Abordando la relación racial/colonial

La autonomía geopolítica de América Latina: una revisión

Heriberto Cairo Carou
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 24
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La Geopolítica es una disciplina nacida en Europa, como tantas otras, pero que tiene un sesgo eurocéntrico todavía mayor que otras. Los autores anglosajones y alemanes que diseñaron la representación del espacio mundial dominante en el largo siglo XX “pensaron” América Latina como una región de importancia marginal en el mundo —tal y como he desarollado más extensamente en otro trabajo (Cairo, 2008)—, que siempre estaba vinculada al área de influencia de la potencia marítima (Mackinder), a la panregión centrada sobre Estados Unidos (Haushofer) o al mundo libre (Kennan). En general, se la consideraba alejada del escenario principal del conflicto central del mundo, entre la potencia marítima y la potencia terrestre, primero, o el mundo “libre” y el mundo “comunista”, después, que se desarrollaba fundamentalmente en la zona de contacto (o de quiebra, si se quiere) entre las potencias mundiales (Europa Oriental, Oriente Medio, Sudeste Asiático, Asia Oriental).

Tomando el primero y más importante, en el modelo de Mackinder , América Latina se encontraría en el «cinturón exterior» (Outer Crescent), las islas y continentes situados más allá de Eurasia, serían el ámbito espacial “natural” de la potencia marítima, es decir, que se situaría en el ámbito de influencia del Reino Unido en esa época.

Si juzgamos por la extensión con la que se ocupa de la región en sus escritos, para Mackinder era de menor importancia que incluso el África subsahariana; por ejemplo, en el texto de 1919 apenas le dedica algunos comentarios (pero no llega a una página de las 148 del libro), casi siempre ligados a reflexiones sobre los Estados Unidos. Desde su perspectiva es plenamente lógico centrarse en el continente euroasiático, porque es donde se decide el futuro del mundo, y América Latina sería una de esas regiones del globo que se da por descontado que está en los dominios de la potencia marítima, alejada de las zonas de conflicto principal, pero también del “centro del mundo”.

Sin embargo, Mackinder no descarta la importancia futura de la región: “El desarrollo de las grandes potencialidades de América del Sur puede tener una influencia decisiva en el sistema. Pueden fortalecer a Estados Unidos o, por el contrario, si Alemania pudiera desafiar con éxito la doctrina Monroe, podría separar a Berlín de lo que quizá puedo describir como una política de pivote” (1904 [2011, p. 318]). Pero esta reflexión tampoco cambia mucho la representación mackinderiana de América Latina, y es necesario subrayar que, para él, aunque su influencia llegase a ser “decisiva” sólo desempeñaría un papel subordinado a la potencia hegemónica europea o norteamericana (sea ésta la que fuese).

No se trata solamente de una marginación que tenga su origen en las áreas centrales del sistema mundial y es ejecutada por sus intelectuales; antes al contrario, sin la aceptación y acatamiento de buena parte de la intelligentsia latinoamericana no se habría producido tan fácilmente esta relegación. Un buen ejemplo nos lo proporciona Golbery do Couto e Silva, a la sazón uno de los pocos intelectuales latinoamericanos que elaboró un modelo geopolítico en este caso para Brasil. En su obra Geopolítica do Brasil glosa extensamente las teorías de Mackinder y Spykman, afirmando su acierto especialmente en el contexto de la lucha anticomunista de la Guerra Fría. Sólo pone un pero: Occidente y en particular Estados Unidos no tienen en cuenta la relevancia de Centroamérica y Sudamérica para la lucha de contención del comunismo, en términos de apoyo diplomático, contenedor de materiales estratégicos, protección del tráfico marítimo o potencial demográfico para participar en campañas militares (Couto e Silva, 1967). Pero es importante resaltar el carácter subordinado de su formulación: Occidente necesita a Brasil y a América Latina, pero “por outro lado, o Brasil esencialmente depende —e quanto!— do restante de Occidente e, em particular dos E.U.A., para o seu comércio, o seu desenvolvimento econômico, o seu progresso técnico e cultural, até para a sua própia segurança” (Couto e Silva, 1967, p. 254).

Pero desde el fin de la Guerra Fría y el advenimiento de un nuevo orden geopolítico, los modelos geopolíticos que intentan explicarlo, presentan América Latina como una región mucho más autónoma que los anteriores. Y ciertamente siguen siendo principalmente autores europeos y estadounidenses los que siguen elaborando los modelos de mayor influencia. Los ejemplos de Huntington o Barnett son bastante claros. Vamos a revisar brevemente este último.

Casi un siglo después de la obra de Mackinder, Thomas P. Barnett (2003) quiebra el ciclo argumental del inglés: ya no hay que resolver los problemas que nos encontramos en un mundo cerrado postcolombino sino que “la desconexión es el peligro”. Su argumento principal es que la globalización, por más defectos que pueda tener, conduce a gobiernos estables y políticas exteriores de los Estados que son previsibles y pacíficas, y que los problemas para el mundo vienen precisamente de aquellos Estados que intentan resistir la globalización. De este modo, en su modelo lo que denomina “centro funcional” (Functioning Core) estaría caracterizado por su integración gracias a “la conectividad de redes, las transacciones financieras, los flujos de informaciones mediáticas y la seguridad colectiva”, mientras que la “brecha no integrada” (Non-Integrating Gap) carecería en diferentes grados de estas características lo que conduciría a estas regiones a “regímenes políticamente represivos, extensión masiva de la pobreza y la enfermedad, asesinatos masivos rutinarios y —lo más importante— conflictos crónicos que incuban la siguiente generación de terroristas” (2003).

Si revisamos el mapa que produce podemos ver que en la brecha no integrada está incluido el Caribe, América Central y la mayor parte de la América Andina —es significativa la ausencia de Chile—. Como cabía esperar, subsiguientemente, en la lista de “problemas reales” que adjunta Barnett (2003) están incluidos países como Haití y Colombia, que se ajustan bien a su argumento. Pero sorprendentemente se incluye también a Argentina y Brasil, que ni siquiera forman parte de la brecha no integrada. ¿Cuáles son los motivos que llevan a Barnett a este juicio? Entre los argumentos principales que maneja Barnett está, ni más ni menos, el de que ambos países intentan resistirse al ALCA y que Brasil no cuida el Amazonas y permite que se siga produciendo un daño ecológico incalculable en esa “área ingobernable”.

Quizás estos argumentos sobre los países claves del MERCOSUR arrojen más luz sobre la lógica del modelo geopolítico de Barnett que toda su palabrería sobre la desconexión de la globalización. El “peligro” de estos países está en que eventualmente podrían llegar a ser autónomos del proyecto hegemónico. Por eso países como México, cuyos gobiernos se pliegan a los proyectos hegemónicos son tan importantes, son los “Estados juntura” (seam states) que son claves en las estrategias de reducción de la “brecha”.

¿Qué es lo que pasaba a principios del siglo XXI?, ¿qué transformaciones se habían producido? Evidentemente no hay un factor único, pero la autonomía geopolítica de América Latina tiene que ver, por un lado, con una coyuntura internacional propicia: el declive de Estados Unidos como potencia hegemónica, que se acentúa paradójicamente tras el fin de la Guerra Fría, y con la concentración de su política exterior —y de su esfuerzo militar— en Oriente Medio tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Pero, por otro lado, hay factores endógenos: en la región se produce un esfuerzo de integración autónomo más que notable, como la convergencia Mercosur- Comunidad Andina (CAN), o la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y más tarde de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), e incluso la aparición de “bloques post-neoliberales con estrategia contrahegemónicas deliberadas” (Preciado, 2014) , como es el caso de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratados Comerciales entre los Pueblos (Alba-TCP).

Esta situación permitió la aparición de proyectos políticos —y epistémicos— autónomos en América Latina. Y es que, casi por primera vez desde la independencia formal de los Estados latinoamericanos nos encontramos con proyectos políticos relativamente independientes de las potencias europeas y de la potencia hegemónica. Son buena muestra el proyecto bolivariano de construcción de la unidad latinoamericana que encabezó el presidente Chávez de Venezuela (1998), el acceso a la presidencia de un integrante de uno de los grupos excluidos en los procesos de independencia de hace dos siglos, Evo Morales en Bolivia (2005), o el proyecto de renovación del país de Rafael Correa en Ecuador (2006), pero también lo son la conducción de una política exterior autónoma que buscaba diseñar una nueva “geografía mundial del comercio” que inició el gobierno de Lula da Silva en Brasil (2003) y en la que fue secundado por Néstor Kirchner en Argentina (2003), sin olvidarnos de los gobiernos del Frente Amplio en Uruguay (2004).

Todo sonaba a transformación revolucionaria de la región, pero casi un par de décadas después del inicio de las transformaciones la situación es bastante diferente: sólo se mantiene el Frente Amplio de entre los gobiernos más socialdemócratas del Cono Sur, los gobiernos de Ecuador y Venezuela están en una profunda crisis y apenas Bolivia prosigue las transformaciones con cierto empuje. ¿Qué ha ocurrido? De nuevo nos encontramos con factores exógenos relacionados con la vuelta de la mirada estadounidense a la región, pero también con factores endógenos que tienen que ver con las contradicciones diferentes cuya solución intentaron abordar estos diferentes gobiernos.

Para analizar los procesos endógenos tendremos que tener en cuenta varios aspectos relacionados con la situación de las regiones periferializadas en los procesos constitutivos de la modernidad, que pervive mucho más allá de las independencias formales de las antiguas colonias, haciendo que la situación colonial fuera definitoria del nuevo sistema social. Aunque el sistema-mundo creado se ha de definir como moderno/colonial, como plantean Walter Mignolo o Ramón Gosfroguel, porque los procesos de jerarquización (y dominación) que conlleva la modernidad no se refieren sólo a una clasificación de lugares (centro y periferias), sino también a una clasificación racial (blancos europeos y otros) y a una clasificación social (poseedores de los medios de producción frente a trabajadores). Todos los gobiernos progresistas mencionados intentaron resolver la contradicción de clase social, todos eran, en mayor o menor medida, antiimperialistas, pero muy pocos —por no decir uno sólo— abordaron la contradicción racial/colonial. Como señalaba en otro lugar:

Tras largos avatares y el acoso sin tregua de los sectores oligárquicos partidarios de mantener la república colonial, finalmente la Asamblea Constituyente ha aprobado en diciembre de 2007 una nueva constitución que pretende dejar en “el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal” (Asamblea Constituyente de Bolivia: 1), es decir, que se propone refundar el Estado. La Constitución forma claramente parte de un proyecto explícitamente descolonial, en el que se asumen principios ético-morales de los grupos subalternos marginados hasta ahora. Esto supone un intento de superar la colonialidad, ya que la descolonialidad es una gramática para desmontar la colonialidad del poder y desaprender la colonialidad del saber. Supone refundar los marcos políticos, pero también nuevas epistemologías y nuevas culturas de identidad. Y es importante subrayar esta doble condición política y epistémica, ya que en buena medida la descolonialidad se define por esta doble proyección.

La elección de Evo Morales como presidente de Bolivia no es sólo un giro a la izquierda, sino una auténtica fractura descolonial, que es más discutible que se produzca en otros procesos políticos progresistas abiertos en los últimos años en la región. (Cairo, 2009, p.70).
Aunque evidentemente éste no es el único factor, quizás este hecho ayude a explicar los diferentes avatares del gobierno del MAS en Bolivia respecto a los otros procesos y la diferente proyección futura. En todo caso, en el futuro, cualquier proyecto político transformador en América Latina o incorpora dimensión descolonial o no será.

Referencias bibliográficas

  • Barnett, Thomas P. (2003) “The Pentagon’s New Map: It explains why we’re going to war, and why we’ll keep going to war”. Esquire: magazine for men, Chicago-USA, mar.
  • Cairo, Heriberto (2008) “A América Latina nos modelos geopolíticos modernos: da marginalização à preocupação com sua autonomía”. Caderno CRH, vol. 21, núm. 53, 221-237,
  • Cairo, Heriberto (2009) “La colonialidad y la imperialidad en el sistema-mundo”. Viento Sur, núm. 100, 65-74.
  • Mackinder, Halford T. (1904) “The geographical pivot of history”. Geographical Journal, vol. 23, núm. 4, 421-437 [Trad. al castellano por M. Díaz (2011) “El pivote geográfico de la historia”. Geopolítica(s). Revista de estudios sobre espacio y poder, vol. 1, núm. 2, 301-319.].
  • Mackinder, Halford T. (1919) Democratic Ideals and Reality: A Study in the Politics of Reconstruction. Londres: Constable [“Defence Classic Edition”, Washington D.C.: National Defense University Press, 1996].
  • Preciado Coronado, Jaime Antonio (2014) “La nueva gramática democrática frente a la integración autónoma latinoamericana y caribeña”. Sociedade e Estado, vol.29, núm. 1 [URL: <http://dx.doi.org/10.1590/S0102-69922014000100004>. Consultado el 5 de noviembre de 2017].
  • Silva, Golbery do Couto (1967) Geopolítica do Brasil. Rio de Janeiro: José Olympio Editora.

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Heriberto Cairo Carou

(Lugo, 1958) es un politólogo y latinoamericanista español que investiga sobre geografía política, relaciones internacionales y cuestiones de seguridad y defensa.

Se doctoró en Ciencias Políticas y Sociología y es profesor titular. Desde 2010 es decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.ç

Su libro Malvinas: La construcción social del conflicto territorial argentino-británico sirvió como referencia para la ley aprobada en el Congreso Argentino sobre la pensión vitalicia para los ex-combatientes argentinos en la Guerra de las Malvinas.ç

Profesor Titular de Geografía Política, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Universidad Complutense de Madrid.

Publicaciones:

La construcción social del conflicto territorial argentino-britanico: Una aproximación geopolótica crítica. Novo Século, 1995.
Democracia digital limites y oportunidades. Trotta Editorial, 2002.
Con Paula Godinho, Xerardo Pereiro. Portugal e Espanha: entre discursos de centro e práticas de fronteira. Universidade Nova de Lisboa/Edições Colibri, 2009.