El Che y el ELN en los '60

Una generación para la revolución

Álvaro García Linera
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 23
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A cada época histórica le corresponde una generación y cada generación tiene una especie de cualidad histórica o de espíritu, si ustedes quieren, de destino.

¿Cuál es esta cualidad histórica de una generación, las tareas que es capaz de plantearse, el horizonte que es capaz de soñar, de imaginar, de trazar y la capacidad organizativa, la fuerza, la entrega para conquistar esos objetivos?

Cuando hay una coincidencia entre el objetivo soñado, planteado y deseado por una generación, con la capacidad y la fuerza para cumplir ese objetivo, estamos ante una generación victoriosa: coincidencia de objetivos con coincidencia de medios y de fuerza para conseguir esos objetivos.

Pero, también hay otro tipo de generaciones, por ejemplo, las generaciones sin historia; las generaciones sin historia son aquellas que no sueñan, que no imaginan nada hacia el futuro, que simplemente se dejan vivir, que no son capaces de transformar el mundo que les rodea y, por lo tanto, sus medios y su fuerza las adecúan a lo existente, entonces, simplemente son arrastradas por la historia, esa generación no hace historia, la historia las arrastra, esas son generaciones sin historia y las ha habido en Bolivia, varias.

Hay generaciones, también, fallidas, una generación fallida es aquella que se plantea una cosa en el porvenir, un horizonte; pero no lo cumple ni pelea por cumplirlo, simplemente, lo que hace es totalmente distinto a lo que sueña, lo que hace es totalmente distinto a lo que se propuso. Esa es una generación fallida, una falla de la historia.

Estoy pensando en la generación de los miristas y de los pseudo socialistas de los años 70 y 80 que imaginaron algo: la revolución, la lucha armada, el socialismo y todo lo que hicieron fue precisamente lo contrario. Hablamos de una generación moralmente corrupta, de una generación con el alma envilecida, de una generación degradada humanamente, lo que sueña es totalmente distinto a lo que hace, entonces, ahí se quiebran los parámetros de la responsabilidad moral con tus sueños.

De hecho, esta es la generación que fue dominante en los años 80 y 90 en Bolivia, esta generación fallida.

Pero, también existen las generaciones heroicas, que pueden ser victoriosas o derrotadas, es aquella que se plantea objetivos y que se esfuerza por construir los medios: la fuerza moral y la capacidad organizativa para lograr esos objetivos y adhiere a ese esfuerzo una carga de compromiso y responsabilidad moral con lo que pensó, puede ser que en el camino pierda o sea derrotada; pero murió combatiendo por lo que creía, fue encarcelada muriendo por lo que creía, murió en combate, no es un traidor ni un desertor de la historia, sino es un constructor de la historia.

No tuvo la suficiente fuerza para lograr lo que quería, el adversario fue más poderoso de lo que se pensaba, pero estuvo en el combate, entregó la vida por lo que creía, entregó el cuerpo por lo que pensaba. Hubo coincidencia entre las ideas, sus planteamientos históricos y su cuerpo, su carne, sus brazos, sus manos, sus piernas, su alma; quizás no logró su objetivo, quedó en el camino, quedó derramada sangre en el camino, es una sangre victoriosa, es una sangre que apunta al porvenir. El ELN –para mí– pertenece a esta generación heroica de los años 60 y 70.

Los jóvenes tienen que saber que hace 51 años estaba “El Che” en Bolivia, ese hombre con un rostro hermoso que atraviesa la historia, con su boina, con su traje verde olivo, con su barba, ese hombre que había participado junto a esos héroes de la historia planetaria, junto a Fidel, a Raúl en una revolución victoriosa en Cuba, se vino a Bolivia a continuar la revolución.

Porque está claro, que no podía haber una revolución victoriosa, sino es una revolución que se expande a otras partes y al pensar así se vino a Bolivia, hace 51 años, vamos a recordar en octubre los 50 años de la muerte del “Che”, pero, “El Che”, en marzo de hace 50 años, fundó una organización política que se llamaría Ejército de Liberación Nacional.

Esta organización se plantea muchas cosas, se plantea luchar por el poder, ¿qué es el poder?, luchar por el mando político, cultural y social de un país y de muchos países para cambiar la vida injusta en esos países. Ellos decían: “hay injustica, hay abuso, hay pobreza, hay maltrato, hay discriminación y esa sociedad injusta tiene que ser cambiada y para cambiarla hay que tomar el poder”.
Ese es el debate del poder, el poder hay que tomarlo, hay que conquistarlo, hay que construirlo, pero hay que luchar por el poder. No es solamente un tema de cambio personal, porque uno puede refugiarse en la vida personal y decir: “bueno, yo voy a cambiar el mundo, cambiando mi casa”, está bien, es loable, pero decían: “no basta que yo cambie mi casa, también tengo que cambiar el Estado, las leyes, el gobierno, la economía y la distribución de la riqueza y de esa manera cambio mi casa, pero también cambio la casa grande y al cambiar la casa grande, cambio el mundo. Hay que luchar por el poder decían “El Che” y el ELN.

¿Quiénes tienen que cambiar? Todos, perfecto. Porque es la lucha de todos, pero hay un sector social más decidido, más capaz, más organizado, a ese le llamaban –los compañeros– el sujeto de la revolución. Todo el pueblo tiene que cambiar, todo el pueblo tiene que tomar el poder, pero hay un sector que ha ido un paso más por delante del resto, porque es más audaz, porque es más capaz, porque tiene más organización, porque tiene más entereza.

No es que sólo va a hacer la revolución, sino va a guiar, va a empujar al resto; la revolución la hacemos todos, pero hay un sector que tiene que empujar con mayor fuerza, el viejo debate del sujeto histórico, el proletariado, el campesinado, los pueblos indígenas, el ELN tiene ese debate, ¿quiénes son los sujetos de la historia?, ¿quiénes son los encargados de llevar adelante la fuerza principal de esta revolución? que habrá de hacerla todo el pueblo, pero que tiene un núcleo duro, un núcleo de acero que es el principal.

¿Podemos cambiar el mundo con elecciones? Sí. ¿Podemos cambiar el mundo con ideas? Sí. ¿Podemos cambiar el mundo con vida sindical? Sí. Pero dicen los del ELN: “si bien todos esos métodos de lucha son útiles, hay un método de lucha principal, la lucha armada”. Y eso es lo que va a diferenciar al ELN de los otros partidos políticos que dicen; “hay que cambiar el mundo mediante las elecciones” y los compañeros dicen, “sí, pero ¿Cómo vas a hacer elecciones en una dictadura? ¿Cómo quieres hacer elecciones si tú hablas algo y la respuesta es la represión? ¿Cómo quieres ganar el poder con elecciones si cuando hay un sindicato le meten bala? Como al de Siglo XX, Catavi o Huanuni. Así no puede haber elecciones verdaderas. Quiero organizar un grupo de jóvenes que leen un libro y los agarran presos, se organiza un grupo de personas que protesta en la calle, le meten bala, los llevan a la cárcel, los hacen desaparecer, les sacan un ojo, les parten la mano, los exilian”.

¿Cómo puede haber elecciones si hay un gobierno que reprime? No puede haber elecciones libres. No se puede tomar el poder mediante un método que el Estado, que el gobierno de turno de esa época prohíbe, mutila, encierra.

Entonces, dicen los compañeros del ELN: “ante esa agresión, ante esa dictadura hay que llevar adelante el método de la guerra, ¿una guerra de quién?, del pueblo, de los trabajadores, de los humildes, de los campesinos, de los jóvenes, de ellos.

El ELN introduce –no es el primero– pero introduce y ejecuta un viejo debate en la izquierda boliviana: la lucha armada. Este es un viejo debate que se remonta al surgimiento del PC, del POR, años atrás, pero que ninguno había tenido la fuerza organizativa o la oportunidad o la decisión para ejecutarlo, el ELN sí lo hace. Debate sobre la lucha armada –equivocada o acertadamente– y una vez que debate dice: “hay que hacerlo, hay que ejecutarlo”.

De hecho, el ELN nace en la lucha armada, nace en una columna guerrillera, la columna del “Che” y una vez que cae muerto “El Che” y de que el resto de la guerrilla es desorganizada, apresada o asesinada, quedan los militantes que dicen que hay que continuar este camino y lo van a intentar el año 70, a fines de los 70, y a principios de los 80; la lucha armada, un método para transformar el mundo.

Y debaten sobre la estrategia, el papel de un partido, el papel del trabajo de masas, el papel de la columna guerrillera, el papel de la insurrección, el papel de la guerra popular, el papel de un instrumento político público, el papel de un frente de masas, el papel de un instrumento clandestino, distintas formas estratégicas para el fin: transformar el país en un horizonte socialista, en un horizonte comunista, en un horizonte de una sociedad de iguales, de una sociedad en la que las cosas materiales están a disposición de todos y no solamente a disposición de unas cuantas personas que tienen dinero.

Este es un viejo debate de la izquierda, un debate que no acaba ni acabará nunca, porque en eso se forma la ideología política, los principios políticos, las estructuras políticas: tipo de revolución, sujeto revolucionario, métodos de lucha, estrategias, intercionalismo son categorías que recurrentemente reaparecen en la historia de quienes quieren cambiar el mundo, que quienes queremos cambiar el mundo.

¿Cómo se cambia el mundo? ¿Quiénes cambian el mundo? ¿Para qué cambiar el mundo? Ese es el debate de la izquierda, de los revolucionarios, de los inconformes con lo que hay, de los que quieren otra cosa distinta a lo que hay.

En un texto del ELN del año 1975 en el que debaten un tema –que recién la izquierda va a retomar en los años 80 al influjo del indigenismo y del katarismo, el documento decía: “La lucha de clases en el campo y en la ciudad y la lucha de clases del campesinado” y hay un acápite, el problema de las nacionalidades, era del año 74– que el resto de la izquierda no lo va a asumir; son los indianista y los kataristas los que lo estaban debatiendo, pero la izquierda tradicional no lo debate, a excepción del libro de Ovando Sanz, escrito en los años 66 o 67, quien trató este tema y luego quedó silenciado.

Yo quiero rendir mi homenaje a los puros, porque una generación heroica, es una generación pura, quiero rendir homenaje a esos hombres y mujeres perseguidos que tuvieron que dejar al hijo o a la hija, que tuvieron que vivir en la clandestinidad, que tuvieron que dejar al padre y a la madre por defender sus ideas. Porque es muy fácil pensar algo, tener miedo de decirlo y quedarse tranquilo en la casa; eso lo hace todo el mundo.

Pero cuando uno tiene una idea y la fuerza de esa idea tiene el costo de que te pueden maltratar, de que te pueden herir, de que te pueden detener, de que te pueden matar, de que pueden detener a tu madre, a tu hijo y pese a eso sigues con tu idea, ese es un hombre o una mujer pura, heroica y el ELN tuvo una generación de mujeres y hombres puros, heroicos y universales.

¿Cuál es el costo y cómo habrá quedado en la vida de un eleno el ver a su compañero y camarada muerto? ¿Cuánto habrá llorado internamente un compañero o una compañera que tuvo que dejar a la madre o al hijo en otra casa para ir al trabajo clandestino? ¿Cuánto habrá sufrido el torturado al que lo patean, al que le meten electricidad, al que le meten clavos en las uñas, al que le abren en el estómago, al que le cortan un dedo, al que le cortan la lengua, cuánto habrá sufrido y no se rindió y no delató a sus compañeros? ¿Qué fuerza interior había en ese hombre para no rendirse, para no delatar al compañero que está en una u otra casa y que es fácil delatarlo, pero qué fuerza le mueve a ese compañero que soporta en su cuerpo la tortura, soporta en su cuerpo la distancia de su familia, sabe que va a morir, es un condenado a muerte desde que lo detienen y pese a eso defiende a los que van a seguir viviendo y usa su cuerpo como testimonio de su idea y de su creencia?

