“To Trump”: triunfar o fallar

Jorge Hevia
Publicado en mayo 2017 en La Migraña 21
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Introducción

En inglés, to trump1 significa tanto triunfar como fallar, de acuerdo a cómo se utilice el verbo. Resulta muy sugestivo que el actual presidente de los Estados Unidos apellide así. Por un lado, toda la campaña de Donald Trump para convertirse en presidente se basó en cuán exitoso –o triunfador– es él, y cómo él logrará que Estados Unidos vuelva a ser un país próspero. Por otro lado, sus críticos lo caracterizan como alguien fraudulento, alguien que dice ser un ganador pero no lo es. Lo consideran un fracaso en los negocios y, en consecuencia, temen que su Gobierno lleve a Estados Unidos por el mismo camino.

En este artículo analizaremos tres aspectos que influyeron e influyen en la victoria de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. En primer lugar examinaremos la figura de Trump como un gran vendedor de sí mismo, en segundo lugar describiremos a esos “hombres y mujeres olvidados” a quienes Trump dirige su mensaje y, en tercer lugar, estudiaremos la relación entre los grandes medios de comunicación y Trump.

El gran vendedor

Una de las primeras cosas que aprendemos es a crear semejanzas y diferencias respecto al mundo que nos rodea. Aquí empezaremos ejercitando nuestra capacidad de reconocer similitudes y luego buscaremos diferencias.

Trump y su equipo se han esforzado por construir un puente que una la figura del nuevo presidente con la del expresidente republicano Ronald Reagan. En una conferencia efectuada este 2017, Trump aseguró que su victoria en las elecciones había sido “el mayor triunfo del Colegio Electoral desde Ronald Reagan”2, en un esfuerzo por asemejarse a un personaje que él considera exitoso. No obstante, los parecidos entre ambos no son solo construcciones retóricas, sino también verdades evidentes.

Ambos comenzaron siendo adeptos del Partido Demócrata, pero llegaron a la presidencia como republicanos. Ambos son los presidentes más viejos en asumir el cargo (Donald a los 70 y Ronald a los 69). Otro parecido es que Reagan, al igual que Trump, fue considerado un outsider por su partido, que los calificaba como candidatos poco conocidos en el ámbito político y, por tanto, intrusos. La diferencia radica en que el primero dejó los márgenes, mientras que el segundo aún se nutre de ellos.

Ambos presidentes se vendieron a sí mismos como candidatos sin igual. Por ejemplo, algo que caracteriza al nuevo presidente es que construye su discurso sobre la marcha, dejándose llevar por el ánimo de su público, en vez de limitarse a leer una disertación escrita y predeterminada. Según Matt Taibbi, columnista de Rolling Stone, esto implica que “los discursos de Trump nunca siguen un guion [y por tanto] nunca son exactamente iguales”.Esta forma de diferenciarse de la política tradicional hace de Trump un político que fácilmente equivoca cifras o datos, o incluso los inventa, aunque eso, en realidad, no importa. Lo que sí importa es que no es un político tradicional que, como sus adversarios, repite mecánicamente los mismos discursos una y otra vez, cambiando tan solo lo indispensable. Según el ensayista norteamericano David Foster Wallace, esta “disciplina” en el mensaje político que Trump no respeta, supone “reducirlo todo en la medida de lo posible a eslóganes una y otra vez. […] dos o tres docenas de frases que suenan como un cruce entre número cómico de un club nocturno y un seminario de motivación laboral”.

Es claro que el discurso de Trump no deja de ser una suma de eslóganes como: Make America Great Again, Buy American and Hire American, You will never be ignored again, America will start winning again, winning like never before y America first. No obstante, la capacidad de Trump de exponerse como un político distinto, que no teme decir lo que piensa a pesar del posible costo político, lo convierte en una figura más genuina que el resto de los políticos tradicionales de Washington.

Los hombres y mujeres olvidados

El 8 de noviembre del 2016 se conoció el resultado de la elección presidencial en la que Donald Trump se convirtió en el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos. Unas horas después de conocido el ganador, Trump dio su discurso de victoria en el que dijo: “Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país ya no serán olvidados”.5 En este apartado hablaremos acerca de esas personas a las que se refiere Trump.

Trump se dirige directamente a los “olvidados”, a aquellos dejados atrás, a los rezagados por la élite política norteamericana. Para solucionar este abandono, Trump desea6 “drenar el pantano de la corrupción del Gobierno”, es decir, deshacerse de la influencia del dinero que rodea a Washington, aunque esto sea prácticamente imposible. Al señalar a Washington como el problema, y no sólo al Partido Demócrata, Trump incumple el “undécimo” mandamiento “no hablarás mal de otro republicano” que, como bien nota Foster Wallace, “es algo que los republicanos de ala dura se toman muy en serio”.7

Trump rompe con esta tradición al atacar no sólo al Partido Demócrata sino también al suyo propio, criticando así a todo el sistema estadounidense. Al respecto, un momento importante en su candidatura tuvo lugar durante el primer debate de las primarias del Partido Republicano. En ese momento el moderador preguntó si, entre los candidatos, había alguno que, habiendo perdido, se opusiera a apoyar al aspirante republicano a presidente. Trump fue el único que levantó la mano.

Según los analistas, este momento supuso un quiebre entre Trump y el resto de candidatos republicanos. No obstante, fue también el momento en que el actual presidente se ganó el respeto —y, más importante aún— los votos de un gran número de norteamericanos hastiados de la política tradicional y de los discursos políticamente correctos.

Mucha de la gente que votó por Trump, tanto en las primarias republicanas como en la elección presidencial, ha sido caracterizada como común y corriente. Los votantes de Trump –esas personas cansadas de las “elites incestuosas”9– son, como usualmente se dice en Estados Unidos, average Joes, hombres y mujeres “promedio”. Estas personas “regulares” son las personas olvidadas, aquellas que se identificaron con el discurso de Trump porque lo sintieron más ameno, sin los falsos cuidados intelectuales del típico político del stablishment.

Los grandes medios de comunicación

Para muchos analistas, una de las razones del triunfo de Donald Trump es que los grandes medios de comunicación le dedicaron mucho tiempo a los comentarios polémicos del candidato. Es evidente que Trump fue un aspirante a la presidencia inusual y lo sigue siendo, ahora que es presidente. Al parecer, los grandes medios de comunicación están desconcertados –o, más bien, fascinados– con la figura de Trump. No es una novedad que a los medios les atraiga lo inusual, lo morboso. Sin embargo, en el caso de Trump estos no solo se han dedicado a exponerlo como una persona poco ética, ignorante, grosera y ridícula, sino que se han esforzado por demostrar las incoherencias, contradicciones y equivocaciones de su discurso y su gestión.

Ahora bien, lejos de menoscabar la imagen del nuevo presidente usando “la verdad y los hechos”, los grandes medios estadounidenses se han ganado el desprecio de buena parte del país. Para muchos de los votantes no importa que Trump sea tan inadecuado para el cargo que ostenta, como sugieren los medios. Al sentirse ridiculizados y cuestionados por su elección, apoyan con más ardor a Trump y desconfían aún más del negocio de la información en su país.

Conclusiones

Recapitulando, el éxito de Donald Trump se sustenta en tres aspectos. Primero, su capacidad de venderse a sí mismo como nadie más puede dentro de la política norteamericana actual. Segundo, su capacidad de hacerse escuchar por el ciudadano promedio y lograr que este se identifique con él. Tercero, su capacidad de avivar la desconfianza que sienten muchos norteamericanos hacia los grandes medios de comunicación.

Retomando, si bien la gestión gubernamental de Trump puede resultar en un fracaso, mientras siga presentándose como un político inusual y, en consecuencia, genuino, mientras siga interpelando al hombre común y, siempre y cuando continúe irritando a los grandes medios de información, él seguirá triunfando.

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Jorge Hevia

Estudió Ciencias Políticas. Su tesis titulada “Significantes vacíos y flotantes en la constitución del discurso político de Evo Morales” fue destacada en el Concurso Nacional de Tesis de Licenciatura en Ciencias Sociales y Humanidades (CIS:15). Ha escrito un artículo basado en su tesis de licenciatura titulado “El proceso de construcción hegemónica en Bolivia (2000-2014): un juego interminable” publicado en el libro Bolivia: escenarios en transformación. Artículos sobre política, cultura y economía. Escribió un ensayo para la colección [a ser publicada] “Mapas de debate” (CIS), en la que habla acerca de los debates sobre el concepto de nación en Bolivia.