El diablo no sabe para quién trabaja:

Lucha política desde las calles y las redes

Ximena Centellas Rojas
Publicado en abril 2019 en La Migraña 30
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Para empezar

Las luchas de los trabajadores en el mundo con el objetivo de la transformación revolucionaria lograron establecer gobiernos cuyas experiencias nos enseñan que las transformaciones estructurales no son rectilíneas, más bien, atraviesan diferentes momentos por las contradicciones dialécticas que deben vivir las fuerzas que llevan adelante los cambios. Ni siquiera el capitalismo con toda su potencia pudo establecerse como sistema de una sola vez, necesitó de avances y reveses antes de consolidarse como tal. El sentido ondulante del desarrollo dialéctico puede resumirse en que la Revolución francesa tuvo su Napoleón. Y es que en toda revolución se tiene en frente las posibilidades de avanzar o de retroceder, no hay punto de equilibrio por mucho tiempo: “Si no se avanza, se retrocede”.

La triada revolucionaria

A doce años del Proceso de Cambio en Bolivia, podemos advertir, sin esfuerzo alguno, transformaciones fundamentales en todos los ámbitos de la vida. Y es que por primera vez en nuestra historia es la mayoría la que rige el destino de Bolivia. La triada: líder, sujeto social y proyecto histórico como elementos de una revolución se han concretizado, se han hecho carne y hueso; tienen nombre y apellido: el líder Evo Morales, hijo de la vanguardia cocalera, primera fila de la dirección indígena originaria campesina que estructuró al sujeto social capaz de derrotar al neoliberalismo, y desarrollando su proyecto histórico: el socialismo comunitario.

El primer paso como gobierno fue realizar las tareas que nunca pudo ni quiso desarrollar la burguesía boliviana en su corta visión. El país requería de carreteras, de electricidad, de gas, de agua, de los servicios básicos y progresivamente, a través de una redistribución del excedente, se logró mejorar en mucho la condición de vida de los bolivianos; es así que tres millones de personas salieron de la pobreza, un tercio de la población boliviana. El constante crecimiento económico alcanzado desde que el MAS–IPSP es gobierno ha permitido duplicar cifras económicas con respecto al de las épocas neoliberales.

Cambia todo cambia, aunque a veces no como quisiéramos, el mejoramiento en las condiciones de vida trae consecuencias inesperadas, fenómenos como el desclasamiento y el blanqueamiento de la nueva “clase media”. Los que ahora cuentan con mayores posibilidades económicas aspiran a mejores condiciones sociales, es decir, ansían un mejor estatus social, que desconoce u olvida la vieja condición y la lucha que se realizó para alcanzar la transformación. Ya no importa todo el proceso que transformó Bolivia , ahora se accede a la universidad privada, se tiene casa propia, se disfruta de estabilidad económica, para qué recordar que fue el gobierno de Evo Morales que lo hizo realidad. La amnesia se agrava por el recambio generacional, pues los niños que en 2006 tenían 4,5 o 6 años ahora tienen 16,17 y 18 años, crecieron en el Proceso de Cambio y conciben como naturales las condiciones actuales de vida. El diálogo con las nuevas generaciones se presenta como un desafío.

El sujeto social, al asumir el gobierno se ve despojado de la mayoría de sus cuadros que pasaron a ser autoridades de Estado, produciéndose un vacío en su dirección. Las labores estatales postergan indefinidamente la formación política, a pesar de la amplia solicitud desde las bases. La administración de un Estado colonialista requiere mucho más tiempo y energías de la vanguardia, que termina muchas veces contaminada por la visión burocrática que se sobrepone a la visión política al momento de la toma de decisiones. Se debe aprender a gobernar con una camisa de fuerza porque transformar el Estado y al mismo tiempo que se lo administra implica mayores complicaciones.

En relación al proyecto histórico del socialismo comunitario, podemos concluir que los avances en términos sociales y económicos que se alcanzó están sentando las bases de la transformación estructural, sin embargo, todavía se tiene enfrente a la burguesía boliviana como la bancaria, la agroindustrial, la minera, entre otras, que no han visto afectados sus intereses. El desafío de llevar adelante un desarrollo económico, en la perspectiva del socialismo comunitario, exige un sujeto económico capaz de hacerlo en el marco del pluralismo económico establecido en la Constitución más allá de concebirla meramente como una política pública.

En definitiva, después de doce años de lucha y trabajo se ha dado un pequeño aburguesamiento y blanqueamiento del Proceso de Cambio (similar al sucedido en Brasil). Como resultado estructural de las transformaciones que se lleva adelante y que reconfiguran las condiciones de la lucha política. Temas importantes que nos deben llevar a la reflexión y a la redefinición de estrategias, con relación a la composición del sujeto social, a su visión de país y del curso de las transformaciones. De la triada revolucionaria líder, sujeto social y proyecto histórico, actualmente el elemento más fuerte es el líder, de ahí la razón de que el compañero presidente Evo Morales sea tan duramente atacado, asediado y acosado con el objetivo de disminuir su influencia y sus consistencia articuladora. Muchos se confunden, sobre todo los que no participaron de la lucha por el Proceso de Cambio, Evo Morales es un líder en el pleno y en el total sentido, es mucho más que una simple figura electoral; encarna y representa la reciente historia boliviana de transformaciones que no hubieran sido posibles sin su capacidad de liderazgo.

La historia boliviana, y latinoamericana, está repleta de procesos populares que lucharon por su liberación y que fracasaron en el intento por la falta de un líder coherente y congruente con su clase, su etnia y su visión emancipadora. No hay que dejarse marear con el carnaval electorero que concibe a los candidatos como señoritas en concurso de belleza y que lo que toca es un poco de maquillaje aquí una cirugía por allá y todo resuelto. No, Evo Morales es un líder que concentra y articula al sujeto social que está llevando adelante la transformación de Bolivia, es por lo tanto imprescindible, a decir de Plejanov es “el papel del individuo en la historia”. Y si nosotros lo dudamos, el enemigo imperialista lo tiene bien claro.

La táctica de la des-subjetivización
y el golpe blando

La etapa política electoral que se ha abierto hacia adelante pone sobre la mesa la disyuntiva estructural: se profundiza el Proceso de Cambio hacia el socialismo comunitario o se quiebra el proceso de transformaciones con la retoma del poder de las fuerzas reaccionarias, derechistas o hasta fascistas (como en la realidad argentina y brasileña). Y no habrá muchas posibilidades de transacción porque los intereses son antagónicos. Por eso, no está en discusión la continuidad de Evo como presidente, está en debate la continuidad del Proceso de Cambio, la continuidad del proceso revolucionario como posibilidad dialéctica e histórica. Se está cuestionando el avance de nuestra emancipación, de nuestra liberación en toda su magnitud.

Ante las condiciones presentes de avances económico sociales inobjetables y un pequeño aburguesamiento del Proceso tenemos el mejor caldo de cultivo para la táctica imperialista de des-subjetivización, referida a la manipulación emocional que se desarrolla desde los medios para “manosear” la reacción y opinión pública que se orienta, sin saberlo, por donde la llevan. Con esta táctica, la racionalidad y lógica pierden toda posibilidad para ceder espacio a la especulación, al chisme, a la generalización, a la exageración, todos atributos de un manejo premeditadamente conductista de la información. En palabras de Skinner: “creerán, lo que yo quiero que crean”. Se trata de la creación artificial de un “sentido común” ciudadano alimentado por un ofensiva comunicacional establecida desde dos dimensiones (entre otras) complementarias orientadas a un mismo objetivo: controlar la opinión pública.

Para poder llenar de información interesada a la población, primero se tiene que preparar las condiciones de recepción de la información, para lo que se necesita un vaciamiento mental, es decir, generar una predisposición a las noticias que van a recibir. Entonces, el vaciamiento mental de la población se da a través de la exacerbación de las sensaciones negativas como dolor, inseguridad, incertidumbre, etc. Es por eso que desde los medios tradicionales de comunicación como la prensa, radio y televisión, institucionalmente, se prioriza la crónica roja, que representa un 40 % de los contenidos informativos, con el objetivo de exacerbar la morbosidad de la gente, que es atraída y concentrada además como una forma de subir su rating. Por éste camino, a la población se le genera una sensación de inseguridad, de indefensión. Esta vulnerabilidad que te individualiza, te pone como persona sola e impotente, te deja en la desconfianza que deriva en la incredulidad, los eventos más crudos se mezclan con noticias banales para estructurar un sentido de la información vaciado de contenido y lleno de emociones y sensaciones. De esta manera hacen perder la perspectiva, ya no importa ¿cuántos hospitales se inauguraron?, ¿cuántas carreteras se entregaron?, ¿cuántos centros educativos se abrieron?

Lo que se ve como ciudadano, como individuo es que cada día roban, golpean y asesinan complementariamente estimulan los deseos más básicos reportando concursos de belleza, compras increíbles, recetas de cocina, etc. A través de un mar de emociones se logra invisibilizar permanentemente las acciones gubernamentales, sus éxitos y sobre todo los impactos sociales. Los medios nos colocan en una posición de individuo respecto el colectivo como algo agresivo, socavando la confianza de la gente. Este vaciamiento mental más una irrupción emocional de inseguridad y de incertidumbre personal son la tierra arada sobre la que se siembran las mentiras, o medias verdades de las redes, que encontrarán las mejores posibilidades de crecimiento e impacto en la población. Estas son las razones del éxito de las campañas de desprestigio que desde las redes se vienen desarrollando. Campañas armadas con ataques falaces pero constantes, permanentes y ordenados por temas, para estimular la especulación y chismorreo que devienen en medios que actúan con mayor rapidez y efectividad que internet.

Así se consigue ir colocando progresivamente en la mente de la población una serie de mentiras o informaciones distorsionadas y sesgadas que buscan poner a la opinión pública en contra de la gestión y acciones gubernamentales. Para los medios de comunicación es más importante si el presidente Morales toma whisky etiqueta azul que la inauguración de la planta de litio, hecho trascendental para el futuro económico del país. Con base en el prejuicio racista se induce a la población a pensar si el indio tiene o no derecho a tomar whisky etiqueta azul, nos marcan la agenda haciendo que autoridades de Estado pierdan el tiempo justificando: “que no se compró el whisky”, “que si lo bebió era porque fue un regalo”; haciendo que socialmente perdamos la perspectiva y el sentido de las cosas.

La manipulación de la subjetividad va siendo orientada hacia el rechazo, de forma inconsciente o hasta instintiva por la auto-conservación, respuesta por agresión a la emotividad que predispone la subjetividad individual hacia una sensación de creencias o pos verdad. Busco lo seguro, busco lo firme y son los prejuicios los que me encuentran. Así la población será capaz de creer cualquier cosa, porque en última instancia recurre a sus conceptos más básicos pero seguros.

Lo descrito no pasaría de ser un tema de psicología comunicacional si no fuera porque tiene una relación directa con una estrategia imperialista diseñada y aplicada en Latinoamérica. El perfil de un golpe blando de Estado aplicado en Honduras, Paraguay, Brasil, Ecuador y de otra forma en Argentina responde a la estrategia de Dominio de espectro completo elaborada y ejecutada por el Gobierno de los Estados Unidos a partir del año 2001. Para la desestabilización de los Gobiernos progresistas, se utilizaron diferentes y coordinadas tácticas que apuntaban a la generación de una crisis interna en los ámbitos económico, social y político que conlleven a un progresivo desgobierno con relación a un aparente estado de caos y desorden que lleve a la población a clamar por un sentido de autoridad que induce al lograr un recambio derechista del Gobierno.

El golpe blando es blando porque se toma su tiempo y, por eso, aparece como inofensivo. El ataque se desata contra el líder, con consecutivas campañas mentirosas, de medias verdades y calumnias totales, conformando un sentido de creencia para la opinión pública que no acaba de digerir ni de aclarar ninguna de las verdades a medias, quedando la sensación en la población de que “algo anda mal” de que “algo huele mal”. La sensación de desconfianza es la que se va a alimentar consuetudinariamente, día a día hasta configurar una post verdad irrebatible.

Con este juego de espejismos, se potencia los detalles, las mentiras y se oculta lo importante, lo real, lo verdadero. Como alguien parado mirando el sol y el brillo de los espejos le impide ver el lugar en el que está parado. De la misma forma, los medios de comunicación y las redes están encegueciendo permanentemente a la población, sesgando su visión de la realidad y configurando un “sentido común” que sea de oposición al Proceso de Cambio, que es invisibilizado en sus logros, desacreditado e ignorado por la mayoría. Ni siquiera los servidores públicos del Estado llegan a saber todos los logros de su institución, menos de los otros ministerios e instituciones, mucho menos de la gestión gubernamental en su conjunto.

La des-subjetivización generada desde los medios de comunicación se asienta en la desinformación y en la manipulación de la información, acrecentando la individualización y la ciudadanización que conllevan a un sentido de personalización que entra en contradicción con el sentido colectivista del que provenimos y practicamos desde nuestras organizaciones sociales y comunidades que siempre se han expresado como una sola personalidad colectiva. La urbanización creciente de Bolivia refuerza el proceso de des-subjetivización al ir quebrando la cohesión del colectivo; se va debilitando el sentido comunitario del sujeto social para alterar su relación con el líder, exacerbando sus contradicciones aparentes y reales.

En este contexto, el líder aparece como “desprendido” de su base social, ya nadie tiene certeza de su honestidad, de su integridad, de su buena gestión, todo se ha puesto en duda progresivamente, reforzando los prejuicios clasistas como en el caso del expresidente Ignácio Lula da Silva del Brasil, que la campaña mediática fue asentando la creencia de que un obrero metalúrgico no podía haber hecho buena gestión pública estatal, cómo podía haber sacado a más de 40 millones de brasileños del hambre, no, tenía que ser corrupto, tenía que ser ladrón porque es un obrero ignorante. Y la estrategia funciona, los resultados están a la vista: el ultraderechista Jair Bolsonaro ganó las elecciones presidenciales con el 55 % de los votos frente a Fernando Haddad que alcanzó el 45 % de la votación, el cambio de un gobierno progresista por uno de corte claramente fascista define la nueva correlación de fuerzas en el continente sudamericano.

La batalla electoral se da
en dos dimensiones

Entonces la batalla política electoral ya se da en dos dimensiones: desde las redes para enfrentar a cibernautas que, acostumbrados al uso de la tecnología por su condición de clase pequeñoburguesa están por el protagonismo individual, por la exposición digital que representa estatus y presencia social, trabajan consciente e inconscientemente en favor de la estrategia derechista de desprestigio permanente del Gobierno. Desde el 21 de febrero del 2016 van siendo alimentados por grupos de especialistas en redes que dirigen las campañas en su sentido y contenido desde otros países, como Colombia, articulando un ataque bien estructurado y organizado hacia la gestión de gobierno y fundamentalmente a la imagen presidencial.

Como la batalla en las redes no es el espacio de lucha conocido, por sus formas de agresión que le son totalmente ajenas, su capacidad de reacción es lenta y poco efectiva. Mientras los reaccionarios a este gobierno dan la imagen de más fuerza social de la que efectivamente tienen; entre 30 ó 40 jóvenes pueden dar la imagen de ser miles, son un globo inflado que confunde y que hasta a ellos los ha llevado al autoengaño porque no cuentan con base social real y menos estructurada, como se evidenció en su paro del 10 de octubre en el que tuvieron que servirse de sillas, cintas y peluches para bloquear las calles.

A través de las nuevas formas aparecidas en lucha política como las plataformas que renuevan la cara de los partidos neoliberales tradicionales, se reproduce y potencia la lucha de la derecha en contra del sujeto social, de su colectivismo, de su potencia como una corporeidad, para potenciar la disgregación, la dispersión, la individualización, cualquiera puede ser importante, un detalle lo es todo, un botón daña la muestra.

Desde las calles

El Proceso de Cambio se forjó y venció gracias a la lucha en las calles, en los bloqueos de caminos, en la protesta masiva movilizada desde todas sus organizaciones, desde todas sus comunidades en un sentido colectivo y directo como sujeto social organizado templando a su vanguardia y forjando un potente liderazgo. Pero a 12 años de gobierno se ha ido perdiendo la potencia del sujeto social por la ausencia de nuevos cuadros, por la falta de formación política y por el cambio generacional. Es decir, que aún se tiene el control territorial, pero ante las nuevas circunstancias de la lucha política, el desafío del sujeto social es mayor, debe fortalecer y expandir su capacidad más allá del control territorial, debe convertirse en un manejo organizado del poder social. Es necesario avanzar hacia un control social efectivo, hacia una participación mayor en la toma de decisiones locales, municipales, departamentales y centrales, en definitiva, hace falta recuperar el ajayu del Proceso de Cambio, para ir por el camino de la democratización del poder que garantice la continuidad del Proceso.

La lucha política que toca desde las calles y desde las redes debe enfrentar el desafío de concienciar a las nuevas clases medias que han olvidado cómo llegaron a su nueva condición, que se expresa en el pequeño aburguesamiento y blanqueamiento. Solo los ilusos pueden creer que sin Evo Morales todas las conquistas y beneficios alcanzados continuarán, que la estabilidad económica seguirá solo que ahora tendrán un presidente “más blanquito”.

Todo esto en el marco de un cambio en la geopolítica continental, en que la correlación de fuerzas ya no nos es favorable, al contrario, a partir de la victoria en las elecciones presidenciales de Jair Bolsonaro en Brasil, se configura un bloque anti boliviano compuesto por Chile, Argentina, Brasil, Colombia y en alguna medida Perú; con la misión de cercar el dominio geopolítico como proveedores de gas para el continente. Su misión encargada desde el norte, es bloquear en lo posible las posibilidades comerciales de Bolivia. No hay ninguna novedad en la estrategia imperialista en el marco de la guerra de cuarta generación y de dominio de espectro completo.

La disyuntiva estructural

La disyuntiva que se tiene enfrente es clara: o se recupera el ajayu del Proceso de Cambio y al democratizar el poder se avanza consolidando el liderazgo de Evo Morales y el proyecto histórico, o se profundiza el pequeño aburguesamiento del Proceso de Cambio por el impulso del electoralismo y las prácticas de la democracia liberal que apuntan a que las fuerzas conservadoras puedan lograr restaurar su dominio. No hay lugar para transacciones.

Se debe partir de la autocrítica, de la reflexión colectiva, para hacer frente al enemigo, no basta con denunciarlo porque está cumpliendo con su tarea, la pregunta más importante es: ¿qué se debe hacer?

Es necesario tener la serenidad, la inteligencia y capacidad de enfrentar las nuevas condiciones de lucha, de la “nueva” estrategia de las fuerzas reaccionarias a través del fortalecimiento de nuestra identidad política de sujeto social, para democratizar el poder y hacer que la fuerza social se exprese y desarrolle. No se debe dejar que el juego de la clase media reaccionaria marque la cancha y las reglas de juego político porque podemos quedar atrapados y lo peor: derrotados.

Por eso hay que dejar la actitud defensiva, no permitir que rayen la cancha, creer de nuevo en el sujeto social y que generó el Proceso de Cambio por su capacidad combativa.

Hay dos bandos en esta lucha histórica: el de los pobres por su liberación y la de los ricos por conservar la explotación y opresión, tú decides.

Nosotros lo tenemos claro, queremos recuperar el ajayu del Proceso de Cambio, revitalizar nuestras fuerzas y construir el socialismo comunitario. Por eso, la respuesta más allá del cliché, sigue siendo la misma: ¡Patria o muerte!

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Ximena Centellas Rojas

Revolucionaria desde los 14 años, mujer luchadora por nuestra emancipación, militante del Socialismo Comunitario en Bolivia, e internacionalista.

Dirigente universitaria, miembro del Comité de Defensa del Salar de Uyuni, Graduada de la Escuela Julio Antonio Mella de Cuba, Directora de Gestión Pública del Ministerio de la Presidencia, Coordinadora de la Escuela Nacional de Formación Política del MAS-IPSP, Coordinadora del Instituto para la Democracia Intercultural IDI del Tribunal Supremo Electoral y actualmente Jefe de Redes de Conocimiento Internacional de la Vicepresidencia.


Nota: