Una fuente latinoamericana de praxis

El guevarismo y la construcción del comunismo

Fernando Rodríguez Ureña
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 23
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Introducción

Se ha denominado guevarismo a la corriente inaugurada por el Che en el análisis de la situación cubana, latinoamericana y mundial sobre la que le tocó actuar política y militarmente y así como también en representación del gobierno cubano.

El guevarismo, es pues la sistematización de su pensamiento, que tiene diferentes enfoques y puntos de entrada y abarca aspectos políticos, militares, filosóficos, económicos, sociales, culturales y de otra índole, que tienen que ver con lo escrito o expuesto por el Che en ámbitos tan diversos como las Naciones Unidas, o los sábados de trabajo voluntario, cuando la formación política acompañaba a la contribución de trabajo ofrecido al Estado para mejorar la productividad de la economía cubana.

Este artículo tratará de hacer una apretada síntesis del pensamiento del Che y lo que consideramos la ética guevarista, como paradigma de hombres y mujeres, de revolucionarios del siglo XXI.

Castrismo y Guevarismo

La derecha internacional y el propio imperialismo, acuñaron el castrismo como una referencia a la estrategia política de Fidel, en un intento peyorativo que buscaba su estigmatización como un pensamiento tiránico, salvaje, antidemocrático por naturaleza y que iba en contrasentido de la civilización occidental.

Este vano intento no alcanzó sus objetivos, pues, especialmente, la juventud latinoamericana y de los pueblos del tercer mundo, asumieron al denominado castrismo como la expresión más auténtica de la rebeldía contra los sistemas de opresión y oprobio vigentes en los cinco continentes.

De pronto, el castrismo, ideado por la reacción como concepto peyorativo, se transformó en soporte de ideas revolucionarias valoradas y aceptadas universalmente como tácticas y estrategias útiles en la lucha contra el enemigo principal: el imperialismo, soporte material del capitalismo.

El castrismo constituye una lectura teórica y práctica del marxismo que explica la realidad política y económica de Latinoamérica. No es una lectura académica, -aunque es científica por lo profuso de investigación fáctica que supone cada una de sus afirmaciones-, sino es también una lectura profundamente analítica/política que permite no solamente entender las causas de las coyunturas por las que atraviesan los procesos, sino que paralelamente, la suficiencia y exactitud de su información de base, permite hacer la prognosis del desarrollo de los acontecimientos. Podemos decir que el castrismo, recuperado como concepto para el campo popular, es la expresión de las reflexiones estrategias y tácticas concebidas por Fidel, para la revolución continental y consiguientemente mundial.

El Guevarismo constituye el hermano mellizo del Castrismo, que si bien no es idéntico, fue engendrado en el mismo seno pero con características peculiares. Son dos pensamientos que parten de valores comunes y se proyectan en dimensiones complementarias: una que concibe la totalidad de la problemática mundial en sus tensiones que empujan o frenan los procesos revolucionarios y la otra que materializa las tácticas propuestas haciendo posible que las tesis del primero, sean validadas en la realidad, produciendo así una sintonía armónica entre castrismo y guevarismo, entre estrategia y táctica revolucionaria, que no es otra cosa que la lectura del marxismo sobre América Latina y el mundo, en la lucha por la liberación de los pueblos. Fidel y el Che son dos sujetos históricos absolutamente complementarios y sería difícil pensar la historia latinoamericana ausentando a alguno de ellos de la misma. Como Sucre es a Bolívar en la historia de la primera independencia, así también el Che es a Fidel en la Revolución Continental.

El perfil del Che según Fidel

“Que sean como el Che” dijo Fidel en varios momentos de su discurso en la velada solemne en la Plaza de la Revolución en ocasión de confirmar la muerte del Comandante Heroico. En esa oportunidad Fidel compartía con el pueblo cubano y el mundo no solamente su dolor por la partida de uno de los pilares de la Revolución Cubana, sino que con la sinceridad de un compañero de lucha, destacaba los valores que había conocido en la vida práctica del Che. Algunas de las características de su personalidad revolucionaria que podemos destacar son:

  • El Che tenía como una de sus características esenciales la disposición inmediata a ofrecerse para realizar la misión más peligrosa. Insuperable soldado, desde el punto de vista militar era extraordinariamente capaz y valiente teniendo desprecio por el peligro. Y esa era al mismo tiempo probablemente su mayor debilidad: arriesgaba la vida constantemente y tenía predisposición a aceptar siempre la tarea más difícil. Era un artista de la guerra revolucionaria.
  • El Che era un hombre de pensamiento profundo, de inteligencia visionaria, un hombre de profunda cultura. Es decir que reunía en su persona al hombre de ideas y al hombre de acción.
  • El Che fue un hombre íntegro, de honradez suprema, de sinceridad absoluta, hombre de vida estoica y espartana, hombre a quien prácticamente en su conducta no se le podía encontrar una sola mancha. Constituyó por sus virtudes lo que puede llamarse un verdadero modelo de revolucionario: ¡un verdadero ejemplo de virtudes revolucionarias!
  • El Che además era un hombre extraordinariamente humano, extraordinariamente sensible, características unidas a un carácter de hierro, a una voluntad de acero, a una tenacidad indomable.
  • El Che escribía con la calidad de un clásico de la lengua, siendo sus narraciones de la guerra insuperables. Algunos de sus escritos no dudamos que pasarán a la posteridad como documentos clásicos del pensamiento revolucionario.
  • El Che tenía un pensamiento agudo. Todo lo escribía con extraordinaria seriedad, con extraordinaria profundidad; su inteligencia multifacética era capaz de emprender con el máximo de seguridad cualquier tarea en cualquier orden y sentido.
  • El Che era un estudioso de todos los problemas, era un lector infatigable. Su sed de abarcar conocimientos humanos era prácticamente insaciable. No dormía por estudiar y los días de descanso los dedicaba al trabajo voluntario.
  • El Che era un revolucionario comunista, y tenía una infinita fe en los valores morales y en la conciencia de los hombres. En su concepción, los resortes morales eran la palanca fundamental de la construcción del comunismo en la sociedad humana. El Che llevó las ideas del marxismo-leninismo a su expresión más fresca, más pura, más revolucionaria.
  • El Che se ha convertido en un modelo de hombre no solo para Cuba, sino para cualquier pueblo de América Latina.
  • El Che llevó a su más alta expresión el estoicismo revolucionario, el espíritu de sacrificio revolucionario, la combatividad del revolucionario, el espíritu de trabajo del revolucionario.
    El Che representa la inspiración en la lucha, en la tenacidad, en la intransigencia frente al enemigo y en el sentimiento internacionalista.

El valor de sus ideas, hoy ha adquirido un valor universal.

El hombre (mujer) nuevo: categoría básica de la ética revolucionaria guevarista

Esta categoría de análisis es uno de los pilares fundamentales del pensamiento del Che. Posiblemente tiene en la teología de la liberación una de sus fuentes de inspiración, ya que implica un posicionamiento doctrinario de las corrientes revolucionarias de la Iglesia Católica que tiene en las Comunidades Eclesiales de Base, las encíclicas Popularium Progreso y Gaudium et sepes y el Concilio Vaticano II, la denominada en ese momento, opción preferencial por los pobres, produciendo una nueva narrativa en torno al Cristo histórico, que se enfrentaba a la opresión, la miseria, la injusticia, la explotación que sufren los pobres, los desposeídos, los explotados.

Esta narrativa implica un profundo sentimiento de indignación frente a este conjunto de formas de opresión (el pecado estructural), que parte de una compresión racionalista de la realidad, usando instrumentos de las ciencias sociales, a las que añade un concepto subjetivo como es el amor especialmente hacia los desposeídos.

El Che dirá que la revolución es un profundo acto de amor por la humanidad, por los pobres, por los desheredados por el capital. Entonces, tiene un enfoque de mira muy latinoamericano cuando argumenta que no es la razón la que gatilla el conocimiento, sino primero el sentimiento que golpea profundamente cuando se observan los actos de violencia estructural y sus resultados, sentimiento que lleva al conocimiento de la totalidad que será abordada por una convicción sentipensante.
Pero esa visión de opción por los pobres, por amor al género humano, tiene como correlato una actitud de odio frente a las causas productoras de dicha violencia estructural: el capitalismo y el imperialismo.

De esta manera, sentimiento más razón configuraran el cemento que aglutinará una concepción de la realidad que develará las causas del problema, pero no de una forma fría, abstracta, lógica, sino como realidad que partiendo de, por ejemplo, la indignación frente a la negación de los valores humanos, como la solidaridad, despliega el conocimiento a una respuesta racional pero cargada de sentimientos, que hacen de la praxis, una acción potente, henchida de convicciones profundas y por tanto, capaz de producir transformaciones que podrán ser explicadas como expresión de una moral y una ética revolucionaria: una praxis sentipensante.

Cuando se produce este despliegue que producen “corazón y cerebro”, el sujeto podrá activar la transición de su acción individual, hacia una acción colectiva, es decir, que al igual que la clase obrera debe transformarse de clase en sí en clase para sí, para comprender su rol histórico revolucionario, el sujeto potencial productor del cambio, ha de transformarse en cuadro revolucionario, pieza fundamental del motor revolucionario, contingente de la moral comunista, ajeno a todos los mecanismos y formas de entrampamiento individualista producto de la razón capitalista.

Por tanto, el cuadro revolucionario será un contingente de amor y razones revolucionarias expresadas en concepciones colectivas, como la solidaridad, la hermandad, la justicia social, la libertad colectiva, la igualdad en la diferencia, la complementariedad como resultado y síntesis de la lucha de contrarios en una fase superior del proceso histórico.

Cuando este proceso genera en el sujeto individual esa transformación a su constitución como sujeto social, es cuando estarían dadas las condiciones objetivas y subjetivas para la emergencia del hombre/mujer nuevo, como sujetos históricos que empiezan a vivir la sociedad y el mundo del futuro, la sociedad sin clases que en su momento de mayor desarrollo, incluso suprimirá el Estado, porque en cada uno de sus actos proyectará una profunda convicción comunista, comunitarista, colectivista, es decir de reconocimiento de lo social y no de lo individual, como razón de ser de un ser humano complementado con la sociedad y la naturaleza, a quien empezará a concebir también como un sujeto de derechos.
Cuando el hombre/mujer nuevo eclosionan producen un ser capaz de dar su vida, lo único propio que le queda, en función de la humanidad.

Por eso es que la revolución es un profundo acto de amor hacia los explotados por el sistema capitalista.

Pero ese acto de amor, dirá el Che, implica violencia revolucionaria, que es primero violencia individual, es decir, sobre sí mismo, para despojarse conscientemente de todas las taras individualistas burguesas, para transformarse en conciencia social, colectiva.

Esta violencia individual, madurada, en su fase de mayor desarrollo, podría usar un método de transformación revolucionaria: la lucha armada, constituida en violencia revolucionaria, garantía de consolidación de procesos en el que el pueblo toma las armas para garantizar no sólo la toma de poder sino fundamentalmente el presente y futuro de su revolución.

Por eso el cuadro es la expresión del hombre/mujer nuevo. Del transformador de la realidad, no del reformista, sino del revolucionario que considera que cada uno de sus actos es su contribución a la construcción histórica del socialismo y en caso de Bolivia, del socialismo comunitario con dirección y sentido hacia la sociedad sin clases y sin estado: la ukronía (pues aún no se ha realizado en el tiempo) del comunismo, comunitarismo, colectivismo o el nombre con que cada pueblo la designe.

Este artículo está en deuda con otras categorías fundamentales del pensamiento guevarista como: el trabajo como expresión más alta de la dignidad humana por su capacidad creadora; la calidad en los procesos de producción como expresión de amor por el trabajo socialista que deja de tener el factor de explotación y se convierte en práctica creadora ; la crítica a la teoría del valor y la necesaria solidaridad entre los hermanos mayores y los menores en los procesos de construcción del socialismo; el internacionalismo proletario como solidaridad materializada, que no otorga lo que sobra sino que inclusive comparte lo vital para la existencia de un pueblo, los mismos que serán tratados en documentos posteriores.

En homenaje a los 50 años de la gesta revolucionaria del Che por nuestras tierras, estas categorías bien valen estudiarlas e inspirarse en ellas con el objetivo de contribuir a dar un salto cualitativo en el desarrollo ideológico y conceptual de nuestro proceso de cambio y de Revolución Democrática y Cultural.

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Fernando Rodríguez Ureña

Estudió en la Universidad Mayor de San Andrés en la Carrera de Sociología. Militante guevarista en la resistencia a las dictaduras de Hugo Banzer y García Mesa. Fue embajador del Estado Plurinacional de Bolivia ante la República Popular China. Columnista de La Época. Dirigente Nacional del MG (Movimiento Guevarista). Trabaja por más de tres décadas en temas de derecho humanos.


Nota: