Un Feminismo donde quepan muchos feminismos

Adriana Amparo Guzmán Arroyo
Publicado en mayo 2017 en La Migraña 21
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La frase tantas veces repetida por el Subcomandante Marcos nos ayuda a pensar no solo un proyecto político de mundo sino una metodología, una forma de encarar las luchas desde distintos territorios contra un mismo sistema, el patriarcado capitalista colonialista racista transnacional y en muchos lugares narco estatal.  Frente a un sistema que se recicla permanentemente en la historia de la humanidad perfeccionando sus formas de opresión y explotación, un sistema que se esconde en categorías como la globalización expandiéndose en el mundo, es necesario también pensar en la expansión-articulación de las luchas en distintos territorios y desde distintos cuerpos, aprendiendo del internacionalismo de la izquierda es necesario hoy articular nuestras luchas como pueblos para enfrentar al sistema en su real dimensión, una lucha globalizada que enfrente la globalización del sistema, una lucha que desde la vida enfrente al sistema de muerte.La frase tantas veces repetida por el Subcomandante Marcos nos ayuda a pensar no solo un proyecto político de mundo sino una metodología, una forma de encarar las luchas desde distintos territorios contra un mismo sistema, el patriarcado capitalista colonialista racista transnacional y en muchos lugares narco estatal.  Frente a un sistema que se recicla permanentemente en la historia de la humanidad perfeccionando sus formas de opresión y explotación, un sistema que se esconde en categorías como la globalización expandiéndose en el mundo, es necesario también pensar en la expansión-articulación de las luchas en distintos territorios y desde distintos cuerpos, aprendiendo del internacionalismo de la izquierda es necesario hoy articular nuestras luchas como pueblos para enfrentar al sistema en su real dimensión, una lucha globalizada que enfrente la globalización del sistema, una lucha que desde la vida enfrente al sistema de muerte.

Las luchas de las mujeres, las luchas feministas no han sido una dimensión aparte en las revoluciones, no son otro tema o una arista de las transformaciones.  Las mujeres feministas y no feministas hemos luchado con y desde nuestros pueblos, hemos luchado para cambiar el mundo, no han sido luchas sectoriales, porque no somos un sector.  Las mujeres somos la mitad de todo, la mitad de cada pueblo, la mitad de cada comunidad, la mitad de la revolución.

Globalización y reconfiguración del sistema: Nuevas formas de explotación aprendidas en nuestros cuerpos

La globalización no es más que la nueva presentación del sistema patriarcal capitalista, el perfeccionamiento de sus herramientas de explotación, opresión y dominación, que se construyen y perfeccionan sobre el cuerpo de las mujeres.  Como bien señala Silvia Federerici, son las mujeres el blanco de ataque de la globalización capitalista, por defender la tierra y el territorio, por exigir a los estados mejores condiciones para la reproducción humana y social, por haber logrado que el trabajo del hogar sea reconocido como trabajo y por tanto como fuente de riqueza que contribuye a la acumulación. “Esta es la razón por la que la globalización, en todas sus formas capitalistas –ajustes estructurales, liberalización del comercio, guerra de baja intensidad- es, en esencia, una guerra contra las mujeres, una guerra especialmente devastadora para las mujeres del “tercer mundo”, que socava al mismo tiempo la subsistencia y la autonomía de las mujeres proletarias en todas las regiones del mundo, incluso en las naciones capitalistas “avanzadas”.

La explotación capitalista es patriarcal porque son las mujeres, niñas y jóvenes que sostienen las llamadas cadenas de ensamblaje, las maquilas, que no son más que cadenas de explotación que cruzan las fronteras para evadir legislaciones, vulnerar derechos y producir en sistemas esclavistas encubiertos. Son las mujeres, las trabajadoras desprotegidas de derechos en la tercerización de los servicios que siendo responsabilidad de los gobiernos nacionales y locales se entregan a manos privadas dejando a las y los trabajadores en manos del mercado de la libre oferta y demanda, en manos de la liberalización laboral que es sólo explotación. Esto también sucede en los procesos en Abya Yala, Bolivia, Ecuador, Brasil han terciarizado sus servicios, incrementando su costo, olvidando que deben ser un derecho y no una mercancía, y dejando que sean hombres y principalmente mujeres del pueblo empobrecido que se encarguen, por ejemplo, del aseo en grandes ciudades sin condiciones mínimas que garanticen su vida y menos aún un trabajo digno.

