A diez años de la CPE boliviana

Los límites en el nuevo constitucionalismo latinoamericano

Gladstone Leonel Jr.
Publicado en Septiembre 2019 en La Migraña 32
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Introducción

El debate constitucional que ha permeado a varios académicos latinoamericanos y europeos en el último período, conocido por la doctrina como el nuevo constitucionalismo latinoamericano, tiene algunos límites y nuevos desafíos coyunturales. Un hito de este período marca diez años en 2019: la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia.

Además de la reanudación de los programas políticos neoliberales en varios países de la región como Brasil, Argentina, Paraguay, entre otros, también hay un retorno a los procesos golpistas que no respetan su progreso democrático y reavivan las olas históricas de golpes políticos en América Latina.

Ante este escenario, es importante reflejar hasta qué punto los países que han cambiado sus estructuras constitucionales desde ciertas rupturas políticas como Bolivia, pueden llevar a cabo el proceso transformador que propusieron. Este tipo de experiencia coexiste, más allá de sus propias contradicciones, con los límites transformadores intraconstitucionales, la presión imperialista y la propia élite económica interna, que intentan desestabilizar sus procesos políticos.

En tiempos de crisis, en sus diversas dimensiones, ya sean políticas, económicas o incluso valores; el imperialismo profundiza la violencia, hace alianzas internas y expande sus tentáculos con el propósito de hegemonizar los procesos políticos, que tienen poca interferencia. Antiguas redes de apoyo como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC), Mercado Común del Sur (MERCOSUR), Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) son más frágiles, debido a la ola de Gobiernos conservadores que ahora están avanzando en los países latinoamericanos.

Incluso con las limitaciones impuestas en los últimos años, el nuevo constitucionalismo latinoamericano, respaldado por lo que llamamos «constitucionalismo desde la calle», todavía tiende a desempeñar un papel fundamental, especialmente de un conjunto de reveses políticos, que también busca tragar la experiencia boliviana.

1. Los diez años de la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia a lo largo del proceso histórico

A partir de 1999, especialmente después de la implementación de programas neoliberales en prácticamente todos los estados de América, los Gobiernos surgieron de la resistencia popular, que actuaron contra los efectos de estas medidas de austeridad que afectaron a una gran parte de la población. En poco más de una década, más de diez países se han inclinado hacia la izquierda o el centro izquierda para elegir presidentes populares. Entre los ejemplos más emblemáticos podemos destacar: un militar revolucionario en Venezuela (Hugo Chávez), un militante obrero (Lula) y una luchadora contra la dictadura militar en Brasil (Dilma Rousseff), un sindicalista cocalero en Bolivia (Evo Morales), un economista antiimperialista en Ecuador (Rafael Correa), una luchadora contra la dictadura militar en Chile (Michelle Bachelet), un guerrillero tupamaro en Uruguay (Pepe Mujica), un par de peronistas de izquierda en Argentina (Néstor y Cristina Kirchner), un sacerdote del teología de la liberación en Paraguay (Fernando Lugo), etc. (Leonel Júnior, 2017: 64).

En Bolivia después de la elección de Evo Morales precedida por varias luchas populares, la gente se vuelve más prominente cuando se le pide que decida si solicitar o no un proceso constituyente. Algo que viene de abajo hacia arriba, que se construye en los gritos del pueblo, y legitima un «constitucionalismo desde la calle» (Leonel Júnior; Sousa Júnior, 2017), que tiende a materializar un proyecto popular de poder. Además, de que los constituyentes tienen una participación popular activa en la formulación de los contenidos, que ocurrió en varias regiones de Bolivia, era necesario la aprobación de un referéndum popular para confirmar o no el contenido constitucional propuesto. Allí, de hecho, hubo la activación del poder constituyente original.

Con respecto a las enmiendas constitucionales en estos países, es decir, los instrumentos de ejercicio del poder constituyente derivado, deben pasar por el tamiz popular para su realización. Por lo tanto, el cuerpo constitucional no cambia sin la aprobación del pueblo, a diferencia de lo que sucedió en Brasil después del golpe de 2016, con cambios constitucionales, sin tener en cuenta las demandas populares en general.

Actualmente, hay un nuevo revés en el proceso histórico, en el cual los programas neoliberales son asumidos por Gobiernos de derecha elegidos o golpes parlamentarios apoyados por el aparato del sistema de justicia de algunos países latinoamericanos.

En este contexto político y social, que la Constitución boliviana completa diez años de promulgación, aún en un Gobierno liderado por Evo Morales y Álvaro García Linera. Las tensiones a lo largo de esta ruta fueron variadas e intensificadas.

Uno de ellos ocurrió en febrero de 2016, cuando el Gobierno, utilizando prerrogativas constitucionales, celebró un referéndum para consultar a la población sobre la posibilidad de la candidatura de Evo Morales por cuarto mandato consecutivo. El resultado del referéndum consistió en la primera elocuente derrota electoral del grupo gobernante, una votación cerrada basada en un entorno de falsos ataques de los medios contra Evo Morales. Entre ellos, el caso que tuvo la mayor repercusión durante este período fue Gabriela Zapata , fundamental para entender la victoria del «No» con el 51 % de los votos contra el 48.7 % del «Sí».

Algún tiempo después de este episodio, una sentencia (N.° 084/2017) emitido por el Tribunal Constitucional Plurinacional en noviembre de 2017, basado en «el control de convencionalidad reconoció el derecho humano a aplicar independientemente de las restricciones estatales y decidió que Evo Morales pueda aplicar en las elecciones de 2019 por cuarto término consecutivo” (Bello, 2018: 161). La decisión provocó una intensificación de los ataques de los medios corporativos contra Evo, así como críticas de varios sectores académicos.

Curiosamente, los mismos críticos que, en el caso de Bolivia, exigen «alternancia de poder», una premisa falsa apoyada por bases liberales, no lo hacen cuando la realidad a analizar es europea, solo ver el caso de la canciller alemana Angela Merkel, que ha ocupado su puesto desde 2005 sin generar preguntas sobre su permanencia.

Sin embargo, la derrota en el plebiscito en 2016 también ayuda a comprender una reconfiguración del panorama político internacional y nacional de Bolivia. El Gobierno comienza a erosionar su base popular, un fenómeno que también ocurre en otros países, hasta entonces con Gobiernos progresistas en América Latina.

La disputa en Bolivia destaca algunas tensiones. «El pragmatismo de los «estatalistas» hiere de muerte este potencial creativo de las personas que, al actuar políticamente, transforman la realidad y a sí mismas. La idealización y abstracción de los «hiperautonomistas» con respecto a las condiciones concretas de la coyuntura, por otro lado, implican la falta de progreso y una acción política separada de las condiciones objetivas «(Valença, 2017: 242).

La dinámica de construir lo que se concibe como socialismo comunitario impregna estos problemas inherentes al proceso histórico de avances y retrocesos dentro de la arena política.

Con respecto a los aspectos de estructuración material del análisis constitucional, no hay duda de que, desde el punto de vista de la forma, se garantizó un mayor flujo democrático en la garantía de los derechos. Por lo tanto, se fortalecieron las agendas relacionadas con cuestiones de género y étnico-raciales. A medida que un engranaje político tira de otro, los índices de desigualdad social y analfabetismo se han desplomado en este período con políticas derivadas de una reestructuración institucional basada en la Constitución. Además, las políticas de retomar los sectores estratégicos en la economía fueron fundamentales para garantizar el subsidio al Estado en la promoción de políticas públicas de crecimiento.

Ha habido un proceso importante de redistribución de la riqueza social en países como Brasil, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Esto condujo a una expansión de las clases medias (clase trabajadora empleada) y un aumento en su capacidad de consumo. Como resultado, hubo una reducción drástica en la desigualdad social, algo que no se había realizado en muchos años.

Es importante destacar que estos cambios incorporados tienden a alterar varios puntos relacionados con la construcción de estructuras de poder (Leonel Júnior, 2017: 119). Solo observar las transformaciones derivadas de las necesidades sociohistóricas de estos países en temas como la descolonización, la plurinacionalidad, la democracia, las jurisdicciones, entre otros.

Todo este contexto en América Latina ha contribuido a una especie de articulación progresiva y en algunos casos revolucionaria a nivel continental. Fue un momento en que los latinoamericanos dejamos la figura de los subordinados ante las grandes potencias político-económicas y asumimos un papel nunca antes visto. En ese momento surgieron CELAC, UNASUR, ALBA, el Banco del Sur, los BRICS , Telesur, entre otras iniciativas para fortalecer un campo político del sur, que se atrevió a desafiar los siglos de dependencia a los que fue sometido.
Todos estos cambios en poco más de una década es algo a destacar, nunca se deja de lado.

2. Los límites establecidos después de estos diez años y ante los retrocesos cíclicos

Después de este período de progreso conjunto en América Latina, este avance se detuvo. En algunos casos ha retrocedido. La reconstitución de las viejas élites, que ahora retoman el control de la gestión pública, está en marcha.

Sin embargo, esto no significa que las constituciones populares latinoamericanas hayan perdido importancia. Por el contrario, representan un pacto social que es difícil de romper por aquellas élites que buscan recuperar el poder del Estado. Como regla general, los países que han sido seleccionados por un proceso constituyente popular todavía tienen un proyecto político progresivo en marcha como Venezuela y Bolivia, especialmente porque han forjado una sociedad civil más combativa y organizada en este proceso.

Sin embargo, aun así, las contradicciones y los límites son inherentes a estos procesos que no pueden detenerse cuando se trata de construir el poder popular en América Latina.

Dada la situación actual, la primera dificultad provocada por estas contradicciones es el económico. Quizás, debido al profundo grado de miseria y la gran desigualdad social en los países latinoamericanos, se le dio poca importancia al cambio de matriz económica. Sin embargo, como se trata de un proceso revolucionario, de disrupción, la base económica para avanzar es fundamental.

Los sectores populares de la sociedad deben construir un lastre de confianza a partir de la cuestión económica, desarrollando la producción con estabilidad y sin causar molestias a la población (Lenin, 1977).

En Bolivia se buscó una mezcla que considere el modelo de organización social de una estructura comunitaria como los ayllus (basado en un modo de producción precapitalista), combinado con el avance de un modelo de desarrollo, de nacionalización de sectores estratégicos, en el marco del capitalismo. Algo que contribuye a que el país sea el de más rápido crecimiento en América Latina en los últimos años, pero genera problemas frente a los valores ancestrales pachamísticos y el respeto por los pueblos tradicionales, en un momento en que hay una expansión de los agronegocios en la siembra de soja, por ejemplo, o con la construcción de obras importantes como represas hidroeléctricas, carreteras, tuberías, etc.

Algunos otros Gobiernos progresistas han potenciado el bloque conservador, no siendo progresistas con sus políticas económicas. Tener que gobernar para todos no puede significar la entrega de recursos que debilita su propia base social, es decir, perjudicar aquellos que salen a la calle para defender el proyecto popular. El ajuste fiscal que se produjo en Brasil al comienzo del segundo mandato del Gobierno de Dilma Rousseff fue un gran ejemplo de este tipo de error al debilitar su base social con medidas impopulares. Algunos autores atribuyen estas debilidades al señalar la reproducción de prácticas de desarrollo, que difieren muy poco de lo que se hizo en los Gobiernos conservadores, lo que también afecta la base social popular. Algo señalado por Salvador Schavelzon (2017), como una de las motivaciones para el fin de los ciclos progresistas.

Por otro lado, incluso con los mecanismos de pluralismo económico descritos en la constitución boliviana, ¿podríamos imaginar que los Gobiernos progresistas deberían poner fin a los mercados y socializar los medios de producción? Ciertamente, ¡no! Porque no es simplemente la voluntad del gobernante ni mediante la firma de un decreto. Un proceso revolucionario para tener éxito no puede aislarse, debe avanzar por todo el continente e internacionalizarse, de lo contrario, no hay razón para ser considerado revolucionario. Por lo tanto, la probabilidad de éxito de los aportes económicos tiende a ser mayor, más allá, de los límites del Estado-nación y es más capaz de subvertir la mera reproducción del capital de una manera dependiente y sumisa a una división internacional del trabajo ya existente.

También se observó que políticamente hubo una integración importante entre los países de la región, lo que contribuyó al fortalecimiento de una identidad latinoamericana. Sin embargo, la integración política no es suficiente cuando la economía se limita a las fronteras del Estado-nación.

Este es un gran desafío a lograr, una integración económica latinoamericana. El vicepresidente boliviano Álvaro García Linera (2016) presenta un desafío aún mayor, que converge con el sueño de Bolívar: construir un Estado continental plurinacional capaz de respetar las estructuras nacionales de cada país, pero manteniendo un segundo piso de instituciones continentales en todos los sectores, lo que sería un gran desafío para el siglo XXI.

Finalmente, otro tema profundamente abordado y considerado central en el debate sobre el nuevo constitucionalismo latinoamericano es la democracia. Este es un gran desafío para mantener los avances políticos en América Latina.

En el caso de Bolivia los avances democráticos fueron significativos, ya que el país rompió, en parte, con las viejas estructuras, apoyadas por la nueva Constitución y forjó un ciclo más innovador a través de un proceso transformador. Como ya se señaló, en Venezuela existe un estímulo para la democracia participativa a través de los Consejos Comunales, mientras que en Bolivia, el reconocimiento de la democracia comunitaria representa un avance en lo que existía hasta entonces. Sin embargo, a diferencia de cuando triunfa la revolución armada, en los casos citados, es necesario vivir con el adversario, incluso si la victoria sobre ellos fue política, moral y narrativa. Ahora es el momento de contrarrestar la reanudación de la fuerza del enemigo con las armas hechas posibles por la propia Constitución.

Por lo tanto, nos enfrentamos a una nueva pregunta al caracterizar un proceso revolucionario. Las revoluciones encarnan el espíritu de los siglos y surgen de las personas mismas. Todas estas revoluciones, actuales o anteriores, siempre han necesitado líderes, que deben obedecer el pacto social hecho en las constituyentes populares. El gran desafío de estos procesos es continuar la construcción subjetiva de la dirección revolucionaria, sin caer en el falso personalismo, para mantener la perspectiva histórica de lo que se está construyendo.

De repente, el intento de establecer una toma de decisiones colectiva sin ignorar el liderazgo permite que este proceso continúe, que puede ser estimulado por la base misma del nuevo constitucionalismo latinoamericano, sin caer en el fetichismo constitucional, y continuar el proceso de formación de estos líderes populares en democracia.

Consideraciones finales

Simplemente, no es nuestro trabajo ser pesimista sobre el futuro como resultado de los reveses generales que comenzaron a mediados de los años diez del siglo XXI. Debido a que la historia nunca ha estado marcada por un proceso lineal y continuo, pero como dijo Karl Marx (1984), el proceso revolucionario es pendular, marcado por las olas, los hombres y las mujeres no lo hacen simplemente cuando lo desean.

El hecho de que sea un proceso conlleva reveses, pero en algún momento habrá una próxima ola. No puede ser preciso cuándo, pero los sectores populares deben estar preparados para la llegada de este próximo péndulo o esta nueva ola. La autocrítica es fundamental para la verificación de los fracasos resultantes de los últimos períodos de hegemonía del bloque progresista.

El nuevo constitucionalismo latinoamericano pasa a una etapa de resistencia. Las constituciones provenientes de su concepción, especialmente la Constitución boliviana de 2009, además, de construir una perspectiva constitucional más participativa, popular y transformadora, ahora sirve como instrumentos que resisten los ataques de los sectores neoliberales, que buscan desmantelarlos. Estos sectores no están interesados en constituciones fuertes, democráticas y populares, por lo que no están interesados en lo que propone el nuevo constitucionalismo latinoamericano, respaldado por un constitucionalismo desde la calle. Por esta razón, estas constituciones pueden nunca haber sido tan importantes como en este momento de resistencia.

Los sectores de la sociedad vinculados a la agenda neoliberal no tienen grandes proyectos, excepto para restaurar los privilegios que siempre tuvieron. El tiempo histórico está del lado de la gente, que se da cuenta de que las olas de la historia no vienen por casualidad, sino que provienen de la lucha aún por librar.

Bibliografía

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Gladstone Leonel Jr.

Profesor de la Facultad de Derecho y del Programa de Posgrado en Derecho Constitucional de la Universidad Federal Fluminense. Doctor en Derecho, Estado y Constitución por la Universidad de Brasilia con una pasantía doctoral en la Facultad Dret de la Universidad de Valencia, España. Post-Doctor en Derechos Humanos y Ciudadanía por la Universidad de Brasilia. Miembro de la Secretaría Nacional de IPDMS – Instituto de Investigación, Derechos y Movimientos Sociales – Brasil. Investigador del grupo “O Direito achado na Rua”. Autor del trabajo “El Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano: un estudio sobre Bolivia”, publicado por la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia en 2017.