El estado de las Autonomías Indígenas

Estado plurinacional y autodeterminación indígena

Sofía Cordero Ponce
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 24
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Ecuador y Bolivia se reconocen como Estados plurinacionales y lo ratifican en sus nuevas constituciones aprobadas en referéndum a partir del año 2008 y 2009 respectivamente. Las Asambleas Constituyentes de Bolivia y Ecuador1 fueron resultado de procesos de agitación social en donde se plasmaron las demandas por Estado Plurinacional construidas durante décadas por los pueblos indígenas de ambos países. El Estado Plurinacional para los pueblos indígenas en Ecuador y Bolivia se asienta sobre la base del reconocimiento de las nacionalidades y pueblos indígenas y las naciones y pueblos indígena originario campesinos respectivamente, lo que implica la aceptación de una serie de derechos colectivos a través de los cuales estos sujetos pueden ejercer su derecho a la autodeterminación mediante la construcción de autonomías indígenas.

Estas experiencias permiten reflexionar de otra manera las nociones de Estado, nación y autodeterminación. Para evaluar sus aportes en el debate y en los desafíos de diseño institucional abordamos cuatro aspectos: 1) la crisis del nacionalismo tradicional expresado en la figura del Estado nación como modelo homogéneo y las críticas desde el multinacionalismo y, sobre todo, del nacionalismo indígena que parten de reconocer la diversidad étnica y cultural de la sociedad, 2) las nuevas ideas de Estado nación y autodeterminación sobre las que es posible pensar el Estado Plurinacional a partir de los casos de Ecuador y Bolivia, en un ejercicio de doble vía en donde la lógica y conceptos del multinacionalismo y el nacionalismo indígena permiten pensar los procesos de autodeterminación como autogobierno y autonomía indígena, 3) el proceso de construcción de autonomías indígenas en Bolivia y Ecuador evaluando su carácter político, performativo, experimental y democrático. A partir de estos elementos 4) se discuten los aportes para el debate sobre las nociones de Estado, nación y autodeterminación y las novedades institucionales que surgen de las autonomías indígenas.

Ecuador y Bolivia han pasado a formar parte de aquellos países que reconocen la diversidad de sus sociedades y desafían así a la ficción del Estado nación que se asienta en una relación unívoca entre una nación y un Estado, en donde la nación única y homogénea ejerce su derecho de autodeterminación en un territorio delimitado que coincide con las fronteras estatales. En este trabajo se evidencia cómo a partir de los casos de Ecuador y Bolivia se puede discutir y enriquecer los debates presentes en la teoría política respecto a los desafíos que tienen las sociedades heterogéneas de construir esquemas institucionales que permitan la convivencia pacífica de varias “naciones” dentro de un mismo Estado.

Nacionalismo,multinacionalismo
y nacionalismo indígena

Ciertos autores como Ernest Gellner (2008) y Elie Kedourie (2000) se plantearon las limitaciones del nacionalismo para pensar en posibilidades de convivencia pacífica entre múltiples naciones dentro de las fronteras de un mismo Estado. Ambos autores comprenden al nacionalismo como una doctrina o ideología política cuya aplicación histórica permitió la construcción de naciones basadas en el exterminio o asimilación de otras naciones y culturas rechazando su carácter de sociedades diversas. Sin embargo, estos autores no dieron el salto hacia la formulación de posibilidades teóricas e institucionales que viabilicen la convivencia pacífica en sociedades heterogéneas étnica y culturalmente.

El multinacionalismo como corriente teórica surge a partir de las críticas al nacionalismo pero también de experiencias de países que se han visto ante el reto de construir esquemas institucionales que permitan la convivencia pacífica de sus sociedades heterogéneas. Canadá, Bélgica, Nueva Zelanda, Australia, y países que han vivido procesos de descolonización durante el siglo XX como los de la ex URSS, África y la India son los que han aportado a una serie de reflexiones que desde el multinacionalismo cuestionan la lógica nacionalista que supone la coincidencia obligatoria entre una nación y un Estado (Máiz y Safran 2002; Requejo 2001; Keating 2001). El multinacionalismo brinda las herramientas teóricas necesarias para replantear las ideas de Estado, nación y autodeterminación a partir de una lógica multinacional. Para que esa nueva lógica sea posible, el multinacionalismo plantea entender de otra manera las nociones de Estado, nación y autodeterminación, para que se pueda construir el nuevo entramado teórico del Estado multinacional.

Bajo la misma lógica del multinacionalismo surge el nacionalismo indígena como corriente teórica que toma en cuenta la especificidad de las experiencias de pueblos indígenas que han sufrido procesos de colonización y plantean sus reivindicaciones a partir de dos elementos fundamentales: la continuidad histórica y la experiencia colonial (Buchanan 2004; Keal 2003; Poole 2004; Murphy 2004; Máiz y Safran 2002; Máiz 2007). El nacionalismo indígena constituye la herramienta adecuada para explicar los procesos de cuestionamiento al Estado nación a partir de las reivindicaciones de los pueblos indígenas latinoamericanos por un Estado Plurinacional3.

A continuación se plantean las nuevas ideas de Estado nación y autodeterminación sobre las que es posible pensar el Estado plurinacional y analizar los casos de Ecuador y Bolivia para un ejercicio de doble vía en donde la lógica y conceptos del multinacionalismo y el nacionalismo indígena permiten pensar los procesos mencionados, pero estos también dan pautas para enriquecer la propuesta teórica a partir de las experiencias.

Estado, nación y autodeterminación en el multinacionalismo y el nacionalismo indígena

En este acápite se presentan los debates en torno a las nociones de Estado, nación y autodetermimnación a partir de cuestionamientos a las definiciones convencionales.

Otra idea de Estado

La ficción del Estado nación se basa en el argumento de que una nación única es titular de la soberanía y ejerce su derecho de autodeterminación en el territorio que ocupa, dándose y legitimando un gobierno propio. En esta lógica los conceptos de nación, autodeterminación y Estado se entrelazan para dar vida al Estado-nación. Sin embargo, la aceptación de la existencia de varias naciones, pueblos o nacionalidades dentro de un mismo Estado exige discutir la ficción del Estado-nación, la construcción teórica que lo solventa y los canales institucionales y estatales que son resultado de la lógica nacionalista.

El multinacionalismo cuestiona la noción de Estado nación en toda su complejidad, como entramado conceptual y como aparato que regula el orden en la comunidad política. El multinacionalismo tiene alcances e implicaciones que replantean las formas y capacidades del Estado nación que obedece según Ernest Gellner al período de la era industrial y el desarrollo del capitalismo. Resultan interesantes los desafíos que el Estado multinacional plantea a una supuesta “realidad ineludible” que corresponde a un período histórico y que llegó a nuestros países a través de la colonización. El Estado multinacional no se construye como la expresión política de la cultura de la sociedad industrial, construida en base a las premisas de la homogeneización y asimilación cultural.

Lo anterior nos remite a una de las bases fundamentales del Estado multinacional que es el cuestionamiento a la relación unívoca supuesta por el nacionalismo entre Estado y cultura. Así los autores del multinacionalismo han problematizado esa relación reconociendo la necesidad de replantear el Estado nación en tanto “entidad monocultural y uninacional que dio paso al centralismo político” (Requejo 2001, 8).

El Estado multinacional en ese sentido surge de un profundo debate entre el liberalismo político y el pluralismo cultural y del reconocimiento de los límites del liberalismo para comprender la diversidad cultural. Requejo propone revisar los derechos universales planteados por el liberalismo y su capacidad de abarcar derechos culturales. Afirma que, para poder pensar el Estado multinacional, la democracia liberal no puede basarse solo en concepciones abstractas que descalifican cualquier forma de particularismo cultural, sino que es necesaria una “[…] revisión que refuerza una mayor negociación normativa y reconocimiento entre diferentes tradiciones culturales” (Requejo 2001, 112). Con esto, el autor quiere romper la brecha entre los valores universales del liberalismo y los componentes culturales de la identidad.

El Estado multinacional se constituye como el garante de la negociación normativa y reconocimiento entre diferentes tradiciones culturales, así como de la renegociación de los términos para la acomodación de la diversidad a partir de repensar la distribución del poder, y en último término de la soberanía (Keating 2001, 47).

Otra idea de nación

El multinacionalismo y el nacionalismo indígena replantean la idea de nación para dejar de considerarla un hecho social objetivo e independiente de las artificiales fronteras del Estado y de la eventual conciencia nacional de sus integrantes, una comunidad que comparte una misma etnicidad diferenciada frente a otras, articulada a partir de elementos diacríticos como raza, lengua, cultura, tradiciones, territorio, mitos y símbolos. (Máiz y Safran 2002, 71). Se trata de abandonar la idea de nación como un cuerpo colectivo homogéneo que presenta evidencias indiscutibles para distinguir un “nosotros” y un “ellos”. Las naciones en la lógica multinacional son procesos abiertos, inacabados, que pueden replantearse a lo largo del tiempo y que se construyen en la interacción entre las distintas identidades y comunidades pero también en las relaciones con las instituciones del Estado (Máiz y Safran 2002).

Otra idea de autodeterminación

La autodeterminación en el multinacionalismo deja de tener como horizonte la estatalidad y por tanto, la secesión. La autodeterminación en la lógica multinacional implica el derecho de los pueblos para definir su forma de vida y configuración cultural, social y política (Máiz 2007; Keating 2003; Buchanan 2004; Requejo 2001). La autodeterminación así entendida supone límites y compromisos para su ejercicio que se traducen en consideraciones jurídicas y políticas que regulan la diversidad interna de la comunidad política (Máiz 2007). La autodeterminación también se refiere a la articulación política de las demandas de autogobierno de las distintas naciones, lo que exige que la posición de las distintas naciones en el orden institucional sea negociada (Keating 2001, 43).

Estado, nación y autodeterminación indígena

El nacionalismo indígena asume todos los preceptos que componen las nuevas ideas de Estado, nación y autodeterminación hasta aquí presentados. Sin embargo, se inscribe en un campo de elaboraciones conceptuales que surgen de las experiencias de los pueblos indígenas colonizados en distintos contextos nacionales. El nacionalismo indígena va más allá de la discusión conceptual sobre los alcances de la soberanía y los criterios diferenciadores de las naciones para tomar en cuenta la continuidad histórica y la experiencia colonial como elementos fundamentales para definir el nuevo entramado que compone el Estado Plurinacional. Cabe aclarar que aquí nos referiremos al Estado Plurinacional y no multinacional, por ser aquel que surge de las demandas de los pueblos indígenas latinoamericanos y en particular, de Bolivia y Ecuador.

La idea de autodeterminación como autonomía indígena se refiere a la articulación de las demandas de autogobierno de los pueblos, naciones o nacionalidades indígenas reconocidos por el Estado Plurinacional. La autodeterminación adquiere un sentido reivindicativo que parte de la experiencia colonial de los pueblos indígenas en donde fueron despojados no sólo de sus territorios y medios de sobrevivencia material, sino de su derecho a existir como comunidades con cultura, formas de convivencia e historicidad propias. Por tanto se vuelve fundamental también la noción de continuidad histórica, porque sólo a través de la recuperación de las historias particulares de estas comunidades pueden ellas mismas plantear reivindicaciones respecto a su derecho a la autodeterminación con implicaciones culturales, políticas y territoriales.

La articulación política de las demandas de autodeterminación de los pueblos, naciones y nacionalidades indígenas y la negociación de su posición en el orden institucional implica el reconocimiento de sus demandas por autogobiernos territoriales, y por tanto, el reconocimiento de esquemas institucionales que contemplen la posibilidad de autonomías indígenas.

La idea de nación en el nacionalismo indígena también está atravesada por los elementos de la continuidad histórica y la experiencia colonial porque surgen de procesos críticos con la idea de nación mestiza que los ha sometido a la asimilación cultural desde la conquista española. La idea de nación propia del nacionalismo indígena plantea el desafío de revertir las relaciones de dominación heredadas desde entonces (Keal 2003; Buchanan 2004; Poole 2004; Murphy 2004).

Con las nociones de naciones, pueblos y nacionalidades indígenas y de autonomía indígena, el Estado Plurinacional se constituye como aquel que es capaz de construir esquemas institucionales que satisfacen las necesidades y demandas tanto de los pueblos indígenas como de la comunidad mestiza, ya que se atraviesan, se sobreponen y conviven en su territorio. La autodeterminación se expresa en la autonomía indígena como un derecho colectivo que ejerce los pueblos indígenas en sus territorios ancestrales sin cuestionar la soberanía del Estado pero modificando las relaciones entre las instituciones estales y las comunidades lo que implica una ruptura de la herencia colonial.

A continuación se exponen cuatro criterios de análisis derivados de la teoría política de la autonomía de Máiz4 con el objetivo de utilizarlos como herramientas metodológicas para la “evaluación” de experiencias empíricas de autogobierno con base territorial, como son las autonomías indígenas en Bolivia y Ecuador.

Autonomías indígenas: carácter político, experimental, performativo y democrático

El multinacionalismo y el nacionalismo indígena en su replanteamiento de una serie de ideas a partir de experiencias de pueblos que plantean sus reivindicaciones alrededor del mundo, permiten mantener activa una constante ida y venida y retroalimentación entre la teoría y la experiencia. Es por eso que aquí se exponen esos cuatro criterios de evaluación como herramientas metodológicas que hacen posible esa tarea.

El primer criterio de evaluación permite considerar los elementos que hacen posible la manifestación del carácter político de las autonomías indígenas. Este carácter se refiere a la capacidad de las autonomías de constituirse como espacios de autogobierno y no solo de autoadministración. La diferencia entre el autogobierno y la simple administración radica en la existencia de actores cuyas trayectorias históricas han llevado a plantear demandas y propuestas propias para la construcción del autogobierno. Los actores que asumen la tarea de construir autogobierno indígena despliegan una serie de relaciones, intereses, identidades y lógicas de organización que se distinguen de las de los actores que intervienen en nivel nacional de gobierno (Máiz 2007, 33).
El segundo criterio de evaluación se refiere al carácter experimental de las autonomías. La capacidad de experimentar nuevas formas de autogobierno están dadas según este criterio, a partir de los pactos que dan origen a los esquemas institucionales y de la capacidad de las autonomías para innovarse y acomodarse a las demandas de los pueblos indígenas.

El tercer criterio de evaluación se refiere al carácter performativo de las autonomías. Este contempla una relación de “doble vía” entre las instituciones de las autonomías y los pueblos indígenas. Las instituciones reflejan los intereses, demandas y reivindicaciones de los pueblos indígenas, pero también tienen la capacidad de moldear sus identidades y tradiciones.

El cuarto y último criterio se refiere al carácter democrático de las autonomías. Las autonomías indígenas plantean nuevos esquemas para la toma de decisiones y la resolución de conflictos que muestran que la democracia liberal se combina con otras modalidades de participación y representación de los pueblos indígenas que provienen de sus usos y costumbres que se conoce como democracia comunitaria.

Bolivia: autonomía indígena y Estado plurinacional

En el caso boliviano utilizamos como ejemplo dos municipios con población mayoritaria origanaria y campesina (Jesús de Machaca y Charazani) que ingresaron al proceso de autonomía indígena. Su trayectoria de lucha es anterior a la instauración del Estado plurinacional y la riqueza de estos casos nos permite analizar su carácter experimental, performativo, político y democrático, a pesar de que no han culminado su consolidación como autonomías.

Carácter experimental. La evaluación del carácter experimental de las autonomías implica mirar los pactos que se establecen entre los actores y les dan origen. En este caso los pactos se dieron entre el Estado y los pueblos indígenas a través de los debates en la Asamblea Constituyente que dieron como resultado una nueva Constitución que fue aprobada en 2009 vía referéndum. Para evaluar en qué medida la nueva Constitución canalizó las demandas de los pueblos indígenas tomamos tres ejes que obedecen a la discusión teórica elaborada hasta aquí: el Estado plurinacional, la nación y la autodeterminación. Respecto a las nociones de Estado plurinacional y nación, la nueva Constitución incluye las demandas de los pueblos indígenas, al dejar de lado la noción de Estado nación y mencionar un concepto de nación que está integrado en sí mismo al sujeto colectivo: Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos. Respecto a la autodeterminación, la nueva Constitución no incluyó la demanda de los pueblos indígenas de manera total porque reconoce el derecho a la libre determinación de los pueblos indígenas, pero deja de lado la demanda de reconstitución territorial e identitaria. Para los pueblos indígenas la forma de ejercer una real autodeterminación es reconstituyendo los territorios antes habitados por ellos y sus antepasados, y reincorporando usos y costumbres en la práctica política. Sin embargo, en la nueva Constitución el reconocimiento de la libredeterminación se plantea solo en tanto no se altere la actual división territorial del país.

Las autonomías indígenas en Bolivia son procesos que van mucho más allá de su reconocimiento en la Constitución del Estado Plurinacional. Esto se hizo evidente cuando fue necesario mirar al pasado para comprender a sus actores, su capacidad de adaptarse a las demandas de los pueblos indígenas y las formas de democracia comunitaria que se despliegan y que se renuevan constantemente.

El carácter experimental de las autonomías en Bolivia puede analizarse en la historia larga, sin embargo fue necesario tomar un punto de referencia para comprender los alcances y limitaciones del nuevo contexto político y normativo del Estado Plurinacional. Durante el gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada (1993-1997) se emprendió el proyecto más ambicioso desde el retorno a la democracia por establecer un modelo de descentralización planificado “desde arriba” a través de la Ley de Participación Popular (LPP)5 de 1994. El esquema de municipalización fortaleció liderazgos locales campesinos e indígenas que entraron a la competencia electoral ya sea con sus propias organizaciones o a través de partidos y movimientos políticos como el Movimiento al Socialismo (MAS). A partir de entonces inició un proceso de convivencia entre las instituciones municipales y las tradiciones de las organizaciones originarias con sus usos y costumbres. La hibridación de formas comunitarias y occidentales de hacer política se fortaleció desde 1996 con el reconocimiento de las Tierras Comunitarias de Origen mediante una ley agraria (INRA) que permitió el fortalecimiento de la organización comunitaria que está muy vinculada a la tenencia colectiva de la tierra. Estas dos leyes han sido reconocidas como el avance más significativo de la historia hacia la descentralización y como el “embrión” de las autonomías indígenas.

La convivencia de las instituciones municipales con los usos y costumbres generó escenarios locales con una alta capacidad de experimentación porque las demandas de los pueblos indígenas se canalizaron hacia complejos sistemas de toma de decisiones donde las relaciones algunas veces eran fluidas y otras veces conflictivas.

Así ocurrió en el caso de Jesús de Machaca desde la década del noventa cuando las autoridades originarias buscaron las maneras de ser un municipio autónomo. Aprovechando los instrumentos legales lograron primero ser reconocidos como distrito indígena y, con ese estatus, los concejales que lo representaban en el espacio municipal plantearon sus demandas como autoridades originarias frente a otros concejales de carácter más urbano. Más adelante, Jesús de Machaca fue reconocido como municipio autónomo y se consolidó como uno de los casos emblemáticos por combinar la forma distrital urbana de dividir el territorio y la forma tradicional de los ayllus, que divide el territorio en dos parcialidades, una arriba y otra abajo. El sistema de elección de autoridades por distritos se adaptó al sistema rotativo de elección de autoridades conocido como muyu o por trayectoria como thaki.

El caso de Charazani tiene una trayectoria distinta que desde los noventa va dibujando un escenario complejo que determina su carácter experimental. Su lucha no fue tanto por el reconocimiento como municipio, sino por el reconocimiento de la identidad Kallawaya y por la convivencia de una diversidad de identidades asentadas en diversos pisos ecológicos. De sus 9.161 habitantes, el 96,62% se autoidentificó como pueblo indígena en el año 2001, el 82,10% como quechua y el resto como aymara. Por sobre las dos identidades predominantes en las tierras altas de Bolivia (aymara y quechua) se sobrepone la identidad del pueblo kallawaya. A partir del año 2000 los kallawayas del municipio lucharon por el reconocimiento como pueblo y en el año 2003 la UNESCO los declaró patrimonio oral intangible de la humanidad por su tradición de medicina tradicional ancestral. La identidad de la nación kallawaya se fortaleció a partir de los debates y el clima generado en la Asamblea Constituyente y desde entonces juega un papel fundamental en el proceso de construcción de la autonomía en Charazani porque es el eje de la reconstitución de usos y costumbres en el municipio.

La complejidad identitaria de Charazani está atravesada por factores territoriales que generan además distintas formas de organización política. El municipio se divide en tres regiones: el trópico, que se caracteriza por el cultivo de la hoja de coca y sus pobladores se organizan en la Federación Originaria Yungas Carijana Agroecológica (FOYCAE). Esta se fortaleció en la década del noventa a partir del ascenso del MAS, cuyo núcleo organizativo reside en las federaciones de cultivadores de hoja de coca del Chapare.La región de los valles se caracteriza por el cultivo de productos como maíz, arveja, frejol, y sus pobladores de organizan desde principios de los años ochenta en la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de La Paz-Tupaj Katari (FSUTCLP-TK), filial departamental de la CSUTCB de nivel nacional. En la región altiplánica se encuentra una mayoría de población aymara que se dedica al cultivo de papa y la crianza de llamas y se organizan desde 1999 en el Consejo de Ayllus y Marcas del Qollasuyo (CONAMAQ) que como se vio antes, articula a comunidades, ayllus y markas que preservan su organización tradicional. Esta es la complejidad identitaria y organizativa que se consolidó en las décadas previas al proceso de transición a la autonomía y que sin duda determina el carácter experimental de la autonomía indígena en Charazani.

Desde 2009, con la nueva CPE en vigencia, se inició el proceso de conversión de municipio a autonomía indígena mediante referendo. De quince municipios, 14 aprobaron esa transición. Sin embargo, debido al carácter fluido y conflictivo que mencionamos, ni en Jesús de Machaca ni en Charazani hubo acuerdos para aprobar sus estatutos y no se avanzó en la consolidación de sus autonomías. Hasta la fecha, y recién desde este año, se han conformado autogobiernos en tres autonomías indígenas pero están en proceso más de una docena. El caso más importante es Charagua, el municipio más grande de Bolivia. En unos casos se plantea una convivencia entre las formas occidentales y originarias, en otros predomina el retorno a los usos y costumbres y el abandono de las formas de gestión municipales.

Carácter político. Para evaluar el carácter político de las autonomías también es necesario regresar a la década del noventa, porque las experiencias de convivencia de las autoridades originarias y las municipales generaron sistemas de actores locales propios. Las autoridades originarias tuvieron acceso a las instancias municipales y las cuestionaron desde dentro. La Marca de Comunidades Originarias de Jesús de Machaca (MACOJMA) se consolidó como organización propia de los ayllus de Jesús de Machaca y desafió a los partidos políticos “occidentales” en el terreno electoral. En Charazani la experiencia fue distinta, porque en lugar de que las organizaciones locales propias se consoliden como vías para la participación electoral, estas se sumaron al MAS por las oportunidades de acceso a la competencia electoral abiertas por ese partido. La FSUTCLP-TK creada en los ochenta, FOYCAE creada en los noventa y CONAMAQ6 creada en 1999 se articularon al MAS incluyendo en sus listas a sus autoridades originarias.

En Jesús de Machaca se consolidó un sistema de actores desde los años noventa que fue capaz de llevar adelante un proceso exitoso hacia la conversión a la autonomía indígena al menos en su primera fase. En Charazani, en cambio, el proceso hacia la autonomía indígena se inició recién en 2006 cuando el MAS entró a ocupar cargos en el municipio con alcalde y tres concejales. Se puede diferenciar dos procesos: en el caso de Jesús de Machaca, el MAS estuvo involucrado pero sólo fue el vehículo para que las autoridades originarias lleven adelante el proceso a la autonomía madurado durante años de la mano de MACOJMA y la organización de los ayllus; en el caso de Charazani, el MAS lideró el proceso hacia la conversión del municipio en autonomía.

El criterio de evaluación del carácter político de las autonomías tiene la virtud de permitir mirarlas como procesos en constante cambio. El ejemplo de Jesús de Machaca mostró que hasta el año 2010, en la primera fase del proceso hacia la autonomía, tanto MACOJMA como el MAS apoyaron el proceso y que, a partir de ese año, el MAS se convirtió en el principal obstáculo y boicoteó el proceso desde el espacio municipal a través de autoridades electas que buscaban mantener sus cargos en lugar de promover la transición a la autonomía. Un obstáculo que se mantiene hasta el presente.

El criterio permitió percibir los cambios en los actores que intervienen en las autonomías, y cómo estos juegan distintos roles de acuerdo a los contextos que se van configurando y que están influenciado por los cambios en otros niveles de gestión estatal. En Bolivia se puede ver, entonces, que el MAS se comporta de maneras distintas en el nivel nacional y en los niveles locales, así como diverge de un municipio a otro, dependiendo de los actores con los que establece relaciones, de los intereses en juego en el municipio, y de las características de sus militantes y dirigentes.

Se evidenció que los municipios en Bolivia son escenarios en donde se reflejan trayectorias históricas de los pueblos indígenas y las relaciones que han tenido con el Estado. El caso de Charazani refleja nítidamente la realidad compleja de los pueblos indígenas en las tierras altas de Bolivia a través de sus tres organizaciones: la tradición e identidad cocalera del trópico en FOYCAE, la tradición sindical campesina de la FSUTCLP-TK, y la tradición de organización comunal en torno al ayllu de CONAMAQ.

Carácter performativo. Las instituciones de los municipios indígenas consolidados durante la década del noventa demostraron ya su carácter performativo porque, en lugar de establecer una división entre las instituciones “occidentales” y las originarias, generaron un nuevo sistema complejo donde las fronteras son difusas y lo indígena originario permea todas las instancias de decisión municipal. El sentido de doble vía entre las instituciones municipales y los usos y costumbres permitió la complejización de las instituciones y esto fue de la mano con procesos de complejización identitaria vividos por los pueblos aymaras y quechuas en las últimas décadas.

El proceso de transición a la autonomía indígena también evidencia el carácter performativo de las autonomías cuando en la redacción de los estatutos se plasman las demandas de los pueblos quechuas y aymaras que consisten en retornar, con más profundidad que nunca, a los usos y costumbres. Los estatutos autonómicos tanto en Jesús de Machaca como en Charazani reflejan el fortalecimiento de las identidades aymara y quechua a través de la puesta en marcha de un sistema de instituciones autónomas que obedece a usos y costumbres que en algunos casos se habían debilitado. Ejemplos claros al respecto fueron el retorno a las divisiones tradicionales del territorio en parcialidades, en ambos casos, y la reconstitución de la forma tradicional de elegir autoridades y manejar el poder a partir de la rotación o muyu y de la trayectoria o thaki.
Sin embargo, como vimos, el carácter político provocó que se paralizara ese proceso de consolidación de autonomía indígena y se mantenga, hasta la fecha, el modelo municipal pese a los avances en la recuperación de usos y costumbres.

Carácter democrático. Evaluar el carácter democrático de las autonomías constituye el más complejo desafío porque se refiere a las formas y procesos de toma de decisión activados en las autonomías. Se pudo establecer que las autonomías cuentan con instrumentos y procedimientos que se inscriben en el ámbito de lo formal, en este caso, en los procedimientos establecidos tanto para la entrada en el proceso de transición (referendo) como para la redacción de los estatutos (control del Tribunal Constitucional), pero también en los usos y costumbres de las organizaciones originarias (muyu y thaki) que se encuentran fuera de esta formalidad pero amplían la capacidad representativa de la democracia; sin embargo, como vimos, los vínculos entre ambos dependen de la disposición de los actores y el contexto político en el que están inmersos. Los casos muestran que en Jesús de Machaca las autoridades originarias tuvieron que luchar contra los obstáculos impuestos por el partido de gobierno recurriendo a procedimientos improvisados para la resolución de los conflictos, en cambio, en Charazani, el MAS puso en marcha los dispositivos previstos en los procedimientos formales para viabilizar y resolver los conflictos entre los actores locales.

Los avances en ampliar la democracia, como ya dijimos, tuvieron un freno porque no hubo consenso sobre los estatutos autonómicos respecto, precisamente, al tipo de vinculación entre la formalidad liberal “occidental” y los usos y costumbres de las comunidades indígenas.

Bibliografía

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Sofía Cordero Ponce

Doctorado en Ciencias Sociales con mención en Estudios Políticos. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Sede Ecuador.

Título de la tesis: “Estado plurinacional y autodeterminación en Bolivia y Ecuador: experiencias de construcción de autogobierno indígena”.

Maestría en Ciencias Sociales con mención en Ciencia Política. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Sede Ecuador.

Título de la tesis: “MAS y Pachakutik: la lucha por la inclusión política en Ecuador y Bolivia”.

Licenciatura en Artes Liberales. Universidad San Francisco de Quito. Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades.