Entrevista a Brooke Larson

La etnohistoria andinista

Ricardo Aguilar Agramont
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 23
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La Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB) publicó recientemente el libro de Brooke Larson Colonialismo y transformación agraria en Bolivia: Cochabamba 1500-1900; un libro que aborda la evolución del campesinado cochabambino (más proclive a la parcelación de la tierra) tras varios siglos de colonialismo español. Aprovechando la estadía de la historiadora norteamericana, se conversó con ella.

R.A.- ¿Cómo estudiar estos periodos tan largos, tan extensos al modo de las historias de Fernand Braudel?

BL.- No es muy general. Muchas veces el historiador empieza a trabajar sobre una década, un siglo, dependiendo de la problemática histórica que uno está estudiando. En mi caso empecé con un enfoque sobre un siglo, el XVIII. Entonces, mi tesis de doctorado se enfocó en ese siglo, que me pareció muy interesante, con muchas fuentes del periodo borbónico. La problemática fue ver la relación entre una región abasteciendo las minas de Potosí, cuando éstas estaban en un deterioro largo. Entonces, esta estrecha vinculación estaba siendo más y más difusa. Quería ver qué pasaba en la región con la tenencia de tierra y las estructuras de clase del campesinado. También fue fascinante leer algunas fuentes de ese periodo, como por ejemplo la “Relación de Francisco de Viedma”, que es increíble, todo un vistazo, una ventana, sobre la sociedad, la cultura, la política de la región. Entonces fue un marco en que se podía trabajar. Después me di cuenta que si iba a intentar entender lo que estaba pasando en la segunda mitad del periodo colonial, sería muy útil saber lo que estaba pasando en la primera mitad del periodo. Entonces, para tener un panorama de los procesos históricos de una región, ya que estaba muy enfocado en el marco espacial, quería ampliar el marco temporal. Eso está en la tradición francesa historiográfica de Braudel.

R.A.- La historia del mediterráneo…

B.L.- Exacto, yo había estudiado mucho en esa escuela, me inspiró mucho por varias razones. Entonces pensaba que era un buen experimento en la longue dureé (la larga duración), pero rigurosamente enfocado en una historia regional no aislada, porque nunca se puede estudiar aislando del mundo andino, colonial, peruano, el mercado mundial de plata, de mercancías. Ahí empecé a estudiar tres siglos en una revisión profunda de mi tesis doctoral, me di cuenta que estaba aprendiendo mucho de lo que había pasado en el siglo XIX y que algunas de las tendencias que habían descritas estaban con muchas continuidades, pero también con cambios muy interesantes hasta 1900. El libro es un tipo de historia estructuralista, de los anales. Estaba estudiando estructuras de la tenencia de tierra, de hacienda, las clases agrarias, el campesinado en formación, los mercados y circuitos migratorios dentro de la región. Todo esto sigue, cambia pero también continúa, siempre es una dialéctica. Es un periodo larguísimo, nunca haré algo así otra vez. En mi siguiente libro ya abarqué un siglo y en el trabajo que ahora me ocupa abarca el siglo XX.

R.A.- ¿Por qué?

B.L.- Nadie había escrito mucho sobre la historia de la región de Cochabamba. Huáscar Rodríguez, en el estudio introductorio de mi libro de la BBB, da un pantallazo de la historiografía muy tradicional sobre historiadores cochabambinistas.

R.A.- Más cívicos que académicos…

B.L.- Sí, que celebraban la cultura cochabambina de manera un poco romántica. Nadie había escrito nada de historiografía basada en los archivos y marcos teóricos historiográficos. Nadie. Entonces, ¿cómo se escribe una historia de un tiempo dado si no se sabe lo que viene antes y lo que sucede después? Un historiador en los Estados Unidos, estudiando un tema sobre la historia de Norteamérica, tiene un cuerpo de estudios muy ricos. Entonces uno se puede entrar en su pedacito de historia y tener ya toda la pintura, la visión más global, pero en mi caso, con Cochabamba, estaba solita. Como dice Rodríguez, al final de su ensayo: “ahora nuestra generación de historiadores tiene el lujo de hacer la micro historia en un tiempo dado, de un tema dado, lugar y región, porque ya tenemos la macro historia ya hecha”.

R.A.- Su modo de abordar la histórica se acerca a la llamada “nueva” historiografía que se ocupa de los largos periodos, hace juegos literarios para salirse y permanecer a un tiempo en la ciencia, narra a los sujetos históricos anónimos.

B.L.- La nueva historiografía de los anales es de los 70s, pero yo estaba comenzando y para mí fue una inspiración. Fui a estudiar a París, no formalmente, pero estuve ahí: Thierry Saignes, Nathan Wachtel, Bouysse Cassagne, una escuela de franceses que se habían enamorado de los andes. Entonces había una tradición francesa de andinistas. Esta combinación de los anales y andinismo fue fantástica. Luego vinieron los británicos como Tristan Platt.

R.A.- Aunque acá sigue siendo nueva. La historia, muchas veces, se sigue escribiendo hoy con lógicas anteriores a los 70s.

B.L.- Sí, pero hay muchos historiadores que siguen las historias políticas de los grandes nombres y hombres, desde arriba, y nunca se ve la historia desde abajo. Pero lo lindo de estas décadas de los 70s y 80s es que ya había una nueva historiografía social desde abajo. Mirando a los esclavos, las mujeres, los campesinos, los marginados de la Historia que nunca habían entrado en las grandes narrativas occidentalistas. Entonces, era nuestra misión rescatar esas voces y visiones. Es un poco arrogante decir eso de todos modos, porque después vino una historiografía de Roberto Choque y otros, que estaba trayendo sus propias experiencias, sensibilidades y culturas a la narración o a la contranarración de sus propias historias. Nosotros como profesionales éramos forasteros, pero por lo menos estábamos rompiendo las viejas historiografías de Estado, de élites, de hombres y nombres, una historia política narrada como si nadie habría estado involucrado como fuerzas activas de cambio. Eso se rompió en esos años y fue muy lindo. Además, trabajando sobre América Latina. Porque mis colegas estaban trabajando sobre la historia norteamericana, aunque había mucha historiografía por ejemplo sobre la esclavitud, era muy importante: las culturas africanas en las plantaciones. No obstante, la gran mayoría era muy empírica, y hasta ahora, mis colegas norteamericanos son más empíricos, menos politizados que nosotros que trabajamos sobre América Latina, porque los gringos que trabajamos sobre América Latina estábamos motivados parcialmente por nuestra sensibilidad antiimperialista o antisubdesarrollista. Entonces, estábamos estudiando lo pasado a través de lo presente, en aquel tiempo de las dictaduras, la Guerra Fría en América Central, cuando Reagan estaba mandando armas a través de Irán… la relación en contra de Cuba. Todo eso fue para nosotros algo horrible que nos inspiraba a estudiar la historia desde nuestras sensibilidades antiimperialistas.

R.A.- Su tutor de tesis fue Herbert Klein, de los primeros bolivianistas foráneos. Sin embargo, antes de eso ¿cómo llega a Bolivia?

B.L.- Él ya era un bolivianista, gigante ya. Aunque tú sabes que Klein también estaba trabajando un estudio comparativo sobre esclavos de Virginia y Cuba, luego fue a Brasil y se sumergió en la historia demográfica de Brasil. Estaba por todas partes, aunque Bolivia era su tesis de doctorado, una historia política muy convencional de Bolivia.

Mira, yo fui a Columbia (Nueva York) no para estudiar Bolivia con él, fue una coincidencia. No sabía lo que iba a hacer. Había estudiado portugués, entonces pensaba que sería una brasileñista, una especialista en la historia del Brasil. Escribí algunos trabajos de investigación. Pero tuve la gran suerte de conseguir mi primera beca por un verano para ir a Potosí y hacer una maestría sobre el mercado comercial en Potosí. No la minería, sino los circuitos, los mercados, el Khatu en Potosí. Descubrí Potosí, donde leí una relación geográfica del tiempo de Francisco de Toledo, de mil quinientos ochenta y tantos, que me mostró que Potosí ya estaba creciendo, estaba explotando de población, de mercancías. Ya estaba empezando la Mita y todas las innovaciones técnicas del refinado de plata. Eso me fascinó, trabajé en la Casa de la Moneda y después fui a Sucre, con don Gunnar, en 1971. Me fascino esa maestría, fue mi plataforma. Después decidí: “voy a volver, me gusta Bolivia, es fascinante y nadie está estudiando su historia. Mi tutor de tesis sí, pero ha estado haciendo la historia política muy convencional. Yo voy a trabajar la colonia temprana”.

R.A.- Dijiste en la presentación que Gunnar Mendoza, fue una guía. Y bueno es una figura capital para la cultura boliviana en general y la BBB en particular, ya que los libros de autores del pasado que publicó y estudió forman parte de la lista de los 200.

B.L.- En aquel tiempo yo todavía no tenía el conocimiento de quién era (Mendoza) en cuanto a su gran conocimiento y su trabajo historiográfico, pero sí, desde el principio me di cuenta que este señor, este doctor Gunnar Mendoza, realmente era alguien muy especial, muy inspirador. Me asustó un poco, porque era muy serio, muy rígido. No quería acercarme a él sin realmente saber lo que estaba haciendo porque no quería gastar su tiempo. Pero bueno, no me ayudó más porque yo no sabía cómo pedirle ayuda. Yo estaba trabajando en la sección que él había organizado, llamada: “Tierras e indios”, un fondo documental maravilloso. A través de los años, cuando volvía, primero le llevé mi tesis de doctorado, después le regalé mi primer libro, siempre le llevaba mis regalos. Fuimos buenos colegas. Y lo más lindo es que tuve la gran suerte y oportunidad de coorganizar una conferencia en 1983, sobre el tema de la participación indígena en los mercados surandinos, entre antropólogos, algunos muy jóvenes como Ramiro Molina, Rossana Barragán, historiadores como Roberto Choque, Silvia Rivera, otros famosos como John Murra. Habían venido a Sucre para esta conferencia en honor de la obra de toda la vida de don Gunnar. Eso siempre ha sido uno de mis logros.

R.A.- Es parte de una generación de investigadores el enfoque de clase, ¿cómo se aborda y cuál es el peso de esto en tu libro y cómo se complejiza esto con lo étnico y lo cultural?

B.L.- Algunos tienen una formación política más militante. Pero ya estaba la obra de June Nash, antropóloga norteamericana que escribe una etnografía sobre las minas de San Pedro a las afueras de Oruro, titulado: “Las minas nos comen y nosotros comemos las minas”, que es una frase. Y bueno, ahí introduce género, cultura y etnia, pero también está estudiando los sindicatos mineros, la lucha militante, las relaciones de producción, los modos de producción. Se veía ahí una integración de varias cosas y dimensiones que ya no es tan rígidamente sólo el tema de la clase. Se ve eso. Así, se puede estudiar a los mineros militantes sin tener una visión estrechamente de clase. Ella (Nash) me inspiró mucho. Su libro fue publicado en inglés en 1969-70.

R.A.- Se introduce un giro.

B.L.- Pero bueno, en mis ensayos he discutido mucho cómo estaba tratando de combinar las metodologías y teorías del neomarxismo con las del andinismo. La etnohistoria andinista fue la combinación mágica en aquel tiempo. Ahora estoy en otra cosa. Esto fue una evolución personal de mucha lucha, estudio, debate y lectura. Yo creo que toda mi generación estaba más o menos en eso, por lo menos en los estudios andinos que florecían justamente cuando estaba en camino de ser una historiadora.

R.A.- ¿Cómo ve a la generación actual?

B.L.- Yo creo que está metida en tantas cosas distintas. Están en las microhistorias, porque hay un lujo ahora que se puede entrar muy a fondo en un tópico. Porque ya está el terreno trabajado.

R.A.- Por último, ¿Qué piensa de que haya un proyecto bibliográfico estatal como la BBB?

B.L.- Es increíble. He dicho a los colegas que tienen que respetar lo que están haciendo aquí en Bolivia. Yo no puedo imaginar en mi propio país, tan rico, que el Estado se ocupe en armar un proyecto intelectual. Yo vivo en un país muy antiintelectual, más ahora que antes. Pero aquí, que el Estado ha podido encontrar los recursos y establecer la prioridad de montar este tipo de proyecto, me parece maravilloso, pionero y ejemplar para otros países latinoamericanos. Estos recursos podrían haber estado en los bolsillos de algunos políticos, o en los bancos, o invertidos en otras carreteras, que no es mala cosa, pero están armando algo que fortalece a una nueva generación de académicos, de estudiantes que tienen mucho más acceso a los grandes autores, escritores del país o sobre el país. Es la democratización del conocimiento y eso es muy lindo.

R.A.- Y ser parte de ello como autora…

B.L.- Es un gran honor y privilegio, ha sido hasta ahora una maravilla trabajar con gente que dice que va a publicar mi libro en tres meses y lo hace, que es profesional de alta calidad. Ha sido una experiencia única.

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Ricardo Aguilar Agramont

Periodista. Actualmente responsable de contenidos del CIS.