El pensamiento indianista de Fausto Reinaga

Fabiola Escárzaga
Publicado en febrero 2017 en La Migraña 20
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Considero que en el contexto actual, en que los gobiernos de base popular e indígena en Bolivia y Ecuador se reivindican como abanderados de la causa indígena y se ha incorporado, en las nuevas constituciones de ambos países el discurso del Buen Vivir, es necesario discutir si efectivamente lo que postulan es el proyecto de transformación radical enunciado por el indianismo de Reinaga, en el caso boliviano, o es un lábil manejo retórico de legitimación gubernamental, que cumple además con la finalidad de neutralizar la fuerza política alcanzada por los indianistas y otros sectores indígenas en la etapa de lucha previa y que ahora aparecen debilitados y como adversarios políticos del gobierno.

Discutir, en fin que es lo que propuso Fausto Reinaga en su formulación indianista, para aquilatar la contribución de sus tempranos planteamientos e iniciativas a los procesos de autoafirmación indígena que comenzaban a visibilizarse en los años de su enunciación, y que permitieron, más adelante, la constitución de los indios como sujetos políticos autónomos en, cuyos frutos se expresan en el protagonismo alcanzado por los movimientos indígenas, desde la última década del siglo XX, y hasta hoy.

 

Indianismo vs indigenismo

El indianismo, término asumido por Fausto Reinaga para nombrar su doctrina, es el discurso y el proyecto político indio de transformación de las condiciones de opresión y explotación vigentes sobre la mayoría india de Bolivia por parte de las élites blancas y mestizas. Afirma el papel protagónico de los indios en la historia boliviana, y su capacidad para luchar por sus propias reivindicaciones y bajo su propio programa, liderazgos y organizaciones. Es el proyecto que sienta las bases para la constitución del indio como sujeto políticamente autónomo.

Su indianismo se define en contra del indigenismo2, la ideología elaborada por los mestizos, expresada como programa político, política gubernamental, y/o corriente artística en la literatura y en las artes plásticas en los países con significativa población indígena, a partir de los años 20 del siglo XX, que pretendía representar los intereses de los indígenas para integrarlos de manera subordinada a la hegemonía mestiza, asimilarlos culturalmente a la nación mestiza y adscribirlos políticamente al proyecto mestizo de construcción del estado-nación antioligárquico, en fin, para volverlos mestizos. Sólo en México el indigenismo logró convertirse en una política gubernamental ejecutada 71 de manera congruente en la relación entre medios y fines, formulando un discurso hegemónico que fue la expresión del proyecto de construcción de la nación mestiza, el cual fue concretado históricamente, complementando el proceso de la triunfante revolución democrático-burguesa de 1910-1920.

En cambio, en los países andinos el indigenismo fue un conjunto de promesas de inclusión incumplidas de manera sistemática6. Se define también, de manera categórica, en oposición a las ideologías, intereses y partidos políticos formulados y creados entre los años 50 a 70 por mestizos de centro e izquierda, el nacionalismo del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y el marxismo del pro soviético Partido Comunista Boliviano (PCB), así como del trostkista Partido Obrero Revolucionario (POR), quienes utilizaban a los indios como base social subordinada de sus respectivos proyectos sin considerar sus intereses específicos y su condición de indios.

Reinaga cuestiona justamente a ambos sectores por considerar a los indios el factor de atraso del país y pretender desindianizarlos, desarrollando cada uno su propia concepción indigenista. Así, su indianismo reivindica el término indio como auto denominación de la población originaria, y rechaza el de indígena, que deriva del indigenismo, o el de campesino, impuesto a partir de la reforma agraria de 1953; además, considera fundamental revertir la connotación estigmatizante dada por los opresores al término indio, que es asumido como insulto por los propios oprimidos. Por ello, frente a las posibilidades de acción inmediata que no descarta, prioriza la tarea de concientización como un proceso de largo aliento, el cual consiste en la descolonización mental del indio, la revaloración de su cultura, y la autoafirmación y el orgullo de su identidad que conduzcan a la reindianización de los individuos que han sido contaminados por la cultura occidental, proceso que él mismo ha vivido. De este modo, postula sus intereses diferenciados respecto al nacionalismo de blancos y mestizos, y cuestiona los mecanismos racistas que perpetúan la exclusión de la población india y legitiman por esa vía su explotación sistemática. (Reinaga;1970 y 1970b)

 

