Para seguir el debate sobre el gobierno de Trump

El establischment norteamericano en vía de sovietización

Alain Mesili
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 24
Rounded image

1917, un centenario por celebrar

En el mes de octubre, se conmemoró los cien años de la Revolución Bolchevique, la celebración estuvo presente en ciudades y pueblos de toda Rusia. Es un momento oportuno para hacer eco a una fecha que marca un hito trascendental para Rusia y el mundo.

Pese a que el Estado y sistema que diera nacimiento a la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas y al comunismo Soviético desapareció, hoy, sin embargo es innegable, que la Rusia moderna ha heredado un tramo decisivo del reto que implicó la revolución de 1917. No obstante, no por eso vemos válido el eslogan difundiendo: “la muerte del socialismo”, la edificación de su ideología no ha sido totalmente vencida en término de alternativa, ya que ninguna otra ideología ha sido capaz de reemplazarla. Pues destruir sus pisos superiores no significó la caída de todo el edificio. Y, hoy, como veremos más adelante, juvenece el socialismo en una nación donde menos se lo espera: estados Unidos.

Marcus Papadopoulos, especialista de la era soviética, estudioso del marxismo leninismo, nos recuerda que “Lenin supo mezclar la herencia de Marx con la tradición insurreccional pero Lenin murió demasiado joven y temprano y sus obras, en los hechos, han sido desviadas y luego desmanteladas, pese a ello su pensamiento perdura”.

En 1922 su intención era perfeccionar las reformas a favor de la sociedad socialista, profundizando los programas revolucionarios a la par de la gratuidad de la salud, educación, el derecho al techo y el protagonismo del pueblo soviético en el poder político. Lenin enfermo, expresó su preferencia por León Trotsky para sucederle, el que finalmente en pugna con la jefatura del partido será asesinado en 1940, en México. Trotsky representaba el último bastión que desafiaba el poder a Jossif Vissarionovich Dzhugashvili, conocido como Stalin (1879 -1953). De hecho, Stalin1 de 1929 a 1940 eliminó a todos sus opositores, manteniéndose en el poder por medio de apolíticas represivas. En los años 1970 en el apogeo de la guerra fría, Henry Kissinger expresaba: “Prefiero el caos y la guerra civil, que tendencias de reunificación en un Estado fuerte y unido”, fue precisamente lo que Stalin concretó; la URSS fue sometida a una disciplina estricta, fidelidad matemática al partido, cohesión y hermetismo, tanto así que pocos secretos se filtraron a occidente, razón por la que Europa del Oeste temía su reacción cuando se suscribió exitosamente a la primera bomba nuclear.

Lenin fallece en 1924, dejando inconcluso un proceso que la agenda revolucionaria de octubre de 1917 ideó. Stalin gobernó de 1929, año en que se lo erigió, a 1953, año de su muerte. Pese a sus contradicciones, Stalin alcanzó las ambiciones de la URSS, el de convertir a Rusia semifeudal en una superpotencia económica y militar, capaz de contribuir decisivamente a la victoria aliada (1939-1945), con el inmenso sacrificio impuesto al pueblo, soportando 22 millones de muertos, el mayor peso del conflicto mundial, obviamente descalificado por la OTAN, 70 años más tarde. En el nuevo orden bipolar de la posguerra, los Estados Unidos y la URSS se repartieron áreas de influencia que continuó tras la muerte de Stalin. El clima de tensión entre ambos bloques definiría el escenario internacional hasta la disolución de la URSS en 1991.

