El caracol del Sur indígena

Luciano Vasapollo y Rita Martufi
Publicado en febrero 2017 en La Migraña 20
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1Pensando a la idea de la historia como una escritura continua de privilegiados vamos a hacer una reflexión profunda contra cada forma de presentarse del eurocentrismo, sobre las relaciones entre lengua y dialecto, cultura y tradiciones populares.

Lo digamos también aquí para no saltar cronológicamente y geográficamente de una parte a otra del mundo. Porqué creemos que algunas dinámicas de las clases populares, en sus inmersiones como sujetos históricos activos, se reproducen de forma similar, sin tachar con esto la especificidad de cada situación. Por eso es importante imaginar la historia que sucederá en un futuro.

Por tanto cuando se habla de indigenismo, viene siempre a la mente una respuesta: es el Sur que habla de nosotros. Somos aquello que esta extraordinaria experiencia social, política, antropológica ha hecho de nosotros. No sentimos la necesidad de hablar de indigenismo. Lo hemos hecho en nuestra vida sólo para responder a una necesidad de nuestra área política. Pero no tenemos necesidad de escribir sobre nuestra cultura campesina. La vivimos. No es una autodefinición, sino algo que repetidamente ha sido afirmado por situaciones políticas, académicas, culturales, hombres de gobierno, es decir de todos nuestros amigos, camaradas, hermanos revolucionarios en particular de Nuestra América que representan una verdadera referencia para nosotros.

No somos capaces de imaginar un honor más grande. Si tenemos que decir algo más profundo en nuestro marxismo, es sólo esto: somos marxistas martianos, guevaristas y castristas, con Evo, Chavez y Raúl.

Un sólo término explica y sintetiza esa que se configura ya como una declaración de amor: ¡El Sur de la clase de los explotados para nosotros es patria socialista!

Creemos que si nacimos en Roma o Milán, pero sobre todo sin nuestra historia familiar campesina, no hubiera llegado nunca a escribir sobre el Sur indígena del mundo. Cuando emerge ese mundo de cultura campesina que sin fingir ser campesino, tenemos entre nuestras manos, porque no se trata de una costumbre o una nostalgia de los viejos tiempos.

Lo más importante es que no vemos esto como un resto del pasado, sino como algo que debe formar parte de la construcción de una sociedad nueva y de su idea de desarrollo: un progreso equilibrado, complementario y solidario, socio-eco sostenible y autodeterminado, que se opone al desarrollismo capitalista fundado por la explotación del hombre sobre el hombre. Por ejemplo podemos pensar que una de las medidas más importantes de la Constitución Boliviana (texto constitucional articulado y amplio, para representar y desarrollar una articulación del Estado, de hecho plurinacional, que, sin perder la propia característica de unidad y centralidad, sea capaz de dar cuenta del protagonismo político, cultural y social de los pueblos originarios que sustancian la cultura, la educación y la tradición de los territorios andinos) de Evo Morales fue la de dar una dignidad igualitaria entre todas las lenguas indígenas que habían sido suplantadas durante siglos por el español de los conquistadores.
2. En las experiencias unidas al trabajo de la tierra es mejor si se comprenden los carácteres políticos, antisistémicos de la economía local, que valorizan los conocimientos y estilos de vida, que resultan fundamentales para eludir la lógica productivista, del desarrollo cuantitativo centrado en la explotación e impuesto por el capitalismo global.

Las economías locales utilizan mano de obra local, con su equipaje histórico de cultura, de recursos naturales y humanos del lugar, evitan las mercancías en los viajes de miles de quilómetros y, sobre todo, redistribuyen las riquezas que producen.

No es un nuevo descubrimiento: son milenios desde que las poblaciones originarias (como les llama Evo Morales, y en esta frase queremos incluirlos, ¡no sólo los campesinos y campesindios!) saben que hace falta ayudar al mundo, a la naturaleza, ayudar a nuestros recursos a sobrevivir a la depredación del hombre del sistema capital. Cuando vemos a un campesino plantar un árbol porqué ha tenído un hijo, cuando indulta de la carnicería a alguna vaca o cerdo, pensando que deben procrear; cuando planta árboles que no verá jamás florecer, como la nuez negra, piensa en las generaciones futuras y realiza un gesto de economía para el desarrollo cualitativo y autodeterminado, fuera de la lógica infame del lucro; una economía completamente solidaria con el mercado exterior, útil para preservar la tierra y sus riquezas para los hijos.

Esta forma de estar en el mundo, que es tan antigua como los hombres empezó a temblar sólo con la llegada de la industralización, se transformó conscientemente en un modelo de desarrollo para la aternativa del sistema que se articula en una serie de inmuerables experiencias dispersas en los países progresistas y revolucionarios, aquellos de la democracia participativa y popular del área caribeña y de Sud América.
Un modelo de socialismo comunitario centrado en la recuperación del trabajo campesino, obrero y también artesanal, tradicional, sobre la multiplicación de las experiencias consortes y cooperativas contra la acción de las multinacionales, sobre la sustracción del maíz – alimento fundamental para la población autóctona- al empleo en el ámbito de la industria agro-combustible. Muchas veces de forma apasionada y con vistas al futuro el gran Comandante y Jefe Fidel ha subrayado que estos combustibles no son exactamente orgánicos y por tanto «limpios y verdes», como intentan hacernos creer, teniendo en cuenta que para producir una tonelada de aceite de palma se emiten 33 toneladas de dióxido de carbono durante el proceso de producción

3. Citando a Rousseau, Marx reflexiona sobre la relación entre la naturaleza como fuente de todas las riquezas y usos, el «principio de propiedad» que el hombre aplica en el mundo natural, abriendo una enorme contradicción, de tipo filosófico, espiritual y terriblemente práctico: la instrumentalización, la reedificación del ambiente, se retuerce inevitablemente contra el hombre, porqué también él es un ente de la naturaleza, forma parte del universo que corroe, consume y destruye.

También aquí en Europa del Sur como en la cultura popular y política indígena, existe un pasado campesino que actúa dialéctalmente con el presente y futuros proyectos al paso lento y decidido del caracol de la historia del socialismo.

Desde hace años hablamos de la capacidad política de los movimientos campesinos, de los movimientos de base locales, de recuperar un patrimonio de identidad y cultura que, por nuestra parte, han desaparecido por la especulación, consumismo y pérdida de memoria histórica. Pertenecer a la Madre Tierra, no actuando como los poseedores y explotadores de la misma.

Sobre esto es necesario precisar en una parte de la izquierda europea «solidaria y equitativa», en su forma radical: no se trata de tener un punto de vista sociológico o antropológico. Ni si quiera es una cuestión solidaria general. Menos aún del decrecimiento del “slow food”. A propósito, muchas publicaciones de esta área representan en su cubierta el símbolo del caracol, para recuperar una vida que se intenta recuperar a ritmos naturales. Pero es una recuperación a mitad, para pocos, cualquier intento de compatibilidad con la sociedad fundada sobre la forma de producción capitalista. Porqué sin una socialización de los medios de producción, sin recorridos de los movimientos de base reales para la reapropiación y transición al socialismo, son discursos en vano.

El problema se afronta en términos del conflicto de clase expresado por los indios campesinos, los obreros, los sujetos sociales de las economías locales, por tanto en la dinámica del conflicto capital-trabajo de las luchas por la defensa y la socialización de los bienes colectivos (sin caer en las formas de «benecomunismo», que alguno también entre nosotros sostiene, que ¡no se entiende que son!)

4. Nuestro sur es un lugar de devastación, no sólo ambiental, desgraciadamente también cultural, estético, del gusto, del estilo de una construcción, del uso de ciertos materiales, ¡de ciertas monstruosidades que en el mundo campesino no se hubieran visto jamás!

Nuestro amor por la historia de sudamerica (o de otros sures del mundo) es el del mundo campesino, de los sueños «come tierra» que el desarrollo transforma primero en un migrante obrero de masa, y después en un empleado de bajo nivel, en un desocupado, un precario, en el ejército social de reserva. Este mundo del que soy hijo se encuentra en este momento delante de una bifurcación.

Para un abuelo campesino del Sur de Italia, el hecho de tener un trozo de tierra para él fue como cambiar la propia condición.