A ellos quiero rendir un homenaje, a esos hombres y mujeres de quienes, muchas veces, no los recordamos; pero sin cuya fuerza moral la sociedad no avanzaría, la sociedad sería un puñado de miedosos, pero son estos hombre y mujeres que en el campo, en la ciudad, profesional o indígenas, obreros o trabajadores que en un momento de la historia, como dirigentes sindical, como militante partidario, como miembro de una organización guerrillera, como miembro de una comunidad campesina, usan su cuerpo como testigo y testimonio de su creencia y que colocan su creencia más allá de la muerte, es su idea la que vence la muerte, es su idea, su deseo, su proyecto el que se ríe de la muerte, se ríe del torturador, se ríe del asesino, se ríe del carcelero y lo derrota siendo fiel a la idea, lo derrota no delatando a sus compañeros, lo derrota protegiendo a los otros, a los que no fracasan, siguen vivos y continuarán la lucha.

El ELN ha dado muchos de esos hombre y de esas mujeres, yo les llamo a ellos lo puros, los universales y cómo no rendir homenaje a ellos, en cierta medida lo que luego la sociedad ha avanzado, con otros rostros, con otros nombres, con otros sujetos, ha cimentado sobre los ladrillos de compañeros de la izquierda, llámese Partido Comunista, Partido Socialista, llámese PTB, llámese ELN, llámese MRTKL (Movimiento Revolucionario Tupaq Katari de Liberación), llámese partido indio, llámese sindicato o llámese comunidad, de esos hombres y mujeres que dan ese salto por encima de su muerte, nos muestran que es posible el porvenir, un porvenir distinto.

Entonces, quiero rendir mi homenaje a esos hombres y de esas mujeres, porque no hay otra manera digna de vivir sino es viviendo en cumplimiento de las ideas y muriendo en defensa de esas sus ideas.

La otra forma es una forma zombi de vivir, irrelevante y los compañeros del ELN en sus derrotas, en sus victorias, en sus legados, en sus debates, en sus muertos, en sus heridos, en sus perseguidos, en sus detenidos, en sus olvidados; son los que han contribuido con otros más, con los que murieron en la represión del año 79, de los cuales no nos acordamos ni sus nombres, con los que murieron en las provincias, con los que murieron en Catavi, en Caracoles son esas personas que han ido cimentando la historia y si, hoy, hay algunos logros, parte de esos logros se debe a esas personas que murieron para alumbrarnos el camino.

Podríamos encerrarnos para debatir sobre los errores de la táctica y la estrategia, y nunca podremos ponernos de acuerdo y podemos hacer veinte tomos sobre ello, pero en lo que sí hay coincidencia es en que hubo una fuerza moral, una estructura organizativa, una disciplina y una entrega personal que trasciende su época y no solamente quisiera reivindicar a esos muertos, a esos heridos, a esos torturados, a estos guerrilleros del ELN, sino que quiero reivindicar su necesidad hoy.

Esto no es simplemente un homenaje de un hecho histórico pasado, al que se lo homenajea y se lo hecha llave, no; es un homenaje vivo porque la historia que nos espera hacia el futuro ha de poder avanzar –seguramente ya no con ese método de lucha, por hoy, quien sabe mañana que sucederá; seguramente no con esa forma organizativa por hoy– pero sí ha de avanzar con esa fuerza moral de hombres y de mujeres que soñaron con un mundo mejor y de hombres y mujeres que entregaron la vida por ese mundo mejor.

Sin ellos no merece vivir el ser humano, sin esas personas que sueñan y entregan la vida por un mundo mejor y por sus sueños, el ser humano no sería ser humano. Entonces, esos hombres y mujeres que ennoblecen al ser humano, soñar, luchar por los sueños, morir por los sueños, es el legado que yo, hoy, en este momento, recojo como lo necesario e imprescindible para dar los siguientes pasos que tenemos como sociedad hacia el futuro.

No milité en el ELN, lo veía de lejos, era muy niño y cuando ya era adolescente no me reclutaron, entonces, tuve que hacer yo mi propia organización, pero siempre estaba atento a lo que estaban haciendo los compañeros, debatí con algunos de ellos.

He debatido mucho con los compañeros del ELN, pero siempre en el marco del respeto y de la admiración, sobre su historia y quisiéramos rescatar más sobre la historia de la izquierda boliviana, es un buen momento para rescatar de todos los partidos de izquierda, sin excepción, porque los de hoy somos herederos, para bien o para mal, somos herederos de los surdos, de los izquierdistas, de cien años en Bolivia, desde el lado obrero, indígena, campesino, clase mediera y el intelectual, somos herederos de esa historia.

Quisiera abrir las puertas para esta reconstrucción de nuestra historia revolucionaria porque tenemos que dejar, para bien o para mal, el legado a la nueva generación que tiene que ser una generación heroica también, quizás no con la sangre derramada por la generación de José Pimentel, no hay necesidad de eso, pero tiene que ser una generación heroica; que ojalá estas cosas ayuden a soñar y nunca olvidar que lo que sueñan tienen que buscar cumplirlo con su cuerpo, con su tiempo, con su vida, si hacen eso, serán parte de esta generación heroica, si no hacen eso, no serás parte de una generación, serán una generación sin historia y yo estoy seguro de que se merecen ser una generación heroica.

Entonces, estamos nosotros, que estamos de pasada y de aquí aún tiempo ya no estaremos aquí, dejar a los jóvenes de hoy, lo que hicimos. Recuerdo el ELN, yo vivía aquí en La Paz, tenía seis años, tengo en mi mente las fotos del periódico Presencia, de los jóvenes del ELN en el cerro del Laikakota en 1971.

Me acuerdo, ya en Cochabamba, tenía un compañero que apellidaba Keller, y tenía una hermana que había sido detenida, no recuerdo el nombre, yo conocía a los hermanos y no entendía la tristeza que les invadía, el silencio de ellos, yo tenía 11 años, pero había algo en ellos que me movía y luego comprendí, y dije: ‘¿cómo nadie me explicó lo que estaba sucediendo con esa familia que tenía a una guerrillera que era reprimida, perseguida y quedaba estigmatizada?’. Porque si yo hubiera sabido, yo me hubiera dicho, ‘oye, Álvaro, esa familia tiene a una guerrillera’ y me hubiera dicho, ‘yo quiero ayudar’, aunque tenía 11 años. ¿Cómo no reconstruir esa historia de nuestra izquierda?

Quiero convocar a los compañeros que estén dispuestos a colaborar en una reconstrucción crítica, en el sentido, de bien documentada, no simplemente de lectura ideologizada, sino bien documentada, que lo hagamos, que reconstruyamos, esa es nuestra historia porque también es parte de la historia que va a venir.

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Álvaro García Linera

Nació en Cochabamba-Bolivia. Fue a estudiar la carrera de Matemáticas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). A su regreso a Bolivia se dedicó a la organización y aporte ideológico en el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), conciliando la teoría indianista con el marxismo y generando una praxis revolucionaria-comunitaria.

En 1992 fue encarcelado durante cinco años; en 1997 sale de prisión por no haber sentencia en su contra. Dictó cátedra en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y otras universidades.

En el año 2005 fue invitado por el Presidente Evo Morales como Vicepresidente para las elecciones en las que obtuvieron un triunfo histórico. Actualmente es Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia.

Entre algunas de sus publicaciones destacan: De demonios escondidos y momentos de revolución. Marx y la revolución social en las extremidades del cuerpo capitalista (1991); Forma valor y forma comunidad (1995, 2009); Reproletarización. Nueva clase obrera y desarrollo del capital industrial en Bolivia (1952-1998) (1999); Sociología de los movimientos sociales en Bolivia (2004); La potencia plebeya. Acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia (2008); Las tensiones creativas de la revolución. La quinta fase del Proceso de Cambio (2011); El “oenegismo”, enfermedad infantil del derechismo (2011); Geopolítica de la Amazonía, poder hacendal patrimonial y acumulación capitalista (2012); Identidad Boliviana. Nación, mestizaje y plurinacionalidad (2014); La condición obrera en Bolivia. Siglo XX (2014), Las vías abiertas de América Latina (2017), ¿Qué es una revolución? De la Revolución Rusa de 1917 a la revolución de nuestros tiempos (2017).


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