Congruencia política e ideológica en Marx

Acerca del Marx joven y el Marx maduro

Carlos Ernesto Ichuta Nina
Publicado en agosto 2018 en La Migraña 27
Rounded image

Este ensayo no tiene mayor pretensión que sistematizar, o en su caso regresar, a una vieja discusión derivada de las aportaciones de Louis Althusser a quien, a partir de un estudio de las obras de Karl Marx, en sus diferentes etapas de desarrollo, se le atribuye la identificación de un joven Marx y un Marx maduro, la cual generó repercusiones en varios estudiosos contrarios a ese planteamiento.

Vemos necesario regresar a dicha discusión, o recuperar tal controversia, porque tras haber nacido en el contexto de la Revolución Rusa y el desenvolvimiento del llamado socialismo real, el debate acerca de dicha distinción ha tendido a ser olvidado mientras que en el universo del marxismo la visión althusseriana ha tendido a ser tomada como válida, incluso hasta nuestros días1Un ejemplo es el film de Peck, Raoul, 2017. El joven Marx. Alemania: Velvet Film, de reciente estreno.. Siguiendo la línea contraria, nosotros consideramos que dicha distinción es difícil de sostener en los tiempos actuales, no solamente por constituir una lectura muy particular de las obras de Marx sino también porque las razones de su establecimiento ya no existen, en apariencia. Además, valdría la pena recuperar dicha discusión en ocasión de la celebración del bicentenario del natalicio de Marx, bajo la idea de que a pesar del tiempo, aún quedan muchas cuestiones por resolver, dadas las confusiones creadas por el marxismo.

El trabajo consta de tres apartados. En un primer apartado referimos el origen de aquella distinción, en la cual Althusser tiene realmente poco que ver. En el segundo apartado exponemos la propuesta althusseriana, como una formalización de las distinciones considerando el porqué de su validez. En el tercer apartado, y a partir de las contribuciones de algunos marxistas poco conocidos, referimos la posición contraria a la de Althusser que se basa en la idea de la línea de continuidad del pensamiento de Marx, frente a la tesis de la ruptura epistemológica defendida por Althusser. Cerramos el trabajo con algunas conclusiones, que refieren principalmente el hecho de que todo lo que se ha dicho acerca de la distinción del joven Marx y el Marx maduro se habría basado en una razón esencialmente política que llevó a manipular el pensamiento del autor y que bien podría ser saldada en nombre de una actitud de justicia con Marx, a quien se le inculpan males mundiales.

El Marx maduro, origen de la distinción

La distinción del joven Marx y el Marx maduro es atribuido a Althusser, reconocido como uno de los filósofos marxistas más influyentes de su generación; sin embargo, ya en agosto de 1917; es decir, en plena faena revolucionaria, el líder de la revolución bolchevique, Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, en el texto El Estado y la Revolución (traducido así al español), establecía que las primeras obras del marxismo maduro, Miseria de la filosofía y El manifiesto comunista, databan de la víspera de la revolución de 1848 y contenían una exposición de los fundamentos generales del marxismo que era necesaria de considerar en una situación revolucionaria2Lenin, V.I., 2009. El Estado y la revolución. Madrid. Fundación Federico Engels, p. 45..

El señalamiento en cuestión aparece en el primer punto: “En las vísperas de la revolución”, del capítulo II, en el cual Lenin plantea la concepción del Estado en una situación revolucionaria sustentada en la idea de Marx, según la cual “en una situación como aquella, la clase obrera sustituiría la antigua sociedad civil por una asociación que excluyera las clases y su antagonismo por lo que no existiría ya un poder político propiamente dicho, pues ese poder político sería precisamente la expresión oficial del antagonismo dentro de la sociedad civil”3Lenin hace mención de esta cita a partir de la edición alemana de Miseria de la filosofía. Con fines de precisión, nosotros tomamos dicha cita de: Marx, Karl. 1987. Miseria de la filosofía. Respuesta a la filosofía de la miseria de P-J. Proudhon. México: Siglo XXI Editores, p. 121..

La supresión de las clases sociales, según Lenin, conduciría a la desaparición del Estado y dicha idea estaba condensada en El manifiesto comunista, del cual rescata que como resultado del curso de la guerra civil, más o menos oculta, que se desarrolla en el seno de la sociedad, hasta el momento en que se transforma en una revolución abierta, el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, implanta su dominación. “El proletariado constituido en clase dominante, conquista la democracia y se vale de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado. Y esto es, la dictadura del proletariado. El Estado, es decir, el proletariado organizado como clase dominante”4La cita corresponde al libro de Marx, Carlos y Federico Engels. 2004. El Manifiesto Comunista. Madrid: Fundación Federico Engels, pp. 45-47. Se hace esta puntualización, porque dichos fragmentos se encuentran también en la edición electrónica de la Fundación de Estudios Socialistas. Manifiesto del Partido Comunista. Disponible en: http://www.fundacionfedericoengels.net/index.php/65-formacion-marxista/materialismo-historico/423-manifiesto-del-partido-comunista (Consulta: 30 de mayo de 2018), sin embargo en otras ediciones como las de Marx, Carlos y Federico Engels. 2000. Manifiesto comunista. Madrid: Elaleph; Marx, Carlos y Federico Engels. 2013. Manifiesto del Partido Comunista. Madrid: Fundación de Investigaciones Marxistas, dichas citas no se encuentran en la forma en la cual aparecen en el texto de Lenin. .

Todo ello viene a mención, porque dichos planteamientos extraídos de las obras maduras de Marx, según Lenin, eran los adecuados para el momento que vivía Rusia. El líder bolchevique asevera así “que la clase trabajadora ya está harta de mentiras y engaños. Y la verdad es que la única manera de solucionar la actual crisis es mediante una transformación radical de la sociedad que ponga fin a la dominación de la gran banca y los monopolios. Luchamos –dice– contra todos los intentos de la burguesía de cargar todo el peso de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores y sus familias. Tenemos que luchar por un auténtico gobierno de izquierdas que lleve a cabo la nacionalización de la banca, la tierra y los grandes monopolios, bajo el control democrático de la clase trabajadora como la única manera de salir de la actual crisis que azota a millones de trabajadores, jóvenes, amas de casa y pensionistas”5Lenin, op. cit., pp. 20-22..

Control democrático es por tanto antítesis de la democracia capitalista que sería hipócrita y falaz. Pero el desarrollo hacia una democracia cada vez mayor no discurriría de modo sencillo, directo y tranquilo, pues tendría que pasar por la dictadura del proletariado, y solo podría ser así porque no había otro camino para romper la resistencia de los explotadores capitalistas. “Dictadura del proletariado es pues organización de la vanguardia de los oprimidos en clase dominante para aplastar a los opresores, y ello no podía conducir a la simple ampliación de la democracia. Esa democracia se convertía en democracia para los pobres, para el pueblo, y no en democracia para los ricos. Y se debía reprimir a éstos para liberar a la humanidad de la esclavitud asalariada; vencer por la fuerza su resistencia, bajo la idea de que allí donde hay represión hay violencia”6Ibid., pp. 108-109..

En suma y para concluir con esta idea, para Lenin la doctrina de Marx y Engels acerca del carácter inevitable de la revolución violenta tiene como referencia el Estado burgués. Y este no puede sustituirse por el Estado proletario mediante la “extinción”, sino solo mediante la revolución violenta. “Los principios de Miseria de la filosofía y de El manifiesto comunista constituirían así la declaración orgullosa y franca sobre el carácter inevitable de aquella revolución. Y la necesidad de educar sistemáticamente a las masas, en la idea de la revolución violenta, constituiría la base de toda la doctrina de Marx y Engels”7Ibid., pp. 43-44..

Es decir, la revolución rusa representaría el ámbito de aplicación de esos principios, más allá de cualquier matiz. Por eso, el marxismo pergeñado por Lenin llegó a ser conocido como ortodoxo, lo que no suponía simplemente la puesta en ejecución de los principios políticos de un Marx maduro, sino también de su intérprete en función de lo cual surgió el llamado marxismo-leninismo que tendió a endurecerse en la medida del endurecimiento de la política soviética y sus tentaciones o derivaciones totalitarias. El triunfo de la revolución bolchevique supondría así el cumplimiento de los principios marxistas, que contradictoriamente motivaría al redescubrimiento de Marx, sobre todo ante la violencia ejercida por el Estado y la deshumanización de la política soviética.

Dicho redescubrimiento encontró en la publicación los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, conocido también como los “Cuadernos de París”, una de las obras desconocidas hasta antes de 1932, uno de sus sostenes más importantes. La obra correspondía además a la etapa de juventud de Marx y estaba marcado por un humanismo contrario a la perversión del socialismo real. Por tanto, frente a un marxismo dominante y de carácter ortodoxo, la tarea de revisión fue ganando seguidores entre marxistas heterodoxos, pensadores cristianos progresistas, y filósofos existencialistas (disidentes, revisionistas y quizá quintacolumnistas), quienes darían un paso atrás para centrarse en la persona humana8Véase sobre ese proceso a Musto, Marcello. 2016. El mito del ‘Joven Marx’ en las interpretaciones de los Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844. En Concheiro, Elvira y José Gandarilla Marx revisitado: posiciones encontradas. México: UNAM/CIICH, pp. 21-58..

Los Marx’s de Louis Althusser

Althousser refiere ese proceso de redescubrimiento en las primeras líneas de “Sobre el joven Marx”9Althusser, Louis. 1967. La revolución teórica de Marx. México: Siglo XXI Editores, p. 39., cerca de 40 años después de la aparición de los manuscritos del 44. Se trataba del número 19 de la revista Recherches Internationales á la Lumiére du Marxisme, publicado en 1960, con el título Sur le jeune Marx. Once estudios de jóvenes marxistas extranjeros a quienes Althusser les hacía ver que “ya no estaban solos en su tarea, en sus peligros y sus recompensas”. El interés del autor, consistía sin embargo en contribuir al análisis proponiendo herramientas analíticas, examinando problemas y disipando confusiones.

Con base en ello, Althusser propone la clasificación de las obras de Marx en aquellas de su juventud, aparecidas entre 1840-1844; las de la ruptura, aparecidas en 1845; las obras de maduración, aparecidas entre 1845-1857 y las obras de madurez aparecidas entre 1857-188310IIbid., p. 28.. La base de su planteamiento fue la muy socorrida tesis de la ruptura epistemológica de Gaston Bachelard, que refiere la liberación de las contaminaciones ideológicas del conocimiento a partir de la ruptura con el sentido común y la construcción de un conocimiento verdadero basado en los criterios de la ciencia, trátese incluso de la ciencia positiva11Ibid., pp. 25-27. Una idea cercana a la de Althusser, sobre la base de los planteamientos de Bachelard, puede encontrarse en el trabajo de Bourdieu, Pierre, Jean-Claude Chamberdon y Jean-Claude Passeron. 2002. El oficio de sociólogo. Buenos Aires: Siglo XXI, especialmente en el capítulo dedicado a “La ruptura”.. Sin embargo, a pesar de las etapas antes referidas, a partir de la tesis de la ruptura epistemológica, Althusser divide el pensamiento de Marx en dos grandes periodos esenciales: el periodo “ideológico”, anterior a 1845, y que correspondía al joven Marx; y el período “científico”, posterior a la ruptura y que correspondía a la etapa del Marx maduro12Althusser, op. cit., p. 27..

Aunque las fechas de publicación de las obras de Marx parecen dar cuenta más bien de una continuidad, Althusser justifica su distinción a partir de las influencias filosóficas del tiempo recibidas por el joven Marx y el alejamiento por parte del autor de esas mismas influencias para la generación de un pensamiento propio. Pero más que ello, resultaba preciso definir el momento de la ruptura y la obra fundamental que daría cuenta de ella.

Cauto, Althusser propone como obras de la ruptura: Las Tesis de Feuerbach y La Ideología Alemana, en los cuales Marx rompería con la herencia neohegeliana y fulminaría la ideología dominante de su tiempo, a partir de conceptos y una teoría que se revelaría como propiamente marxista. Así, las obras de juventud referirían la etapa ideológica de Marx; es decir, la etapa caracterizada por el humanismo, la utopía y el pensamiento basado en especulaciones que comprenderían la Crítica a la filosofía del Derecho de Hegel, conocido también como manuscrito de 1843, y los Manuscritos económico filosóficos, de 1844; “inclusive” La sagrada familia. Mientras que la etapa de madurez, casi en la línea leninista, incluiría los primeros ensayos de El capital, el Manifiesto comunista, Miseria de la filosofía, etc., obras que constituirían la etapa científica de Marx.

Sin embargo, como señalamos al iniciar este apartado, la distinción de Althusser, que se puede identificar sobre todo como una formalización de aquellas distinciones que se venían estableciendo, no supone un ejercicio netamente analítico. En el prefacio a La revolución Teórica de Marx, Althusser refiere precisamente las condiciones que habrían conducido a una lectura de las obras de Marx por etapas y que en razón de las condiciones del contexto histórico, serían tres.

En primer lugar, el predominio del marxismo-leninismo como corriente de pensamiento y acción que se estaría propagando sobre el mundo como un “marxismo acabado” y que en el caso específicamente francés se manifestaría a través de la ausencia de un marxismo propiamente local. Exaltado, Althusser se pregunta: “¿el único nombre que podemos exponer más allá de nuestras fronteras es el de un pacífico héroe solitario que siguió durante muchos años estudios minuciosos sobre el movimiento de la izquierda neo-hegeliana y el joven Marx: Auguste Cornu?”13Ibid., p. 20.. Pero el reclamo de Althusser no solamente tiene como referencia lo antes dicho sino también el predominio de ideas conservadoras provenientes incluso de la sociología clásica, las cuales habrían seguido reproduciéndose limitando las posibilidades de un estudio profundo de la filosofía marxista. De hecho, al llegar al capítulo “Sobre el joven Marx”, nos encontramos con un epígrafe dedicado a Cornu14“A Auguste Cornu, que consagro su vida a un joven llamado marx”. Ibid., p 39., el historiador berlinés y profundo estudioso de Marx.

En segundo lugar, Althusser afirma la distinción del pensamiento de Marx sobre la base de un señalamiento mutuo entre los marxistas respecto de la interpretación equivocada de ese pensamiento y en cuyas manos correría el peligro de ser falseado o confundido. Althusser señala de manera más específica que “ciertos filósofos marxistas fueron reducidos, y reducidos por un movimiento natural, donde no entraba ninguna táctica reflexiva, a disfrazarse —a disfrazar a Marx en Husserl; a Marx en Hegel; a Marx en el joven Marx ético o humanista—, con el peligro de llegar a confundir un día u otro la máscara con la cara”15Ibid., p. 21.. Por tanto, ante aquello que considera natural, Althusser plantea el ya conocido principio de aquellos que se autodenominan marxianos, para diferenciarse de los marxistas, de “operar el retorno a Marx” o más precisamente “a las obras de juventud de Marx”16Harnecker, Martha. 1967. “Introducción”. En Althusser, Louis. La revolución teórica de Marx. México: Siglo XXI Editores, p. 3. Althusser, op. cit., p. 40..

En tercer lugar, y de manera más directa, en “Sobre el joven Marx” Althusser plantea que el debate es sobre todo un debate político, desenterrado por los socialdemócratas y explotados por ellos contra las posiciones teóricas del marxismo-leninismo17Ibid.. Para Althusser, de la filosofía a la acción, se habría arribado al dogmatismo stalinista, por lo que muerte de Stalin representaba la posibilidad de volver a la filosofía marxista en su integridad pero para lo cual se necesitaba un debate político libre, la libertad de investigación real. Lo que es más, “el fin del dogmatismo habría develado una realidad: que la filosofía marxista, fundada por Marx, en el acto mismo de la fundación de su teoría habría estado por constituirse y las dificultades teóricas en las que se habían sumergido los marxistas, bajo la noche del dogmatismo, no eran dificultades totalmente artificiales, sino que se debían también, en gran parte, al estado de no elaboración de la filosofía marxista”18Ibid., p. 23..

Por tanto, lo que trajo el fin del dogmatismo fue el derecho de poder sacar las cuentas exactas de lo que se poseía, de pensar y plantear en voz alta los problemas; de comprometerse en el rigor de una verdadera investigación; comenzar a verse mutuamente y desde fuera, conocer el lugar que se ocupa en el conocimiento y la ignorancia del marxismo, y comenzar de esa manera a conocerse19Ibid., p. 24.. Y ello era tanto como encontrar una relación con el pensamiento esclavo del joven Marx y el pensamiento libre de Marx20Ibid., p. 68..

Sin embargo, precisamente por ello la distinción sugerida por Althusser no podía más que generar oposiciones, especialmente derivadas de la idea de dos Marx’s opuestos o contrapuestos. De hecho, en otros documentos Althusser diferencia radicalmente al joven Marx del Marx maduro desde una perspectiva de problemática, de trabamiento, de objeto y de conclusiones21Althusser, Louis. 2003. Marx dentro de sus límites. Madrid: Akal, p. 41..Y ello a pesar del propio Althusser y de sus propios argumentos. En breve, este señala que la distinción no supone dos etapas separadas de su pensamiento, sino una unidad de su pensamiento definida por el principio dialéctico de la contradicción; es decir, el pensamiento de Marx constituiría una unidad dialéctica en sentido hegeliano. No obstante, el propio Althusser se opone a la idea de que Marx sea identificado en sus años de juventud como un hegeliano e incluso como un neohegeliano22Textualmente Althusser señala: “salvo en su casi último texto del periodo ideológico-filosófico, el joven Marx no fue jamás hegeliano, sino primeramente kantiano-fichteano, luego feuerbachiano”.
Althusser, Louis. 1967, op. cit., p. 28. Y en las páginas 62-63, señala “insisto en esta ‘vuelta atrás’, ya que se tiende demasiado a sugerir, bajo las fórmulas de ‘superación’ de Hegel, Feuerbach, etc., una especie de figura continua de desarrollo, o en todo caso un desarrollo cuyas discontinuidades mismas deberían ser pensadas (justamente con el modelo de la dialéctica hegeliana de la “Aufhebung”) en el seno de un mismo elemento de continuidad”.
, lo que supone un argumento epistemológicamente contradictorio, puesto que se trataría de negar afirmando un argumento.

En contra de los diferentes Marx’s

Las respuestas al planteamiento althusseriano han sido variadas y determinadas lógicamente por los aspectos políticos, teóricos e ideológicos. Por razones de espacio no nos es posible recuperar esas variadas posturas, pero las mismas hallan coincidencia en su negación y oposición a la sugerencia althusseriana, las cuales son expuestas por dos de los prologuistas y traductores de las obras de Marx: Wencesalo Roces y Martin Nicolaus. Si bien ambos no son plenamente reconocidos, valgan sus reflexiones como una muestra de reconocimiento.

Roces es precisamente el director de una colección de escritos de Marx y Engels, cuyo primer tomo lleva por título: Escritos de juventud de Carlos Marx. Sin embargo, en el prólogo de dicha colección Roces señala dos flancos de ataque.

En primer lugar, reconociendo el camino que iría del pensador idealista, formado en las tradiciones del humanismo y de la razón humana, al revolucionario-democrático, combatiente contra el despotismo y por las libertades y los derechos de su pueblo, hasta llegar a la concepción que dará la época más fecunda de la vida de Marx y de la que saldrán sus obras más importantes, Roces reconoce consecuencia y trabajo ininterrumpido, según lo cual “cada paso se hallaría entrelazado con el anterior, afirmándolo y superándolo, llevando en su entraña el germen de los que han de seguir”. Quienes postulan diferencias, dice Roces. “deforman monstruosamente el proceso dialéctico vivo y real, profundamente educador de la vida y el pensamiento de Marx, quienes desde sus posiciones dogmáticas primitivas quieren dejar extramuros del Marx auténtico, del Marx marxista, al Marx de los años juveniles, todavía idealista, que iría afirmando paso a paso su nueva concepción del mundo. Aquella extraña interpretación pretende dar cuenta de un Marx como si hubiera podido nacer marxista, armado de todas sus armas, de la placenta de un mundo como aquél”23Roces, Wenceslao. 1982. “Prólogo”. En Carlos Marx Federico Engels. Obras Fundamentales. Tomo I Marx. Escritos de juventud. México: Fondo de Cultura Económica, p. x.. O como si sus ideas anteriores tuvieran que ser escondidas como pecados de juventud.

Pero esa visión ortodoxa no sería la única tentada en convertir a Marx en un traidor de su propio pensamiento, como el mismo Althusser problematiza, y que Roces considera. Este menciona, en segundo lugar, que desde el campo de enfrente, refiriéndose al marxismo heterodoxo, “los dogmáticos idealistas quieren negar al Marx posterior, al Marx auténtico, plenamente maduro, al que quedará inscrito para siempre en la historia y que está vivo en la realidad, desdibujándolo bajo la imagen de un antihumanismo que jamás fue de Marx”24Ibid..

La primera visión ortodoxa que Roces cuestiona es aquella representada por Althusser y toda la corriente de jóvenes marxistas con los cuales éste se identificó, y la segunda visión es representada por el marxismo-leninismo, contra la cual se levantó la primera. La lectura de las obras de Marx apegada a cualquiera de esas dos tendencias puede servir, dice Roces, “únicamente para la catequesis, pero no para la ciencia ni para la revolución, cuando una y otra serían inseparables y una y otra reclamarían hombres profundamente críticos, a quienes puede y debe enseñar mucho el ejemplo del más crítico de los pensadores”25Ibid..

