Foro Internacional del Pensamiento Crítico

Hacia una segunda oleada progresista continental y mundial

Álvaro García Linera
Publicado en abril 2019 en La Migraña 30
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En general, ¿a qué hemos de llamar izquierda?, de manera simple, se llama izquierda a las personas, a las colectividades que luchan contra las injusticias sociales, contra las desigualdades o contra toda forma de dominación. Uno se ubica en el campo de la izquierda si lucha contra las injusticias, desigualdades y distintas formas de dominación en la fábrica, en la familia, en el gobierno, en la escuela, en la universidad, en el campo, en la vida cotidiana; si tomo ese punto de partida de rechazar dominaciones e injusticias estoy del lado de la izquierda.

Pero no solamente se les llama izquierda a quienes luchan sino a quienes también proponen algo, al luchar proponen algo, y proponen la vieja trilogía que viene desde hace más de 220 años de la Revolución Francesa, luchan por un tipo de libertad social en la que la vida política, la toma de decisiones, las relaciones personales se las pueda llevar adelante sin ningún tipo de coacción, luchan por construir igualdad de derechos y de oportunidades para todas las personas sin que intervenga el color de piel, el lugar de origen, al vestimenta, el idioma o la identidad de género y, fundamentalmente, luchan por una sociedad con solidaridad y comunidad en las relaciones económicas.
En los últimos diez o quince años, América Latina ha vivido toda una oleada de gobiernos de izquierda y hoy parece ser que esta primera oleada ha culminado, hay que ser fríos y hay que estudiar las condiciones y las posibilidad de esta primera oleada de los gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina, las virtudes, los errores, los límites porque debemos prepararnos para la segunda oleada de los gobiernos progresistas y de izquierdas en el continente.

Todo este desafío quiero resumir en ocho logros, seis dificultades, que son seis tareas y una esperanza. Ocho logros de los gobiernos de izquierda de los que nos tenemos que sentir orgullosos en la historia, con el vecino, con nuestros familiares y con la vida es la redistribución de la riqueza. En América Latina, entre los años 2001 y 2015, 72 millones de personas salieron de la pobreza; en tiempos neoliberales, 22 millones de personas entraron a la pobreza.

Dirán, “eso no es gran cosa”, si tienes las tres comidas satisfechas, si tienes movilidad, no es problema, pero la gente que no tenía para comer en la noche y no tenía para pagar el taxi, el bus o el minibús para ir al trabajo, salir de la extrema pobreza es un cambio radical de su vida y eso sucedió con 72 millones de personas.
En América Latina, 94 millones de personas pasaron a la clase media; a diferencia de los tiempos neoliberales en los que las desigualdades se incrementaron, según el coeficiente de Gini, en 1 % anual en los años 90 hasta el año 2000, desde el año 2001 hasta el año 2015, el coeficiente de Gini y de las desigualdades disminuyó 1,1 % anualmente. El 10 % más rico de los latinoamericanos tuvo un incremento anual de su riqueza de 1,5 %, en promedio, en tanto que el 10 % más pobre de los latinoamericanos tuvo un incremento del 10 % de su riqueza anual durante esa década virtuosa.

Cuando me preguntan ¿qué significa ser de izquierda? Haber sacado a 72 millones de habitantes de América Latina de la pobreza. Eso es ser de izquierda.

¿Qué ha significado ser progresista, ser populista, ser izquierdista, ser socialista en América Latina? El fortalecimiento de los sindicatos y de los múltiples movimientos sociales, nuevas formas de participación como el referéndum, como la democracia comunitaria, como las intersectoriales, como las movilizaciones sociales con efecto estatal que cambiaban o elaboraban decretos, que cambiaban o elaboraban leyes; la democratización creciente de las relaciones personales y un impulso a la gestión del cuerpo en la que cada mujer es y tiene que ser soberana sobre las decisiones de su cuerpo.

En segundo lugar, los gobiernos progresistas han aprendido del movimiento de mujeres, posiblemente mucho gobiernos llegaron a la gestión de gobierno sin entender o con distancia, pues sobre la marcha tuvieron la flexibilidad y la sabiduría de abollar sus creencias iniciales, heredadas de miradas conservadoras para tener una actitud de acompañamiento, no de dirección, porque la mujer no necesita ser dirigida, necesita ser acompañada en sus luchas por sus reivindicaciones.
En tercer lugar, la izquierda ha significado en estos 12 años nuevas formas de gobernar; hay gobernabilidad en los países, hay estabilidad en los países no solamente con coaliciones políticas partidarias, lo que hemos mostrado al mundo es que la gobernabilidad real plebeya se construye en mayoría parlamentaria, mayoría callejera, se gobierna desde las calles, se gobierna desde el parlamento y la unidad de ambas da gobernabilidad a los gobiernos progresistas.

En cuarto lugar, los gobiernos progresistas tuvieron la virtud, de manera alargada en diez o veinte años previos, o de manera concentrada en meses o años previos a los grandes estallidos catárticos de la sociedad en América Latina, de haber construido victorias culturales previas –Gramsci tenía razón– cualquier victoria popular política o militar requiere previamente victorias culturales, desarrolladas en los distintos ámbitos de la vida, en la universidad, en los medios de comunicación, en el barrio, en la actividad cotidiana, en la familia y demás.

En quinto lugar, el progresismo latinoamericano ha resuelto sobre la marcha un debate que se va dando en el ámbito de la reconstitución de las izquierdas europeas socialistas o socialdemócratas radicales, el tema de la relación entre progresismo y libertad. Por lo general, los que venimos de las izquierdas de los años 60 y 70 traemos una distancia frente al concepto de libertad que lo asociábamos al libre mercado o el egoísmo del interés personal. Sobre los hechos y sin mucha reflexión, el progresismo latinoamericano ha abordado este tema de una manera muy creativa, el respeto de las libertades republicanas, como la libertad de opinión, la libertad de asociación, libertad de pensamiento, libertad de formar sin coacción voluntad política nacional, es decir, hemos sabido llegar al poder, transformar el poder mediante las elecciones y habremos de regresar nuevamente al poder, una y otra vez y otra vez, mediante las elecciones.

Frente a una lógica del determinismo histórico en el que había un solo sujeto promotor del cambio y el resto de la sociedad era meramente un acompañante sospechoso de la vanguardia, el progresismo latinoamericano ha tenido la virtud de promover, de inventar un conjunto de articulaciones sociales contingentes plurisectoriales, multidentitáreas y pluricivilizatorias, obreros, indígenas, barrios, jóvenes, mujeres, profesionales, campesinos en una articulación plebeya en la que no hay un sujeto mandado a dirigir y a conducir al resto, donde el que conduce es fruto de contingencias, de habilidades estratégicas, de convocatorias, de construcciones discursivas, de narrativas movilizadoras; pero, en todo caso, no hay un sujeto de vanguardia, un único sujeto articulador, las transformaciones y los bloques históricos son construcciones plurales, contingentes y flexibles.

En sexto lugar –y esto ha sido lo más dificultoso, pero se ha logrado en parte– es que una de las virtudes de los gobiernos progresistas latinoamericanos es haber formado o haber impulsado formas alternativas de gestión económica posneoliberales, no diría poscapitalistas, ninguna revolución comienza planteándose el comunismo, la Revolución Rusa no surgió planteándose el comunismo, sino que surgió planteándose “pan” y acabó tomándose las fábricas, pero comenzó planteándose la pelea por el pan, por la libertad, acabó, luego, metiéndose en las fábricas y construyendo soviets.

En séptimo lugar, en América Latina hemos tenido la capacidad de ampliar los bienes comunes, tanto estatales como los sociales; hemos tenido la capacidad de articular de formas selectivas y puntuales de globalización, formas selectivas de protección y de mercado interno, que es un poco lo que en Europa, en su lado progresista, está intentando experimentar; nuevas formas de soberanía económica, financiera, control de los bancos, un banco central que controle su moneda; soberanía militar, no bases norteamericanas en el continente y soberanía política sin embajadas extranjeras que definen el destino de los países.

En octavo lugar, como nunca antes, los progresismos tuvieron la virtud de impulsar políticas de integración y de soberanía continental, una internacional progresista que permitió que América Latina pudiera preocuparse de sus problemas, definir sus problemas, ayudarse en sus problemas sin esperar que el gobierno norteamericano ni el FMI ni el banco Mundial, ni la Unión Europea nos tenga que decir lo que tenemos que hacer.

Hay varios otros elementos de los aportes del progresismo latinoamericano al mundo, me voy a detener en estos ocho; ahora quiero detenerme en los límites que hemos tenido, porque de los límites que tenemos y de la consciencia de estos es que comenzaremos a superarlos –en el sentido hegeliano–.

El primer límite que hemos tenido y que tiene que ser la lección para futuro, para la nueva oleada, la sostenibilidad del crecimiento y de la satisfacción económica. Se puede llegar al gobierno en un momento de crisis, de apertura y de disponibilidad social, de frustración colectiva frente a políticas conservadoras con una propuesta, con una narrativa coherente del porvenir, se puede, pero para mantenerse en el gobierno no es suficiente la voluntad política, no olviden lo que decía Lenin: “La política es economía concentrada” y la clave en la sostenibilidad de un gobierno progresista radica en una buena gestión duradera de la economía, crecimiento económico, redistribución de la riqueza, sostenibilidad del crecimiento y de la redistribución de la riqueza.

A la izquierda, a diferencia de las derechas o de los conservadores, por un error en economía nos cobran hasta la vida, a la derecha, un error en economía se lo tolera, es parte del sentido común conservador que se vuelve tolerante ante fuerzas conservadoras, la izquierda no tiene derecho a equivocarse, es complicado, pero ni modo, de eso aprendemos para mirar hacia el futuro.

Un segundo elemento es la debilidad de las transformaciones del sentido común, llamamos sentido común al conjunto de criterios morales, procedimientos lógicos, actitudes instrumentales que practicamos sin reflexionar sobre ellas, desde la forma de sentarse, de comer, el lenguaje, la arquitectura del lenguaje que nos permite comunicar y crear sentido compartidos con otros compañeros del barrio, con la familia, con los compañeros del trabajo, es el conjunto de indignaciones y tolerancias morales que practicamos a diario, es el conjunto de algoritmos de la vida cotidiana que automáticamente los disparamos, los ejecutamos, sin estar pensando en que lo estamos haciendo, cómo agarrar este micrófono, mis ideas se están hilando en torno a la izquierda sin necesidad de preocuparme en cómo se agarra un micrófono y de cómo tengo que mirar al público, pues eso es el sentido común, esos saberes, esa forma de ubicarse en el mundo, esa forma de actuar automática en el mundo, esta forma de valorar instantáneamente y espontáneamente el mundo que no es natural, que es fruto del sedimento –de lo que Marx llamaba– la educación, el hábito y la tradición desde que tenemos un día de vida hasta que somos adultos, a eso le llamamos el sentido común.

Pues el sentido común había sido lo más importante en la política, en el fondo, la política es una lucha por la conducción del sentido común y los gobiernos progresistas supieron estar en el momento preciso, como fuerzas progresistas, con el discurso preciso, el momento en el que un pedazo del sentido común se resquebrajó, un pedazo del viejo sentido común que asignaba a otros la decisión de las cosas de uno, que apostaba al mercado o a la globalización la satisfacción de las necesidades, que delegaba en personas o en partidos o empresarios la solución del problema de los pobres, ese viejo sentido común se resquebrajó en un momento de catarsis social, en Bolivia años 2001, 2003 y 2005; Argentina y Brasil, cada país tiene su propio momento de catarsis social –en el sentido gramsciano– que quiebra pedacitos superficiales del sentido común.

Cuando se llega al gobierno, uno cree que ese sentido común que lo catapultó a funciones estatales es enraízado, no es cierto. Lo que hemos entendido y comprendido que es el sentido común es más que estos aspectos circunstanciales de la catarsis social, que el sentido común es todo un sedimento conservador, reproductivo más que transformativo, y que si los gobiernos progresistas no hacen un esfuerzo planificado, sistemático en educación, en la salud, en la vida cotidiana, en la escuela, en los medios de comunicación, en los libros, en el teatro, en las gestualidades, en las relaciones interfamiliares, en las simbologías, en las formas de unificación, en las formas de preparación, en el orden moral del mundo, en el orden lógico del mundo para transformarlo, el viejo sentido común se volverá a reconstituir y se apoderará y desplazará el nuevo sentido común progresista superficial.

De ahí la paradoja que nos ha costado aceptarla, ¿cómo es posible que compañeros que salieron de la pobreza fruto de las políticas progresistas voten contra un gobierno conservador?, parece una traición, no lo es; parece una inconciencia, no lo es; hay que asumirla como una debilidad y como lección.

Hay continuidad de los procesos progresistas en tanto satisfacen necesidades básicas crecientes en tanto transforman y revolucionan ininterrumpidamente las pautas del sentido común conservador que gobierna el 90 o el 95 % de nuestros procedimientos cerebrales.
Tercera debilidad, tercera lección, no es posible un crecimiento económico que sea, a la vez, un decrecimiento ecológico. ¿Cómo resolver esta paradoja crecimiento económico con protección ecológica?, es decir, el horizonte de un socialismo ecológico se presenta en América Latina como un hecho inevitable en la siguiente oleada.

Fortalezas, debilidades y tareas, ¿qué es lo que puede pasar en el continente ahora? ¿Estamos ante el inicio de un largo repliegue del progresismo latinoamericano que va a dar lugar a una larga noche conservadora, neoliberal, racista, misógina, excluyente, neocolonial o no?, y eso es lo que uno tiene que asumirlo con una frialdad siberiana. Yo estoy convencido de que no, y por lo siguiente, estamos enfrentando una oleada conservadora neoliberal que tiene dos límites intrínsecos: es fosilizada y es, en sí mismo, contradictoria.

Me dejo explicar, ¿por qué es fosilizado?, porque el neoliberalismo que ha triunfado recientemente en algunos países de América Latina está repitiendo las viejas recetas que hace 20 años fracasaron y llevaron a esos países al desastre económico y al desastre social, no hay inventiva, no hay creatividad, no hay esperanza, es simplemente una vieja repetición, mal adobada, encima, mal formulada, de viejas actitudes, de viejas decisiones que ya fracasaron en el continente años atrás.

¿Por qué es contradictorio y enfermizo? Porque a diferencia de lo que sucedía en los años 80, cuando el neoliberalismo se presentaba ante el mundo como una esperanza movilizadora de pasiones, como una esperanza movilizadora de adhesiones voluntarias; el neoliberalismo actual solamente moviliza odios y resentimientos, odio al pobre, odio a la mujer liberada, resentimiento con el trabajador alzado, resentimiento contra el sindicalismo exagerado que entorpece la acumulación. Es decir, es un neoliberalismo fundado en la negatividad y no en la preposición, no en la esperanza de mediano plazo sino en el rechazo emotivo de corto plazo y eso tiene patas cortas.

¿Qué es neoliberalismo?, resulta que los que hace 10 o 20 años propugnaban el libre mercado, la libre empresa, las privatizaciones, hoy nacionalizan bancos, hoy fortifican sus fronteras y se pelean contra la globalización y resulta que los comunistas que son dueños de empresas estatales son los propugnadores del libre comercio globalizado, entonces, ¿qué?, ¿los comunistas se han vuelto globalizados y los privatizadores se han convertido en proteccionistas?, tenemos un neoliberalismo fallido, de corto aliento y un mundo incierto, se ha perdido el norte y el horizonte de las fuerzas de derecha, ¿hacia dónde vamos a ir, a hacer alianza con China y entonces hay que estatizar empresas o vamos a tocar las puertas de Europa y Estados Unidos que están pidiendo protección para sus mercados o está propugnando libre mercado?

¿Qué camino va a seguir América Latina, un pedazo de uno, un pedazo de otro? No. Se ha agotado el combustible neoliberal, lo que ahora tenemos es una especie de neoliberalismo zombi que sobrevive de sus viejas victorias y que no logra captar el entusiasmo colectivo de la sociedad.

Estoy convencido de que esto se va a agotar, de que en vez de vivir una larga noche neoliberal, hemos de vivir una corta noche de verano neoliberal y ahí es cuando nos toca a nosotros reconocer lo que hicimos bien, reconocer lo que hicimos mal y prepararnos, la izquierda tiene que volverse a preparar para tomar el poder en los siguientes años en el continente y esperemos que esta nueva oleada de gobiernos progresistas vayan más allá que la primera oleada, cuenten –ahora sí– con un apoyo de otros lugares del mundo, miramos a España, a Inglaterra, a Francia, a Italia; miramos a todas partes del mundo con la esperanza de que no nos dejen solos, que la siguiente oleada pueda ensamblarse con una oleada continental y mundial que nos permita avanzar muchos más adelante en los derechos y bienestar de la población mundial.

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Álvaro García Linera

Nació en Cochabamba-Bolivia. Fue a estudiar la carrera de Matemáticas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). A su regreso a Bolivia se dedicó a la organización y aporte ideológico en el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), conciliando la teoría indianista con el marxismo y generando una praxis revolucionaria-comunitaria.

En 1992 fue encarcelado durante cinco años; en 1997 sale de prisión por no haber sentencia en su contra. Dictó cátedra en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y otras universidades.

En el año 2005 fue invitado por el Presidente Evo Morales como Vicepresidente para las elecciones en las que obtuvieron un triunfo histórico. Actualmente es Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia.

Entre algunas de sus publicaciones destacan: De demonios escondidos y momentos de revolución. Marx y la revolución social en las extremidades del cuerpo capitalista (1991); Forma valor y forma comunidad (1995, 2009); Reproletarización. Nueva clase obrera y desarrollo del capital industrial en Bolivia (1952-1998) (1999); Sociología de los movimientos sociales en Bolivia (2004); La potencia plebeya. Acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia (2008); Las tensiones creativas de la revolución. La quinta fase del Proceso de Cambio (2011); El “oenegismo”, enfermedad infantil del derechismo (2011); Geopolítica de la Amazonía, poder hacendal patrimonial y acumulación capitalista (2012); Identidad Boliviana. Nación, mestizaje y plurinacionalidad (2014); La condición obrera en Bolivia. Siglo XX (2014), Las vías abiertas de América Latina (2017), ¿Qué es una revolución? De la Revolución Rusa de 1917 a la revolución de nuestros tiempos (2017).