La integración entre el trabajo manual y el interlectual

El cambio tecnológico en el pensamiento de Marx

Carmen Olalla Domínguez Godínez
Publicado en agosto 2018 en La Migraña 27
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La obra de Marx parte de la preocupación por comprender el funcionamiento del capitalismo, al profundizar en el estudio de las relaciones, leyes y contradicciones que orientan el movimiento del capital, contenidos que constituyen el núcleo principal de su Crítica de la economía política. El pensamiento de Marx concibe la dinámica económica como una relación que se establece entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, elemento determinante para comprender su análisis del cambio tecnológico.

Marx asignó un importante papel a la tecnología y al cambio tecnológico. Nathan Rosenberg (1979) afirma que “una de las razones más importantes de la eficacia de la estructura de Marx para analizar el cambio social radica en el hecho de que el propio Marx fue un cuidadoso analista de la tecnología” (Rosenberg, 1979: 56).

Para Marx el capitalismo es un sistema generador de incrementos de productividad sin precedentes en el dominio del hombre sobre la naturaleza. Marx asociaba esta capacidad a la estructura social y económica del capitalismo, capaz de crear grandes incentivos para la producción del cambio tecnológico, al entender que la “burguesía es una clase única como clase dirigente porque, a diferencia de todas las clases dirigentes anteriores, cuyos intereses económicos estaban unidos al mantenimiento del statu quo, la esencia del dominio burgués es el dinamismo tecnológico1“La burguesía no puede existir sin revolucionar incesantemente los instrumentos de producción, y con ello todas las relaciones de la sociedad. La conservación de los viejos modos de producción en forma inalterada, era, por lo contrario, la primera condición de existencia de todas las clases industriales precedentes” (Marx y Engels, 2013: 54).” (Rosenberg, 1979: 141).

De esta forma la técnica aparece como la base material por la que se concretan los elementos vinculados al proceso de trabajo y la tecnología como conjunto integrado de elementos físicos e intelectuales involucrados en la actividad productiva, los cuales se integran dentro del concepto de fuerza productiva, concebida esta en su sentido amplio (Vergara, 1989). Dichos elementos hacen del cambio tecnológico una de las claves que impulsan el desarrollo de las fuerzas productivas, que se inscriben en el marco de una economía “donde las relaciones de tipo capitalista definen unas reglas de funcionamiento específicos a ese tipo de sociedad” (Vence Deza, 1995: 2), y que de manera genérica serán expuestas a continuación.

Para poder abordar aspectos centrales del análisis de Marx sobre el cambio tecnológico, hay que tomar como punto de partida el análisis que hace el autor del proceso tecnológico. Al contrario de lo que comúnmente se cree, Marx entiende que el surgimiento del capitalismo como modo de producción “no surge con el maquinismo y la industrialización (la innovación tecnológica), sino que surge previamente con la manufactura” (Vergara, 1989: 131). Marx considera que la superioridad económica de la manufactura capitalista hay que encontrarla en el incremento de la intensidad del trabajo y de la consecución de las economías de escala, argumentos por otro lado comunes al enfoque de la economía política clásica. El paso del artesano al taller y la división del trabajo que se produce en él, incrementa los ritmos de trabajo por un lado, y facilita el control capitalista del proceso de trabajo, por otro. Todo ello, junto a la reducción de costes derivados del “uso colectivo de ciertos medios de producción”, explica ese incremento primero de productividad y el surgimiento de economías de escala después (Marx, 1975, I, 391).

En comparación con otras formas de organización del trabajo previas, en el capitalismo, cuando un grupo de trabajadores asalariados opera en un mismo local bajo control de un capitalista, se produce un cambio crucial como consecuencia de que el capitalista pasa a disponer de la capacidad efectiva de “modificar el proceso de producción, la tecnología” y, el cambio tecnológico, a diferencia de la etapa en la que el trabajador –artesano– era productor directo, lo que permite afirmar que el capitalismo es: “la directa subordinación del proceso laboral al capital” (Vergara, 1989: 133). De este proceso surge “una nueva lógica”, una novedad que representa la primera gran aportación de Marx al pensamiento sobre el cambio tecnológico, al entender la tecnología y el cambio tecnológico como un “producto social”.

Al entender la tecnología como una “relación social materializada”, Marx cuestiona la visión dominante del pensamiento económico sobre el carácter lineal del progreso tecnológico, lo que obliga a centrarse en la compresión de cómo el estado de las relaciones sociales de producción abren o cierran espacios de aplicación a las tecnologías socialmente disponibles.

El abandono de todo esquema objetivista, de raíz weberiana2Ver Weber, Max (2007). El político y el científico. Alianza Editorial, Madrid., de la ciencia, permite a Marx afrontar la pregunta central de cuál es el mecanismo que fuerza a los capitalistas a introducir nuevos métodos de producción. Para Marx la respuesta no es otra que la presión de la competencia3Leer capítulo X del libro I del El capital..

El pensamiento de Marx está marcado por la hipótesis de que el objetivo que define el comportamiento capitalista es la maximización de beneficios con vistas a su autoexpansión, a través de una dinámica competitiva.

La adopción de cambios tecnológicos e innovaciones por parte del capitalista se dirigen al objetivo de reducir costes, como medio de obtención de beneficios diferenciales, a través de la reducción de precios, que para Marx es “el arma decisiva de la competencia”. Los capitalistas que consiguen reducir sus precios vía costes pueden incrementar su participación en el mercado, con lo que aparecen nuevas posibilidades de reducir costes, cuya presión competitiva fuerza al resto de capitalistas a adoptar un nuevo método de producción, a aplicar una nueva innovación o a impulsar un cambio técnico; el capitalista que no lo haga tenderá, por tanto, a ser eliminado4“La lucha de la competencia se libra mediante el abaratamiento de las mercancías. La baratura de estas depende, ceteris paribus, de la productividad del trabajo, pero estas a su vez, de la escala de producción. De aquí que los capitales mayores, se impongan a los menores” (Marx, 1975, libro I, 779)..

El argumento de Marx permite explicar la dinámica competitiva con relación a la necesidad de aumentar la productividad de manera continuada. Al ser el objetivo de los capitalistas el aumento de los beneficios, dicha finalidad solo será posible en la medida en que aumente la productividad y así pueda aumentar el excedente, y en particular dentro de él, la parte que representa el beneficio. El cambio tecnológico “es la única vía que permite ese aumento continuado y en el tiempo de la productividad, lo que justifica que dicha dinámica de cambio tecnológico se imponga a todos los capitalistas”, manifestándose como una materialización de la competencia en cada rama (Vence Deza, 1995: 13).

De esta forma, para Marx, el cambio tecnológico bajo condiciones capitalistas implicaba un sesgo ahorrador de trabajo que conduce a abordar la relación existente entre cambio tecnológico y desocupación —ejercito industrial de reserva—, de tal manera que la presión sobre la variable salarial aparece como un factor que impulsa la aceleración del cambio tecnológico5Explicación que, partiendo de Marx, permite a Vence Deza abordar la “estrategia de multinacionalización de las empresas a partir de la década de los sesenta-setenta”.. Es un debate histórico que dentro de la Economía política clásica existió en relación al impacto del cambio tecnológico sobre el empleo, debate que sigue vigente.

Marx entendía que el cambio tecnológico deriva de la lógica objetiva del sistema, que en el curso de la acumulación llega a un punto tal que “la productividad del trabajo social se convierte en la palanca más poderosa de la acumulación” (Vence Deza, 1995: 41). Así el desarrollo del cambio tecnológico —acumulación de mayor capital fijo en detrimento del capital variable— reduce las necesidades de fuerza de trabajo y en consecuencia reduce su dependencia respecto a la oferta de trabajadores, al tiempo que incrementa la dependencia de estos para con el capital. El capital “gana autonomía” respecto al mercado de trabajo en general, y respecto a la plantilla en particular, “al reducir la demanda de fuerza de trabajo consigue una menor presión sobre los salarios no solo para el conjunto sino también para la propia empresa” (Vence Deza, 1995: 18).

En los Grundrisse, la problemática de la productividad del trabajo y su apropiación por el capital, se aborda desde el desarrollo de las fuerzas productivas y su apropiación por parte del capital bajo la forma de capital fijo, y el papel que juega la tecnología en dicho proceso. Es precisamente “al analizar el capital fijo donde encontramos las reflexiones más directas de Marx sobre las consecuencias de la aplicación de las ciencias a la producción material” (Vence Deza, 1995: 52).

De esta forma la productividad del trabajo estaría determinada por dos grandes fuerzas: la profundización del carácter social del trabajo y su extensión, y la aplicación creciente de la ciencia a la producción. En relación a la tecnología y la introducción de nuevos medios de trabajo (Marx, 1972, vol. 2: 86).

Lo característico para Marx del modo de producción capitalista es que el proceso de cambio tecnológico está guiado por el capital y, como consecuencia, este se apropia de los resultados del desarrollo de las fuerzas productivas. De esta forma, en la manufactura lo característico sería la división del trabajo y, en cambio, en la industria moderna aparece una nueva combinación entre la organización del trabajo y la propia base técnica y científica materializada en el capital fijo.

La objetivación de la ciencia en los “sistemas automáticos de maquinaria” adopta la forma económica de capital fijo, lo que trae como consecuencia, la exteriorización de la ciencia respecto de los trabajadores. De ahí se deriva “una consecuencia económica importante porque en la producción capitalista la ciencia y el trabajo no juegan el mismo rol” en tanto que el trabajo forma parte del capital variable y es pagado y adquirido como tal, en cambio la ciencia se incorpora en el capital constante bajo la forma de medios de producción. La ciencia, al presentarse en el proceso de producción incorporada en los medios de producción, aparece como capital fijo, que se enfrenta y domina al capital vivo.

No puede entenderse, por tanto, la concepción del cambio tecnológico dentro de la obra de Marx, como una realidad que surja y pueda explicarse desde una variable unicausal relacionada con el beneficio. Marx no explica solo el cambio tecnológico como una manifestación de lo económico, sino que sería el resultado de una dinámica más amplia, incorporando explícitamente la dimensión social como fuerza impulsora del cambio tecnológico, como son, entre otras, el movimiento social en favor de las transformaciones de las condiciones de vida, del salario y de trabajo, pero también de la seguridad, la higiene o la salud laboral6“Antes de la prohibición de que las mujeres y los niños con menos de 10 años trabajasen en las minas, el capital encontraba su utilización…, perfectamente de acuerdo con su código moral… de modo que solo después de la prohibición legal pasó a echar mano de la maquinaria” (Marx, 1975, capítulo XIII, 3.c del Libro I: 448)..

De lo expuesto se puede “rastrear” en Marx una explicación del cambio tecnológico desde una variable específicamente tecnológica, resultado de una concepción sistémica de la tecnología, donde ciertos cambios técnicos son exigidos por otros cambios técnicos. La explicación de estas interdependencias resalta al tomar Marx en consideración, “no solo las exigencias técnicas dentro de un proceso de producción o en el interior de una rama, sino también al observar su influencia a través de las relaciones inter—industriales, y particularmente, en la infraestructura y otras actividades de carácter horizontal ” (Vence Deza, 1995: 22).
Es poco conocido y estudiado el planteamiento de Marx de analizar el cambio tecnológico como un medio ahorrador de capital, ahorrador de medios de producción. Un aspecto que merece un tratamiento especial es el relacionado con la reducción del tiempo de circulación resultante de las radicales transformaciones de los transportes y comunicaciones producidas. Otro aspecto destacado es el cambio tecnológico relacionado con la necesidad de reducir los costes relacionados con la producción a gran escala, “que permitiese el tratamiento y comercialización de subproductos y residuos que generan costes ligados a su eliminación” (Vergara, 1989: 140).

Para finalizar

Es necesaria una consideración con relación a la concepción de Marx sobre la tecnología y cambio tecnológico de gran interés para la actualidad. Una idea central de lo visto en los párrafos anteriores es que la incorporación de la ciencia y tecnología en la producción requiere de la intervención del trabajador colectivo, como consecuencia de la necesidad de asimilar y adaptar conocimientos ya existentes en otros espacios o en otros ámbitos de la ciencia y de la producción a una necesidad concreta y en unas condiciones específicas. Esta exigencia parece acentuarse en la actualidad, con la creciente integración entre trabajo intelectual y el trabajo manual, o dicho de un modo más específico, entre la ciencia y la producción, que abre el debate sobre la integración entre la investigación y la producción, y de la ciencia como fuerza productiva directa.

Bibliografía

  • Horowitz, David (1973). Marx y la economía moderna. Cien años de teoría económica marxista. Editorial Laia. España.
  • Marx, Karl (1975). El capital. Fondo de Cultura Económica. México.
  • Marx, Carlos y Engels, Federico (2013). El Manifiesto del Partido Comunista. Fundación de Investigaciones Marxistas, Memoria y Cultura Fundación Andaluza y Fundación Domingo Malagón. Disponible en web: http://www.pce.es/descarga/manifiestocomunista.pdf
  • Rosenberg, Nathan (1979). Tecnología y economía, Editorial Gustavo Gili S.A. España.
  • Vence Deza, Xavier (1995). Economía de la innovación y del cambio tecnológico: una revisión crítica. Siglo XXI. España.
  • Vergara, Josep María (1989). Ensayos económicos sobre innovación tecnológica. Alianza Editorial. España.

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Carmen Olalla Domínguez Godínez

Diplomada en Óptica y Optometría (UCM). Master en Optometría Avanzada y CC de la Visión (Universidad de Valencia). Profesora de Óptica y Optometría en el Departamento de Optometría y Visión en la UCM.

Responsable de la sección de Ciencia y Tecnología de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM): organización de dos convocatorias del Congreso UniCiencia. Responsable de la secretaría de Ciencia y Universidad de Izquierda Unida. Miembro de la dirección ejecutiva de la Federación de Enseñanza de CCOO en Madrid.