Diez tesis sobre la teoría

Christian Jiménez Kanahuaty
Publicado en agosto 2017 en La Migraña 22
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Una salvedad

En lo que sigue, el sujeto estará ausente. No trataremos aún la concepción de sujeto históricamente ni por dentro de la academia ni en su exterioridad. Lo que implica pensar estás tesis de forma abstracta y relacionada entre sí. Sin embargo, no perdemos de vista que quién opera las teorías y las hace funcionar en un plano de inteligibilidad es el sujeto. Y es por supuesto también el sujeto quién asume el contenido de estas 10 tesis en todas sus labores, ya sea cuando se involucra con las ciencias sociales y humanas o cuando se involucra con las demás partes del conocimiento que la humanidad ha construido en el tiempo.

1. Toda teoría es criticable

Toda teoría o todo cuerpo teórico es criticable, no sólo dependiendo el lugar histórico y geográfico en el que es leída dicha teoría, sino, sobre todo, porque cada teoría tiene sus propios límites explicativos que básicamente están sellados por su enfoque y su arsenal conceptual. El instrumental conceptual de cada teoría ocurre a veces que es insuficiente porque la historia cotidiana y los conflictos en la humanidad siguen avanzando y en ese sentido, la teoría debe ser criticada desde esas posiciones nuevas de conflicto y de crecimiento, por ejemplo, del capital o de la expresión de identidades sexo-genéricas que interpelan al Estado y a la sociedad. Y por tanto articulan de un nuevo modo lo económico como fenómeno que establece jerarquías y estructuras de dominación sobre la raza a partir de la explotación de las colonias o las nuevas colonias en contextos donde formas de articulación global –como la globalización-, necesitan ser leídas, interpretadas y criticadas con otras teorías y otros modelos analíticos. Pero, además de ello, toda teoría es representación de un determinado modo de entender el mundo y por ello, también de una forma de apropiarse de él. En ese sentido, se debe pensar que la teoría debe ser criticada todo el tiempo por su precepto expansionista y colonizador. Es decir, que su carácter epistemológico marca una forma física, simbólica y material de violencia. Dicha violencia vuelve estériles a los sujetos que son interpelados por cuerpos teóricos totalizadores. Así los hace sujetos pasivos y receptivos incapaces de producir y generar ya no sólo una teoría, sino conocimientos concretos para sus propias realidades y contingencias. Una teoría por tanto debe ser criticada todo el tiempo para lograr acercarla al entendimiento de la realidad que pretende descifrar y organizar. Pero, sobre todo, debe ser cuestionada cuando su pretensión de universalidad choca con las posibilidades que tienen las sociedades de explicarse a sí mismas bajo otras matrices teóricas.

2. Toda teoría comparte conceptos con otras teorías

Toda teoría es un cuerpo que interactúa con otros cuerpos. Lo hace por medio de los conceptos. Éstos son los vasos comunicantes entre las teorías tanto dentro de una tradición como fuera de ella. Tradiciones o paradigmas o escuelas como el funcionalismo, el estructuralismo, el posestructuralismo o la teoría de sistemas comparten entre sí conceptos con los cuales interpretan la realidad. Usan los conceptos discrecionalmente, como si fuesen hechura suya solamente, cuando en realidad los conceptos crecen en el tiempo y migran de una tradición a otra. Se retroalimentan y regresan al seno que les dio origen. También es importante notar que los conceptos surgen de experiencias concretas de análisis histórico. Así, los conceptos no se encuentran solamente en un plano abstracto, sino que interactúan con la realidad y se sustentan en ella, y aunque los conceptos pueden ser cajas de herramientas, sus usos cambian. Tanto en el tiempo como en la tradición. Los conceptos son cosas que por más que se parezcan cambian, por el lenguaje, por el idioma o por la disciplina en la que se los utilice. No es lo mismo usar un concepto como cuerpo dentro de la filosofía que al interior de la sociología o dentro de las teorías de género; así, no significará lo mismo un concepto como territorio para la ciencia política que para la antropología o la historia. Es el mismo concepto, pero en cada uno de los casos, el concepto es distinto, cambia y se potencia de otro modo, atendiendo a las especificidades de cada disciplina. Así, incluso se puede señalar que un concepto tiene una característica más y es la que interpreta la realidad según sus propios principios. Un concepto es un artefacto de selección natural. Esto quiere decir que el concepto es el modo en que la teoría echa raíces y en ese sentido, el concepto selecciona la realidad para ajustarla a su medida. Y aunque esto tiene excepciones, son esas excepciones las que validan la regla. Al mismo tiempo que el concepto es una formulación gramatical de un fenómeno social, es decir, el concepto traduce en palabras lo que ocurre con las personas, sociedades, estados con nombre y apellido. Además y finalmente, los conceptos tienen una marca de identidad.