Las fuentes del pensamiento indianista de Reinaga

Para formular el indianismo, Reinaga retoma las experiencias de lucha y los proyectos políticos enarbolados por los indios en distintos momentos del conflicto social y étnico del devenir de Bolivia, desde la etapa colonial hasta la coyuntura política inmediata, elaborando una lectura de la historia de Bolivia desde la perspectiva india. La fuente primigenia es pues la memoria popular de la opresión y de las luchas de la población andina, particularmente aymara del occidente boliviano. Subrayamos aquí la idea de que Reinaga no inventa de la nada al indianismo: este es un proyecto de lucha india, enunciado y difundo de manera oral durante generaciones entre los aymaras, no sólo bolivianos3, pero Reinaga lo nombra, lo sistematiza, lo fundamenta teóricamente y lo convierte en libro impreso para su difusión ampliada entre los indios y para su mejor preservación; así como también para ponerlo en acción en el terreno del debate ideológico en el que sus adversarios operan: la palabra escrita, colocando la ideología de los indios al mismo nivel jerárquico que la de sus adversarios.

Esta labor de sistematización de un proyecto de transformación la hace a partir, por un lado, de su acervo intelectual y político marxista, asimilado como base teórica y luego criticado y superado como pensamiento indianista, estableciendo con el marxismo una relación contradictoria como modelo o fórmula de enunciación de una ideología equivalente y opuesta a él, que no deja de ser un diálogo fructífero, aunque siempre ríspido, por otro, en general, desde el amplio acervo de la cultura occidental adquirido en la universidad boliviana.

De modo que las fuentes teóricas del indianismo de Reinaga son amplias y variadas, pero entre ellas destaca el marxismo indoamericano de José Carlos Mariátegui, que es fundamental en su formación como marxista. Este le ofrece una caracterización de las relaciones de dominación vigentes en Bolivia, semejantes a las del Perú, como precapitalistas, basadas en la servidumbre que somete a la población indígena al latifundio. Del amauta peruano recupera también el diagnóstico sobre la condición colonial de la economía peruana, subordinada al imperialismo europeo y norteamericano, y la compleja articulación entre estructuras feudales y comunitarias en la sierra, sometidas a la hegemonía del capital extranjero presente en la costa, que formula como la dualidad costa-sierra, y cuya expresión política se manifiesta a través del gamonalismo. Tal diagnóstico se concreta en la impotencia de los elementos mestizos para asumir la conducción de una revolución democrático-burguesa que enfrente a la oligarquía en alianza con las masas indias y construya una nación mestiza que incluya a los indios. Otro elemento retomado de Mariátegui es la afirmación de la condición protagónica de los indios para construir la nación posible; así como la consideración de la dualidad étnica y clasista de la que son portadores los sujetos sociales, sin olvidar la posibilidad de aprovechar las persistentes formas de organización comunitaria como base para la construcción del socialismo (Mariátegui, 1976 y Escárzaga, 1987). Más tarde, Reinaga cuestionará la lectura clasista del conflicto social hecha por Mariátegui, privilegiando la dimensión étnica de los sujetos (Reinaga, 2002).4

Otra fuente que enriqueció la propuesta de Reinaga fueron los planteamientos de historiadores indigenistas peruanos como Luis E. Valcárcel5, que desde los años 20 propuso como programa político la reconstrucción de la organización social inca como una forma de organización social alternativa6. De este planteamiento en concreto Mariátegui marcó puntualmente distancia en el breve “Prefacio a El Amauta Atusparia” de 19307, aunque mantuvo muchas de las ideas de Valcarcel. Tal posicionamiento anti-resurgimiento Inca, será el argumento central de la ruptura de Reinaga con Mariátegui, la cual inicia en 1964 con El indio y el cholaje boliviano. Proceso a Fernando Diez de Medina, y se concreta definitivamente en 1974 con América india y occidente. En el texto señalado Mariátegui descalificaba el programa y la estrategia de la rebelión indígena encabezada por el caudillo indio Atusparia en 1885 y con ella todas las insurrecciones anteriores de su tipo, a las que caracterizó como: “tentativas de filiación aristocrática y racista…encabezadas por curacas, por descendientes de la antigua nobleza indígena, por caudillos incapaces de dar a un movimiento de masas otro programa que una extemporánea e imposible restauración.  Supérstites de una clase disuelta y vencida, los herederos de la antigua aristocracia india, no podrán acometer con éxito la empresa de una revolución.” (Mariátegui;1988:187)8

Y es que eran justamente las insurrecciones comandadas por caudillos indígenas, en particular las ocurridas en el lado boliviano, las que nutrían las esperanzas del indianismo y pautaban el concepto de revolución de Reinaga. Así aparece claramente planteada por Mariátegui la disyunción entre el programa de la revolución socialista y el de la revolución india. Mariátegui se identifica con la primera y Reinaga con la segunda.

Su perspectiva radical, descolonizadora y antioccidental, se nutrió de los ideólogos de la liberación del Tercer Mundo, como Frantz Fanon, Albert Memmi,

Mahatma Gandhi, y de los ideólogos de la negritud de Norteamérica. La lectura del psiquiatra de Martinica fue central en el proceso de afirmación indianista, eclipsando en alguna medida la posición tutelar que tuvo Mariátegui hasta ese momento. La primera referencia de él la hace en el libro de 1968 El indio y los escritores de América, donde retoma del “negro genial”, como lo llama, elementos plasmados en su libro Los condenados de la tierra que no estaban en su mentor peruano. Fanon es la voz de un oprimido en razón del color de su piel como Reinaga, que ha vivido lo que reseña, que habla por sí mismo, y por los suyos y para los suyos.

Los elementos que recupera de Fanon son la crítica al colonialismo y al occidente europeo, que construyó su cultura basado en el saqueo de los pueblos colonizados; la crítica al racismo como mecanismo de legitimación de la opresión y de la explotación servil de la fuerza de trabajo, basado en la deshumanización, animalización y degradación del otro, del diferente; la denuncia de la violencia extrema aplicada por los colonizadores contra los colonizados y del miedo al dominado como motor de esa violencia. Reinaga asume, así, con Fanon, que la violencia del oprimido hacia su opresor, hacia sí mismo y hacia los suyos es una consecuencia de la violencia inicial del opresor, pero ella es también el medio de reintegrarse a sí mismo. Recupera la convocatoria del intelectual de Martinica a construir la unidad de los oprimidos de Asia, África y Latinoamérica para liberarse del colonialismo europeo. (Reinaga;1968:214-216)

En La Revolución india, retoma fragmentos del mismo texto de Fanon en el que este cuestiona que los rebeldes del Tercer Mundo asuman a Europa como modelo de la construcción de un Mundo Nuevo para los pueblos oprimidos e invita a inventar y descubrir ese proyecto desde ellos mismos, desde su propia historia “…hay que cambiar de piel, desarrollar un pensamiento nuevo, tratar de crear un hombre nuevo”. (Reinaga;1970:67-70) Descubrir el proyecto de revolución india en la historia de la opresión de los indios de Bolivia y en sus insurrecciones es, precisamente, el ejercicio que realiza en su texto La revolución india.

La lectura de su nuevo amigo Carnero Hoke a finales de 1969, le permitirá una visión más amplia que la boliviana, la cual incluye la región mesoamericana, además de la andina, y más tarde, la recuperación de las cosmovisiones indias como tema central y su confrontación radical con la cosmovisión occidental, desplazando el plano de la lucha política concreta a un lugar secundario, elementos que marcan su transición desde la etapa indianista a la amaútica.

Considero que mientras que Mariátegui y Valcarcel son autores que contribuyen a la formación de su propio pensamiento y permanecen como la base del mismo, Fanon o Carnero no tienen un papel formativo sino de refuerzo de ideas que él ya había formulado previamente al encuentro con ambos autores, pero sus planteamientos le ofrecen formulaciones más contundentes y radicales, además de una coincidencia fundamental con sus propias ideas, que le da mayor seguridad sobre sus propios descubrimientos, intuiciones y conclusiones.

Los ejes de su discurso indianista son la existencia de dos Bolivias irreconciliables: la mestiza europeizada y la kolla-autóctona o india, la de los opresores y la de los oprimidos, enfrentadas de manera permanente; y el parasitismo de las élites criollas y de los mestizos subordinados a ellas, incapaces de desarrollar el capitalismo y de construir un estado y una nación soberanos frente al dominio extranjero que incluya a los indios. Reivindica, en cambio, la potencialidad y el derecho de los indios para construir su propia nación: el Kollasuyo, sustentada en las formas colectivas de organización de la producción que prevalecen en las comunidades indias y la recuperación de las formas de organización socialistas del Tawantinsuyo.

