Mujeres Plurinacionales de la marginación al ejercicio del poder (s. XX-XXI)

Daniela Franco Pinto
Publicado en febrero 2017 en La Migraña 20
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Aprincipios del siglo XXI el paradigma político neoliberal en Bolivia llegó a un punto de crisis extrema que ocasionó su desplome real en 2003, se produjo entonces una demanda de re-definición nacional que reinventó el país. Desde entonces, el sujeto periférico al antiguo paradigma político, se hizo centro dentro de la nueva hegemonía. Bajo este contexto, no sólo advino el primer presidente con raíces indígenas, sino también un aparato estatal de co-gobierno con los movimientos sociales. Asimismo, la creación del Estado Plurinacional estuvo acompañada de la incorporación masiva de las mujeres bolivianas con raíces indígenas y/o mestizas en los distintos poderes del estado.

Las mujeres, ya sean como autoridades o como funcionarias públicas, están inmersas en la conducción del aparato estatal. En la actualidad, las mujeres han pasado de asumir roles periféricos dentro del universo político, a ocupar posiciones protagónicas y centrales. Esta condición ha sido el producto de luchas contra el poder patriarcal generadas por diversos sectores femeninos a lo largo del proceso histórico nacional. Señoras, indias, militantes, cholas, académicas, cocaleras, partidarias, campesinas, citadinas, feministas e innumerables mujeres representantes de la pluralidad étnica y cultural del país, empezaron su carrera política combatiendo contra el orden establecido.

A lo largo de la historia política de Bolivia encontramos diversos casos de mujeres que formaron parte de los principales poderes estatales cuando en el pasado ocuparon puestos de resistencia y/o sub-alteridad que las hizo insurgentes. Muchas de ellas transformaron, tal vez sin pensarlo, la realidad, abriendo senda para que otras mujeres, después de ellas, accedan al poder político. El espacio estatal se ha democratizado por la acción de sujetos subalternos que no callaron, por el contrario, conspiraron, operaron desde la clandestinidad, protestaron y marcharon hasta demoler el orden, reconstituyendo y reavivando la élite política gobernante. En la actualidad esta acción de resistencia desde los actores danza junto a una nueva voluntad política proclive a las transformaciones políticas y sociales.

A continuación se demostrará cómo el avance de la participación política femenina institucional en Bolivia ha seguido el trayecto de irrumpir de lo periférico a lo central, de lo acallado a lo expresivo, de la marginación al meollo del ejercicio de poder gracias a la lucha de las mujeres bolivianas como a la instauración de una nueva forma de gobierno desde la creación del Estado Plurinacional.

 

  1. Los primeros intentos de institucionalizar la participación política femenina

El Siglo XX en Bolivia comenzó con las típicas desigualdades sociales de épocas precedentes, se expulsaba aún de la condición de ciudanía tanto a mujeres como a indígenas, quienes aún no gozaban ni de derechos civiles, ni de derechos políticos. Las mujeres comenzaron a interpelar esta segregación, cuando al ser transformadas por procesos de modernización y movilidad social, tejieron nuevos imaginarios en torno a la condición femenina. Se organizaron entonces en centros culturales y en gremios o sindicatos, demandando respectivamente derechos civiles o derechos laborales.

Durante la Guerra del Chaco (1932-1935), los hombres partieron masivamente a los campos de batalla, entonces las mujeres accionaron exitosamente sobre el mercado laboral y el espacio público3. Lo que impulsó a que algunas demanden, sin lograrlo aún, el sufragio femenino. La coyuntura bélica demostró que las habilidades femeninas no se abocaban exclusivamente a las labores reproductivas y domésticas, sino también a otras de orden público.

En la post-guerra las mujeres exigieron incansablemente la estipulación de sus derechos civiles y políticos y lo consiguieron parcialmente durante los gobiernos del socialismo militar, los cuales fueron proclives a la ampliación de la condición de ciudadanía. David Toro en 1936 reconoció los derechos civiles femeninos y durante la Convención de 1938, en el gobierno de Germán Busch, se discutió la viabilidad o no del sufragio femenino, y si bien éste fue denegado, el logro fue poner el tema sobre el escenario político institucional (Gotkowitz, 2011).

Para la Convención de 1945 durante el Gobierno de Gualberto Villarroel, el Ateneo Femenino, impulsó la discusión acerca del sufragio femenino. En este momento se concedió el voto femenino para las elecciones municipales, señalando que los municipios eran los escenarios familiares propicios para probar si las mujeres eran aptas o no para la política (Revollo Quiroga, 2001). Dos años más tarde, durante el gobierno de Enrique Hertzog (1947), las mujeres por vez primera se convirtieron en electoras y elegidas dentro de los comicios municipales.

Otro de los grandes hitos en el avance de la participación política femenina se dio durante el Sexenio (1946-1952), cuando algunas mujeres de clase media en clara alianza con sectores populares se organizaron para conspirar contra la oligarquía y sentar las bases de la Revolución Nacional de 1952. El acto político más destacado de la conspiración femenina de esta época fue la huelga de hambre del 20 abril de 1951, iniciada cuando, a raíz de las elecciones presidenciales a celebrarse ese año, fueron perseguidos con más ahínco los posibles candidatos opositores al régimen oligárquico. Ante esta represión, 27 mujeres, que luego serían conocidas como el Comando Femenino del MNR, instalaron una de las primeras huelgas del hambre del Continente. El hecho, alabado por la población civil e incluso por la opinión internacional, obligó al gobierno a declarar admistía general y liberar a los presos políticos.

Una vez acaecida la Revolución de 1952, la sociedad y el régimen político boliviano se transformarían trascendentalmente. Por el Decreto Nº 3128 del Voto Universal del 21 de julio de 1952 se reconoció el valor político de las mujeres durante la historia de Bolivia y principalmente en el Sexenio. Años después de la revolución, las mujeres y los indígenas presionaron para que se les permita concurrir a las elecciones generales no sólo como votantes, sino también como candidatos. Haciendo eco a esta demanda el 10 de Marzo de 1956 la Corte Nacional Electoral difundió en su estatuto el Decreto Supremo Nº 4315 que señalaba que todo ciudadano hombre o mujer podía concurrir como elector o elegido al ejercicio de los poderes públicos (Corte Nacional Electoral, 1956: 3).

Durante las primeras elecciones con voto universal, no sólo se estrenó el voto de las mujeres sino también la representación femenina, de la misma forma que ocurrió para el sector indígena. Según el Anuario Legislativo de 1956, el 2 de Agosto de ese año fueron aprobadas las credenciales de 106 parlamentarios entre quienes figuraba la Sra. Emma Gutiérrez Aramayo, la primera diputada nacional. Este hecho marcaba un viraje trascendental en el posicionamiento político femenino.

 

  1. La condición periférica de las mujeres en la política institucional republicana

Desde 1956 se normó la igualdad política entre los géneros, empero, si se revisa la historia republicana de Bolivia se descubre que usualmente se impidió la incorporación masiva de las mujeres en los poderes públicos. La marginación de los espacios de poder, obligó a las mujeres a interpelar las hegemonías imperantes y resistir a tal opresión. Esta cultura sub-alterna femenina llegó incluso a reorganizar el Estado y renovar la clase política.

Los ejemplos de la resistencia femenina son contundentes. Durante las dictaduras, las mujeres revolucionarias del Sexenio y otras más jóvenes, ligadas a partidos de izquierda y con ideologías feministas, así como también mujeres trabajadoras enlazadas a la lucha sindical y a la identidad indígena, entre quienes destacó Domitila Chungara, desempeñaron una logística de la clandestinidad contra el autoritarismo. Empero, una vez recuperada la democracia, hubo una resistencia patriarcal a incorporar a las mujeres en los espacios de poder, frente a esta marginación, ellas afianzaron sus propias organizaciones.

