Nuevos mecanismos de participación y resistencia

“Barrionalismo” como perspectiva de transformación social

Pedro Limón López
Publicado en Octubre 2018 en La Migraña 28
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Introducción:
los movimientos vecinales irrumpen
en la agenda pública

A finales de los años sesenta, los movimientos vecinales irrumpieron en la agenda municipal española mediante una serie de demandas referidas a necesidades básicas revindicadas en diferentes barrios en el conjunto del Estado, configurando estos agravios como una llamada de atención sobre dichos espacios públicos, de forma coetánea a una serie de transformaciones estructurales clave que estaban teniendo lugar dentro del régimen de acumulación mundial (Harvey, 2007; Soja, 2008). Así, los movimientos sociales urbanos devinieron un agente profundamente transformador e innovador dentro de la ciudad, “como prácticas que tenderían objetivamente hacia la transformación estructural del sistema urbano o hacia una modificación sustancial de la relación de fuerzas en la lucha de clases, es decir, en última instancia, en el poder del Estado” (Castells, 1991: 312). Se lograron algunas conquistas en el ámbito del valor de uso del espacio urbano, como “remodelaciones de barrios de chabolas, rehabilitaciones de viviendas públicas, preservación del centro historic y participación popular en los procesos de planificación urbana para frenar el desarrollo metropolitano” (Martínez López, 2003: 90).
Tras ser cooptado buena parte del movimiento vecinal de los años setenta por parte de los partidos de izquierda, éste fue decreciendo en paralelo a la reforma municipal y la implantación de la democracia, difuminándose muchas de las demandas políticas barriales y de distrito. En las últimas dos décadas, las reivindicaciones en torno al barrio han tomado un nuevo cariz en paralelo a la aparición y consolidación de múltiples procesos de gentrificación y renovación urbana en la ciudad.

Procesos de gentrificación
y mecanismos de contestación

A partir de los años noventa comenzaron a surgir diferentes procesos de transformación social y política en el Estado español, desarrollados especialmente a través de los ámbitos urbanos. Con 1992 como fecha simbólica de la irrupción de tales procesos y al calor de algunos acontecimientos internacionales de carácter político, cultural, deportivo o relativo al ocio –ese año se firmó el Tratado de Maastricht o de la Unión Europea en Barcelona, Sevilla fue sede principal de la Exposición Universal, Madrid fue designada Ciudad europea de la cultura y Barcelona acogió los Juegos Olímpicos de verano (Tresserras, 2004)–, tuvo lugar la generalización del turismo urbano y de formas de producción y consumo cultural vinculados a los procesos de globalización. Como consecuencia de ello, se establecieron nuevas regulaciones institucionales diferentes aspectos socio-políticos que apenas habían tenido reconocimiento legal, como el patrimonio cultural, los espacios de ocio, las actividades turísticas o los espectáculos públicos, transformándose asimismo muchas de las reivindicaciones y sujetos anteriormente protagonistas en los ámbitos urbanos, esencialmente con la implantación y generalización de diferentes fenómenos de gentrificación urbana1La definición original de gentrificación especifica que es “una transformación de casitas modestas y degradadas en residencias lujosas (…), proceso que cuando empieza en un distrito avanza rápidamente hasta que desplaza a todos o la mayoría de sus inquilinos de clase trabajadora y cambia el carácter social del barrio” (Glass, 1964: 2)..

Dichas dinámicas de gentrificación no sólo se convirtieron en uno de los procesos políticos centrales de multitud de espacios urbanos a escala global, sino que han sentado las bases de nuevas formas de pensar la participación política en la ciudad, al tiempo que han surgido de un modo inextricablemente unidos a los fenómenos barrionalistas emergentes en todo el Estado.

Respecto al primer elemento, los ámbitos urbanos se están convirtiendo en el centro de la disputa política, tanto en el uso de los espacios públicos como en las formas de representarlo (Paddison, 2001; Staeheli, 2010). En segundo lugar, se están erigiendo como núcleos de un discurso securitario que enfatiza en el control, la vigilancia o la exclusión de determinados grupos del espacio público (Marcuse, 2006), generando asimismo diferentes formas de resistencia organizada y cotidiana (Tonkiss, 2005; Staeheli et al, 2012).

Respecto al segundo elemento –las prácticas barrionalistas–, los elementos anteriormente señalados se han desarrollado en interacción con nuevas prácticas comunitarias vinculadas al ámbito cotidiano del barrio y que han implicado no sólo una redefinición de la participación política, sino de los propios mecanismos de identificación y de las formas de construcción de identidad política. Desde la perspectiva aquí sugerida, la identidad es un proceso en disputa en el cual el lugar de socialización política es un elemento inseparable de la configuración de significados y la construcción de las identidades políticas, instando a estudiar la protesta como un proceso de aprendizaje durante el cual se construyen formas de identificación política (Melucci, 1989: 35-36).