Un indio desindianizado y vuelto a indianizar

La vida de Reinaga estuvo plagada de frustraciones políticas, que motivaron significativos tránsitos. Un primer nivel de tales tránsitos lo podemos ubicar en términos del proyecto político al que adhirió, en el que pasó del socialismo marxista (1930-1944), al nacionalismo revolucionario (1944-1960), al indianismo (1960-1977) y, finalmente, al pensamiento amaútico (1977-1994). Considerando la matriz teórica de sus ideas, esta se redujo a dos etapas: la marxista (1930-1960) y la indianista (1960-1994). El otro nivel es el de sus tránsitos identitarios: el primero de desindianización (1924-1953) y el segundo de reindianización (1953-1994). Este proceso más íntimo ilustra de manera dramática los estrechos límites que el racismo, presente en las estructuras sociales bolivianas, ofrecía a un intelectual de ascendencia indígena, los mismos que enfrentaba la población indígena en general: el cierre total de los mecanismos de ascenso social por la vía del mestizaje a través de la educación y del esfuerzo y méritos personales, ya que los privilegios de las élites se sustentaban en la afirmación rígida de las fronteras étnicas, y Reinaga se estrelló una y otra vez contra esos límites. Veremos los eventos que motivaron los tránsitos señalados.

Fausto Reinaga Chavarría nació el 27 de marzo de 1906 en Huahuamikala, una apartada comunidad quechua cercana al pueblo de Macha, Provincia Chayanta, Departamento de Potosí, cuna del caudillo de la rebelión de 1781 Tomás Katari y epicentro inicial de la rebelión. Reinaga se reivindicó como indio desde 1953, “indio de carne y alma”10. Hijo de campesinos quechua hablantes y analfabetas, afirma que su madre “no sabía una palabra de español, pero sabía de memoria la historia de su estirpe”, que era la de Tomás Katari, estableciendo su condición de descendiente del noble rebelde quechua11. Debido a su notable inteligencia, sus padres lo enviaron en 1922 a Colquechaca, Oruro, donde una de sus hermanas trabajaba como cocinera. Allí inició sus estudios primarios y aprendió a leer a los 16 años y se castellanizó. En 1924 ingresó en Oruro al Colegio Bolívar y, mientras estudiaba, ejerció para sostenerse diversos oficios: “cloaquero”, ayudante de electricista y albañil, maestro de primaria, reportero del periódico La Vanguardia, y corrector de pruebas en La Patria.12

En Sucre estudió derecho y trabajó como profesor de filosofía en el Colegio Nacional Junín; fue director del periódico El Tribuno, órgano del Partido Republicano. A partir de 1930 participó en las luchas universitarias y obreras, y se convirtió en marxista, fue dirigente universitario y Secretario de Cultura de la Federación Obrera. Fue fundador del Partido de Izquierda Revolucionaria (PIR) comunista. Considerado el mejor orador de la organización, fue designado para intervenir en el mitin del 10 de mayo de 1932, en el que pronunció un discurso pacifista contrario a la guerra del Chaco que le valió un mes de cárcel; allí fue sometido a torturas y su lengua fue lastimada con un corte. La presión obrera y estudiantil logró su liberación. En 1936 obtuvo el título de abogado. En 1940 publicó el libro Mitayos y yanaconas que fue su tesis de grado, por ella recibió el Premio Municipal de Oruro, lo que le permitió publicarla. En ella analiza la sociedad del Tawantinsuyu desde una perspectiva marxista mariateguista.

Entusiasmado con el gobierno del general Gualberto Villarroel (1942-1945), que desarrollaba una política antioligárquica y proindígena, se afilia en 1943 al partido Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), que era aliado del gobierno, transitando del socialismo al nacionalismo revolucionario, y participa como diputado por Chayanta a la Convención Nacional de 1944. Como diputado Reinaga formula un programa de reforma agraria indigenista radical, el cual busca la integración del indio en la vida social y política boliviana a través de la revolución nacional, democrática y burguesa. Pero el programa de la dirección pequeño burguesa, blanca y mestiza del MNR era más limitado que el de Reinaga, y por ello su proyecto de reforma agraria fue ignorado y su autor identificado como un adversario, por lo que fue marginado políticamente y perseguido por sus correligionarios. El proyecto fue presentado también en el Congreso Indigenal de 1945, auspiciado por Villarroel, del que Reinaga participó como organizador13, durante el cual el mismo presidente decreta la abolición de la servidumbre. Esta medida provocó el rechazo de los terratenientes, quienes, aliados con los comunistas, provocaron una reacción popular antigubernamental que llevó al colgamiento, por una turba india, del presidente amigo de los indios en un farol de la Plaza Murillo, el 21 de julio de 1946. Con él fueron asesinados 280 de los 300 caciques indios que lo acompañaban en el Palacio Quemado como participantes del Congreso Indigenal, dando fin a la Revolución Nacional de Villarroel.14

En 1952 se aleja del MNR y comienza su militancia en organizaciones indígenas y obreras y publica los periódicos La voz del Indio y Rumbo Sindical, así como la revista Abril. En 1955 postuló para dictar cátedra en la Universidad Mayor de San Andrés pero, no obstante sus altos méritos, fue rechazado por el grupo oligárquico que gobernaba la institución. En octubre de 1957 asiste el IV Congreso de la Federación Sindical Mundial en Leipzig, RDA, en el que además se conmemoraba el 40 aniversario de la Revolución de Octubre. Allí es invitado a visitar la URSS, lo que le permite conocer de cerca las condiciones de vida del pueblo ruso, acercamiento que provoca su decepción frente a la experiencia socialista. En su viaje de regreso pasa por la España franquista. Su último texto escrito bajo el ideario marxista es El sentimiento mesiánico del pueblo ruso de 1960, como apéndice del mismo escribe España, producto de su paso por la España franquista. Reinaga se reconoce entre 1940 y 1960 como marxista heredero de la tradición blancomestiza, como un europeizado que como tal buscaba la integración del indio por el cholaje blanco-mestizo, ahora reniega de esa herencia y de lo planteado por él mismo en esa etapa, ya no busca la Revolución Nacional o la Revolución Comunista, sino la Revolución India.

El 15 de noviembre de 1962 se fundó en Tiwanacu el Partido de Indios Aymaras y Keswas (PIAK) que en 1966 se convierte en el Partido Indio de Bolivia (PIB). Reinaga trabaja en la organización del partido, escribe programas, manifiestos, y organiza foros. En 1968 es nombrado jefe del mismo. (Reinaga; 1970b: 106)

Finalmente, luego de casi 30 años de empeños intelectuales que no le valieron para ser reconocido e integrado en el medio cultural mestizo dominante, y de sucesivas frustraciones políticas vividas en carne propia y por las colectividades indias de Bolivia que acompaña, traicionadas por los sectores mestizos nacionalistas, Reinaga comprueba la imposibilidad de concretar su proyecto personal de desindianizarse y elige reindianizarse, al tiempo que comprueba la incapacidad de los nacionalistas mestizos para integrar a los indios en su proyecto político y formula entonces la ideología indianista. Ambos procesos son uno solo. El resentimiento social que genera en Reinaga su frustrante experiencia personal y política se traduce en un virulento discurso y un programa radical, tono en el que seguramente buena parte de sus interlocutores y lectores indios se sienten representados, en tanto refleja sus propias experiencias de marginación y opresión, y consecuentes sentimientos de frustración.

Sus condiciones materiales siempre fueron precarias y las dificultades para la publicación de sus libros constantes; como intelectual siempre vivió en una condición marginal, aunque no fue ignorado por sus adversarios quienes debatieron acremente con él. Básicamente se sostuvo de la venta de sus libros que no circularon y no circulan en los circuitos de la cultura dominante sino por circuitos alternativos.

Como cholo siempre fue obstaculizado por carecer del capital étnico necesario para ser reconocido como igual en el medio político e intelectual, dominado por blancos y mestizos, y cuando eligió reindianizarse, fue cuestionado como no indio, pues su capital cultural sobrepasaba el que los indios están permitidos a poseer. Sobre este punto Hilda Reinaga me relató una anécdota muy elocuente sobre su amigo, el sacerdote jesuita y antropólogo Xavier Albó, nacido en Cataluña y afincado desde 1952 en Bolivia, experto en la problemática indígena:

Albó fue a Macha a averiguar porque no se convencía de que Don Fausto era indio, y cuando llegó, le dijo en quechua:

-habías sido indio pues siempre, yo no quería convencerme, he ido al lugar donde has nacido y he hablado con la gente de ahí. Reinaga le contestó

-Que cura más bandido eres, ¿por qué no me has creído?, si yo no miento.16

En 2002 el mismo Xavier Albó, no obstante la autoadscripción de Reinaga, lo caracteriza como “El principal intelectual no indígena que… (formula) una propuesta realmente “india”. (Albó; 2002:183).

 

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Fabiola Escárzaga

Socióloga, maestra y doctora en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Profesora-investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco, desde 1997.

Departamento de Política y Cultura, Área Problemas de América Latina.