Preciosa es la referencia a los ciclos naturales, a las tradiciones ancestrales, a los mitos y cultos mediterráneos de la tierra. La oposición Norte-Sur en este caso italiana, pero paradigmática en general, que surge justo después de la Unidad a la mitad del siglo XIX entra dentro del cuadro de la anexión colonial del norte industrial que, en el intento de crear un acuerdo dentro de los mercados europeos, se apropió, sin abarcar todo afortunadamente, de un sur ya colonizado por los Borbones. Un paralelismo ideal y real sobre lo que está determinando el nacimiento y el refuerzo del polo imperialista de la UE en la relación de colonialismo interno con los propios sures, los PIGS, los nuevos «cerdos» (Portugal, Italia, Grecia y España).

El único y verdadero momento de oposición social, revolucionaria aunque destinada inevitablemente al fracaso, fue el mayor suceso revolucionario de bandolerismo, que yo reivindico fuertemente como parte de mi herencia campesina y meridional revolucionaria, comunista.
Esta colonia se sigue manteniendo hasta nuestros días. Es una colonia funcional de la burguesía trasnacional europea que, por su parte, no tiene un proyecto de desarrollo. Nunca ha tenido un proyecto, en realidad: incluso en los tiempos en los que era el modelo de capitalismo familiar, nunca ha sido un proyecto.

5. Obviamente, en las relaciones Sur-Sur hay que destacar el discurso del diálogo intercultural y el intercambio científico, que es precisamente un diálogo sobre el conocimiento y los conocimientos plurales. Es decir, los conocimientos que se convierten en un bien común para el que hay que poner en el centro las culturas ancestrales, la cultura de los pueblos indígenas y comprender su complejidad, además de tratar de recuperar todas las culturas sin hacer ninguna escisión del conocimiento.

Esa división fue hecha por el “iluminismo”, con la transición desde el mundo de la naturaleza para el mundo de la razón. Quién no se remonta a la filosofía de Kant, que más tarde se amplió y fortaleció con la revolución industrial, legitimando el dominio de la razón, que luego se convirtió en un dominio instrumental que refuerza la segmentación social, haciendo valer, por supuesto, la supremacía del capitalismo y la industrialización como una forma de vida.

Para superar la fragmentación de los conocimientos y de los saberes plurales, es necesaria conocer la práctica plural de la educación indígena andina y esto es clave de lo que el gobierno de Bolivia está haciendo. De hecho, el gobierno tiende en gran medida a fortalecer el diálogo sobre los conocimientos (saberes plurales), el entrenamiento cruzado que activa la formación integrada, así como la interrelación entre los contenidos de las distintas áreas temáticas.

También ahora en Bolivia se está tratando de proyectar la concepción anticapitalista en las relaciones internacionales, a través de lo que el gobierno de Evo Morales llama, precisamente, «La Diplomacia de los Pueblos», de los cuales, en la actualidad, el principal objetivo es el reconocimiento la soberanía nacional en la instrucción del proceso ante la Corte de Justicia de La Internacional, en el que se reclama la apropiación de una parte del territorio por parte de Chile, que hasta 1879 garantizó a Bolivia una salida al mar.

Un tema que es crucial para la economía y para la soberanía boliviana, ya que la salida al mar se rasgó en 1879, con la retirada de kilómetros y kilómetros de la costa de Bolivia, que de esta manera se acapararan todos los recursos naturales de Bolivia controlando sus exportaciones de minerales. Sin embargo, la «Diplomacia de los Pueblos» también se mueve sobre la base de la apuesta al proceso de integración de América Latina y el Caribe, a través de una profundización de las relaciones Sur-Sur y donde estas relaciones no son solamente geográfica, sino que son relaciones de clase Sur-Sur. Es sobre esta base que nacieron las relaciones con el ALBA, y luego aquellas con los BRICS.

Para hacer todo esto y para aprovechar el conocimiento de los pueblos, tenemos que tener un campo científico en que la escala de valores de la jerarquía social se fija sobre la base de los valores sociales y ambientales, a través del diálogo entre el saber plural y la investigación y, también centrando la coproducción de los conocimientos y las oportunidades culturales en lugar de la producción no cuantitativa.

Queremos mucho a estos mundos, lo que más pensamos y esperamos es que los “campesindios”, los trabajadores de la tierra y por la tierra puedan, a diferencia de los “terroni” conservar (¡he aquí un término que no se puede dejar a los conservadores!) lo que en gran parte ha perdido nuestro sur en Europa (no del todo y no en todas partes).

Del mundo arcaico de la tierra, de las manos callosas de los trabajadores, de la paciencia y genialidad artesana, al socialismo que construiremos, siempre y en todas partes deben darse los pasos que han caracterizado la historia de la sociedad europea moderna y contemporánea.

Esta idea de que los pasos sean siempre los mismos- «la fila india del antes y el después», decía Benjamin- Es fuertemente eurocéntrica y desarrollista.

6. Si se sabe leer, la historia del Sur rebelde revela qué hacer hoy en día, cómo responder a la barbarie de la sociedad de capital. Y la respuesta no está en la democracia representativa, sino en una verdadera democracia participativa, una democracia de la tierra, de los puestos de trabajo, de los territorios, en el que los hombres en sus espacios, tradiciones, conocimientos, relaciones, puedan finalmente reconocerse para unirse y combatir para acabar con la explotación social.

Ya aparece el primer y gran punto: el diálogo y la transmisión de conocimientos a través de generaciones. Una de las prácticas humanas más antiguas, que la atomización- horizontal y vertical- de las sociedades contemporáneas ha interrumpido en su mayoría.

Por ejemplo para sostener ALBA y sus procesos revolucionarios, encomendándole las perspectivas de nuestra vieja Europa, con tantos otros compañeros formamos parte en 2004 de la Red de las Redes en Defensa de la Humanidad (REDH) fomentada y apoyada también gracias a ALBA con los dos grandes comandantes revolucionarios Fidel y Chavez. Una red internacional de centros de investigación y de militantes intelectuales, de dirigentes de los movimientos sociales del Sur y alguno del Norte. Su objetivo es el de apoyar a los movimientos revolucionarios y de desarrollo democrático y alternativo que abren camino sobre todo en las periferias del planeta. Aquí en Italia tenemos el honor de coordinar el “Capitolo Italiano” de esta importante Red militante internacional, en la cual participa nuestro País con la Asociación y revista Nuestra América, con la Red de los Comunistas, Natura Avventura Edizioni, Centro de Estudios CESTES-PROTEO, Laboratorio Europeo per la Critica Sociale.

Con todas las estructuras del Capítulo Italiano de la REDH, sobre el plano del análisis teórico y de su verificación en la práctica de lucha del movimiento internacional de los trabajadores, están afrontando el tema de la competición global, del conflicto antiimperialista, del nuevo bloque social, de la organización de clase, del Socialismo del y para el siglo XXI.

Errores de análisis, interpretaciones, una visión dogmática, son elementos que deben asumir todos los revolucionarios del mundo para el capitalismo maduro, una total responsabilidad. Todos, repito, sin exclusión, incluidos mis compañeros de viaje en Italia y yo.

Creemos sobre todo que los revolucionarios «occidentales», o que así se definen no están haciendo su trabajo, al máximo se convierte para nosotros en algo mucho más estricto de entender, conocer, contribuir a difundir, defender y sostener las revoluciones martianas, bolivianas de Tupac Katari del Sur de América. Pero sobre todo – con todas las distinciones, las diferencias, las especificidades para tomarlas como indicios de un camino de ruptura para nosotros: la propuesta de un ALBA Euro-Afro-Mediterráneo y para salir del polo imperialista de la Unión Europea.

7. Nuestra propuesta política de un ALBA Mediterránea no puede prescindir de todo esto, que es la misma sustancia de la que está hecho el meridionalismo político de clases y revolucionario; el cual por otra parte viene del conocimiento de que este mundo ha desaparecido, desde la posguerra en adelante, desde la transformación industrial y la modernización de Europa.

Nuestro libro el tema de salida del euro “Il risveglio dei maiali” ha conseguido un éxito como manifiesto político de los movimientos sociales y del sindicato conflictivo de clase, ha ido más allá de las expectativas iniciales, traducido y publicado en español, (“El despertar de los cerdos”) en griego y en Inglés.

Sabemos bien que esta propuesta tiene un valor estratégico, respeto al fin de la construcción del Polo imperialista europeo. Hay quien cree que en esta construcción de la UE hay espacio y las condiciones para unificar a los trabajadores y difundir el lema de los movimientos. En nuestra opinión es un suicidio teórico y político.

Nosotros, como el caracol Rebelde y los que le siguen, queremos sin embargo encontrar una perspectiva de escape no reaccionaria ni socialdemocrática, una solución internacionalista de clases a la «Cuestión Meridional», italiana, de Europa Mediterránea, de todos los Sures del mundo

Este es el sentido de lo que podríamos definir como «amplio meridionalismo». El Sur no es un lugar antropológico ficticio.

Una crítica que escribimos hace un tiempo: «el análisis de clases utilizado eliminó cualquier tipo de enfoque étnico, multicultural o intercultural y guía nuestra atención hacia la reubicación de las actividades, la explotación de la fuerza de trabajo, las multinacionales y la competición global entre los polos imperialistas. Análisis que conduce a la denuncia de la inconsistencia científica de la categoría de la diversidad».

Tiene un sentido político completamente diferente hablar de nación hoy en Venezuela o en Bolivia, y hacerlo en Italia. Toda la diferencia está en un punto político. Italia es un país de un área imperialista, los otros países nombrados se encuentran en la mitad de un proceso fuertemente antiimperialista y de transición. El nacionalismo en Italia lleva inevitablemente a la adhesión de las clases populares, al proyecto de su propia burguesía, en una identificación que es similar a la que llevó a la derrota histórica de la segunda internacional.

8. ¿Entonces como salgo de esta historia? Sólo imaginando un contexto mucho más amplio en el ámbito del internacionalismo de clase, y capaz de resistir y cambiar las relaciones de poder internacional.

Le hemos llamado, como decía antes, ALBA Euro-Afro-Mediterránea. Es evidente que nuestro punto de referencia es la ALBA de Nuestra América en América Latina, pero no se trata de una reproducción banal. Se trata de la transposición en contextos históricamente, políticamente, socialmente y económicamente diversos, de un proyecto político que tenga la homogeneidad en la solidaridad, la complementariedad productiva desde una óptica de intercambio solidario, la capacidad de nacionalizar los sectores estratégicos. Y que sostiene las relaciones de poder y así socializar los medios de producción en el futuro del socialismo.

Un punto que todos olvidan ya sea cuando hablan de Europa que cuando hablan de Sudamérica. Presuntos revolucionarios que quieren indicar a Maduro, o a Evo, el camino. «Comunistas» que en nombre de quién sabe que pureza revolucionaria explican a Fidel, a Raúl, y a otros más como hacer la revolución, pero mientras tanto continúan fuera del contexto político y viven en el cómodo sectarismo de sus países.

Cierto, el mundo no termina en Europa. En otras partes del mundo los campesinos y los obreros, que representan más de cuatro quintas partes de la humanidad, el proletariado que vive del propio trabajo o se ven obligados a pasar hambre hasta la muerte por el trabajo negado, son millones que están saliendo progresivamente del estado minoritario y de semi-esclavitud en el que han estado durante siglos; toman conciencia de su condición, fortaleciendo y reclamando el vínculo con la tierra, que en muchos casos se convierten en la base para nuevas experiencias de gobierno democrático participativo y protagónico, revolucionario, como en los países de ALBA, economías autodeterminadas donde se actúa para y por el uso social de los bienes, sobre la apropiación popular, proletaria de los bienes comunes.

9. ¿Por qué todo esto no sucede en Europa también? En un momento de profunda crisis en la cual el capitalismo parece haber agotado cualquier perspectiva de desarrollo y de emancipación para la humanidad, encontrar una unión con las instituciones campesinas y obreras, de los miles de rostros de los emigrantes, con una experiencia forjada por la sabiduría milenaria que permitía a nuestros abuelos, a nuestros padres, combatir contra la miseria, conservar el equilibrio social, garantizar la supervivencia de los más desafortunados gracias a la división del cereal, la acumulación de las nueces y la recolección de grano en los depósitos comunes, esta forma de vida comunitaria fuera del mercado puede representar también una posibilidad de rescate.

Dado que el mundo es ahora más complicado, para realizar algo así no basta con una asamblea formada por los cabeza de familia del pueblo; es necesario un sindicato independiente, conflictivo y sobre todo en el corazón de las metrópolis de los países de capitalismo maduro, que además de llevar adelante las luchas por los derechos, intercepta las necesidades de la gente en las regiones, en las provincias, en las periferias; que enlace los conflictos del trabajo con la atención del territorio, las instancias civiles y democráticas y las peticiones de sostenibilidad social de la gente, sobre la casa, las rentas, los conocimientos, proponiendo luchas contra el alto coste de vida, por el derecho a la casa, por la renta social por ejemplo; sabiendo que sólo la colectividad crea democracia participativa y popular.

Aquello que subsumiendo las instancias de la diversidad y ubicación de los movimientos sociales hace el sindicato territorial, sociedad confederal.

10. ¿Pero el primer deber del revolucionario no era según Lenin barrer delante de su propia casa?

Por una parte la historia es el caracol, larga, retorcida, escondida en el caparazón; pero el caracol, entendido como organización, es caracol de la historia porqué pertenece a ella, como una metáfora sobre el cambio, posible sólo con un nivel adecuado de la capacidad de análisis teórico de los procesos, en los tiempos que corren en el camino lento pero decidido de Rebelde, nuestra tortuga.

Es así como una fuerza revolucionaria organizada, con paciencia y muy lentamente, como el caracol Rebelde de Sepúlveda, construye, en el tiempo de la historia, el concreto, real y autodeterminado país de las maravillas. Donde el país es el internacionalismo del proletariado que se convierte en internacionalismo socialista para ser revolucionario.

No existe revolucionario en Sudamérica, de Mariátegui a Castro, que no haya tomado la militancia revolucionaria de Martí y su obra como fundamento del propio antiimperialismo.

Martí tenía muy claro, y esto se puede ver en todos sus escritos, en todas las etapas de su vida y en su propio desarrollo político e intelectual, que Cuba ocupaba un lugar especial en la lucha contra el imperialismo estadounidense.

Las razones políticas, económicas, militares y geográficas de esto hoy son todavía más claras. En 1953 Castro declara que el autor intelectual, moral del ataque al cuartel de Moncada fue Martí. Ésto es totalmente distinto a una boutade, es ética revolucionaria.

No es posible una política separada de la moral revolucionaria. Proclamamos solemnemente la existencia de una ética socialista, pero siempre provenientes de un profundo sentido de cómo debe o debería ser la moral revolucionaria para vivir en las relaciones con el sentimiento del socialismo.

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Luciano Vasapollo y Rita Martufi

Luciano Vasapollo

Profesor de Metodi di Analisi dei Sistemi Economici, y de Metodi di Analisi Economica e Problemi dello Sviluppo a “Sapienza” Universidad de Roma. Director del Centro de Estudios “Sapienza” por America Latina e Caraibi (CESALC-CEMAS). Profesor de la Universidad de la Habana (Cuba) y de la Universidad “Hermanos Saíz Montes de Oca» de Pinar del Río (Cuba). Doctor Honoris Causa en Ciencias Económicas (2011) de la Universidad “Hermanos Saíz Montes de Oca» de Pinar del Río (Cuba). Responsable y coordinador del Capítulo Italiano de la Red de Redes de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Miembro de honor del Consejo Académico del Centro de Estudios del Ministerio de Economía y Planificación de la República de Cuba; Director de CESTES, Centro de Estudios de la Unión Sindical de Base USB afiliada a la Federación Sindical Mundial FSM y de la revista PROTEO .
Es autor, coautor o coordinador de más de 60 libros, muchos de ellos traducidos en Europa, Estados Unidos y en America Latina.

Rita Martufi

Investigadora socio-económica. Representante permanente en la FAO para la Federación Sindical Mundial – FSM. Coordina, con Luciano Vasapollo, el Capítulo italiano de la RED en defensa de la humanidad y también dirige una red de asociaciones y centros de estudio de apoyo y solidaridad con Cuba, Venezuela, Bolivia y de análisis económica social en particular para los países de ALBA y de investigación sobre los procesos revolucionarios y progresistas que cursan en América Latina.
Directora para la Formación y la Investigación del Centro de Estudios – CESTES de la Unión Sindical de Bases afiliada a la FSM. Es directora y fundadora de las revistas PROTEO (revista de carácter científico) y NUESTRA AMÉRICA. Es autor y coautor y coordinadora de muchos libros y numerosos artículos publicados en revistas nacionales e internacionales.


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