Sobre el sujeto y la historia universal

El escape y la narrativa de la historia

Carlos Roberto Arias Pérez
Publicado en febrero 2018 en La Migraña 25
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Introducción

Un debate respecto la construcción de narrativa de la historia; necesariamente gira en torno a las siguientes interrogantes ¿quién es el sujeto en y de la historia?, ¿realmente en la historia existen leyes universales?, a estas dos habrá que sumar: ¿las sociedades modernas tienen algún otro sujeto? y finalmente ¿es posible pensar –y actuar– respecto a una posible escapatoria?

Para analizar la construcción de una narrativa en la historia es necesario partir de la identificación de los criterios y de la identificación del sujeto en la historia propio de las sociedades modernas y así indagar la existencia de una posible escapatoria a esta narrativa.

El sujeto

Se parte de la construcción del sujeto en la historia, para ello es necesario referirse a Spivak, Althusser y Guha a partir de potentes ensayos: ¿Puede hablar el sujeto subalterno? (1988), La filosofía como arma de revolución (1968); La prosa de contrainsurgencia (1997). La importancia de remontarnos a semejantes obras es por significar textos fundamentales en el pensamiento estructural-pos colonial.

La construcción del debate respecto al sujeto histórico, se da y responde a un determinado periodo, es decir la fecha en la cual el tema del sujeto en la historia se vuelve más relevante tiene un momento determinado, esto por la importancia que adquiere el tiempo en las sociedades modernas, donde la historia es dividida de acuerdo a divisiones periódicas, casi siempre marcadas por momentos constitutivos (Tapia, 2016, p. 16) en el caso del sujeto histórico este se sitúa a inicios de la década de 1980 – 1990, un momento marcado por el agotamiento en la lógica del Estado regulador-interventor y el fin de los grandes relatos (Lyotard), respectivamente. El fin de los meta-relatos permite un impulso en los debates desde la academia, donde el sujeto –subject– es desarrollado.

El sujeto en la historia puede ser entendido desde tres formas: el sujeto-tema, el sujeto-sujeto y el sujeto-súbdito. La formación de este sujeto es una construcción histórica, es decir cada momento, cada etapa tiene un distinto sujeto construido históricamente. “no existe nada en lo profundo de nosotros mismos más que aquello que nosotros mismos hemos introducido” (Fornari, 2001, p. 7)

El desarrollo histórico junto con la construcción del conocimiento significa también un mito fundante de la modernidad, desde la razón a la presunción de la verdad, (Horkhaimer) “lo que hay en este periodo (Siglo XVI) es un cambio, no un cambio respecto a cómo se adquiere el conocimiento, sino, más bien, respecto a quien es el que ocupa ese lugar”. En las sociedades modernas el desarrollo histórico se convierte en una línea unidireccional, donde se lanza la flecha del tiempo histórico hacia adelante en un sentido progresivo, sin vuelta cíclica hacia atrás. (Tapia, 2013, p. 102)

Si bien antes el conocimiento era obtenido por revelación –ligado a dios–, luego este sitial es asumido por la ciencia, dando lugar a la división del conocimiento sujeto-objeto (mundo) la cual alcanza su forma –momento– definitivo y su eficacia operativa recién a principios del Siglo XX. (Descola, 140).

Los sujetos y la forma en la que estos dicen algo es mediante un determinado orden: el lenguaje, en este caso el lenguaje es considerado como el medio para la expresión de la interioridad del sujeto o la realidad del mundo. Al crear el conocimiento, también se va creando lenguaje como forma, el conocimiento a la vez es ciencia que tiene como fin –léase pretensión– la representación del mundo desde ese conocimiento. Esta interpretación del mundo y de la historia significan a la vez los principios de la metafísica.

Existe una equivalencia en la representación del mundo que hace el conocimiento sobre el mundo el cual tiene un orden y una razón, semejante a la idea de lenguaje. Entonces, ¿acaso el mundo –y la historia– tiene una razón?, ¿hay algún orden susceptible a ser hallado? La idea de que en el mundo habita un lenguaje, la palabra tiene un origen teológico. Es decir, la ciencia que aparentemente es liberación de la razón es al mismo tiempo teológica. Lo que se intenta decir es que el mundo es creación y por lo tanto materialización de una razón y una narrativa.

Es correcto asumir que una interpretación teológica del mundo, la verdad y la historia tiene semejanzas con una teoría general de la historia, marxista, por ejemplo. Que explica la historia por etapas1 en las cuales existe una necesaria idea de transformación de un modo de producción en otro (Fernandes, 2015, p. 19), pues, entendidos así son elementos de una metafísica, supuestamente superada por la ciencia.

En la contemporaneidad se da la irrupción de la historia entendida como la búsqueda de lo que ocurrió en realidad, que tiene como idea implícita la afirmación de que existe una realidad tal cual –fue– esta es (Claros, 2016, p. 112) de esta forma la única función de la historia sería su representación, sin embargo, la historia se construye. La forma de construcción de esta es mediante narrativas. La construcción de narrativa tiene un sujeto, un héroe, un protagonista, sea este una persona o un ideal, es a partir de este sujeto que los otros acontecimientos adquieren un sentido, es decir solo en relación al sujeto. En las sociedades modernas este sujeto es el Estado, por lo tanto, no existe una narrativa histórica sin Estado. De esta forma el criterio que permite el ingreso a la historia está en función a su relación con el Estado, si no tiene relación entonces no es historia. Entonces el sujeto en la narrativa de la historia es el Estado, es decir la construcción de la narrativa en la historia está y estuvo relacionada en función del sujeto. Por lo tanto, esta narrativa da lugar a una selección de los momentos históricos, no todo es historia, existe un criterio que indica que ingresa a ser parte de la historia y que no, este criterio no es explicito todo lo contrario el criterio de selección es la relación frente al sujeto Estado, esta construcción se da por la necesidad de reproducción de la producción, que se repite y se repite como hilo sin termino (Althusser, 1968, p. 104).

La determinación y el criterio de selección permiten, a la vez, un proceso de construcción. La mencionada insurgencia se daría lugar en la historia en la medida en que esta afecte al Estado. Como ejemplo se tienen distintas lógicas de representación-construcción de historia en base a un determinado hecho, Octubre Negro, por ejemplo, que para un determinado medio de comunicación puede representar y englobar una lógica de racionalidad contenida y a la vez en otro medio de comunicación puede ser entendido como un acto de completa irracionalidad, donde los rebeldes son personas meramente empíricas (Guha, 1997, p. 43). Ambos puntos de vista dicotómicos en apariencia siempre se dan desde la óptica del estado. Es decir, a pesar de que un hecho siempre es considerado como irracional en la medida que este intente quebrar al sujeto-Estado y como opuesto se tiene la lectura del mismo hecho como una representación que consigue englobar racionalidad emancipadora contenida. Sin embargo, ambas responden a la narrativa de este sujeto-Estado, la cual nos engloba a todos puesto que el presupuesto de selección de narrativa histórica permite también la construcción de nuestras propias identidades a partir de la ideología como el sistema de ideas y representaciones, que domina el espíritu del hombre (Althusser, 1968, p. 128).

La necesidad del relato como escapatoria

La representación de la realidad tiene un principio de construcción, que tiene un sujeto preponderante, que da la construcción de la historia. En todas las sociedades modernas, la hegemonía del estado como sujeto central es su principal característica. El Estado hegemoniza la sociedad, todos pensamos como el Estado. Una insurgencia –por ejemplo– solo es considerada en la medida en que afecta al Estado, puesto que la insurgencia solo es parte de la historia en la medida en que intente quebrar la razón de Estado.

Entonces: ¿qué sucede cuando una determinada sociedad se encuentra al margen del estado?, ¿el Estado logra interpelar a todos? O ¿su influencia puede ser parcial? Hay segmentos que no están organizados por el Estado, el estado ha interpelado a todos, ¿se puede pensar en la ausencia estatal? No nos referimos acá de la representación sino más bien de la construcción; Octubre Negro, la toma de Achacachi, solo por citar algunos problemas coyunturales.
Es menester, hacer referencia a la abundancia de más preguntas que respuestas en el ensayo, sin embargo, se considera que su importancia es fundamental, puesto que estas preguntas son también reflejo de la búsqueda de una escapatoria, entonces ¿La insurgencia puede emanar de los márgenes del Estado?, la escapatoria puede ser posible siempre y cuando se tenga una lógica propia, entonces el relato se convierte en fundamental en detrimento a los discursos del Estado. Si bien es posible explicar la insurgencia con su propia lógica y no con base en la lógica del Estado. Nuevamente surge una interrogante: ¿Cuándo se cuenta la insurgencia se cuenta la insurgencia o se cuenta el Estado?

El sujeto de la narrativa personal termina siendo el Estado, las narrativas al marcar un fin son necesariamente teleológicas, en las sociedades modernas, el sujeto histórico es el Estado por lo tanto este tiene un ámbito de influencia, sin embargo hay segmentos en la sociedad que no están influenciados, es decir segmentos donde no existen procesos de subsunción del sujeto, el Estado no ha interpelado a todos, existen los momentos de ausencia estatal.2 Nosotros actuamos y nos interpelamos a partir de esto, debido a que el discurso no sólo es creado desde el Estado, sino también porque este relato construye nuestra identidad, y por lo tanto es generador de identidad, la narrativa es la construcción del que la relata el Estado a partir de los aparatos ideológicos.

Bibliografía

Althusser, L. (1968). La filosofía como arma de la revolución. Traducción de Oscar del Barco. México: Siglo XXI.
Claros, L. (2016). Traumas e ilusiones el “mestizaje” en el pensamiento boliviano contemporáneo. La Paz: Cides UMSA
Fernández, C. (2015). Gramsci y Althusser. Buenos Aires: Bonalletra
Fornari, A. (2001). Entre Rorti y Gadamer. Argentina: CONICET
Guha, R. (1997). Debates poscoloniales. Colombia: Gente nueva.
Tapia, L. (2013). De la forma primordial a América Latina como horizonte epistemológico. La Paz: Cides UMSA
Wallerstein, I. (coor) (1996). Abrir las ciencias sociales. México: Siglo XXI.

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Carlos Roberto Arias Pérez

Nacido en La Paz, Bolivia, Licenciado en Economía de la Universidad Mayor de San Andrés (2012), con estudios en Sociología, actualmente cursa la Maestría en Filosofía y Ciencia Política en el CIDES-UMSA. Fue docente en la Universidad Católica Boliviana, docente investigador de la Universidad Pública de El Alto y Coordinador de Posgrado en la Carrera de Economía de la UPEA.