Entre certezas, incertidumbres y retos revolucionarios

Venezuela bajo una guerra multidimensional

Leopoldo Alberto Cook Antonorsi
Publicado en abril 2019 en La Migraña 30
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Venezuela hoy

Venezuela está asediada por el «imperialismo», bajo una guerra múltiple. Por una parte, una guerra no convencional o de baja intensidad, que se caracteriza, según Julio Escalona «entre otros factores, por un uso limitado de la violencia militar y de las armas de guerra. Un predominio, por ahora, de la guerra económica, la guerra mediática, las operaciones de guerra psicológica y muy particularmente de las iniciativas políticas y diplomáticas». Existe el peligro inminente de intervención militar, ahora mayor con la presidencia de Trump y la presencia de las bases militares norteamericanas en Colombia, que en lo sucesivo fungirían como de la Organización del Tratado del Atlántico Norte OTAN, lavándole el rostro, ante el mundo, al gobierno norteamericano.

Venezuela presenta hoy uno de los cuadros más complejos en su historia: Existe una paridad cambiaria muy inestable; una devaluación especulativa y creciente del bolívar, manejada por factores externos con elementos extraeconómicos; una hiperinflación motivada por una especulación descontrolada (en 2017 la inflación estuvo en el orden de casi 2 000 %, y es mayor en 2018); hay una profunda contracción de la producción nacional, incluida la petrolera; una reducción de las exportaciones, con fuerte disminución de las divisas, con una caida de las reservas inrternacionales como consecuencia y por ende, una caída drástica de las importaciones. Todo ello lleva a un endeudamiento creciente. Por otra parte, hay un déficit fiscal elevado. Una situación complicada, la cual causa mucho malestar al pueblo, que sin embargo, resiste, pues intuitivamente conoce las causas de esta situación.

El pueblo vive en la angustia de no tener suficientes ingresos para subsistir, y, lo que es peor, de la incertidumbre sobre la situación futura, a pesar del inmenso esfuerzo del Gobierno por mantener el poder adquisitivo de los salarios (hasta dos aumentos anuales) y proteger a la población con numerosos programas sociales gratuitos y “bonos de guerra», otorgados a través del Carnet de la Patria (el presidente Maduro se ha apoyado en la tecnología para crear el Carnet de la Patria, hay una base de datos, alimentada directamente por los beneficiarios, con el apoyo de los organismos del Estado, que permite acceder a las política sociales sin intermediario).

A esta angustia se suma la escasez de dinero en efectivo, que es recaudado ilegalmente por mafias que lo llevan a Colombia. Los servicios públicos se han deteriorado bastante al haber menos presupuesto. Una buena cantidad de personas (estimo que no más de un millón) ha emigrado a otros países. Ha disminuido la confianza en el futuro en alguna medida.

Sin embargo, a pesar de la guerra, la economía sigue andando. A pesar de la crudeza de lo dicho, la crisis ha sido magnificada, es subjetiva en una buena parte. El sol sigue saliendo, las plantas siguen produciendo gracias a la fotosíntesis. La gente continúa trabajando y produciendo. Hay alimentos en buena cantidad, sobre todo de pequeños y medianos productores. Por supuesto que hay cierto deterioro social. Pero la gente está alimentada, con energía, sin estrés, feliz. El venezolano sigue con su buen humor. Prueba de que no hay crisis humanitaria de ningún tipo es que los 6 millones de colombianos que migraron a Venezuela siguen ahí en buena medida.

Por supuesto, los avances de la Revolución bolivariana se han detenido. El esfuerzo hoy en día es para mantener lo logrado, resistir la embestida, para luego de que pase el vendaval, vencer y retomar el legado de Chávez.

Toda esta situación compleja que sucede en Venezuela tiene múltiples causas. Algunas internas, otras externas. Enfrentar algunas depende más que otras de los venezolanos.

Hay algunos elementos internos estructurales que dan terreno fértil a la guerra contra Venezuela. Uno es nuestro carácter rentista. Surgida Venezuela bajo el capitalismo comercial, sometida colonialmente al imperio español, sin permitírsele desarrollar industria propia, se nos creó una cultura dependiente. Los recursos naturales abundantes, primero la tentación de la exportación agraria de monocultivos, gracias a la brutal fertilidad de la tierra y a la estructura colonial, luego el «excremento del diablo» (el petróleo), facilitaron una cultura no productiva.

Darcy Ribeiro analizó muy bien la influencia de las mezclas culturales producto de la colonización, destacando entre otros a los «Pueblos Nuevos», aquéllos como Venezuela en los que no se impuso definitivamente una cultura sobre las demás, lo que dejó abierto un proceso de inestabilidad cultural que dificulta un proyecto de país. Briceño Guerrero, autor venezolano, también analizó la influencia de las tres culturas, india, negra y europea, luchando cada una contra las otras, saboteándose mutuamente, sin triunfar ninguna.

El rentismo es un modelo totalmente agotado en Venezuela. Nuestros gobiernos tienden a ser populistas. Pueblo y empresarios operan bajo un «parasitismo», esperan mucho del «papá» Estado. No somos emprendedores.

Por otra parte, existe una marcada concentración monopólica del capital, más que en otras economías en las que impera el capitalismo. Del nefasto capitalismo, los venezolanos nos hemos copiado lo peor, desoyendo a Simón Rodríguez.

Por supuesto, además de los factores internos mencionados, está, como importante factor externo, la ya mencionada inmensa guerra multidimensional. La económica: bloqueo financiero y comercial, manipulación cambiaria, ataque a la moneda, especulación galopante, contrabando de extracción financiado por el narcotráfico, inmenso acaparamiento, importaciones falsas con «dólares preferenciales» (sobrefacturación, importación de chatarra como nueva). Y la extraeconómica: guerra psicológica, sabotaje, sicariato, etc.

Una gran dificultad actual es que ni el Estado venezolano, ni el «mercado» controlan la paridad cambiaria. Hemos tenido un control de cambio (que ha sido necesario para evitar la fuga de divisas, por el carácter rentista, pues toda ganancia se convierte en dólares y no se reinvierte en el país) que solo funciona en la teoría, porque hay un mercado especulativo que fija el precio del dólar —el famoso dolar today— por factores meramente políticos (varía bruscamente, por ejemplo, en períodos electorales). El tipo de cambio ilegal, de 2102 a 2017 varió en casi un 300 % y de 2014 a 2018 en alrededor de 3.000.000 % (de unos 100 USD/Bs a 3.000.000 USD/Bs).

Otro elemento que ha multiplicado las dificultades es la caída de los ingresos, principalmente por la baja de los precios del petroleo y su producción, pero también una caída general de la producción nacional en muchos rubros.

Otra gran dificultad interna, por errores cometidos, ha sido los precios diferenciales, es decir, una visión equivocada, a mi humilde juicio, de la manera de subsidiar al pueblo. Por ejemplo, un litro de gasolina en Venezuela es prácticamente regalado, subsidiando a todos. Eso motiva al contrabando de extracción, vendiéndolo en Colombia a precios internacionales (2.000 pesos el litro, 70 céntimos de dólar el litro). Igualmente, varios productos básicos son altamente subsidiados (se le otorgan subsidios al productor para que el precio de venta en el mercado sea bajo). Eso motiva el llamado «bachaqueo» (personas inescrupulosas que tienen acceso a la distribución de esos productos básicos se apoderan de los mismos a bajo precio y los revenden en el mercado paralelo a altos precios).

Otros errores internos: tenemos un control cambiario muy vulnerado por la corrupción, importantes fallas en la dirección de la industria petrolera, fijación de precios de productos y servicios básicos que no cubren los costos, apreciación cambiaria que estimuló la importación, mala gestión pública, ausencia de un sistema tributario progresivo, entre otras.

El imperialismo existe

El imperialismo existe, solo que no hay una figura identificable que lo represente. Yo suelo hablar del Complejo Militar Industrial Financiero (CMIF), matriz mundial de poderes, familias adineradas, transnacionales, naciones, que bajo el desarrollo de la etapa neoliberal del capitalismo, culminación de la civilización nacida bajo la Ilustración, ha adquirido vida propia, un metabolismo que no puede ser controlado por personas específicas, sino por un entramado complejo de ellas. La representación más visible es el ejecutivo norteamericano. El llamado «Estado profundo» es una de las formas en que se infiltra en los diferentes aparatos de poder de diversos países, una especie de quinta columna.

Su objeto final, para el control del mundo, es la caotización de las sociedades, hacer ingobernables a los países, convirtiéndolos en Estados fallidos, incapaces de gobernarse por sí mismos, fomentando en la población el «sálvese quien pueda», que se busquen, por causa de la desesperación, soluciones egoístas y de indiferencia, requiriendo la ayuda humanitaria internacional (Irak, Libia, o como intentan en Siria, etc.) a fin de impedir la formación de polos de poder más allá del que domina el CMFI. Organizar al mundo bajo un «nuevo orden mundial», fascista, rompiendo las fronteras convencionales. Aspiran a la globalización comercial, cultural (destruyendo las culturas regionales) y social (transformando totalmente las estructuras actuales, borrando todo rastro de nación-Estado).

Su enemigo estratégico es China y sus aliados, nación que ha adquirido, con su Organización de Cooperación de Shangai, el primer lugar en materia comercial. China está construyendo la Ruta de la Seda (los países involucrados en esa iniciativa involucran más del 50 % del PIB mundial), el canal de Nicaragua, está invirtiendo en múltiples lugares a nivel mundial (en Venezuela ya supera los 50 000 millones de dólares y ha anunciado la inversión de 5 000 millones más), etc.

Venezuela, un país pequeño, se ha convertido en uno de sus enemigos más importantes. Allí están las mayores reservas de petróleo del mundo, una de las mayores de gas, oro, diamantes, coltán, así como de agua y biodiversidad. Y, sobre todo, el mensaje revolucionario chavista es un ejemplo al mundo que el Imperio no puede permitir. Ningún liderazgo que ose oponerse a la tendencia totalizadora es permitido.

Paradójicamente, cuando hablamos de países enemigos del Imperio, debemos recordar que el imperialismo no está asociado a ningún país en particular, aunque su cabeza visible es Estados Unidos. Pero el imperialismo está globalizado, presente en cada uno de los países, como Estado profundo, quinta columna. China, Rusia, Irán, Venezuela, todos, están durmiendo con el enemigo.

Estados Unidos no domina ya el mundo, al menos comercialmente. Hay varios polos de poder. De allí que cada día se ose hablar (y se materializa) más de sustentar las monedas en el patrón oro u otro recurso material y usar monedas alternativas al dólar.

China, con la Organización de Cooperación de Shangai, es la primera fuerza comercial del mundo. Rusia se ha recuperado, ocupando una posición importante. El grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Suráfrica) ha tenido gran auge.

¿Gobierno mundial?

Hay iniciativas para un Gobierno mundial democrático, como el Movimiento por la Federación de la Tierra que promueve un socialismo global democrático bajo la Constitución de la Tierra. Esta no abole las naciones-Estado, ni los mercados. Simplemente restringe los mercados para servir al bien común, y restringe a los gobiernos para vivir bajo las reglas de gobiernos auténticamente democráticos.

La Constitución mundial establece una federación: los gobiernos locales, regionales y nacionales siguen operando normalmente. Pero añade un nivel de gobierno global, basado en principios morales y ecológicos, el único nivel capaz de tratar con los problemas globales: la guerra, el cambio climático, la pobreza, la falta de equidad.

La Constitución de la Tierra ofrece una ruta práctica para crear un futuro decente para la Tierra, caracterizado por paz, justicia y sostenibilidad. Se basa en el principio de la auténtica unidad en la divesidad. No es una evolución de la ONU, sino una nueva estructura, diseñada desde sus bases en forma radicalmente diferente. Puede, sí, absorber algunas organizaciones de las Naciones Unidas.

Todo esto que se ha descrito se da en una situación de crisis civilizatoria: racionalidad y espiritualidad se han disociado en una forma enfermiza en la sociedad occidental, que se ha globalizado en el mundo. Arte, ciencia y moral van cada una por su lado: fueron diferenciadas por el Renacimiento y la Ilustración, salvando a la ciencia y el arte del dogmatismo de la religión, pero perdiendo la visión holística. Ese es el reto de la postmodernidad: integrar esas tres corrientes, unir racionalidad y espiritualidad.

De las civilizaciones mundiales (una docena), la occidental ha permeado a todo el planeta, con su pensamiento Ilustracionista, excesivamente materialista, racionalista, antropocéntrico, contra natura, mecanicista, lineal. De ese paradigma surgió el capitalismo, pero también el socialismo del siglo XX. El «Estado soberano», por ejemplo, es una construcción típica de este paradigma civilizatorio, que representa una traba a la globalización imperial.

Es curiosa la ambivalencia de la categoría de Estado soberano. Por una parte, es una de las más grandes trabas a la globalización del capital, pues sus fronteras se resisten a la globalización neoliberal. Pero, por otra parte, es también uno de los principales obstáculos al desarrollo de la revolución mundial, ya que el carácter soberano de las naciones les permite tomar decisiones sin consultar a las otras, en aspectos que incluso afectan al planeta entero. La ONU y demás organizaciones de Bretton Wood, construídas para desarrollar el capitalismo bajo la dirección de los ganadores de la Segunda Guerra Mundial, no son más que pantomimas de ingobernabilidad bajo ese viejo paradigma, que por diseño impiden la democracia y fomentan la dictadura de las naciones con veto.

Esta dicotomía hace que tengamos que ser muy cuidadosos en la promoción de la revolución mundial. Las naciones soberanas son el muro de contención ante el Imperio, pero también la traba para la globalización de la democracia. El capital se ha globalizado, pero no el movimiento de personas, ni la democracia. Tal vez el concepto de soberanía solidaria de Chávez deba ser considerado: soberanía hasta donde afecte al otro, bajo unas relaciones de complementariedad, de interdependencia y de solidaridad. Bajo ese concepto surgieron el ALBA, PetroCaribe, CELAC, UNASUR, América del Sur-África (ASA), América del Sur-Países Árabes (ASPA), etc.

La civilización occidental ha llegado a su límite de sustentabilidad. Estamos ante un punto de quiebre en el que la humanidad deberá escoger entre el caos y la destrucción o el ascenso a una civilización que incluya lo mejor de la anterior, pero que lo trascienda, como suele suceder en los procesos evolutivos naturales. Se trata de alinearse sabiamente con la Madre Tierra, la Pachamama, que todo nos lo da.

Las crisis que presenciamos a nivel mundial no son más que expresiones de esa lucha entre dos visiones de mundo, una por extender su vida artificialmente mediante la guerra, el terror y la dominación, y otra, luchando por nacer.

¿Qué pasará en Venezuela?
¿Qué se está haciendo?

Lo que sucede en Venezuela, y en cualquier otro lugar del mundo, se da bajo esta lucha estratégica descrita.

En el caso de venezuela, en el corto plazo la lucha se agudizará probablemente. Hay factores atenuantes, como la presión internacional en defensa de la revolución bolivariana (Rusia, China, Irán, India, Turkía, España, y por supuesto Latinoamérica y el Caribe, etc.), el balance hacia la centroizquierda en México, las tensiones populares en Brasil, las tensiones internas en EE. UU. por el racismo y la xenofobia de Trump, etc.

Posiblemente no habrá intervención militar norteamericana. De haberla, se hará camuflajeada a través de las bases militares en Colombia, que ya fungen como de la OTAN (Colombia ha formalizado desde 2013 su participación en esa organización), lo cual les lava la cara, pues ya no serían Marines quienes pisarían el sagrado suelo venezolano. Pero más probable aún, se usarían fuerzas paramilitares mercenarias, algunas ya presentes y «dormidas» en territorio venezolano, que, aunque financiadas por naciones, organizaciones y empresas del Imperio, no se identifican formalmente con ninguna. La intervención directa se ha visto dificultada ante la presión de nuestros aliados estratégicos (China, Rusia, India, Irán, Turquía, ahora España, además de nuestros acompañantes Latinoamericanos y de El Caribe).

En Venezuela, sobre todo, aumentará la presión diplomática (apátridas proponiendo sanciones contra personas e instituciones e «intervención humanitaria»), financiera (manipulación cambiaria especulativa, bloqueo de cuentas, sanciones contra pesonas y empresas que negocien con Venezuela), económica (desmotivación a la producción, inflación especulativa, escasez, acaparamiento, contrabando de extracción de productos y del cono monetario), mediática (el capital controla el 90 % de los medios, incentivando la desmotivación, el miedo, la emigración masiva), violenta (sabotaje a los servicios, sicariato, secuestros, tráfico de drogas), todo ello transversalizado con la quinta columna.

Buscan, como en el resto del mundo, crear caos, crear una crisis humanitaria que justifique cualquier tipo de intervención.

La situación para el pueblo se hará más crítica. La hiperinflación es el principal problema que percibe el pueblo. Como factor atenuante hay quienes dicen que una hiperinflación no puede durar mucho tiempo, los mismos factores económicos, al sentir el efecto búmeran , comienzan a atemperarla.

La quinta columna, que es tal vez el elemento más crítico, que inmoviliza al gobierno, está presente a nivel mundial. Putin, por ejemplo, parece no controlar completamente las finanzas rusas. Así en cada país. En Venezuela, el capital tiene sus cuadros inscrutados, que actúan como chavistas y que lucran con la manipulación cambiaria, el contrabando de extracción, la inflación especulativa. Controlan a tal grado esos procesos que el gobierno debe analizar cuidadosamente, como seguro lo hace Putin en Rusia, sus acciones, a fin de no pasar la raya y provocar una acción violenta: golpe de Estado, intensificación del sabotaje, activación paramilitar, e incluso guerra civil. Lo grave es que el pueblo afirma que hay cuadros militares implicados en esta traición a la patria. Julio Escalona, miembro de la Asamblea Nacional Constituyente, fiel aliado de Maduro y el pueblo, ha llegado a manifestar que en Venezuela hay dos alas de gobierno, una de izquierda y una de derecha (quinta columna).

El presidente Maduro ha adoptado recientemente una serie de medidas que apuntan a lograr la soberanía en el manejo de la política cambiaria, anclando el bolívar, el salario y los precios al petro y sincerando el precio de la gasolina a precios internacionales y subsidiando directamente al propietario del vehículo mediante el Carnet de la Patria, eliminando así el incentivo al contrabando de extracción. Creo que esa nueva política del subsidio directo al pueblo puede implementarse también a los productos básicos, eliminando el subsidio al productor, para erradicar el bachaqueo. Igualmente, pienso que esta tecnología podría usarse para implementar un sistema de seguimiento de los productos básicos, que permita a las Comunas seguir la ruta de los mismos desde la fábrica hasta el consumidor para evitar desvíos, contrabandos, «bachaqueos», etc.

El petro equivale, a paritir del 20 de agosto, a 3 600 nuevos bolívares soberanos, lo que, para un precio del petróleo de 60 USD/barril, establece una equivalencia de 60 Bolívares Soberanos por dólar. Se ha eliminado el control de cambio: se autorizaron casas de cambio en las que se podrá negociar divisas según el precio fluctuante en el mercado. Así mismo, se fijó un solo tipo de cambio, se acabó el dólar preferencial para determinados rubros. Queda pendiente controlar la entrega de divisas al sector privado bajo compromisos de uso y pago. Se ha petrolizado la economía, en respuesta a la dolarización especulativa impuesta.

Se elevó significativamente el salario y el Estado absorverá por noventa días el diferencial de la nómina de las pequeñas y medianas empresas, mientras se estabiliza la economía bajos los nuevos parámetros. El gobierno se ha comprometido a utilizar solo dinero orgánico y saldar el déficit fiscal mediante una profunda reforma tributaria equitativa.

Estas medidas constituyen un duro golpe a la oligarquía, a la quinta columna, a las mafias cambiarias y de contrabando de extracción, y abren la posibilidad de una estabilización de la economía bajo criterios macroeconómicos pero salvaguardando al pueblo.

Adicionalmente, desde el inicio de la revolución se han tomado medidas importantes que protegen a la rrevolución: ha sido fundamental la unión cívico militar. En el documento «Venezuela Freedom 2», la cúpula militar norteamericana reconoce que uno de los elementos que ha impedido una intervención directa militar ha sido el alto grado de chavismo entre el pueblo y la Fuerza Armada.

El «poder popular», que se enfila a la construcción del Estado comunal ha sido un elemento estratégico importantísimo, pero que ha encontrado resistencia en algunos cuadros del poder constituido y la quinta columna.

Igualmente ha sido fundamental el fortalecimiento del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) con el pueblo en la calle. «Candelita que se prende, candelita que se apaga». «Si vienen con un 11, le salimos con un 13». Pero queda mucho por andar, aún quedan vestigios de prácticas capitalistas en el partido. Asimismo, el gobierno ha ido mejorando su política comunicacional.

También se ha emprendido, sobre todo en los últimos meses, una lucha tenaz, sin precedente, contra la corrupción. El burocratismo también ha sido atacado, pero no con la intensidad que el pueblo espera.
Además de las medidas internas que tome el gobierno venezolano, hay acciones importantísimas internacionales, como continuar con la exitosa acción diplomática hacia nuestros aliados estratégicos y países periféricos. La defensa y construcción de la multipolaridad es fundamental.

En particular, será muy importante tomar acciones para protegerse de la oligarquía de la hermana Colombia, cuyo gobierno será posiblemente uno de los más derechistas de la historia colombiana. Fundamental será la presión para minimizar la presencia de la OTAN en suelo sudamericano. Además, al revertir la inestabilidad cambiaria, se producirán de nuevo migraciones hacia Venezuela, por lo que habrá que diseñar acciones para recibir a esas personas: venezolanos que regresan y hermanos, sobre todo colombianos, que se vean obligados a migrar al erradicarse la artificial economía de la zona fronteriza basada en el contrabando de extracción de combustible venezolano, productos de primera necesidad producidos en nuestro país y del cono monerario venezolano.

También será fundamental la acción que emprenda el pueblo norteamericano para poner freno a las políticas racistas y xenofóbicas de Donald Trump.

¡Venceremos!

El panorama es complejo. Los venezolanos resistimos, como se resiste una tormenta, con una rodilla en tierra, la otra presta para avanzar, nunca para retroceder. Apoyamos a nuestro presidente Maduro y estamos dispuestos a acompañarlo en las medidas extraordinarias que ha tomado. La revolución venezolana está enfocando sus energías en mantener lo avanzado y prepararse para una pronta ruperación, para seguir avanzando con nuestros hermanos de Latinoamérica y el Caribe, zonas en donde los vientos progresistas y de izquierda vuelven a soplar. El pueblo venezolano sufre, pero resiste con fortaleza, porque sabe de donde viene el ataque, y que más allá de la penumbra, está el amanecer del legado de Chávez.
La revolución, hoy, es mundial. Como diría Meszaros, debe haber una complementareidad dialéctica entre cada una de las revoluciones nacionales y la revolución mundial, a la cual le llegó su hora. Como dijo Víctor Hugo: «No hay idea más poderosa que aquélla a la que le ha llegado su hora». Proponemos la creación de un foro, en el que se unan aquellas organizaciones internacionales que apuntan a la ciudadanía universal, los derechos humanos, y el gobierno mundial, en el que se discuta cómo abordar este asunto de la revolución y el gobierno mundial.

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Leopoldo Alberto Cook Antonorsi

Ingeniero Electrónico, Universidad Simón Bolívar, 1976.

Maestría en Ingeniería Eléctrica – Comunicaciones. Universidad de Texas, Austin, EE.UU. (1993 – 1995)

Cristiano de base. Comparte los fundamentos morales y espirituales del cristianismo, los planteamientos de Martin Luther King y Camilo Torres sobre la actitud militante del cristiano.

Bolivariano. Promueve la filosofía bolivariana. Socialista. Comparte los valores expresados por Mahatma Gandhi sobre la no-violenca y la búsqueda de la verdad. Así mismo, las ideas y ejemplo de Ernesto Che Guevara sobre una revolución profunda centrada en el individuo con la moral como base.

Jesús de Nazaret y Simón Bolívar son sus líderes inspiradores fundamentales.


Nota: