Una nueva interpretación

«Los bolcheviques llegan al poder»

August H. Nimtz
Publicado en Diciembre 2019 en La Migraña 33
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En las semanas precedentes a la Revolución bolchevique de octubre de 1917, Lenin entabló en un intenso debate con sus camaradas. ¿Debería y podría ser usurpado el Gobierno provisional? En el caso que sí, ¿cuándo se debería hacer? Y, ¿podría mantenerse en poder el nuevo régimen? Lenin, a menudo en la minoría, insistió que los bolcheviques no solamente deberían, sino podrían exitosamente guiar a los obreros y campesinos de Rusia al poder, y que esa conquista si podría sostenerse. Insistió, además, en determinar cuándo sería el mejor momento para llevar a cabo el derrocamiento. Defendiendo su posición, Lenin frecuentemente se refirió a “hechos objetivos,” como “elecciones a los consejos municipales . . . y soviet” donde “los bolcheviques tienen mayorías.” ¿A qué exactamente se estaba refiriendo? y ¿qué quería decir? ¿Cuáles fueron las suposiciones y esquema subyacentes a su argumento que, finalmente, ganaron la mayoría del Comité Central bolchevique a su posición? Para entender completamente la postura de Lenin, sostengo que es necesario volver a Marx y Engels.

Considerando todos los bosques que han sido cortados para escribir sobre la Revolución bolchevique, es sorprendente –y casi increíble– que tan pocos trabajos hacen la conexión entre ella y el programa y la práctica de Marx y Engels1Aparte de Lenin, el sujeto de este artículo, la única excepción que conozco es Waters, 1984. Es posible que historiadores soviéticos desconocidos hicieron la conexión de una forma más real que somera. . Algunos, como el de Orlando Figes, tal vez inclinan la cabeza en esa dirección, pero solo para afirmar que no hay dicha conexión (Figes, 1996, 145–46). Incluso en obras populares balanceadas y honestas que (a diferencia de la de Figes) reconocen el papel “decisivo” de Lenin –específicamente, la obra revisionista innovadora de Alexander Rabinowitch– esa laguna aún existe. Cuando Lenin inicialmente aparece en la trilogía premiada de Rabinowitch sobre cómo los bolcheviques llegaron a liderar la Revolución y cómo gobernaron en su primer año, no hay discusión ni insinuación de sus raíces en Marx y Engels, un rumbo que continúa en todos los tres volúmenes. En el prólogo del primer volúmen, Rabinowitch revela: “Temprano en el proceso de investigación me convencí de que la clave de un conocimiento de la política bolchevique en junio y julio [de 1917] no se encontraría en el descubrimiento de algún plan revolucionario preconcebido de Lenin . . .” (Rabinowitch, 1968: 5, traducido del inglés al español). Al comenzar con esa conclusión no es sorprendente que Rabinowitch ni siquiera consideraría a Marx y Engels en la formación de la estrategia de Lenin para 1917. El hecho que ninguno de los dos fundadores del comunismo moderno mereciese ni una mención en los índices de los dos primeros volúmenes de la trilogía que se enfoca en 1917 dice mucho. Y esto se considera como lo mejor que la academia tiene para ofrecer2El segundo volúmen es Rabinowitch, 1976..

No obstante, la miopía no se confina solamente a la literatura académica convencional. Incluso la obra magistral de Trotsky, el segundo al mando de Lenin en la Revolución de octubre, guarda silencio con respecto al asunto3Trotsky, 2009. Marx es mencionado solo brevemente, con la excepción de una discusión de dos párrafos acerca de si él consideraba posible una revolución socialista en un país “atrasado” como Rusia (1227–8). Sospecho que para Trotsky y otros bolcheviques la conexión se dio por sentada y, por tanto, no fue necesario mencionarla. Pero eso es solo especulación.. Tales omisiones posibilitan (inadvertidamente, es cierto, en el caso de Trotsky) la construcción histórica por los mencheviques y socialdemócratas de la muralla china proverbial entre Lenin a un lado, y Marx y Engels al otro, –lo que quizá explica por qué la carencia de esta conexión en la literatura académica convencional es casi habitual–.

Sin embargo, Lenin no veía dicha “muralla china.” Al contrario, consideraba que la estrategia que persiguió en 1917, y anteriormente, tenía raíces profundas en el programa y la práctica de Marx y Engels. Desde el inicio de su carrera política los vio como sus mentores4Véase “Lenin — Without Marx and Engels?” (Nimtz, 2009).. Si él estuvo en lo correcto es en muchos sentidos el tema de este artículo. Sostengo que sí estuvo, y que en ningún otro momento fue eso tan claro como durante la ascendencia bolchevique. Además, entre los escritos de Marx y Engels, afirmó que ninguno fue tan influyente en la estrategia de Lenin para 1917, como su balance general de los acontecimientos revolucionarios de 1848–1849, su bautismo de fuego. Comienzo a partir de ese contexto para exponer mi argumento.

Lo que Marx y Engels legaron

Marx y Engels apenas habían completado el Manifiesto del Partido Comunista cuando comenzó la “Primavera europea”5Nota de la traductora: “Primavera” en el contexto político se refiere a levantamientos revolucionarios, por ejemplo, la Primavera egipcia de 2011. en París, el 22 de febrero de 1848, con sublevaciones populares en contra de los regímenes monárquicos centenarios de Europa. Solicitado por la organización que ayudaron a fundar el año anterior, la Liga Comunista, se escribió el documento con la intención de que sería la fundación teórica de la respuesta del movimiento obrero a este capítulo más reciente y anticipado en la lucha de clases.

Cuando el tren revolucionario llegó a Berlín un mes más tarde, el liderazgo de la Liga se dio cuenta que el manifiesto tenía que ser suplementado con otro documento que hablara de la urgencia de la realidad alemana, donde una revolución democrática burguesa y no una revolución socialista estaba agendada; este último requirió la realización del anterior. Autorizaron a Marx y Engels a escribir lo que se llamaba Las demandas del Partido Comunista en Alemania. En su fundamento estaba el programa para fraguar la “alianza de los pueblos,” compuesta de los trabajadores, los campesinos, y la pequeña burguesía, este último siendo necesario para la revolución democrática burguesa6Para más detalles, véase Marx and Engels (2000), 64–65. . La realidad del proceso revolucionario en Alemania comenzó, sin embargo, a desafiar a planes preconcebidos, y es por eso que Marx, aparentemente, autorizado a hacerlo, decidió poner la Liga en espera (ibid., 70–71). Por tanto, el consejo editorial de Die Neue Rheinische Zeitung (La nueva revista de Renania) de Marx, se convirtió por la duración de la revolución en su de facto centro organizativo, con él al mando.

Marx y Engels utilizaron todos los medios disponibles para fraguar la “alianza de los pueblos,” incluyendo propaganda y agitación mediante la revista y, además, acciones en las barricadas y el campo de batalla. Cuando la monarquía fue forzada a conceder elecciones para una asamblea constituyente en un esfuerzo para desviar la energía revolucionaria en las calles, Marx creyó necesario que participara en ellas para aprovechar la oportunidad de avanzar la revolución. A partir de ahí surgió un debate entre los rangos de la Liga sobre si deberían participar y cómo: presentar una lista de candidatos obreros o aliarse con la lista de demócratas liberales. Marx optó por el último, tomando en consideración la debilidad del movimiento obrero –una decisión que criticaría más tarde–.

Un año después del comienzo de la versión alemana de la Primavera europea, fue cada vez más evidente que la reacción había pasado a la ofensiva. Marx y Engels con el resto de los camaradas de la Liga fueron forzados a retirarse al exilio en Londres en septiembre de 1849. La tarea ahora era hacer un balance de lo que había sucedido y decidir qué hacer próximamente. Por tal motivo, produjeron un número de balances generales, el más famoso de ellos siendo probablemente el 18 de brumario. Sin embargo, yo argumento que otro resultó ser el más consecuente para los acontecimientos en Rusia siete décadas más tarde.

La circular del Comité Central a la Liga Comunista, marzo de 1850 (Marx and Engels, 1975, vol. 10, 277–87, en adelante abreviado como MECW, 10, 277–877Nota de la traductora: Se utiliza donde sea posible la fuente publicada en español, C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas (1980), en Moscú por la Editorial Progreso y abreviada en este artículo como MEOE. Desafortunadamente las obras escogidas en español constituyen sólo tres tomos, mientras sus obras en inglés constituyen 50 en total. Debido a esta diferencia, existen textos de Marx y Engels sin cualquier publicación anterior en el idioma español; por lo tanto, unas citaciones están traducidas desde su fuente en inglés, y son anotadas como tal. , y traducido del inglés al español), de solo 11 páginas, tuvo como premisa el renacimiento inminente de la Primavera europea, específicamente, en su escenario alemán. Se basa en las lecciones claves de las agitaciones: primero, no se podría contar con la burguesía liberal en realizar la revolución democrática burguesa (el manifiesto mantuvo abierta esa posibilidad), y, segundo, no se podría confiar en la pequeña burguesía. Sin embargo, con este último tendría que aliarse la todavía pequeña clase obrera en la esperada reanudación para derrocar al “partido reaccionario.” Para evitar traición los obreros tendrían que ser organizados “independientemente,” una palabra que aparece virtualmente en cada hoja del documento de 11 páginas; por lo tanto, era una autocrítica de la decisión de suspender la Liga. Una alianza con la pequeña burguesía era simplemente eso y no significaba unidad en sí.

La circular aconsejó al movimiento obrero y a la Liga que “manifestarán abiertamente su desconfianza respecto del nuevo Gobierno” que resultaría del derrocamiento del viejo régimen. “Fuera del Gobierno oficial constituirán un Gobierno revolucionario de los trabajadores en forma de consejos ejecutivos locales o comunales . . . o comités de trabajadores,” etcétera. El documento aconsejó sobre cómo la Liga debería comportarse en el ámbito electoral en la próxima sublevación. Debería presentar miembros de la Liga como candidatos cuando sea posible, “aunque no exista ninguna posibilidad de que sean elegidos” y no ser persuadidos por la pequeña burguesía de que al hacerlo “están dividiendo el partido democrático y dándoles a los reaccionarios la posibilidad de victoria” –en otras palabras, el viejo y consabido argumento del “voto desperdiciado” o “mal menor.” Había más por ganar que perder para los intereses a largo plazo del movimiento obrero en acción electoral independiente –una oportunidad de “templar sus fuerzas y presentar su actitud revolucionaria y los puntos de vista del partido ante el público.”

Que este consejo fue casi inmediatamente precedido por detalles sobre cómo los trabajadores deben ser “armados y organizados” clarificó la necesidad de “templar sus fuerzas.” Solo una clase obrera independientemente armada y organizada podría asegurar que la próxima revolución en Alemania sería, en las últimas palabras del documento, “La Revolución permanente,” es decir, una revolución socialista. La circular constituye un documento fundacional en el arsenal político de Marx y Engels8Draper, Vol. 1, 1977, 599–612, argumenta de forma convincente que Marx y Engels, contrario a algunas afirmaciones, nunca desautorizaron el documento. .

Con respecto a que los trabajadores tengan sus “propios Gobiernos revolucionarios”, acción electoral independiente, y que sean “armados y organizados”, sostengo que la circular influyó, a diferencia de cualquier otro escrito de Marx y Engels, al proceso bolchevique en 1917, siendo crucial en explicar su éxito en guiar los obreros y campesinos de Rusia al poder en octubre9Ausente en la circular es la alianza obrero-campesina, tan vital en el triunfo de los bolcheviques. Esa omisión fue parcialmente corregida en el subsecuente Circular de junio 1850 del Comité Central que Marx y Engels escribieron (MECW, 10, 371–77).  Para más detalles véase Nimtz (2000), 106. Proveo también los detalles sobre cómo Marx y Engels buscaron reclutar el campesinado a la “alianza de los pueblos” (78–81, 95–98). El acta no revela que Lenin era familiarizado con este esfuerzo, ya que ciertamente lo habría citado.
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Si bien ni Marx ni Engels no volverían a estar directamente involucrados en la política revolucionaria, como lo habían estado en los tumultuosos dos años en Alemania, se basarían ampliamente en esa experiencia para pronunciarse sobre los desarrollos políticos posteriores allí y en otros lugares. Ese fue especialmente el caso cuando los partidos políticos de la clase trabajadora comenzaron a formarse dos décadas después, un desarrollo que ambos alentaron y ayudaron a dirigir. “Tenemos una regla firme para todos los países modernos y para todos los tiempos, y eso es prevalecer sobre los trabajadores para que formen su propio partido independiente en oposición a todos los partidos burgueses” –la lección clave de la Primavera europea (MECW, 49, 515, traducido del inglés al español). En contra de la posición abstencionista de los anarquistas, argumentaron que los ámbitos electoral y parlamentario ofrecían una oportunidad única para el movimiento obrero; en las palabras de la circular de 1850, la de “templar sus fuerzas.” A esto se refirió Engels en la conclusión de su libro de 1884, Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, que “el sufragio universal es, de esta suerte, el índice de la madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual, pero esto,” continuó, “es bastante. El día en que el termómetro del sufragio universal marque para los trabajadores el punto de ebullición, ellos sabrán, lo mismo que los capitalistas, qué deben hacer” (MEOE, 3, 182–83). Engels fue aún más claro ocho años más tarde con un camarada en París posterior a las ganancias electorales de su partido:

¿Usted se da cuenta ahora qué arma esplendida ustedes en Francia han tenido en sus manos por 40 años en el sufragio universal?; si la gente ¡tan solo supiera usarlo! Es más lento y más aburrido que el llamamiento de una revolución, pero es diez veces más seguro, y aún mejor, indica con la precisión más perfecta cuando se debe hacer un llamamiento a la revolución armada; a razón de diez a uno es seguro que el sufragio universal, utilizado de manera inteligente por los trabajadores, forzará a los gobernantes a derrocar la legalidad, es decir, a ponernos en la posición más favorable para hacer la revolución. (MECW, 50, 29, traducido del inglés al español.)

Sin embargo, pensar –como las fuerzas reformistas crecientes en el movimiento obrero– que los ámbitos electoral y parlamentario eran el alfa y omega de la política sería padecer “cretinismo parlamentario,” una frase que Engels acuñó en medio de los acontecimientos de 1848–1849 en Alemania.

Entre las fuerzas con las cuales trabajaron Marx y Engels en años posteriores, ninguna era más importante en su opinión que los rusos, y con buena razón. “Rusia,” escribieron en 1882 en el prefacio de la segunda edición rusa del manifiesto, “está en la vanguardia del movimiento revolucionario de Europa.” Y sus jóvenes eran ejemplares, como escribió Engels en 1872: “En cuanto a talento y carácter, algunos de estos están absolutamente entre los mejores de nuestro partido.” Y en anticipación de un Lenin: “Tienen un estoicismo, fuerza de carácter y al mismo tiempo un conocimiento teórico que son verdaderamente admirables” (MECW, 44, 396, traducido del inglés al español). Algunos de esos jóvenes buscaron la opinión de Marx sobre la dirección de Rusia. Él tomó la cuestión tan en serio que aprendió a leer ruso para consultar fuentes originales. Si las comunas campesinas del país serían el conducto para la transformación socialista, Marx opinó con cautela dos años antes de su muerte en 1883: “Para salvar la comunidad rusa hace falta una Revolución rusa” tomando en cuenta la penetración creciente del capital en el campo (MEOE, 3, 89).

Engels, al sobrevivir a Marx 12 años, conoció mejor hasta qué punto había llegado esa penetración, y acordó que solo una “Revolución en Rusia” podría salvar lo que quedaba de las comunas campesinas, y que tal revolución “dará un nuevo impulso al movimiento obrero del Occidente, y creará para él mejores condiciones de lucha y acelerá así la victoria del proletariado industrial moderno, la victoria sin el cual la Rusia de hoy no podrá lograr una reorganización socialista de la sociedad ni sobre la base de la comunidad ni sobre la base del capitalismo” (MEOE, 2, 237). Por lo tanto, al contrario de todas las distorsiones estalinistas futuras de los puntos de vista de Marx y Engels, Rusia “no podrá lograr una reorganización socialista de la sociedad” sin el derrocamiento de la burguesía en Europa occidental por su propio proletariado. Engels no podía haber sido más profético.

Unos meses antes de la muerte de su compañero en 1883, Engels aconsejó a los partidos obreros recién formados que no fundaran una nueva internacional. Las condiciones no estaban maduras; solo había pasado una década desde el final de la Primera Internacional. Pero los desarrollos “ya estaban tomando forma en Rusia, donde la vanguardia de la revolución entrará en batalla. Ustedes deberían –o eso pensamos [Marx y yo]– esperar esto y sus inevitables repercusiones en Alemania, y, entonces, habrá llegado el momento de un gran manifiesto y el establecimiento de una internacional oficial, el cual, sin embargo, ya no puede ser una asociación de propaganda sino simplemente una asociación para la acción” (MECW, 46, 198, traducido del inglés al español). Engels estaba una vez más en su mejor momento de presentimiento, tal como la historia pronto confirmaría.

Lenin como gerente de campañas electorales y de las Dumas

Durante una década, de 1905 a 1915, Lenin se sumergió profundamente en el trabajo electoral y parlamentario; específicamente, sus actividades en torno a las elecciones y el trabajo de los diputados del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), tanto mencheviques como bolcheviques, en las cuatro Dumas estatales, que eran el desafortunado coqueteo de los Romanov con la gobernanza representativa. Constituyó, aproximadamente, un tercio de su vida política, que comenzó en 1894 y terminó en 1923, y es prácticamente ignorado por amigos y enemigos por igual. Lo que hizo durante ese período y las lecciones que extrajo son cruciales para mi argumento. Sin embargo, la completa riqueza de esa experiencia no puede ser destilada aquí10Lo que hace mi libro de dos volúmenes por primera vez: Nimtz, 2014a, b.. Él mencionó brevemente su importancia en su obra más sostenida después de asumir las responsabilidades de poder del Estado en octubre de 1917, pero con todas las demandas que el último período implicó, nunca fue capaz de proporcionar todos los detalles. Sin embargo, lo que dijo sobre esa experiencia es indispensable para mi argumento, como explicaré al final.

¿Cuál es la evidencia más relevante de ese período en la vida de Lenin que apoya mi argumento? Primero, ¿hasta qué punto Marx y Engels influyeron en su práctica? Eso se hizo evidente con el comienzo de la “Primavera” rusa en 1905, su tan esperada versión de los eventos de 1848–1849. Un debate entre Lenin y Georgi Plejánov, la eminencia gris del rival ala menchevique del POSDR, sobre si la circular de 1850 de Marx y Engels era aplicable en ese momento, reveló que estaba más informado que su ex-ídolo. Lenin argumentó, correctamente, que el discurso estaba destinado para el momento en que una revolución democrática popular había derrocado al antiguo régimen y lo que el movimiento de los trabajadores tenía que hacer para garantizar una “Revolución en permanencia,” es decir, una revolución socialista. Eso no es, opinó, lo que estaba en la agenda en los primeros cuatro meses de la Primavera rusa (LOC, 8, 428–3311Nota de la traductora: Se anotan las citaciones de las obras completas de Lenin publicadas en español como LOC. Para las obras completas en inglés, se anotan como LCW. ). Doce años después sí lo estaría.

La razón más probable que Lenin podía ser más preciso con respecto a la circular que Plejánov, es que lo “sabía de memoria”. No solo había memorizado el documento, sino que también “solía deleitarse en citarlo,” según su colega bolchevique y archivista del partido David Riazanov, evidencia clave de mi afirmación de que Marx y Engels influyeron en la estrategia de Lenin en 1917 (Riazanov, 1973: 100, traducido del inglés al español).

Evidencia convincente de que Marx y Engels influyeron sobre el compromiso de Lenin con el ámbito electoral-parlamentario es cómo respondió al siempre presente dilema del “mal menor” o el “voto desperdiciado,” un problema hasta el día de hoy para gran parte de la izquierda. Las elecciones a la Segunda Duma en 1906 plantearon la necesidad de lidiar con el tema por primera vez. Los demócratas constitucionales o kadetes, en su mayoría centristas, argumentaron que a menos que el POSDR los apoyara en las elecciones, los de extrema derecha, las Centurias Negras –una corriente de tipo fascista– serían el partido victorioso. Lenin discrepó vehementemente con el ala menchevique del POSDR, que estaba más inclinada a estar de acuerdo con la afirmación de los kadetes. Lo vio como una táctica alarmista e hizo un análisis detallado de los resultados de las elecciones a la Primera Duma para argumentar su caso. Se sintió reivindicado por el resultado real en el que el POSDR, ejecutando su propia lista, logró sus mayores ganancias sin tener que prestar apoyo a los kadetes, y la amenaza de las Centurias Negras demostró haber sido falsa. Aunque no hay una referencia explícita a la circular de Marx y Engels en sus polémicas con los mencheviques, no hay duda de que influyó su postura. Lo que Marx y Engels habían abogado –que la Liga Comunista debería presentar sus propios candidatos en elecciones “aunque no exista ninguna posibilidad de que sean elegidos” y no debería ser persuadida por la pequeña burguesía que “están dividiendo el partido democrático y dándoles a los reaccionarios la posibilidad de victoria”– es exactamente lo que Lenin promovió.

El tema más controvertido para los bolcheviques era participar o no en el proceso electoral-parlamentario. Aunque se unieron para boicotear la Duma de Bulygin en 1905, que fue el intento visible del Zar Nicolás de desviar la energía de la revolución (tal como lo había hecho su primo Federico en Alemania en 1848), los bolcheviques se dividieron un año más tarde sobre el tema de la participación en la Primera Duma. La mayoría, con Lenin a regañadientes a bordo, votó a favor del boicot, una decisión que admitió años más tarde fue un error –el “comunismo izquierdista”–.

Para la Segunda Duma, también en 1906, estaban relativamente unidos en la decisión de participar. Lenin inmediatamente elaboró un plan de acción para impugnar las elecciones, incluyendo la redacción y el diseño de literatura y propaganda de campaña. Para apreciar la seriedad con la que Lenin tomó el trabajo, se deben considerar sus apelaciones a los colegas bolcheviques sobre los resultados de las elecciones, especialmente de la curia obrera o el colegio electoral.

Si los militantes del partido y en especial los mismos obreros de vanguardia no emprenden la imprescindible y muy importante tarea de examinar la marcha y los resultados de las elecciones de la curia obrera, es seguro que perderemos un material de extraordinario valor, necesario para el desarrollo futuro del trabajo y la agitación partidarios. . . Nuestro deber inmediato es examinar este fenomeno [el motivo por el cual el Partido Revolucionario Social de la oposición ganó al POSDR en San Petersburgo] con la máxima atención. Todos los socialdemócratas deben esforzarse por estudiarlo exhaustivamente y explicarlo bien. . . No es posible efectuar una consecuente labor socialdemocrata en S. Petersburgo sin examinar atentamente el desarrollo de la votacion de las masas obreras por los candidatos de tal o cual partido. A los partidos burgueses solo les importa conseguir cierto número de bancas. Para nosotros es importante lograr que las propias masas comprendan la doctrina y la táctica de la socialdemocracia como distintas de todos los partidos pequeñoburgueses, aunque se autotitulen partidos revolucionarios socialistas. Debemos tratar de obtener datos exactos y completos sobre la votación en las elecciones de la curia obrera en S. Petersburgo. (LOC, 12, 53–65.)12Lenin ya había mostrado una inclinación por analizar los resultados electorales. Véase su polémica con los mencheviques sobre las elecciones en el segundo congreso del POSDR en 1903, Un paso adelante, dos pasos atrás (1904).

Un intenso debate estalló entre los bolcheviques sobre si deberían participar o no en las elecciones a la Tercera Duma estatal en 1907; las nuevas reglas electorales eran mucho menos democráticas, que dos elecciones anteriores. Contra los boicoteadores, Lenin empleó los balances generales de Marx y Engels sobre los acontecimientos de 1848–1849 para defender su caso.

En las actividades de Marx y Engels, el período de su participación en las luchas revolucionarias de masas de 1848–49 se destaca como el punto central. Este fue su punto de partida para determinar el patrón futuro del movimiento de los trabajadores y la democracia en diferentes países. Fue a este punto que siempre regresaron para determinar la naturaleza esencial de las diferentes clases y sus tendencias en la forma más sorprendente y pura. Desde el punto de vista del período revolucionario de esa época, siempre juzgaban Marx y Engels las formaciones y organizaciones políticas, los fines políticos y los conflictos políticos posteriores y menores.

Ninguno de los términos que acuñaron en esos balances generales le gustaba más a Lenin emplear –excepto quizás “la dictadura del proletariado”– que “cretinismo parlamentario”; que es, otra vez, la creencia errónea de que lo que ocurre en el ámbito parlamentario es más importante que lo que sucede afuera. Al llamar por la participación bolchevique, tanto en las elecciones como en la Duma, Lenin dejó en claro que no fue víctima de esa aflicción.

Cuando se celebraron las elecciones de la Cuarta Duma en 1912, los bolcheviques, ahora desprovistos de los boicoteadores, estaban casi en acuerdo unánime para participar. La evaluación de los resultados realizada por Lenin revela una vez más la seriedad con la que tomó las elecciones. “[E]s indudable,” escribió después de analizarlos, “que las elecciones proporcionan datos objetivos. La comprobación de los deseos subjetivos, de los sentimientos y opiniones de cada uno, mediante el análisis de los votos de las masas de población representativas de diversas clases, siempre debe de resultar valiosa para el político que sea digno de ese nombre. La lucha de los partidos en la práctica, ante el electorado y con los resultados resumidos, proporciona siempre datos que sirven para poner a prueba nuestra concepción sobre la correlación de las fuerzas sociales en el país, y sobre la importancia de tales o cuales ‘consignas’” (LOC, 19, 98–99). Sostengo que eso es exactamente por qué Lenin prestaría tanta atención a las elecciones en Rusia cinco años después. El acta entera deja en claro que estas no fueron declaraciones aberrantes de su parte sobre las elecciones, ya que se registró cuán exhaustivamente había absorbido las lecciones extraídas de Marx y Engels, específicamente, la necesidad de que los partidos de los trabajadores “templaran sus fuerzas.”

Finalmente, Lenin prestó atención detallada a las actividades de los diputados del POSDR elegidos a las Dumas, que eran, otra vez, tanto mencheviques como bolcheviques. Investigó y escribió discursos para ellos y empleó a la prensa bolchevique, especialmente a Pravda, para dar publicidad a sus acciones. Además, redactó proyectos de ley para proponer y ofreció consejos sobre cómo votar sobre la legislación pendiente, como los presupuestos. Más consecuencial para la fortuna de los bolcheviques, es que Lenin ayudó a sus diputados a aprovechar su inmunidad parlamentaria para organizar el trabajo antibélico cuando explotaron los cañones de agosto de 1914, y por lo cual fueron arrestados; a medida que las masas se agriaron cada vez más con respecto a la guerra, la oposición bolchevique se convirtió en un polo de atracción. No había dos metas más importantes para él en este trabajo que la acción política de la clase trabajadora independiente –el mensaje central de la circular– y la formación de la alianza obrero-campesina. Sostengo que Marx y Engels influyeron mucho a su estrategia, lo que colocó a Lenin en una posición excepcionalmente ventajosa unos años más tarde.

Preludio a octubre

Lenin estaba en el exilio en Suiza cuando las masas rusas volvieron a ser protagonistas de la historia. Esta vez, en marzo de 1917 (febrero según el calendario juliano), hicieron lo que no podían hacer en 1905–1907 y, finalmente, pusieron a descansar a la esclerótica dinastía Romanov con 300 años de antigüedad. Un gobierno provisional, compuesto principalmente por kadetes y otras fuerzas burguesas, tomó su lugar y reclamó su legitimidad en lo que quedaba de la Cuarta Duma, pero casi de inmediato Lenin lo comenzó a criticar.

El nuevo Gobierno promete, en su manifiesto, toda clase de libertades, pero se guarda de cumplir con su deber directo e incondicional de llevar a la práctica inmediatamente libertades tales como, la elección de oficiales, etcétera: por los soldados, elecciones a la Duma de las ciudades de San Petersburgo, Moscú, etcétera, sobre la base de un sufragio realmente universal, y no meramente masculino, permitir reuniones públicas en todos los edificios públicos y del Gobierno, convocar a elecciones en todos los organismos locales y en los zemstvos, igualmente sobre la base de un auténtico sufragio universal; derogar todas las restricciones a los derechos de los organismos de Gobiernos locales; destituir a todos los funcionarios públicos designados para fiscalizar los organismos de gobierno locales; implantar, no solo la libertad de religión, sino también la libertad de la religión, separar inmediatamente la escuela de la iglesia, y liberarla del control de los funcionarios públicos, etcétera. . . Es necesario hacer conocer a todos los trabajadores de la ciudad y del campo y también los soldados, la verdad acerca del actual Gobierno y su verdadera actitud ante los problemas urgentes. Es necesario organizar soviet de diputados obreros y armar a los obreros. Las organizaciones proletarias deben extenderse al ejército (al que el nuevo Gobierno prometió también derechos políticos), y al campo. Debe crearse una organización especial de clase para los trabajadores agrícolas. (LOC, 24, 327–28).

¿Por qué insistió Lenin en que se celebraran elecciones, especialmente para “los soldados”? Es porque los bolcheviques, afirmo, podrían entonces “templar sus fuerzas y presentar su actitud revolucionaria y los puntos de vista del partido ante el público” como lo aconsejaron Marx y Engels en su circular; para ver si “el día en que el termómetro del sufragio universal marca para los trabajadores el punto de ebullición” como lo puso Engels en su Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado en 1884; y, a ver si el “sufragio universal . . . indica con la precisión más perfecta cuando se debe hacer un llamamiento a la revolución armada” como Engels explicó a un camarada francés ocho años después, lo cual es el epigrama que introduce este artículo. ¿Los desarrollos posteriores confirmaron sus expectativas?

Si bien habría sido prematuro en los primeros meses del levantamiento de 1905 emplear la circular de Marx y Engels, como Lenin argumentó contra Plejánov, ahora sería el momento de hacerlo. Una revolución democrática popular de trabajadores y campesinos había derrocado al antiguo régimen. La circular habló exactamente sobre ese momento, expresando lo que el movimiento de trabajadores tenía que hacer para garantizar una “Revolución en permanencia.” Sin embargo, como Lenin buscaba explicar a sus camaradas bolcheviques, surgió una situación única, un resultado imprevisto: dos instituciones contradictorias compartiendo el poder estatal, es decir, un “poder dual”. Por un lado, estaba el Gobierno provisional, que claramente, sobre la base de los intereses de clase de los partidos en el poder, trató de evitar que el proceso fuera “permanente,” que era lo último que ellos querían. Eso seguía siendo cierto unos meses después, cuando se unieron al Gobierno socialistas revolucionarios como Aleksandr Kérenski –“pseudosocialistas”– como los llamaba Lenin sarcásticamente. Por otro lado, los soviets, la encarnación institucional del levantamiento popular, rápidamente habían surgido, independientemente de las llamadas de Lenin desde el extranjero para hacerlo, lo cual no era disimilar a lo ocurrido en 1905.

Al llamar por la organización de los soviet, Lenin estaba siguiendo los consejos de Marx y Engels en la circular. Los trabajadores del movimiento obrero en tal situación, escribieron los dos, “manifestarán abiertamente su desconfianza respecto del nuevo Gobierno… Fuera del Gobierno oficial constituirán un Gobierno revolucionario de los trabajadores en forma de… consejos ejecutivos locales o comunales… o comités de trabajadores,” etcétera. Se debe comparar esto con lo que Lenin aconsejó a uno de los miembros del primer grupo de bolcheviques volviendo a Rusia después de la Revolución de febrero: “no confiar en el nuevo Gobierno ni apoyarlo”. Lo que no se había previsto en la circular, la singularidad de la situación, es que las instituciones alternativas de los trabajadores, los soviet, no estaban disputando “el nuevo Gobierno,” sino cediendo voluntariamente el poder al Gobierno provisional13Waters, 1984, 56–61, proporciona la mejor destilación de la explicación de Lenin para esta situación imprevista..

Gran parte de la tarea de Lenin durante los próximos siete meses fue presentar un caso convincente, mediante “explicaciones pacientes,” de por qué los soviet, y no el Gobierno provisional, eran la expresión real de los intereses de las masas plebeyas de Rusia y, por lo tanto, tenían que dejar de ceder poder al Gobierno provisional y tomar el poder en su propio nombre. La acción política de la clase trabajadora independiente en el ámbito electoral, para lo que Marx y Engels y la década anterior del trabajo en las Dumas prepararon a Lenin, sería la manera de lograr su objetivo. La circular, afirmó otra vez, sirvió para Lenin como una guía.

Lenin clarificó su demanda para las elecciones:

No hice referencia a la Asamblea Constituyente, sino a las elecciones para los organismos municipales. Las elecciones para la Asamblea Constituyente, son, por el momento, simplemente una promesa vacía. Las elecciones para la Duma de la ciudad de Petrogrado podrían y deberían realizarse de inmediato, si es que el Gobierno es realmente capaz de establecer las libertades prometidas. Estas elecciones podrían ayudar al proletariado a organizar y fortalecer sus posiciones revolucionarias. (LOC, 24, 331–32.)

Para ser claro, todavía apoyó a la convocación de una Asamblea Constituyente, pero “sin los soviet de diputados obreros y soldados no está garantizada. . . [su] convocatoria. . . ni es posible su éxito” (LOC, 24, 440).

Antes de su regreso a Petrogrado, Lenin escribió sus ahora famosas “Cartas desde lejos” en las que describió su visión para la siguiente etapa en la Revolución de Rusia. Especialmente relevantes fueron sus comentarios sobre el soviet de los diputados obreros formado en Petrogrado. El hecho que el Soviet estaba “atrayendo a él a diputados de los soldados y, sin duda alguna, a diputados de los asalariados rurales y, además, (en una u otra forma) de todos los campesinos pobres” fue particularmente alentador. La inclusión de los diputados de los soldados resultó en que el soviet fuera compuesto de “más de 1 500 diputados obreros y campesinos vestidos con uniforme de soldado.”

La principal tarea, la más importante, y que no puede ser postergada, es crear organizaciones de ese tipo en todos los lugares de Rusia sin excepción, para todos los gremios y todas las capas de la población proletaria y semiproletaria sin excepción. . . Señalaré, anticipándome, que nuestro partido. . . debe recomendar especialmente a toda la masa campesina que organice soviet de trabajadores asalariados y soviet de pequeños agricultores que no venden su cereal, independientemente de los campesinos ricos.

Tal como Lenin había intentado usar a las cuatro Dumas una vez para construir la alianza obrero-campesina, ahora defendía que los soviet fueran el vehículo para hacer lo mismo –un cuerpo representativo mucho más democrático, parecido la Comuna de París.

De importancia crucial para la eficacia de los soviet, Lenin enfatizó, fue la organización de una auténtica milicia popular, es decir, una milicia que en primer lugar, esté formada por la población entera, por todos los ciudadanos adultos de ambos sexos y que, en segundo lugar, combine las funciones de un ejército popular con funciones de policía, con las funciones de órgano principal y fundamental del orden público y de la administración pública (LOC, 24, 362–66). Junto con la acción política de la clase obrera independiente en los ámbitos electoral y parlamentario, y con los obreros teniendo sus “propios Gobiernos revolucionarios de los trabajadores,” un proletariado “organizado” y “armado” fue la tercera arma esencial en la circular para asegurar la “Revolución en permanencia.” No en vano puso Lenin tanto énfasis en las milicias; nota bene: “de ambos sexos”.

La primera tarea de Lenin, una vez que regresó a Petrogrado, fue ganar a los otros bolcheviques a su posición. La campaña de todo el “poder del Estado a los soviet” requeriría que “[luchen] sistemáticamente dentro de los soviet (mediante la propaganda y nuevas elecciones) por el triunfo de la línea proletaria” (LOC, 25, 255). Con Trotsky, quien una vez encabezó al legendario soviet de San Petersburgo de 1905, ahora a su lado después de haber sido un oponente amargo durante más de una década, se encontraba Lenin en una posición más segura al tratar de ganarse a los soviet a través de “propaganda y nuevas elecciones.” En la edición del 15 de mayo de la recién revivida Pravda, Lenin planteó públicamente por primera vez el eslogan: “¡Todo el poder a los soviet de diputados obreros y soldados! ¡Ninguna confianza en el Gobierno de los capitalistas!” (LOC, 25, 301). Pero esto fue solo por propaganda y no por agitación, al menos en este momento.

Casi inmediatamente después de su regreso en abril, Lenin se lanzó al trabajo electoral, recuperándose de donde lo había dejado en espera tres años antes de los arrestos de los diputados bolcheviques. Si hubo una cosa que caracterizó a la Rusia post-Romanov, fue la ubicuidad de las elecciones, esta vez no solo para los soviet, sino también para las Dumas locales –la razón que Lenin llamó a Rusia “el más libre de todos los países beligerantes [en la Primera Guerra Mundial] en el mundo”. Las elecciones, como le gustaba decir, eran una oportunidad para “enseñar.” Pronto compuso una pieza de literatura de campaña para su distribución masiva, modelada a partir de algo que hizo para las elecciones a la Duma de 1906 que distinguían claramente las posturas de los cuatro partidos en competencia: “Partidos y grupos situados a la derecha de los kadetes [el Partido Demócrata Constitucional],” el “Partido Demócrata-Constitucional (kadetes o el partido de la libertad del pueblo) y grupos afines,” los “socialdemócratas [mencheviques], socialistas-revolucionarios y grupos afines,” y, por último, los bolcheviques, el “partido que debería llamarse correctamente partido comunista”.

Especialmente importantes para Lenin eran las posturas de los partidos respecto al “principio electivo.” Si el principio se aplicara a los funcionarios del Gobierno, ¿no deberían los soldados poder elegir a sus oficiales? “No solo deben ser elegidos, sino que cada paso de todo oficial o general debe ser controlado por personas especialmente elegidas para ese fin por los soldados”. Y si los civiles pudieran destituir a los funcionarios del Gobierno, ¿no deberían los soldados disfrutar del mismo derecho? “Es conveniente y necesario en todo sentido. Los soldados obedecerán y respetarán solo a los superiores elegidos por ellos” (LOC, 25, 12–17). Si el folleto de Lenin impactó a los soldados es incierto. Pudo haber ayudado a generalizar las prácticas que ya existían, a medida que las pérdidas iban aumentando en el campo de batalla, provocando una creciente resistencia de las tropas a las ordenes de los oficiales. Lo que se sabe es que el éxito bolchevique en octubre se debió en gran parte al apoyo que aprovecharon entre los soldados y marineros, y la promesa de democracia y el principio electivo –que ningún otro partido había puesto por escrito– sin duda los hicieron atrayentes. Para el nuevo programa del Partido, Lenin propuso que el principio se aplique en todos los niveles de Gobierno y en toda la nueva sociedad que buscaba llevar a la existencia. Lenin argumentó que esto también se aplicaba al partido mismo.

El folleto de Lenin apareció justo a tiempo para las 12 elecciones a la Duma del distrito de Petrogrado celebradas a fines de mayo. Cuando estas estaban a punto de tomar lugar, Lenin señaló “dos defectos en nuestra organización partidaria y en nuestra labor partidaria.” Se referían a la lista de candidatos bolcheviques para uno de los distritos más ricos de la ciudad.

En el distrito de Liteini figuran en nuestra lista solo 33 candidatos contra 63 de los kadetes y del bloque menchevique con Edinstvo y los populistas. . . Por lo visto, los militantes de nuestro partido no han podido encontrar en este distrito rico más de 33 candidatos del partido proletario. Pero esto es un evidente defecto de nuestra labor, un evidente indicio de que no hemos ido suficientemente “abajo” entre los trabajadores y explotados. Debemos romper con las prácticas establecidas. En los barrios ricos debemos penetrar “en el pueblo” con más energía que nunca, y despertar a la conciencia política a nuevas capas de trabajadores y explotados. Debemos lograr que los elementos proletarios apartidistas —en especial los servidores domésticos, por ejemplo— participen activamente en las elecciones, y no vacilar en incluir a los más seguros en nuestra lista proletaria. ¿Por qué debemos temer a una minoría de elementos proletarios apartidistas, cuando la mayoría son proletarios internacionalistas con conciencia de clase? (LOC, 26, 14.)

Nada en el corpus publicado sobre sus actividades en 1917 revela mejor que esta directiva, la seriedad que Lenin prestó a las elecciones, precisamente porque estaba tratando de medir el sentimiento público para determinar cuándo sería mejor recurrir a la lucha armada.

Unos meses después tuvieron lugar las elecciones a la Duma de la ciudad de Petrogrado. William Rosenberg proporciona el relato más detallado en inglés (Rosenberg, 1969, 131–63). De importancia son las ganancias que obtuvieron los bolcheviques en las elecciones anteriores, una mejora del 14 % que prefiguraba sus futuras fortunas. El Partido entró por completo en modo de campaña no solo en Petrogrado, sino también en Moscú –donde aumentó su voto en un 40 %– y en otros lugares donde se realizarían las elecciones locales a las Dumas. Una evidencia crucial para mi argumento es que las memorias bolcheviques posteriores a la Revolución dicen que consideraron sus ganancias «no solo como un medio para ‘tomar la temperatura revolucionaria de las masas’ [el “termómetro” de Engels] sino también como una ayuda potencial para tomar el poder” (ibid., 162). No solo Lenin, sino también otros bolcheviques estaban familiarizados con la metáfora de Engels.

De gran ayuda para las campañas bolcheviques fue la puesta en marcha de dos periódicos del partido, Proletary y Soldat en lugar de la ahora prohibida Pravda. Los bolcheviques ahora podían diseminar su programa en una escala masiva. Muy parecido a la literatura de campaña que Lenin había escrito una vez, fue el llamado a los votantes en tres números de Proletary:

Todos los trabajadores, campesinos y soldados deben votar por nuestra lista porque solo nuestro Partido lucha con firmeza y valentía contra la furiosa dictadura contrarrevolucionaria de la burguesía y los grandes terratenientes. [Solo nuestro partido] está luchando contra la reimposición de la pena capital, la destrucción de las organizaciones de trabajadores y soldados, y la supresión de todas las libertades ganadas con la sangre y el sudor del pueblo. Usted debe votar por nuestro partido porque es el único que está luchando valientemente con los campesinos contra los grandes terratenientes, con los trabajadores contra los dueños de las fábricas, con los oprimidos en todas partes contra los opresores. (Citado en Rabinowitch, 1976, 92, y traducido del inglés al español.)

Este llamamiento, y todos los detalles de la campaña, sugieren que Lenin –que estaba en fuga, hecho que probablemente explica la falta de un rastro documental– fue el orquestador y el principal responsable de lo que se logró. Ningún bolchevique sabía más sobre cómo llevar a cabo una campaña electoral efectiva y exitosa.

Krupskaya, camarada y esposa de Lenin, proporciona la mejor evidencia circunstancial. Después de regresar a Petrogrado escribió: “mi trabajo en la secretaría me aburría cada vez más”.

Quería entrar en el trabajo real con las masas. También quería ver a Ilyich [Lenin] con más frecuencia. . . Las elecciones distritales a las Dumas se llevaron a cabo en junio. Fui a la Isla Vasilevsky para ver qué progresos se estaban haciendo en la campaña electoral… Las elecciones distritales a las Dumas habían terminado. Fui elegida para el consejo del distrito de Viborg. Los únicos candidatos elegidos para este consejo eran bolcheviques y algunos mencheviques–internacionalistas . . .Aprendí mucho del trabajo en el distrito de Viborg. Era una buena escuela para el trabajo partidario y soviético. Durante los muchos años que viví en el extranjero como una exiliada política, nunca me atreví a pronunciar un discurso ni siquiera en una pequeña reunión, y hasta ese momento nunca había escrito una sola línea en Pravda. Me hacía mucha falta una escuela así. (Krupskaya, 1970, 303–306, traducido del inglés al español.)

La educación de Krupskaya dice mucho sobre lo que se abrió para los bolcheviques con la nueva oportunidad para el “trabajo con las masas” mediante las elecciones locales a las Dumas. Reitero que es muy poco probable que Lenin no haya estado íntimamente involucrado con su nueva y más satisfactoria vida política.

No obstante, como lo demostraría la historia, más decisivas que las elecciones a las Dumas locales fueron las elecciones a los soviet. A diferencia de las Dumas locales, las elecciones a los soviet fueron más frecuentes e incluyeron el derecho de reclamar, cuyos detalles, sin embargo, no aparecen en el corpus conservado de las publicaciones de Lenin. Un punto de inflexión decisivo en la Revolución llegó en julio, cuando los bolcheviques, quienes, en las palabras de Trotsky, “representaban… un sector insignificante” de la sección obrera del soviet en abril, ahora constituían “los dos tercios de delegados” como resultado de elecciones parciales en las fábricas. “Esto significaba que su influencia entre las masas había adquirido un carácter decisivo” (Trotsky, 2009, traducido del inglés al español).

Los bolcheviques lograron una gran victoria en los soviet de Petrogrado y Moscú, respectivamente el 31 de agosto y el 5 de septiembre, cuando una abrumadora mayoría de delegados en ambos lugares aprobó mociones para rechazar cualquier compromiso con la burguesía y la transferencia de “¡Todo el poder a los Soviet!” –testimonio de la profundización del proceso revolucionario. Sobre este momento escribe Trotsky: “Las Dumas municipales, que habían intentado rivalizar con los soviet, desempeñaron en los días de peligro un papel completamente gris. La Duma de Petrogrado mandó humildemente una comisión al Soviet, ‘para examinar la situación general y establecer contacto’” (ibid., 795).

En vísperas de octubre

En el período previo a la Revolución de octubre, los bolcheviques debatieron si gozaban del apoyo suficiente para llevar a cabo un derrocamiento armado del Gobierno provisional. La carnicería en el campo de batalla, permitida por el Gobierno de Kérenski –específicamente, el precio que los campesinos y trabajadores de Rusia estaban pagando con sangre– fue el tema apremiante. Lenin, en la minoría (Trotsky fue el miembro del Comité Central más cercano a sus opiniones al respecto) insistió en que existía el apoyo adecuado.

Al haber obtenido la mayoría en los Soviet de diputados obreros y soldados de ambas capitales, los bolcheviques pueden y deben tomar el poder en sus manos… La mayoría conquistada en los Soviets de las capitales es el fruto de la evolución del pueblo hacia nosotros… Compárese las elecciones en Moscú con la huelga del 12 de agosto en Moscú: estos son datos objetivos respecto de esa mayoría de elementos revolucionarios que conducen a las masas. (LOC, 27, 129–30.)

Para Lenin, una vez más, las elecciones fueron una herramienta invaluable para calcular la probabilidad de éxito en la elección más importante: cuando las masas votan con los pies,14Nota de la traductora: Nimtz acuñó esta frase clave para referirse a la gente que se manifiesta en las calles con marchas, demostraciones, luchas armadas, etcétera. Se refiere a cuando las personas, en vez de participar en elecciones, abogan por cambio social con acciones y actividades políticas no electorales; es decir, cuando no votan con una papeleta, sino con sus propios pies. que es su disposición y capacidad no solo para tomar el poder sino para defenderlo. Tomar nota: “objetivos” es exactamente el término que usó para analizar los resultados de las elecciones de la Cuarta Duma en 1912. También téngase en cuenta el calificador, la “mayoría de elementos revolucionarios que conducen a las masas”: los votantes más efectivos, los que votan con los pies.

Lenin reiteró este punto sobre el valor de las elecciones cinco meses después de la Revolución de octubre en un debate sobre las perspectivas de una revolución parecida a la bolchevique en Alemania. “En octubre la situación se presentó de tal manera, que podemos calcular con precisión la fuerza de las masas. No suponíamos, sabíamos [el otro epigrama que introduce este artículo] con seguridad, por la experiencia de las elecciones de masas a los soviet, que en setiembre [sic] y a comienzos de octubre la inmensa mayoría de los obreros y soldados ya se habían pasado de nuestro lado. Sabíamos . . . que la coalición [el gobierno provisional] también había perdido el apoyo del campesinado; por lo tanto, nuestra causa ya había ganado” (LOC, 28, 219–20). Engels, como sugiere su epigrama que introduce este artículo, habría asentido.

El liderazgo socialista revolucionario-menchevique del ejecutivo del soviet convocó a mediados de septiembre la “Conferencia Democrática,” básicamente un intento de desviar la energía hirviendo desde abajo, y cada vez más dirigida por los bolcheviques, a la arena parlamentaria. Lenin instó a la dirección del partido a no ser tentado. “Sería un gran error, puro cretinismo parlamentario de nuestra parte, considerar la conferencia democrática como un parlamento; pues aunque se hubiese proclamado a sí misma un parlamento permanente y soberano de la revolución, a pesar de ello no decidiría nada: el poder de decisión está fuera de ella, en los barrios obreros de Petersburgo y de Moscú” (LOC, 27, 135)15No es casualidad que Lenin vuelve a emplear el concepto del “cretinismo parlamentario” en este momento. Como muestra su carta al Comité Central, “El marxismo y la insurrección,” había estado leyendo Marx y Engels sobre la Revolución alemana de 1848.. De acuerdo con todas las lecciones que Marx y Engels habían extraído de los acontecimientos de 1848 y las experiencias de la propia Revolución rusa, Lenin explicó, en previsión de la futura “guerra civil” de Rusia y su resultado, por qué “fuera” del ámbito electoral y parlamentario era más importante.

Una comparación de los datos sobre las elecciones “parlamentarias” [a las Dumas locales] con los datos sobre los… movimientos de masas [desde el 20 de abril], corrobora plenamente, con respecto a Rusia, una observación que se hace a menudo en los países occidentales, es decir, que el proletariado revolucionario, por lo que se refiere a su influencia sobre las masas y de su capacidad de arrastrarlas a la lucha, es incomparablemente más fuerte en la lucha extraparlamentaria que en la parlamentaria. (LOC, 27, 142–43.)

Cuando Lenin decidió que los bolcheviques debían boicotear la Conferencia, se basó en “los elementos que concurrieron a plasmar la táctica justa del boicot a la Duma de Buliguin [sic]” en 1905 y la “incorrecta” de “boicotear la III Duma” en 1907 (LOC, 27, 163). Una vez más se demuestra la importancia de su práctica anterior con las cuatro Dumas estatales. Téngase en cuenta, también, su obsesión con “los datos”.

Después de demoras y aplazamientos, el Gobierno provisional, finalmente, fijó una fecha para las elecciones a la Asamblea Constituyente, el 12 de noviembre. Habiendo insistido durante meses en que fueran celebradas, los bolcheviques inmediatamente se prepararon para participar. Sin embargo, siempre atento a un enfoque proletario del proceso electoral, Lenin criticó la composición de la lista preparada por el Comité Central. Había dos problemas. Primero, más obreros, “cuatro o cinco veces más,” tenían que ser incluidos porque en lo que sería mayormente una “Asamblea Constituyente campesina… solo ellos son capaces de establecer vínculos cercanos e íntimos con los diputados campesinos.” El segundo y relacionado problema tenía que ver con los pasados políticos de muchos en la lista. “Además, es absolutamente inadmisible tener un número excesivo de candidatos del grupo de los jóvenes que apenas se han unido a nuestro partido y aún no han sido comprobados… Al llenar la lista con tales candidatos que debían haber trabajado primero en el partido por meses y meses, el C.C. ha abierto la puerta para arribistas que se apresuran por escaños en la Asamblea Constituyente” (LCW, 41, 446–48, traducido del inglés al español). Su trabajo durante más de una década en las cuatro Dumas estatales había preparado a Lenin para este momento –para garantizar que los bolcheviques que podrían ser elegidos, incluyéndose a él mismo, se limitaran estrictamente a un curso de acción política de la clase trabajadora independiente y la forja de la alianza obrero-campesina.

Mientras tanto, y casi de forma anticlimática, Lenin, finalmente, pudo mediante el uso de “datos” y “hechos objetivos,” convencer a la mayoría del Comité Central bolchevique de organizar un derrocamiento armado del Gobierno provisional, ahora desacreditado. La relativa facilidad con que se llevó a cabo la Revolución del 25 de octubre, marcada por la ausencia de una defensa real del Gobierno provisional y, por lo tanto, un derramamiento de sangre mínimo, especialmente en Petrogrado, ofrece pruebas convincentes de que Lenin estuvo en lo correcto al afirmar que la mayoría efectiva de la población –aquellos dispuestos a votar con sus pies– apoyaría la insurrección. Y no había nada más importante en su cálculo que los resultados de las varias elecciones previas –una oportunidad, como se escribió en la circular para los bolcheviques de “templar sus fuerzas.”

Después de octubre

La cuestión fundamental de la Revolución rusa –¿Qué clase gobernaría después del derrocamiento de la monarquía?– se resolvió oficialmente el 6 de enero de 1918. El nuevo Gobierno soviético, por iniciativa de Lenin, esencialmente, declaró nula e írrita la Asamblea Constituyente, retrasada durante mucho tiempo, que finalmente se reunió el día anterior. Los acontecimientos sobre el terreno, por lo menos del 25 de octubre al 6 de enero, revelaron que la coalición de trabajadores y campesinos a través de los soviet constituía de facto las nuevas clases dominantes del país. “Todo el poder a los soviet” ya no era solo una demanda, sino ahora un hecho consumado. A diferencia de julio y agosto de 1917, cuando el poder soviético fue amenazado por la burguesía con el intento de golpe de Estado de Kérenski y Kornílov, las masas no salieron a las calles para defender la Asamblea Constituyente cuando se disolvió el 6 de enero. Esto fue un testimonio fuerte de lo que ocurrió durante el año anterior. Su disolución significó que la burguesía ya no tenía la esperanza de tener un Gobierno, como el provisional, para proteger sus intereses de clase. La burguesía y sus partidarios habían cometido el error de confundir una elección, a la Asamblea Constituyente, con el ejercicio real del poder político –lo que yo llamo el fetichismo del voto (el complemento necesario al cretinismo parlamentario)–.

Al darse cuenta de que el poder político real se encuentra fuera del ámbito electoral–parlamentario, la burguesía de Rusia trató de recuperar sus pérdidas al iniciar una guerra civil, con la asistencia de otros Gobiernos burgueses, incluido el de los Estados Unidos. Los bolcheviques ya lo habían anticipado; una razón por la cual el debate interno había sido tan acalorado. No fue suficiente, según se argumentó, tomar el poder del Estado: ¿podría ser mantenido? Cuando los datos para las elecciones a la Asamblea Constituyente, finalmente, salieron en 1919, más de un año después del inicio de la guerra civil, la inclinación de Lenin por el procesamiento de números volvió más fuerte que nunca. Los datos, argumentó Lenin, explicaban no solo por qué los bolcheviques podían tomar el poder en octubre, sino por qué estaban ganando la guerra civil a fines de 1919. Incluso los oponentes de Lenin admiten a regañadientes la objetividad y validez de su análisis.16Radkey, 1990, 6. Sobre el análisis: “Su punto de vista no fue, de ninguna manera, tan sesgado como uno podría esperar, ya que buscó conscientemente en las cifras las lecciones que contenían para su partido, ya sean halagadoras o no, y sus deducciones constituyen un análisis exhaustivo y penetrante de los resultados.” [Original en inglés.] Su artículo “Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la dictadura del proletariado” (LOC, 32, 242–66), con su lista final de diez puntos parecidos a tesis, resultó ser la penúltima declaración de Lenin sobre la utilización revolucionaria de los ámbitos electoral y parlamentario, un resumen y generalización de la experiencia rusa17Trotsky y Zinóviev redactaron un conjunto de tesis sobre los Partidos Comunistas y el parlamentarismo para el segundo congreso de la Comintern en 1920 que se basaron en esa experiencia. Véase Riddell, 1991..

La última palabra de Lenin sobre el tema llegó unos meses después: El ‘izquierdismo’, enfermedad infantil del comunismo (LOC, 33, 125–226), su obra más extensa escrita tras la Revolución de octubre. En preparación para el Segundo Congreso de la recién fundada Tercera Internacional o Internacional Comunista, su propósito era convencer a las fuerzas revolucionarias en otros lugares, inspiradas en la Revolución de octubre, de la necesidad de comprender completamente el ascenso bolchevique. Para aquellos que pensaban que la participación en las elecciones burguesas y los parlamentos era una pérdida de tiempo, Lenin objetó. Refiriéndose a las cuatro Dumas estatales, escribió: “Nosotros, los bolcheviques, hemos participado en los Parlamentos más contrarrevolucionarios y la experiencia ha demostrado que esa participación fue no solo útil, sino indispensable para el partido del proletariado revolucionario después de la primera revolución burguesa en Rusia (1905), a fin de allanar el camino para la segunda revolución burguesa (febrero de 1917), y luego para la revolución socialista (octubre de 1917).” Lenin no pudo haber sido más claro sobre cuán “indispensable” consideraba su experiencia durante una década en el trabajo electoral-parlamentario en las cuatro Dumas estatales para el éxito de los bolcheviques en 1917. Sostengo que la evidencia también deja claro que Marx y Engels fueron sus informantes “indispensables” en ese trabajo.

La única enmienda que Marx y Engels agregaron al Manifiesto comunista, en 1872, fue lo que consideraron la lección principal de la Comuna de París de 1871. “La Comuna ha demostrado, sobre todo . . . que ‘la clase obrera no puede simplemente tomar posesión del aparato estatal existente y ponerlo en marcha para sus propios fines’” (Citado en LOC, 27, 48). En otras palabras, la república burguesa no podría ser un vehículo para la transformación socialista –una lección ignorada o desconocida por muchos partidos del movimiento obrero desde entonces y, trágicamente, a su propio riesgo. (Se podría decir que las bajas recientes más notables son Syriza en Grecia y el Partido de los Trabajadores en Brasil). La Comuna reveló que se necesitaba un nuevo tipo de estado para tal transformación, como lo que inventaron los trabajadores de Rusia: la gobernanza soviética. La participación en la arena electoral-parlamentaria burguesa, según reconocieron Marx y Engels, estaba ciertamente llena de todo tipo de peligros reformistas. Pero abstenerse, como abogaron los anarquistas, era un callejón sin salida. La alternativa, enraizada firmemente en Marx y Engels, fue lo que Lenin llegaría a llamar el “parlamentarismo revolucionario”. En vez de ser un fin en sí mismo, participar en elecciones y parlamentos burgueses era un medio para alcanzar un fin: el ascenso de la clase obrera. Esa es la lección de la Revolución de octubre, y sostengo que hoy en día tiene más relevancia que nunca.

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August H. Nimtz

Licenciado en relaciones internacionales en la Universidad de Purdue y doctor en ciencias políticas por la Universidad de Indiana. Es actualmente profesor de ciencias políticas y de estudios afroamericanos y africanos en la Universidad de Minnesota. Obtuvo el premio de enseñanza de la Facultad de Artes Liberales y el Premio Horace T. Morse de la Asociación Universitaria de Antiguos Alumnos.

Tuvo una trayectoria política desde su juventud, habiendo nacido y crecido en el Sur de Jim Crow en Estados Unidos durante la era de apartheid y, después, el movimiento de derechos civiles. Militó en el Partido Socialista de los Trabajadores de los Estados Unidos en Minnesota. Fundador del Minnesota Cuba Committee, que se creó en 1991.


Nota: