Prospectiva en la praxis de lo plurinacional

Cristhian Rodríguez y Calla y Raúl Aramayo Salinas
Publicado en febrero 2017 en La Migraña 20
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El “Proceso de Cambio Boliviano” de acuerdo a Hardt atraviesa por una forma nueva de transición en el ámbito social – estatal, que desde una perspectiva leninista es la formación de un pueblo capaz de autogobernarse.

Para llegar a ese horizonte, la puesta en marcha e instrumentalización del estado pasa por asumir desde la interculturalidad la visión de los pueblos indígenas los principios de Suma Qamaña (Vivir Bien), Ñandereko (Vida Armoniosa), Teko Kavi (Vida Buena) e Ivi-mararei (Tierra sin Mal), a ello se suman valores que aglutinan al colectivo de la identidad boliviana. Este marco, se constituye ante el mundo en una revolución del pensamiento de Estado.

En este sentido la actual responsabilidad histórica apunta al objetivo estratégico de la democracia intercultural y el Socialismo Comunitario como horizonte político de país.

Hugues de Jouvenel plantea que la prospectiva tiene en su filosofía “…el futuro es ámbito de la libertad, del poder y de la voluntad. Es a la vez, un territorio por explorar, de ahí la utilidad de la vigilancia y de la anticipación, y en particular de la prospectiva llamada exploratoria; y territorio por construir, de ahí la utilidad de la prospectiva a veces llamada normativa, referida, ya no a la investigación de los futuros posibles, pero si a la de los futuros deseables, a las políticas y a las estrategias que se podrían adoptar para hacerlos realidad.”

Bajo esta perspectiva, llevar adelante las transformaciones del Estado representa el comprender como funciona1 cada sector (Estado-Sociedad), encontrar las relaciones de fuerza, ver cómo fluyen y visualizar escenarios para la toma de decisiones con mayores aciertos.

Los tan anhelados escenarios que devela la prospectiva (aunque por muy simple que parezca ser), requiere de tomadores de decisiones que incidan metodológicamente en la planificación de su sector, en las Políticas Públicas y en las Políticas de Estado, por ello su uso esta dirigido a diferentes actores sociales e institucionales (líderes políticos, representantes sociales e institucionales, empresarios, órganos del estado, agencias públicas, expertos y equipos técnicos).

Este proceso metodológico, otorga componentes para la simulación de escenarios y acelera la transformación de las áreas estratégicas desde la planificación, anticipando situaciones que podrían derivarse de sus relaciones de fuerza del sistema.

 

Praxis de lo Plurinacional

Para las transformaciones del Estado Boliviano, desde el 2006 el país en su conjunto ha transitado por diferentes cambios, que desde la planificación se visualizan en los impactos que estos han generado en la población boliviana.

Estos impactos que han provocado transformaciones en el Estado Boliviano parecen ser insuficientes, ya que la población demanda mayor profundidad en los cambios del estado, relacionados a sus subsistemas (Justicia, Seguridad Ciudadana, Régimen Penitenciario, Medio Ambiente, Obras Públicas, Energía e Hidrocarburos, Salud, Educación, Minería, Desarrollo Productivo, Turismo, Tierras entre otros) y en los diferentes niveles de administración territorial (Nacional, Departamental, Municipal e Indígena Originario).

Por ello se requiere renovar y/o actualizar la visión de cada subsistema, en función de los resultados de sus prospectivas del entorno y de la interacción de las Políticas Públicas.

Esta planificación conduce a realizar cuestionamientos, que desde la prospectiva estratégica nos aproximan a un nivel de reflexión. Por ejemplo, preguntarnos sobre que nuevos retos se deben asumir sobre los ocho avances y que nuevas tensiones se generarán en los procesos revolucionarios latinoamericanos, planteados por Álvaro García Linera2, en el II Encuentro Latinoamericano Progresista (ELAP) 2015:

  • ¿Qué nuevos retos tendrá la democracia actual en la toma y ejecución de decisiones?, en el marco de la acción colectiva, participación y movilización de la ciudadanía.
  • ¿Qué se debe modificar de la administración del poder del Estado?, entendida como ese espacio de lo común, lo colectivo y universal de la sociedad.
  • ¿Qué nuevos retos en el plano político, cultural e ideológico tendrá el Estado Plurinacional? ¿Qué nuevos valores se incorporarán?
  • ¿Qué nuevas ideas fuerza, ordenadoras y movilizadoras de acción colectiva se construirán en diferentes escenarios institucionales y sociales?
  • ¿Qué saltos en la administración económica se requieren para sumergirnos en el socialismo comunitario? En los ámbitos de la microeconomía.

