Preámbulo a un nuevo orden

Caos geopolítico global

Miguel Ángel Ramos Estrada
Publicado en Octubre 2018 en La Migraña 28
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Vladimir Putin calificó la desintegración de la Unión Soviética como una catástrofe geopolítica de gran alcance. Y es que después de 1989, cuando se produce la caída del Muro de Berlín, meses antes en Malta, en una anticipación de los hechos, George Bush padre y Mijaíl Gorbachov acuerdan que la OTAN no se extendería hacia el Este.

En diciembre de 1991 se produce la desintegración de la Unión Soviética y este hecho sorprendió a los EE. UU. y a la dirección política de las potencias occidentales que nunca habían apostado a ello, lo que da inicio a un proceso de reposicionamiento del orden internacional que se manifiesta en nuevos conflictos.

En el caso de Rusia y de las nuevas repúblicas surgidas de la desaparición de la Unión Soviética se registra un proceso de transición convulsionado y dramático de una economía planificada a una economía de mercado. Este proceso debilita a Rusia y la saca del concierto internacional como gran potencia durante toda la década del 1990. Esto se revierte a partir del año 2000 con el ascenso de V. Putin producto de la renuncia de Boris Yeltsin. Putin pone orden a nivel interno. Rusia se recupera económicamente, reconstruye su poder militar, da pasos decisivos en su desarrollo institucional y político y regresa a la arena internacional como gran potencia. ¿Si esto es así a qué se debe el caos global que se manifiesta en una escalada de conflictos cuyo epicentro, en este momento, parece estar en Medio Oriente?

En 1878, en el Congreso de Berlín, las grandes potencias europeas de la época acordaron los límites y fronteras de sus colonias africanas y en algunos casos definieron las esferas de influencia en varias partes del mundo. Estados Unidos no participó porque no estaba interesado en la adquisición de colonias. Este esquema de orden mundial colonial se extendió hasta 1914 cuando estalla la Primera Guerra Mundial (1914-1918). El fin de la guerra da paso a la desintegración del Imperio austrohúngaro, del Imperio otomano, del Imperio ruso y del Imperio alemán. Surgen a la vida independiente Hungría, Checoslovaquia, Yugoslavia, Austria, Polonia, las Repúblicas bálticas, la Rusia Soviética, etc. Francia y el Reino Unido se repartieron los despojos del Imperio otomano y del Imperio colonial alemán.

El Tratado de Versalles le impuso condiciones humillantes a Alemania y una pesada deuda de guerra, las mismas dieron origen un grado tal de trastrocamiento del orden mundial que las convulsiones y caos que se generaron dieron paso a la Segunda Guerra Mundial que enfrentó a Alemania, Italia y Japón contra China, Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética.

En 1945 se alcanzaron los acuerdos de Yalta y de Potsdam que conjugados con la carrera armamentista dieron paso a la Estrategia de aniquilación mutuamente garantizada, se definieron las líneas rojas y verdes durante la denominada Guerra Fría que se prolongó hasta 1989. Con la desintegración de la Unión Soviética en 1991, el entonces presidente de los EE. UU. George Bush padre, anuncia el advenimiento de un nuevo orden mundial bajo la dirección de los Estados Unidos y de hecho todo el orden de la posguerra acordado en Yalta y Potsdam dejo de estar vigente.

A pesar de los sucesos de 1991, George Bush, se atiene a los acuerdos de Malta de 1989, pero sus sucesores no siguieron esa línea y extendieron la OTAN hacia el este. El denominado Lobby de los Neoconservadores lanza su proyecto Un Nuevo Siglo Americano, y Estados Unidos pone en práctica políticas unilateralistas que minan el orden internacional acordado después de la Segunda Guerra Mundial y que se manifiesta en medidas que pasan por alto el derecho internacional.

Estados Unidos bombardea Yugoslavia en 1999, invade Afganistán en 2001 e Irak en 2003, participa en la guerra contra Libia en 2011 y más recientemente, en 2017 y 2018, bombardea Siria pasando por encima de la ONU a excepción del caso de Libia. La política unilateralista de los EE. UU. para mantener su supremacía global no se atiene a los hechos y realidades del mundo de hoy, pues ya Zbigniew Brzezinski escribía en 1997 que EE. UU. perdería su condición de superpotencia no solo ante la emergencia de nuevos actores en la arena internacional sino que la nueva revolución tecnológica y su dispersión por todo el mundo evitaría que el poder pudiera concentrarse en un solo Estado.

Brzezinski también expresaba sus temores que ante la ausencia de una potencia hegemónica el orden internacional sería muy caótico. Nuestra opinión es que precisamente el intento de mantener un orden hegemónico centrado en una potencia es el origen del caos actual. Es decir, el hegemonismo en el mundo de hoy no tiene cabida.

La historia demuestra que el fin de un ciclo geopolítico y el inicio de otro da paso a un acuerdo que define el orden internacional: La Paz de Westfalia de 1648 después de la Guerra de los 30 años, el Congreso de Viena de 1815 después de las guerras napoleónicas, el Congreso de Berlín de 1878 después de la unificación de Alemania de 1871, los acuerdos de Yalta y Potsdam de 1945 a finales de la Segunda Guerra Mundial.

La situación se complica más con la reciente decisión de Donald Trump (DT) de romper el acuerdo nuclear con Irán que es un entendimiento avalado por los cinco miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y Alemania. Se firmó un documento de derecho internacional y con su retiro los EE. UU. manifiesta su olímpico desprecio al orden internacional.

Los acuerdos de Malta de 1987 no fueron cumplidos y ante la emergencia de Rusia y China como actores de peso en la arena mundial urge un nuevo acuerdo que dé estabilidad y predictibilidad a las relaciones internacionales e inviabilice una nueva Guerra Mundial. Es obvio que los hechos demuestran que ya estamos en un nuevo ciclo geopolítico y urge adaptar la política a esa nueva realidad reconociendo los intereses de las nuevas potencias emergentes y renunciando al hegemonismo de un solo Estado.

Caos geopolítico global o preámbulo
de un nuevo orden (2)

El retiro de los EE. UU. del acuerdo nuclear con Irán y suscrito por los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad y Alemania pone de manifiesto el quiebre del orden internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial y el total menosprecio de los EE. UU. por el derecho internacional.

El retiro de los EE. UU. coloca a Europa en un serio dilema porque las sanciones contra Irán impuestas por EE. UU. se extienden a las empresas europeas que hagan tratos comerciales con ese país. Si Europa acepta esta situación la Unión Europea (UE) sería un ente totalmente subordinado a la política exterior de EE. UU. Los hechos parecen encaminarse a que la UE defenderá sus intereses tanto en Irán como en Asia.

La UE activó una disposición que protege a las empresas europeas de sanciones de otros países. También la UE está tomando las acciones necesarias para que todas las transacciones con Irán se hagan en euros y no en dólares lo que deriva en un sistema de transferencia de pagos alterno al SWIFT dominado por el dólar. Si Europa persiste en esta conducta daría paso a una gran crisis de la Alianza Atlántica desde la fundación de la OTAN fundada en 1949.

Irán tiene excelentes relaciones económicas con la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) integrada por países como China, Rusia, la India, Pakistán, etc. En el caso de China tiene acuerdos comerciales por el orden de 600 mil millones de dólares en los próximos 10 años y que serán transados en yuanes. Tiene acuerdos similares con Rusia y la India. Es decir, las sanciones de EE. UU. lo único que hacen es reorientar los flujos comerciales de Irán hacia el Asia.

La OCS es la alianza económica y comercial más dinámica del mundo de hoy y una de las razones por la cual la UE desea continuar sus relaciones económicas con Irán es precisamente por su proximidad con la OCS.

En este caso particular los bloqueos económicos de EE. UU. constituyen en la práctica un autobloqueo porque dinamizan la demanda del euro, el rublo oro, y el yuan oro como divisas alternativas con todas sus consecuencias políticas: la disminución del peso del dólar como divisa predominante en las relaciones económicas internacionales.

La transición geopolítica

EE. UU. alcanza la posición de primera potencia mundial en 1872 pero la mayoría de las grandes empresas industriales eran de capital inglés. El Reino Unido, entonces metrópoli del Imperio Británico, mantuvo su posición como primera potencia financiera hasta 1914 año en que estalla la Primera Guerra Mundial. Después de la guerra Wall Street (WS) desplaza a la City de Londres como centro financiero del mundo.

Casi 150 años después se repite el mismo fenómeno. China alcanza la posición de primera economía mundial en paridad de poder adquisitivo en el 2014, pero sus principales industrias son de origen multinacional y WS todavía se mantiene como principal centro financiero del mundo y el dólar es la principal moneda de reserva. En el caso de los Estados Unidos desde la década de 1990 casi 60 mil empresas de todos los tamaños se mudaron al resto del mundo particularmente a China y no solo se trata de una transferencia de capitales sino de poder. La Ley china obliga a las empresas extranjeras a tener socios chinos y deben transferir tecnología y el know how a sus socios chinos. Las multinacionales han aceptado esta condición por el enorme potencial y tamaño del mercado chino.

Ante esta realidad sectores de las elites económicas de EE. UU. plantean la urgente necesidad de revertir esta tendencia y reindustrializar el país para evitar la continuación del declive de su hegemonía y de allí el lema de Trump. America first. Para lograr esta meta no se podrán respetar los intereses de aliados, rivales o enemigos. Con esta estrategia los EE. UU. profundiza sus políticas unilateralistas y está dispuesto a romper todos los acuerdos que haya que romper.

El problema que enfrenta esta estrategia es que la deslocalización industrial ha parcelado el proceso de producción manufacturero a nivel global lo que ha dado paso a la denominada economía de las cadenas de suministro (supplychain). En ningún país existen los procesos de producción verticales que cubran todas sus partes, que van desde la materia prima hasta el producto final; sino que las diferentes fases del proceso se elaboran en diferentes puntos del planeta hasta la última fase que es su ensamble en algún país.

Frente a esta realidad las políticas proteccionistas de Donald Trump dislocan y desarticulan la economía mundial lo que crea una gran inestabilidad geoeconómica que ahondan la ruptura de un orden internacional predecible.

Hacia un nuevo orden mundial

En la reciente reunión del G7 realizada en Canadá DT sorprendió a sus aliados al proponer el reingreso de Rusia al grupo, moción rechazada por sus aliados mientras no se resolviera el problema de Crimea.

Es necesario recordar que al final de la Segunda Guerra Mundial se alcanzaron los Acuerdos de Yalta, Potsdam, Bretton Woods y la fundación de la ONU que marcaron el orden internacional hasta la desintegración de la URSS en 1991. Crimea es parte de Rusia desde el siglo XVIII y fue por una decisión tomada por el finado Primer Ministro Nikita Kruschoev en 1954, que traspasó Crimea a Ucrania, cuando era parte de la URSS. El problema de Crimea solo se resolverá enmarcado en una nueva Conferencia Europea de Seguridad que reconozca los legítimos intereses de Rusia tanto en Europa como en el mundo.

Caos geopolítico global
o preámbulo de un nuevo orden (3)

En el verano de 1992, pocos meses después de la desintegración de la URSS, visitamos a Carlos Wong, un intelectual de gran valía, ya desaparecido, y le preguntamos: ¿Qué opinas de todo esto? Su respuesta fue la siguiente y jamás la hemos olvidado: “lo que pasa es que muchas veces nos dejamos llevar por un conejo salido de un sombrero y el mundo es más dialectico y contradictorio de lo que parece y la verdad es la interpretación justa y cierta de los hechos y fenómenos”.

Lo que trató de decirnos el finado es que no nos podemos dejar llevar por lo aparente, que toda forma tiene su fondo y que a larga la esencia del fenómeno tarde o temprano sale a flote.

Casi 30 años después de la caída del muro de Berlín el intento del denominado mundo unipolar que el expresidente George Bush padre caracterizó como el advenimiento de un nuevo orden mundial bajo el liderazgo de los EE. UU. ha quedado hecho trizas. Un hecho muy importante a destacar años después, fue la recuperación de Hong Kong por China en 1997 que puso fin al colonialismo inglés en ese territorio asiático. Este hecho, en términos históricos es solo comparable a la recuperación del Canal de Panamá por la República de Panamá dos años después.
La recuperación de Hong Kong, uno de los principales centros financieros de Asia apuntaló el ascenso de China y de Asia en la escena mundial al grado que para el año 2014 China rebasa a los Estados Unidos como primera potencia económica en paridad de poder adquisitivo. Se repite con este hecho el escenario de 1872 cuando EE. UU. desplazó a Inglaterra como primera potencia económica, pero el Reino Unido conserva su posición como primera potencia financiera hasta 1914, situación análoga al escenario actual en donde el dólar sigue siendo la principal divisa mundial.

Desde el fin de la Guerra Fría EE. UU. ha venido minando el orden internacional producto de los acuerdos de finales de la Segunda Guerra Mundial: Yalta, Potsdam, Bretton Woods y la fundación de la ONU apartando y dejando de lado el derecho internacional y que expresa con toda crudeza DT.

Pero la Historia que es contradictoria, asimétrica y accidentada pone las piezas en su lugar y DT a pesar de todo comprobará lo que también señaló George Bush padre en 1992: “el poder de los EE. UU. tiene límites”.
DT al reunirse con Kim Jong-Un en Singapur el 12 de junio del año en curso ha dado inicio, aun sin proponérselo y contradictoriamente, a un nuevo orden mundial: el mundo multipolar. No es que EE. UU. lo quiera sino que la realidad se lo impone.

En este juego de intereses es obvio que Corea del Sur y Japón no estaban dispuestos a ser arrastrados a un conflicto en donde ellos serían los principales afectados, a lo que se sumaron los buenos oficios de la diplomacia de China, Rusia, la ONU y de otros que jamás saldrán a la luz pública a nivel de personalidades de prestigio y corrientes de opinión pública que de alguna manera contribuyeron a este evento.

Es muy probable que dentro de poco tiempo se allane el camino para la solución del conflicto de Ucrania y se logre un acuerdo al problema de Crimea en el marco del reconocimiento de los legítimos intereses de Rusia de garantías de seguridad en los alrededores de su entorno fronterizo. Esto daría paso a una nueva Conferencia de Seguridad entre Europa y Rusia emulando la celebrada en Helsinki, capital de Finlandia, en la década de 1970.

El camino será complicado y muy accidentado. La Historia nunca ha sido un lecho de rosas, pero la tendencia ya ha sido marcada y ha de llegarse a la recta final: un mundo aunque inestable más previsible, pero a través de una senda muy dolorosa.

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Miguel Ángel Ramos Estrada

Nació el 28 de octubre de 1953, en el Distrito de Colón. En 1992 termina la carrera de Economía en la Universidad de Panamá. En el transcurso de su carrera ha sido asesor de entidades sindicales y gremiales, escritor de artículos periodísticos, analista de temas económicos en programas radiales. El Instituto de Estudios Nacionales de la Universidad de Panamá publico varios ensayos de su autoría entre los años 2008 y 2009. Una gran cantidad de sus artículos aparecen en la página de opinión del Semanario Capital editado en la ciudad de Panamá desde el año 2003.