El Partido Comunista de Chile 1935-1948

Los campesinos y la revolución rusa

Nicolás Acevedo Arriaza
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 24
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Introducción

Puede sonar paradójico que, a pesar de los pronósticos marxistas, las principales revoluciones del siglo XX se produjeron principalmente por la fuerza del campesinado. Esto ocurrió en México, Rusia, China, Cuba, Vietnam, Argelia y Nicaragua1. Si nos focalizamos en el caso soviético, según el último estudio de Josep Fontana, la victoria de los bolcheviques se debió a la revolución verde. “Estos campesinos no iban a aceptar el retorno a los viejos propietarios que acompañan a los ejércitos blancos”2. Sin embargo, estos no fueron manipulados por los bolcheviques, como afirmaría el norteamericano Richard Pipes3, sino que sus reivindicaciones e ideales revolucionarios, tendrían raíces “larga tradición de sueños y de filosofía utópica campesina”, según Orlando Figes.4

Por otro lado, si nos remitimos a los propios bolcheviques, en su clásico Historia de la Revolución Rusa, León Trotski admitió que si la cuestión agraria hubiera sido resuelta por la burguesía “el proletario no hubiera podido subir al poder”5. Esto era sabido por Lenin, quien en 1905 en el texto ¿Qué hacer?, planteó que “el proletariado debe llevar a término la revolución democrática, atrayéndose a la masa de los campesinos, para aplastar por la fuerza de la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía”.6 Pero avanzado los años, Lenin se retractó de su propuesta de Reforma Agraria, planteando la nacionalización de la tierra, más que la entrega individual o familiar. “La abolición de las tierras parceladas es condición para crear una hacienda campesina libre”.7 Esto cambió producto de la revolución de octubre y la guerra civil con los ejércitos blancos.

En 1921, la Nueva Política Económica (NEP) debió reconocer la importancia central del campesinado, puesto que el comunismo de guerra se sustentó mediante la producción agrícola y los obreros disminuyeron en las ciudades de 3,5 millones a 1,5 millones. Lenin y los bolcheviques debieron tolerar el regreso del capitalismo agrario hasta la recuperación de las cosechas en 1924.8

Con la muerte de Lenin y el aislamiento de la revolución a un solo país, se produjo el acenso del stalinismo, quien aceleró la colectivización agrícola desde 1928. Según el historiador Orlando Figes este proceso facilitó la industrialización, pero fue rechazado por amplias masas campesinas. “Volveremos a ser siervos”, planteó en una asamblea un pequeño agricultor9. En el fondo, la colectivización y la creación del Gulag, con el trabajo forzado de miles de “kulak” o supuestos traidores, fue la “acumulación originaria” que le permitió a la Unión Soviética realizar sus primeros planes quinquenales, y, por consiguiente, su industrialización acelerada10.

Esto no necesariamente fue conocido en Chile por el Partido Obrero Socialista. Uno de sus líderes, Luis E. Recabarren, escribió desde Moscú en 1922: “Visitar todos los establecimientos sovietistas es encontrar la misma organización, el mismo poder. No hay patrones que exploten. Es la unión y el poder de los obreros y obreras quien todo lo determina”11. Desde 1924, el POS pasó a llamarse Partido Comunista de Chile (PCCh), comenzando la bolchevización de su organización, como fue la generación de células y la aplicación del centralismo democrático. Según el historiador Rolando Álvarez, este proceso fue paulatino y tuvo las características de ser una “recepción local” del marxismo, acorde al contexto nacional que vivía la organización, siendo utilizada como forma de diferenciación de anarquistas y democráticas12.
En el caso de la recepción del marxismo, a grosso modo, se adoptó la noción de vanguardia de la clase obrera, asunto que estaba plenamente justificado por su propio nacimiento del POS en el seno de los trabajadores mineros y urbanos, más que en los fundos o pequeñas chacras agrícolas. Por lo tanto, es razonable que se viera al campesino como un sujeto externo a quien había que politizar con un pensamiento ilustrado. Esto se ejemplifica en un artículo del diario Frente Popular, donde se llamó a “la conquista del campo”, con campesinos incluidos. Estos fueron vistos como víctimas del feudalismo, más que sujetos activos para derrocarlo.

“El campesinado chileno no se interesa por resolver sus problemas porque nunca se los ha planteado claramente, ni procura mejorar su condición porque no conoce el camino para ello (…) mientras no haya nadie que vaya a él y le abra los ojos, seguirá viviendo como una bestia miserable y resignada”13.

La siguiente ponencia analiza la recepción de la revolución rusa por parte del comunismo chileno y cuál fue el papel que le asignó al campesinado en el transcurso del Frente Popular y los gobiernos radicales.

El campesinado y el Frente Popular

A partir de los años treinta, el PCCh desarrolló una ascendente política agraria, sobre todo impulsando la sindicalización de los inquilinos. Esto no fue una planificación centralizada necesariamente, sino producto del regreso de cientos de ex salitreros que volvieron a sus antiguas aldeas y fundos. Así lo relata Fabián Iturra recordando a su tío que volvió de las salitreras:

“Nos hablaba de los sindicatos y las luchas de los obreros. Todo eso me motivó y fue en Talca, en 1936, que ingresé al Partido Comunista. Recuerdo que el local estaba en la 3-4 Oriente, nos pasaban documentales de la Unión Soviética, sobre la liberación de los campesinos y los cambios revolucionarios de aquel lejano país. Fue impactante para mí ver esos documentos”14.

Partamos de la base que Chile seguía siendo un país de economía agrícola, pero que entró en crisis producto de la depresión de 1930. Según datos estatales, el 40% de sus habitantes trabajaba en labores agrícolas, pero la propiedad agrícola estaba desigualmente distribuida: el 10% de los agricultores poseía el 80% de la tierra cultivable15. La producción agrícola fue disminuyendo, teniendo que importar trigo desde Argentina en los años cuarenta. En materia de alimentación, producíamos menos de lo que necesitamos para vivir. Por otro lado, las condiciones de los trabajadores agrícolas fueron cada vez peor. Sus sueldos estaban basados en dinero, alimentación, vivienda y otras regalías, pero el escaso salario fue disminuyendo producto de la inflación y la baja producción16. Este nivel de explotación y el poder de los terratenientes provocó que los comunistas confundieran el sistema hacendal con el feudalismo, régimen histórico que se vivió en Europa. Quizás esta confusión se debió a su lectura del Manifiesto Comunista, el folleto político más popular en la izquierda chilena y mundial. Allí se hacía un breve recorrido de las “etapas de desarrollo” de Europa: esclavismo, feudalismo, capitalismo y socialismo. De allí que la militancia comunista sostenía que primero se debía realizar en Chile una revolución demócrata- burguesa antes de llegar al socialismo.

A fines de los años treinta los comunistas se vieron con la encrucijada de defender los derechos campesinos, pero a la vez realizar una alianza amplia que lograse un movimiento de liberación nacional, en contra el fascismo y el imperialismo norteamericano. En la medida que se conformó el Frente Popular, junto con radicales, demócratas, trotskistas y socialistas, el PCCh fue modificando su política agraria. En el caso de la reforma agraria, es decir, la distribución de tierras, los comunistas rectificaron su propuesta de expropiación sin indemnización. En el programa de gobierno de Pedro Aguirre Cerda se propuso abolir “todas las formas de servidumbre y de las formas feudales imperantes en los campos”; que el pago sea en dinero; contra los desalojos y que se expropien las tierras incultivables”17.

Se ha sostenido que los comunistas pactaron la sindicalización campesina para favorecer la industrializaron18. En realidad, el PCCh realizó una política diferenciada por arriba y por abajo. Por arriba, no quiso entrar en conflicto con los radicales para sostener el Frente Popular, mientras que por debajo continuó apoyando la formación de sindicatos y pliegos de peticiones. Por lo demás, las movilizaciones campesinas convulsionaron los fundos del país, formándose más de 200 sindicatos sólo en 1938-1939, mientras que los pliegos de peticiones agrarios llegaron a 171 en 193919 .

La respuesta patronal frente a la masiva movilización fue inmediata, enviando un reclamo a Aguirre Cerda, quien suspendió la sindicalización mientras se promovía una legislación especial para el campo. Dicha Comisión, integrada por militantes socialistas y comunistas, creó un proyecto que ingresó el 7 de noviembre de 1939, pero que no fue votado hasta 194720. En 1941 muere Pedro Aguirre Cerda y el siguiente presidente, el también radical Juan Antonio Ríos, tampoco quiso reactivar el proyecto de sindicalización agrícola. A fines de 1939, el encargado agrario del PCCh, Juan Chacón Corona aceptó la presentación de este proyecto, pero gusto a poco ya que planteó una subestimación del campesino en el partido.

“Para nosotros los comunistas, el punto de partida de la organización de las masas campesinas está en la penetración del Partido Comunista en el campo. Es nuestro deber ganar al campesinado, para producir en forma sólida la unidad obrero-campesina preconizada por el líder de la revolución mundial: Lenin”21.

El año además terminó con miles de campesinos despedidos y desalojados de sus viviendas.22 Paralelamente a esta derrota legislativa, el PCCh intentó impulsar una federación campesina con los sindicatos ya formados entre 1939-1941, pero sus intentonas fueron infructíferas. Debemos destacar que el Partido Socialista estaba más adelantado, logrando formar la Federación Nacional Campesina en 1939. El PCCh envió una información errónea a la Internacional Comunista sobre este hecho, queriendo aparecer como el “alma del Congreso Campesino” realizado ese año.

“El partido ha participado en todas las luchas campesinas y de obreros agrícolas contra desalojos y otras exigencias y provocaciones de los terratenientes. El Partido ha sido el alma del Congreso Campesino realizado por la Liga Nacional de Defensa del Campesinado Pobre, en abril-mayo de 1939, el cual compadecieron más de 300 delegados de más de 150.000 obreros agrícolas, inquilinos, medieros, etc.”23

En los años siguientes formaron la Unión de Sindicatos Agrícolas en Santiago y regiones, logrando formar la junto con los socialistas de trabajadores (PST) la Federación Industrial Nacional de Trabajadores Agrícolas en abril de 1942 (FINTA). Dentro de sus reivindicaciones estaban mejoras salariales de los inquilinos, asignación familiar, jornada de ocho horas, “comida abundante y bien condimentada”, viviendas higiénicas y fomento a la colonización colectiva, entre otros24.
En torno a la cuestión mapuche, sorprende que una petición fue rechazar la División de las Comunidades Indígenas, al contrario de lo que el PCCh postuló en 1940. El presidente de la FINTA fue José Agustín Valenzuela, dirigente del fundo La Obra de Curicó, además de ser parte de la CTCh y militante comunista. En septiembre de 1942 escribió en El Siglo que producto del momento histórico, el gobierno debía expropiar a los terratenientes nazis para entregar dichas tierras a los sindicatos agrícolas. “Para esto es necesario que nuestros compañeros en el campo se acerquen más y más a los pequeños propietarios, campesinos y terratenientes antinazis para discutir fraternalmente con ellos la gravedad del peligro que amenaza a nuestra Patria”25. ¿Qué es lo que había pasado con la propuesta de reforma agraria?

Cuestión agraria y segunda guerra mundial

Producto de la invasión de Alemania a la Unión Soviética, el PCCh cambió su política de “paz” e impulsó apoyar a la Unión Soviética y romper relaciones diplomáticas con el Estado nazi, italiano y japonés. En materia agraria esto significó un cambio en su política de reforma agraria. Como señaló en 1944, el diputado Justo Zamora: “Nosotros con orgullo, por ejemplo, mantenemos la teoría stalinista, porque somos marxistas, leninista, stalinistas, sobre todo cuando estos están realizando una obra de acuerdo a las naciones aliadas, con las que han formado una coalición antinazi para aplastar a la barbarie”26.
De esta manera el PCCh suavizó el discurso anti-imperialista para valorar la alianza de EEUU junto a la URSS en contra del nacismo. Dirigentes como Carlos Contreras Labarca se vieron seducidos por el líder del PC norteamericano Earl Browder, publicando en Principios varias de sus ideas27. Según Corvalán, aunque fueron los menos afectados de América Latina por el discurso colaboracionista, el “browderismo” y la Unión Nacional generó cierto debilitamiento en “la lucha independiente del proletariado”28. Al finalizar la guerra, Browder fue duramente criticado porque propició la salida del PC norteamericano del Comintern para acercar el socialismo y el capitalismo. En Chile, Contreras Labarca fue reprendido por el Comité Central, permaneciendo en el cargo, pero perdiendo su poder real29.

En torno a la historia de la URSS y sus dirigentes, la editorial comunista Nueva América publicó La revolución rusa de 1917 y su lugar en la historia de la humanidad de Yemelyan Yaroslavsky. Este dirigente soviético participó en la revolución de octubre y más adelante estuvo a cargo de las ediciones de diarios y el Instituto Marx-Engels-Lenin. En este libro se destacó el papel del partido en la revolución y de sus líderes Lenin y Stalin. Las revoluciones no eran actos espontáneos, sino una “creación legítima de la historia”30. Tanto los campesinos como Trotsky pasaron a segundo plano. En el caso de este último, ni siquiera es nombrado. La Revolución Rusa creó un nuevo Estado y resolvió los problemas agrarios a nivel nacional. Las hambrunas en Ucracia y los Koljos (granjas colectivas) no fueron parte de su análisis.

Este cambio no fue en torno a la organización de los trabajadores agrícolas, inquilinos, sino en torno a la reforma agraria, es decir, la distribución de la tierra. En 1941 y 1945 el PCCh no impulsó un discurso sobre la expropiación de la totalidad de grandes haciendas, sino sólo a los terratenientes pro-fascistas. Esta medida buscaba acercar a los partidos de izquierda con partidos de centro como la Falange Nacional y el Partido Radical en contra de los terratenientes con afinidad o vínculos con nazis. Esto resultó ser una denominación bastante “confusa”, porque no se sustentaba en una política técnica, sino más bien ideológica. En palabras de Justo Zamora, si bien Lenin planteó la eliminación de los “kulaks” (agricultores ricos), en Chile existía “un grupo de terratenientes fascistas y pro fascistas, que son los únicos culpables del retraso de la producción de agricultura nacional”31. Zamora será uno de los parlamentarios comunistas que más abogará por los pequeños agricultores, un segmento nuevo en las aspiraciones electorales y sociales.

El viraje conllevó a impulsar un congreso de Agricultores en enero de 1944. Según José Valenzuela, presidente de la FINTA, este debía estar representados por “todos los sectores progresistas del campo chileno”, integrando a los grandes agricultores anti nacistas . Producto de dicho congreso, se formó la Asociación Nacional de Agricultores de Chile (ANACH), la cual planteó solicitar al gobierno de Juan Antonio Ríos: facilitar créditos a largo plazo y con bajos interés, abonos, maquinarias y herramientas, mediante la planificación, diversificación y aumento de la producción agrícola, además de la creación de un Instituto de Cooperativas Agrícolas .

Con el triunfo de la Unión Soviética en la segunda guerra mundial, el PCCh dio un nuevo giro en su política agraria, llamando concretamente a avanzar en la reforma agraria mediante la revolución demócrata-burguesa. Aliados nuevamente a los radicales llegaran al gobierno con Gabriel González Videla, quien a los tres meses de su mandato los expulsó de los ministerios de Agricultura, Obras Pública y Tierras y Colonización. Una de las causas que planteó al apoyar la Ley de Defensa Permanente de la Democracia en 1948 fue que los comunistas llevaron a la “práctica la ocupación ilegal y violenta de tierras fiscales y particulares, en numerosas provincias del país”34. Como consecuencia de dicha legislación el PCCh fue ilegalizado por diez años y sus militantes borrados de los registros electorales, además de decenas de prisioneros políticos. La FINTA fue ilegalizada, porque la ley de sindicalización campesina de 1947 prohibía su existencia, además que finalmente restringió más que facilitó la aplicación de la organización sindical en el campo. Sin duda una profunda derrota política que postergó la mejora de las condiciones de vida de los campesinos, profundizando la rabia y la desigualdad. La radicalidad de la revuelta de los años setenta en el campo proviene de esta postergación.

Comentarios Finales

La revolución rusa y sus múltiples aplicaciones y reflexiones en torno al papel del partido vanguardia en el siglo XX planteó que una organización centralizada, dirigida por profesionales de la revolución y una militancia disciplinada podía conducir a las clases dominadas hacia una transformación social. Para Lenin se debía trasplantar la conciencia política desde afuera a un sujeto no revolucionario como el campesino. Tanto en Rusia, como en otras localidades, esto generó complejas relaciones entre partido y campesinos producto de lo heterogéneo de estos últimos, pero también para sus fines, que en muchos casos eran ser propietarios de la tierra. En el caso de Colombia, Marco Palacios, nos explica en su libro ¿De quién es la tierra?, como los comunistas fueron desplazados por las fuerzas liberales precisamente por esta causa, ya que para los campesinos luchaban por obtener una propiedad privada de la tierra, asunto que no estaba dentro de los planes revolucionarios. ¿Pero qué debían hacer en un país donde la mayoría estaba ligada a la agricultura? ¿Cómo organizar y transformar a un sujeto sin considerar sus propias ideas?

Según George Rudé, una de las reflexiones más importantes de Antonio Gramsci fue precisamente entender que las clases dominadas “necesitan contrarrestar la hegemonía de sus gobernantes creando una ideología propia”, pero que ésta “debía prestar atención a las necesidades ideológicas de las clases tradicionales formadas por campesinos y artesanos”36. Es decir, la politización campesina estaría sujeta a tres factores: el elemento inherente de las clases campesinas, el elemento derivado de los sujetos urbanos y las circunstancias y experiencias materiales del contexto local y nacional37.

¿Es el partido actualmente forma de organización que necesitan los sectores populares o clases dominadas? ¿Qué otra forma de coordinar y conducir la totalidad podría ser alternativa? ¿Quiénes son los sujetos motrices de los cambios sociales? Las revoluciones son realizadas por sujetos concretos, que buscan fines y necesidades concretas, contra otras clases o que se imponen a otras. No es posible concebir al pueblo como un sujeto homogéneo, su comprensión y respeto, podrán ayudarnos a resolver estas dudas.

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Nicolás Acevedo Arriaza

Licenciado en Historia y Ciencias Sociales en Universidad Arcis. Magister en Historia en Universidad de Santiago de Chile.

Entre las publicaciones: Historias de vidas. Relatos de jóvenes populares (1990-2016), Nicolás Acevedo y Paula Araya (Editores), Santiago 2016; CUADERNOS DE HISTORIA 42 DEPARTAMENTO DE CIENCIAS HISTÓRICAS UNIVERSIDAD DE CHILE – junio 2015. Un fantasma recorre el campo: Anticomunismo, sindicalización campesina y Ley de Defensa Permanente de la Democracia (Chile, 1946-1948). Lucha contra el terrorismo y los derechos humanos. El Ciudadano (2014).