¿Qué significa hacer revolución?

El cambio político y la revolución

Pablo Manuel Iglesias Turrion
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 24
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Hablar de la Revolución Rusa en 2017 implica correr peligros, en nuestro caso, hay un primer peligro evidente y es el hecho de que no reflexionamos sobre la Revolución Rusa en tanto que académicos protegidos por una institución universitaria, en tanto que escolásticos, que historiadores, que intelectuales fascinados por una experiencia histórica concreta, sino que el hecho de tener responsabilidades políticas hace que cada cosa que digamos sobre la Revolución Rusa tenga su coste.

Más aún, si tenemos en cuenta que la Revolución Rusa, así como todos sus símbolos, han sido codificados por los enemigos del cambio, por los enemigos de la transformación, incluso, podríamos decir, por los enemigos históricos de la democracia, han sido codificados como significantes del mal. Se ha pretendido asociar la Revolución Rusa al totalitarismo, a la purga, al gulag, a la depuración, a los asesinatos, a través de una propaganda enormemente eficaz que, durante décadas, ha querido vacunar a las sociedades a la hora de que pudieran imaginar el significado de la Revolución Rusa, con sus enormes defectos, con sus fracasos, con sus crímenes, como algo que sirvió para despertar no solo la imaginación sino la concreción práctica para poblaciones de todos el mundo de la esperanza de que las cosas podían cambiar, la esperanza de que podía haber una sociedad mejor, una sociedad más justa.
Por eso la Revolución Rusa sigue siendo tan peligrosa, por eso hoy, en mi país, muchos medios de comunicación conservadores se empeñaban en señalar: “Pablo Iglesias –con una hoz y un martillo por detrás– habla de la Revolución Rusa, cuando se conmemoran los millones de muertos en la revolución”.

Se pretende construir como un significante criminalizador, los mismos que históricamente han analizado el fascismo, los mismos que no se atreven a reconocer sus vínculos históricos, su ADN histórico que les vincula al fascismo, los mismos que ponen cara de sorprendidos cuando les recuerdas que el único país que utilizó armas nucleares contra la población fue Estados Unidos, los supuestos campeones de la democracia, han construido una imagen de la Revolución Rusa concebida para criminalizar a todo aquel que quiera hacer una reflexión crítica sobre el acontecimiento histórico fundante del siglo XX; Eric Hobsbawm decía que el siglo XX es un siglo breve, un siglo que se abre con la Revolución Bolchevique y que se cierra con la caída del Muro de Berlín.

Se ha tratado de convertir el genio intelectual de Lenin en una estatua, en una camiseta o en un santo; Lenin es todo lo contrario a eso. Lo que les diría es rompan las fotos de Lenin, destrocen las estatuas de Lenin y lean a Lenin, no utilicen sus estatuas, no utilicen sus imágines.

Y lo mismo con Lenin y con el “Che” Guevara y con tantos hombres y mujeres que dejaron en sus escritos y que pusieron su cerebro al servicio de la transformación social, creo que esto es muy importante para que entendamos que una reflexión sobre la Revolución Rusa no es un debate de si estamos a favor o estamos en contra, no es un debate entre los nostálgicos favorables a la Revolución Rusa y los nostálgicos contrarios, es un debate que puede servir para comprender claves políticas del presente y claves políticas de la transformación.

La política es difícil, las experiencias históricas nunca son explicables, contables, a partir de una historia de buenos y malos, los caminos de liberación de los pueblos no son caminos de rosas, son enormemente difíciles, están sujetos a contradicciones, implican cosas que nos gustan y cosas que no nos gustan. Tratemos de hacer un ejercicio de madurez para comprender que el estudio de la historia y de las experiencias políticas es la clave para construir la transformación. Ese es el gran aporte político de la Revolución Rusa y de Lenin.

¿Quién era Lenin, fundamentalmente? Un intelectual, un estudioso, alguien que a fuerza de estudiar el capitalismo en Rusia, a fuerza de estudiar el capitalismo en Europa, a fuerza de estudiar claves del funcionamiento de la política, consigue, mediante el estudio, mediante la voluntad, mediante la acción política, ser uno de los protagonistas de un acontecimiento que cambió la historia y que sirvió para señalar que podía haber un camino diferente a lo que hasta entonces se había conocido.

Decía un viejo amigo, Manolo Monereo, el comunismo es una posición moral que después se llena de ciencia, bueno, para llenarlo de ciencia adoptemos una posición de reflexión científica, una reflexión que nos sirva para comprender claves que nos sirvan para cambiar las cosas.
El tercer peligro, y esto tiene que ver con la reflexión que quiero plantear y tiene que ver con afrontar la reflexión sobre la revolución desde donde implica la responsabilidad de Estado, entendiendo que la responsabilidad de Estado es, en última instancia, lo que nos permite llevar a cabo cambios y transformaciones, la técnica de Estado es la que permite cambiar ciertas cosas, el Estado como principio y límite de la política moderna y plantear un debate con alguien que admira a Lenin, que es un intelectual de izquierda, un intelectual marxista herético, como deben ser los marxistas, pero que, además, perdió la virginidad política o la inocencia política en tanto que es estadista, en tanto que es alguien con responsabilidades políticas de Estado y con responsabilidades políticas de gobierno.

A los intelectuales se les puede juzgar por los libros que dejen, a los que han tenido responsabilidades políticas se les juzga por hechos y por lo que han sido capaces de hacer y discutir la política así es mucho más difícil que discutirla cuando no tienes responsabilidades políticas y trabajamos exclusivamente en torno a las cosas que escribimos.

Eso implica que en este debate político, en esta aproximación a la revolución y a los cambios, las cosas que digamos tienen que tener consecuencias y las cosas de las que hablemos tienen que someterse a la praxis. Hay un principio leninista con mucho encanto que dice: “Hagamos el análisis concreto de la situación concreta”.

¿Qué es esto del genio bolchevique? Hay un libro de Andrade y de Hernández, una compilación de textos sobre la Revolución Rusa, está editado por Akal, Álvaro García Linera escribe un capítulo excelente, uno de los compiladores del libro, que es un historiador español de mi edad, muy inteligente, muy lúcido, escribe un párrafo en el que yo creo sintetiza el significado de la Revolución Rusa para los enemigos presentes de la Revolución Rusa, dice Andrade: “En aquella herencia del 17 sigue habiendo algo inadmisible e inquietante, inadmisible e inquietante para un poder que parece tener una memoria más fresca del peligro que supone el levantamiento de los comunes que la de muchos de los vástagos formales de la revolución”.

Lo que está diciendo Andrade es que parece que los enemigos presentes de la Revolución Rusa le tienen más miedo al significado de la Revolución Rusa que a sus aparentes herederos, las organizaciones políticas de la izquierda y aquí, Andrade se está dando cuenta del gran significado histórico de la Revolución Rusa como derrota de la historia; la Revolución Rusa es la prueba de que la historia se podía cambiar, la historia de que la voluntad colectiva, de que la política, entendida como voluntad colectiva, podía cambiar las cosas y cambiar las cosas era cambiar una relación de poder.

La Revolución Rusa es otra cosa, en la Revolución Rusa son obreros, campesinos y soldados que quitan el poder a quienes siempre lo habían tenido, eso tiene algo de inaceptable, eso tiene algo de pesadilla para los poderosos que les persigue, igual que en Flandes, para asustar a los niños, se les dice: “duérmete que va a venir el duque de Alba”, para asustar a los niños de los ricos hay que decirles: “duérmete que viene Lenin”.

Y el genio bolchevique es, de alguna forma, la capacidad de construir una llave aparentemente mágica, unas que abren las puertas del cielo, de la historia, unas llaves que permiten cambiar la historia y eso no es una historia de belleza, no se cambia la historia, simplemente con buena voluntad, no se cambia la historia simplemente con buenas ideas ni con buenas intenciones; se la cambia aprovechando coyunturas extremadamente complejas e impredecibles.

Álvaro García Linera señala una cosa fundamental, las revoluciones no se planifican, las revoluciones estallan y cuando estalla una revolución pues ya hay revolucionarios con la formación y con la capacidad política suficiente para influir en el desarrollo de los acontecimientos y esos acontecimientos se pueden dirigir en una dirección concreta, pero no se puede planificar completamente todo.

Uno de los grandes errores históricos de una izquierda que interpretó de manera mecanicista el marxismo, era pensar que la historia iba a funcionar de manera ordenada: el desarrollo de las fuerzas productivas producirán, necesariamente, el crecimiento del proletariado y, por lo tanto, del socialismo, en tanto que la fase superior del capitalismo se convertirá en un periodo histórico inevitable e ineludible en la historia de la humanidad y, básicamente, lo único que hay que hacer es esperar porque el socialismo es necesariamente la fase histórica que sucede al capitalismo. Esto no es verdad.

En todo caso, las organizaciones revolucionarias tenían que empujar la aceleración de ese proceso, esto no es verdad, y la prueba de que no es verdad es la Revolución Rusa, que es la demostración de cómo la voluntad política bien organizada puede permitir una transformación que no estaba prevista. ¿Cómo la política puede cambiar las cosas?, ¿cómo la política puede convertir lo imposible en posible? Los teóricos de la realpolitik dicen que la política es la ciencia de lo posible. Bueno, en la ciencia política de Lenin, la política es a veces, la ciencia de hacer posible lo que parecía imposible, que parecía imposible porque no se había intentado.

Hay alguien que podría decir, “bueno, es que esto de la política es una estafa, los políticos a veces dicen una cosa y otras veces dicen otra” y es evidente que hay momentos en los que hay hipocresía, momentos en los que se miente, pero es que en política es lógico que hayan momentos en los que se diga y se haga una cosa y momentos en los que sea necesario decir y hacer otra cosa, esto es algo que los operadores políticos tradicionales han tenido claro y que el genio bolchevique pone encima de la mesa, para entender que hay momentos en los que hay que apoyar al gobierno provisional y otros en los que hay que destruir al gobierno provisional, y en los que hay que defender una república burguesa y otros en los que toca intentar llevar a cabo una revolución y que hay tiempos en los que los bolcheviques se pueden aliar con los eseristas, con los social-revolucionarios y períodos en los que no, instantes en los que se tiene que enfrentar, momentos en los que puede haber una alianza con los anarquistas y otros en los que no; y esto no es una característica del bolchevismo, es una característica de la política que, sin embargo, el genio bolchevique es capaz de convertir en una ciencia política, en una manera de actuar que posibilita el asalto al cielo, la posibilidad de cambiar la historia, la posibilidad de que los que parecía imposible, se convirtiera en posible.

Los adversarios de la transformación política saben que es muy frecuente en la historia que se generen desórdenes, que se generen disturbios, que se generen enfrentamientos, no es eso lo que más temen de los revolucionarios, lo que temen los adversarios de la revolución de los revolucionarios es su capacidad para generar orden, su capacidad para generar orden social y para ofrecer seguridades a la población, para decir: “miren, nosotros no queremos generar el desorden, nosotros no pretendemos que la sociedad se sumerja en el caos; nosotros garantizamos orden, garantizamos que van a funcionar las carreteras, que va a funcionar los hospitales, las escuelas, el servicio de correos, que van a funcionar los transportes y que, además, van a funcionar mucho mejor”. Eso es algo fundamental para entender el genio bolchevique que ofrece orden.

El León Trotsky que organiza al Ejército Rojo es una figura crucial, no por ser un marxista que era capaz de discutir con Bujarin en alemán, sino porque es capaz de organizar un ejército de manera disciplinada y enfrentarse a todos los ejércitos extranjeros que trataron de aplastar la revolución, la capacidad de generar orden, ese elemento espiritual del genio bolchevique es uno de los elementos claves de la revolución.

El asumir contradicciones y flexibilidades, ¿qué es la NEP, la Nueva Política Económica que defiende Lenin? Pues es una manera de reconocer que había que permitir y fomentar sistemas de propiedad privada en el campo para el desarrollo de la agricultura en Rusia, era una enmienda a algunos de los planteamientos que habían hecho los marxistas, pero necesaria esa flexibilidad táctica, del mismo modo que Trotsky se vio obligado a firmar una paz vergonzante en Breslitovs porque el proyecto de extender la revolución fracasó y se quedó limitado en el Estado.

¿Qué te encuentras después de abrir la puerta del cielo?, ¿qué significa hacer la revolución?, ¿qué significa conquistar el poder o conquistar una parte del poder?, ¿qué significa ganar unas elecciones contra todo pronóstico?, ¿qué es lo que hay detrás de la celebración de la victoria?

Siempre que hay una victoria, las revoluciones siempre tienen su Palacio de Invierno, hace un símbolo que represente a la gente obteniendo su victoria, el Palacio de Invierno, los sandinistas ganando, la llegada de Fidel a La Habana, la victoria electoral de Evo Morales el año 2005; hay momentos en los que la gente canta, grita, se abraza; instantes que son retratados por los fotógrafos, como claves para entender ese momento histórico: has asaltado el cielo, has ganado y entonces te dan la llave, abres la puerta y lo que encuentras no es un paraíso, sino que encuentras los verdaderos problemas, te encuentras básicamente con el Estado.

Cuando asaltas el cielo, después del momento bacanal del asalto, de la celebración, lo que te encuentras es un Estado y éste es un animal, Hobbes lo describía como una bestia bíblica, como un Leviatán, un artefacto enormemente complejo, contradictorio y además, los revolucionarios cuando ganan, por la vía insurreccional o por la vía electoral, se suelen encontrar “Leviatancitos”, no se encuentran el gran Leviatán de Hobbes, se encuentran animales bíblicos de tamaño medio a pequeño, con enormes límites y eso es todo lo que tiene para emprender el verdadero camino de la transformación que está llena de contradicciones y llena de dificultades.

¿Por qué el Estado es tan importante, por qué el Estado es tan molesto, por qué el Estado molesta tanto en el estudio de la política, no hay manera de quitárselo de encima? Puedes intentar quitártelo de encima diciendo: “yo hago sociología, o nos dedicamos a los estudios de área o nos dedicamos a los estudios sobre globalización”; siempre vuelve el Estado, siempre aparece como la institución, como el dispositivo que marca las condiciones de posibilidad de lo posible.

Immannuel Wallerstein es un teórico marxista, del análisis de sistemas mundo, que es una derivación de la teoría de la dependencia, ellos hacen, básicamente, un análisis en el que dicen: “No se puede comprender los países o las áreas de manera desconectada, hay que entender que el funcionamiento de lo más pequeño tiene que ver con lo más grande, que para entender la historia de América Latina hay que comprender la historia de dominación colonial europea, entonces plantea que el sistema mundo capitalista tiene, básicamente, dos componentes: un componente económico, un sistema capitalista que implica una sola economía mundo con áreas jerárquicamente organizadas, centro, periferia, semiperiferia, que tienen relaciones marcadas por la desigualdad y por la dominación”.

André Gunder Frank lo explicaba enormemente bien, Eduardo Galeano en “Las venas abiertas de América Latina” popularizaba la teoría de la dependencia, explicando que no se entendería el desarrollo de los bancos en Europa sin comprender la pobreza de Potosí, que no es solamente historia de Bolivia, sino que es historia del mundo, historia de Europa, Potosí es la historia de la riqueza europea y la historia de la pobreza en América Latina, del espolio colonial que el oro de Zacatecas, la plata de Potosí son, de alguna manera, la explicación de lo que Marx llamaría acumulación originaria como base fundamental para entender la explosión tecnológica del capitalismo.

Wallerstein dice: “Hay un componente económico” y, por lo tanto, ¿cuáles son los sujetos mundiales que se oponen, que se enfrentan a esa manera de organización del capitalismo? “Los movimientos socialistas” en genérico, anarquistas, comunistas, socialistas, los que quieren una transformación de la economía y dice que este sistema se organiza políticamente con un sistema de Estados jerárquicos en el que no manda lo mismo Estados Unidos, el Reino Unido, Francia o Alemania que lo que manda Bolivia u otros países; pero es un sistema de Estados.

¿Quién se enfrenta a esa organización de sistema de Estados? Se encuentran los movimientos nacionalistas, los movimientos que quieren construir Estados nuevos y que quieren redefinir ese mapa mundial de Estados y, entonces, Wallerstein se pregunta ¿cuáles son los debates que tienen estos movimientos? y dice: Son debates sobre el Estado.

El primer gran debate en el movimiento obrero, en la Primera Internacional fue el debate entre anarquistas y marxistas, un debate sobre si hay que conquistar el Estado para transformar la realidad o si no hay que conquistarlo, los anarquistas dicen: “No, cambiemos las cosas ignorando el Estado, destruyamos el Estado, organicemos una sociedad sin Estado”.

Álvaro García Linera lo actualizaba en el planteamiento de Jhon Holloway, de cambiar el mundo sin tomar el poder; suena muy bien, suena muy bonito, yo también querría cambiar el mundo sin tomar el poder, pero el problema es que el análisis concreto de la situación concreta y la realidad nos dice que no se pueden cambiar las cosas sin conquistar el poder, ese debate lo ganan claramente los marxistas.

Primer debate sobre el Estado y ese debate también lo tienen entre los movimientos nacionalistas y podría ser un debate que enfrentara al nacionalismo cultural con el nacionalismo político, ya que cuando tenemos la palabra política, como una flecha nos señala al Estado; pero inmediatamente los nacionalistas se dan cuenta de que es imposible defender y promocionar una cultura si no tienes un Estado, ¿cómo proteges tu lengua si no hay escuelas donde se enseñe la lengua, cómo proteges tu cultura si no hay instituciones que desarrollen cultura, que la potencien a través de teatros, de periódicos, de novelas? hacen falta instituciones estatales para proteger una cultura, ¿quién gana el debate? los nacionalistas que reconocen la necesidad de construir un Estado, porque de lo contrario, lo que informa nuestro nacionalismo, tenga una base étnica, una base cultural o, incluso, una base puramente ideológico-patriótica, eso solamente se puede construir a través de un Estado.

El siguiente debate, es si hay que conquistar el poder político por formas violentas o por formas parlamentarias democráticas. En realidad, el debate es lo de menos, la clave fundamental es que hay que conquistar el poder político del Estado, en el caso del movimiento obrero, suelen tener más éxito quienes dicen: “No, por la vía democrática, por la vía electoral” –con la excepción de los bolcheviques– porque son rusos y porque la realidad rusa era diferente. En el caso de los movimientos nacionalistas, creo que no es una locura afirmar, que es muy difícil que una nación nazca si no nace como consecuencia de –como decía Mao Tse-Tung: “el poder nace de la boca de los fusiles”– y las naciones nacen a partir de procesos insurreccionales, la independencia en América Latina, como la independencia de muchos países africanos o asiáticos pues vienen de movimientos insurreccionales; esta es una verdad histórica, no quiere decir que yo esté llamando a la insurrección, hablar de algo no quiere decir hacer un llamamiento con respecto a ese algo, es constatar una verdad histórica.

Pero, en realidad, hay un reconocimiento de que construir tu proyecto político nacional o tu proyecto político de clase implica la conquista del poder del Estado y nos encontramos con una paradoja, la paradoja de la política, los movimientos socialistas y los movimientos de liberación nacional en el siglo XX tuvieron un éxito total, comunistas que aparentemente construían su programa político a partir de los escritos de Marx mandaban en un gigantesco, en un bicontinental país como la Unión Soviética, mandaban en China, en casi la mitad de Alemania, en Polonia, en Yugoslavia, en Albania, en Checoslovaquia, mandaban en Rumanía, en Camboya, en Vietnam, en Laos, en Cuba y los movimientos de liberación nacional en el siglo XX hicieron que el mapa de Estados del mundo cambiara por completo, se llenaba de colorines el mapa de Estados de todo el mundo y la pregunta es: ¿fueron capaces de desarrollar sus programas políticos, fueron capaces los movimientos de liberación nacional de las zonas periféricas de alterar una estructura de dominio político colonial que se transformó en formas de dominio político neocolonial o imperialista?, difícilmente.

Incluso, un país como Cuba no logró salir del todo de su realidad periférica, podía cambiar caña de azúcar por petróleo, pero tuvieron grandes dificultades para alterar la condición periférica de su país.

Hay una película maravillosa de Tomás Gutiérrez Alea, “Memorias del subdesarrollo”, que pone encima de la mesa las contradicciones de hacer una revolución en un país de la periferia, es enormemente difícil, ¿cómo te puedes industrializar?, ¿cómo puedes competir en investigación y desarrollo con potencias que llevan 400 años explotando a las regiones periféricas?, ¿cómo puedes competir en la carrera espacial?, ¿cómo puedes competir en los mercados internacionales?, tienes el poder del Estado pero tienes que seguir vendiendo caña de azúcar o, incluso, tienes que llegar a acuerdos con compañías multinacionales extranjeras porque no dispones de la tecnología necesaria para poder gestionar de manera autónoma tus propios recursos naturales, la realidad de la política, la realidad del Estado, Leviatán pequeñito, el Leviatán que estaba detrás de la puerta del cielo que abres y uno se encuentra con sus contradicciones y eso, esta constatación nos pone en frente de la verdad política fundamental y la verdad política fundamental es que acumular poder implica asumir que ese poder se acumula o cristaliza en instituciones que siempre son instituciones de tipo estatal y que marcan, de alguna forma, lo límites de cualquier proyecto político y en esto hay algo de fascinante porque esto es lo que pone los grandes proyectos, lo que los hace pasar por el agujero de la realidad.

En política es muy importante, yo me enfado mucho con algunos izquierdistas que pretenden tener discusiones o sobre lo que uno piensa o sobre lo que uno es y alguno dice: “Es que yo soy trotskista de los británicos de la sección militante, me gustaba leer a Alan Butzi y a Ted Grant”, otro dice: “Yo soy maoísta de la corriente de los que llamaron traidor a Den Sua Ping”. “Yo soy guevarista”. “Yo soy anarcosindicalista”. “Yo soy un progresista moderado”; en política eres lo que haces, no lo que te defines, esto no va de religiones; “yo soy adventista”, “yo soy protestante”, en política no, en política eres lo que haces, lo que demuestras y lo que haces y lo que demuestras es, en última instancia, lo que puedes hacer a partir de dispositivos estatales.

Discusiones con compañeros que dicen que habría que abandonar la Unión Europea, si a lo mejor, el planteamiento teórico yo lo comparto, pero este debate no me interesa, un debate teórico sobre si hay que abandonar la Unión Europea o no. Vamos al debate de la técnica de Estado, tú de repente ganas las elecciones en un país del sur de Europa y ganar las elecciones no es tomar el poder, buena parte de los poderes económicos están en tu contra, la política monetaria de tu país se decide en el Banco Central Europeo, los ciudadanos de tu país quieren orden, quieren poder ir a un cajero automático y poder sacar su platita y quieren saber cuándo dinero tienen en el banco y les aterra una devaluación, tú tienes que tomar decisiones y a partir de esas decisiones políticas medimos si eres revolucionario o si lo eres un poquito menos.

Eso no se define por la subjetividad, eso se define por la praxis y esa praxis cuando tiene una voluntad de transformación, una voluntad revolucionaria, tiene que reconocer que no hay manuales que den la solución y tiene que reconocer que la técnica de Estado está siempre sometida a contradicciones y a dificultades y problematizar la política es algo feo, no es algo bonito, yo podría armar un mitin hoy, un mitin de los que busca emocionar –a veces hay que darse, está bien– pero eso no deja de ser un mitin, emocionar es necesario e importante, pero la emoción es una manera de construir la noche de asalto al cielo, pero eso es un ratito muy pequeño. Lo decía Álvaro, también, la clave de la Revolución Rusa no es que haya tomado el Palacio de Invierno, la toma del Palacio de Invierno está bien para hacer una foto de la película que rodaron años después e ilustrar las portadas de los libros o para que en las enciclopedias aparezca una foto.

Pero la clave del proceso revolucionario es el día después, al día siguiente hay que dar de comer a los rusos, esa es la revolución, la capacidad política a través de técnicas de Estado de alimentar a todos los rusos, de organizar una administración, de administrar un ejército, de organizar el servicio público de correos, de organizar la industria, de organizar la sanidad, de organizar el bienestar; eso es la política y eso implica rendir cuentas siempre, con una estructura enormemente compleja y contradictoria como es el Estado que sirve también, como expresión de cristalización de los conflictos.

Engels decía que el Estado es esa estructura que permite a la clase económicamente dominante en convertirse en clase políticamente dominante, es verdad, tenía una parte de razón; pero no es menos cierto que también el Estado, como el derecho, en el último instrumento de los de abajo. Había una leyenda que se cuenta en las facultades de derecho, cuenta la historia de un noble prusiano que un día mirando desde su castillo, ve un molino y el molino le molesta la vista y manda a su edecán a ofrecerle al molinero una cantidad de dinero para comprarle el molino para después derruirlo y el molinero le dice al edecán: “Muchas gracias, pero no quiero vender mi molino porque es con lo que trabajo y no deseo venderlo, agradezco la oferta, es muy generosa, pero no lo quiero vender”.

Vuelve el edecán y el noble no se lo puede creer y le dice: “Dóblale la oferta”, entonces el edecán va y le dobla la oferta y el molinero le dice: “Que no quiero venderle mi molino, es mío, su oferta es generosa, pero no se lo quiero vender”. Entonces, el noble le dice al edecán: “Pues dile que no sabe con quién está hablando y que le voy a destruir su molino”, el edecán vuelve donde el noble con una notificación de que el noble será denunciado ante un juez por el molinero. Entonces, el noble, muy enfadado, dice: “Pero cómo cree usted que la ley puede estar por encima de mí” y el molinero le responde: “Mire, todavía hay jueces en Berlín”.

Esta anécdota sirve para explicar que el derecho es, a veces, el último instrumento de los débiles, ¿qué es lo que tiene un pobre molinero para enfrentarse a un noble?, la denuncia y que haya un sistema judicial y un sistema jurídico que le pueda proteger frente a la arbitrariedad del noble que le quiere destruir su molino porque no se lo quiere vender.

Esta leyenda, esta historia sirve pata entender que el Estado es una máquina contradictoria en la que se expresan también las únicas posibilidades que tienen los humildes de defensa, los ricos no necesitan una sanidad pública, pueden pagar a los médicos que quieran, los de abajo sí necesitan un sistema público de salud que garantice que les curan; los ricos no necesitan un sistema público de educación, se lo pueden pagar, pueden pagar a los mejores profesores para que eduquen a sus hijos, las mayorías sociales necesitan que el Estado garantice que haya escuelas, que haya buenos maestros y que haya sistemas de instrucción públicos y eso solamente se puede hacer a través del Estado y esto implica, como siempre, enormes contradicciones y enormes dificultades.

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Pablo Manuel Iglesias Turrion

(Madrid, 17 de octubre de 1978) es un político español. Actualmente es el Secretario General de Podemos un partido político español de izquierdas. Tiene una amplia experiencia profesional como profesor universitario y presenta varios programas de debate político.

Para las elecciones del 26 de junio de 2016 se presenta a la presidencia mediante una candidatura conjunta con Izquierda Unida, llamada “Unidos Podemos”.

Cuenta con diversas publicaciones: Maquiavelo frente a la gran pantalla. Cine y política. Madrid, Akal. Pensamiento crítico. Akal, (2013); Abajo el Régimen. Conversación entre Pablo Iglesias y Nega LCDM. Icaria, colección Más Madera a dos voces, (2013); Cuando las películas votan. Lecciones de ciencias sociales a través del cine (editor). Colección mayor, Catarata, (2013); ¡Qué no nos representan! El debate sobre el sistema electoral español. Con Juan Carlos Monedero. Madrid: Popular. (2011); Desobedientes. Madrid: Popular. 249 páginas. (2011); Multitud y acción colectiva postnacional. Madrid: Universidad Complutense de Madrid, Servicio de Publicaciones. (2009); Bolivia en movimiento. Acción colectiva y poder político. Con Jesús Espasandín (eds.): Barcelona: El Viejo topo. (2007).


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