Con estas interrogantes se puede ingresar al sistema, pero además se requiere de procesos altamente participativos y ello pasa por escuchar el criterio de una diversidad (socioeconómica, cultural y política), para luego construir el sentido común boliviano.

 

Análisis Integral de Sistemas Complejos en temas de gestión pública

La importancia del diseño y ejecución de las acciones públicas ha tomado en los últimos tiempos una importancia no solo política sino también conceptual y analítica. Los resultados en esta materia y el carácter de alta complejidad y conflictividad en el que se desenvuelven estos procesos han puesto a los tradicionales “modos” de diseño frente a desafíos sin precedentes. Por ello, la necesidad de confrontar visiones y aunar esfuerzos por elevar la calidad de las políticas públicas se hace perentoria en un escenario en el que las interdependencias e interacciones sociales son cada vez más importantes.

Ocurre que el diseño de una política pública tiene que ver con directrices de pensamiento que guían la acción. Por lo tanto, conllevan un proceso dinámico, participativo que presupone diversidad de visiones, objetivos, instrumentos, actores y recursos, además de sobrellevar una determinada orientación política y buscar transformaciones relevantes dentro de lo que comúnmente se denomina agenda política.

De ello deriva que la intervención del Estado es un asunto técnico y político que no descansa exclusivamente en la “amplitud” de la intervención, sino que fundamentalmente tiene que ver con la “calidad” de la intervención.

Esta distinción es importante porque la mayoría de las veces se ha gastado una gran cantidad de energía y recursos al asociar “la amplitud de la intervención” con la calidad de la gestión, descuidando otras consideraciones quizás más importantes, tales como el proceso de diseño y concertación, la forma en la que se realiza, los tiempos que se determinan para llevarla a cabo, los actores que se eligen y la forma como se ejecuta. Elementos que son los que en definitiva crean y sostienen el valor público de las propuestas.

Entonces es necesario dotar al proceso de nuevas perspectivas que permitan abordar la complejidad desde un punto de vista que complemente la eficiencia con la integralidad. De los innumerables enfoques existentes se escogió para este proceso de análisis el enfoque sistémico en tanto proporciona herramientas y “worl-views” eficientes para este fin.

En el siguiente cuadro se muestra una comparación entre los dos enfoques más utilizados para la formulación de políticas públicas, resaltando aquellos puntos que podrian servir como orientadores en el diseño de procesos.

 

La planificación y participación como espacio de construcción de visiones

Las visiones de futuro se concretan a partir de la toma de decisiones que se dan en al marco de la gestión de los territorios, por ello es necesario ampliar la comprensión de que, desde la planificación y la participación, se puede aportar a la construcción de “alterativas” para América Latina. Pero ello implica reconocer que no se puede superar problemas complejos bajo la misma visión de mundo—concepción de realidad—y con los mismos métodos que generaron los problemas.

Por lo tanto, lo primero que debemos hacer para trascender una situación es comprenderla. Y ahí radica el potencial transformador de la planificación y la participación en tanto es a través de ellas que emerge la energía social inspiradora de respuestas locales en lugar de la absurda imposición de respuestas universales.

Así la planificación y la participación tienen más que ver con el cambio de las “personas que luego transforman las situaciones y no a la inversa. Es en las personas que se encuentra el potencial para la construcción de futuros emergentes donde se concrete la soberanía de los pueblos.

 

La visión integral como alternativa

Una visión de mundo es un paradigma —concepción de realidad—que emerge de la combinación de ciertas premisas sobre qué es y cómo funciona la realidad. Una premisa es una creencia, y una creencia es una verdad que no necesita ser demostrada. Así, nuestra visión de mundo es una especie de “filtro cultural” tejido con una “trama de verdades” que nosotros cultivamos respecto a la realidad y su funcionamiento.

Con esa perspectiva y recuperando las diferentes experiencias desarrolladas en Bolivia (y no solo en ella para ser más honestos) en la mayoría de los casos se concibe a la planificación únicamente como un proceso motivado por la intención estratégica de actores (sociales o institucionales) que optan por el proceso como un mecanismo útil para “tomar decisiones y acuerdos favorables”.

Este enfoque, si bien ha representado un gran avance en tanto amplifica el alcance de “la gestión del desarrollo” e incluye; por sobre todo, la participación, los procesos de grupales y logra productos tangibles, lamentablemente ha llevado a los involucrados a enfocarse solo en factores externos (el desarrollo económico, la productividad, la infraestructura de educación y salud) obviando toda la otra gama y diversidad de factores (necesidades) (internos y externos, individuales y colectivos) que hacen a la calidad de vida y la felicidad.

Este planteamiento encuentra base en el supuesto de que toda la realidad (y sus problemas, nudos y desaciertos) puede ser abordada y descrita únicamente en términos objetivos e, inversamente, si algo no puede ser descrito de un modo objetivo y empírico, no es “realmente real”.

Desafortunadamente esto lleva a reducir la poliformidad de la realidad a un conjunto de “hechos” ó “eventos objetivos de localización simple” carentes de sujeto, de conciencia, de valor, de interioridad y profundidad.

Si proyectamos esto a la planificación, podemos evidenciar que resulta muy fácil caer en la ilusión de pensar que esta se da siempre en un plano de total objetividad, transparencia y comprensión entre los actores, sin considerar que es precisamente en la construcción de acuerdos que emerge la diferencia entre visiones del mundo (una visión diferente sobre uno mismo y sobre los demás), la misma que proporciona un tipo diferente de sensación de identidad, un tipo diferente de necesidades y un tipo diferente de actitud. En otras palabras centrarse en lo que el diálogo hace ó logra, obviando (o no explicitando) el significado que los actores ponen en juego; permite acceder a la superficie del tema; pero nos enfrenta al riesgo de perder de vista la profundidad subjetiva e intersubjetiva que subyace en el proceso , bloqueando con ello la posibilidad de un verdadero encuentro pues la aproximación “dialógica”, no consiste tanto en contemplar superficies como en compartir profundidades, no tanto, pues, objetividad como intersubjetividad.

De aquí emergen varias interrogantes que ponen en tela de juicio (y constituyen serias limitaciones) no solamente a la integralidad (o efectividad transformadora) de los logros del diálogo, sino, principalmente, el alcance y profundidad del escenario en los que parece ocurrir el proceso.

 

¿Cuáles son esas limitaciones de escenario?

  1. En primer lugar, el supuesto generalizado de que los ajustes o reformas de las estructuras externas (leyes, aspectos económicos, jurídico-políticos, etc.) poseen la capacidad de mejorar la situación de las personas. Aquí se ignora un hecho evidente, es muy difícil llevar a cabo una reforma externa sin la correspondiente transformación de las actitudes y perspectivas de los involucrados, sin el correspondiente movimiento del centro de gravedad (traduciendo a Beck…un centro de gravedad es el punto alrededor del cual se forma la espiral de valores de una determinada sociedad…).
  2. En segundo lugar, la consideración de que la diferencia de perspectivas y de código es antagónica y no integradora (aquí lo integrador se relaciona mas con la completitud que con la complementariedad) predispone a los involucrados en el diálogo a participar en el proceso desde una “mentalidad de adversario”, bloqueando así la posibilidad de siquiera intentar entender al otro. Con ello, la intersubjetividad, pasa a operar como modelo competitivo que representa “la única verdad” y por lo tanto ya no es negociable ni argumentable, tampoco persuasible.

Estas limitaciones, más allá de la forma, nos muestran que el mapa con el que se viene desarrollando y pensando la planificación y la participación no resulta suficiente para abordar problemas interconectados y encontrar soluciones a necesidades complejas. Y esto no se resuelve por mejor y nuevos instrumentos o métodos sino que la construcción de una nueva perspectiva no solo implica un cambio en la manera de actuar, sino que se trata de una transformación general de nuestra forma de experimentar y tomar conciencia del mundo que nos rodea y de las pautas que utilizamos para co-construirlo. Es por ello que considerar su emergencia como si se tratase “solamente” de la búsqueda de una nueva metodología constituye una simplificación tan excesiva como peligrosa. ¿Cuál, entonces, es el punto central del cambio?. El punto central radica en la manera en la que concebimos e interactuamos con la realidad.

En este texto, a modo de reflexión preliminar sobre el tema asumimos el trabajo de Ken Wilber como pilar fundamental para esbozar una propuesta que amplíe el marco sobre el que se vienen desarrollando los procesos de diálogo de tal manera que se pueda incluir la mayor cantidad de perspectivas, recuperar la mayor cantidad posible de conocimiento y establecer “marco de máxima complejidad integradora” que nos brinde mejores y mayores opciones para encarar los procesos de diálogo.

Parafraseando a Ken Wilber “el acercamiento integral intenta incorporar la mayor cantidad posible de perspectivas, paradigmas en un marco general que permita a cada uno de ellos contribuir con sus propios y específicos conceptos fundamentales sin marginar otros o absolutizar sus propias declaraciones verdaderas pero parciales”. Para Wilber la perspectiva integral parte de la consideración de cuatro perspectivas al momento de observar cualquier evento:

Estas cuatro perspectivas son denominadas cuadrantes y surgen de la combinación de los aspectos internos y externos tanto de los individuos como del colectivo. El esquema básico de su concepto se puede esquematizar en el siguiente cuadro:

Este esquema constituye un “mapa de mapas” que nos sirve para navegar considerando las diferencias pero interrelacionado las dimensiones de toda experiencia. En el cuadro el lado derecho representa lo objetivo, lo explícito, lo manifiesto, posible de medir y validar con los sentidos o con sus extensiones. El lado izquierdo corresponde a lo subjetivo, lo sutil, lo implícito, lo esencial, lo causal. Los cuadrantes superiores expresan lo individual y los cuadrantes inferiores manifiestan lo colectivo. Detallando un poco más:

  • El cuadrante superior izquierdo es el ámbito en que se desarrolla la consciencia, construimos nuestra propia visión personal, elaboramos un sentido de la vida y generamos el impulso de la motivación. Es la perspectiva para descubrir las intenciones.
  • El cuadrante superior derecho es el espacio de la conducta humana, las capacidades y lo objetivo del individuo.
  • El cuadrante inferior izquierdo se relaciona con la construcción de las visiones colectivas de una comunidad, las creencias y los valores que determinan la cultura.
  • El cuadrante inferior derecho corresponde a los sistemas técnico-económicos, la infraestructura, la estructura, los sistemas y las leyes.

Lo importante de este modelo de 4 dimensiones es que nos permite comprender la realidad del mundo en una forma más balanceada y equilibrada asegurando una verdadera sostenibilidad a las decisiones humanas y, sobre todo, nos brinda un marco sobre el cual podemos construir acciones más completas y efectivas.

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Cristhian Rodríguez y Calla y Raúl Aramayo Salinas

Cristhian Rodríguez Calla

Antropólogo, tesista de la maestría de Análisis y Manejo de Conflictos Sociales en Bolivia. Investigador y Gestor Social en proyectos de Obras Públicas (Carreteras, Hidrocarburos, Represas, Ferrocarriles, Minería entre otros) con amplia experiencia en Estudios de Evaluación de Impacto Ambiental (Consultas Públicas), análisis y gestión en los sectores de (Obras Públicas, Justicia, Seguridad Ciudadana, Macroregiones y Zonas Fronterizas).

Raúl Aramayo Salinas

Economista, master en Planificación de Empresas y Programación Neurolingüística con amplia experiencia internacional en facilitación de procesos y asesoría organizacional. Ha desarrollado múltiples herramientas para el diseño y facilitación de dialogo  basado en el enfoque integral AQAL  desarrollado por Ken Wilber. Es autor de varias publicaciones relacionadas con la facilitación, el dialogo y la transformación de conflictos.


Nota: