Acerca del Che y la revolución en América Latina

Revolución, Che y Bolivia

Gustavo Rodríguez Ostria
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 24
Rounded image

Como generación somos hijos e hijas de la Revolución Soviética, quien a los 17 o 18 años leyó los “10 Días que Conmovieron al Mundo” de Jhon Reed, es algo que le persigue a uno toda la vida, yo lo he vuelto a leer para este evento y aún me sigue persiguiendo, todavía me emociona.

Pero lo que yo voy a hacer aquí, es tratar de reconstruir la influencia de la revolución soviética en un momento particular de la historia boliviana. Es claro que la revolución rusa se introdujo a Bolivia por distintos caminos, no voy a tratar de reconstruirlos, todos ellos están asociados a los puertos, que son como los ojos para un país mediterráneo, los ojos hacia el mundo, las primeras ideas vinieron de Lima y el Callao (Perú), de Santiago, Valparaíso (Chile), de Buenos Aires; pero pienso que eso tuvo un enorme problema, no alcanzamos a comprender en ese momento, recién lo estamos comprendiendo, que nosotros teníamos nuestro propio puerto, nosotros teníamos que mirarnos hacia adentro y como decía Mariátegui, necesitábamos un marxismo que no fuera ni calco, ni copia, sino un surgimiento heroico, esperemos que estemos caminando en este sentido.

La revolución rusa se introdujo como influencia muy tempranamente, estaba ya presente en los años 21 y 22; por ejemplo en los estudiantes universitarios de Cochabamba, una pequeña universidad de no más de 100 estudiantes, y sus dirigentes, entre los cuales estaba Carlos Montenegro, uno de los ideólogos del nacionalismo revolucionario, según la prensa, juraron con el puño izquierdo en alto a la manera soviética, y cambiaron el nombre de secretarios al nombre de comisarios, ahí nace quizás una parte de otra historia, pero yo voy a hablar de otro momento, en realidad voy a tratar de ver, si puedo y no fracaso en el intento, juntar dos momentos que hemos recordado este 2017, los 50 años del Che y la Revolución Rusa, si hay en algún lado una conexión entre estos dos procesos, es decir si existen o no existen.

Permítanme entonces señalar lo siguiente, Ernesto Guevara llegó a Bolivia en la tarde del 3 de octubre de 1966, en un vuelo procedente de Sao Paulo, cuatro días después comenzaba la escritura de su diario, el 7 de noviembre de 1966, a 49 años de la revolución rusa. Su diario no registra ningún “un día como ayer”, no registra ninguna referencia a la revolución, parece raro, extraño, si uno va mirando su diario a lo largo del tiempo, en la cronología heroica y el recordatorio, la memoria constituye una parte fundamental de las actividades internas de la guerrilla, el 1° de enero, el 26 de julio, el 28 de julio porque ahí hay tres peruanos en las filas de la revolución, el 6 de agosto, y hasta hace poco había estado convencido y creía que más allá de las circunstancias, de la llegada, esto no era un campamento instalado, había una razón mayor, por la cual Guevara no mencionaba la revolución, lo creía hasta hace un tiempo que en estas mis búsquedas de trabajo de historiador encontré un texto de homenaje de la revolución, nunca publicado, probablemente escrito por el “Coco” Peredo, quizás como un borrador, que habla de la necesidad de homenajear a la revolución y habla del gran revolucionario de Lenin.
Guevara fue asesinado un 9 de octubre y no alcanzó a la celebración de los 50 años de la revolución. Lo extraño de este caso es que el 17 de octubre del año 67 cuando se celebraban los 50 años de la revolución, otros también celebraban la revolución, los comunistas bolivianos celebraban la revolución, en Moscú estaba Salvador Allende y su hija Beatriz, que luego se convertiría en una de las principales motoras del Ejército de Liberación Nacional en la versión chilena.
Entonces, como es posible que hombres y mujeres de visiones tan distintas, tuvieran un recordatorio sobre este acontecimiento de 1917, que al parecer no admitía sino una lectura unívoca; lo que quiere decir por tanto, es que los actores que estaban presentes allí en 1966 y 1967 tenían una lectura diferente de la revolución, incluso esa lectura de la revolución hoy está siendo reconstruida y rearmada.

Pero que dejó la revolución como punto central, como lectura, entonces ahí me servirá esto para mostrarle hasta qué punto la perspectiva de Guevara en el proceso boliviano es y no es leninista, es y no es próximo a la revolución rusa. Hay algunas cosas que mencionaré, por un lado la revolución introduce en estas lecturas más canónicas de la revolución: el Estado y la revolución. Nuestras tareas políticas, el ABC del comunismo o cualquier cosa que hubiésemos leído en esos años, para mi estaba claro que por un lado estaba la forma partido, la idea de un partido revolucionario, un partido que no era un sindicato, extrañamente estas disputas marcarán la historia también de la influencia de la revolución y de la izquierda en Bolivia, extraña compleja y difícil relación entre el partido y el sindicato.
La revolución introdujo la idea de un pequeño partido de cuadros capaz de introducir los conceptos de la revolución dentro el campo de la clase, una cosa que tradujo la revolución es la idea de un sujeto revolucionario, la clase obrera como sujeto revolucionario, no la masa, no el pobre, sino la clase obrera organizada y consciente, etc. Y después estaba la idea de las condiciones objetivas y subjetivas, una distinción que aparece en algún lado, que todos nosotros, si hemos sido comunistas o Trostkistas o lo que fuese en aquellos años, hemos aprendido, que hay una cosa que son las condiciones objetivas y otras las condiciones subjetivas, el momento, el partido, el ánimo de la masa, etc. Después está el espacio de la revolución, probablemente, este sea el punto más difícil, el espacio nacional, espacio internacional, un problema que enfrentó la revolución rusa en los primeros momentos ¿Debe firmarse la paz con Alemania? ¿Debe esperarse la revolución en Alemania?

Cuando Guevara llega a Bolivia, todos estos conceptos están materializados y establecidos y estructurados en un partido, el Partido Comunista, no poseemos una buena historia del Partido Comunista desafortunadamente, poseemos una larga historia, del partido del POR de Lora, está mal dicho porque no era exactamente de él, del Partido Obrero Revolucionario, todos los tomos, las decenas de tomos que Lora ha dejado, en cambio el Partido Comunista no tiene una historia equivalente, no hay, pero si podríamos reconstruir que el Partido Comunista creía efectivamente en todas estas cosas que he mencionado anteriormente, la forma partido, la forma no sindicato, la lucha contra el tradicionalismo sindical, la lucha por la idea de las condiciones objetivas y no condiciones objetivas, eso está en la cabeza de los comunistas bolivianos.

Pero además, hay un elemento central en todo esto, que no estaba presente digamos en los orígenes del marxismo boliviano del 22 o de los años 30, cuando se intentan fundar los primeros partidos comunistas, que es la idea: primero, de la revolución en un solo país, que procede más bien, para mí, de la historia Stalin y mucho menos de la historia soviética misma de los primeros momentos, y segundo, la coexistencia pacífica. Hacia los años 66, 67 la Unión Soviética ha definido como política y por tanto influye sobre los distintos partidos comunistas en América Latina, unos más que otros, en la posibilidad de un tránsito pacífico hacia el socialismo, digo unos más que otros, porque seguramente la historia del Partido Comunista uruguayo, no es exactamente la del Partido Comunista argentino y mucho menos que el Partido Comunista chileno, que es el que en realidad ejemplifica toda esta historia de mejor modo.
Este bagaje de conceptos, que aquí yo he hecho en parte una caricatura, es la que está en la cabeza de Mario Monje el 31 de diciembre de 1966 en la Higuera, por otro lado está Ernesto Guevara, no es entendible el pensamiento de Guevara, salvo que quisiéramos hacer de él una simple caricatura, un simple tiratiros, un desesperado dispuesto a morir donde sea, que no lo era. Creo que el pensamiento creativo de Guevara era un aporte al marxismo en muchos campos, venía de dos experiencias sin las cuales no entenderemos nunca lo que sucedió en Bolivia, Congo y Praga.

Ambos son dos elementos determinantes en lo que va a suceder, para ser muy simples, Guevara va el año 65 al Congo, sucede lo que sucede, si quieren saber más pueden leer sus memorias del Congo o pueden leer los libros que un profesor americano ha escrito basado en documentos cubanos respecto de Congo, él termina con una frase más o menos así: “1)Salgo de aquí más convencido que nunca en la lucha guerrillera, y 2) salgo convencido que no cometeré los mismos errores que he cometido aquí”; y cuáles son los errores, a su juicio, cometidos en el Congo, que después incidirán en la visión en general que tiene sobre la Revolución Rusa y sobre lo que esta interlocutado por el Partido Comunista y sus actitudes en Bolivia, la relación entre política y arma, entre aparato militar y aparato político. En el Congo Guevara quedó preso de los combatientes congoleños, su independencia era casi nula, no podía moverse, no podía actuar, no podía atacar, no podía retroceder, disparar un solo tiro sin consultar al universo político.

Por tanto, para él que ya venía de esa tradición, y está en sus textos sobre la guerra de guerrillas, ceder el mando político significaba renunciar a un proceso de acción militar. Dicho de otra manera, el aparato militar debería conducir al aparato político; una cosa muy diferente a la concepción leninista, entonces, aquí ya hay una ruptura en ese punto con esa concepción, la misma que concibe la política sujeta al aparato militar; Trostki esta sujetado al aparato militar bolchevique, no tiene iniciativa, no se absolutiza el aparato militar. En Guevara no, al menos Guevara va a discutir con Monje ese día en Ñancahuazú cerca a la casa de Calamina.

La segunda cosa que va a estar detrás de la cabeza de Guevara es Praga, para reconstruir rápidamente, luego de la derrota, él mismo dice en su obra respecto al Congo: esta es la historia de una derrota, así comienza su libro. Luego va a Tanzania, y luego va a Praga; solo muy recientemente, hace no más de una década, se han publicado los textos escritos por Guevara en Praga, en una casa cerca de 30 kms. de Praga, en Lavi, él vive ahí, cerca de 6 meses después de salir del Congo, Tanzania-Praga. Que dicen esos textos son una crítica a algo que todos hemos leído que forma parte del bagaje conceptual de Mario Monje aquel día cerca de la casa de Calamina: El Manual de Economía Política de la URSS, es una crítica devastadora, todo esto concluye con una frase de Guevara que dice: la URSS está próxima a retornar al capitalismo, ¿por qué?, hay antecedentes en este debate, todo el debate de los 60 entre los estímulos materiales versus los estímulos morales, la planificación central versus la de la ley del valor, pero que es lo que dice Guevara ahí, él me parece que va afirmar todas sus críticas a la concepción del socialismo de la unión soviética, que para él es una concepción simplemente materialista, es decir, no en el sentido del materialismo histórico, sino en el sentido de la producción fundamental de bienes, algún autor había dicho que la superioridad de la Unión Soviética se medía porque producía más acero que los Estados Unidos; para el Che esto no era ninguna superioridad, la superioridad de un proyecto revolucionario está dada por su superioridad moral, respecto al otro proceso.

Rosa Luxemburgo, a quien el Che no cita en este texto, pero pienso que hubiera estado de acuerdo con ella, decía: el socialismo no es precisamente un problema de cuchillo y tenedor, sino del movimiento de la cultura, una poderosa nueva concepción del mundo, ese es Gramsci también, la reforma moral e intelectual.

En realidad lo que quería Guevara, detrás de la idea del hombre nuevo, era una reforma moral e intelectual, cosa que claro, no estaba en la cabeza de Mario Monje. Las disputas aquel día entre Monje y Guevara, aquel 31 de diciembre, resumen dos concepciones de la revolución, dos formas de entender la revolución, dos procesos distintos de aproximarse a la revolución; mientras Guevara toma de la tradición revolucionaria rusa y del leninismo, la idea de la fuerza, la idea de la revolución violenta; Guevara dice en otro texto, en el que escribe a la intercontinental en enero del 67, “los combates no serán luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos, ni serán la lucha de un pueblo enfrentado que destruye en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías dominantes, será una lucha larga y cruenta”. ¿Qué pensaba en cambio Monje?, mientras Guevara insiste en una lucha violenta, prolongada, y con la fuerza; mientras Guevara cree profundamente en la crítica del capitalismo, por tanto, desarrolla una crítica al etapismo propio de los partidos comunistas latinoamericanos de los años 60, esta idea de primero revolución democrática burguesa, o revolución nacional, después revolución socialista; Guevara dice: revolución socialista o caricatura de revolución.
Algunos dicen que tomó estas ideas de Mariátegui, no lo sé, creo que las tomo más cerca de Trostki que de Mariátegui; entre las cosas que él cargaba en su mochila andariega por la selva y luego casi por el Chaco boliviano, estaba un libro de la historia de la revolución rusa de Trostki que lo perdió en el combate de Morocos el 30 de julio del 67, una herejía no.

En Cuba no se podía leer la historia de la revolución Rusa pero él si podía leerla, mientras Guevara está planteando revolución socialista y revolución sin parar, pero además una revolución internacional, Guevara no viene a hacer la revolución en Bolivia; yo estoy terminando un texto de casi 600 páginas sobre Guevara en Bolivia, entonces tengo dudas de que título ponerle: ¿El Che Guevara en Bolivia? o El Che Guevara y Bolivia, creo que sería más propio; su objetivo no era Bolivia, en su concepción Bolivia es un lugar de tránsito, de paso, de acumulación de fuerzas, de entrenamiento de los grandes contingentes armados que irán hacia la Argentina hacia el Brasil, donde están también ya operando, a punto de operar, las otras fuerzas guerrilleras, para entender esto, uno puede leer su propio diario si quieren, pueden leer el informe Juan Pablo Chang, el peruano, que después de reunirse con Guevara en diciembre en el campamento va a Cuba y les hace un informe y el informe se ha publicado, existe, está clara esta concepción: crear dos, tres o cuatro Vietnams, no son congruentes con la idea de tomar el poder en Bolivia y me sentaré en el Palacio quemado, no es eso, no está en eso, este internacionalismo es el mismo internacionalismo de Trostki, de Lenin, de Bujarin, en los primeros momentos de la revolución.

En un país que además, él sabe, tiene una condición socio-geográfica que lo perturba, él dice: Bolivia es un país mediterráneo, en esas condiciones no hay una revolución posible, nos van a cercar, entonces necesitamos otras revoluciones en otro lado; pero esa concepción choca con la concepción que tiene Monje, ¿Monje en qué cree? En la revolución democrática burguesa por etapas, ¿qué más cree? en la revolución en un solo país. Yo he podido leer los informes prestados por Jorge Cole Cueto y Aldo Flores del partido comunismo a los húngaros, en febrero y marzo del 67, cuando están volviendo, cuando ellos ya saben que el Che Guevara está aquí, y hay una frase que me impactó muchísimo de Monje cuando habla con sus camaradas húngaros, les dice: lo que pasa es que el Che Guevara no cree en la coexistencia pacífica, ese es el punto de ruptura final en todo esto, es decir, mientras Guevara habla de la revolución permanente, en el fondo; Monje habla de una visión local por etapas y además acorde a una transición pacífica de la situación; por tanto no hay punto posible de acuerdo, la otra gran diferencia y la final está en que Monje cree en el partido y Guevara no cree en el partido, el partido no es una condición de existencia de la revolución, el partido podrá fundarse después de la revolución, pero no será necesariamente algo que conduzca, como una condición sine qua non, para la revolución.

Termino diciendo esto, yo no creo mucho en esas ideas de los comunistas que traicionan al Che, yo sostengo que son dos visiones diferentes de la política, no hay modo de conciliarlas, pero traidor es el que está en un lado y se va al otro, traidor es el que delata a otro, los comunistas jamás delataron al Che, ni siquiera a sus propios militantes a veces, pero hay una figura con la que quisiera terminar que a mí me impresionó mucho en esta investigación.

Los comunistas también intentaban hacer su propio aparato armado, lo tenían los comunistas argentinos, lo tenían los comunistas uruguayos, ¿cuál era la visión de Monje? la visión de Monje era una reproducción factual de la toma de palacio de invierno, seguramente vieron la película Octubre y pensaban que eso era posible aquí, si ustedes leen el diario del Pombo van a encontrar eso con absoluta claridad, ellos cuando van a hablar con Monje, les dice: lo que yo creo es en la insurrección; el modelo es Octubre y el modelo es el 52; en la cabeza de Monje está la historia de este país también, mientras Guevara le dice la larga lucha, Monje cree en tiempos cortos, porque esa es la historia de este país, nos aliamos con unos militares, damos un golpe, nos tomamos del poder, así fue el 52, Monje está pensando en las claves del 52.

Termino diciéndoles esto, por la investigación encontré a unos compañeros, siguen siendo compañeros, siguen siendo comunistas, que viven en Europa, que fueron en julio del 67 con Inti Peredo y todos a entrenarse allí a Cuba, pero mandados por el Partido Comunista como para venir para su propio aparato armado, los cubanos convencieron a Inti, a algunos otros que se metieron a la guerrilla, este hombre se llama Héctor, no vino, no estaba convencido de eso, fallaron los contactos y al final terminó más menos en enero del 67 aquí en La Paz hablando con Monje, ustedes pueden encontrar en el diario del Che dice en su balance del febrero: Monje ya es un traidor nos ha quitado tres miembros; uno de ellos es él, y él dice algo: yo fui a hablar con Monje en su casa y ahí hablamos en la biblioteca, ahí estaban todos los libros Lenin, Stalin; por supuesto no había Trostki, no se quienes más, los no herejes, ahí estaban, entonces Monje me explicó porque no podíamos ir con Guevara y me dijo: sabes él no va a triunfar y si el triunfara yo tendría que quemar todos estos libros, porque todos estos libros me dicen a mí que él no puede triunfar.

Rounded image

Gustavo Rodríguez Ostria

Nació en La Paz en 1952. Economista graduado en la universidad Mayor de Sna Simón en 1977. EN 1980 obtuvo la maestría en Ciencias Sociales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y en 1991 la maestría en Historia Andina en la misma institución. A partir de 1977 y hasta 1995 fue docente de la UMSS, donde también dirigió del Instituto de Estudios Sociales y Económicos (IESE), y fue decano del Facultad de Ciencias Económicas y Sociología. Fue embajador del Estado Plurinacional de Bolivia ante la República de Perú.

Publicaciones:

Sin tiempo para la palabra: Teoponte la otra guerrilla guevarista de Bolivia (2006); Tamara. Laura, Tania: un misterio en la guerrilla del Che (2011); Morir matando: poder, guerra e insurrección en Cochabamba (2012).