La revolución es el inicio del cambio, sostenerla y profundizarla es el esfuerzo real

Revolución rusa octubre de 1917

Roberto A. Vargas Gámez
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 24
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Antecedentes

La Rusia Zarista de finales del siglo XIX, como toda monarquía, denota un antagonismo exacerbado entre los estamentos definidos por una enajenante relación entre la nobleza representada por el sector privilegiado y dominante que sostenía el poder político y económico frente a las grandes masas de plebeyos cuya condición social, económica y política era de total subordinación.

Mientras países como Inglaterra y Francia estaban viviendo en un franco proceso de desarrollo industrial conectados plenamente en el sistema capitalista, Rusia seguía absolutamente postergado en su condición de desarrollo todavía sosteniendo un sistema feudal basado en la sobreexplotación de los plebeyos con el trabajo agrícola no remunerado, carente de una iniciativa de industrialización propia que le permita posicionarse de manera efectiva en Europa.

Es cierto sin embargo que penetraron capitales extranjeros que iniciaron el proceso de desarrollo industrial con la instalación de fábricas que impulsasen el capitalismo en un mercado interno tremendamente importante como lo era debido a la gran cantidad de población en Rusia. Empero a diferencia de otros países de la región, cuyo proceso de proletarización1 deja rápidamente de ser paupérrimo y poco a poco va mejorando su condición de clase constituyendo para sí una serie de reivindicaciones que sin duda la diferencian de lo que ocurre en Rusia, puesto que los obreros de las fábricas mantienen condiciones extremadamente enajenantes que los subsumen en las más absoluta miseria sin la posibilidad de volver a su condición previa.

La sobreexplotación de la cual fueron sujetos estos obreros Rusos que carecían de cualquier tipo de apoyo por mínimo que fuese del gobierno Zarista, define que se conformen grupos o células de autodefensa que poco a poco van adquiriendo importancia primero reivindicativo y luego fundamentalmente política que se autodenominan los soviets, mismos que serán fundamentales en el proceso revolucionario en febrero y octubre de 1917, así como en el propio gobierno revolucionario de la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Más allá de la condición monárquica, la situación real de la Rusia Zarista era deprimente en términos de su desarrollo en el contexto europeo, pues se encontraba rezagada y con graves problemas de descomposición interna que sin duda generaron un ambiente tendiente a transformaciones radicales que cambien las relaciones sociales, políticas y económicas del entonces Estado monárquico Ruso.
Por otro lado a inicios del siglo XX se desata el conflicto bélico más terrible hasta entonces conocido, la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que enfrenta a 32 países entre europeos y del oriente próximo, un escenario por demás deprimente y complejo que involucró a la Rusia Zarista por lo predominante de su cuantioso ejército que sin duda iba a ser desequilibrante en la confrontación militar.

Acciones

Durante el conflicto bélico de la primera guerra mundial en febrero de 1917 se desencadena un levantamiento civil y militar que concentra obreros, campesinos y militares descontentos en contra del Zarismo y las estructuras anquilosantes de la monarquía que culmina con el derrocamiento del Zar Nicolás II2 logrando instaurar un gobierno provisional.

Alemania que se encontraba en conflicto bélico contra Rusia, define una estrategia poco convencional que determinaría poco después el repliegue del ejército Ruso en la campaña contra Alemania. En una acción sin precedentes conduce el líder del partido Bolchevique Vladimir Ilich Ulianov (Lenin3), que se encontraba exiliado y desde Ginebra es conducido en tren hasta su llegada a Rusia luego de su paso por Escandinavia en abril de 1917. Este acto facilitaría y reforzaría el accionar político de los Bolcheviques durante el gobierno provisional instaurado en febrero de ese mismo año.

Los resultados del levantamiento de febrero de 1917 no fueron los esperados pues se había constituido una rivalidad entre los Bolcheviques4 y los Mencheviques5 en razón al tipo de reformas que se pretendían imponer en el nuevo Estado Ruso. Por un lado los Mencheviques cuya posición moderada y ciertamente conforme con el gobierno provisional instaurado desde febrero desdecía la opinión de los Bolcheviques, que bajo el liderazgo de Lenin más bien pretendían cambios y reformas profundas al Estado Ruso, bajo los lineamientos Marxistas tendientes a la constitución del primer país a nivel global que ponga en ejercicio los preceptos de orden económico, político y social propuestos por Karl Marx.

El gobierno provisional instaurado en febrero desconoce al partido Bolchevique y lo declara ilegal, definiendo además en julio del mismo año enviar al exilio nuevamente a Lenin, esta vez a Finlandia, dejando supuestamente sin liderazgo a su frente opositor, situación que solamente a crecenta la rivalidad entre ambos frentes y profundiza la crisis política que tendrá su momento culminante en octubre.

Este desencuentro programático, además de la disímil composición de clase de ambos sectores, se define en un conflicto que estalla en octubre de 1917 en el que finalmente es derrotada la fracción de los Mencheviques. Este aspecto determinó la desarticulación definitiva no sólo del gobierno provisional sino la abdicación y disolución definitiva de la Monarquía Zarista.
El 25 de octubre de 1917 se inicia el asalto al Palacio de Invierno, lugar donde se encontraba la sede del gobierno provisional y en acciones directas los Bolcheviques toman el control de Petrogrado y del mismo Palacio de Invierno sin derramamiento de sangre, situación que define de forma inmediata la caída de los Mencheviques y la inmediata posesión de Lenin en el control del gobierno y del nuevo Estado Ruso que cinco años después sería el centro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Resultados

El desafío que le espera a Lenin y al pueblo Ruso es indescriptible, está es sus manos un país rezagado e inestable, con profundos problemas de orden económico, de desarticulación social y bajo la mirada vigilante de una Europa que pese a la Guerra no deja de observar cuál será el destino de un gigante que en cualquier momento puede ser un potencial y formidable aliado o enemigo.

Lenin sostiene el poder político en primera instancia en las masas de campesinos, trabajadores y militares que apoyaron la Revolución. Establece un régimen de fortaleza descabezando y desarticulando a los partidos y movimientos disidentes, son los primeros años en los que se debían consolidar las bases programáticas del nuevo modelo de país.

El rezago de Rusia en el desarrollo del sistema capitalista que ya se había consolidado en otros países de Europa se manifestaba fundamentalmente en la poca capacidad industrial que mantenía, pese a contar con un mercado interno extremadamente grande no existían las condiciones económicas ni el desarrollo suficiente de las fuerzas productivas6 que hubiesen logrado generar riqueza para poder redistribuirla de forma tal que el modelo socialista a implantarse pudiese sostenerse en el tiempo.

Bajo este desafío el gobierno revolucionario de Lenin dispone durante sus años de gobierno privilegiar el desarrollo de las fuerzas productivas de forma tal que se generen mejores condiciones económicas para poder redistribuir la riqueza no sólo de manera igualitaria sino también justa y en proporciones cada vez mayores y favorables para elevar el nivel de vida de la población.

Los cambios y mejoras sociales serán producto del equilibrio del Estado, pero también de la voluntad política y las medidas de orden revolucionario que en primera instancia genere una conciencia colectiva en la que prime el bienestar común antes que personal.

No se puede pensar un proceso revolucionario tendiente al cambio si no se cuenta con las bases materiales para conseguirlo, no sólo se trata de sumar voluntades individuales o de desarrollar conciencia colectiva, la fuerza de la realidad y de las condiciones materiales de existencia definen el comportamiento y accionar de las masas, por consiguiente las medidas que puedan tomarse para garantizar los cambios y el bienestar común son fundamentales a la hora no sólo de mantener el poder sino de tender al desarrollo.

Lenin tenía muy claro lo que debía hacer y en consecuencia obró. Se debería invertir y privilegiar el desarrollo de las fuerzas productivas porque era la única garantía real de mejorar las condiciones económicas de la población, así como de contar con lo necesario para generar desarrollo y al mismo tiempo lograr un plan de expansionismo primero continental y posteriormente global.

Repercusiones a nivel global

La constitución y fortalecimiento del estado Soviético en 1922 es el punto de partida para la influencia del socialismo práctico en distintas regiones del planeta. En consecuencia luego del segundo conflicto bélico mundial (1939-1945) y conforme al reacomodo de las fuerzas políticas, económicas y militares en la postguerra el planeta entero se polariza, por un lado los países capitalistas y por otro los socialistas. Estos últimos liderados por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Alemania se divide en dos, una de ellas, la Democrática instaura un régimen socialista; países como Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania y otros en Europa; China, Corea del Norte, Vietnam en Asia; Cuba en América. Son algunos de los países que conformaron a partir de procesos revolucionarios sus estados bajo el sistema socialista.

Sin embargo pese a la conexión política con la URSS, cada país excepto en el bloque europeo, maneja de forma particular y propia la concepción del socialismo con matices propios y particularidades nacidos de sus propias realidades, aspecto que determina la variación de las políticas de Estado en cada uno de estos países.

Se ha criticado desde distintos ángulos la aplicabilidad práctica del socialismo con distintos ejemplos basados en las experiencias del sistema en varios países, sin embargo aún hoy, cien años después de la instauración del primer modelo real de socialismo en el mundo, se siguen plasmando experiencias nuevas, muchas basadas en los errores de otros pero con la intención de construir un sistema de vida más justo, menos enajenante, incluyente, donde se privilegie el bien común. Un sistema solidario en el que el principio de libertad sea real y no plagado de privilegios de clase; un sistema en el que la redistribución de la riqueza sea más justo y no incremente la brecha de las diferencias sociales y económicas; un sistema coherente con el desarrollo en el que las oportunidades sean de todos y no de los privilegiados; un sistema con salud, educación, acceso a la vivienda y los servicios básicos como prioridad del Estado.

Hoy el desafío se centra en lograr una base de desarrollo productivo capaz de generar la riqueza suficiente para poder redistribuirla de forma equitativa y justa, de ofrecer servicios básicos, vivienda, salud y educación para todos pero con calidad. El desafío no sólo es implantar un sistema socialmente justo, sino económicamente sostenible y amigable con el medio ambiente, se trata de ser realmente inclusivos no sólo siendo tolerantes sino conviviendo, aceptando y entendiendo la diferencia. Se trata en definitiva de elevar la condición humana en un escalón al que todavía no hemos llegado.

Conclusiones

La revolución siempre busca un cambio, mismo que debe estar sostenido en las condiciones materiales que provoquen su sostenibilidad en el tiempo.

Los cambios sociales producto de las demandas que impulsaron la Revolución deben estar absolutamente sintonizados con las acciones políticas posteriores que generen el apoyo mayoritario de la población.

Es menester generar una conciencia de clase en los sectores más representativos para que éstos se conviertan en los más acérrimos defensores del proceso Revolucionario, situación que obliga a incorporar a los sectores sociales en las acciones y toma de decisiones respecto a las políticas estatales que definen el impacto real de los cambios sociales.

Realizar alianzas programáticas consensuadas que involucren el despojo de intereses particulares y sectoriales en beneficio de la colectividad, para garantizar no sólo el respaldo de la mayoría sino el compromiso de acción y defensa del proceso revolucionario.

Crear una élite compacta que sea capaz de pensar y actuar de forma inmediata ante los embates de los sectores interesados en volver a las condiciones de privilegio que sostenían antes del proceso revolucionario.
En síntesis la Revolución es sólo el inicio del cambio, sostenerlo y profundizarlo es el verdadero trabajo que no sólo exige un compromiso absoluto, sino también el apoyo decidido y la capacidad política de los actores revolucionarios.

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Roberto A. Vargas Gámez

Sociólogo, Máster en Educación Superior y Doctorando en Investigación y Evaluación de la Calidad Académica. Docente titular en la Facultad de Humanidades de la UAGRM. Director de carrera de Sociología en la misma Universidad, ha publicado “El Ocaso de un Gigante: pérdida de la representatividad política y sindical de la COB a finales del siglo XX” (2008) y “Técnicas de Estudio” (2010).