Así, se introduce una perspectiva que entiende la identidad política como un diálogo, una articulación en conflicto y negociación de diferentes formas de identificación y representación política, “el punto de encuentro o de sutura entre, por un lado, los discursos y prácticas que intentan interpelarnos, hablarnos o ponernos en nuestro lugar como sujetos sociales de discursos particulares y, por otro, los procesos que producen subjetividades, que nos construyen como sujetos susceptibles de decirse” (Hall y Du Gay, 2003: 20). Ello no significa que todos esos procesos de construcción de subjetividad sean simétricos en términos de influencia ni que sean considerados igual de importantes por todos los actores políticos implicados en esa construcción de identidades colectivas y de procesos de identificación, sino que existen múltiples formas de contestación y actuación política desde espacios cotidianos que negocian con procesos politicos más amplios, reforzándose desde la propia praxis política en torno a una forma de identidad comunitaria vertebrada por la praxis barrionalista.

El barrionalismo como perspectiva de transformación: disputando el espacio, construyendo alternativas

Existen diferentes dinámicas atinentes a la emergencia y consolidación del barrionalismo como una práctica política alternativa en el espacio público urbano y que, de alguna forma, entroncan con la multiplicidad de significados adscritos al término de ‘barrio’: en primer lugar, un barrio es una delimitación administrativa que engloba varias barriadas y que junto con otros barrios constituyen un distrito. En este sentido, las delimitaciones administrativas de barrio, barriada y distrito son demarcaciones institucionales. Por otro lado, aunque lleve a confusión, la palabra barrio se utiliza en ocasiones como sinónimo de distrito e incluso de vecindario, aunque tanto los límites territoriales como las escalas de referencia social y política difieran considerablemente, incluso los actores políticos que participan de dicho discurso. Además, ‘barrio’ es una articulación ideológica que tiene una connotación de contestación difícilmente delimitable, puesto que encarna un significante de protesta desde abajo no sólo circunscrito a un lugar particular, sino más bien a directrices políticas vinculadas a formas de acción colectiva ‘contra-institucional’. Finalmente, está el significado de barrio como espacio social de la ciudad constituido alrededor de un sentido del “lugar propio y delimitado en torno a cuestiones de clase social, experiencia cotidiana y socialización territorial”. Esta es la acepción mayoritaria entre los movimientos y prácticas vecinales que aprehenden el barrio como una escala geográfica protagonista en las disputas políticas.

El barrionalismo, entonces, es un tipo de identificación basada en un reconocimiento de horizontalidad social con respecto al otro, en una aceptación compartida de un origen común –comunitario o de clase– y, finalmente, en una delimitación espacial aceptada alrededor de un territorio reconocido y nombrado como propio subsumido en una noción de barrio2Para una definición de barrionalismo, véase http://aynicoop.blogspot.com.es/2008/05/barrionalismo_22.html.. Asemejándose parcialmente al concepto de ‘comunidad imaginada’ de Benedict Anderson (2007), se trata de una práctica política construida por oposición a la delimitación administrativa barrial, así como a la espacialización urbana basada en distritos, definida en términos de residencia, orígenes comunes y práctica cotidiana de ese espacio considerado como barrio. Si bien es verdad que durante los años 70 las movilizaciones urbanas fueron capaces de convertir algunos espacios públicos poco visibles en la escena política, como eran los barrios, en ámbitos protagonistas del conflicto y el debate público, el asistencialismo municipal y la reforma local, parecieron dibujar la ciudad como un espacio público unitario sujeto a las regulaciones institucionales municipales.

En este sentido, el protagonismo otorgado al patrimonio –con un peso predominante del patrimonio industrial en el caso barcelonés y del patrimonio cultural en el caso madrileño, por ejemplo– y los espacios de interacción cotidiana por parte de los actores institucionales comenzaron a interactuar con nuevos actores vecinales, que recuperaron el barrio como imaginario social y político de referencia en la deliberación y pugna por el espacio público, convirtiéndolo en el epicentro de sus demandas políticas.

Asimismo, esta recuperación del barrio se ha producido de forma simultánea a la proyección de representaciones globales de la ciudad por parte de las instituciones públicas –locales, regionales y/o estatales–, contraponiendo un imaginario de socialización cotidiana y memoria comunitaria a dichas representaciones globales, encarnada en múltiples ocasiones a través de fenómenos de gentrificación urbana que han transformado dichos barrios3Existen innumerables casos, como pueden ser Hortaleza en Madrid, Poblenou en Barcelona, Artxanda en Bilbao, el Casco Vello de Vigo o Triana, en Sevilla.. Estas formas de solidaridad y representación política alrededor de un lugar de socialización primaria han supuesto la consolidación de una identidad política articulada en torno al barrio que sitúa dicho ámbito como escala principal de referencia política a partir de los vínculos existentes entre la conciencia de independencia territorial preexistente, los itinerarios míticos, la memoria por la lucha vecinal y la práctica del espacio aprendido como ‘nuestro’, popular y barrial (Lorenzi, 2007: 150-153).

Esta praxis supone una diferenciación recurrente basada en un proceso continuo de construcción y patrimonialización de ámbitos que significan el barrio, bien sea a través de protestas directas, bien sea mediante reivindicaciones políticas indirectas que se reapropian de los lugares considerados elementos innegociables del barrio, apropiándose de los significados contenidos en dicho espacio cotidiano (Gravano, 2003). Estas actuaciones interactúan con las demarcaciones institucionales y la reestructuración espacial vinculada a las transformaciones económicas, y tienen lugar a través de demostraciones colectivas orientadas a esa resignificación, como sucede con las fiestas populares, itinerarios –un ejemplo paradigmático en el caso de Madrid son las cabalgatas vecinales de Reyes–, la celebración de mitos históricos, mercadillos y otras formas de economía solidaria.

Conclusiones: ¿hacia dónde?

Por supuesto, el alcance de esa reapropiación y el efecto politico de dichas prácticas está sujeto al diálogo y a las negociaciones anteriormente referidas entre la praxis barrionalista y los procesos desarrollados en diferentes ámbitos de la ciudad. La cuestión acerca de si se trata de una nueva forma de participación o deja trazas de la articulación de una nueva identidad política no puede dejarse sino abierta. El barrionalismo ciertamente se ha venido configurando en paralelo a la consolidación de fenómenos de gentrificación urbana, tanto en formas de contestación directa a los mismos, como en términos de resignificación de las prácticas vecinales vinculadas a aquellos. No obstante, atendiendo al carácter transversal de la participación política en las prácticas barrionalistas y a la implicación que las mismas están teniendo por parte de las comunidades de los barrios –entrelazando elementos de clase con símbolos comunitarios populares–, se podría estar asistiendo al surgimiento de una identidad política alternativa, donde, frente a la delimitación administrativa impuesta por el Estado y la reestructuración provocada por la acumulación e intercambio económicos, el espacio cotidiano, las reivindicaciones comunitarias y el lugar de socialización primaria encarnado en el barrio se estaría convirtiendo en un lugar central del conflicto social y político.

Bibliografía

  • Anderson, Benedict (2007) [1983]: Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, México, Fondo de Cultura Económica.
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  • Glass, R. (1964) Introduction: aspects of change, in Centre for Urban Studies (ed.) London: aspects of change, London: MacKibbon and Kee.
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  • Hall, Stuart y Du Gay, Paul (2003): Cuestiones de identidad cultural, Buenos Aires-Madrid, Amorrortu Editores.
  • Harvey, D. (2007) Espacios del capital, Madrid: Akal.
  • Lorenzi, E. (2007): La fiesta y los movimientos sociales en la promoción de una identidad de barrio. La “Batalla Naval” de Vallekas, Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, 52 (1), pp. 145-165.
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  • Melucci, A. (1989): Nomads of the present: Social Movement and Identity needs in contemporary society, Philadelphia, Temple University Press.
  • Paddison, Ronan (ed.) (2001), Handbook of urban studies, Thousand Oaks, ca, Sage Publications.
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  • Staeheli, Lynn A.; Ehrkamp, Patricia; Leitner, Helga; Ángel, Carolina R. (2012) Dreaming the ordinary: daily life and the complex geographies of citizenship, Progress in Human Geography, [on line] 17 February 2012, DOI: 10.1177/0309132511435001, pp. 1-17
  • Tonkiss, Fran (2005) Space, the city and Social Theory, Cambridge-Malden: Polity Press
  • Tresserras, J. J. (2004) La tematización de las ciudades: el uso de la cultura en las estrategias de desarrollo local y promoción del turismo urbano, Anuario Turismo y Sociedad, 5 (3), pp. 71-85.

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Pedro Limón López

Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid-UCM (2015). Es miembro del Grupo de Investigación ‘Espacio y poder’, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM (España). Ha sido representante de Doctorado por la Lista Unitaria de Izquierdas de Somosaguas en Junta de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (Madrid, España).

Entre sus publicaciones recientes: Heritage, place and neighbourhood:itineraries as public space contention in ring- road districts of Madrid, Research in Urban Sociology, Vol. 15, 2016 (en coautoría con Sergio González García); Geografías Legales desde la ciudad: redibujando el espacio público en Madrid y Barcelona a través de proyectos urbanos globales, III Conferencia Internacional en Sociología de las Políticas Públicas y Sociales, Zaragoza: Prensa Universitarias de Zaragoza, 2017; Paradigmas y prevención del terrorismo: una aproximación al Plan Estratégico Nacional de Lucha contra la Radicalización Violenta (PEN-LCRV), Política y Sociedad, 54 (3) (en coautoría con Laura Fernández de Mosteyrín), diciembre 2017; Controlling dissent through security in contemporary Spain, in María T. Grasso and Judith Bessant (eds.) (2018); Governing youth politics in the age of surveillance, Milton Park-New York: Routledge (en coautoría con Laura Fernández de Mosteyrín).