Los conceptos refieren tanto a su función interpretativa y organizadora, como a su creador. Aquel que arma un concepto o lo acuña imprime en el concepto también su visión del mundo y su propia ideológica y sus propias luchas al interior de las teorías; eso quiere decir que los cuerpos conceptuales y los conceptos a solas, tienen también a veces la presencia de su creador muy cerca, lo cual implica que su uso no es ni objetivo, ni limpio, ni ahistórico ni apolítico dado que entendemos que el autor de determinados conceptos o se enfrentaba con problemas de definición empírica concreta al interior de un cuerpo disciplinar o estaba en disputa frente a otras interpretaciones hechas por sus pares investigadores.

Un concepto interactúa y anula otros conceptos, se articula a ellos o los evita del mismo modo en que se articulan, evitan o proyectan las agendas o programas de investigación dentro de las comunidades científicas existentes. Con esto, se puede indagar en las dimensiones que tiene el concepto cuando no emerge de un cuerpo teórico prestablecido, aunque dialogue con él. Esto quiere decir que los conceptos son usados incluso cuando la misma persona que los utiliza no sabe a dónde pertenecen esos conceptos o cuál es su fondo histórico. Esto sucede cuando los conceptos son más bien palabras propias del habla cotidiana de las personas pero que tienen la potencialidad de que organizan su mundo y le dotan de sentido y en ese sentido, pasan a convertirse de palabras normales y corrientes a conceptos. Porque quedan fijos en la memoria y en la tradición de una sociedad. Los conceptos incluso llegan a ser en el terreno concreto, frases y sentencias o chistes o incluso, refranes que la gente usa para entenderse y proyectarse en el tiempo. Un concepto en realidad en la cristalización de una experiencia individual o colectiva que nos ayuda y permite hacer más entendible lo que sucede a nuestro alrededor. Y como experiencia sirve para mirar el pasado, el presente o el futuro.

3. Toda teoría se agota

Así como determinados eventos sociales, políticos y económicos se agotan, del mismo modo se agotan determinadas teorías. Las teorías sirven durante un tiempo. Tienen un tiempo límite de utilidad, así como las tecnologías, como las herramientas, como los cuerpos. se van perfeccionando, agotan su potencia ya sea porque aquello que estamos pensando ha cambiado o ha logrado generar nuevas preguntas que es necesario abordar con otras teorías, conceptos y perspectivas o porque las teorías han entrado en un proceso de agotamiento porque se demostraron erróneas.

Pensemos en las teorías que explicaban el cosmos o la evolución o los ciclos económicos y las crisis políticas o la nula inteligencia de los hombres no occidentales o la capacidad de las mujeres para entender los asuntos públicos. Todas éstas ideas eran supuestos que fraguaron determinadas teorías como aquella que establecía una relación directa entre el tipo de huesos de la mano y del cráneo con la mentalidad y las practicas criminales. Esas teorías han quedado en el olvido, pero han formado y formateado, como si fuesen programas de software, los conceptos y las teorías del presente. Pero el presente existe porque el viejo mundo en algunos de sus aspectos pudo morir. Recordemos un ejemplo más. Hasta antes de Colón y el descubrimiento se tenía la teoría de que la tierra era plana. Luego las cosas cambiaron y eso significó una revolución al interior de las ciencias físicas, químicas; pero también dentro del conocimiento de las ciencias humanas, la historia, la economía, la geografía y la astronomía cambiaron de dirección. Pensaron lo inimaginable. Eso es lo que sucede con mayor lentitud en la actualidad. Dada su abundancia, las teorías se agotan de forma mucho más lenta, pero también lo hacen porque están cada vez menos receptivas a la crítica, porque entienden que la crítica debe venir en los mismos códigos que fue escrita la teoría que se intenta debatir. Y por lo tanto demostrar su agotamiento es una labor de constancia y de recopilación de datos que deben ser vistos con nuevas formas.

Entonces, las teorías se agotan porque la realidad se encarga de demostrarles que estaban erradas o porque existen nuevas teorías que tienen mayor capacidad explicativa. Por ello quizá sea fácil de comprobar que aquellas teorías que se sostuvieron solo desde un piso disciplinar duran menos tiempo que aquellas otras que se sostuvieron en distintos pisos disciplinares.

4. Toda teoría es una serie de argumento (lógicos y concretos) resultantes de la realidad

Al aceptar la veracidad de una teoría, implícitamente estamos aceptando sus métodos y técnicas con las cuales recolectó la serie de documentación que a la postre le ha servido para confeccionar sus argumentos. Estos métodos y técnicas con las cuales la teoría pasa a ser un momento práctico de investigación no son comunes todo el tiempo entre las teorías. Es decir, que cada teoría tiene sus propios recursos y maneras de acercarse a lo que quiere conocer.

En ese sentido, conocer es un acto de transición entre la teoría hacia los métodos y técnicas de investigación, como las partes operativas del acto de conocer y de ahí a la redacción de los hallazgos. Para ello hay una simple fórmula: la redacción debe ser ordenada, sistemática y concreta. La realidad, se ha dicho todo el tiempo, es un todo complejo, desorganizado y dinámico. Lo que hace la teoría por medio de la aprehensión de la realidad es dotarle de orden, sentido y quietud. Durante un momento la realidad deja de ser ella y se convierte en una representación mental mediada por la teoría a partir de la implementación de ciertos recursos como los métodos y las técnicas de investigación.

Pero esto no es suficiente, hay un paso más por delante y es el paso de convertir todo ese conocimiento adquirido en un conocimiento general y no sólo particular. Así, lo que queda es un acto de concreción, ser concreto en lo que se va investigar. No exceder las posibilidades ni de la teoría ni de los métodos. Establecer sólo cuánto se ha visto y reconocido. En ese momento la teoría opera como artefacto que apresa la realidad y la convierte en una mínima parte de lo que en realidad es. Luego, ordena las partes según el orden de representación discursiva que se quiere establecer y demostrar. El orden no siempre es el orden en el que la realidad se presenta, sino el orden que la teoría implica, o en definitiva, el orden que el investigador quiere dar a las cosas; así como el nominador que descubre una nueva tierra, nombra las cosas según sus propios principios y asociaciones, del mismo modo, el investigador reorganiza la realidad para según sus ideas, teorías, concepciones, nombrarla de nuevo.

Por ello, la teoría no se funda sólo en un conocimiento abstracto, establecido de antemano, sino que se elabora a partir de la recolección y reorganización de lo real. Y quizá sea bueno finalizar diciendo que la teoría es una representación abstracta –por medio de palabras específicas- socialmente aceptada durante un determinado tiempo en una delimitada latitud y longitud.

5. Toda teoría es hija
de su tiempo histórico

Entonces tenemos que toda teoría es producto de un momento concreto y específico de la historia. Por ello, la revolución industrial, la revolución francesa, la revolución copernicana o incluso la revolución atómica y tecnológica, arrojan determinadas teorías para entender la dinámica de su tiempo. Hay movimientos de época en las teorías donde, por ejemplo, en distintos lugares del mundo se está pensando lo mismo, al mismo tiempo. Los debates alrededor del sujeto, de los derechos humanos, la expansión del capital, la nación, la gestión de los recursos naturales, el papel de la prensa para la edificación de las libertades civiles, o las reflexiones que propician el surgimiento de la radio, la televisión o el internet, suceden al mismo tiempo en distintos lugares, aunque sus conclusiones sean distintas en cada caso. Acá, es cuando se nota la especificidad de la realidad y la capacidad interpretativa en tonos múltiples de la teoría. Aquí, entonces tenemos el caso más concreto de los límites de la teoría frente a la realidad, ya no es que exista un acompañamiento teórico de la realidad, sino que incluso ese acompañamiento a veces es a destiempo y es difícil de calcular cuándo la teoría podrá desfasar el tiempo histórico y pensarse el futuro no como acto de predictibilidad o anticipación, sino como alerta; para demostrar incluso sus propios límites y peligros. Reclamar a la teoría un carácter más vivo tal vez no es la labor, sin embargo, pensar que la teoría solo está atada a su momento de formación es también reconocer que como representación organizada y ajustada de la realidad sus posibilidades de adelantarse en el tiempo y demostrar, quizá, su propia inutilidad, son escasas.

Esto quiere decir que inevitablemente las teorías nacen, crecen, se expanden y mueren al ser suplantadas por otras teorías. Cada tiempo histórico, por tanto, deja tras de sí la huella de su andar también en el registro teórico.

Más que adjudicar todo a la matriz temporal que no deja por ello de ser abstracta y difícil de descifrar. Tenemos que entender que los verdaderos actores de cada tiempo histórico son los sujetos y por ello, las teorías, también son hijas emancipadas de esos sujetos. Entonces, esto nos dice entonces que cada tiempo histórico genera un determinado tipo de sujeto social, político, económico y cultural y son al final del día, éstos sujetos los que elaboran teorías. Son también los sujetos los que cambian y son los sujetos los que establecen nuevas reglas de juego entre ellos. Pero como no pueden relacionarse directamente, lo hacen a través de teorías; ésas teorías son el reflejo de nuevas formas de organización social, política, económica, cultural y sexual.

Para cada una de estas nuevas organizaciones se necesita una serie de nuevas teorías. Por ello, las teorías también caen en desuso cuando los sujetos que las portaban ven que para sus nuevos fines no son necesarias esas argumentaciones. Podría decirse para concluir, que cada generación, así como necesita afirmarse frente a la anterior recurriendo al rito de la muerte al padre, del mismo modo, afronta un momento luminoso y trágico donde deja en desuso viejas teorías y propone otro universo teórico. Lo cual de momento ha significado que las preguntas hayan cambiado. Pero aún las respuestas siguen sin llegar.

6. Toda teoría al combinarse con otra teoría forma una metateoría

Llegados a este punto tenemos que ver que las teorías se relacionan entre ellas. Las teorías son como conjuntos que se asocian y forman nuevas formas geométricas y físicas con las cuales se afronta la interpretación, organización y descripción (no hay explicación sin descripción) del mundo real. Y aunque lo que viene pueda sonar a declaración de principios, cuando las teorías se asocian entre ellas bajo un esquema o programa de investigación común, lo importante es que se reconocen en su diferencia, en sus múltiples vertientes.

Así las teorías que conforman una metateoría, son básicamente propiciadas bajo un afán multidisciplinar y bajo una pluralidad de acercamientos (lo que quiere decir, en palabras más técnicas, pluralidad epistemológica) sobre el mundo palpable. Sin embargo, esa multidisciplinariedad no es suficiente para que exista una metateoría; da su carta de fundación, sí; pero lo que hace que esa metateoría empiece a funcionar es que dicha multiplicidad de disciplinas empiecen un mecanismo de conversión.

La conversión iría del reconocimiento de su multiplicidad hacia su conexión e interrelación. Eso quiere decir que se presentaría previo a la metateoría, un escenario interdisciplinar. El carácter interdisciplinar de la teoría, tiene que ver con lo estético. Con las figuras de la razón y de la experiencia que se van formando en esas interconexiones.

Hay una figura (o más precisamente, una representación) que nos podría ayudar a visualizar mejor la experiencia de la interdisciplinariedad dentro de un esquema metateórico. Esta figura-representación es el vitral, que es la expresión más justa de que la combinación de varios colores, varias texturas y varias formas conforman algo único que es simple pero totalizador. El vitral no juega a ser más de lo que es. Porque en cuanto uno se acerca a él, reconoce sus texturas, colores y partes no uniformes; pero, además, reconoce las junturas, los ensambles, los lugares en los que las piezas se conectan. Así, de cerca, tenemos un rombo rojo, o un circulo azul, o un ovalo violeta, o una figura semipiramidal cristalina, y cada una significa algo y nos dice algo, pero cuando nos alejamos, y vemos cómo cada parte se une a la siguiente y así hasta conformar el todo, observamos desde representaciones de lo sagrado hasta cuestiones relativas a la cultura popular o la política o idealizaciones de momentos históricos como guerras, revoluciones y revueltas. Esa es la metateoría. Así funciona lo metateórico. Y por ello la traslación de lo multidisciplinar a la interdisciplinariedad es necesaria. Y podemos decir, que no existe metatoería que en su interior no contenga una conjunción interdisciplinar.

7. Toda teoría es también un discurso político

Quizá este punto sea el más problemático. Pensemos que toda intervención en la realidad la transforma en mayor o menor medida. Pensemos no solamente en las personas que han muerto defendiendo los ideales y propuestas de libros como El Capital, El manifiesto del partido comunista, El Estado y la revolución, Retrato del colonizado, Orientalismo, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana o Los condenados de la tierra. Pensemos más allá de esos eventos que siguen sucediendo. Pensemos que nuestras palabras en el campo de la teoría tienen efecto, no sólo porque se hacen cosas con palabras, sino que esas palabras al nombrar las cosas de la realidad y darles adjetivos y sustantivos, hacen más imperante la necesidad de un cambio. Y es en ese sentido que la teoría es un discurso político porque transforma la realidad en la medida en que se convierte en un medio en el que la academia o aquellas personas e instituciones que se dedican a la elaboración de un determinado conocimiento, pueden incidir en la política. Es decir, en otras palabras, que toda teoría puede reformular lo público. Puede transformar, cuestionar y llevar hasta sus últimas consecuencias las políticas públicas. Cosa que no necesariamente desean hacer los políticos.

Por un lado, la teoría, entonces es un discurso político porque revela lo que se intenta ocultar. Informa de cosas que se quieren cubrir con un lenguaje burocrático. Indaga en archivos que se creen deshabitados. Señalan y generan polémica sobre cuestiones constitucionalmente refrendadas. La teoría habla a la política con el lenguaje que la política no quiere reconocer. Un lenguaje concreto donde está en juego la vida de personas, de comunidades y de territorios. Desactiva el sentido común y es algo así como una ignorante experta en hacer preguntas. Cada pregunta, cada indagación es un acto político porque cuestiona la verdad absoluta y el orden establecido por ella.

Entonces, la teoría es un discurso político porque se enfrenta con otras teorías. Defiende posiciones, reclama derechos y critica presupuestos o selecciones arbitrarias realizadas para validar un sistema de pensamiento que sólo intenta justificar un número de acciones que a la larga solo benefician a unos cuantos. Cada teoría contiene el germen de una acción política en su interior. Y como acción política no sólo están, la toma de la Bastilla o la independencia de las colonias británicas, sino que las acciones políticas son ampliaciones de derechos civiles, son visualizaciones sobre el cuerpo y sus opciones reproductivas y productivas; o la ampliación y diversificación dentro del universo del trabajo; todas éstas acciones son sólo unas pocas en comparación a todas las que existen hoy en día y a las que determinadas teorías deciden acompañar desde la reflexión y prefiguración de opciones de salida de la trampa del andamiaje discursivo del poder y de su traducción en instituciones concretas.

Y aquí la última dimensión de la faceta política de la teoría en tanto discurso que transforma lo público-estatal. Hay conceptos y teorías que surgen al calor de la contienda política y que no son sólo hechura de la academia, sino que como se ha mencionado en tesis anteriores, emergen también desde la propia práctica. Pero llegan a ser conceptos y propuestas teóricas porque son lecturas e interpretaciones de la realidad cargadas de una potencia histórica, identitaria y situada que involucra a más actores.
Uno de esos conceptos, entre muchos otros es el de plurinacionalidad. Es un concepto que al menos para los casos de países como Ecuador y Bolivia no sólo significa desmontar una serie de teorías, juicios y conceptos sobre la cultura y la diversidad social y la heterogeneidad estructural; sino que proponen pensar en nuevas articulaciones entre Estado y sociedad, y en nuevas formas organizativas al interior de los distintos niveles de la sociedad y de éstos con el Estado. Aquí, el concepto que ha sido transformado, pensado y repensado durante décadas convocando a una multitud de actores, incide en el mundo real de la política. Emerge de lo social, desde abajo, desde la acción emancipadora de organizaciones, pueblos, nacionalidades, intelectuales, activistas y universidades, pero va arriba, a la esfera de lo público y subvierte los términos. Y como respuesta, regresa abajo para reorganizarlo todo, una vez más. Ese flujo de abajo-arriba-abajo (y de nuevo una vez más), es el flujo de la política en América Latina. Es el flujo en el que se conocen y construyen las cosas. Es el flujo en el que la teoría se convierte y pasa a ser también un discurso político.

8. Toda teoría es un acto
de selección

Las teorías son un bisturí. Seleccionan, cortan, mutilan. Extraen algo que aparentemente no podría sobrevivir por sí solo, pero sí lo hace. Y es ahí cuando la representación o la figura del vitral se hacen necesaria de nuevo. Cada selección es un acto de nombrar y de ver sus múltiples capas, de pensarlas por separado, de identificar cuestiones importantes. Ahora aquí está el problema. O en realidad lo que se ha pensado que es un problema. Y es el siguiente que esa selección no siempre está guiada por la razón o por manuales o conocimientos preexistentes. Las selecciones son arbitrarias. Las selecciones son subjetivas, es decir, personales y valorativas. No hay limpieza en eso, hay suciedad, compromiso, interacción, fuerza, oposición a algo, duda, incertidumbre y caos.

La teoría que se funda en investigación emerge de todo esto. Y para muchos éste es un problema porque se ha pensado que la teoría como acto de la razón, en su nivel de abstracción más cristalina no puede involucrarse con lo terrenal. Cuando en realidad si existen teorías es porque existe lo terrenal, y esto no es simple ni homogéneo, necesita ser entendido por partes, pero cada parte seleccionada implica, por supuesto, que se dejó de lado, otra parte. Las selecciones son actos naturales, ya se sabe eso desde el surgimiento de una de las teorías más influyentes en la humanidad.

Entonces, el reflejo es que existan teorías selectivas, organizadas a discreción y bajo el fuego cruzado de las pasiones sociales, políticas, culturales, estatales y geopolíticas. Así, las teorías también pueden ser usadas como selecciones para una obstrucción del conocimiento, porque sabemos que toda exclusión, genera un error. Pero acá no hablamos de excluir acontecimientos, eventos o ejemplos o prácticas que nos impidan pensar mejor o que hagan mella a nuestro argumento. Pensamos más bien en la dimensión de que cuando se haga una selección, para establecer una teoría, dentro de esa selección que hayamos realizado, agotemos sus posibilidades; démosle vueltas, pongámoslas cosas de cabeza y veamos qué más sale.

La selección es el primer paso, el siguiente es su agotamiento, agotar todo cuanto exista al interior de la selección realizada. Falsear, reducir o subestimar no implica solamente un error en la formulación de la teoría o en que algo pasó con los métodos y las técnicas, significa que cuando esa teoría baje a tierra, en la realidad concreta (llena de hombres, solos, familiares, letrados o no, con o sin trabajo, diversos en sus adscripciones sexo-genéricas, y etc.), algo cambiará. Y si cambia cuando la teoría o los conceptos bajen a la realidad, el cambio que exista, cuando la teoría desarrollada que ha sido fundada en un error, reducción o prejuicio, será capaz de generar mayor caos, crisis e inestabilidad, por lo que aquello que intentaba resolver en ese momento se convierte en un problema mayor.

9. Toda teoría tiene efectos prácticos

Usualmente se piensa que la teoría es sólo un acto de egoísmo académico. Que la teoría es sólo un lenguaje sofisticado que valida unos conocimientos en relación a otros. Esto no es así necesariamente: ciertamente la teoría se ha construido como tal bajo un precepto de conocimiento absoluto, de la realidad, de los cuerpos, de los hombres y de los estados. Esas teorías ejecutaron hombres con el escudo de la razón. Esas teorías construyeron naciones y pensaron las revoluciones y el modo en que se debía irradiar las ideas de la burguesía a los de abajo. Pero el tiempo ha hecho lo suyo y las teorías han ido cambiando no sólo de lugar sino de finalidad, ya las teorías no se realizan sólo desde occidente, sino desde todos los lugares de la tierra.
América Latina se ha revelado como una gran productora de teorías, que no siempre han necesitado pasar por la matriz del positivismo para ser validas, necesarias y útiles para la vida de las personas. Teorías que han emergido con la fuerza de la multitud en las calles y en enfrentamientos contra el poder. Pero todas estas teorías generadas desde la academia tienen efectos prácticos, ofrecen salidas a las crisis y vuelven a pensar dinámicas sociales y construcciones estatales. Pero además de ello, uno de sus efectos prácticos es el dialogo. Aquí la conexión entre teorías y práctica genera un nuevo vínculo. Pero que ya no es multidisplinariedad o interdisciplinariedad, es transdiciplinariedad.

La transición de conocimientos entre disciplinas y prácticas es lo que dota de espesor y sentido a las acciones y a las reflexiones en periodos de incertidumbre, crisis y de reformulación del sentido de lo común y de lo público. El efecto práctico de la teoría es construir otro mundo y otras reglas de juego dentro de la dupla conformada por democracia y libre mercado. El efecto práctico también es llevar a ese binario a otros niveles y radicalizarlos para demostrar su impostura. Es decir, revelar que bajo esa capa de construcción binaria se esconden muchas más acciones, nociones, prácticas, herramientas de domesticación, segregación y exclusión, tanto dentro de fronteras establecidas como fuera de ellas.

Nombrar que los binarios no son suficientes y traducir ese nombramiento en políticas concretas, es parte de la acción y de la práctica teórica. Pero también el ejercicio de la transición entre disciplinas es o debería ser, una práctica política de la teoría. Lo que en otras palabras quiere decir que, las disciplinas desarrolladas por comunidades indígenas, sociedades organizadas bajo modos no capitalistas de producción, acciones colectivas de enseñanza-aprendizaje, gestión del territorio, cooperativas, centros barriales comunitarios, universidades abiertas, que son sólo algunas de las formas de la resistencia creativa de las personas que pasaron a ser proyectos sólidos y demostrativos de que existen otras vías, puedan ser pensadas también en otros espacios. Trasladar ese saber hacer y ese conocimiento cotidiano a las disciplinas más académicas para nutrirlas y reformularlas y a la inversa, pasar el conocimiento y la experticia propia de las teorías al terreno de las acciones concretas y ver cómo pueden hacer un acompañamiento sostenido y crítico a esas dinámicas y claro, en la medida de lo posible también servirles de insumos para repensar o reevaluar algunas de las estrategias. La transdisciplinariedad en este sentido acoge un sentido práctico político y académico, esto por supuesto nos lleva a la siguiente tesis.

10. Toda teoría local puede convertirse en teoría general

Las disciplinas en tanto modos de resolver la vida y gestionar el futuro a partir de una articulación práctica de todas las voluntades al interior de determinados grupos sociales, arrojan modos de hacer, prácticas cotidianas y pasos en los que se debe hacer algo. Pero estas cuestiones prácticas de dichas disciplinas, no salen de la nada, surgen después de un proceso de reflexión, de prueba y error y de ajustes. Por tanto, ese saber hacer, implica también que la teoría está en un nivel distinto. La teoría ya no está solamente anclada en los centros académicos o en la voz occidental positivista o estructuralista o funcionalista o deconstructivista de algunas personas denominados como intelectuales, está también en el terreno, en el territorio donde la vida tiene nombre y apellido y la familia está ligada a la economía de formas no imaginadas pero reales en su especificidad.

En ese sentido, porque todos transforman, conocen e interpretan su mundo desde el hacer cotidiano, se convierten también, en intelectuales. En creadores de teoría. Y así una teoría global y general, surgida en una determinada academia o centro de investigación, puede pasar al terreno local, al lugar concreto de la vida social y convertirse en una teoría local; y una teoría local, surgida en esas condiciones, entre la multiplicidad de voces del territorio, puede pasar y convertirse en una teoría global, porque puede ayudar a interpretar otros lugares o arrojar luces en otros espacios académicos o de la experiencia que están lejanos, pero que comparten las mismas inquietudes, preguntas y búsqueda de respuestas.

Su carácter transdisciplinar es la posibilidad de moverse casi de forma anfibia entre ambos mundos. Y en ambos mundos mantener independencia, capacidad de autocrítica, ferocidad argumentativa y posibilidades de puesta en práctica. Significa radicalizar el discurso teórico para que las teorías no tengan jerarquías, para que el conocimiento genere respuestas y no fronteras; para que el saber y la búsqueda de respuestas alimenten nuevas y mejores metodologías, perspectivas analíticas y modos de argumentación que respondan a su vez a la multiplicidad de voces, sentidos y lugares desde los que se produce teoría en tanto conocimiento colectivo.

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Christian Jiménez Kanahuaty

(Cochabamba, Bolivia-1982). Es politólogo y tiene la maestría en sociología por FLACSO, Ecuador. Tiene publicadas las siguientes investigaciones: Movilización indígena por el poder (Ed. Autodeterminación, 2012, Bolivia); La maquinaria andante (Ed. Abya-yala, 2015, Ecuador). El libro de ensayos: Ensayos de memoria (Ed. Autodeterminación, 2014, Bolivia). Invierno, su primera novela se publicó en 2010, luego en 2011, se publicó la segunda novela llamada Te odio. Tiene dos libros de cuentos: El Mareo (2008) y No quedan tardes de verano (2015). Es parte de las antologías de poesía Tea Party I (Cinosargo, Chile) y Letrasértica. Traductores del silencio (México, 2013), Y de la antología de cuentos Una espuma de música que flota (Jaguar ediciones, Ecuador, 2015). Colabora permanentemente con suplementos literarios de Ecuador, Bolivia, Chile, España y Argentina.


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