Para lograr un mayor bienestar para los bolivianos

El largo camino de la industrialización en Bolivia

Juan José Bedregal
Publicado en Diciembre 2019 en La Migraña 33
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Desde las distintas palestras políticas y mediáticas, hasta la jungla de las redes sociales, se pretende posicionar en la opinión pública la idea de que no existe o no es posible la industrialización de los recursos naturales.

Los programas de gobierno de los partidos políticos de la oposición boliviana siguen esta línea de pensamiento, ignorando importantes avances o soslayándolos para enfatizar en lo que, a su juicio, sería más importante: una percepción abstracta de ideas que busca desvanecer lo avanzado en el camino de la industrialización en Bolivia.

Dos visiones

La industria boliviana está indivisiblemente ligada a la explotación de los recursos naturales. El debate gira históricamente en torno al modelo de “exportar o morir”1Frase dicha por Gonzalo Sánchez de Lozada en enero de 2003, citado por ANF. Se convirtió desde entonces en la más pura expresión del neoliberalismo boliviano. basado en la extracción y despacho de los recursos naturales hacia los mercados internacionales, frente a la posibilidad de la industrialización en suelo boliviano.

Durante el siglo XIX, la fiebre por la extracción de la quina o cascarilla, seguida por la breve era del salitre, fueron las primeras experiencias en las que el capital extranjero llegó, explotó y se marchó sin dejar réditos al Estado boliviano.

Una primera experiencia de industrialización en el continente la tuvo Paraguay hasta 1867. Estableciendo el monopolio estatal del comercio exterior, se priorizó el cultivo de alimentos y la producción de los oficios y artesanos para el abastecimiento interno, logrando impulsar la ganadería, la yerba mate y otros productos para la exportación. Bajo Carlos Antonio López, Paraguay empezó a producir pólvora, estableció astilleros propios para la navegación de la cuenca del Plata e implementó el primer ferrocarril y la primera fundición de Sudamérica.

Este proceso fue frenado por la Triple Alianza, que abrió el mercado paraguayo al libre comercio y lo orientó a la exportación de productos agrícolas, que es hasta hoy su principal fuente de divisas.

El guano fue para Perú, la primera industria extractiva nacionalizada con éxito bajo el Gobierno de Ramón Castilla, promoviendo desde entonces el desarrollo de una burguesía embrionaria asentada en las regiones costeras de ese país. Esta burguesía no fue capaz de establecerse con el mismo éxito en los yacimientos de salitre de Tarapacá2Mariátegui, José Carlos (1927) Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Fundación Biblioteca Ayacucho.. En mayor desventaja estaba Bolivia, que desde un principio dependió del capital financiero anglochileno para la explotación de estos yacimientos, para perderlos finalmente en la guerra de 1879, que supuso la instauración del monopolio salitrero anglochileno.

Este fue el antecedente del surgimiento de burguesías fuertes en Argentina, Brasil y Chile en desmedro de Paraguay, Bolivia y Perú. La industrialización inició antes y tuvo mayor éxito en los primeros tres países. Actualmente, la industria peruana depende en gran parte de capitales extranjeros, mientras que Paraguay basa su economía en la agroindustria y aprovecha una baja porción de la energía producida en las dos megahidroeléctricas binacionales con las que cuenta: Yacyretá e Itaipú.

Bolivia, por su parte, fue pasando de un auge exportador de materias primas a otro. El auge de la plata permitió construir el Estado oligárquico en el marco del liberalismo triunfante en la región a finales del siglo XIX. El rol asignado a los países de la región por las potencias económicas mundiales fue el de proveedores de materias primas, por lo cual la industrialización de los recursos naturales no fue una opción para las élites criollas que se encontraban en plenos procesos de acumulación originaria de capital.

Actividades como los obrajes jesuitas en La Paz, la molinería en Oruro y Cochabamba, los cueros, el azúcar y las maderas en Santa Cruz, se perfilaban desde la colonia e inicios de la era republicana como posibles rubros donde podría germinar una naciente industria, pero para mediados del siglo XIX, estas actividades se mantenían operando a escala artesanal.

A finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, la altísima ley de los minerales producidos en Bolivia (entre el 25 % al 60 %) permitía pasarlos de la veta al saco, y a lomo de mula, hasta los puertos del Pacífico; pero las mulas eran frágiles y lentas, y los yacimientos más ricos se iban agotando, razón por la que la llegada del ferrocarril fue un avance decisivo en la minería3Almaraz Paz, Sergio. El poder y la caída: El estaño en la historia de Bolivia. Los Amigos del Libro, 1976.. Todas las líneas férreas de la red occidental conectan los centros mineros con puertos como Guaqui en el Lago Titicaca, o Arica y Antofagasta en Chile.

Desde la era de la plata, los impuestos que pagaban el mineral de exportación o las bolachas de goma eran mínimos, y la llegada del ferrocarril trajo productos que desplazaron del mercados interno a la producción de harina del altiplano y valles, al azúcar y los cueros del oriente4Contreras, Manuel. Estaño, ferrocarriles y modernización, 1900-1930. En Crespo, Alberto. Los bolivianos en el tiempo. Universidad Andina Simón Bolívar-INDEAA, 1993. Ni el ciclo de la plata ni el del estaño beneficiaron al Estado boliviano que en el marco del liberalismo económico dejaba hacer y dejaba pasar, dejando desprotegidos a los productores nacionales.

La deficiencia de las vías de comunicación internas y el relativo aislamiento del Chaco, Amazonia y los llanos del oriente respecto al Altiplano y valles, sumada al bajo desarrollo de las actividades de generación de valor agregado, evitaron que se desarrollara un mercado interno. El capital comercial y la banca se desarrollaron ligados estrechamente a la minería en el occidente, y en el oriente crecieron al amparo del auge gomero.

Se generó desde entonces una crónica dependencia de las exportaciones de materias primas para solventar importaciones de bienes de consumo, de manera que la producción nacional debía hacerse espacio a duras penas y obteniendo bajas ganancias, lo que desincentivaba cualquier proceso de inversión que no estuviera ligado a la explotación minera o a la posesión de tierras.

A medida que avanzaba este proceso, se profundizó la proletarización de los campesinos del Altiplano, se establecieron jornadas de trabajo, sueldos y maquinaria relativamente modernos en la minería. La era del estaño trajo consigo la formación del “súper-Estado minero” integrado por Simón Patiño, Mauricio Hochschild y Carlos Víctor Aramayo, cuyo poder económico y político superaba con creces al Estado boliviano.

En el oriente boliviano, los capitales comerciales articulados con Europa pasaron de exportar quina hacia la goma en el último cuarto del siglo XIX, hasta que a inicios del siglo XX se consolidó el monopolio de la casa Suárez, perteneciente a Nicolás Suárez. Este ciclo tampoco generó una industria en el oriente boliviano, pero es citado por Ximena Soruco como el origen de la élite cruceña5Ximena Soruco (coordinadora), Wilfredo Plata y Gustavo Medeiros. Los barones del oriente. El poder en Santa Cruz ayer y hoy. Fundación TIERRA, 2008..

En 1920 se otorgaron las primeras concesiones petroleras a la empresa Richmond Levering Co., que un año después transfirió su contrato a la Standard Oil Co. Esta empresa estableció una subsidiaria en Bolivia para la explorar y explotar petróleo en una concesión de más de nueve millones de hectáreas del chaco cruceño.

La producción del oriente boliviano se veía obligada a competir en condiciones de aislamiento físico con las importaciones traídas por el ferrocarril, pero encontró otra vertiente de desarrollo en la industria petrolera después de la guerra del Chaco.

En 1936 se creó Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), se hizo cargo de las concesiones de la Standard Oil Co., y administró desde entonces la cadena productiva de los hidrocarburos. Esta empresa fue autárquica desde su creación, lo que favoreció su manejo por profesionales de la élite cruceña como Dionisio Foianini, primer presidente de YPFB.

El ramal oriental del ferrocarril boliviano fue proyectado a partir de 1938 por comisiones mixtas que contrajeron préstamos con Argentina y Brasil, que posteriormente fueron amortizados por YPFB con petróleo6Aramayo Ávila, Cesáreo. Ferrocarriles bolivianos; pasado, presente, futuro. Imp. Nacional, 1959. Este fue el primer caso de una empresa estatal contribuyendo al desarrollo de infraestructura pública en el país.

Capitalismo de Estado,
sin industrialización real

La Revolución de 1952 y los Gobiernos del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) nacionalizaron las minas y crearon la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) para administrar las antiguas propiedades de los barones del estaño. Sin embargo, la industrialización no avanzó.

Siguiendo el modelo de la “rosca minera”, se extraía y se exportaba el mineral sin agregar valor, y los recursos de la minería financiaron el desarrollo del oriente, siguiendo el modelo de YPFB con el ferrocarril oriental. A partir de 1952, se construyó la carretera antigua Cochabamba-Santa Cruz, se promovió la migración interna, se creó el ingenio azucarero Guabirá y otros proyectos agroindustriales impulsados por la Corporación Boliviana de Fomento (CBF).

En 1966 se creó la Empresa Nacional de Fundiciones (ENAF), que en 1971 inauguró la fundición de estaño en Vinto, y la fundición de antimonio en 1975. La fundición de plomo-plata en Karachipampa no se pudo concretar hasta 1985 cuando la caída de los precios de los minerales hizo que se tuviera que apagar el horno y desguazarlo.

El MNR también aprobó el Código del Petróleo de 1956, conocido como “Código Davenport”, que abrió las puertas a la inversión extranjera y principalmente a la Gulf Oil Co., que fue objeto de la segunda nacionalización petrolera en 1969.

Tanto la construcción de fundiciones como la nacionalización de la Gulf, Mina Matilde y otras, formaban parte del “mandato revolucionario de las FF. AA.”, tesis política enarbolada por Alfredo Ovando y Juan José Torres, junto a intelectuales civiles como Sergio Almaraz Paz y Marcelo Quiroga Santa Cruz. Este pensamiento recogió la esencia del nacionalismo revolucionario del 52 con un fuerte contenido antiimperialista y de izquierda, e incluía entre sus pilares la industrialización de los recursos naturales como vía para lograr la liberación nacional7Irusta Medrano, Gerardo. La lucha armada en Bolivia. Ministerio de Trabajo, Empleo y Previsión Social, 2016.

Las nacionalizaciones pueden considerarse exitosas, ya que fueron la principal fuente de recursos para la dictadura de Banzer. Las ideas del mandato revolucionario constituyeron la base del programa político de Marcelo Quiroga y el Partido Socialista-1, y pueden ser consideradas como un antecedente directo del actual Modelo Económico Social Comunitario Productivo.

Desde 1952, se otorgaron de grandes extensiones de tierra y créditos que fueron en su mayoría impagos. Según Ximena Soruco, entre 1952 y 1971 se dotaron menos de 12 millones de hectáreas de tierra en el territorio nacional, mientras que en el Gobierno de Banzer, entre 1971 y 1978 se entregaron 18 millones de hectáreas.

Los Gobiernos de MNR entregaron a los tenedores de esas tierras créditos agrícolas financiados por EE. UU., en tanto que Banzer lo hizo con recursos públicos, además, de donaciones y créditos externos, en ambos casos, canalizados mediante el Banco Agrícola Boliviano. Santa Cruz obtuvo el 37 % del total de los créditos otorgados por el banco entre 1955 y 1984, pero para 1985, el 73 % de la mora se encontraba en ese departamento.

Sobre la base del impago de estos créditos, se estableció en el oriente boliviano el latifundio y la acumulación de capital mediante la apropiación de la renta de la tierra y la renta petrolera. La producción agroindustrial se consolidó orientada a los mercados de exportación, como resabio de su aislamiento del mercado interno antes de 1952.

Los créditos y las vías de comunicación con el oriente boliviano también abrieron espacio a las industrias de alimentos, maderas, farmacéutica, textiles y cueros. A partir de 1952 se observó un crecimiento de los molinos industriales en el occidente y los valles, fábricas de ropas y zapatos, y laboratorios cuya producción se destinaba al mercado interno y a la exportación. Por parte de los proyectos estatales, Guabirá fue el primero de muchos emprendimientos como el ingenio azucarero de Bermejo, la planta de aceites en Villamontes, las plantas Pil de lácteos en cada departamento y otras dependientes de las Corporaciones de Desarrollo (CORDEs) de cada departamento.

Tras la caída de los precios del estaño en 1985, el D.S. 21060 redujo COMIBOL a su mínima expresión, se privatizaron las empresas públicas pertenecientes a la CBF y las CORDEs en el Gobierno de Jaime Paz, y la política de “capitalización” impulsada por Gonzalo Sánchez de Lozada terminó de rematar las grandes empresas públicas nacionales como YPFB, LAB, ENTEL, ENAF, ENFE y ENDE.

Los procesos de industrialización surgidos del 52 siguieron dos caminos distintos: por un lado, las empresas públicas fueron desmembradas y entregadas por una mínima porción de su valor; por el otro lado, ingentes cantidades de recursos públicos y tierras fiscales fueron a manos privadas, convirtiendo a la élite cruceña en burguesía por la vía del incumplimiento de deudas y la dotación discrecional de tierras fiscales.

Para 1999, se concluyó el gasoducto Bolivia-Brasil e inició el actual contrato de venta de gas al vecino país. Sin embargo, las condiciones eran muy desfavorables para el Estado gracias a la Ley de Hidrocarburos de 1996, que disponía la soberanía del pueblo boliviano sobre los recursos naturales mientras estos estuvieran bajo tierra, pero en boca de pozo pasaban a ser propiedad de las empresas petroleras transnacionales.

La Ley de Hidrocarburos de 1996 cumplió el mismo rol que el Código Davenport, ambos aprobados por el MNR: conceder los derechos de explotación de los recursos naturales al capital extranjero, que explota y exporta, pero sin agregar valor. El mismo modelo permitió el ascenso de los barones del estaño, el monopolio gomero de la casa Suárez y las concesiones petroleras de la Standard Oil: “exportar o morir”.

Los intentos de generar una industria nacional en la historia de Bolivia quedaron truncados, o lograron consolidar burguesías débiles e incapaces de cumplir sus tareas históricas. Era necesario un modelo que distribuyera de mejor manera los excedentes y permitiera la industrialización de los recursos naturales.

Industrialización como política
de Estado

El proyecto para exportar Gas Natural Licuado (GNL) a EE. UU. por puertos chilenos fue el colmo del modelo de “exportar o morir”. Tras el referéndum del gas en 2004, se aprobó una nueva Ley de Hidrocarburos que creó el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), y con la nacionalización de los hidrocarburos en 2006, se inició una nueva etapa.

El Estado asumió el control de la cadena productiva de los hidrocarburos. Las nacionalizaciones siguieron con la Empresa Metalúrgica Vinto en 2007, ENTEL en 2008, y ENDE en 2010. Los excedentes de estas actividades económicas financian la inversión pública en carreteras, comunicaciones, proyectos productivos y de índole social.

Uno de estos proyectos fue la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (EMAPA), que presta apoyo y capacitación a pequeños productores, para continuar la cadena productiva con el almacenamiento, transformación y distribución de alimentos. Como resultado, a 2019 EMAPA cuenta con silos propios en los departamentos de Oruro, Santa Cruz, Beni y Pando, un ingenio arrocero, además, de tres silos y un complejo piscícola en construcción.

En el rubro de alimentos también se encuentra la Empresa Boliviana de Alimentos y Derivados (EBA), surgida en 2018 por la fusión de LACTEOSBOL, PROMIEL y la Empresa Boliviana de Almendras. Esta empresa cuenta con plantas procesadoras de lácteos, frutas, miel y almendras en todo el país. En el norte paceño está la Empresa Azucarera San Buenaventura (EASBA), que produce azúcar, alcohol, y genera su propia energía eléctrica en base a biomasa8Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural. Rendición Pública de Cuentas Final 2018.

Desde 2011, ENDE construyó ocho plantas termoeléctricas, tres plantas hidroeléctricas, tres plantas solares y un parque eólico, inversiones que lograron instalar una oferta de potencia eléctrica de 2 236 MW, duplicando la cifra de 1 038 MW en 2005. Están en construcción dos hidroeléctricas, un parque solar, tres parques eólicos, se están equipando ciclos combinados en tres plantas termoeléctricas y se está desarrollando un proyecto de energía geotérmica en Laguna Colorada9Empresa Nacional de Electricidad. Rendición Pública de Cuentas Final 2018.

En hidrocarburos, en 2013 y 2015 se inauguraron las Plantas Separadoras de Líquidos (PSL) de Río Grande y Gran Chaco, que producen GLP y gasolinas, en 2014 y 2015 se modernizaron las Refinerías Gualberto Villarroel y Guillermo Elder Bell, con nuevas unidades para producción de diésel y gasolinas. El año 2017 se dio inicio a la industria petroquímica con la Planta de Amoniaco y Urea de Bulo Bulo y la Planta de Tuberías y Accesorios de Polietileno en Kallutaca, y a partir de 2018 YPFB formula biocombustibles mediante la compra de alcohol anhidro a los ingenios sucroalcoholeros10Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos. Rendición Pública de Cuentas Final 2018.

La nacionalización de la fundición de Vinto, permitió la instalación de un nuevo horno Ausmelt que fundió 11 369 toneladas métricas de estaño11Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. Memoria de la Economía Boliviana 2018, lo que la convierte en la sexta fundidora de estaño más grande del mundo.

El Estado desarrolló en la última década la industrialización de los recursos evaporíticos a través de la Gerencia Nacional de Recursos Evaporíticos (GNRE) de COMIBOL, y en 2017 creó la empresa pública Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB). Se desarrolló la cadena productiva a escala piloto hasta la producción de baterías de litio12Yacimientos de Litio Bolivianos. Rendición Pública de Cuentas Final 2018; en octubre de 2018 puso en marcha una Planta Industrial de Cloruro de Potasio, y en diciembre inició la construcción de una Planta Industrial de Carbonato de Litio.

La industria es, actualmente, el rubro de mayor crecimiento en 2018 debido a la producción de nuevos productos químicos como fertilizantes y biocombustibles. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), representa el 18 % de la producción nacional, superando a minería e hidrocarburos. Estas cifras muestran avances significativos en un proceso de industrialización que aún no está completo, ya que aún se encuentran en desarrollo los recursos evaporíticos en el occidente boliviano, y la industria siderúrgica en el Mutún.

Este proceso guiado desde el Estado supone el desarrollo de la industria básica, pero su avance depende también del desarrollo de proyectos privados. Las burguesías del oriente y occidente sitúan sus postulados ideológicos en contra del impulso estatal, a pesar que se benefician del mismo al contar con infraestructura caminera, una oferta creciente de energía eléctrica, y la disponibilidad de insumos provistos por los proyectos gubernamentales.

El futuro de la industrialización
en Bolivia

La negación del actual proceso de industrialización por parte de las burguesías establecidas revela un rezago frente a los emprendedores: pese al discurso de las cámaras empresariales, en los últimos 13 años se crearon más de 250 mil nuevas empresas. Estos nuevos emprendimientos podrían constituir en el futuro una nueva capa burguesa, con intereses y proyección distintos.

El proceso actual tiene como punta de lanza la inversión pública, que debe ser acompañada por la inversión privada. Se incentiva las iniciativas productivas privadas con bajas tasas de interés y facilita el acceso a los servicios financieros. A nivel internacional se estrechan lazos con países del bloque emergente, como India, Irán, Rusia y China con base en la exportación de productos agropecuarios.

La apertura de mercados con más de 2 500 millones de habitantes (sumando los cuatro países mencionados), con capacidad de compra superior a la media latinoamericana, es una oportunidad que no puede ser desaprovechada por la empresa privada.

La intervención del Estado en la economía boliviana ha demostrado que puede ser eficiente, eficaz y productiva; como queda demostrado en los informes macroeconómicos de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La fortaleza de la economía boliviana con el actual modelo económico es, en sí misma una oportunidad para los sectores privados.

La proyección de Bolivia como centro energético de Sudamérica puede consolidarse si se continúan las políticas actuales como la suscripción de nuevos contratos de exportación de gas natural, GLP, GNL y urea. La intención de YPFB, según declaraciones de prensa, es participar en la administración del gasoducto Bolivia-Brasil, en plantas termoeléctricas y de urea en Brasil y exportar GNL a países como India y China.

Como complemento de esta política, se anuncia también la exportación de energía eléctrica y la ampliación de la oferta eléctrica en energías renovables por parte de ENDE. Otro desafío es el desarrollo de la cadena productiva del litio a escala industrial, mediante la sociedad con la empresa alemana ACI Systems en el caso del Salar de Uyuni, y la anunciada sociedad con el consorcio chino TBA-Baocheng para producir cloruro de potasio, carbonato de litio, litio metálico, sulfato de potasio, hidróxido de litio, ácido bórico, bromo puro y bromuro de potasio a partir de los salares de Coipasa y Pastos Grandes.

La construcción del Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnología Nuclear en la ciudad de El Alto cuenta con el apoyo de la empresa rusa Rosatom y es un importante punto de partida para la generación de energía. Este centro contaría con un reactor nuclear experimental con fines pacíficos, un ciclotrón para diagnostico médico, un irradiador gamma para esterilizar alimentos y desarrollar variedades de semillas.

El proyecto de generar un polo agroindustrial en torno al ingenio azucarero San Buenaventura puede concretarse si se logra ampliar la extensión de los cultivos de caña y se consolida la anunciada producción de alcohol anhidro para la formulación de biocombustibles.

Finalmente, la planta siderúrgica del Mutún se encuentra en construcción, y tendrá capacidad para producir 194 000 toneladas anuales de laminados de acero13Diario El Deber. Inicia construcción del primer complejo siderúrgico en Mutún. 29 de enero de 2019. Este proyecto, por su ubicación cercana a la Hidrovía Paraguay-Paraná, está fuertemente vinculado al establecimiento de Puerto Busch bajo administración portuaria soberana, y podría impulsar el establecimiento de astilleros y una flota mercante.

El desafío central para el proceso de industrialización no es la propia industria, sino el bienestar social. El desarrollo de aplicaciones tecnológicas, telecomunicaciones y energía son cruciales para mejorar la productividad o como lo diría Marx, las fuerzas productivas. No se puede perder de vista que el devenir de la historia está determinado por el grado de desarrollo de las fuerzas productivas, y que la industrialización es un medio para esto, no un fin en sí mismo.

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Juan José Bedregal

Fue dirigente estudiantil de la Facultad de Ciencias Económicas y Financieras, y miembro del Honorable Consejo Universitario (HCU) de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) entre 2014 y 2016. Economista con mención en Análisis Económico, actualmente escribe artículos de opinión y análisis del contexto económico, político y social en Los Tiempos, Correo Del Sur, El Potosí, La Época, El Nuevo Sur y El País de Tarija.


Miguel Ángel Marañon

Licenciado en Economía. Columnista en diferentes medios escritos, entre los que destacan: ¿Harán Mesa y Ortíz lo mismo que Macri?; El dulce presente de San Buenaventura; Otro viajecito más de Evo; Sobre kermeses e intereses económicos: Crisis tarijeña y débitos automáticos.