Así, Roces se considera como parte de una corriente de marxistas para los cuales Marx sería “uno y él mismo, en progresión ascendente y sin cesar, desde el principio hasta el fin, desde la aurora hasta el cenit”. Y en ese sentido convoca a leer las obras de Marx; porque las ideas de los años jóvenes dominarían su vida y comprendiendo y penetrando en sus fundamentos se levantaría su pensamiento maduro. “Y ello en Marx habría supuesto una lucha titánica por encontrar en el caudal riquísimo de esas ideas los caminos que habrían de dar la impronta profunda a su vida y a su personalidad llena las páginas, a ratos patéticas, de sus primeros escritos, hasta que con el Manifiesto comunista y ya antes, en La Ideología alemana, se sientan los fundamentos firmes para la que será su obra definitiva: la obra revolucionaria”26Ibid., p. xi..

De hecho, “el humanismo marxista se definiría ya como el humanismo proletario. Y en los Manuscritos económico-filosóficos Marx proyectaría los problemas que llenarán su vida entera y darían como fruto más elaborado El capital y un humanismo revolucionario que algunos marxólogos se empeñan en enturbiar”27Ibid., pp. xi-xii.. Por ello Marx, hasta el fin de su vida, no solo será el teórico y maestro de los trabajadores del mundo, sino también y al mismo tiempo el dirigente y guía de su partido y el batallador más consecuente de sus combates28Ibid., p. xiv..

El planteamiento de Roces apunta así hacia una concepción unitaria de la obra de Marx que no coincide con el sentido propuesto por Althusser, pues no existiría contradicción de ideas sino un desarrollo incesante y creciente que desde su juventud llegaría a la madurez de sus ideas, las cuales encontrarían complemento en una lógica actitudinal relacionada con su activismo político que supondría una virtud de consecuencia y coherencia política, según lo cual “pensamiento y acción formarían siempre en Marx una unidad indiscernible”29Roces, op cit., p. xiv-xv..

En esa línea, Nicolaus, cuyo famoso artículo: “El Marx desconocido”, inaugura nada más y nada menos que los Grundrisse, un texto que aparece también tardíamente entre 1935-1936 y cuyo impacto fue similar a los Manuscritos del 4430Véase esta discusión en: Musto, op. cit., plantea que “el gradual descubrimiento de estos trabajos sacudiría el esquema mental, el marco estático de fórmulas consignas a que ha sido reducido el marxismo, después de un siglo de abandono, noventa años de socialdemocracia, ochenta años de materialismo dialéctico y setenta años de revisionismo”31Nicolaus, Martin. 2007. El Marx desconocido. En Marx, Karl Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858. Tomo 1. México: Siglo XXI Editores, p. xxxvii..

Coincidentemente, tanto Lenin como Althusser proclaman un marxismo verdadero, a partir de las distinciones que operan, planteando incluso que el origen del mismo estaría en la misma obra de Marx. Es decir, consideran a Marx como un marxista, cuando según Engels lo único que sabía Marx es que no era marxista32Véase esta discusión en Engels, Federico. 1973. “‘Carta a Konrad Schmidt’, Londres 5 de Agosto de 1890”, en Obras Escogidas, Tomo 3. Moscú: Editorial Progreso; Márquez, Iván, “Prologo”, en Nuestro Marx. Disponible en: http://www.nodo50.org/cubasigloXXI/taller/kohan_120110.pdf.; Vila, Dolores, “Lo único que sé es que no soy marxista”. En IV Conferencia Internacional “La obra de Carlos Marx y los desafíos del Siglo XXI”. Disponible en: https://www.nodo50.org/cubasigloXXI/congreso08/conf4_vilab.pdf. Dieterich, Heinz. Karl Marx “Yo no soy marxista”. Disponible en: http://www.aporrea.org/ideologia/a128051.html.. En el caso de lo dicho por Nicolaus, los Grundrisse vendrían a llenar un vacío que había permitido precisamente las distinciones al interior del marxismo y las mismas distinciones del pensamiento de Marx.

Así, con relación a dicha obra, Nicolaus dice que ella haría imposible o desesperadamente frustrante dicotomizar el trabajo de Marx en un nuevo y viejo Marx, en un joven Marx y un Marx maduro, en elementos filosóficos y económicos, ideológicos y científicos, en un humanista y en un no humanista, pues los Grundrisse constituirían los cuadernos de anotaciones en los cuales Marx escaparía a los clichés a través de los cuales el autor fue entendido. Igualmente, desde la perspectiva de los Grundrisse, las oscuridades aparentemente técnicas de El capital revelarían todo su sentido, por lo que “los Grundrisse serían el eslabón perdido entre el Marx maduro y el Marx joven”33Nicolaus, op.cit., p. xxxvii..

Pero como dijimos, los planteamientos de Nicolaus y Roces son solo algunos poco reconocidos frente a la pléyade de autores que se levantaron contra la pretensión fragmentaria del pensamiento de Marx, quienes defendieron su unidad y continuidad. Pero si bien en términos político-ideológicos, dicha discusión supuso una disputa por el marxismo; el marxismo humanista contra el marxismo revolucionario; el marxismo heterodoxo contra el marxismo ortodoxo, esas controversias derivaron también en la oposición entre marxistas, marxólogos y marxianos34Véase el trabajo de Silva, Ludovico. 2009. Anti-manual para uso de marxistas, marxólogos y marxianos. Caracas: Biblioteca Básica de Autores Venezolanos.. Por efecto de ello, hay quienes no dudan en afirmar que “aquellas tentativas de dividir y contraponer el Marx de los escritos juveniles con el de la Crítica de la economía política, operado por marxistas disidentes o revisionistas, a fin de privilegiar al primer Marx, así como los marxistas vinculados al comunismo ortodoxo que tomaron partido por el Marx maduro de la Crítica de la economía política, contribuyeron en la creación de uno de los principales malentendidos de la historia del marxismo: el mito del joven Marx”35Musto, op. cit., p. 55..

Conclusiones

La discusión acerca del Marx joven y el Marx maduro ha discurrido por cuestiones biográficas, bibliográficas y políticas. De hecho, desde Lenin, pasando por Althusser, hasta llegar a los autores aquí mencionados, todos apelan a las contribuciones de los biógrafos más importantes de Marx, para negar o justificar la distinción. Sin embargo, creemos que el aspecto político constituye un hecho fundamental para seguir sosteniendo o no la misma y de hecho en ello podrían contribuir tanto los elementos bibliográficos como biográficos.

Además, habida cuenta de que en este ensayo se ha señalado que el aspecto político fue crucial en la distinción, la caída del socialismo real debía haberse constituido en un hecho determinante para la desmitificación de aquella distinción que tanto valor pedagógico tuvo y sigue teniendo. En el tenor de Roces, esas formas fueron útiles únicamente para la catequesis del marxismo y sus consecuencias fueron en detrimento del propio Marx. Los esfuerzos que se vienen haciendo por ejemplo a través del Proyecto Mega 2, probablemente contribuyan a ver el continuo desarrollo de la obra de Marx, y no verlo fragmentariamente, pues eso hizo posible una visión maniquea del propio Marx y los odios sin argumentos.

O queda la opción de la relectura, precisamente tomando en cuenta aquellos trabajos que tanto escozor provocaron al marxismo oficial. Esta sería una opción distinta de regresar a Marx sin predeterminaciones político-ideológicas; y lo que es más, sin miedos ni demonios, para por lo menos ser justos con un autor al cual se le achacaron varios males del mundo. Y lo peor, sirvieron para generar animadversiones injustificadas especialmente en las generaciones jóvenes dominadas por el inmediatismo y la falta de compromisos, ante las cuales Marx representaría, como alguien ya lo dijo, un ejemplo de congruencia política e ideológica.

Rounded image

Carlos Ernesto Ichuta Nina

De nacionalidad boliviana, reside en la ciudad de México. Doctor en Ciencias Políticas y Sociales, por la Universidad Nacional Autónoma de México. Maestro en Ciencias Sociales, por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede Académica México y Licenciado en Sociología, por la Universidad Mayor de San Andrés.

Actualmente, Profesor de Tiempo Completo en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco, de la Ciudad de México. Responsable de los cursos de Análisis Marxista de la Sociedad e Introducción al Trabajo de Investigación Social. Además, tutor de la Especialidad en Política y Gestión del Desarrollo Social, impartido por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales – Sede Académica México.