Migrantes, exiliadas del patriarcado 

La globalización ha construido también imaginarios en los que se encubre el sistema, el ser ciudadanos del mundo y poder transitar por distintos territorios, idealizando incluso el espíritu de migrantes que tendríamos los pueblos, ayudan a solapar la migración como mecanismo de explotación capitalista y para las mujeres como prueba del exilio patriarcal.

Las mujeres somos migrantes del patriarcado, un patriarcado global y globalizante que nos saca de nuestros territorios en busca de fuentes laborales para sostener la vida en nuestros propios pueblos. Somos exiliadas del patriarcado y del machismo porque traspasamos fronteras escapando de la explotación laboral y familiar, escapando del control de nuestros cuerpos, de la violencia y el acoso que los agresores ejercen sobre nosotras y sobre nuestras hijas e hijos. Todo esto orquestado por el sistema que necesita hacernos vulnerables a las mujeres para explotarnos impunemente, legitimando así la explotación de la humanidad.  Y nuevamente las teorías, incluso las feministas, disfrazan esta realidad con categorías como el “cuidado global”2, las “cadenas globales de cuidado”, incluso la “maternidad global”, como si fuese una elección migrar desde el sur a limpiar las casas y cuidar los hijos del norte, como si fuese parte de un espíritu solidario entre mujeres dejar a nuestras wawas con sus abuelas e ir a cuidar las wawas de mujeres que no son nuestras iguales, con las que median relaciones de poder coloniales y racistas, la solidaridad, la comunidad, es entre iguales por eso no son cadenas globales de cuidado sino cadenas globales de explotación.

La violencia es estructural al     sistema patriarcal

“La violencia contra las mujeres es La Regla Patriarcal, el modelo por el cual la humanidad lleva a cabo todas las demás opresiones.Es Violencia Estructural”    

Victoria Aldunate Morales 

Hablar de la violencia hacia las mujeres tiene que ver con esta caracterización que hacemos del sistema patriarcal globalizado, es a través de la violencia sobre nuestros cuerpos que se reproduce y sostiene el sistema patriarcal capitalista y todas sus opresiones y violencias hacia nosotras y hacia la humanidad. Es en el cuerpo de una mujer que las wawitas, niñas y niños, aprende la explotación, en el trabajo del hogar esclavizante impago y desvalorizado socialmente, trabajo que se realiza mediado por la llamada violencia doméstica o intrafamiliar.

El incremento de los feminicidios en el mundo, no responde solamente a una reacción machista de una cultura patriarcal puesta al descubierto, responde al reciclamiento y perfeccionamiento del sistema de explotación que basado en la impunidad necesita legitimar su poder de matar, humillar y someter a sociedad, pueblos y comunidades y lo hace en nuestros cuerpos. Si el mundo no se duele del genocidio más grande en la historia cometido contra las mujeres sistemáticamente, tampoco se duele frente a las guerras mal llamadas de baja intensidad.

El asesinato impune de luchadoras activistas en defensa de sus territorios, como Berta Cáceres líder del pueblo Lenca que en Honduras detuvo la construcción de la represa Agua Zarca pagando este atrevimiento con su vida, o Macarena Valdés Muñoz, mujer mapuche, que se levantó en defensa del sector de Tranguil frente a la construcción de una central hidroeléctrica a cargo de la empresa austriaca RP- Global, y fue asesinada, hecho que las autoridades quieren mostrar como suicidio; es muestra de la violencia que ejerce el sistema contra las mujeres para universalizar la propiedad privada, para convertir en mercancía nuestros territorios, nuestras ríos y montañas, para consolidar la propiedad sobre nuestros cuerpos-territorios.

Donald Trump y Mauricio Macri, el rostro del sistema

“…el patriarcado es un sistema histórico, es decir, tiene un inicio en la historia. Si es así, puede acabarse gracias al proceso histórico”

Gerda Lerner 

El sistema patriarcal capitalista ha sido construido en la historia y también se ha transformado, reciclado y perfeccionado, por eso se hace necesaria una re-comprensión de su funcionamiento para alimentar nuestras luchas en Abya Yala y el mundo. En la actualidad, frente a lo que se ha llamado una crisis del sistema, que es más bien una reconfiguración que resitúa el control de capitales muy por fuera de los estados y en menos manos que antes, se han perfilado rostros de esta reconfiguración, en ambos lados políticos del mundo.  Donald Trump en los Estado Unidos de Norte América y Mauricio Macri en medio de procesos sociales de transformación en América Latina que intentan ser aplacados.  Esa es la nueva cara de la política y la economía, empresarios supuestamente exitosos en el mundo capitalista, con imágenes de familias perfectas y creyentes.

Donald Trump en su discurso de posesión ha devuelto simbólicamente el control del poder al pueblo norteamericano, alimentando el fascismo y xenofobia encubierta en un proteccionismo de Estado. No es de extrañar, entonces, que proponga construir un muro en la frontera con México, para que las y los migrantes lo atraviesen en peores condiciones aún y sean explotados en la invisibilidad cómplice llamada “ilegalidad”. El cuarto día de su mandato, reactivó la ley que prohíbe a las ONGs y a proveedores de servicios sanitarios en el extranjero utilizar fondos del Gobierno estadounidense para asesorar a favor del aborto, atentando material y simbólicamente contra la autonomía del cuerpo de las mujeres. Estas medidas que pueden entenderse como un giro conservador del sistema confirman la reconfiguración de la que hemos hablado, que afecta y se estrellará principalmente y con más fuerza en el cuerpo de las mujeres empobrecidas, trabajadoras, obreras, independientes, jóvenes y migrantes.

En el sur, un sur que en los últimos años ha mostrado su capacidad de organización revolucionaria, con procesos gestados desde el pueblo en Bolivia, Venezuela, Ecuador, Brasil y Argentina, se ha instaurado el gobierno de Mauricio Macri como un experimento de retorno escarmentador del neoliberalismo para la región. Las indecisiones, concesiones y el no haber hecho transformaciones estructurales en la economía generaron condiciones para que Argentina tenga un gobernante aleccionador para todos nuestros pueblos.  Macri ha incrementado en casi un 285% el costo del gas y en más del 100% la tarifa básica de luz, afectando al sector más empobrecido y a las mujeres las más empobrecidas de los empobrecidos.  En sus primeros nueve meses de gobierno, según el Instituto Nacional de Estadísticas IDEC, se registraron 127.000 despidos en el mercado privado formal, llegando a 64 despidos por día en el sector público a principios del 2017, otra vez las mujeres constituyen el mayor porcentaje de desempleo. Como buen discípulo de Trump ha recrudecido las políticas migratorias, desatando una casi casería de migrantes en las calles, la mayoría mujeres trabajadoras bolivianas y centro americanas, y mujeres y personas trans en situación de prostitución.

Las mujeres en las luchas de los pueblos

Como se ha repetido casi hasta el cansancio, la historia oficial no mira la historia ni la lucha de los pueblos, es colonial a título de universal y mucho menos ve la historia de las mujeres en las luchas, porque no es que hemos luchado solas ni por nuestros propios intereses, hemos luchado las mismas luchas que nuestros pueblos, hemos construido las mismas revoluciones que nuestros compañeros y hermanos, pero invisibilizadas.

Pero no se trata solo de denunciar que se invisibiliza a Bartolina Sisa como concubina de Tupak Katari, o que se olvidó a Olimpia de Gouges en la Revolución Francesa.  Es necesario reconocer que no sólo nos han invisibilizado e inferiorizado, sino que nos han traicionado en la lucha, y borrarnos ha sido la forma de borrar la traición, sobre la cual se ha reciclado el sistema al interior mismo de las organizaciones y movimientos sociales, al interior mismo de las revoluciones.

Las raíces ilustradas del feminismo hacen referencia fundamentalmente a la revolución francesa, donde las mujeres redactaron los cuadernos de quejas, planteando su derecho a la educación, al trabajo, al voto, a la protección de sus intereses personales y económicos dentro del matrimonio, plantean que sea abolida la prostitución y los malos tratos dentro del matrimonio; sin embargo, estos planteamientos no son considerados y en agosto de 1789 la Asamblea Nacional proclama la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano, dejando fuera no solo literalmente sino materialmente a las mujeres.  Frente a esto, dos años más tarde Olimpia de Gouges publica la Declaración de los derechos de la Mujer y ciudadanía, estableciendo que la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos, habla de la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión, como derechos naturales e imprescriptibles. Un año después Mary Wollstonecraft publica la Vindicación de los derechos de la Mujer donde menciona que la humanidad, hombres y mujeres, debieran educarse siguiendo el mismo modelo para que las mujeres se conviertan en ciudadanas ilustradas, libres y capaces de ganar su propia subsistencia, e independientes de los hombres.

A pesar de esto, queda claro que la igualdad, libertad y fraternidad es sólo para y entre los hombres, blancos y burgueses por supuesto.

La lucha abolicionista en los Estados Unidos que tuvo como protagonistas a mujeres como Sojourner Truth, plateó dos opciones, construir un nuevo Estado abolicionista o transformar el Estado con presión política y religiosa para acabar con la esclavitud; en ambos casos, la mujer era considerada inferior al hombre y por eso los logros progresivos de la abolición no eliminaron el control sexual que dueños y patrones tenía sobre las esclavas, una emancipación que no fue libertad para las mujeres.

La invasión colonial en Abya Yala, en la que las mujeres preferían huir a las montañas, en un intento desesperado por mantener la cultura que las ligaba con otra forma de vida, nuestras abuelas se refugiaron en las alturas conformando comunidades autónomas de mujeres, o como relatan los cronistas, sociedades solo de mujeres que resistían a la colonia, pastaban sus rebaños y se defendían entre sí ante las autoridades; algunos cronistas menciona suicidios de mujeres indígenas, como forma de resistencia, e infanticidios, mataban a sus hijos varones, probablemente para que no crecieran en ese mundo o para que no fueran enviados al trabajo en las minas de donde no volverían.

Para evitar una lectura romántica de la resistencia de nuestra ancestras, vale la pena preguntarnos por qué las mujeres fueron protagonistas de lo que Irene Silberblatt, en su libro Luna, sol y brujas, denomina el submundo de las idolatrías.  Si bien hay cronistas que relatan que las mujeres realizaban los rituales antes de la invasión española, fue también el pacto desigual entre hombres, hombres españoles los invasores y hombres indígenas invadidos que las llevó a este submundo, pues los hombres autoridades indígenas, como los curacas ocuparon un lugar en la estructura del poder colonial, un espacio en lo público, del cual las mujeres fueron relegadas para quedar en la clandestinidad de los “ritos”, este pacto desigual es parte del entronque patriarcal, categoría planteada por el feminismo comunitario.  Un entronque entre el patriarcado colonial y el patriarcado ancestral que ha fortalecido los mecanismos de opresión y explotación de nuestros pueblos en beneficio de los países “desarrollados”.

Un feminismo donde quepan muchos feminismos 

Ha quedado claro que la globalización capitalista es un reciclamiento del sistema que es patriarcal y que se construye y sostiene sobre el cuerpo de las mujeres, con complicidad de sus propios compañeros.  Por eso la importancia de leer el contexto en clave feminista y la necesidad de construir también un feminismo útil para las luchas de los pueblos.

Descolonización del feminismo

No todas las luchas de las mujeres son consideradas luchas feministas, pues haciendo uso del privilegio colonial, el feminismo eurocentrado ha reconstruido su historia excluyendo las luchas que hicimos las mujeres fuera de Europa y Estados Unidos. Un feminismo de origen ilustrado que no comprende otros feminismos.  Es una de las razones por las que el feminismo comunitario en Bolivia construyó sus propias categorías de análisis y lucha.  No en una intención de deslegitimar ninguna lucha sino en un acto de autonomía epistemológica desde nuestros pueblos.

Por otro lado, es necesario descolonizar el feminismo para reconocer que sí existen feminismos que no luchan contra el patriarcado, que no son antisistémicos y que desde un discurso de derechos y enfoque de género o equidad de género solo han contribuido con las políticas internacionales que sostienen la globalización capitalista, que abogan por la participación de las mujeres pero no por la decisión en los espacios de deliberación.  Feminismos funcionales que se han separado de las luchas anticapitalistas para concentrarnos casi en luchas sectoriales y temáticas “de las mujeres”. Estos feminismos que entienden al patriarcado como un sistema de opresión de los hombres sobre las mujeres, han construido sus reivindicaciones a medida de los hombres pero no contra el sistema.

Un paso importante entonces es reconceptualizar el patriarcado como “el sistema de todas las opresiones, discriminaciones y violencias, que vive la humanidad (hombre, mujeres y personas intersexuales) y la naturaleza, construido históricamente sobre el cuerpo de las mujeres.

Un feminismo útil para la lucha de los pueblos

El incremento de los feminicidios y la violencia hacia las mujeres en el mundo, ha sido denunciado desde América Latina con marchas multitudinarias. Bajo la consigna “Ni Una Menos”, planteada en Argentina frente a los feminicidios, se ha gestado un movimiento de mujeres en el continente que el 8 de marzo de 2017 tuvo un momento histórico con el Paro Internacional o Planetario de las Mujeres. Millones de mujeres en más de 54 países pararon frente a la explotación capitalista, la explotación en el trabajo del hogar, frente a la violencia estructural, frente al sistema patriarcal.  No cabe duda que los feminismos diferentes y diversos han alimentado este movimiento, de ahí que se hace necesario pensar en un feminismo donde quepan muchos feminismos; primero porque hemos probado que a pesar de la diversidad de problemáticas, nuestra lucha es la misma, es contra el sistema, que somos capaces de organizarnos y renunciando a falsos debates teóricos y protagonismos caudillistas, somos capaces de unirnos en un solo movimiento más allá de las fronteras, un solo movimiento donde estamos las mujeres empobrecidas, obreras, mal pagadas, explotadas, indígenas, migrantes, lesbianas, madres, no madres, cuidadoras, creadoras, todas en contra de un sistema de muerte, seguras de que construir otro mundo es posible y que tiene que ser acabando con las opresiones sobre nuestros cuerpos, para acabar con las opresiones sobre nuestros pueblos.

Es necesario como acto de descolonización y como acto profundo de responsabilidad política, no reproducir los binarismos eurocéntricos, no dejar que el feminismo sea propiedad privada de las academias, ni de las académicas, no dejar que el feminismo sea una teoría casi incomprensible de las opresiones. Es necesario construir un feminismo que desde las calles y con el pueblo plantee una propuesta de mundo, un proyecto político ideológico antipatriarcal. Un feminismo donde quepan muchos feminismo para caminar a un vivir bien donde las mujeres no vivamos mal.

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Adriana Amparo Guzmán Arroyo

Nació en La Paz Bolivia. Estudió Ciencias de la Educación en la Universidad Mayor de San Andrés, fue militante de la educación popular en los años 2000, radialista militante. Participó de las organizaciones barriales de las mujeres en El Alto y La Paz durante la masacre del gas. Luego integró la Asamblea Feminista que el 2007 se convertiría en la Asamblea del Feminismo Comunitario. Fue Vocera Ejecutiva Nacional del Feminismo Comunitario en Bolivia. Lesbiana, militante de la vida y del proceso de cambio, de izquierda y de un feminismo que propone la comunidad como proyecto. Es columnista del Semanario La Época, coautora del libro “El Tejido de la Rebeldía ¿Qué es el Feminismo Comunitario? Bases para la Despatriarcalización”, persiste en ser feminista comunitaria, hoy antipatriarcal.