Deliberando un concepto fundamental

¿Qué es el Estado?

Farit L. Rojas Tudela
Publicado en mayo 2017 en La Migraña 21
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Introducción 

Generalmente se enseña que el Estado es la sociedad política y jurídicamente organizada, y una buena parte de las teorías de raigambre contractualista considera que el Estado proviene de un gran pacto social, es decir un contrato, o en algunas corrientes más realistas de un gran armisticio, en el que la guerra es el dato inmediato previo al Estado.

En el texto que se desarrolla a continuación se esboza un acercamiento a las condiciones de posibilidad de estudiar al Estado, de formular una teoría del Estado. Para ello se revisan los acercamientos de Marx al Estado, de Zavaleta Mercado, Bob Jessop y Álvaro García Linera.

 

Producir el Estado

En la Introducción a la crítica de la Economía Política de 1857, Karl Marx, dando un prefacio para una reflexión política más profunda, señala lo siguiente:

“(…) mis investigaciones me llevaron a la conclusión de que tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que, por el contrario, tienen sus raíces en las condiciones materiales de la vida (…)” (Marx, 2008: 96). 

En este sentido se puede desagregar una reflexión marxista sobre el Estado partiendo de las siguientes dos premisas:

a) Que lo que se conoce como Estado moderno, no es un modelo arquetípico que pueda ser reconocido y aplicado en todo el planeta, o que en todo caso lo sea a condición de que dicho modelo arquetípico, en su aplicación, sea mutilado, corregido, tergiversado, reducido e incluso después de todo ello, sea excepcional.
b) Que aquello que denominamos como Estado, necesite, precise una formulación propia, es decir una base material propia en cada caso de experiencia que se busque analizar.  En este sentido, se debe proceder al estudio de cada Estado como situación concreta.  Una teoría del Estado no sería otra cosa que la revisión crítica de la producción de estatalidad concreta en cada caso, es decir en cada país.

Por lo señalado, una teoría del Estado para América Latina debe dar cuenta de la serie de transformaciones en la producción de estatalidad en latinoamerica, desde las transformaciones constitucionales que inaugura Colombia en 1991 y que se extienden por los procesos constituyentes de Venezuela, Bolivia y Ecuador, las movilizaciones sociales que se manifiestan en Chile y Colombia con demandas de Asamblea Constituyente, hasta las estrategias de movilización de los pueblos indígenas de las Américas.

Estatalidad

Entendemos por estatalidad a la sustancia social del Estado, mediante la cual puede pensarse al Estado como una agregación histórico-social, una producción relacional, es decir, una producción que supone una serie de actores que en sus relaciones crean la sustancia y materia estatal.

El Estado, en palabras de Bob Jessop:

“(…) puede definirse como un conjunto de instituciones, organizaciones, fuerzas sociales y actividades, incrustadas y reguladas socialmente, seleccionadas de manera estratégica y organizadas alrededor de la toma de decisiones que son vinculantes colectivamente para una comunidad política imaginaria (o que, al menos, están involucradas activamente en esa toma de decisiones).  A su vez, el poder del Estado puede entenderse como una relación de poder que es mediada por y a través de este conjunto institucional.  El poder no es ejercido por el Estado como tal: El Estado no es un sujeto. Tampoco se origina enteramente en el Estado mismo o en el personal del Estado, sino que depende del equilibrio de fuerzas tanto dentro de la sociedad entendida en sentido amplio, como dentro de los propios aparatos de Estado” (Jessop, 2008: 7).

En este sentido, y siguiendo lo señalado por Jessop (pero también por Zavaleta Mercado), el Estado es un fenómeno relacional, más que existir un Estado como sujeto lo que existe es estatalidad, es decir, un conjunto de sujetos e instituciones en querella por el poder y que materializan la forma-estado.La materia estatal, la sustancia social del Estado se produce. Por ello podemos decir que hay “un producir el Estado, un crear el Estado”. Y para comprender esta idea, será bueno referirnos a las nociones de momento constitutivo y a las dimensiones de estatalidad.

Momento constitutivo

Momento constitutivo es una categoría desarrollada por el pensador boliviano René Zavaleta Mercado, a quien ya referimos. Mediante la idea de momento constitutivo se trata de dar cuenta de aquel momento en el que las cosas empiezan a ser lo que van a ser por un largo tiempo. Se trata de un momento inicial, un momento que luego será reiterado, una y otra vez.  Dicho de otra manera, estamos delante de un momento constitutivo cuando se estructuran formas de vida social, económica y política que se han de desplegar por un largo tiempo, hasta que llegue un nuevo momento constitutivo. Entonces, se trata de un momento de articulación de saber-poder y subjetividad.

La estrategia de Zavaleta consistía en recorrer la historia hasta encontrar un cambio estructural que daba cuenta del presente en que vivimos, entonces rastreaba las causas que producían este momento constitutivo a partir de la revisión histórica, de los procesos políticos que lo puedan explicar.  Entonces comprendía que hubo un momento constitutivo anterior que había entrado en crisis.  La crisis supone una pérdida de hegemonía de las formas y estructuras de dominación que habían sido generadas antes por un momento constitutivo anterior.

En la idea de Zavaleta de lo que es un momento constitutivo se encuentra presente una manera, una forma específica de articulación de Estado y sociedad, también llamada forma primordial, es decir una articulación de procesos económicos y políticos duradera.

Un ejemplo, Zavaleta consideraba que un momento constitutivo fue la revolución de 1952, debido a que ésta (re)configura un determinado modelo de estructuras y de formas de vida social que se desplegaron por un largo tiempo. La revolución no sólo generó transformaciones en la noción de ciudadanía o en la tenencia de la tierra, sino que generó las bases, muchas veces inconscientes, de cambios y transformaciones en la intervención política de la población.

Entonces una manera de comprender la creación de materia estatal se encuentra en los momentos constitutivos, donde se puede observar una materialización de las relaciones de fuerza con efectos de verdad y que signan la vida de las personas.

En este sentido, los procesos políticos deben ser pensados no coyunturalmente sino como procesos de larga duración que determinan la acción política particular, que constituyen sujetos políticos que posiblemente no existían antes.  Esta estrategia me parece la más plausible para dar cuenta de las transformaciones del Estado boliviano de los últimos años, y para poder analizar la materia estatal.

Desde mi comprensión el Estado no es algo. No es una cosa.  El Estado es una estructura de relaciones de poder que se materializa en determinados momentos y actos. En este sentido, podemos decir que el Estado aparece, se materializa, lo hace con mucha fuerza y deja una huella, una marca, una manera en la que se articula institucionalidad, legalidad y legitimidad, que luego perdura.

Por ejemplo, imaginemos una ciudad en la que por primera vez se pone un semáforo. Primero se tendrá que instruir a la población sobre el uso del semáforo, una vez agotada esta primera etapa, se empezará a sancionar a quien no respete el semáforo, por ejemplo a quien se pase una luz roja. Este primer momento, en el que un policía sanciona y aplica una multa a quien se pasó una luz roja, supongamos visto por todos, es un momento de materialización del orden. El policía está allí, el policía puede castigar, el policía castiga, el policía genera orden. Se muestra de manera efectiva que se puede sancionar, que se lo hará, que por ello se debe respetar la luz roja. Todos los que asisten a esta materialización se llevan de recuerdo que deben de respetar la luz roja. Entonces, al día siguiente, los carros se paran ante la luz roja, sin que el policía esté allí.  Y es que en realidad no podrían estar policías allí todo el tiempo.

Esta materialización del Estado, de una pequeña parte del orden que representa el Estado, es una dimensión de estatalidad.

Dimensiones de estatalidad

Para dar cuenta de la estatalidad, es decir de las maneras en las cuales se hace presente el Estado en la vida cotidiana de las personas, se debe pensar, siguiendo a García Linera (2015) en, al menos, tres dimensiones:

  • El Estado como correlación política de fuerzas sociales;
  • El Estado como materialidad institucional; y

El Estado como idea o creencia colectiva generalizada.En la primera dimensión (correlación política de fuerzas sociales) el Estado es pensado como un campo de batalla, un enfrentamiento de fuerzas entre bloques y clases sociales con capacidad de influir. Como lo señala García Linera:

“(E)n cualquier institución (como el Ejecutivo, la universidad, la gobernación, la alcaldía) hay grupos de personas que tienen mayor capacidad de influencia sobre tal o cual decisión o acción estatal y por tanto otras que tienen menos. Desde la alcaldía, el puesto policial, el juzgado, la universidad, la gobernación, el ministerio, el Parlamento, la Presidencia; absolutamente en todas las instituciones del Estado existen grupos, clases, identidades sociales, estructuras, colectividades, que tienen mayor influencia, presencia y capacidad decisoria sobre tales o cuales temas y otras que tienen menos influencia.  A esa diferenciación de capacidades decisorias le vamos a llamar Estado como correlación de fuerzas” (García Linera, 2015:16) 

El Estado nace de la correlación de fuerzas.  Justamente el francés Michel Foucault, en la década de los años 70 del siglo XX dedicó una buena parte de sus investigaciones a dar cuenta de la manera en la cual se presentan las correlaciones de fuerzas, y en consecuencia a tratar una genealogía del poder.  No a explicar precisamente qué es el poder, sino cómo se da el poder en situaciones relacionales. Se señala que esta etapa de su pensamiento se denomina genealogía, en tanto busca observar las maneras en las que el poder produce la realidad y la subjetividad en la que vivimos.

El curso que Foucault dedica el año 1976, llamado Defender la Sociedad, trata justamente de la guerra o las guerras como variable de la formación del Estado en Europa, tanto a finales de la Edad Media y durante la Edad Moderna, hasta la Revolución Francesa.

Foucault rechaza la idea contractualista de Estado y ve en la formación de la soberanía y del Estado moderno, una manera de continuación de la guerra por otros medios, dejando en claro las ideas de guerra externa (entre estados) y guerra interna (la cohesión de la idea misma de soberanía y de súbdito).

El Estado, en este sentido, es una formación histórico- social que se refiere a una forma de organización social, económica, política, soberana y coercitiva, conformada por un conjunto de instituciones, que tienen el poder de regular la vida en común, en un territorio determinado o territorio nacional; aunque con tendencias expansionista, como es el caso del imperialismo.  Suele incluirse en la definición de Estado el reconocimiento por parte de la comunidad internacional como sujeto de derecho internacional, pero esta formulación es en sí una regulación jurídica posterior, determinada por los procesos bélicos.

Por ello, no es posible pensar que el Estado es una regulación armónica de igualdad y de respeto. El Estado es un campo de lucha, es un espacio de correlación de fuerzas, de guerra de razas.  Es interesante que este curso que dicta Foucault en 1976 también se encuentre publicado por la Editorial Altamira de la Argentina bajo el nombre de genealogía del racismo.

En la segunda dimensión (material-institucional) el Estado es pensando como institución, como maquinaria burocrática y jurídica.  Esta dimensión corresponde a la manera más sencilla de dar cuenta del Estado, es decir su presencia institucional, su presencia física como poder.

García Linera enumera las instituciones, en busca de su visibilidad:

“(L)a Presidencia, el Parlamento, los ministerios, los tribunales de justicia, las Fuerzas Armadas, la policía, el régimen cultural, el sistema de partidos políticos.  Entonces, el Estado son instituciones como los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial, el ámbito coercitivo legal, etcétera; y en tanto instituciones, forman el primer componente del orden o la estructura estatal” (García Linera, 2015:14)

Esta materialidad estatal institucional supone también el análisis de la performatividad de las instituciones, es decir, su existencia en la acción misma.  Tal vez la materialidad más visible, pero que a la vez se relaciona con la dimensión anteriormente mencionada, es decir la de correlación de fuerzas.

