¿Estamos ante una Nueva Ola del Feminismo?

María Belén Luna Sanz
Publicado en mayo 2017 en La Migraña 21
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Hace unos meses, una compañera danesa me realizó una entrevista para un documental respecto al movimiento “NiUnaMenos” en Bolivia. Ella me preguntó ¿Por qué creía que la marcha del 25 de Noviembre del 2016 tenía una relevancia tal en la realidad boliviana? En ese momento vino una respuesta de necesidad inminente a mi cabeza y era “¿Qué tal si Bolivia no agarra la ola?”. Y en ese momento, fue clara la respuesta sobre la situación actual boliviana: estamos ante una Nueva Ola del Feminismo.

Lo particular de esta nueva ola, es que es latinoamericana. Las latinoamericanas hemos esperado históricamente este momento, escuchando atentamente necesidades traídas del Norte Global y adaptándolas a nuestras necesidades del momento. Incluso dentro de las olas pendulares identitarias que caracterizaron a las revoluciones sociales del anterior siglo, las latinoamericanas nos hemos identificado y adaptado a agendas extranjeras. Hoy, que circula ese mito social de que algunos países ya han logrado la igualdad entre hombres y mujeres (por ejemplo, en Dinamarca); las mujeres latinoamericanas hemos tomado la batuta del cambio, liderando una nueva ola del feminismo que finalmente surge de nosotras y para nosotras, y que no necesita ser adaptada a nuestra realidad, sino que ha sido moldeada para ella.

Latinoamérica y sus mujeres, están hoy dispuestas a saldar la deuda social que se ha acumulado históricamente. La pregunta es: ¿Qué pasa si no agarramos la ola?, lastimosamente, creo que podría pasar lo que a muchos países nos ha pasado: tener que esperar la próxima para poder realizar la revolución feminista. Por eso, insto a todas mis compañeras latinoamericanas a unirse a esta lucha en la que todas debemos tener voz.

Quizás más que un artículo simplemente académico, se puede entender como un llamado a la acción. Nos están asesinando, simbólica y físicamente, cada vez más rápido y ya no podemos tomar el riesgo de dejar pasar esta Nueva Ola.

Las anteriores olas del Feminismo

Para comprender esta nueva Ola del Feminismo, es de suma importancia conocer a las anteriores. Para lo mismo, recurriré a la categorización de Amelia Valcárcel (2009) , que es a mi criterio, una de las más representativas. Es importante, sin embargo, saber que la caracterización responde a una lógica descriptiva más que analítica, dado que ese no es el objetivo de este artículo.

En la primera ola, las demandas eran de tipo ciudadano, derechos como los de la educación y la aceptación de la intelectualidad femenina. Esta ola es más caracterizada por pertenecer a una clase alta, blanca. En la segunda, las sufragistas tomaron el liderazgo, y sus activistas se conformaban por clase media y baja (lo cual no implica la limitación de la participación de otras clases sociales). La tercera, reivindicó cuestiones que eran denominadas como privadas, y que implicaban la deconstrucción de la femineidad y enarbolaban la bandera de que “lo personal es político”.

Entonces, ¿cuáles serían las características de esta nueva ola? Y ésta es la parte más apasionante: todas las anteriores. La realidad, es que Latinoamérica, no ha saldado aún ninguna de esas deudas sociales, políticas, económicas ni privadas.

La situación actual de los Derechos de las Mujeres en Bolivia

Para demostrar la afirmación de que existen deudas sociales en Bolivia, que responden a las anteriores olas del feminismo, me voy a centrar en la realidad boliviana, debido a que tampoco quiero cometer el error de apropiarme de realidades extranjeras como se ha hecho históricamente desde el Norte Global. No obstante, en algunos casos específicos, tomaré datos de algunos países latinoamericanos. Utilizaré tres elementos (básicos): educación, participación política y reapropiación de nuestros cuerpos.

Educación

En el área rural, en los rangos de edades de 40 a 64 años, el analfabetismo es de 43,3% en mujeres, frente al 10,2% en hombres (La educación en Bolivia: Indicadores, cifras y resultados, 2004). Cuatro veces menos respecto a las mujeres.

En la misma área, pero en otro rango de edad (15 o +) el censo del 20013 la brecha sigue siendo alarmante, de 37,9% en mujeres, contra 14,4% en hombres. Y aunque en el área urbana, es mucho más bajo el índice, sigue siendo proporcionalmente crítico (2,5% en hombres y 10% en mujeres- 4 veces más). (Mujeres y Hombres de Bolivia en cifras, 2009).

Las anteriores cifras indican que, aún sigue siendo prioridad educar a varones antes que a mujeres, y siendo en algunas circunstancias, “necesaria” dicha elección, el sistema sigue manteniendo y agudizando nuestra vulnerabilidad.

Quizás, para clarificar esta situación, deberíamos ponerla en un ejemplo. El primer dato, implica que 43,3% de las mujeres que quieren realizar un simple trámite, tiene que relegar toda su confianza (y por ende responsabilidad) a un tercero porque no saben leer ni enunciar su conformidad en un papel. Esas mujeres de 40 a 64 años en este tipo de situaciones son infantilizadas e inhabilitadas para tomar decisiones informadas, lo cual no sólo tiene una carga simbólica, sino también práctica.

Según Hugo Casanova en una entrevista, la situación en México es similar. El afirma que “los porcentajes de analfabetismo han permanecido casi estáticos a lo largo de una década: 40 % varones, 60 % mujeres” (Rojas, 2014).

Participación política

Esto nos lleva al segundo mito: el de la paridad política. Si bien hace unos años se logró un salto legal en el cual se acordó la paridad de género, el último gabinete conformado por el presidente Evo Morales, contó con sólo 20% de mujeres en su composición. Además, en un informe de ACOBOL citado en la página de UN WOMEN, respecto a los resultados de las elecciones del 2015, “no existe ninguna mujer como Gobernadora y sólo 27 de los 339 municipios (8%) tienen a una Alcaldesa” (2016). Esta no es simplemente una crítica a este factor del gobierno actual, sino al sistema mismo que desincentiva y acosa políticamente a mujeres, a pesar de las legislaciones vigentes, y ese es un hecho que traspasa barreras ideológicas o partidarias.

Y se preguntarán, ¿para qué es necesario tener mujeres en el poder? Es una necesidad urgente porque las legislaciones sobre y para las mujeres sólo deberían ser realizadas por y para las mujeres. Esto puede parecer un poco cortante y exclusivo, sin embargo, ¿quién puede legislar sobre las vivencias del “ser mujer” mejor? Por supuesto que una mujer. Históricamente nos han “enseñado” y “mansplainizado” el “ser mujer”, y eso no ha hecho más que esclavizarnos y encarcelarnos en categorías convenientemente cerradas y alejadas de las tomas de decisiones.

Reapropiación de nuestros cuerpos

En este caso nos encontramos con una categoría que se hace aún más difícil de delimitar, debido a que muchas mujeres pueden argumentar que sus acciones son “por decisión propia”. Sin embargo, ¿es posible dar ese tipo de afirmación cuando se sigue adoctrinando a las niñas con muñecas y juguetes de elementos de cocina y de cuidado; y/o cuándo los dogmas patriarcales religiosos adoctrinan desde la infancia? (claro, predominantemente y no en un dato total). Dejo esta pregunta abierta al debate.

Lo que sí se puede afirmar formalmente es lo que tenemos en materia legal. En Bolivia sigue siendo penalizado el aborto8, y ese es el caso del 89% de los países latinoamericanos:

De 34 países de América Latina y el Caribe, sólo 4 tienen aborto libre y seguro sin restricción de causales. Lo que todas las anteriores causales quieren decir, no es que les importa la vida del “no-nacido”, sino que la vida de las mujeres tiene que estar en riesgo, tienen que ser de bajos recursos o tienen que haber sido violentadas; para recién tener derecho sobre su cuerpo. Es decir, que sólo ante ciertas circunstancias, su cuerpo es suyo; lo que hace notar que bajo este concepto, la mayoría de su vida lleva un cuerpo que no es suyo y sobre el cual no tienen poder de decisión.

La realidad es que no existe ninguna razón no-religiosa que se pueda utilizar para argumentar este tipo de legislaciones que quitan importancia a nuestras vidas, lo cual nos lleva a otro mito: el Estado Laico. Este tipo de Estado, se caracteriza no por simplemente dejar de financiar Iglesias o las diferentes religiones que puedan componerla, sino también por autoridades políticas, que aunque con creencias religiosas, no dejan que estas influyan en la materia política-legal. Podemos ver que eso no ha pasado en Bolivia y en otros países que se definen bajo ese concepto.

Hay incluso muchos (por no decir la mayoría) médicos que ante el pedido de ligamiento de trompas, siguen pidiendo autorización firmada de la pareja (de haberla) y luego la conformación de un comité de médicos que debatan la decisión. Se entiende que se refiere a protocolos establecidos, pero la pregunta es ¿por qué no existe ese mismo procedimiento para la vasectomía? El tema de fondo, es que simbólicamente las decisiones de nuestros cuerpos son atribuidas a personas ajenas, e incluso en algunos casos, a personas a las que aún no hemos conocido (la futura pareja, por ejemplo).

Más allá de las relaciones de poder, en cuanto a derechos reproductivos, también podemos hablar de la expropiación de la sexualidad femenina que representa el concepto de “pureza” que se contrapola en una especie de equilibrio con el de la “suciedad femenina”, ambas en modelos religiosos. Cuál de las percepciones pesa más, no es relevante, sino los efectos que traen consigo, que tienen como foco la demonización de la sexualidad que salga de parámetros heteropatriarcales (Doring, 1990).

Posibles Características de la Nueva Ola del Feminismo

Entonces, ese es el tipo de deudas sociales que esta nueva ola del feminismo va a trabajar. Se preguntarán entonces ¿cuál es la diferencia? A continuación incluiré algunas características que se han hecho evidentes hasta el momento, sin intentar limitarlas a estas, sino promoviendo el debate y abierta a nuevos aportes.

Regionalismo: Por y Para las latinoamericanas

Las propuestas vienen desde y para las latinoamericanas, desde una acción conjunta que gracias a la facilidad para unir esfuerzos que nos traen los medios de comunicación, trabajamos como bloque latinoamericano. Es decir que el apoyo para nuestras demandas, no viene únicamente a nivel nacional, sino que la política digital (Lozada, 2001) y este nuevo modo de participar en el debate político, como lo son Twitter y Facebook, entre otros; nos ha dado la posibilidad de generar alianzas regionales que unen mujeres de diferentes lugares y condiciones para dar apoyo a los desafíos de otros países.

Ejemplo de aquello, fue la marcha del 19 de Octubre y 25 de Noviembre del 2016; en el cuál las mujeres de toda Latinoamérica unieron su voz al unísono para exigir que se declare Emergencia Nacional a sus respectivos gobiernos. La primera, de Octubre, tuvo la particularidad de ser organizada en apenas días y de haber generado una reunión de feministas de todas las corrientes. Se preguntarán ¿cómo se logró aquello y por qué? Una mujer fue asesinada luego de ser violada y empalada en Argentina y las redes sociales y medios de comunicación en Latinoamérica estallaron con indignación. Se pidieron medidas urgentes para dar una solución a esto, para pedir la Justicia que en general no llega.

Liderazgo: Por y Para las mujeres

Otra característica de esta nueva ola, es que sus interlocutoras y las agentes de cambio, serán mujeres. No quiero expresar con esto que las anteriores olas no hayan tenido líderes mujeres, porque eso sería desprestigiar, desmerecer y olvidar la luchas de millones de mujeres; sin embargo, es importante resaltar que dada las épocas en las que se gestaron, muchos de sus pasos tuvieron una solución legal a partir de un “permiso implícito” (aunque en la primera, hasta explícito) de los hombres de la sociedad y del poder. En el pasado, incluso las feministas de las primeras olas, tuvieron que supeditar la lucha feminista a una “jerárquicamente más urgente” como la de clases (realidad vergonzosa que se vive aún actualmente). Las mujeres latinoamericanas de esta nueva ola del feminismo, no van a pedir permiso, porque socialmente no lo necesitan más, y porque políticamente, tendrán aliadas en el poder. No se necesitarán “abogados” masculinos que digan lo que nosotras ya dijimos, para que sea aceptado como una realidad.

Las alianzas institucionales públicas y privadas, son menester. Por eso necesitamos se desestigmatice la institucionalización del feminismo. Silvia Federici en una revista de Redacción Plan V (2016), dijo que desconfiaba del Feminismo de Estado, y muchas nos identificamos en sus argumentos. Sin embargo, si en algo acordamos es que es importante cambiar las estructuras patriarcales del Estado y apuesto a que sea desde adentro; y en esa instancia una alianza (aunque crítica) es de suma importancia.

Esto no implica que se excluya a los hombres de la lucha, porque es evidente de que deben formar parte del cambio, pero sí que se respete que el feminismo es un espacio de reivindicación de las mujeres, y que la apropiación de ese espacio por parte de los hombres, no es más que una nueva expresión del patriarcado en el cual se cooptan esfuerzos.

Decía Diana Maffía “A los chongos, si no les tocás sus privilegios, les encanta acompañarnos a las marchas”; y no podrían haberlo dicho mejor. En los últimos años, en cada espacio de debate sobre la violencia contra la mujer, se trató de incluir la violencia simbólica hacia los hombres (por su rol de proveedores, jefes de familia, etc.), en cuyo caso la expropiación de nuestros espacios era evidente. Lo que ellos no han notado, es que ese tipo de “carga social” representa un tipo de violencia más evidente hacia las mujeres.

Ser “proveedor de la familia”, implica la exclusión laboral y económica de las mujeres del mercado y su relegación al papel de cuidadoras, un trabajo de tipo no remunerado que implica dependencia y la vulnerabilidad a un tipo de violencia económica. Ser “jefe de familia”, implica la anulación del poder de decisión de la mujer dentro de la familia, lo cual es doblemente opresiva, siendo que este espacio es el único que se le había asignado histórica y socialmente a la mujer, el del hogar. Entonces, ese tipo de “violencia hacia los hombres” del que tanto se habla para incluirlos en la lucha (porque es claro que no lo harían si sus intereses no estuvieran representados), es simplemente la contraparte de un tipo de opresión machista hacia la mujer.

Más allá de los efectos prácticos y legales, la carga simbólica de las mujeres en el poder, ha demostrado ser influyente en muchos países, generando empoderamiento en las mujeres (Alexander y Jalalzai, 2014), lo cual también neutraliza la idea de que no siempre las mujeres en el poder luchan por los derechos de las mujeres.

Feminismo para todas: interseccionalidad

La última característica que se ha podido reconocer hasta el momento, será la participación de sectores que antes no formaban parte del mismo: mujeres jóvenes de sectores excluidos. No se trata de ser presuntuosa, pero el feminismo ya ha dejado de ser una ideología solamente adulta y de elite, y se ha escabullido a sectores que antes no conformaban estos espacios.

Los aciertos de las primeras olas, han hecho posible que el feminismo llegue a sectores más alejados y la instantaneidad comunicativa de las redes y el internet, han facilitado que estos sectores de mujeres puedan ser escuchadas. Este feminismo, como decía una compañera en redes sociales, ya no busca representar a las mujeres, sino que las convoca a tomar acción.

Esta característica implica un entendimiento complejo de los diferentes tipos de categorías de opresión (Dennis y Ann 2008) que sufren las mujeres latinoamericanas. Esto implica que el patriarcado no es la única plataforma a la que se busca destruir, sino también el capitalismo y neocolonialismo.

Los aportes del Norte Global al feminismo en estos años, han obviado la realidad latinoamericana en la que la vivencia de “ser mujer” es específicamente diferente si eres blanca, morena, afroamericana, indígena o mestiza; y que esta categoría étnica, muchas veces atraviesa también la de clase. Este tipo de características pueden implicar que ciertas mujeres oprimidas bajo el sistema patriarcal, sí pueden ser opresoras bajo los conceptos étnicos o de clase, basados en herencias sumamente coloniales. Si, sostengo, a diferencia de Yuval-Davis (2006), que muchas más mujeres no sólo sufren un tipo de opresión, sino que están bajo una triple opresión sistémica, aunque no significa que se posicione jerárquicamente una sobre la otra, implica que bajo diferentes categorías se puede analizar la lucha feminista de manera diferente. Este tipo de datos, no pueden ser omitidos bajo ningún aspecto, y es justamente por eso que urge una alianza feminista interseccional.

Con esta caracterización no busco limitar esta Nueva Ola del Feminismo, sino a aportar y construir entre todas esta nueva ola que nos invita a tomar acción y ser solidarias; porque sólo con la participación masiva de mujeres en Latinoamérica, será posible lograr estas asignaturas pendientes en nuestros países.

Conclusiones

La conformación de una Nueva Ola del Feminismo, parece ser una realidad inminente. Es nuestro deber como feministas y mujeres luchar para saldar estas deudas históricas que nuestras abuelas también lucharon.

Las deudas para los Derechos de las Mujeres son una realidad. Utilizando el dato de la educación, por ejemplo, las niñas que en los índices tenían 15 años en ese momento, y hoy tienen 31, 32; son una generación que busca respuestas a sus necesidades. Son el 37,9% de mujeres entre 31 y 35 años en la Bolivia rural a quienes les debemos una lucha para que sus realidades cambien exponencialmente al igual que la de las futuras generaciones. Son el 10% de las mujeres del área urbana a las que les debemos tomar acciones, porque no les sirvió su difícil migración para cambiar su situación y siguen siendo vulnerables.

Por otro lado, la representación política, si bien ha logrado un gran avance legalmente después de luchas de años, requiere mayor atención respecto a su cumplimiento. Esto, sin embargo, no es una responsabilidad meramente del Estado. Urge que la sociedad se apropie de su función de control y tome el poder inherente que tiene para exigir el cumplimiento de las normas.
La reapropiación de nuestros cuerpos es una deuda que no es simplemente legal, sino que responde a una emancipación que va desde lo discursivo hasta lo práctico y que requiere un empoderamiento integral de las mujeres. Éste es quizás el proceso más largo al que deberemos enfrentarnos en esta Nueva Ola del Feminismo, ya que tendrá como meta el cambio total del paradigma.

Urge que las mujeres latinoamericanas levantemos las cabezas y nuestras voces para generar un llamamiento a agarrar la ola, antes que esta nos arrastre violentamente.

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María Belén Luna Sanz

Es politóloga y especialista en Educación para la Paz (Peace Education). Trabajó con instituciones tales como GIZ, Servicio Internacional Británico y NewGen Peacebuilders, en cuestiones de género y desarrollo.

Es activista de Ni Una Menos Bolivia y formó parte de la organización del Paro Internacional de Mujeres.