Memorias de una generación

Los escritos del Ejército de Liberación Nacional (ELN)

Ricardo Aguilar Agramont
Publicado en mayo 2017 en La Migraña 21
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La historia del Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha sido narrada algunas veces mezclando lo mitológico con lo histórico. Incluida la Guerrilla de Ñancahuazú, las acciones políticas y militares del ELN fueron rodeadas por la leyenda. La clandestinidad de la organización y una modalidad compartimentada de sus comunicaciones contribuyeron a esa mixtura.

Más aún, del 67 en adelante, el estar en franca guerra con los diferentes gobiernos de turno y vivir literalmente “a salto de mata”, escondiéndose, huyendo, hizo que parte de la historia del ELN fuese reconstruida en base a versiones orales muchas veces contradictorias. Las circunstancias de guerra hicieron que muchos de sus documentos y manifiestos políticos hayan desaparecido. La misma suerte corrió parte de la correspondencia entre sus miembros y otro tipo de escritos políticos, pues cuando las instituciones de la represión daban con una casa de seguridad del ELN se secuestraba toda la documentación encontrada en el lugar.

No obstante, el libro Ejército de Liberación Nacional (ELN). Documentos y escritos 1966-1990 —editado por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Vicepresidencia— salda en parte estas dificultades que han permitido la invasión del mito a la historia del grupo armado. Este libro recoge y recupera más de 600 páginas de documentos, panfletos, cartas, comunicados, declaraciones, entrevistas, tesis políticas y otros escritos de esta organización que se levantó en armas postulando el internacionalismo.

Se tiene entonces, un libro que concentra el discurso directo del ELN con muchos documentos inéditos, más una introducción —escrita por los editores del trabajo Boris Ríos, Héctor Udaeta y Javier Larraín— que reconstruye brevemente las décadas en las que la organización estuvo activa.

La selección comienza con un documento anterior a la fundación del ELN, pero claramente internacionalista, cuya autoría se atribuye a Ernesto Che Guevara y que habría sido redactado en 1966: “Crear dos, tres, muchos Vietnam. Mensaje a la Tricontinental”.

“Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam (Sic). Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra, es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos”, se lee.

Sigue un segmento de documentos relativo a la Guerrilla de Ñancahuazú (1967), con comunicados “al pueblo de Bolivia”. De estos comunicados sólo uno fue publicado durante el conflicto, el resto fue conocido con posterioridad.

El llamamiento que fue publicado bajo el título “Frente a la mentira reaccionaria la verdad revolucionaria” (publicado en mayo de 1967, si bien en el futuro muchos de los comunicados llevarán este mismo título) —escrito tras del primer choque victorioso contra el ejército boliviano en Ñancahuazú— anuncia: “Están abiertas las hostilidades. En comunicados futuros fijaremos nítidamente nuestra posición revolucionaria, hoy hacemos un llamado a obreros, campesinos, intelectuales; a todos los que sientan que ha llegado la hora de responder a la violencia y de rescatar un país vendido en tajadas a los monopolios yanquis y elevar el nivel de vida de nuestro pueblo, cada día más hambreado”.

El resto de los documentos de este periodo fueron publicados después de la derrota de la guerrilla. El comunicado redactado en abril de 1967, bajo el título “El Ejército de Liberación Nacional: Al pueblo de Bolivia”, justifica la lucha armada: “Señores generales, hoy cuando habéis recibido los primeros golpes, clamáis por vuestras madres y vuestros hijos; también nosotros sentimos por ellas. ¿Pero creéis acaso que aquellos miles de campesinos, mineros, fabriles, maestros y estudiantes no tenían hijos, madres y esposas? Aquellos a los que habéis asesinado inmisericordemente en las calles de las ciudades, en Catavi, Cerdas, en Villa Victoria, en El Alto, en La Paz, en Milluni, en Siglo XX”.

Cuando se hizo público el Diario del Che en Bolivia, se polemizó sobre el papel que jugó el Partido Comunista de Bolivia (PBC) en la derrota de la guerrilla tras quitar su apoyo Mario Monje (secretario general del PCB ese momento) al levantamiento guerrillero. El ELN redactó una “Declaración” (julio de 1968): “La canalla chauvinista de la dirección del PCB ha resucitado para ‘defenderse’ del certero análisis político que el comandante Ernesto Che Guevara hace en su diario de campaña. Pero al formular su ‘defensa’ se hunde más en el fango de la traición y en el engaño de que hizo víctima no sólo al pueblo boliviano, sino a su propia militancia.”

Luego refuta el argumento del PCB que decía que la guerrilla debía ser comandada por un boliviano y no un extranjero:

“El cinismo de la dirección del PCB traspasa todos los límites cuando se siente orgullosa de haber rechazado la liberación de Bolivia peleando bajo la dirección del más grande revolucionarlo de nuestra época. Para encubrir su cobardía pretexta haber rechazado ‘las pretensiones de someternos a los designios y la dirección de afuera, porque los comunistas bolivianos no aceptamos la tutela de nadie por revolucionario, genial o experimentado que fuere, mucho menos las pretensiones de instituir un centro revolucionario supranacional, llamado Jefatura Continental o lo que sea’.

¡Cuánta hipocresía hay en esa afirmación!

La lucha no es nacional. Es internacional”.

El libro también selecciona una serie de documentos que anuncian el inicio de un nuevo foco guerrillero. Estos textos que van de 1967 a 1969, son firmados en su mayoría por Inti Peredo (que había sucedido a Guevara en el liderazgo de la agrupación). Los escritos elenos tienen el objeto de contrarrestar la versión del Gobierno, de que el ELN había sido aniquilado en Ñancahuazú. El primero de ellos titula “Volveremos a las montañas”, a partir de ese momento hasta Teoponte todos los escritos del ELN terminarían con esa frase.

“¡La guerrilla boliviana no ha muerto! Acaba apenas de comenzar”.

“La guerrilla boliviana está en plena marcha y no vacilaremos en darle como epílogo brillante el triunfo de las fuerzas revolucionarias que instaurarán el socialismo en América latina”, anuncia ese primer manifiesto firmado por Peredo y escrito en primera persona.

Más adelante ratifica: “Algunos piensan que somos una fuerza en ‘desbande’. Se engañan. Estamos abocados a la tarea de reorganizar nuestros cuadros armados y volveremos a proseguir la lucha en las montañas porque creemos firmemente que este es el único camino que nos conducirá hacia la liberación de nuestro pueblo y de América Latina de las garras del imperialismo yanqui”.

Posteriormente, una serie de documentos en homenaje al Che Guevara insisten en el reinicio de la lucha armada. De la misma forma lo hacen otros comunicados “al pueblo de Bolivia”: “Estamos caminando en los umbrales de una nueva etapa histórica. La batalla iniciada en Ñancahuazú e interrumpida brevemente ha vuelto a comenzar. El camino es largo y lleno de sacrificio. Estamos dispuestos a entregar nuestra modesta cuota, lo único que tenemos: la vida” (agosto de 1969). Teoponte se acercaba…

Son sobrecogedores los documentos del siguiente segmento: cartas de despedida que los miembros del ELN dejaron a sus familias antes de partir a Teoponte, donde 58 de 67 jóvenes murieron por inanición o abatidos por las Fuerzas Armadas.

Tirso Montiel escribiría a su familia en junio de 1970 (las primeras acciones militares en el norte de La Paz sucedieron en julio):

“Los que ahora seguimos su ejemplo empuñamos las armas, lo hacemos con alegría, con plena convicción y decisión de llevar esta guerra hasta las últimas consecuencias. Cargamos en nuestros hombros la responsabilidad del porvenir de la revolución latinoamericana. Sabemos que esta guerra será a muerte, larga y llena de sacrificios. Nosotros no queremos la guerra. Pero esta guerra será la tumba de nuestros enemigos: el imperialismo yanqui. Crearemos el Vietnam soñado por el Che”.

Moisés Rueda Peña escribió a sus familiares:

“Razones que Uds. comprenderán me obligan a recurrir a esta vía para decirles un adiós que acaso sea el definitivo. Para cuando hallen esta carta –que la dejó deliberadamente semiescondida entre mis pocas pertenencias–, me encontraré en las montañas, al lado de Horacio y de otros que como yo creen que bien vale la pena perder la vida si con este sacrificio contribuimos a crear el HOMBRE NUEVO, aquel que todo lo da y que nada pide para sí”. La carta está fechada el 18 de julio de 1970.

Un grupo de los 67 jóvenes provenía de la democracia cristiana, Néstor Paz Zamora era uno de ellos, como se nota en su despedida:

“Yo sé que mi decisión y la de tantos otros compañeros acarreará un aluvión de acusaciones. Desde la paternalista: ‘pobrecito engañado’, hasta la abierta de «bandolero demagógico”. Pero el Dios Yavé (Sic), el Cristo del Evangelio ha anunciado la ‘Buena Noticia de la liberación del hombre’ y han actuado en consecuencia. Nos podemos sentar a leer largamente el Evangelio con tantos señores Cardenales, Obispos, Pastores, que están muy bien donde están, mientras el rebaño se debate en la soledad y el hambre. A eso le llaman ‘no – violencia’, paz, Evangelio. Lastimosamente son los fariseos de turno.”

 

 

Un documento registra la presentación del músico y guerrillero Benjo Cruz, desde Teoponte:

“Habla BENJO CRUZ, cantor y guitarrero, combatiente del Ejército de Liberación Nacional. Les hablo desde las montañas junto a mis hermanos de lucha. Les hablo para explicar mi actitud: me vine y adquiero este oficio de guerrillero para justificar todo mi canto, para tener coherencia entre lo que dije y lo que hago, no hacerlo habría sido cobardía de los que se quedan pregonando y teorizando la revolución.

Estamos acá en las montañas seguros de nuestro triunfo, con la seguridad que tuvo el comandante de América.

Este es el segundo volumen de un disco del Ejército de Liberación Nacional, con el valor de que las voces que se escuchan, pertenecen a combatientes que están en las montañas. Este disco además, es un homenaje a todos nuestros héroes y a todo nuestro pueblo, que no dudo, seguirá nuestro camino y sabrá responder al ejército del Che”.

El 20 julio de 1970 el ELN haría público el nuevo foco guerrillero con un extenso manifiesto titulado “Volvimos a las montañas”. En este comunicado, firmado por el Estado Mayor del ELN, se sostiene que el capital extranjero es dueño de los recursos naturales y se niega que las FF.AA. hayan dado un giro, por más leve que sea, hacia la izquierda en referencia a Ovando Candia: “Reconocer un viraje de las FF.AA. hacia la izquierda es aceptar a la vez que el imperialismo se ha humanizado y se ha despojado de su carácter expoliador”.

Como muchos de sus textos políticos, éste también habla de diferentes tipos la violencia, legítimos e ilegítimos:

“La violencia revolucionaria es el derecho del pueblo a empuñar las armas contra la causa de todos estos males: el imperialismo yanqui.

La violencia revolucionaria es ahorrar vidas y sacrificios al pueblo.

El pacifismo rechaza toda violencia, sin diferenciar el carácter de clase que en un caso u otro tiene la violencia. La violencia es usada por el imperialismo y contra él debemos usarla los revolucionarios, pero una violencia y otra son diferentes”.

El texto concluye con la exclamación: “¡VICTORIA O MUERTE EN LAS MONTAÑAS!” (las mayúsculas son del original).
Otros documentos son los comunicados con que el ELN justificó y se atribuyó las ejecuciones de sus enemigos, como la del médico Herbert Miranda o “Toto” Quintanilla en Hamburgo.

En un comunicado de octubre de 1970 titulado “ELN enjuicia al gobierno” señala sobre el asesinato de Miranda:

“Ayer, 9 de octubre, a tres años del asesinato de nuestro comandante Ernesto Che Guevara, a un año y un mes de la muerte de Inti Peredo, y cuando hace algo más de dos meses que nuestros compañeros luchan en las selvas del Alto Beni, nuestra organización ha ejercido la justicia revolucionaria ejecutando al médico Herbert Miranda Pereira.

Este repugnante individuo trabajaba para el Ministerio del Interior, como asesor de los torturadores, componiéndoles la salud a los presos políticos para que se les pudiera seguir maltratando”.

Sobre la ejecución del exministro del Interior de René Barrientos, “Toto” Quintanilla, señala otro comunicado de mayo de 1971:

“El 19 de abril de 1971 un comando del Ejército de Liberación Nacional ajustició al esbirro de la CIA Roberto “Toto” Quintanilla en la ciudad alemana de Hamburgo, donde ejercía el consulado boliviano como premio por sus crímenes y torturas.

Este acto lícito de justicia popular, que todo el pueblo boliviano esperaba, se produce en momentos en que el país asiste asqueado al escándalo que se ha desatado en torno a los asesinatos de los esposos Alexander, del periodista Jaime Otero Calderón, del dirigente campesino Jorge Soliz y, muy presumiblemente, del mismo ex presidente René Barrientos y sus acompañantes”.

Los textos posteriores a Teoponte muestran una voluntad gradual del ELN de convertirse en un partido político. Uno se encuentra con documentos que claramente se van desviando de las ideas de la acción directa como único método. Antes de entrar a la lucha frontal contra la dictadura de Banzer, el ELN analiza en algunos escritos políticos sobre cuál debería ser el rol de la Asamblea Popular, es decir que acepta otra manera de hacer política.

Cuando vino el golpe de Banzer la situación cambió y se retornó a la clandestinidad, si bien el camino hacia la partidización del ELN seguiría su curso y a un tiempo se enfrentaría con la dictadura banzerista.
Es interesante notar que el manifiesto titulado “La lucha de clases en el campo y la ciudad y la lucha de clases del campesinado” habla en 1974 de las nacionalidades dentro del país, adelantándose décadas a esa discusión, si bien se limita a las nacionalidades quechua y aymara en relación a la problemática agrícola:

“…sobrevalorar las contradicciones de las nacionalidades, hasta colocarlas en primer plano, es tan absurdo como negarlas. Por el primer camino llegaríamos a las posiciones del tradicionalismo conservador, el sentimentalismo de la añoranza de nuestra antigua justicia incaica y, por consecuencia, a la lucha por la justicia del indio; o el racismo indigenista. Por el segundo, no podríamos ver con claridad nuestra realidad nacional, y por consecuencia, a la lucha por la justicia del indio; o el racismo indigenista; por tanto, conduciríamos la lucha con el subjetivismo de los dogmáticos, hacia un total fracaso.

Decíamos también que el problema agrario en Bolivia, es un problema fundamentalmente de las nacionalidades quechua y aymara. Pero NO que el problema agrario es un problema de nacionalidades.”

Un ejemplo de la adopción de otras lógicas por parte del ELN, además de la lucha armada, es una propuesta de 1975 con tres bases mínimas para un gobierno distinto al de Banzer: democratización (en la que propone “vigencia de todos los partidos políticos.”), reivindicaciones económicas, y defensa de la soberanía de los recursos naturales. Estamos ante otra fase de este grupo político.

El viraje se concretaría tras el Ampliado “Ñancahuazú”, realizado en Lima (Perú), en los primeros meses de 1975. Ahí se aprobó la tesis política del Partido Revolucionario de los Trabajadores de Bolivia (PRTB), con el influjo directo del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) argentino.

Con este giro, sin embargo, no se quiere decir que el ELN no deje de postular la lucha armada. En la tesis política mencionada se dice: “(…) dado el carácter de clase y el carácter armado de la revolución, ésta requiere ser dirigida por un partido y ejército revolucionarios”. La dualidad, al menos si uno se remite a sus propios documentos, es visible.

En la “Plataforma programática del Partido Revolucionario de los Trabajadores de Bolivia (PRTB)”, que surge tras el Segundo Ampliado Nacional “Luis Stamponi”, incluso se propone una revolución democrática popular antiimperialista como fase previa al socialismo, un contenido impensable en el ELN de fines de los 60s: “en el camino hacia la revolución socialista, nuestro partido plantea para la presente etapa la revolución democrática-popular-antiimperialista, que rompa las cadenas de la dependencia imperialista y de sus aliados, que posibilite el desarrollo económico integral del país y de las masas y conquiste la libertad política”.

El objetivo político del PRTB es ahora “la instauración de un estado democrático y popular que garantice plenamente el derecho de todos los bolivianos a la participación política, así como el derecho a su organización sin discriminaciones ideológicas”.

En conclusión se puede decir que el libro Ejército de Liberación Nacional (ELN). Documentos y escritos 1966-1990, permite al lector seguir más al detalle que en ésta descripción a grandes rasgos la evolución histórica, fuera del mito, del ELN a partir de su propio discurso.

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Ricardo Aguilar Agramont

Periodista. Actualmente responsable de contenidos del CIS.