Una vez superada la dictadura, en Bolivia se siguieron los cambios ideológicos internacionales, la democracia cobró un rostro neoliberal y no socialista, ni comunista. A finales de los años ochenta las mujeres redefinieron su identidad en política y se reposicionaron frente al poder. Concibieron entonces que si los hombres no ampliaban las oportunidades políticas de las mujeres dentro del Estado, lo harían ellas mismas. Por primera vez las mujeres de la élite política pasaron de confrontar al Estado a intentar transformarlo desde su interior, así se cohesionaron en el Foro Político de Mujeres. Entre 1996 a 1997 esta entidad incidió a nivel legislativo para garantizar un 30% de presencia femenina mínima en las listas de candidatos, se trataba de la Ley de Cuotas. Si bien este hecho demostraba la exitosa capacidad política femenina, estas fueron aún subestimadas por sus pares hombres.

Otro de los grandes avances en la participación política femenina lo gestó un movimiento popular que entre principios de los años ochenta a finales de los noventa cuestionó las estructuras de discriminación racial y cultural imperantes aún. Para la gestión de 1989 Remedios Loza se constituyó entonces en la primera diputada titular de pollera, su rol estuvo circunscrito a la fundación de un partido de las clases populares llamado Conciencia de Patria “CONDEPA”. En ese momento el Estado dejaba de ser equivalente a un Estado k´ara, monopolio exclusivo de las élites letradas, y adquiría un rostro “clandestino o popular”.

A finales de los años noventa las mujeres indígenas o populares denunciaron los vicios del gobierno neoliberal y vislumbraron las bases del Estado Plurinacional. Para el parlamento del 2002 aparecieron las primeras representantes parlamentarias indígenas, provenientes de siglas partidarias con auto-adscripciones originarias y posturas anti-neoliberales.

A pesar de estas grandes batallas femeninas en los espacios contra-hegemónicos y de resistencia, la política institucional republicana insistió en hacer prevalecer los mecanismos patriarcales de dominación. Entre 1956 al 2006, tan sólo 23 ministerios, de los 878 establecidos, fueron dirigidos por mujeres, esta cifra significó un 2,6% de presencia femenina en el poder ejecutivo. Las primeras incorporaciones femeninas en los principales poderes del Estado se dieron en gobiernos inestables y de corta duración, la primera ministra boliviana, Alcira Espinoza, fue nombrada recién en 1969, otras cuatro mujeres fueron nombradas ministras en los gobiernos de Luis Adolfo Salinas (1969), Walter Guevara Arce (1979) y Lidia Gueiler Tejada (1979-1980).

Entre 1980 a 1989, a lo largo de 5 presidencias y 203 puestos ministeriales, no se designó ni una sola mujer a la cabeza de algún ministerio. Sólo desde 1989 apareció una tendencia generalizada en los distintos gobiernos a incorporar mujeres en el poder ejecutivo, aún así, a lo largo de 7 gobiernos, tan solo en 19 de los 196 puestos ministeriales, figuraron mujeres.

Cómo observamos en el gráfico precedente la composición del Poder Ejecutivo entre 1956 a 2003 contó con una escasa participación femenina. Las parlamentarias aparecieron en 1956 con un pequeño porcentaje, para 1960 esta presencia se cuadriplicó, sin embargo, la carrera política de las revolucionarias fue truncada por la interrupción de las dictaduras. Cuando el Estado se democratizó y reapareció el Parlamento en 1966 y 1979 las mujeres no superaron el 2% de presencia dentro del universo parlamentario, esto demostró la falta de consolidación de una élite política femenina a nivel estatal. Siendo que en 1982 se revalidó el parlamento electo en 1979 que había sido impedido de sesionar a causa del golpe de García Meza, en él se destacaron seis mujeres, entre quienes figuraron Gloria Ardaya y Amalia Decker. Estas mujeres, que habían resistido a las dictaduras, impulsaron por aquella época la creación de la Comisión de la Mujer en el Congreso y propusieron la primera ley en favor de los derechos de las trabajadoras del hogar.

La presencia de las mujeres en el poder legislativo boliviano se estabilizó cuando la izquierda retrocedió frente al neoliberalismo. Sin embargo este avance no fue la expresión de una voluntad política sino la labor de algunas mujeres que no aceptaron la segregación de las esferas partidarias y estatales. En 1989 el porcentaje de presencia femenina en el Parlamento fue símil al adquirido en 1960, este ascenso coincidía con un clima de gran movilidad social, las clases populares se habían propuesto incidir en la política institucional a finalidad de resistir la discriminación de sus medios de expresión en radio y televisión. Como vimos, la presencia de Remedios Loza, una mujer de pollera en el Parlamento, demostró que los sectores subalternos habían adquirido capacidad en el ejercicio del poder.

Para la gestión parlamentaria 1993-1997 la presencia femenina cayó en dos puntos porcentuales respecto a años anteriores, sin embargo, estas pocas mujeres, valiéndose de normas internacionales que orientaban a los estados a ampliar la democracia y a partir de una alianza inédita entre mujeres inter-partidarias y la sociedad civil, lograron la aprobación del sistema de cuotas en la Ley de Partidos para ampliar la participación política femenina en el Estado.

En la medida en que la élite política femenina visualizó la necesidad de transformar las condiciones de inserción de las mujeres en la esfera política, haciendo posible pasar de la excepcionalidad a la presencia sustancial, el porcentaje de mujeres en los parlamentos ascendió. Esto se reflejó en la gestión 1997-2002, cuando las cifras porcentuales de mujeres parlamentarias llegaron a sus puntos más elevados, que sin embargo no superaron el 20%. El contexto institucional estatal y la voluntad política mantuvo durante esos años una negativa hacia la equidad de género en la composición social del Estado.

Empero la semilla ya estaba plantada, los sectores subalternos femeninos, no retrocederían en su intención de transformar el Estado desde adentro. Después de algunos años, el sistema neoliberal se desplomó y en el ínterin emergieron nuevos protagonismos que otorgaron un rostro plural a la esfera institucional. El llamado proceso de cambio a la cabeza de Evo Morales y la creación del Estado Plurinacional acercó a las mujeres, como nunca antes al ejercicio del poder y al manejo de la burocracia estatal.

 

  1. Construcción del Estado plurinacional: pasar de las protestas a las propuestas

A finales de la década de 1980 adquirieron protagonismo por un lado, los mineros relocalizados en 19856, sus hijos e hijas, quienes habían poblado el Trópico Cochabambino para subsistir del cultivo de la hoja de coca. Por otro lado, sectores indígenas del altiplano boliviano que defendían formas originarias de autogobierno y demandaban un acceso autónomo al territorio. Desde entonces hasta el 2006, esta resistencia indígena-campesina consolidó un bloque anti-neoliberal a la cabeza de dos líderes, Evo Morales y Felipe Quispe. Estos dos personajes y sus bases sociales y particularidades respectivas, cuestionaron la política neoliberal y el racismo que aún embargaba el comportamiento de la población mestiza7. Ambos líderes compartieron un mismo sueño, el de reposicionar de mejor manera dentro de las estructuras sociales y políticas al sujeto indígena o popular. Para lograr este cometido  conjugaron dos tácticas políticas, la primera, generar una resistencia y confrontación contra el Estado, la segunda, poner un pie en el horizonte institucional estatal fundando sus partidos políticos, el Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos I.P.S.P en 1997 (luego convertido en MAS-IPSP) y el Movimiento Indígena Pachakutek M.I.P. en el 2001.

En esta época los sujetos indígenas están planteándose la posibilidad de formar parte de la política institucional,  obteniendo  representantes  suyos en los principales poderes del Estado. En este interín, fue fundamental el rol de las mujeres indígenas, quienes nutridas por el sindicalismo desde sus primeros años, pudieron, plantear estrategias para llevar a cabo este nuevo cometido, tal como lo constataron los testimonios de algunas de ellas durante el VII Congreso por la tierra y el territorio celebrado en la ciudad de Santa Cruz en 1995.

Nos vamos al congreso (…) se sacan conclusiones. Por supuesto tenemos un brazo orgánico, sabemos marchar, bloquear, caminar. Tenemos que tener un brazo político, tomar el poder local, el poder departamental y el poder nacional. Nos decíamos: “ahora de las protestas tenemos que pasar a las propuestas” (Leonilda Zurita en García Forés, 2011).

Durante este encuentro se decidió tanto fundar I.P.S.P., como crear la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, la que consolidaba una unidad indígena campesina entre miembros de distintos movimientos sociales, dentro de los cuales figuró la Federación Nacional de Mujeres Campesinas de Bolivia “Bartolina Sisa” (FNMCB “BS”), (Centellas Rojas, Flores Rocha y Berdeja Hurtado, 2011). La iniciativa de conformar una sigla partidaria en un encuentro de tipo sindical-corporativo demostraba que el I.P.S.P. se debía al mandato de los movimientos sociales unificados y no a la inversa. No fue azaroso que la definición de la creación de este instrumento coincida con una alianza corporativa entre la diversidad de pueblos indígenas.

Ocho años después de la creación del I.P.S.P. y dos del M.I.P., el año 2002, distintos líderes indígenas llegaron al Parlamento Boliviano, no se trató de casos esporádicos y solitarios como hasta entonces, sino de una incorporación notoria encabezada por Evo Morales Ayma y Felipe Quispe. El sujeto indígena lograba su paso firme sobre el poder legislativo, haciendo figurar también a algunas de sus representantes mujeres. Esta marcha no se detendría pues cuatro años después, el 22 de enero de 2006, Evo Morales Ayma asumía la primera magistratura del país, tras haber logrado un inédito triunfo electoral con la mayoría absoluta del 53,7% de la votación.

Hoy se cogobierna junto a los movimientos sociales que democratizaron la política nacional y reavivaron la élite política. Como evidencia de este fenómeno inclusivo, el Estado Plurinacional incorpora, como nunca antes y de manera masiva, a las mujeres en general y a las mujeres indígenas en particular en puestos claves para el ejercicio del poder.

  1. Presencia masiva de mujeres mestizas e indígenas en las estructuras plurinacionales

La “política plurinacional” ha integrado en la composición social del Estado, la subjetividad que en el pasado yacía al margen, a decir, los indígenas, los sectores corporativos laborales-sindicales, así como las mujeres mestizas e indígenas. Esto se debe a que justamente este sujeto subalterno es el autor de esta nueva dimensión estatal.

Según el gráfico Nº 1, en la gestión legislativa 2002-2003 el porcentaje de parlamentarias mujeres se incrementó apenas en tres puntos porcentuales llegando al 16, 56%. Empero, como se dijo, este periodo es remarcable en la medida en que aparecieron las primeras diputadas indígenas mujeres. Desde el 2005 y con el triunfo electoral el MAS-IPSP, las mujeres indígenas miembros del movimiento social “Bartolina Sisa”, ingresaron a espacios donde se enfrentaron al desafío de ejercer poder. A pesar de que “las bartolinas” son una organización femenina autónoma, en la práctica, nunca se desligaron de los intereses corporativos de sus sectores, ni de los liderazgos masculinos junto a los cuales demandaron auto-gobierno y acceso libre al territorio.

Las mujeres indígenas han realizado el mismo trayecto que las mujeres bolivianas en general, dejaron de padecer posicionamientos segregados en política, para ocupar espacios relevantes de poder. El primer espacio de decisión pública en el que accionaron fue la Asamblea Constituyente del 2006, en la cual MAS-IPSP fue el único partido que incorporó mujeres indígenas en las listas de sus candidaturas a asambleístas plurinominales y uninominales (Zabala Canedo, 2014).

Para el Parlamento del 2006-2009 la presencia femenina incrementó a un 23,57%, el 25 de Enero de ese último año la población boliviana aprobó en referendo la nueva Constitución Política del Estado con un 61,43% de votos. Esta nueva Ley Fundamental sancionó entonces la creación del Estado Plurinacional como un momento de “revolución democrática y cultural” en Bolivia. El año 2008 el Estado diseñó un Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades en el que se remarcaron los derechos políticos de las mujeres en la construcción de una Bolivia Soberana y encaminada al vivir bien. Finalmente, la Asamblea Legislativa Plurinacional aprobó la Ley 026 del Régimen Electoral para las elecciones del año 2010 donde se estipularon criterios de equivalencia que posibilitaron la presencia paritaria de las mujeres en las listas de los candidatos a cargos representativos y posteriormente la presencia significativa de las mismas en el órgano legislativo10, así para la gestión 2010-2015 la presencia femenina ascendería de manera trascendental a un 49,40%.

Nueve años después de la asunción de Evo Morales como presidente del país, es decir en Enero de 2015, se posesionó la primera Asamblea Legislativa Plurinacional que cuenta con más del 50% de presencia femenina. La incorporación de las mujeres ya no se trata de un hecho marginal al interior de la Asamblea Legislativa Plurinacional, sino de una presencia paritaria. Como resultado de las elecciones generales de octubre de 2014, la Asamblea Legislativa Plurinacional de la actualidad cuenta con el 52,11% de presencia femenina. De manera similar a lo que ocurrió con la inclusión de indígenas varones en el campo político, se perfila hoy una participación política de mujeres indígenas que ha dejado de ser periférica o excepcional como en tiempos pasados, para devenir protagónica.

Para el caso del Poder Ejecutivo de la gestión gubernamental de Evo Morales podemos señalar también grandes avances en la incorporación de las mujeres. Siendo además que los puestos ministeriales no responden a un proceso electoral donde se norma la participación política femenina, el Poder Ejecutivo se constituye en un lugar fundamental para observar la voluntad política de los líderes para incorporar a las mujeres.

En el transcurso del devenir del Estado Plurinacional la incorporación femenina en el poder ejecutivo es constante, llegando a sus puntos máximos el 2010 con un número de 10 ministras mujeres sobre un total de 20 carteras ministeriales y el 2011 con un número de 13 mujeres sobre un total de 28 ministerios. Esta presencia, sin embargo, no ha alcanzado la equidad de género en todas las gestiones ministeriales, se ha registrado un descenso desde el 2011 (Información extraída de la Base de Datos CIS).

Por otro lado se señala que la era de Evo Morales ha consolidado una élite política femenina recurrente en puestos del poder ejecutivo y/o legislativo11, tanto mujeres mestizas como indígenas hoy confluyen en puestos relevantes de la dirección estatal. Los aires de cambio que se viven en la actualidad han posibilitado que las mujeres sean mayoría en el poder legislativo y que cuenten con una remarcable representación en el poder ejecutivo, este fenómeno obliga a descentrar el análisis que sitúa la condición femenina del lado de la sub-alteridad. El Estado Plurinacional es el horizonte espacio-temporal sobre el cual las mujeres han virado de ser sujetos marginales en política a ocupar posicionamientos centrales en el manejo de poder, por tanto, se ha librado una verdadera revolución, la que sin embargo no deja de mostrar nuevos desafíos.

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Daniela Franco Pinto

Licenciada en Psicología, cursó la maestría en Estudios Psicoanalíticos y egresó de la Carrera de Filosofía-UMSA. En co-autoría ha publicado los libros: “Composición social del Estado Plurinacional. Hacia la descolonización de la burocracia” (2014) y “Nuestras novelas de la Guerra del Pacífico. Ensayo histórico para comprender su ausencia” (2013). En la actualidad trabaja en la Dirección General de Fortalecimiento Ciudadano de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional y es investigadora socio-histórica independiente.