La confirmación de la ruptura definitiva con el eurocentrismo

Marx y el cuaderno Kovalevsky

Néstor Kohan
Publicado en abril 2019 en La Migraña 30
Rounded image

El Marx tardío

La tercera parte del volumen Comunidad, nacionalismos y capital. Textos inéditos es, probablemente, la más impactante. Se trata de la traducción del Cuaderno Kovalevsky1Parcialmente publicado antes en Marx, 2015 b: 101-164 y en una edición clandestina de 1991 (La Paz, Ofensiva Roja), a cargo de Álvaro García Linera y traducido del inglés por Raquel Gutiérrez., no incluido en Los apuntes etnológicos de Karl Marx (Marx, 1988 b).

Marx dedicó sus últimas energías de vida (desde 1879 a 1882) a incursionar en el pasado. Elaboró en esos años materiales que suman, alrededor de 90.000 palabras, redactadas en aproximadamente 800 páginas impresas (Anderson K., 2010: 198 y 2016: 51), no todas editadas.

Su crítica del presente capitalista lo llevó, dialécticamente, hacia atrás. Esa dirección respondía a una doble motivación.

Una de orden estrictamente epistemológico: todo proceso de conocimiento dialéctico de la sociedad implica aspirar a comprender la verdad final y “estructural” del resultado sincrónico pero, al mismo tiempo, recorrer, reconstruir y explicar su proceso histórico y diacrónico de constitución “genética”. Por lo tanto, conocer el presente de la actual sociedad y profundizar en la investigación sobre sus tendencias y potencialidades futuras (tanto de los hilos de la dominación como de las fuentes nutricias de la resistencia y la rebelión) presupone avanzar… hacia el pasado, retrocediendo en el tiempo de la historia. Una conclusión metodológica que no necesariamente responde al evolucionismo, habitualmente atribuido a Marx sin mayores trámites, a partir de la famosa frase metafórica: “la anatomía del hombre es la clave de la anatomía del mono” (epistemología que, supuestamente, emparentaría a Marx con la teoría biologicista de Charles Darwin). En realidad, dicha sugerencia metodológica atraviesa como un hilo rojo gran parte del pensamiento filosófico y la historia de la teoría social. La encontramos tanto en la antigua Metafísica de Aristóteles como en la moderna Fenomenología del espíritu de Hegel, sin olvidarnos tampoco de la obra La interpretación de los sueños de Freud, entre muchos otros autores que podrían rememorarse. En todos ellos, cronológicamente tan distantes, así como tan diferentes y heterogéneos entre sí, el orden del conocimiento implica el movimiento de “avanzar, retrocediendo” (de los efectos a las primeras causas, en Aristóteles; de la verdad como totalidad al proceso de desarrollo dialéctico, en Hegel; de las actitudes presentes de la vida adulta consciente a las pulsiones infantiles y la conformación genética del aparato psíquico inconsciente, en Freud). Un pensador tan poco simpatizante del evolucionismo como Jean-Paul Sartre intentó sintetizar, con variada fortuna, este proceso del conocimiento humano, denominándolo “método progresivo-regresivo”. En su obra sobre La estructura lógica de «El Capital» de Marx, el investigador marxista Jindrich Zeleny lo llamó “método procesual-estructural” (Zeleny, 1968: 79 y 1982: 86). Podrían utilizarse muchos otros nombres y denominaciones equivalentes. Pero la clave consiste en entender que la dirección del proceso de construcción del conocimiento jamás es lineal. Se avanza y se construye, retrocediendo. La lógica es, en ese sentido, una síntesis “estructural” de la historia que expone esa misma historia “en su máxima pureza conceptual”.

La otra motivación para retroceder en el tiempo es de orden ético-político. Eric Hobsbawm, refiriéndose al Marx tardío y sus investigaciones históricas-antropológicas-etnológicas, señaló: “Es interesante que —un tanto inesperadamente— sus puntos de vista se inclinaran hacia los de los narodniki [populistas rusos] […] De todos modos nos puede llevar a la segunda razón del creciente interés de Marx hacia el comunalismo primitivo: su odio y desprecio cada vez mayores hacia la sociedad capitalista” (Hobsbawm, “Introducción”, en Marx, 1987 c: 36). En el mismo registro, focalizando su mirada particularmente en los estudios vinculados a la antropología, Raya Dunayevskaya señala: “Los últimos escritos de Marx —los «Cuadernos etnológicos»— constituyen un determinante crítico en sí mismos y en la luz que arrojan sobre las obras de Marx en su totalidad […] como revolucionario, iba intensificando la hostilidad de Marx al colonialismo capitalista” (Dunayevskaya, 2017: 388).
El rechazo hacia el colonialismo, tanto de Kovalevsky como de su atento lector Marx, recorre todo el material, pero se condensa, además, en los calificativos elegidos para referirse, por ejemplo, a los amos británicos en la India: “perros”, “asnos”, “bueyes” e “imbéciles”. En un investigador tan serio y riguroso como Marx, estas expresiones no eran exabruptos aislados. Marx, para referirse al rey español Felipe II, escribe entre corchetes y signos de admiración: “(¡esta bestia!)”. No quedan muchas dudas del sentimiento anticolonial que atraviesa la lectura y escritura de Marx sobre estos materiales históricos. Imposible extraer de aquí una supuesta apología de la “misión civilizadora” y la supremacía del hombre blanco, europeo, conquistador de pueblos, supuestamente “inferiores”.

Tanto por su epistemología dialéctica como por su rechazo político y su desprecio ético creciente hacia el colonialismo del mundo burgués, Marx se dedicó en sus últimos años casi obsesivamente a leer, extractar y completar varios cuadernos antropológico-etnológicos, en gran medida interesado por la historia pasada de la comunidad ancestral (formada a partir de relaciones de parentesco) así como también por su eventual supervivencia y sus potencialidades futuras (en resistencia con el colonialismo y sus enemigos internos), principalmente en civilizaciones y formaciones económico-sociales periféricas del sistema capitalista mundial.

Según la clasificación propuesta por el Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam, Holanda (Internationaal Instituut voor Sociale Geschiedenis-IISG), donde se encuentran los ejemplares originales, esos cuadernos son numerados de la siguiente forma:

– IISG B140
– IISG B146
– IISG B150

¿Qué contienen?2Seguimos aquí la numeración de los cuadernos tal como los reproduce Lawrence Krader (Marx, 1988 b: IX). Enrique Dussel remite a una numeración diferente de los cuadernos (Dussel, 1990: 256).

– El IISG B140 remite al Cuaderno Kovalevsky [Karl Marx: Chronik seines Lebensin Einzeldaten] (elaborado en septiembre de 1879, donde Marx reproduce largos fragmentos de la obra de M.M. Kovalevsky: Obscinnoe zemlevladenie. Priciny chod i posledstvie ego razlozenija [Posesión comunal de la tierra. Causas, desarrollo y consecuencias de su decadencia] (1879) y le agrega sus opiniones personales entre corchetes [] o le corrige errores cronológicos y conceptuales al autor analizado).
– El IISG B146 se ocupa, entre otros libros de: (a) Lewis Henry Morgan: Ancient society. New York-London, 1877; (b) Sir John Budd Phear, The Aryan village in India and Ceylan, London, 1880 y (c) Sir Henry Sumner Maine, Lectures on the early history of institutions [Las instituciones primitivas], London, 1875. Marx utiliza el mismo método que en el B140.

– El IISG B150 trata la obra de Sir John Lubbock (Lord Avebury), The origin of civilizations [Los orígenes de la civilización]. London, 1870. Nuevamente sigue allí ese método elegido.

Friedrich Engels incursionó largamente en el Cuaderno IISG B146 y en particular en la obra de Morgan (Morgan, 1980). Buscó afanosamente el ejemplar de Morgan leído por Marx (según relata en su carta a Karl Kautsky del 16 de febrero de 1884). Hizo suyas gran parte de sus hipótesis y además las empleó en su célebre El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de 1884 (Engels, 2004), publicado apenas un año después de la muerte de su amigo y compañero. Recién a partir de 1891, Engels amplia la edición original e incorpora allí largos fragmentos de Kovalevsky.

Lawrence Krader tras las pistas
de Kovalevsky

A pesar del interés de Engels por estos manuscritos tardíos de Marx, y aún sin haber sido incluidos en las ediciones sucesivas de sus Obras escogidas (ni por los editores soviéticos ni por los alemanes, ni por los chinos o franceses), los cuadernos IISG B146 y el IISG B150 fueron trabajados, sistematizados y compilados por el antropólogo estadounidense Lawrence Krader en su libro: Los apuntes etnológicos de Karl Marx [1972, Assen, Van Gorcum] (Marx, 1988 b). Obra sumamente erudita, que no incluye el cuaderno ISGG B140 donde Marx reproduce y comenta larguísimos fragmentos de Kovalevsky.

Este cuaderno B140 —como los otros dos, B146 y B 150—, es políglota. Marx lee en inglés (y ruso), anota en inglés y alemán, privilegiando la gramática alemana y mientras tanto intercala fuentes antiguas en sus idiomas originales (griego y latín, que manejaba a la perfección). También aparece bibliografía de fuentes históricas de origen español e italiano. Son notas escritas, como mínimo, en cuatro idiomas al mismo tiempo, además de los términos técnicos reproducidos en idioma original, por ejemplo, en hindú o en ruso (Marx comenzó a estudiar sistemáticamente idioma ruso en 1870 [Dussel, 1990: 248]).
Krader incorpora y reproduce la mayor parte del Cuaderno Kovalevsky IISG B140 en un grueso volumen suyo que lleva por título The Asiatic Mode of Production: Sources, Development and Critique in the Writings of Karl Marx [El modo asiático de producción: Fuentes, desarrollo y crítica en los escritos de Karl Marx], publicado inicialmente en Holanda [1975, Assen, Van Gorcum], luego ampliado en Alemania.

¿Por qué Krader no lo publicó completo? Probablemente por haberse centrado allí en la noción específica de modo de producción asiático (empleada por Marx para referirse a la India y China en su correspondencia a partir de 1853 y desarrollada en los Grundrisse de 1857-1858). Deja entonces fuera de este grueso volumen la primera parte del Cuaderno Kovalevsky, donde el etnógrafo y estudioso ruso del derecho comparado —leído, extractado y comentado por Marx— analiza a partir de crónicas españolas y relatos de viajeros italianos algunos aspectos de la historia de los pueblos originarios de América (dakotas, pieles rojas, botocudos, esquimales, nutkas, incas, aztecas, náhuatl, entre otras), la dinámica de su organización familiar y sus lazos de parentesco, sus formas de propiedad de la tierra y, fundamentalmente, el sometimiento, la expropiación y el exterminio a los que fueron sometidos por el colonialismo español durante los primeros siglos que siguen a la conquista europea de 1492.

Afortunadamente, dichos capítulos fueron editados y publicados pocos años después por el historiador alemán Hans Peter Harstick (1977): Karl Marx über Formen vorkcapitalischister Production: Vergleichende Studienzur Geschichte des Grundeigentumbs 1879-1880 [Karl Marx sobre las formas de producción precapitalistas: estudios comparativos sobre la historia de los bienes inmuebles 1879-80] (Frankfurt/Main, Campus-Verlag, páginas 21-28). (Harstick tuvo acceso a este material pues fue jefe de departamento en el Instituto Internacional de Historia Social (IISG) en Ámsterdam de 1966 a 1975. Con ellos elaboró una tesis de doctorado en la Facultad de Artes en Münster).

De modo que entre la primera edición de Krader (centrada en la India y Argelia y editada en inglés) y la nueva edición de Harstick (que aporta el segmento faltante sobre América, publicado en alemán), el Cuaderno Kovalevsky elaborado por Karl Marx en septiembre de 1879 ya es accesible de forma completa.

La clave de ese enigmático corte selectivo y la curiosa decisión editorial de una publicación incompleta del Cuaderno Kovalevsky por parte de un autor tan erudito, obsesivo y meticuloso como Krader no es, creemos, caprichosa. Resulta altamente probable que remita a los debates ideológico-políticos al interior del marxismo en los que él se formó.

Krader y los cuadernos de Marx

Quizás inicialmente inspirado en las enseñanzas teóricas y eruditas de Wittfogel sobre el “modo de producción asiático”, pero dejando a un lado su conversión política al anticomunismo militante y despojado de todo macartismo, Lawrence Krader se irá transformando con el tiempo en uno de los principales especialistas en la temática. Hacia los últimos años Krader desplazó definitivamente sus intereses y estudios sobre la filosofía y la lingüística sumergiéndose en el universo teórico de la antropología y la etnografía; pasó a especializarse en la historia cultural y social de la China milenaria y finalmente recaló en Marx, indagando en el Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam durante más de una década.

A diferencia de los historiadores Eric Hobsbawm, Jean Chesnaux y Perry Anderson, del antropólogo Maurice Godelier, del filósofo y teólogo Enrique Dussel, del filósofo Bolívar Echeverría o incluso del matemático Álvaro García Linera, Lawrence Krader nunca se definió a sí mismo como “marxista”… sino sencillamente como “un investigador de ideas socialistas interesado en la obra teórica de Marx y Hegel”.

Producto entonces de ese agitado itinerario intelectual podemos acceder a esos materiales que habían sido en su mayor parte desatendidos por los compiladores soviéticos, alemanes, chinos y franceses de las Obras escogidas de Marx y Engels. Aun así, el prolongado interés de Krader focalizado en la especificidad del modo de producción asiático muy probablemente lo haya inducido a dejar fuera de su edición los apuntes de Marx sobre los fragmentos de Kovalevsky centrados en las formaciones sociales americanas ya que aquellos no se adecuan fácilmente dentro del universo explicativo que pretende abarcar la categoría elaborada a partir de India y China.

Kovalevsky, “el amigo científico”
de Marx

¿Quién era este autor que tanto atrajo a Marx al punto de llenar un cuaderno entero sobre su obra y que hemos podido conocer gracias a las obsesiones tardías de Krader y al trabajo suplementario de Harstick?

Maxim Maxímovich Kovalevsky (1851-1916) fue antropólogo, etnógrafo, historiador, sociólogo y un profesor de jurisprudencia de nacionalidad rusa. Conoció a Marx en Londres en los últimos años de vida del autor de El Capital, por lo menos desde 1875 (Shanin, 1990: 203), visitándolo en su vivienda asiduamente durante dos años seguidos. Según sus propios testimonios, publicados en dos ocasiones (“Mis andanzas científicas y literarias”, publicadas en Rúskaya Misl [El pensamiento ruso], enero de 1895, y en “Dve Zizny” [“Dos vidas”], aparecido en la revista rusa Véstnik Evropy [El mensajero de Europa] Nº 7, en julio de 1909, pp.5-22), Kovalevsky trabó amistad con Marx cuando éste estaba en lo más álgido de su polémica con Bakunin. En sus propias palabras: “Conocí a Marx gracias a una persona que había salvado la vida de su yerno Longuet, miembro de la Comuna de París” (Enzensberger, 1999: 359). Las visitas a la vivienda-estudio de Marx se prolongaron con invitaciones a casa de Engels, en las veladas y cenas de los domingos por la noche.

Fue Kovalevsky quien le prestó a Marx el ejemplar de la obra de Henry Lewis Morgan que tanta influencia tuvo en los dos fundadores de la concepción materialista de la historia. Kovalevsky había oído hablar de Morgan y por eso se interesó en su obra. En su viaje de fines de 1870 a los Estados Unidos se preocupó por conseguir un ejemplar de su libro, La sociedad primitiva, a partir de los relatos de un colega suyo, como él, también investigador del Cáucaso, Vsevolod Miller.

Morgan —quien no era un hombre revolucionario ni pertenecía a la izquierda socialista o comunista, siendo tan solo un republicano democrático— se había permitido estudiar diversos pueblos del mundo, incluyendo los pueblos originarios de Nuestra América como los aztecas o los náhuatl, entre otros (Morgan, 1980: 232 y ss.; Krader, 1979: 15, Krader, Introducción a Marx, 1988 b: 17).

No lo hacía desde los esquemas apriorísticos de la “filosofía universal de la historia” de matriz hegeliana que tanto habían influido en Marx y Engels hasta el período en que ambos escriben La ideología alemana, rompiendo con todo esquema suprahistórico (Marx y Engels, 2014: 22). Morgan se hundía en los orígenes históricos y tiempos remotos de la humanidad y en sus formas de comunidad primordial apelando a fuentes empíricas, comparando instituciones sociales y económicas, así como vínculos de parentesco, lingüísticos y culturales. Marx y Engels quedaron fascinados con la crítica de la propiedad privada y del Estado, así como con su historia de la forma familiar, desarrolladas por el antropólogo evolucionista de origen estadounidense (a decir verdad, la fascinación fue superior en Engels que en Marx, pero este último también leyó y anotó con detenimiento a Morgan).

Sin embargo, Kovalevsky no sólo le prestó a Marx su ejemplar conseguido en Estados Unidos de La sociedad primitiva [o La sociedad antigua, traducción del título de la edición cubana de 1966 que tiene una carga menos peyorativa hacia las sociedades comunitarias previas al surgimiento de las clases sociales enfrentadas]. También le mostró sus propios estudios etnográficos y etnológicos publicados en Rusia, donde, por un lado comparaba los diversos sistemas jurídicos (que mucho le interesaban dada la profesión original de Kovalevsky) y por otro, las diversas formas comunitarias de propiedad de la tierra, tanto en la India sometida a diversas dominaciones extranjeras (musulmana, mongólica y principalmente bajo el colonialismo británico), en Argelia3Recordemos que en 1882, al final de su vida, después de elaborar todos sus cuadernos etnológicos, Marx visitó personalmente Argel “para descansar por indicaciones de su médico”. Pero… Marx era Marx. No sólo descansó… Según el informe de su yerno Paul Lafargue a su amigo Engels, del 16 de junio de 1882: “Marx aprovechó su estadía en Argel […] Marx ha vuelto con la cabeza llena de África y de los árabes”. Marx estaba entusiasmado con la experiencia y admirado frente al pueblo oprimido por el colonialismo europeo. No era una exageración la de Lafargue.

Eso se puede corroborar en las correspondientes cartas de Marx a sus hijas sobre su visita a África. A Jenny le escribió “Sus ropas —aun desgarradas— son elegantes y graciosas… aun el moro pobre supera al más grande actor europeo en el art de se draper [en francés en el original] en su capa y en mantener un porte natural, gracioso y digno”. A su otra hija, Laura, le transmitió: “Los musulmanes en realidad no reconocen subordinación; no son sujetos ni objetos administrativos, no reconocen autoridad”. No obstante esta admiración explícita, su mirada no era la de un turista deslumbrado ante “lo exótico”. Por eso concluye su carta afirmando: “Sin embargo, se irán al diablo sin un movimiento revolucionario” (Dunayevskaya, 2017: 390-391). (bajo dominación árabe, turca y finalmente del colonialismo francés), así como también en las grandes civilizaciones americanas, principalmente andinas y mesoamericanas (que recibieron el impacto brutal y exterminador del colonialismo español).

De los dos trabajos comparativos de Kovalevsky (el jurídico y el de la propiedad de la tierra), Marx tuvo una opinión negativa sobre el que versaba acerca de temas jurídicos, al punto que el propio Kovalevsky, según su testimonio, dudó en enviarlo a la imprenta. La investigación que sí atrajo completamente la atención de Marx —incluso motivando severas críticas y cuestionamientos teóricos que se tomó el trabajo paciente de dejar por escrito en su cuaderno B140— fue la que Kovalevsky emprendió sobre la propiedad comunal de la tierra y sus diversos avatares, endógenos y exógenos, bajo dominación colonial británica (en las distintas regiones de la India), francesa (en Argelia) o española (en el caso indígena americano).

Kovalevsky brinda testimonio del particular tipo de vínculo que Marx establecía con los interlocutores de su círculo íntimo (Riazanov, 1976: 175-176). Los diferenciaba en dos tipos: los “amigos científicos” (donde el mismo Kovalevsky se incluía) y los “amigos militantes y camaradas de lucha”. Según las memorias posteriores del joven investigador ruso, tres décadas menor a Marx, éste era considerado por él como su “querido maestro” (sic) (Enzensberger, 1999: 408). Pero exclusivamente en el terreno científico. Kovalevsky, con gran cariño, recuerda que Marx en el fondo se sentía más a gusto con sus “amigos revolucionarios y con sus camaradas de lucha”, pero por educación —según su singular interpretación— intentaba disimular esa diferencia tratando de igual modo a sus colegas científicos. Es una lástima que las cartas de Marx a Kovalevsky hayan sido quemadas por los amigos de este último en Rusia, por temor a ser incriminados ante la policía (Anderson K., 2010: 279).

Resulta por demás interesante la confirmación que realiza Kovalevsky del interés del último Marx por la evolución de las formas familiares desde los tiempos antiguos, el problema colonial, la cuestión rusa y fundamentalmente su comuna rural, presente en su correspondencia célebre con Vera Ivánovna Zasulich de marzo de 1881 (Marx, 1980 b: 21-60), en su paradigmática carta al periódico ruso Otiéchestviennie Zapiski [Anales de la patria] de fines de 1877 y en su más que abultada correspondencia con el traductor ruso de El Capital Nikolai-on (seudónimo de Nikolái Frántsevich Danielsón, quien lo tradujo ayudado por German Lopatin). Con cariño, nostalgia y no poca ironía, Kovalevsky rememora en 1909 las curiosas “amenazas” que recibió por parte de Jenny von Westphalen, la compañera de toda la vida de Marx, de no cocinarle más chuletas de ternera si él y Danielsón continuaban regalándole al principal teórico del comunismo libros sobre Rusia… que lo “distraían” de la redacción final de El Capital (reproche que también estaba presente, chuletas al margen, en su amigo Engels).

Kovalevsky nunca se enteró en vida de Marx de las notas que el autor de El Capital iba tomando acerca de sus escritos sobre la propiedad cooperativa, colectiva y comunitaria de la tierra. Según su propio testimonio de 1909, es Engels, tras la muerte de Marx, quien le muestra el Cuaderno IIGS B 140 (Enzensberger, 1999: 360).

Aunque la principal admiración del gran amigo de Marx estaba dirigida, como es bien sabido, hacia Lewis Morgan, a partir de la cuarta edición ampliada de 1891 de El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, también él incorpora las reflexiones, apuntes y obras de M.M. Kovalevsky, particularmente de su libro Cuadro de los orígenes y de la evolución de la familia y la propiedad [Estocolmo, 1890] (Engels, 2004: 15, 51-52, 54 y ss.). En ese tiempo, particularmente en agosto de 1892, Kovalevsky visita a Engels en persona (Ilichov, L., Kandel, E. et alt., 1977: 521).

Marx y la comuna rural

Por el orden de lectura y escritura, el Cuaderno Kovalevsky (IISG B140, redactado a lo largo de septiembre de 1879) es anterior a los otros dos cuadernos de apuntes etnológicos de Marx (IISG B146, redactado en el invierno-primavera [del hemisferio norte] de los años 1880-1881, y el IISG B150, escrito a fines del año 1882).

Lo cual conduce a suponer que a partir del “choque” con la información, los documentos y testimonios que iba recopilando y describiendo Kovalevsky sobre la propiedad comunal de la tierra en la India, en Argelia y en los pueblos de América (las culturas y civilizaciones de los dakotas, botocudos, pieles rojas, esquimales, nutkas, incas, aztecas, náhuatl, entre otras) sometida en los tres continentes al colonialismo europeo, Marx continúa y profundiza hasta el fondo el giro copernicano expresado en sus intereses ya volcados anteriormente en las Formen (pasaje final del tomo I de los Grundrisse de 1857-1858, referidos a las “Formas que preceden a la producción capitalista”, donde también aparecen referencias a los incas, mayas y aztecas), su correspondencia sobre el modo de producción asiático (Marx, Engels y Godelier, [1964] 1966; Hobsbawm, [1964] 1987; Mandel, [1967] 1974: 130-157; Godelier, [1970] 1977 y Marx y Engels [1973]); así como su denuncia implacable del colonialismo europeo occidental y la destrucción de las comunidades de diversos pueblos originarios —desde la India, China y África hasta México— desplegados en el capítulo 24 del tomo I de El Capital (“La llamada acumulación originaria del capital” donde identifica a la conquista feroz y violenta de América como la condición principal para el surgimiento del sistema capitalista mundial [Marx, 1988 a: 939; 2014 a: 669; 2014 b: 243; 2015 a: 743]). Lo mismo puede afirmarse de su crítica a las filosofías “universales” de la historia de matriz occidentalista, vertida ya en su carta de fines de 1877 al periódico ruso Anales de la patria y en su correspondencia —tanto en la enviada como en los borradores— de marzo de 1881 con Vera Zasulich. En todos esos procesos históricos, la ruptura entre la comunidad y sus condiciones de vida (principalmente la expropiación de las tierras comunales y la reapropiación privada de las mismas) se produce, por un lado, a través de la exigencia impositiva-tributaria y con variados artilugios jurídicos, pero también y principalmente, mediante métodos violentos y a partir del ejercicio de la fuerza material (para una reflexión de conjunto sobre el papel jugado en este prolongado proceso histórico por el poder y la violencia, que comienza rastreando los Grundrisse pero recorre todo El Capital: Marín, [s/fecha], Cuadernos de Teoría Nº8, 10 y 11).

El Cuaderno Kovalevsky profundiza entonces y desarrolla con lujo de detalles esa mirada netamente crítica del eurocentrismo, de la generalización para todo el orbe de los singulares procesos de privatización de la tierra comunal que tuvieron lugar en Inglaterra y en otras regiones de Europa occidental (subrayado por Marx en su carta a Vera Zasulich del 8 de marzo de 1881, ([Marx, 1980 b: 60]), tal como su autor explícitamente aclara en la edición francesa del tomo I de El Capital, particularmente en la renovada redacción del capítulo referido a la “acumulación originaria del capital”.

El Cuaderno Kovalevsky es posterior a las Formen de los Grundrisse (1857-1858) y también a la carta al periódico Anales de la patria (fines de 1877), pero inmediatamente anterior a la respuesta a Vera Zasulich (la carta de Vera, escrita en francés, está fechada el 16 de febrero de 1881 y fue enviada a Londres desde Viena, mientras la respuesta definitiva de Marx es del 8 de marzo de 1881; sus borradores fueron redactados en esas tres semanas intermedias); punto de llegada de todas estas reflexiones pacientemente meditadas por el autor de El Capital.

Recordemos que Marx aprendió ruso a partir de 1870, leyendo dos veces (primero en inglés, luego en ruso), la obra de Nikolai Gavrilovich Chernishevsky [1828-1899] Letters whitout adress [Cartas sin dirección]. Este autor había publicado en 1859, un año después de la redacción de los Grundrisse, un texto emblemático: Crítica al prejuicio filosófico contra la propiedad comunal (Shanin, 1990: 231-258). Marx venía siguiendo de cerca el proceso de emancipación de los siervos en Rusia, el desarrollo de la comuna rural, así como la lucha de los narodniki (populistas radicales), con quienes simpatizaba sin ambigüedades. Existen al respecto numerosas pruebas en su correspondencia y escritos (Shanin, 1990: 259-304). Por ejemplo, frente al ajusticiamiento del emperador ruso Alejandro II por parte del Comité Ejecutivo de la organización narodniki [populista radical] “Naródnaia Volia” [La Voluntad del Pueblo], Marx le escribe a su hija: “¿Has seguido el proceso de los autores del atentado en Petersburgo? Son gente que vale un Perú, sin poses melodramáticas, sencillas, serias, heroicas”, tras lo cual le transmite a su hija todo un repertorio de elogios hacia los revolucionarios responsables de ejecutar al zar (Carta de Marx a su hija Jenny, compañera de Longuet, Londres, 11 de abril de 1881 (Marx y Engels, 1973: 316-317).

Marx mantuvo correspondencia con el Comité Ejecutivo de la organización que atentó contra el zar e incluso tuvo trato personal con los representantes de este Comité que vivían en el extranjero. Hasta tal punto Marx estaba interesado y simpatizaba con las actividades de esta organización que existe un ejemplar, procedente de su biblioteca, del programa de miembros proletarios del “Naródnaia Volia”. Ese ejemplar contiene abundantes notas y subrayados de Marx, testimonio de que estudió a fondo aquel documento histórico ([Boris Nikolaievsky: “Marx y el problema ruso”. 4 de julio de 1924. En Marx,1980 b: 14] y Shanin, 1990: 262-269).

Un análisis contextual de esta posición de Marx a favor de la lucha insurgente en Rusia puede encontrarse en la biografía La vida de Carlos Marx, el hombre y el luchador (Nikolaievsky y Maenchen-Helfen, 1973: 447). Acerca de la historia social y las orientaciones ideológicas de la organización política que llevó a cabo el atentado (sobre el que Marx le escribe a su hija Jenny) y para una reconstrucción biográfica detallada de cada uno de sus protagonistas (Venturi, 1981: 1047-1054).

La carta a su hija Jenny sobre la ejecución del zar Alejandro II y el juicio político inmediatamente posterior [desarrollado entre el 26 de marzo de 1881 y el 31 de marzo del mismo año], en la cual Marx adopta posición y toma partido como revolucionario, no como frío y distante “analista político” o “etnógrafo neutralmente valorativo”—, está escrita apenas seis meses después de la redacción del Cuaderno Kovalevsky. Es decir, apenas un mes más tarde de que decida enviarle, por fin, luego de redactar varios borradores exploratorios durante tres semanas, la respuesta a Vera Zasulich (quien, antes de escribirse con Marx, había atentado contra el general Trépov, gobernador de San Petersburgo, por haber hecho azotar a un preso político llamado Alexei Bogoliúbov castigándolo por no quitarse su gorro en presencia del militar [Boris Nikolaievsky: “Marx y el problema ruso”. 4 de julio de 1924. En Marx, 1980 b: 16] y Alpern Engel y Rosental, 1980: 86). Son los años en que Marx se encuentra leyendo y estudiando en idioma ruso sobre la comuna rural…

El Cuaderno Kovalevsky y la crítica del eurocentrismo

¿Qué aporta el Cuaderno IIGS B 140? Este cuaderno es una pieza esencial dentro de ese rompecabezas donde Marx cambia de paradigma, no sólo abandonando cualquier posible resaca de occidentalismo modernizante sino además criticando duramente el colonialismo europeo y poniendo años luz de distancia entre la concepción materialista y multilineal de la historia frente a toda tentación ingenua de culto unilineal al Progreso.

¿Qué continentes elige Kovalevsky para analizar en su obra, mientras Marx, leyendo y anotando en su cuaderno IIGS B140, le sigue de cerca sus pisadas para establecer sus comparaciones y reflexiones de madurez? Pues nada menos que… Asia, África y Nuestra América4Recordemos que un discípulo de Marx, coincidiendo con la mirada crítica del eurocentrismo que había desarrollado su maestro desde su cambio de paradigma posterior a los Grundrisse en adelante, señaló apenas un siglo después: “El campo fundamental de la explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasados: América, África y Asia”, por lo tanto en esos escenarios se desarrolla el eje principal de lucha por la revolución socialista mundial. Así lo planteó en lo que se conoce como su “testamento político”… que lleva por título “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental” (Che Guevara [1967], 1970: 588). La “asociación libre” que sugerimos entre los intereses teóricos de Kovalevsky y los del Marx tardío con el proyecto y la mirada crítica del eurocentrismo desarrollados por el Che Guevara no constituye una ligazón ahistórica descontextualizada. No casualmente, el crítico cultural Miguel Mellino, insospechado de “ultraizquierdismo” o de marxismo radical, recientemente ha identificado en “La Tricontinental [Conferencia internacional reunida en La Habana, Cuba, en 1966. N.K.] como el acto fundacional de la teoría poscolonial” (Mellino, 2008: 41)..

Sus principales aportaciones giran en torno a los problemas, hipótesis y categorías que se abren con la emergencia de un nuevo paradigma teórico-político multilineal en el que se mueven con fluidez las investigaciones, lecturas, correspondencia y cuadernos maduros de Marx (Kohan, 1998: 234-247), quien de esta forma logra una mayor coherencia epistemológica poniéndose a tono con su filosofía de la praxis y sobre todo con sus críticas (presentes ya desde La Ideología Alemana) a toda “filosofía suprahistórica”, es decir, a todo esquema (falsamente) universalista que postule un camino evolutivo unilineal y progresista para toda la historia social de la humanidad, a partir de tipos ideales extraídos de realidades empíricas restringidas a los estrechos límites de Europa Occidental.

Su cambio de paradigma no abarca sólo sus posicionamientos políticos —como el abandono de todo “cosmopolitismo” en función de la defensa de la independencia nacional de Polonia e Irlanda, el análisis crítico del estrecho vínculo entre dominación de clase y etnia en la guerra civil estadounidense, sus simpatías anticolonialistas explícitas a favor de los levantamientos chinos e indios y de la resistencia de Benito Juárez en México frente a las invasiones europeas o su entusiasmo por la lucha insurgente de los narodniki contra la autocracia zarista y en defensa de la comuna rural rusa— sino que, al mismo tiempo, reconfigura la matriz central de su concepción materialista y multilineal de la historia y la mirada de conjunto de su teoría crítica de la modernidad capitalista occidental.

El Cuaderno Kovalevsky reconfirma el viraje realizado por Marx en muchos escritos e investigaciones pertenecientes a esta nueva problemática y es una pieza central dentro de ese nuevo paradigma de racionalidad histórica.

Sólo pagando el altísimo y oneroso costo de ignorar, desconocer u ocultar deliberadamente esa inmensa masa de materiales y textos (desde los Grundrisse y la carta al periódico Anales de la patria hasta el Cuaderno Kovalevsky y la correspondencia —incluyendo borradores— con Vera Zasulich) se puede continuar atribuyendo banalmente a Marx posiciones modernistas, unilineales, occidentalistas, etno y eurocéntricas.

Esto es precisamente lo que les sucede a ensayistas latinoamericanos como Sebreli, 1992: 323; Feinmann, 1996: 215 o Chavola, 2005: 119, 153 y 157. Las mezquindades políticas y sus correspondientes deformaciones hermenéuticas no quedan reducidas, obviamente, a las producciones teóricas de América latina. También están presentes en el mundo cultural anglosajón, como se puede corroborar en los exquisitos pero limitados estudios sobre Marx de Berman, 1991: 84-85 y 2016: 84-87 o en el refinado circuito francés, como puede comprobarse en la biografía de Attali, 2007: 119 y 174.

Si tuviéramos entonces que sintetizar los aportes y “novedades” teóricas del Cuaderno Kovalevsky, éstos abren, como mínimo, cinco órdenes de reflexiones.

En primer lugar, Marx deja en claro en sus anotaciones y acotaciones, así como en sus correcciones a las notas de Kovalevsky, que en la historia de la humanidad Europa occidental no constituye el “centro esencial”, o sea, su forma social “típica y clásica”, mientras el resto del planeta y las múltiples y coexistentes sociedades y civilizaciones que lo han habitado desde el pasaje de la naturaleza inorgánica y orgánica a la cultura humana serían, apenas, sus derivados colaterales. Siempre “imperfectos”, es decir, sombras y ecos repetidos a posteriori revestidos de una forma epifenoménica. Puras “anomalías” o “desvíos” que encontrarían su sentido y explicación en el cordón histórico umbilical —greco-romano—, supuestamente originario, del cual habrían derivado en formato unilineal todas las otras culturas, sociedades y civilizaciones. Si ese esqueleto de filosofía universal “suprahistórica” —según la terminología crítica empleada, tanto en La Ideología Alemana [1845-1846] como en la carta al periódico Anales de la patria [1877]— se encuentra metodológicamente viciado desde sus postulados y axiomas iniciales, entonces la historia mundial no constituye una escalera con cinco peldaños predeterminados y cinco escalones sucesivos, como había postulado Stalin en su ya tradicional modelo unilineal (Melotti, 1974: 19), o sea: comunismo primitivo, esclavitud, feudalismo, capitalismo y socialismo-comunismo (Stalin [1938] (1941: 136 y ss.).

En segundo lugar, Marx intenta repensar —tomando como pretexto la lectura de Kovalevsky— la historia humana no sólo de forma multilineal con sociedades y grandes civilizaciones coexistentes sino además indagando qué existe incluso antes de la comunidad primordial, es decir, en los tiempos remotos y en las formas arcaicas del pasaje de la naturaleza inorgánica y orgánica a la cultura humana. Para ello reproduce largos parágrafos sobre los grupos sociales americanos como los dakotas, esquimales, pieles rojas, botocudos y “habitantes del Perú” (primeros ejemplos que recorre Kovalevsky en su larga enumeración) a partir de los cuales comienza a explorar qué sucedía antes de que existieran la familia y los roles de sexo (para ello investiga qué elementos acompañaban el entierro de un muerto, asociando dichos elementos con formas rudimentarias de “propiedad”). En esos fragmentos concentrados en las formas arcaicas de los primeros grupos de humanos de la historia remota de América, según la traducción aparece la noción de “rebaño”, dejando abierta la inquietud sobre su homologación o no con “la horda primitiva” cuya reproducción se realizaba mediante la pesca, la caza, la recolección, la guerra y el nomadismo, previa a las comunidades estables de primer y segundo orden, sea de parentesco vinculadas por la sangre o ligadas a un territorio, así como a las tribus (divididas en gens y familias), por supuesto, muchísimo antes de que se formaran las grandes civilizaciones incas, mayas o aztecas. La recopilación de fuentes históricas, descripciones de jurisprudencia y crónicas de viajeros o sacerdotes reunidas en las notas de Kovalevsky le proporcionan a Marx riquísimos materiales para pensar las formaciones sociales americanas, pero por momentos se advierte cierto desorden en la reconstrucción historiográfica del etnógrafo ruso debido a que su criterio cronológico está demasiado desbalanceado por haber privilegiado sesgadamente un ángulo jurídico (no casualmente en sus memorias Kovalevsky recordaba ciertos reproches de Marx hacia sus estudios de derecho comparado en detrimento de la reconstrucción de las formas sociales de producción y reproducción de la vida de los pueblos bajo sometimiento colonial. Recorriendo las notas del Cuaderno Kovalevsky, por ejemplo las referidas a los pueblos de América, se comprende las razones que tenía Marx en formularle dichos reproches).

En tercer lugar, Marx vuelve sobre sus teorizaciones previas acerca del “modo de producción asiático” (inicialmente elaboradas en 1853 a partir de su estudio del comercio exterior de Inglaterra con las colonias [Mandel, [1968] 1974: 135] y desarrolladas en 1857-1858 en las Formen, al final del primer tomo de los Grundrisse), poniendo en septiembre de 1879 énfasis no tanto en el polo del fortalecimiento estatal-burocrático encargado de las gigantescas obras de regadío (cuando hace referencia a las formas estatales de la India, Marx comenta, enumera y destaca principalmente las funciones judiciales, diferenciándose también en ese plano del pensamiento jurídico de Kovalevsky) sino más bien en las supervivencias comunitarias y en la coexistencia de una variedad de formas sociales de vincularse con la tierra. Dentro de estas últimas, la propiedad comunal estructurada a partir del parentesco y el linaje conviven en la India con la propiedad aldeana indivisa vinculada al territorio, coexistiendo ambas con formas de posesión familiar campesina de la tierra (periódicamente intercambiable y permutable), así como también con apropiación privada, tanto de sucesivos recaudadores de impuestos y tributos que a cambio de deudas usurarias se van quedando con parte de la propiedad de las comunidades como con ataques premeditados y planificados desde los colonialismos, principalmente inglés (en la India), francés (en Argelia) y español (en América), contra la supervivencia de formas comunitarias.

Estos colonialismos, sobre todo el británico durante el siglo XIX, ven en la supervivencia comunitaria no sólo un peligro económico cuando ésta no puede cumplir con los impuestos y tributos leoninos a los que es sometida sino, también, un potencial peligro político, base de la resistencia indígena y de posibles sublevaciones campesinas, como la que tuvo lugar en 1857-1858 en la India (Marx: “La sublevación India”, en el periódico New York Daily Tribune, 29 de agosto de 1857, en Marx y Engels, 1979 a: 134-135), el mismo año en que Marx redacta sus Grundrisse. Comparando el levantamiento de los cipayos de 1857 contra el imperio británico en la India, con la relativa “quietud” de los obreros europeos del mismo período, Marx le confiesa en una carta de 1858 a Engels, en un tono anticolonialista radicalmente diferente a sus escritos de 1853, que: “La India es ahora nuestro mejor aliado” (Anderson K., 2015: 48). Este tipo de reflexiones deja en claro que para Marx, habiendo superado ya los resabios heredados de la filosofía universal del sistema hegeliano, las sociedades no occidentales… sí tienen historia.

En cuarto lugar, inmediatamente antes de recibir e intentar contestar la carta de Vera Zasulich (1881) que tantas interrogaciones le provocara (vinculada no sólo a “la cuestión rusa” sino también a la teoría inacabada de la renta del suelo del tomo III de El Capital), Marx profundiza en la coexistencia de diversos tipos de relaciones sociales en las formaciones económico-sociales periféricas, precapitalistas e incluso en las capitalistas. Las formas comunitarias conviven allí con formas privadas y capitalistas, fenómeno que no es privativo de la India (estudiada por Kovalevsky), sino también de Rusia (como se plantea explícitamente en la correspondencia con Vera Zasulich, inmediatamente posterior) y también de otros continentes, como es el caso de las sociedades americanas, según advierten Kovalevsky y Marx, y posteriormente muchos de sus continuadores (Mariátegui, 1986: 64-64; 1991: 78-79; 2010: 50-51; Vitale, [1967] 1985: 243 y 1992, 92 y Bassols Batalla, 1985: 156-157).

En las notas de Kovalevsky, extractadas y comentadas en el cuaderno de septiembre de 1879, Marx observa que los colonialistas españoles no pudieron destruir completamente la vida social ni las comunidades del mundo americano (a pesar de las encomiendas, los “repartimientos”, los tributos, los trabajos forzados, la servidumbre indígena e incluso la esclavitud de enteras poblaciones negras traídas de manera violenta desde África). Sin embargo, apunta que la servidumbre hereditaria, el robo y la política del exterminio sistemático apuntan a la destrucción de las asociaciones comunitarias de parentesco de los pueblos originarios que, según el autor de El Capital, es “su principio de vida”.

En el caso de la India, por ejemplo, Marx destaca que allí, bajo dominación colonial, también coexisten diversas relaciones sociales, formas de propiedad y posesión:

(a) la antigua comunidad ancestral de parentesco (cada vez más debilitada y fragmentada, tanto por el desplazamiento del vínculo social entre sus integrantes desde los lazos de sangre y la comunidad doméstica hacia el territorio, así como también por las relaciones de dominación “endógenas” [personificadas principalmente en los recaudadores de impuestos y los tribunales jurídicos] y los ataques del colonialismo “exógeno”;
(b) la comunidad familiar que sigue siendo propietaria de manera colectiva pero que permite posesiones individuales de sus miembros, no enajenables, pero sí intercambiables o permutables;
(c) la posesión pero también la pequeña propiedad rural privada;
(d) la propiedad privada de pequeños artesanos urbanos;
(e) la propiedad privada terrateniente local;
(f) la creciente y progresiva propiedad privada de la tierra de los varios intermediarios (recaudadores y cobradores de tributos e impuestos) que median entre el colonialismo inglés y las comunidades locales;
(g) la propiedad, urbana y rural, de dominadores coloniales extranjeros, entre varias otras.

Dicha coexistencia de relaciones sociales de producción y formas de propiedad en una misma formación económico-social históricamente determinada es muchísimo más compleja y abigarrada que lo que sugeriría el modelo radicalmente simplificado que representa, por ejemplo, El Manifiesto Comunista (1848) e incluso el bastante más complejo de El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852). Este cuaderno IIGS B140 deja bien en claro qué enorme distancia —años luz— separa el complejo y multivariado análisis de la sociedad que caracteriza a la concepción materialista y multilineal de la historia desarrollada por Marx del reduccionismo sociologista (donde sólo hay dos clases —homogéneas, indivisibles y compactas—) al que habitualmente se lo pretende reducir en ataques e impugnaciones académicas.

Por último, en quinto lugar, Marx critica en numerosos y reiterados pasajes y observaciones la errónea generalización de la categoría de “feudalismo” que elige Kovalevsky a la hora de describir las formaciones sociales precapitalistas no europeas (basándose en las crónicas de los recaudadores ingleses de impuestos y de administradores coloniales, para el caso de la India, o en cronistas, sacerdotes jesuitas, funcionarios judiciales españoles y viajeros italianos, para el caso de América).

En sus notas y comentarios sobre el texto de Kovalevsky, Marx se permite corregir datos empíricos y cronológicos (de hechos históricos e incluso de edición de los libros religiosos de la India), además de brindar muchos ejemplos analógicos y comparativos con Europa occidental para demostrar (¡en un cuaderno para su propio estudio, no destinado al público ni a la imprenta, ya que ni siquiera se lo muestra en vida a Kovalevsky!) que el feudalismo no constituye un escalón evolutivo de la historia, repetido con ligeras variantes en todos los continentes del mundo (posteriormente: el modelo unilineal de Stalin). Muy por el contrario, su análisis deja en claro que el feudalismo es tan sólo una formación económico-social de índole europea que, si se ubica en la historia completa de la humanidad, resulta de una escala muchísimo más restringida (en espacio y en tiempo) que el esquema eurocéntrico habitual (tanto el de la vulgata escolar y sus manuales como los más refinados de las academias, del estilo de los tristemente célebres “modelos” de Rostow y otros exponentes de la teoría de la modernización del mismo tenor). Según las anotaciones de Marx no hay feudalismo en la India como tampoco lo hay en América posteriormente a la conquista europea —caso de incas y aztecas, a pesar de los pesados tributos y la servidumbre a los que son sometidas sus comunidades—.

Según observa Krader: “La exportación de estas categorías a otras partes del mundo [referencia a categorías surgidas a partir de una matriz occidentalista que pretenden generalizarse de manera inválida. N.K.] sólo resulta posible a través de una perspectiva histórica eurocéntrica que mueva los cerebros de los estudiosos europeos por los mismos surcos trazados por las cañoneras europeas” (Krader, 1980: 124).

El occidentalismo encubierto que aspira a universalizar para todo el orbe las fases históricas de Europa —por ejemplo Marx le reprocha a Kovalevsky el pretender homologar la historia de la India sometida al colonialismo inglés con la de Alemania feudal— sale sumamente herido luego de recorrer completo, sin prejuicios ni anteojeras, el cuaderno IISG B140. Siguiendo entonces su hilo de anotaciones, reflexiones y comentarios, la historia sucede según un desarrollo multilineal, en el cual coexisten diversas civilizaciones. Dentro de esa coexistencia quienes dominan no necesariamente son “superiores” (étnica, social o culturalmente) ni traen bajo el brazo… “progreso”. La inmensa mayoría de las veces (por no decir, todas las veces) el efecto social sobre los pueblos y sociedades conquistados por las potencias coloniales resulta completamente inverso.

De ahí los juicios radicalmente impugnadores del colonialismo (en el plano económico pero también en la dimensión violenta de dicha conquista y expansión), que en 1879 anota pacientemente Marx para el caso inglés y francés, además del español. Si hubiera que comparar a la India, escribe en dos oportunidades Marx en sus comentarios del Cuaderno B140, habría que hacerlo con… Irlanda, también sometida al poder de Inglaterra, o con la América colonial, subyugada por el colonialismo español, en lugar de intentarlo con la Alemania feudal, que no tiene punto de comparación con ninguna de estas sociedades.

Estos análisis críticos de madurez, que plantean y enumeran con ejemplos empíricos numerosas “regresiones” sociales —como el intento de desarticular definitivamente todo vestigio de relaciones sociales comunitarias en la India, en Argelia, en el Perú o en México— originadas en la dominación, robo, violencia y “política de exterminio” del colonialismo europeo revisan de punta a punta sus previsiones erróneamente “optimistas” volcadas en los artículos mucho más juveniles “La dominación británica en la India” (en NYDT, 25 de junio de 1853) y “Futuros resultados de la dominación británica en la India” (en NYDT, 8 de agosto de 1853), redactados, ambos, un cuarto de siglo antes (Marx y Engels, 1979 a: 35-42 y 77-84).

Por contraposición, en 1879 Marx no sólo se explaya largamente, con ironía, desprecio y espíritu de denuncia, sobre “la política de exterminio” llevada a cabo por los colonialistas “civilizadores” y su intento sistemático de destrucción, expropiación y robo de las propiedades comunitarias de los pueblos originarios (en este sentido, tanto Kovalevsky como Marx mencionan, entre otros, las luchas y protestas de Bartolomé de Las Casas y otros arzobispos que denuncian el exterminio) sino que además reproduce quejas contra los periodistas de la época que apoyan al colonialismo en nombre del “progreso”.

Entre ambos polos del análisis de Marx —el de 1853 y el de 1879— no hay una simple diferenciación de matiz. Se puede observar y comprender un completo cambio de paradigma.

Bibliografía

  • Adame Cerón, Miguel Ángel [Compilador] (2011): Marxismo, antropología e historia (y filosofía). México, Ediciones Navarra.
  • Alpern Engel, Bárbara y Rosental, Clifford N. {compiladores] (1980): Cinco mujeres contra el zar: Vera Figner, Vera Zasulich, Praskovia Ivanóvskaya, Olga Liubatóvich y Elizaveta Koválskaya. México, ERA.
  • Althusser, Louis (1985): La revolución teórica de Marx. México, Siglo XXI.
  • Althusser, Louis (1988): Para leer El Capital. México, Siglo XXI.
  • Amin, Samir (1973): Categorías y leyes fundamentales del capitalismo. México, Nuestro Tiempo.
  • Amin, Samir (1974): Sobre el desarrollo desigual de las formaciones sociales. Barcelona, Anagrama.
  • Amin, Samir (1986): El desarrollo desigual. Barcelona, Planeta.
  • Amin, Samir (1989): El eurocentrismo. Crítica de una ideología. México, Siglo XXI.
  • Amin, Samir (1997): Los desafíos de la mundialización. México, Siglo XXI.
  • Anderson, Kevin B. (2010): Marx at the margins. On Nationalism, Ethnicity and Non-Western Societies [Marx en los márgenes. Sobre el nacionalismo, la etnicidad y las sociedades no occidentales]. University of Chicago Press, Chicago-Londres.
  • Anderson, Kevin B. (2015) “No sólo el capital y la clase: Marx sobre las sociedades no occidentales, el nacionalismo y la etnicidad”. En Musto, Marcelo (2015): De regreso a Marx. Nuevas lecturas y vigencia en el mundo actual. Buenos Aires, Editorial Octubre.
  • Attali, Jacques (2007): Karl Marx o el espíritu del mundo. Biografía. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
  • Bartra, Roger [Compilador] (1978): El modo de producción asiático. Problemas de las sociedades coloniales. México, ERA.
  • Bassols Batalla, Narciso (1985): Marx y Mariátegui. México, El Caballito.
  • Berman, Marshall [1982] (1991): Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la Modernidad. Madrid, Siglo XXI.
  • Berman, Marshall [1999] (2016): Aventuras marxistas. Madrid, Siglo XXI.
  • Chavola, Arturo (2005): La imagen de América en el marxismo. Buenos Aires, Prometeo.
  • Dunayevskaya, Raya (2017): Rosa Luxemburg. La liberación femenina y la filosofía marxista de la revolución. La Habana, Instituto de Filosofía.
  • Dussel, Enrique (1988): Hacia un Marx desconocido. Un comentario a los Manuscritos 1861-1863. México, Siglo XXI.
  • Dussel, Enrique (1990): El último Marx (1863-1882) y la liberación latinoamericana. México, Siglo XXI.
  • Dussel, Enrique (2008): Marx y la modernidad. Conferencias de La Paz. La Paz, Rincón Ediciones.
  • Engels, Friedrich [1843-1844]: Esbozo de crítica de la economía política. En Engels, Friedrich (1982): Escritos de juventud. Obras Fundamentales. Tomo 2. México, Fondo de Cultura Económica. Traducción y prólogo de Wenceslao Roces.
    Engels, Friedrich [1845] “Dos discursos en Elberfeld”. En Engels, Friedrich (1982): Escritos de juventud. Obras Fundamentales. Tomo 2. México, Fondo de Cultura Económica. Traducción y prólogo de Wenceslao Roces.
    Engels, Friedrich [1847] “El congreso del librecambio en Bruselas”. En Engels, Friedrich (1982): Escritos de juventud. Obras Fundamentales. Tomo 2. México, Fondo de Cultura Económica. Traducción y prólogo de Wenceslao Roces.
    Engels, Friedrich (2004): El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Buenos Aires, Editorial Nuestra América.
    Enzensberger, Hans Magnus (1999): Conversaciones con Marx y Engels [Antología de testimonios histórico-biográficos]. Barcelona, Anagrama.
    Feinmann, José Pablo [1975] (1996): Filosofía y Nación. Buenos Aires, Ariel.
    Fernández Retamar, Roberto (1993): Algunos usos de civilización y barbarie. Buenos Aires, Letra Buena.
    Fernández Retamar, Roberto (2016): Pensamiento anticolonial de Nuestra América [Antología]. La Habana, CLACSO-Casa de las Américas. Obra preparada y prologada por Aurelio Alonso Tejada.
    García Linera [Qhananchiri], Álvaro (1991): De demonios escondidos y momento de revolución. Marx y la revolución social en las extremidades del cuerpo capitalista. La Paz, Ediciones Ofensiva Roja.
    García Linera, Álvaro (2010): Forma valor y forma comunidad. Aproximación teórico-abstracta a los fundamentos civilizatorios que preceden al Ayllu Universal. Buenos Aires, CLACSO.
    García Linera, Álvaro (2015): Hacia el gran Ayllu universal [Antología]. Álvaro Zárate compilador. México, Biblioteca Indígena.
    Godelier, Maurice [1970] (1977): Teoría marxista de las sociedades precapitalistas. Barcelona, LAIA.
    González Casanova, Pablo [1969] (2006): Sociología de la explotación. Buenos Aires, CLACSO.
    Guevara, Ernesto (1970): Obras. La Habana, Casa de las Américas. Tomo I y II.
    Harris, Marvin [1968] (2009): El desarrollo de la teoría antropológica. Una historia de las teorías de la cultura. Madrid, Siglo XXI.
    Ilichov, L., Kandel, E. et alt. (1977): Federico Engels. Biografía. Moscú, Progreso.
    Kohan, Néstor (1998): Marx en su (Tercer) mundo. Hacia un socialismo no colonizado. Buenos Aires, Biblos.
    Kohan, Néstor [2001] (2016): Seminario «El Capital». Buenos Aires, Amauta Insurgente-Nuestra América.
    Kohan, Néstor (2013): Fetichismo y poder en el pensamiento de Karl Marx. Buenos Aires, Biblos.
    Krader, Lawrence (1979): “Introducción a las notas etnológicas de Marx. Morgan, La sociedad antigua”. En Revista Nueva Antropología, Año III, Nº10, México.
    Krader, Lawrence (1980); “Evolución, revolución y Estado: Marx y el pensamiento etnológico”. En AA.VV. [Eric Hobsbawm y otros] (1980): Historia del marxismo. Bruguera, 1980. Tomo II.
    Kuhn, Thomas S. (1985): La estructura de las revoluciones científicas. México, Fondo de Cultura Científica.
    Levrero, Renato (1975): Nación, metrópoli y colonias en Marx y Engels. Barcelona, Anagrama.
    Mandel, Ernest [1962] (1980): Tratado de economía marxista. Tomo I. México, ERA.
    Mandel, Ernest (1974): La formación del pensamiento económico de Marx. De 1843 a la redacción de «El Capital». Estudio genético. Madrid, Siglo XXI.
    Mariátegui, José Carlos (1986): Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima, Editorial Amauta.
    Mariátegui, José Carlos (1991): Textos básicos. [Antología]. Lima, Fondo de Cultura Económica. Selección, prólogo y presentación de Aníbal Quijano.
    Mariátegui, José Carlos (2010): Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Caracas, Biblioteca Ayacucho. Prólogo-presentación de Aníbal Quijano.
    Marín, Juan Carlos (s/fecha): La noción de “polaridad” en los procesos de formación y realización de poder. Buenos Aires, CICSO. Serie Teoría Nº8.
    Marín, Juan Carlos (s/fecha): Acerca del origen del poder: “Ruptura” y “propiedad”. Buenos Aires, CICSO. Serie Teoría Nº10.
    Marín, Juan Carlos (s/fecha): El ámbito de la guerra en la dimensión del poder (acerca de la territorialidad). Buenos Aires, CICSO. Serie Teoría Nº11.
    Marini, Ruy Mauro (1987): Dialéctica de la dependencia. México, Editorial ERA.
    Marx, Karl [1844] (1974) Cuadernos de París [Notas de lecturas de 1844]. México, ERA. Traducción de Bolívar Echeverría. Estudio preliminar de Adolfo Sánchez Vázquez.
    Marx, Karl [1844] Cuadernos de París [Cuadernos de lecturas]. En Marx, Karl (1982): Escritos de juventud. Obras Fundamentales. Tomo 1. México, Fondo de Cultura Económica. Traducción y prólogo de Wenceslao Roces.
    Marx, Karl [1848] (1972) Discurso sobre el problema del librecambio. Buenos Aires, Ediciones del Siglo.
    Marx, Karl [1847] (1975): Miseria de la filosofía. Buenos Aires, Cartago.
    Marx, Karl (1980 a): Contribución a la crítica de la economía política. México, Siglo XXI. Traducción de León Mames.
    Marx, Karl (1980 b): El porvenir de la comuna rural rusa. México, Siglo XXI.
    Marx, Karl (1982): Progreso técnico y desarrollo capitalista. (Manuscritos 1861-1863). México, Siglo XXI (Pasado y Presente Nº93). Traducción de Raúl Crisafio y Jorge Tula.
    Marx, Karl (1985): El Capital. Libro I. Capítulo VI (inédito). México, Siglo XXI. Traducción de Pedro Scarón. Presentación de José Aricó.
    Marx, Karl (1987 a): Elementos fundamentales para la crítica de la economía política 1857-1858 [Grundrisse]. Tomo I. México, Siglo XXI. Traducción de Pedro Scarón. Introducción de Martin Nicolaus.
    Marx, Karl (1987 b): Teorías sobre la plusvalía. México, Fondo de Cultura Económica. Tomo I. Traducción de Wenceslao Roces.
    Marx, Karl (1987 c): Formaciones económicas precapitalistas. Introducción y estudio preliminar de Eric Hobsbawm. México, Siglo XXI [Pasado y Presente Nº20]. Traducción de Miguel Murmis y M.N.
    Marx, Karl (1988 a): El Capital. Crítica de la economía política. México, Siglo XXI. Tomo I, II y III. Volúmenes 1 al 8. Traducción de Pedro Scarón (y en el caso de los últimos tres volúmenes de León Mames).
    Marx, Karl (1988 b): Los apuntes etnológicos de Karl Marx. Transcritos, anotados e introducidos por Lawrence Krader. México, Siglo XXI. [(1972), Assen: Van Gorcum; (1976), Fráncfort del Meno: Suhrkamp]. Traducción de José María Ripalda.
    Marx, Karl (2010): Para a crítica da economía política. Manuscrito de 1861-1863. Cuadernos I a V. Terceiro Capítulo: O Capital em geral. Belo Horizonte, Auténtica editora. Traduçâo de Leonardo de Deus.
    Marx, Karl (2014 a): El Capital. Crítica de la economía política. México, Fondo de Cultura Económica. Tomo I. Volumen único. Segunda traducción (revisada de la antigua traducción) de Wenceslao Roces.
    Marx, Karl (2014 b): El Capital. Crítica de la economía política. Madrid, Akal. Tomo I. Volúmenes 1 al 3. Traducción de Vicente Romano García.
    Marx, Karl (2015 a): El Capital. Crítica de la economía política. Santiago de Chile, Ediciones LOM. Tomo I. Volumen único. Traducción de Cristian Fazio C (revisada por Hugo Fazio). Presentación de Sebastián Zarricueta Cabieses, Manuel Hidalgo y Rafael Agacino.
    Marx, Karl (2015 b): Escritos sobre la comunidad ancestral [Antología de Álvaro García Linera]. La Paz, Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.
    Marx, Karl (2018) Comunidad, nacionalismos y capital. Textos inéditos [Antología]. La Paz. Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia. Edición preparada por Álvaro García Linera. Prólogo de Farit Rojas Tudela. Introducciones de Álvaro García Linera y Enrique Dussel.
    Marx, Karl y Engels, Friedrich (1973): Correspondencia. Buenos Aires, Cartago.
    Marx, Karl y Engels, Friedrich (1974): Cartas sobre «El Capital». Barcelona, LAIA.
    Marx, Karl y Engels, Friedrich (1975): Materiales para la historia de América Latina [Antología]. México, Siglo XXI. Presentación y traducción de Pedro Scarón.
    Marx, Karl y Engels, Friedrich (1979 a): Sobre el colonialismo. México, Siglo XXI. Pasado y Presente Nº37.
    Marx, Karl y Engels, Friedrich (1979 b): Imperio y colonia. Escritos sobre Irlanda. México, Siglo XXI. Pasado y Presente Nº72.
    Marx, Karl y Engels, Friedrich (1984): Obras escogidas. Buenos Aires, Cartago. Tomos I y II.
    Marx, Karl y Engels, Friedrich (1981): Acerca del colonialismo. Moscú, Progreso.
    Marx, Karl y Engels, Friedrich (1987): Escritos económicos menores. Obras Fundamentales. Tomo 11. México, Fondo de Cultura Económica. Traducción y prólogo de Wenceslao Roces.
    Marx, Karl y Engels, Friedrich (2014): La Ideología Alemana. Barcelona, Akal. Traducción de Wenceslao Roces.
    Marx, Karl; Engels, Friedrich y Godelier, Maurice (1966): El modo de producción asiático. Córdoba, EUDECOR. [El texto de Godelier es de 1964]. Antología preparada por José Aricó.
    Marx, Karl, Engels, Friedrich y Danielsón, Nikolai F. (1981): Correspondencia 1868-1895. México, Siglo XXI. Recopilación, presentación y notas de José Aricó. Traducciones de Juan Behrend, Irene del Carril, Rodrigo Vázquez, Uxoa Doyhamboure y Oscar Barahona.
    Melotti, Humberto (1974): Marx y el Tercer Mundo. Contribución a un esquema multilineal de la concepción del desarrollo histórico elaborada por Marx. Buenos Aires, Amorrortu. Traducción de Ariel Bignami.
    Mellino, Miguel (2008): La crítica poscolonial. Descolonización, capitalismo y cosmopolitismo en los estudios poscoloniales. Buenos Aires, Paidós.
    Morgan, Lewis Henry (1980): La sociedad primitiva. Investigaciones sobre las líneas del progreso humano desde el salvajismo a través de la barbarie hacia la civilización. Madrid, Ayuso-Pluma.
    Nikolaievsky, Boris y Maenchen-Helfen, Otto (1973): La vida de Carlos Marx, el hombre y el luchador. Madrid, Ayuso.
    Patterson, Thomas C. (2014): Karl Marx, antropólogo. Barcelona, Bellaterra.
    Pla, Alberto (1979): Modo de producción asiático y las formaciones económico sociales Incas y Aztecas. México, Ediciones El Caballito.
    Popper, Karl (1985): La lógica de la investigación científica. Buenos Aires, Tecnos-Rei.
    Riazanov, David Borisovich [1928] “La ‘confesión’ de Karl Marx”. En Riazanov, D. B. [compilador] (1976): Karl Marx como hombre, pensador y revolucionario. Barcelona, Crítica.
    Riazanov, David Borisovich [1925?] (1975): Marx-Engels. Madrid, Comunicación.
    Rosdolsky, Roman (1989): Génesis y estructura de «El Capital» de Marx. México, Siglo XXI.
    Sacristán Luzón, Manuel (2004): Escritos sobre «El Capital» (y textos afines). Madrid, El Viejo Topo.
    Said, Edward (2002): Orientalismo. Barcelona, Debate.
    Sebreli, Juan José (1992): El asedio a la modernidad. Buenos Aires, Sudamericana.
    Shanin, Teodor [Edición, presentación y compilador] (1990): El Marx tardío y la vía rusa. Marx y la periferia del capitalismo [Antología de ensayos y documentos históricos]. Madrid, Editorial Revolución.
    Stalin, José Dzugasvili y otros [1938] (1941): Historia del Partido Comunista de la Unión Soviética. Buenos Aires, Problemas.
    Stavenhagen, Rodolfo (1973) Siete tesis equivocadas sobre América Latina. Barcelona, Anagrama.
    Venturi, Franco (1981): El populismo ruso. Madrid, Alianza Universidad. Tomo II.
    Vitale, Luis [1967] “El imperio incario: una sociedad en transición”. En Espinosa Soriano, Waldemar [compilador] (1985): Los modos de producción en el imperio de los Incas. Lima, Amaru editores y en Vitale, Luis (1992): Interpretación marxista de la historia de Chile. Santiago de Chile, CELA-Cronopios-Rucaray. Tomo I.
    Vitale, Luis (1992): Introducción a una teoría de la historia para América Latina. Buenos Aires, Planeta.
    Wiggershaus, Rolf (2010): La Escuela de Fráncfort. México, Fondo de Cultura Económica-Universidad Autónoma Metropolitana.
    Wittfogel, Karl August (1957): Despotismo oriental. Un estudio comparativo del poder totalitario. ([1957: New Haven, Yale University Press]; [1965: París, Ed.Minuit]; [1968: Florencia, Valecchi]; [1966: Madrid, Guadarrama. Traducción al español de Francisco Presedo de los capítulos 4 y 5, en Revista Derecho del Estado Nº12, junio 2002: https://revistas.uexternado.edu.co/index.php/derest/article/view/847] (consultada el 15 de junio de 2018).
    Zeleny, Jindrich (1968): La estructura lógica de «El Capital» de Marx. México, Grijalbo.
    Zeleny, Jindrich (1982): Dialéctica y conocimiento. Madrid, Cátedra.

Rounded image

Néstor Kohan

Investigador y militante argentino. Doctor en Ciencias Sociales (UBA). Trabaja como profesor en la Carrera de Sociología y el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC) de la Universidad de Buenos Aires. Investiga en el Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina. Profesor de la Cátedra “De la teoría social de Marx a la teoría crítica latinoamericana” (Sociología – UBA). Coordina la Cátedra de formación política “Ernesto Che Guevara” (Uruguay, Chile, Bolivia, Venezuela, México, etc.). Coordina el seminario sobre El capital de Karl Marx en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo y también, como Cátedra Che Guevara, en la Universidad de los Trabajadores de la fábrica IMPA. Ha trabajado en la formación política en la Escuela Nacional Florestan Fernández del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil. Ha publicado más de 45 libros (incluyendo ediciones en otros países) de teoría social, historia y filosofía, traducidos al inglés, francés, italiano, alemán, árabe, hebreo, catalán, galego-portugués, euskera, etc. Con el sello BRANCALEONE FILMS ha publicado más de 25 videos de formación política. Dirección web: www.cipec.nuevaradio.org.


Nota: Este estudio preliminar ha sido elaborado por Néstor Kohan (profesor de la Cátedra “De la teoría social de Marx a la teoría crítica latinoamericana”, Sociología, UBA e investigador del IEALC y el CONICET), quien participó, junto a Álvaro García Linera, organizador de la antología Comunidad, nacionalismos y capital. Textos inéditos, en las dos presentaciones inaugurales de este libro realizadas en Bolivia. La primera en el auditorio del Banco Central de Bolivia, La Paz, el 16 de mayo de 2018 y la segunda en el auditorio de la Facultad de Arquitectura y Ciencias del Hábitat, de la Universidad Mayor de San Simón, Cochabamba, 17 de mayo de 2018. La edición ampliada de esta obra (ahora publicada en Argentina), se presentó en Lima, Perú, en julio de 2018 y en La Paz, Bolivia, en agosto del mismo año.,

Deja un comentario