Derecho fuera una orden performativa de cálculo solo se precisaría un computador y una relación causa efecto aplicable. Pero a momento de decidir lo que el Derecho es, nos miramos cara a cara con la indecidibilidad, “la mira literalmente a los ojos, mira ese abismo y luego hace el salto, es decir, se rinde a la decisión imposible” (Derrida y Caputo, 2009: 162).

La decisión es, entonces, una condición del caso concreto. Esta es una decisión política, a esto es a lo que denominamos política constitucional a la decisión respecto a lo que el Derecho es, en esa circunstancia, en ese acontecimiento, pues toda decisión política es decisión-acontecimiento.

No corresponde a la academia la decisión política, aunque la misma asedia a la decisión, le recuerda que es una posibilidad. Recuerda a la política su condición indecidibilidad y su necesidad de decisión. La decisión política corresponde a otros espacios que llevan la performatividad del Derecho.

En este sentido oponemos a Estado de derecho esta nueva concepción de política constitucional11La novedad es relativa, pues detrás de todo texto se despliega la historia misma del Derecho y de su decidibilidad. Ya Kelsen señalaba lo siguiente: “Si se entiende por interpretación la determinación del sentido de la norma por aplicar, el resultado de esa actividad no puede ser otro que la determinación del marco constituido por la norma y, por consiguiente, la comprobación de las distintas maneras de llenarlo. La interpretación de la norma no conduce, pues necesariamente a una solución única que sería la exclusivamente justa” (Kelsen, 2000: 131). Lo que se pretende con la política constitucional es radicalizar la intuición de Kelsen, para pluralizar el marco constituido por la norma, un marco que no estaría del todo constituida y en consecuencia abierta a las posibilidades del texto y su deconstrucción..

Entendemos por Estado de derecho al imperio del derecho (el sometimiento de gobernantes y gobernados a la Constitución y las leyes), pero básicamente sobre la precomprensión de lo que el Derecho es12La doctrina jurídica distingue distintos sentidos del término Estado de derecho. En primer lugar tenemos el sentido débil o formal de Estado de derecho en el cual los poderes públicos están conferidos por el ordenamiento jurídico (Constitución y leyes), y ejercitados en las formas y con los procedimientos legalmente establecidos (leyes y decretos supremos). Los contenidos de estas formas están ausentes, es decir, las normas pueden poseer cualquier contenido, sin embargo, es preciso que el Estado tenga el monopolio de la producción jurídica mediante un sistema unitario y formalizado. En segundo lugar se tiene el sentido fuerte o sustancial de Estado de derecho el cual no solo se caracteriza por las formas (sentido débil), sino por los contenidos, entonces, el Estado de derecho es aquel orden jurídico-político en el que los poderes, incluido el Legislativo, están vinculados al respeto de principios sustanciales expresados en la Constitución Política del Estado, como ser los principios de legalidad, justicia, equidad, división de poderes, resguardo de derechos fundamentales, etc. Este sentido corresponde a lo que se ha venido a denominar Estado Constitucional de Derecho. En esta presentación del Estado de derecho las leyes y el ordenamiento jurídico tienen que tener coherencia con el espíritu de la Constitución Política del Estado, coherencia con la virtud inmanente (interna y con un dinamismo estructurante) de sus contenidos establecidos. En el Estado Constitucional de Derecho la Constitución no solo regula la producción jurídica a partir del principio de legalidad, sino que impone prohibiciones y obligaciones de contenido en las leyes y demás ordenamiento jurídico correlativas a los derechos de libertad, a los derechos sociales y colectivos, estos tratados como contenidos determinados en la norma. De estas obligaciones se desprende el denominado Estado social (y Constitucional) de derecho que supone que el Estado cumple un papel fundamental en la provisión de derechos sociales como educación, salud y en algunos casos renta básica. Este modelo puede extenderse hasta el Estado de bienestar de corte europeo. En tercer lugar se tiene el sentido virtual de Estado de derecho, que se podría resumir en la existencia de una Constitución sin Estado debido a la pérdida (o transformación desterritorializadora) de soberanía en los Estados, es decir, las fuentes del Derecho se encontrarían fuera del Estado y asumirían formas y contenidos nuevos resultado de la integración económica y política, es el caso del constitucionalismo europeo (la aprobación en Niza el 7 de diciembre de 2000 de una carta Europea de Derechos Fundamentales y los proyectos de una Constitución Europea) y el naciente constitucionalismo internacional que busca una nueva transformación para extender derechos sociales a nivel mundial. Finalmente se tienen las teorías del Estado Cultural de Derecho planteadas por Peter Häberle, en la cual la cultura en el cumplimiento de la norma es fundamental. Para una mayor referencia véase el texto de Ferrajoli Pasado y futuro del Estado de derecho” en Carbonell, Miguel. 2005. Neoconstitucionalismo(s). Madrid, España: Ed. Trotta; asimismo, la compilación realizada por Miguel Carbonell y Rodolfo Vásquez. 2009. Estado de derecho: Dilemas para América Latina. Lima, Perú: Ed. Palestra.. La categoría Estado de derecho supone la del principio de legalidad como norma de reconocimiento del Derecho existente, en este sentido el Derecho estaría plenamente determinado y decidido en la norma de Derecho, sin aceptar, más allá de los criterios de interpretación convencional, ninguna posibilidad porosa del Derecho.

En contraste, lo que denominamos política constitucional es la posibilidad de abrir la comprensión a lo que el Derecho es a la porosidad, incompletitud y pluralismo del Derecho para posibilitar de esta manera la deconstrucción del texto constitucional. El Derecho en consecuencia se vuelve inconsistente, se descentra y, entonces, la multiplicidad de lo que el Derecho es posibilita la construcción de una política constitucional y una consonante política legislativa. Esto modifica la condición de estatalidad, es decir, ya no es el Estado y la Constitución la que establece lo que el Derecho es, y lo que la sociedad debería ser y hacer, sino todo lo contrario, sería población la que determinaría lo que el Estado es, y la que establecería esta multiplicidad del derecho.

Si valoramos en su conjunto la reflexión crítica respecto al texto constitucional boliviano no podemos dejar de notar que muchos de los términos y conceptos empleados son básicamente los mismos de otro tiempo, que han sido heredados por la tradición constitucional moderna13Se entiende por tradición constitucional a la historia constitucional de cada Estado. En el caso boliviano, la tradición constitucional boliviana se encuentra sumamente influenciada por la tradición europea o continental del Derecho constitucional, por ello es posible hablar de una herencia de la tradición constitucional moderna.. Ahora bien, estos ya no producen significados unívocos y estables como se ha mencionado anteriormente. El mismo texto constitucional ha erosionado y diseminado el principio unitario del Derecho y del Estado de derecho por el carácter oscilante anotado.

Como menciona Zagrebelsky:

Las categorías del derecho constitucional, para poder servir como criterio de acción o de juicio para la praxis, deben encontrar una combinación ya que no deriva del dato indiscutible de un centro de ordenación. Por usar una imagen, el derecho constitucional es un conjunto de materiales de construcción, pero el edificio concreto no es obra de la Constitución en cuanto tal, sino de una política constitucional que versa sobre las posibles combinaciones de esos materiales (Zagrebelsky, 2009: 13).

Los materiales constitucionales a los que se refiere Zagrebelsky, en la cita anterior, son en sí la Constitución misma, y en consecuencia la posibilidad abierta de no ver en la Constitución un texto unitario, sino múltiples materiales que funcionan como un mapa de navegación de las condiciones de posibilidad para pensar el descentramiento. La Constitución, en consecuencia sería siempre algo más, algo a determinar, algo en devenir.

En tanto el Derecho se descentra, se deconstruye, la política constitucional pretende hacer consistente lo inconsistente, estableciendo desde una pluralidad más rica en contenidos lo que el Derecho es en tanto política constitucional y política legislativa. Entonces, se libera al Derecho y se construye una política sobre un marco mucho más amplio y rico de posibilidades para la performatividad jurídica. Pero esta performatividad, esta política constitucional y legislativa es también deconstruible por la incomensurabilidad del Derecho abierto a la justicia.

Entonces, de lo que trata la política constitucional y legislativa es la de reinventar constantemente el Derecho de manera dúctil, referida a esta posibilidad de amabilidad del Derecho. Entonces, a la política constitucional le corresponde la posibilidad de decir, de hacer el Derecho, pues en lo que respecta a una política no se trata de que el Derecho se oponga a la justicia, sino que se entrecrucen.

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Farit L. Rojas Tudela

Abogado constitucionalista con especialidad en historia y filosofía, master en investigación social y Doctor en ciencias del desarrollo mención justicia. Tiene estudios en gestión gubernamental y gerencia pública. Ha sido investigador del proceso constituyente boliviano y asesor técnico de Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya-Holanda. Actualmente es investigador del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de Bolivia.


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