En la tercera dimensión (la simbólica) el Estado es pensado como sentido común de época, como yo colectivo que garantiza el consentimiento entre gobernantes y gobernados, en palabras de Pierre Bourdieu sería el Estado como relación de legitimación política.

García Linera caracteriza esta dimensión de la siguiente manera:

“El conjunto de formas en las que recordamos la historia a través del sistema educativo, cómo entendemos nuestro pasado, valoramos o depreciamos a nuestros héroes, dirigentes y libertadores.  Esa narrativa de nuestro pasado y la manera en que está ordenada, el régimen de enseñanza, de ideas legítimas, lo que se enseña y lo que no se enseña en el colegio, lo que es valorable y lo que no lo es en el aprendizaje universitario, todo eso forma parte del orden estatal. Son ideas, pero también creencias. A lo largo de su existencia, el Estado sedimenta, difunde (en las mentes y en las almas de las personas) creencias, valores, principios; y ordena esquemas morales de vida, de sociedad, de lo que debiera ser el futuro y el porvenir en la formación de los niños, de los jóvenes, en la vida cotidiana, en el trabajo de las instituciones.  Esta es una dimensión más complicada de la existencia del Estado, pero tan o más decisiva que la institucional” (García Linera, 2015:15).

Bourdieu señala al respecto que:

“Para comprender la dimensión simbólica del efecto Estado, y en particular de lo que cabe llamar el efecto universal, hay que comprender el funcionamiento específico del microcosmos burocrático; hay que analizar la génesis de este universo de agentes del Estado, de los juristas en particular, que se han constituido en nobleza de Estado instituyendo el Estado, y, en particular, produciendo el discurso performativo sobre el Estado que, aparentando decir qué es el Estado, conseguía que el Estado fuera diciendo lo que tenía que ser” (Bourdieu, 2007:122)  

Entonces se trata del Estado como creencia, como idea-fuerza, como aquello que une, que aglutina a los bolivianos, que permite la cohesión.  Se trata de la Bolivia que nos contamos y que nos pone felices cuando, por ejemplo, logramos una victoria, como cuando la Corte Internacional de Justicia da la razón a la demanda boliviana y se declara competente para conocer el caso de la obligación de negociar de Chile respecto a un acceso soberano al mar para Bolivia, este es un buen ejemplo para mostrar la construcción de ese imaginario nacional y la presencia del discurso jurista en él.

Estas tres dimensiones permiten dar cuenta de la materia estatal, es decir pensar al Estado como correlación de fuerzas, como instituciones y como creencias.  Monopolio de la violencia, de la creencia y de la institucionalidad.

Singularidad

El análisis de la estatalidad que se propone llevar a cabo para una comprensión del Estado, debe concebir a éste como un fenómeno relacional conflictivo concreto. Es decir, si bien se pueden tener las dimensiones analizadas, como la correlación de fuerzas, la institucionalidad y las creencias compartidas, el Estado no es otra cosa que la suma conflictiva de las relaciones de poder históricamente dispuestas en una forma singular de desarrollo.  Y que sólo puede comprenderse ex post, es decir, sólo puede comprenderse un tiempo o momento después (Rojas, 2017).

En este caso, cada Estado retrata la particularidad de una situación concreta, determinada por su pasado, por sus momentos constitutivos y su trayectoria.  Cada Estado lo es sólo a condición de ser después.  No hay una fórmula que permita al Estado comenzar de cero.  El Estado se levanta sobre su pasado, sobre sus determinaciones, que si bien pueden ser siempre actuales, no dejan de ser formas de presentar el pasado.

No es lo mismo el Estado boliviano, de lo que podría ser el Estado chileno, el mexicano, el argentino o el colombiano, y la distancia es mayor si se busca extrapolar el análisis del Estado a Europa: la particularidad de una Alemania (con una monarquía desparecida, la primera y segunda guerra mundial, la división de las dos alemanias, su participación y liderazgo en la Unión Europea), la particularidad de una Holanda (que aun conserva monarquía, que recién profundiza en descentralización y que ha construido un sistema complejo de co-gobierno llamado gobierno consociacional) son complejamente distintas a la realidad de cualquier Estado de America Latina.

Sociólogos como Alain Touraine o filósofos como Enrique Dussel, han enfatizado en las diferentes formas de materizalición de la estatalidad, en Europa y en América Latina.  Como señala Touraine mediante la voz de Dussel:

“A partir de la revolución burguesa inglesa, y de la emancipación de las colonias anglosajonas de Norteamérica, divide primero entre: a) Estados de una tradición que defiende los derechos del individuo como propietario, económicamente independiente y varón, y que podría denominarse «Estado particular liberal».  b) Otros parten de la afirmación de una comunidad política que tiende a definirse como «nación» ante Estados extranjeros ante los que deben defender su soberanía (en Europa central o en América Latina, por ejemplo), y serían «Estado de afirmación nacional»” (Touraine citado por Dussel, 2009:253).

Por otro lado, investigadores sociales como las de Isabella Radhuber (2009) afirman que los Estados en América Latina se han formado alrededor de un eje central: el poder de disposición sobre los recursos naturales, elemento vital que después devino en las formas de colonialidad que se experimentan hasta el día de hoy. Entonces los modelos de comprensión del Estado y la estatalidad europea difieren si tomamos este rasgo de relación dentro del modelo de explotación capitalista.

Mientras en la historia europea, la formación de la nación giraba alrededor de la lucha por el derecho de voto universal y la democratización de las instituciones, en la historia latino americana, la lucha se basó en la nacionalización de recursos naturales, la diferencia étnica y el cuestionamiento del Estado.

Los procesos de ciudadanía han sido otro ejemplo, en tanto la dimensión liberal- individual es central para la comprensión de la ciudadanía en Europa, las formas de motivación movilizada muestran un proceso de participación política colectiva, en busca de la concreción de derechos.  Dicho de otra manera, una forma distinta de participación política y de ciudadanía, que encuentra su práctica en la acción colectiva.

La singularidad es un componente central de una teoría del Estado, es la manera en la que se puede leer y comprender al Estado concreto, es decir, al Estado desde su existencia.  Y decíamos que este fenómeno es siempre ex post, es decir es siempre de determinación posterior y no prospectiva.

Por ello se puede decir, en esta manera de comprender la singularidad, que el Estado es una X a determinar.

Bibliografía

Bourdieu, Pierre. Razones Prácticas. Sobre la teoría de la acción, Barcelona (Anagrama), 2007.

Dussel, Enrique. Política de la liberación. Tomo II. Madrid – España (Trotta), 2009.

García Linera, Alvaro. La potencia plebeya. Buenos Aires – Argentina (Clacso), 2008.

García Linera, Álvaro. Estado y Proceso Revolucionario. En VV.AA. Democracias en Revolución & Revoluciones en Democracia. La Paz (CIS), 2015.

Jessop, Bob. El futuro del Estado capitalista. Madrid – España (Catarata), 2008.

Marx, Karl. Introducción a la crítica de la Economía Política. Buenos Aires – Argentina (Luxemburgo), 2008.

Marx, Karl. El capital. México (Siglo XXI), 2009.

Rojas Tudela, Farit. Archivo, la huella, el original. Sucre (Revista de la ABNB), 2017.

Zavaleta Mercado, René. La autodeterminación de las masas. Bogotá – Colombia (Clacso), 2009.

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Farit L. Rojas Tudela

Abogado constitucionalista con especialidad en historia y filosofía, master en investigación social y Doctor en ciencias del desarrollo mención justicia. Tiene estudios en gestión gubernamental y gerencia pública. Ha sido investigador del proceso constituyente boliviano y asesor técnico de Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya-Holanda. Actualmente es investigador del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de Bolivia.