Recordando a Luis Espinal

Había una vez un hombre…

Rosario Medina Fortún
Publicado en mayo 2017 en La Migraña 21
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¡Y se llamaba Luis…!

Este episodio de su vida que quiero relatar deberá merecer la indulgencia de quienes lo lean. El tiempo, con su cuerpo de niebla, ha borrado y hecho poco visibles algunos de sus detalles. Yo misma no lo habría conocido de no mediar un amigo común que me lo relato entonces. La natural reserva de su protagonista y tal vez la mínima importancia que, los pocos que lo conocíamos, dimos al mismo, lo habrían archivado en algún lugar de la memoria al que nadie habría accedido.

La vida de este Luis era un haz de experiencias y luz, para él, este pequeño incidente casi carecía de importancia.

Ahora, consumado el sacrificio de su vida en aras de su ideal, creo que vale la pena recordarlo.

Corría el año 1974…

Había empezado el mes de febrero y con él los estudiantes del país se aprestaban a comenzar su periodo de clases, hacían lo mismo los que luego serían, oficiales del Ejército Nacional.

Los responsables del área académica del Colegio Militar planificaron para ese año, aparte de las materias tradicionales de enseñanza, algunas otras que enriquecieran los conocimientos de los se formaban, que se apartaran un poco de los temas estrictamente militares para darles una visión más universal del campo en el que estaban llamados a actuar. Entre otras se programaron actividades plásticas, teatrales, literarias y de orientación cinematográfica.

Lucho fue invitado por el Jefe de Estudios, Mayor Edgar Claure P., para ocuparse de su especialidad, la cinematografía, con la condición de que asistiera a todas sus exposiciones por la inquietud que provoca su orientación política. Durante algunos meses, con su característica honradez y plenamente consciente del ambiente, nuevo para él, trabajó como fue norma de su vida. Hizo de su cátedra un apostolado del arte. Casi me parece verlo, yo también alumna –inmerso en su infinita modestia- explicando las grandes escuelas de cine, las diferencias entre buen cine y teatro, y la activa participación del espectador; todo perfectamente ordenado y matizado con valiosas diapositivas. Además, continuaba con sus otras numerosas actividades cinematográficas.

En ese tiempo se estreno en el Cine 16 de Julio nada menos que “Jesucristo Superestar”. Esta versión moderna de la Pasión del Hombre tiene sorprendidos a todos, cada vez que uno la ve descubre nuevos valores y diferentes facetas. Cada vez esa historia es más actual. Cada vez hay más cristos en el Siglo XX.

Como no podía ser de otra manera, los aficionados al cine estaban encantados; se organizaron funciones de cine-foro dirigidas por Luis y en una de ellas, se produjo un diálogo entre el sacerdote y un espectador sorprendido por una escena: Jesús apresado en el huerto de los olivos es conducido a empellones entre la multitud, escupitajos, insultos, golpes de los soldados que participaban, con sus casos de acero y revólveres al cinto, del vejamen al Hombre Justo ¿Por qué esa escena?… Luis explica que son los métodos de todos los tiempos contra los cristos de todos los tiempos; por ejemplo, si alguien es preso en cualquier Ministerio del Interior de cualquier país, no lo reciben con flores, la vejación es parte y la justicia es otro delito.

Y ¡horror!… terminada la sesión, cuando los asistentes desocupaban la sala, una importante y enojada dama, acompañada de otras personas, llama al crítico y le pregunta con tono airado:

¿Quién es usted para permitirse esos juicios contra el gobierno?
Luis contesta llanamente:

¡Soy un cristiano comprometido!

¡Sabe usted con quién está hablando? Soy la esposa del General más importante de este país.

Mucho gusto. Yo soy Luis Espinal, Sacerdote Jesuita.

Y se va. Tiene respuestas más importantes que decir. Luis se debía a quienes le podían entender, a quienes enternecía con su bondad, a quines sufrían de impotencia y de falta de valor; él les inspira comprensión, confianza, valor.

La airada dama no quedó satisfecha. Su autoritario orgullo ha sido humillado. Ese cura había mantenido alta la cabeza ante su enorme presencia.

Horas más tarde, Luis fue llamado al Ministerio del Interior para responder por sus juicios y, otra vez, su verdad es más fuerte que el poder.

Fácil fue imaginar lo que había de ocurrir: a las dos semanas, “en cumplimiento de órdenes superiores” es despedido de la catedrá que ostentaba en el Colegio Militar y la materia fue suprimida del Plan de Estudios…

Hoy, a tantos años de lo ocurrido ¡qué dolor, Luis!, que casi hubieras adivinado; que casi hubieras podido ver –como el Mártir en el huerto de los olivos- el calvario moderno que te tocaría vivir. Lo viste venir, ¿verdad?

Quizá, mientras recibías los golpes con que tus asesinos te robaron la vida; recordabas a ese Cristo que tan bien conocías.

Recibiste esos golpes, cientos y cientos de veces, de esos muchos a quienes amabas y conocías. Y sentiste en esos momentos, ya supremos, que esos golpes ya los habías recibido: ¡Ya te habían dolido!

Te habían estado crucificando poco a poco en el hambre de su pueblo, en la anemia de sus hijos, en su sangre por las calles, en su sangre en las minas, en tu rebeldía, en tus gritos, en ti mismo que luchaste para romper la neutralidad de Dios.

Y esto, entonces, tu calma, la consumación de esos sacrificios, tantos, uno a uno… y esto…!

Luis Espinal, cristiano comprometido, sacerdote jesuita, mártir moderno. ¡Cómo nos dolió tu muerte! O mejor: cómo nos alegra que hubieras reeditado, paso a paso, el camino de Aquel que fue tu guía y seguirá iluminando el camino de otros Luchos que hagan de su vida la Vida.

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Rosario Medina Fortún

Egresada de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Católica de Cochabamba. Ha escrito sobre este tópico y otros temas de trascendencia nacional y universal, así como algunas semblanzas poco conocidas sobre personajes sobresalientes de la historia de nuestro país, entre ellos Vicenta Juaristi Eguino, Elena Lopez de Villaroel y otros.