La caída del Halcón Rojo

El derrumbe de la URSS, había marcado el fin de la mayor y más larga experiencia del comunismo en la historia reciente. Nadie discutió la victoria de occidente sobre el socialismo democrático, aunque sea debatible en diferentes arcos a lo largo de la existencia del Politburó y Komintern. La depuración y luchas internas, posterior a la desaparición de Stalin, han sido una constante, cayendo la URSS en una dinámica sombría, un sin fin de conspiraciones fratricidas entre facciones. De hecho los dirigentes del apparatchik desmantelaron el PCUS a través de un golpe de Estado, direccionándose a una transición brutal. el voto por conocer la opinión de las mayorías se efectuó el 17 de marzo de 1991, cuyo resultado arrojo el 77,85% por mantener la URSS como una federación renovada, en las que los derechos de las nacionalidades, estén respetadas en términos de libertades y bien estar. Por complicidades en el seno de la nomenclatura, se provocaron los anacronismos económicos, disturbios y revueltas en las republicas socialistas (obtenidas con fórceps del ámbito occidental a raíz del acuerdo Yalta, 1945), socavando en profundidad el proyecto socialista y el desconocimiento del voto popular de 1991 inconexo a los esfuerzos proccidentales.

La “desestalinización” iniciada por Nikita Jrushchov, hasta el programa de la “guerra de las estrellas” iniciada por Ronald Reagan, quitó a la URSS de las iniciativas en el tablero geopolítico mundial, a la vez, en cuanto a potencial nuclear múltiple2. La devastación de la URSS mutada a una federación Rusa a partir del “glasnost” y perestroika, significó la dramática ruptura de una era longeva de 60 años de revolución, dejando atrás a tres generaciones sin protección social frente a un fenómeno desconocido: la precariedad, un salto traumático a lo desconocido. Por cierto, finalizó la censura pero el sistema fue reemplazado por la deslealtad social, económica, y en política exterior; la causa del libre mercado a ultranza subordinó los intereses de Rusia a la rapiña por parte de occidente. A propósito de la otrora potencia mundial; Stanley Fischer y James Wolfensohn, figuras prominentes FMI y BM, pensaron en que era el fin del protagonismo ruso en los asuntos internacionales, que nunca se recuperaría del terrible desplome, que su plus valía en los mercados internacionales se había reducido de cero al infinito.

Del vencedor a la humillación
del vencido

Washington, axiomático vencedor y guía pensante del capitalismo, de pronto, ya no tenía contra quien reñir, esa constatación tan aberrante como puede parecer, tuvo incidencia en la conducta hegemónica de los EE UU y desestabilizó las finanzas de la industria militar. No podían permitirse optar por la paz; su destino es la guerra. La disolución de la URSS si bien fue traumática para el pueblo ruso y los dirigentes del Kremlin, lo absurdo, es que lo ha sido también para la Casa Blanca. De las guerras se nutre el poderoso complejo industrial militar norteamericano, si este agoniza es el mayor sustento del imperio que declina y, con él, el concepto de la historia occidental, filosofía de la que el “mundo libre subsistía”. Prueba de ello, Estados Unidos, al revés de lo que sucedió con la deflagración de la Unión Soviética, al convertirse al libre mercado y alinearse sobre los modelos occidentales de desarrollo capitalista, perdía peligrosamente su identidad y unidad por rendirse a la dictadura del dólar. Siendo la sombra de su antigua superpotencia, la OTAN estuvo tentada de someter la endeble Federación Rusa a la retórica militar. No se realizó por temor al incógnito de lo que se pudiera arriesgar en cuanto a la posible repuesta del arsenal nuclear. Misma hesitación que sucedió a principio de la década de los 50. El futuro ahora se coreaba en una suerte de artimañas legales por acceder a acuerdos de préstamos del FMI, siempre dilatados.

Condicionados remotos

La llegada a la Casa Blanca del republicano Donald Trump, en espera de cumplir con los anuncios de campaña; programas de reconstrucción de las infraestructuras civiles en ruinas, lograr unir una sociedad polarizada, no entrometerse en políticas de otras naciones, frenar el intervencionismo militar, etc., se estancó. Esas promesas no duraron ni ocho meses en desaparecer, y la agenda retornó a su antiguo cauce, inclusive más radical y conservadora. Los militares vencieron la resistencia y la de los anti-globalistas, volvían las doctrinas nocivas a fin de someter a Rusia a las reglas imperiales como consiguieron anteriormente. La caricatura de la prensa americana, entonces apelaba a su destrucción y, enviar el país Euroasiático a la época de las cavernas. Rusia por el contrario, mostraba una paciencia poco común, papel inverso al de Estados Unidos en constante campañas belicistas. Lo que la URSS ejecutaba a sus fronteras del este, el imperio, ahora hace suyas esas viajas practicas, amenazando reactualizar con sus tecnologías destructivas operaciones al estilo “Barbosa”, lanzada en 1941 por Alemania para invadir la entonces Unión Soviética y sabemos cómo termino en Stalingrado.

Conduciendo a paso firme el mundo a una III Guerra Mundial, presenciamos provocaciones militares alrededor de quienes se oponen a la unipolaridad. El gran Pouchkin: “Rusia es la parte integrante, sufrida y por sacrificar a favor de la civilización Europea”. William Astor ex oficial de la US Air Force y profesor de historia respondía a preguntas: “la situación actual de los Estados Unidos, en un mundo cada vez alejado del dólar y de las doctrinas del Pentágono, es visto con espanto, no sólo para el ejército Norteamericano y su presencia en todas partes, sino también por parte de su sociedad, a la cual los medios ocultan la realidad”.

Gorbachov, Trump y Cia

Entre los espíritus astutos y convicciones anti-globalistas, aquellos que impusieron a Trump sobre Hillary Clinton, preexiste un conocimiento en la necesidad de repliegue estratégico; reconstruir a las infraestructuras en ruinas, recomponer el pacto social y de toda la agenda mencionada en la campaña del candidato republicano. Las promesas traicionadas del presidente norteamericano, puede producir un efecto bumerang, recordando las tensiones sociales debido hastió de la sociedad americana hacia sus élites indiferentes a las demandas de la calle. Al Este, por estas y otras razones la sociedad soviética tuvo que soportar las reformas de Gorbachov apoyadas por ofrecimientos de prosperidad, discursos tramposos y desconocidos.

En Estados Unidos, son cada vez mayores las señales de desobediencias civiles, se expresan transversalmente a lo largo y ancho del país además de la violencia endémica. La colectividad registra una impotencia con agudos asomos de agotamiento pudiendo originar implosiones (¿les recuerda algo?). Situación que Rusia, hoy, con elecciones democráticas y directas le permitió superar a sus antiguos demonios, cuando al frente, su mayor rival, permaneció en los esquemas partidarios clásicos del que la nación euroasiática era increpada de “dictadura comunista”.

¡Socialismo a la americana!

¡Si, existe! Lo vemos y palpamos. El DSA (Democrats Socialists of America) organización de izquierda que apoyo a Bernie Sanders (Senador demócrata) en las últimas elecciones, resurge de sus cenizas. Fundado en 1982 por María Svart, sus miembros son menores a 40 años, afiliados a la Internacional Socialista (Social Democracia), se compone de sindicatos, movimientos sociales, barriales, universitarias a nivel nacional. Este partido triplicó el número de su militancia, volcándose en un fenómeno joven por las reivindicaciones populares, obviamente silenciado por los grandes medios, anomalía característica del interior de una sociedad bajo vigilancia. El DSA, recientemente confirmó su posición: anti imperialista y anti capitalista. Al país del Tío Sam, puede parecerle una aberración, pero la misma hace que ese partido puede, en las próximas elecciones presidenciales, conseguir alguna presencia en el senado rompiendo el bipartidismo. Su congreso en Chicago, a mediados de agosto del presente año, demostró un espectacular viraje de una gran franja de juventud norteamericana a la izquierda, lo que constituye a su vez la inclusión masiva de las minorías indígenas afro americanas y latinas. La dirección del DSA provoca la curiosidad latinoamericana por sus declaraciones de apoyo a países sancionados unilateralmente como Venezuela.

En la ex Unión Soviética, la gran mayoría de la generación de 30/40 años aspiraba con romper el cascaron del partido único, ahora dando vitalidad a la Rusia multipolar de Vladimir Putin. La caída del Muro de Berlín, como se puede apreciar en las filmaciones y reportajes fotográficos de la época, se inició a partir de un movimiento joven que no beneficio de importante cobertura mediática al Este, finalmente fue intérprete de la reunificación Alemana y renovación postsoviética.

A juicio de una nación que idolatra el símbolo del dólar, era impensable hace tan solo dos años atrás hablar de “socialismo a la americana”. Inesperadamente, en rechazo a la plutocracia bipartidista, en realidad; partido único, encarnado por el mundo de los negocios separado en dos facciones, esa palabra tabúes, hoy goza de simpatía, llevado a la palestra política por el Senador Bernie Sanders. Asimismo muestra la asfixia que provocaron demócratas y republicanos entre la juventud. ¿Será posible el derrumbe del bipartidismo y otra vía que no será la de Wall Street? La conclusión evidente es que, para quienes se interesan a la política estadounidense, existen señales creando una espiral de mayores conflictos no solo de tinte racial, más bien de clases, las que pueden despertar, a su vez, la pasividad de sus pares Europeos e inspirarlos. Hecho notable, la palabra “socialismo” no es ajena a la visión de los jóvenes cuando proyectan una mirada crítica y objetiva sobre su país.

¿El fracaso Soviético?

Tres fallecimientos marcaron las pautas del anunciado desastre soviético; el final de la era de Leonid Brerezhnev, en noviembre 1982, cuando fallece el líder comunista; también el de su sucesor Yuri Andropov en febrero de 1984, y en marzo de 1985 la muerte de Konstantin Chernenko, a ello se adicionó la caída del precio del petróleo, poniendo sobre la ya débil economía, un velo de incertidumbre. En política exterior no iba bien, aunque la coexistencia con sus aliados bálticos, sugería una sensación de bloque todopoderoso rivalizando, -en apariencia- con estados Unidos. El siguiente presidente elegido recaería en un “Judas” –según el partido comunista–: en la persona de Gorbachov, estrella ascendente. El entonces, Secretario General del Comité Central del Partido Comunista, tomó parte de una operación subversiva interna que duro 20 años, según Alexander Zinoviev, filósofo y escritor conocido, afirma que “Gorbachov fue reclutado por la CIA desde 1966 durante un viaje a Francia con su esposa. El vocablo “reclutado” salió también de la boca del propio Zbigniew Brzezinski3 en posición de máxima influencia en los Estados Unidos.

Solo 8 miembros votaron para ascender, en una elección al nuevo Secretario General del Partido Comunista4, fue a favor de Gorbachov, de modo que emprenda las reformas sujetadas a decisiones occidentales. Los enemigos de ayer: el FMI, el BID y economistas europeos derribando el abecedario del socialismo construido con lágrimas y sangre a lo largo de 60 décadas. Esa tarea le fue delegada a insistencia de Washington y sus aliados a cambio de favores personales.

El 8 de diciembre de aquel año 1991, Yeltsin se reunió con sus pares de Bielorrusia y Ucrania y declaró oficialmente la disolución de la URSS; asimismo, la reemplazó por la formación de la CIS (Commonwealth of Independant States), Gorbachov aunque sus días eran contados, se sintió traicionado en sus objetivos por las elites financieras. La razón es que no quería que así terminase su gobierno de transición quedando en la historia como el “villano”. En sus memorias, como lo notifica Mario A. Caucino5: asume que el acuerdo de Belovezha “era imprescindible para detener las tendencias centrifugas” a eso el secretario de Estados Unidos de entonces, Dick Cheney clamó a voz alta y con fuerza: “Su gobierno llegó a la conclusión que el ejército soviético se estaba desmoronando al mismo ritmo que el resto de la Unión Soviética”. Como lo expresa el analista argentino Carlos Monge, “Los soviéticos eran ingenuos no tenían la menor idea de cómo funcionaba el capitalismo”. Cuando un grupo de oligarcas imbuido del pensamiento de un capitalismo de despojo6 y rapiña hizo de la nueva Rusia el patio trasero de occidente.

La era Brezhnev (1964-1982), del apogeo de la superpotencia a las herencias que le sucedieron durante años caóticos (Afganistán el Vietnam de la URSS), ningún jefe de gobierno pudo enderezar el declive irremediable. Del establishment soviético rodeando a los sucesores hasta la anarquía estatal a la que trato hacerle frente Boris Yeltsin, quien en un momento de conciencia, finalmente nombró, a la sorpresa general, a su heredero, un ex -oficial de perfil bajo habiendo pertenecido a la KGB (Hoy: F.S.B), originando suspicacia en las cancillerías europeas y Washington. Yeltsin en una actitud visionaria hubiese dicho al nuevo presidente ruso: “Cuida de Rusia”. Exactamente lo que el jefe de Estado, Vladimir Putin hace hasta el presente y, por lo cual Bruselas y Washington lo aborrecen abiertamente.

Modelos de la ex Unión Soviética
y su réplica Norteamericana

En base a un proceso acelerado de “desamericanización”, aunque parezca contradictorio, la globalización proyectada por el “Deep State” (Estado profundo) prevalece sobre la potestad constitucional en manos de una dictadura de “Cuello Blanco”, lo que en la culminación del periodo Soviético nos recuerda al politburó, cuyos objetivos en tomas de decisiones no contaba más de una docena de militares. La historia nos enseña cuidar de las falsas apariencias y lo observamos en la presidencia de Donald Trump, efectivamente (no funcional sino figura meramente simbólico de la nación), guardando la distancia, el aparato de mando in situ, estableció una nueva “doctrina de contención” al “expansionismo” geoestratégico Chino-Ruso.
Otro paralelo, pese al tiempo transcurrido, es la era del macartismo que prevalece en la actualidad (The Nation, 19 de marzo, 2017). The Nation evoca a los paralelos entre las prácticas vigentes de los medios americanos con los que promovían las noticias ambos bloques durante la guerra fría, pareciera que Washington se quedó enfrascada en ella. Situación demostrada por “Estado profundo”, eje que constituye enorme ascendiente de lobby propagandístico en el senado americano, el cual, de hecho accedió al ascenso, por la primera vez de su historia, a una junta miliar, la que dictará la política exterior de los USA. En la manera y concepto en que la URSS durante la era estalinista dictaminaba en la espacio del alto mando militar del ejército rojo.

Insurrección de Donald Trump vencido por una Junta militar

En ese aspecto, advertimos otra reciprocidad en destiempo entre Norteamérica a lo que en su tiempo de la guerra fría sucedía en el orbe comunista; el nombramiento de militares en puestos claves. La administración Trump rompiendo con los estándares de cualquier democracia se dejo cercar. Una mirada, nos trae a la memoria el pasado reciente, recordando lo que sufrieron los pueblos de América Latina durante las dictaduras a lo largo tres décadas, mismas que se digitaron desde el norte. Vale la redundancia enumerar la designación de generales decidiendo de la política internacional de la superpotencia EE.UU. Mientras en desconocimiento de la historia de la Unión Soviética del periodo estalinista (1945–1954) era común que las tres fuerzas armadas fuesen las encargadas visibles del establishmente moscovita y se repartiesen los puestos hasta 1986. Al estilo de la URSS, observamos la reeducación7 del presidente de los EE.UU en manos de militares, lo que también en ciertos periodos se dio a conocer en la URSS a fin de mantener las matrices de dónde debía estar y cómo comportarse.

“El tiempo de los generales llegó”; ahora se habla de “Triángulo del poder” que en los Estados Unidos a contrario de la Rusia actual, se manifiesta, según Stephan Kinzer citando fuente de “The Nation” vía John Batchelor Show: mediante un “ golpe de estado”, aceptado por el presidente Trump. Pero también instrucciones precisas para que Trump acuse a Putin de agresiones contra la democracia en Europa y la necesidad de reforzar la protección de defensa balística de la OTAN” (Petrus Lombard, le Temps des Généraux: L´Armageddon, Resauinternational, 17/09/2017). Los generales convencieron al presidente que Rusia ya no es la potencia atemorizante de antes, no es más que un potencia regional con suerte en Siria, la que todavía se puede doblegar con amenazas de la “Alianza Atlántica” (OTAN) provocando a que Rusia cometa el error de atacar primero así tener la excusa de ser víctima y responder en defensa propia.

La perorata se efectuó, en un cuarto secreto del subsuelo del Pentágono, una reunión secreta a la que muchos suponen la presencia obligatoria del propio jefe de estado, fue para hacerle entender la gravedad de la situación en cuanto a confrontación posible con Rusia militarmente y China por su poder financiero, ambos cada vez, “actuando con mayor agresividad en contra del “Consenso de Washington” y, haciendo peligrar su liderazgo global.

Previa evaluación, fue presentada al “Servicio Armado de la Comisión del Senado” de Estados Unidos, entre los presentes encontramos al Gral. Mark Milley, Jefe del Estado mayor del Ejército de Tierra, el Almirante John Richardson, Jefe de Operaciones Navales, Robert Neller Comandante del Cuerpo de Marines y David L. Goldfein Jefe del Estado mayor de las Fuerzas Aéreas, también estuvo el Gral. Joseph Dunford y, además del Secretario de Defensa, Gral. James Mattis (Mad Dog). La reunión estuvo bajo el signo de una crisis excepcional (reuniones parecidas a las que se realizaban en los subsuelos del Kremlin para asegurarse, las manos de generales, la conducción de las políticas internacionales a los sucesores de Stalin).

Los jefes militares distinguidos y más brillantes como poderosos del país, sin intromisión legal del presidente estadounidense, hicieron saber al Congreso que: “asumiendo una guerra total, podrían vencer a Rusia y China militarmente” -ya que ideológicamente habían sometido a la Unión Soviética y que estaban en posibilidad de ganarle la guerra porque estaba cercada de misiles con ojivas nucleares (ADM).

“La junta militar norteamericana, ahora, se maneja en una combinación de impulso al modo Füher, encumbrada por la CIA, un órgano de poder conducida a la manera Wermacht” (David Talbot, The Desvil´s Chessboard sobre documentos confirmando la colusión y protección de los nazis en América Latina y estados Unidos). En la opinión de www.klaTV, estos mismos militares hubiesen participado en decisiones para conducir la política internacional, de la administración de Washington y el dictate de las Fuerzas Armadas que ellos representan: aumentar el presupuesto militar a cualquier costo para destruir Rusia, siendo cuestión de “seguridad nacional y ataque sin precedente contra nuestros interés y valores fundamentales”8. El rearmamento antiruso, promovido por la cúpula militar de Estado Unidos, incluido dentro de los 1 000 millardos de dólares, (presupuesto del pentágono para 2018, iguala al 25% del presupuesto federal), se centuplicó desde la finalización de la 1ra guerra fría el número de bases militares (900 a nivel mundial). La junta militar, proyecta acrecentar la máquina militar estadounidense en defensa de su gobernancia legítima del mundo (www.voltairenet.org).

En efecto; “Moon of Alabama”, uno de los portales digitales más respetado en las redes sociales norteamericanas escribe: “la elección de la nueva junta militar, designada por Trump conduce a fuertes distorsiones de las prioridades nacionales, las necesidades militares siendo consideradas de mayor importancia que la cuestión relacionada con las carestías domésticas”. Fue justificado por el ex presidente Obama, al principio de su primer mandato, al declarar que la presencia militar lejana es parte de la supervivencia de Estados Unidos para hacer frente al enemigo externo, en particular China, Rusia, Irán y Corea del Norte. No obstante, Obama se opuso a una junta militar para decidir la dirección de la política exterior por encima del secretario de Estado John Kerry y de sus propias prerrogativas legales.

La junta militar de los estados Unidos, John Kelly, Mattis y McMaster, la que después de la revuelta racista de Charlosttesville se ha visto ampliada a otras figuras militares copando espacios normalmente atribuidos a civiles; el director de la CIA, Mike Pompeo, el procurador General Jeff Sessions, el Secretario de a la Energía Rick Perry, el Secretario del interior Ryan Zike, Mark S. Inch, a la cabeza del Buró Federal de las Cárceles, entre otros ex generales en puestos altos de la Administración americana. Observadores de política internacional y especialistas en temas domésticos, aseguran que el Golpe de Estado ya se ha realizado sin haber producido olas mediáticas. Las fugas de información a portales como Wikileaks serán controladas mediante mayor “secretismo” que tanto cautivaba a Stalin. Lo mismo sucede con Mike Pompeo director de la CIA, una suerte de Génrij Yagoda (ex director de la antigua KGB). El propio General, Jefe de Estado Mayor John Kelly formuló el establecimiento de un nuevo procedimiento que únicamente él y otra persona, podrán tener acceso a documentos altamente confidenciales llegando en el “Roslute desk”9.

Se habló y reprendió la manera en que en la Unión Soviética, los militares ocupaban a los principales puestos, haciendo de ese procedimiento un sistema dictatorial de control social absoluto cuyo poder dentro del mismo era la KGB, un paralelo a la URSS es la CIA y su aplicación de “Terorism Act” y “USA Patriot Act con salvoconducto por extenderse a los demás países del planeta. Parecidos entre el Gulag soviético con Guantánamo y ciertas cárceles de Estados Unidos distribuidas en los países de sus aliados Europeos, lo que no puede hacer en su territorio, ahora lo urde en los países bálticos. Guantánamo está en manos de los militares como lo estaba el Gulag, aunque el Gulag se asimilaba al control del “enemigo” o “mal pensante” interno. Secciones ubicadas en prisiones privadas de varios estados ya no incumbe solo a la protección de la comunidad frente al criminal sino que sugieren un plan de control social al estilo soviético.

La prensa americana en vía
de Sovietización

Vivimos un clima de II “guerra fría, 0.2” premeditada en la prensa político-mediática, la que se atribuye el papel de “guardianes del sistema político vigente y de la hegemonía cultural norteamericana”. En realidad remanentes de la guerra fría conservada y actualmente resucitada con la narrativa de “la agresión Rusa”. Las alegaciones de los medios: New York Times o el Times y plataformas: Facebook, Google etc. (entre otros), llamados la “Pravda americana” alimentan la “teoría del complot” y la caza de brujas. Ahora sabemos que Google, tweeter, Facebook, en particular forman parte de la red espionaje mundial a favor de empresas y la diplomacia norteamericana.

Sin ignorar la diferencias, la prensa –como en el tiempo de la URSS- y sobre el mismo guion del KGB, recluta a numerosos ex agentes de la CIA, del FBI, NSA y demás organismos de inteligencia como analistas y columnistas, lo que permite justificar acusaciones en contra de Donald Trump por complicidad con Putin y deshacer su voluntad política de acercamiento a Rusia. El establishment reavivó viejas y cansadas ficciones del peligro “anti americano” ideologizado en su tiempo por McCarthy (olvidando que la URSS ha sido disuelta hace más de un cuarto de siglo).

Recordemos que Nixon fue alejado del poder en 1974, no por las escuchas ilegales de la Casa Blanca denominado “Watergete”, sino por su deseo de aliviar las tensiones con el Kremlin. Los soviéticos culparon a sus colegas de la cobertura mediática capitalista de obstaculizar la política de aproximación entre ambos bloques en al detrimento de la paz, para mantener la guerra fría y los conflictos cruentos. En 2016 gana Donal Trump republicano, sobre Hillary Clinton, quien estaba determinada a enfrentar a Rusia en los diferentes campos de batalla. Por justificar la derrota demócrata, la prensa acusa a Rusia de intervención en las elecciones norteamericanas vía el hackeo de los e-mailes de Hilary (nunca pudieron presentar prueba alguna). El escándalo es para motivar el empeachment contra Trump mediante el Senado opuesto al nuevo presidente. La prensa desempolva en una suerte de “martillo” de Thor revisitando el manual soviético de la KGB en relación a la manipulación masiva, mientras, la CIA utiliza la “hoz” a fin de trozar toda posibilidad de diálogo con Moscú.

Tanto es así que el magazine americano “GQ” en un reciente artículo sobre el tema, reemplazó el grafico de la “G” de Google por un martillo y una hoz. El artículo recuerda a sus lectores la intención de la prensa por “purgar” a las redes sociales para censurar y quitar las web disidentes del “pensamiento único”. Más grave: han modificado el algoritmo del buscador de Google en abril 2017 para luchar contra las supuestas “Falsas noticias” (World Socialist WebSite o WSWS), se espera que Facebook, Twitter, YouTube y demás plataformas comiencen rápidamente por aplicar medidas similares.

Las voces disidentes y alternativas eran excluidas de la prensa, también de las radios en la Unión Soviética, al otro lado del atlántico, la CNN, MSNBC, New York Times, Washington Post, entre los más influyentes, inversamente a la primera enmienda referente a la libertad de expresión, aplican la homilía y dogma a los columnistas y articulistas, desahuciando cualquiera pluma discrepante. Al país de la libertad, toda persona que ostenta ponencias divergentes o simplemente sensatas son rara vez o nunca invitados a debatir ante las cámaras de televisión. Caso puntual de CNN, sus periodistas de opinión asalariados, si no demuelen China o Rusia, atacan Irán y satanizan a Venezuela, jamás serán entrevistados. La prensa irresponsable atiza una nueva guerra mundial vendiendo falsedades (fakes news), ni siquiera se puede compararlas con las de Stalin.

En conclusión

  1. Se percibe la acumulación de factores internos y externos que provocaron la implosión de la Unión Soviética -no obstante variables importantes-. Factores de desestabilización del poder estadounidense legal, asimilan actividades subversivas de las élites política-militares que al no tener otros antecedentes que los de la Unión Soviética, de alguna manera, profesan errores similares. En lo político, el funcionamiento se erosiona como lo fue al final de la era del comunismo, salvando que en caso de los Estados Unidos, no existe el mismo contexto exterior de presiones.
  2. Componentes externos por incidente en réplicas a fuerzas tectónicas internas que adquieren en estos momentos protagonismo. Seísmo externo debido a múltiples guerras emprendidas o mantenidas y no terminadas, menos ganadas, lo cual deteriora la credibilidad hegemónica de Washington y favorece la racionalidad y habilidad diplomática Rusa en todos los escenarios geoestratégicos.
  3. La incubación de derrotas militares y diplomáticas que al final pueden ser ingredientes internos al desmoronamiento económico de la nación más poderosa del planeta (Chomsky: “Un mundo en peligro, entrevistado por David Barsamian, 3 de octubre de 2017), hace que de un rival histórico (URSS) ahora tenga tres poderosos frentes: China-Rusia e Irán. Para apoyar lo dicho, el “Club Orlov” (Dimitry Orlov) de reputación mundial, en un artículo profético de 2007 (Reinventing Collapse: cluborlov.blogspot.fr.military-defeat-asfinancial-collapse.html), compara el colapso de la Unión Soviética al de los Estados Unidos en curso. Los EE.UU se equivocaron creyendo que la avanzada tecnología militar pudiera ser su “cápsula del tiempo” ya que su estigmatizado enemigo se le adelantó según las fuentes y análisis militares: http://endoftheamericandream.com/archives/10-signs-that-russia-is-preparing-to-fight-and-win-a-nuclear-war-with-the-united-states.
  4. En definitiva, el problema del establishment, rebosante de soberbia, lo la que le impide la autocritica y racionalismo en sus relaciones internacionales. A falencia de memoria histórica, le imposibilita examinar las causas del ocaso de otros imperios, tampoco reajustar sus errores estratégicos, obstinándose en repetir lo que le llevo al fracaso; el establishment político militar y mediático, concurre paulatinamente a su propia e inaudita sovietización. Ironía de la historia e incultura gruesa que caracterizan a los gobernantes de este gran pueblo.

Rounded image

Alain Mesili

Paris (1949) Estudios de Historia Moderna y Letras en la Universidad de la Sorbona. Director para Bolivia de “Andes Magazine Internacional” del 2007 al 2009. 37 reportajes y películas como Guía/organizador para televisiones europeas, 11 exposiciones fotográficas individuales, 4 Exposiciones fotográficas colectivas, 1 Libro colectivo sobre el agua en La Paz. Explorador y andinista.


Nota: