Nuevo actor en la política latinoamericana

El peligro de las iglesias evangélicas

Miguel Torres Romero
Publicado en enero 2019 en La Migraña 29
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Los grupos evangélicos son un nuevo actor en la vida política latinoamericana y se han propagado sagazmente en cada país logrando una inédita influencia, ganando terreno al monopolio que había ostentado el catolicismo desde hace siglos. Su poder crece día a día como contracara al avance de los movimientos feministas, de las minorías sexuales e identidad de género, con un discurso conservador, autoritario y totalizador.

La confianza en la iglesia en América Latina ha bajado diez puntos porcentuales en los últimos cinco años, de 73 % en 2013 a 63 % en 2018, según el Informe 2018 de Latinobarómetro. Baja impulsada principalmente por los escándalos de pedofilia en la Iglesia Católica que han involucrado sacerdotes y obispos y que han sido sancionados por el Vaticano.

El estudio detalla que Chile es el país que tiene el más bajo nivel de confianza en la iglesia, llegando sólo a un 27 % producto de los graves escándalos de pedofilia y el encubrimiento de ellos que hizo la jerarquía de la Iglesia Católica chilena, un mínimo histórico en una sociedad altamente influenciada por la religión, aunque la mayor parte de la población sigue declarándose católica. Por otro lado, en los últimos diez años ha existido un fuerte proceso de secularización alcanzando un 25 % de agnósticos y personas que se declaran sin religión.

Uruguay, el segundo país con más agnósticos de la región, tiene un 36 % de confianza en la iglesia. Le siguen El Salvador y Argentina con un 52 %. En el lado opuesto, los que más confían son Paraguay con 82 %, Panamá con 78 %, Honduras con 75 %, Venezuela 74 % y Brasil 73 %. En este caso, ese alto porcentaje de respaldo está vinculado al surgimiento en el último tiempo de nuevas denominaciones religiosas, principalmente protestantes.

La pérdida de poder de la Iglesia Católica, la escasa confianza que tienen en ella y la poca capacidad de retener a sus fieles, además de la creciente crisis de representatividad de los partidos políticos, ha ayudado al incremento de las instituciones religiosas pentecostales y neopentecostales, y a que estas puedan entrar fácilmente en el tejido social y actuar desde ahí como “salvadores” de la fe, la vida y la política.

De esta manera, vemos como grupos evangélicos ingresan en los barrios, principalmente carenciados, llevando un discurso de esperanza y cercanía con Dios, aprovechándose de ello para levantarse como fuerzas sociales de masas ultraconservadoras, dogmáticas y críticas del sistema social y político, siendo la moral su bandera de lucha y buscando “adecentar” la política de tantos actores corruptos y deshonestos.

En una investigación del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), titulada Iglesias evangélicas y el poder conservador en Latinoamérica, se establece que los pastores de estas iglesias se caracterizan por su capacidad de oratoria y carisma sobre las multitudes, y que utilizan una doctrina religiosa centrada en la difusión y estudio del evangelio, en búsqueda del “avivamiento y encuentro con el espíritu santo como experiencia vital del pentecostal”, lo que hace que los “feligreses tengan una identidad y fuerte adhesión a su Iglesia de base”. Asimismo, señala que el evangelismo explota políticamente su gran despliegue mediático, gracias a sus propias emisoras, canales de televisión y redes sociales, que deja en desventaja a los demás candidatos del sistema político, ayudados de una “gran capacidad económica ligada al aporte-convicción de sus feligreses”, con “posturas ultraconservadoras en relación con la familia y restrictivas de las libertades sociales” y que son fervientes “defensores del neoliberalismo y la sociedad de consumo”.

Los evangélicos interpretan las escrituras bíblicas como argumentos políticos en contra de procesos progresistas, plantándose con una “oposición conservadora a cualquier alteración del orden patriarcal de los roles de mujer y hombre, de cualquier aspecto sexual distinto a la reproducción y niegan cualquier idea liberal o progresista de la familia o las reformas para ampliar derechos y la democratización de la sociedad”.

Por ello que la participación de las iglesias evangélicas en la política latinoamericana crece y alimenta las facciones políticas de la ultraderecha para impulsar su agenda conservadora, a través de candidatos propios o entregando el apoyo a quienes promuevan sus principios, definiendo algunas veces el resultado de elecciones y presionando en la toma de decisiones.

Karl Marx en su libro Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel señala que “la religión es el opio del pueblo”, utilizando esta analogía para entender que esta sustancia provoca un efecto analgésico que ayuda a disminuir el dolor, puede hacer dormir y también puede hacer soñar, lo que permite escaparse y estar fuera del mundo, situación similar a la que la religión produce personal y socialmente.

Por su parte, Clifford Geertz, antropólogo estadounidense, postula que la religión “es un sistema de símbolos que genera ánimos y motivaciones poderosas, persuasivas y persistentes en los seres humanos”. Así, su potencial para formular concepciones no científicas que superan el contexto puramente religioso, dándole sentido a las realidades sociales, neutralizan la lógica de cómo se debería tomar decisiones políticas: la razón, el sentido común y la consideración incluyente.

De esto se aprovechan los evangélicos y sus líderes, que tienen a su libre disposición una gran cantidad de creyentes-electores, con quienes fundan un vínculo muy rígido basado en un sistema de símbolos, principios y valores, creando una relación de poder asimétrica y autoritaria.

Las iglesias evangélicas están logrando penetrar en zonas pobres y de clase media donde la Iglesia católica ha descuidado su trabajo, y han convertido en bloque electoral a esa población que se siente excluida de la política.

Por tanto, éxito que el mundo evangélico está teniendo en la vida política se debe a que es un grupo muy heterogéneo en términos de tipos de iglesias, adscripciones teológicas y posicionamientos políticos, estableciendo una relación directa entre la comunión con Dios y el bienestar material, teniendo como terreno fértil la mayor individualización e identificación por la vía del consumo de los sectores populares, ayudado por el neoliberalismo que, por su parte, propaga los mismos principios.

Un poco de historia

La vinculación entre el capitalismo y el protestantismo tiene una raíz histórica. El surgimiento del primero se da gracias a que el segundo jugó un rol fundamental. Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo explica cómo este culto, predominante entre las clases alemanas, promovió la construcción del capitalismo e implantó ciertos valores que debían tomarse como verdaderos.

Max Weber establece la relación idéntica entre la ética capitalista y la ética protestante, es decir que existe influencia de ciertas ideas religiosas en el desarrollo de un espíritu económico. Y esta es la vinculación directa: para entender cómo surgió este espíritu del capitalismo hay que comprender algunos fundamentos de la ética religiosa protestante, como, por ejemplo, “el único modo de vida aceptable por Dios no era superar la moralidad mundana por el ascetismo monástico, sino únicamente el cumplimiento de las obligaciones impuestas al individuo por su posición en el mundo. Esta era su vocación”1Max Weber. La ética protestante y el Espíritu del Capitalismo..

La Reforma protestante tuvo como efecto la transfiguración del trabajo que debía realizarse como vocación. Con ello, la vocación del calvinista era la búsqueda del individuo en el ámbito de la profesión concreta, como un mandamiento divino especial, para el cumplimiento de los deberes que le fueron impuestos por la voluntad divina. Por tanto, el hombre sobre la tierra debe trabajar en lo que le fue destinado, a lo largo de toda su jornada y así aumentará la gloria de Dios.

La riqueza es éticamente mala sólo en la medida en que sea una tentación para un goce de la vida en el ocio y en el pecado, y su adquisición sería mala sólo cuando es obtenida como propósito posterior de una vida holgada y despreocupada. Así, cuando se limita el consumo y se busca la riqueza, la acumulación de capital mediante la impulsión ascética del ahorro, es una virtud. Además, el poder del ascetismo religioso le ponía a disposición trabajadores sobrios, concienzudos y extraordinariamente activos, que se agarraban a su trabajo como a un propósito de vida deseado por Dios.

En definitiva, Weber afirma que el capitalismo no surgió de un sistema, sino se formó de una idea, de una ética protestante, de una forma de pensar que le garantiza la existencia de un espíritu y de una ética capitalista.

América Latina en peligro

Los evangélicos en América Latina han crecido de manera peligrosa y este peligro no es abstracto. En varios países han influido, en mayor o menor medida, en la toma de decisiones políticas del último tiempo, alterando el sistema político de cada uno.

No a la Paz de Colombia

En Colombia contribuyeron a la victoria del NO a los Acuerdos de paz en el plebiscito de 2016, que el Gobierno había negociado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La mención a los derechos LGBT en las negociaciones de paz puso en alerta y movilizó a las iglesias y pastores. El resultado sorprendió a los observadores nacionales e internacionales que esperaban que el SÍ ganara holgadamente.

El fracaso del NO suscitó una reflexión sobre las causas de esa derrota. Según el politólogo Yann Basset, los esfuerzos para determinar esas causas han sido opacados por polémicas mediáticas que no han permitido que el debate se dé en forma adecuada. En el estudio titulado Claves del rechazo del plebiscito para la paz en Colombia, señala que el 4 de octubre de 2016, el gerente de la campaña del NO del Centro Democrático, Juan Carlos Vélez, en una entrevista al periódico La República reveló que su estrategia había consistido en “alentar la inconformidad de los electores propagando interpretaciones tergiversadas del contenido de los Acuerdos, pensadas en función de públicos específicos”, lo que le costó la salida de ese partido de derecha.

Basset señala que además “se popularizó en las redes sociales la tesis de que la victoria del NO se debió a la movilización de las iglesias cristianas que venían de un proceso de movimiento social en contra del Gobierno por la difusión de una cartilla del Ministerio de Educación Nacional que buscaba promover la tolerancia hacia orientaciones sexuales diversas y que, según varias de ellas, promovía una ‘ideología de género’ que ponía en peligro la ‘familia tradicional’”.

La hipótesis de que el voto cristiano fue un factor decisivo en la victoria del NO, para Basset no es tal. Aunque el contexto estuvo marcado por una considerable agitación social de muchas iglesias cristianas por el asunto de la cartilla del Ministerio de Educación, lo que provocó marchas multitudinarias en varias ciudades de Colombia en el mes de agosto de 2016, permitió demostrar el poder de convocatoria de las iglesias a dos meses del plebiscito, pero considerarlo como un factor decisivo es exagerado.

Sin embargo, Adriana Ardila, magíster en comunicación política de la Universidad Externado, comentó al periódico El Colombiano que esas marchas fueron la primera coyuntura que les demostró a esos líderes religiosos su capacidad de influir electoralmente. Dos meses fue después lo ratificaron en el plebiscito sobre el Acuerdo de paz, cuando los cristianos movilizaron un porcentaje importante de votos en favor del NO, amparados en su oposición a la “ideología de género”.

Algo muy importante para considerar es que la abstención electoral en ese plebiscito fue del 62,59 % de las personas habilitadas para votar.

El shock religioso de Costa Rica

En Costa Rica tras un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a favor del matrimonio igualitario, Fabricio Alvarado, periodista y cantante de música cristiana pasó en primer lugar a la segunda vuelta como candidato del partido evangélico Restauración Nacional. Y si bien fue derrotado, pudo aglutinar el 39,34 % de los votos, principalmente de sectores conservadores que estaban contra la “ideología de género”.

La Corte señaló que “el Estado debe reconocer y garantizar todos los derechos que se derivan de un vínculo familiar entre personas del mismo sexo” y con ello considera adecuado utilizar la figura del matrimonio y no otros formatos legales que puedan continuar con una discriminación hacia personas del mismo sexo, en respuesta a una consulta realizada por el Gobierno de Luis Guillermo Solís en mayo de 2016. Los sectores conservadores se movilizaron de inmediato criticando al gobierno y señalando que ese fallo violaba la soberanía nacional.

De lo anterior se sirvió Fabricio Alvarado y su Partido Restauración Nacional (ideológicamente de derecha) y encontraron una oportunidad, imponiendo una férrea oposición a la resolución de la CIDH, con un discurso ultraconservador en favor de la “familia tradicional” y al rechazo a los programas de educación sexual del Ministerio de Educación Pública de Costa Rica. Así logró posicionarse como un candidato conservador, desmarcándose en parte de su origen evangélico.

Pero no era el único. En las elecciones de 2018 fueron tres los candidatos evangélicos a la Presidencia que estuvieron en la papeleta de la primera vuelta electoral y es precisamente Fabricio Alvarado quien lidera y pasa al balotaje, alcanzando en este solo el 39,34 % de los votos, contra el 60,66 % del candidato progresista Carlos Alvarado. La abstención alcanzó un número importante: el 33,54 % de los ciudadanos habilitados no votó.

Fabricio Alvarado no llegó de improviso ni en soledad. El partido Restauración Nacional que fue fundado por el pastor evangélico Carlos Avendaño en el 2005, luego de que este renunciara al partido Renovación Costarricense, también de corte religioso, sirvió de plataforma electoral a él y a los candidatos a diputados que lo apoyaban, quienes lograron 14 curules para la Asamblea Legislativa 2018 – 2022, convirtiéndose en la segunda fuerza política, tras el Partido de Liberación Nacional que tiene 17 legisladores.

Esos resultados no son casuales. Los evangélicos que participan activamente en la polítca costarricense se vienen preparando desde hace tiempo y han logrado construir una sólida base social y política que va más allá de las 3 752 congregaciones o iglesias que existían en Costa Rica hasta el 2013, según el Programa Latinoamericano de Estudios Socioreligiosos (Prolades). Asimismo, los miembros confesionales pasaron de 238 356 personas, en 2001 a 465 330 miembros hasta el mismo año, lo que corresponde al 25 % de la población. Sin embargo, la Encuesta de Opinión Sociopolítica que realiza el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP), de la Universidad de Costa Rica, los evangélicos sólo alcanzan el 17 %, según el relevamiento de marzo del 2017.

En una publicación de La Nación de Costa Rica, se da a conocer que el voto por diputados evangélicos se triplicó en cinco elecciones, desde 1998 a 2014, pasando de un 2,7 % a 8,2 %. Esto sin considerar los resultados del 2018 que le otorgaron el 17,41 % de acuerdo a la información publicada por el Tribunal Supremo de Elecciones de Costa Rica.

Con una base social armada y manipulada, lograron convencer a gran parte del electorado que Fabricio Alvarado era el indicado para defender sus “valores”. Se valieron de aquellos lugares en que tenían fuerte presencia con sus iglesias, con un trabajo permanente y cotidiano; lugares que además tienen un bajo desarrollo social, pero en donde existe un muy alto nivel de creencias y prácticas religiosas.

Esto se vincula con el Informe de resultados de la encuesta de opinión sociopolítica de enero de 2018, realizado por el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP), de la Universidad de Costa Rica, que analiza el perfil de los electores de cara a la primera vuelta electoral. Según este estudio, los electores que respaldaron a Fabricio Alvarado del Partido Restauración Nacional se caracterizan por ser mujeres, jóvenes de 18 a 34 años, mayores de 55 años, personas con educación primaria y secundaria y aquellos que están en desacuerdo con la decisión de la CIDH sobre ampliación de derechos a minorías sexuales; a diferencia de quienes manifestaron apoyar a Carlos Alvarado del Partido de Acción Ciudadana, se distinguen por ser hombres y mujeres por igual, jóvenes entre 18 y 34 años, con alto nivel educativo, y que además, respaldan la decisión de la CIDH.

Sin duda, un efecto importante en el resultado alcanzado por Fabricio Alvarado es lo que el CIEP denominó “shock religioso” o “shock de la fe”. Señalan que la opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos respecto al matrimonio igualitario, en la que se reconocen los derechos de las parejas de personas del mismo sexo “produjo lo que típicamente se conoce como un shock externo en las preferencias de los votantes”. Agrega que “este tipo de eventos inesperados poseen dos características fundamentales. En primer lugar, son capaces de alterar significativamente las opiniones y percepciones de las personas a tal punto que, incluso, pueden hacerlas cambiar radicalmente de un candidato a otro en un período muy corto de tiempo. En segundo lugar, el impacto político de este tipo de acontecimientos es difícil de predecir, pues algunos de sus efectos son temporales mientras otros son capaces de prolongarse a lo largo del tiempo”.

Y de ese shock se aprovechó el candidato del PRN, promoviendo en su rol de predicador un discurso vinculado con sus creencias cristianas, conservadoras y totalitarias que caló en gran parte de ese electorado (con las características antes señaladas) pudiendo movilizarlos eficazmente.

El poder económico y comunicacional en Brasil

En Brasil el poder evangélico reside en el Congreso y ha tomado la forma de un frente que reúne a los parlamentarios que profesan esa religión, quienes todos los miércoles por la mañana se reúnen en una sala plenaria para rezar juntos, entonando cantos y plegarias.

Según datos del Censo demográfico que realiza el Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística, en 1980 los evangélicos en Brasil alcanzaban el 6,6 % de los habitantes. En el 2000 el número subió a 15,41 %, para el 2010 eran 22,2 % y para el 2017 se estima que la cantidad superaba el 27 % de los habitantes del país.

En política pasa algo similar. En 1982, sólo había dos diputados evangélicos. En 1986 pasaron a ser 18; en 1990, 23; en 2002, 59; en 2010, 73; en 2014, 87 y en 2018 lograron elegir a 91 diputados de los 513 que componen la Cámara.

Los evangélicos influyeron decisivamente en la caída de Dilma Rousseff mediante un golpe parlamentario y posicionaron a Jair Bolsonaro como un candidato presidencial fuerte, utilizando sus medios para crear una campaña de terror y mentiras contra Fernando Haddad.

En el impeachment actuaron con un discurso de frases armadas desde una posición completamente derechista: “acabar con [la corrupción] el mal que destruye la nación”, atacar la “inmoralidad del Partido de los Trabajadores”, combatir “las políticas de género” y que “el socialismo es un cáncer” en la política nacional. Con ello lograron poner y respaldar al gobierno de facto de Michel Temer y mantener el poder importante que habían adquirido.

Jair Bolsonaro, un fascista, intolerante, conservador y ultraderechista fue su elegido (o el “elegido por Dios”) para la presidencia. Con la indiscutible presencia de los evangélicos en los medios de comunicación y en los barrios, lo respaldaron hasta llevarlo a ganar las elecciones. Bolsonaro, compartió su agenda en temas “valóricos”, se mostró a favor de la “familia tradicional” y contrario a la “ideología de género”, a los derechos LGBTI, al aborto, a los inmigrantes y a los movimientos sociales de izquierda, con lo que consiguió, entre otros, el apoyo de Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios y dueño TV Récord, el segundo canal más importante de Brasil.

La propuesta entregada por Bolsonaro a los evangélicos, es lo que Max Weber señalaba como una de las causas del surgimiento del capitalismo: la teología de la prosperidad, una visión individualista enfocada en la búsqueda de la riqueza, que se ajusta al neoliberalismo y en que además de una promesa de la salvación, se podrá escalar económicamente.

El voto de los evangélicos fue fundamental en su victoria. Según una encuesta de Datafolha días antes del balotaje, Bolsonaro empataba con Fernando Haddad en mujeres y católicos, pero que gracias a los hombres y los evangélicos logró ser electo presidente de Brasil. Considerando además, que su base política estuvo compuesta por la élite empresarial, los grandes propietarios y los que piden “mano dura”.

Los evangélicos se valieron de todo a su alcance para imponer a su candidato. Los medios de comunicación con que cuentan y las redes sociales fueron los vehículos utilizados para difundir sus discursos nacionalistas, noticias falsas y campañas del terror. Para ellos, en esta oportunidad todo valía y se justificaba.

Finalmente, Bolsonaro obtuvo el 55,13 % de los votos contra el 44,87 % de Fernando Haddad. La abstención en la segunda vuelta fue del 21,3 %, más de 31 millones de electores que no fueron a votar.

Evangélicos y pinochetistas en Chile

Según el CENSO del año 2012 (cuestionado por la recolección de datos y la metodología) los evangélicos en Chile corresponden al 16,62 %, un punto más que en 2002 donde alcanzaban el 15,14 %. Mientras que la Encuesta Nacional Bicentenario 2017, realizada por el Centro de Políticas Públicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile y GfK Adimark, señala que los evangélicos llegan al 17 % del país, un punto menos que hace una década. En cualquiera de los casos, se demuestra que el aumento o disminución de esa religión es mínima en Chile.

En la elección de 2017 y gracias al nuevo sistema electoral proporcional que dejaba atrás el sistema binominal heredado de la dictadura militar, resultaron electos tres diputados evangélicos de derecha, todos de Renovación Nacional, partido del que Sebastián Piñera formó parte hasta que se convirtió en presidente de Chile. A ellos se le suma el senador Iván Moreira, de la Unión Demócrata Independiente (UDI), partido de derecha que defiende la dictadura militar y al genocida Augusto Pinochet.

En la elección presidencial de 2017, José Antonio Kast, ultraderechista y acérrimo pinochetista, obtuvo el 7,93 % con el apoyo de una parte importante del mundo evangélico. En un encuentro con ellos, señaló que “este voto es crucial si queremos corregir el rumbo del país, si queremos reconstruir la integridad moral de nuestras instituciones, si queremos luchar con fuerza por el derecho a la vida y la promoción de la familia, este es el momento en que el pueblo evangélico, unido, debe alzar la voz y manifestar su preferencia”, agregando que “el pueblo evangélico, sus pastores y fieles, son más necesarios que nunca en nuestra sociedad y su servicio es indispensable para recuperar a nuestro país”, según publica La Nación de Chile.

Pero Kast tampoco llegó ni logró todo casualmente. Tuvo el apoyo la “familia militar”, pinochetistas y de varios miembros del Ministerio Las Águilas de Jesús, una agrupación evangélica universitaria, que lo apoyó en la logística de la campaña juntando firmas y conseguiendo votantes. De esta manera, promovió un fuerte discurso nacionalista, basado en el orden autoritario de aplicar mano dura para solucionar la delincuencia, la protección de la familia tradicional, el rechazo a los derechos LGTBI, a la “ideología de género” y al aborto.

Por su parte, Sebastián Piñera tuvo como asesores a cuatro pastores evangélicos con lo que logró conseguir el voto de la población más creyente y conservadora. Finalmente, en segunda vuelta, el candidato de la derecha obtuvo el 54,57 %, contra el 45,43 % del candidato progresista Alejandro Guillier. La abstención fue la gran vencedora en esas elecciones con el 50,98 % del electorado que no votó.

En Chile los evangélicos están creciendo de a poco y la débil “bancada evangélica” no ha logrado influir en la toma de decisiones y en las políticas públicas. Sin embargo, hay que mirarlos con recelo y desconfianza, porque al igual que en otros países intentarán penetrar las esferas políticas con el fin de imponer su agenda ultraconservadora, utilizando a sus pastores con un discurso de populismo religioso, más radical y de mayor alcance.

Otros países

En diversos países los evangélicos han organizado marchas en contra del movimiento LGBTI y en algunos casos han promovido el mal llamado “Bus de la Libertad” con la consigna “con mis hijos no te metas”, con el objetivo de que el Estado no intervenga principalmente en la educación sexual de los menores de edad. En Perú hay cinco legisladores ligados a iglesias evangélicas, que se reúnen periódicamente y actúan como un bloque pro vida y pro familia y ya están pensando en cómo articularse vinculándose con aliados de extrema derecha y así captar el apoyo de los sectores conservadores, con miras a las elecciones de 2021. En Uruguay, en 2016 Gerardo Amarilla que integra la denominada “bancada evangélica”, asumió como presidente de Diputados, quien en algún momento afirmó que “la ley de Dios está por encima de la República”.

En México los evangélicos están representados por el Partido Encuentro Social (PES), fundado por un pastor pentecostal, que, aún siendo el partido más conservador del país, se aliaron electoralmente a Morena, de Andrés Manuel López Obrador, para lograr que fuera electo presidente.
En Guatemala, la religión evangélica prácticamente ha alcanzado al catolicismo, cuyo gobierno es presidido por Jimmy Morales, un humorista y teólogo evangélico, que en sus discursos exhibe aires de predicador. Morales ganó con el 67 % de los votos la segunda vuelta de las elecciones de 2016. Sin embargo, un año después Guatemala vivía una grave crisis política, cuando Samuel Morales, hermano y asesor del presidente, fue arrestado por corrupción y blanqueo de capitales junto con José Manuel Morales, uno de los hijos del primer mandatario.

Los evangélicos están cambiando el escenario político y están metiéndose en la competencia electoral consiguiendo votos de todas las clases sociales, pero principalmente entre los más vulnerables, con lo que están logrando convertir a los partidos de derecha en partidos del pueblo, impulsando un giro conservador en las sociedades latinoamericanas.

Los problemas de la Iglesia Católica, la crisis de los partidos políticos y la alta abstención electoral ayudan a que sigan aumentando su presencia y poder. Ahí está el desafío para los sectores progresistas, que se han desconectado de las realidades sociales de cada país, preocupándose más de la teoría que de la práctica.

En política es necesaria la diferencia ideológica, sin embargo, cualquier religión con aspiraciones y ambiciones políticas se opone a los ideales y fundamentos de la democracia. Y en este sentido, los evangélicos suponen un riesgo para el desarrollo de una sociedad moderna y pluralista, porque forman parte de una avanzada contra los nuevos tiempos y procesos que se viven en la región, en que se debate sobre el feminismo, el matrimonio igualitario, el aborto, la identidad de género y derechos de minorías LGTBI, coartando libertades e imponiendo su visión conservadora.

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Miguel Torres Romero

Estudió Derecho en la Universidad Central de Chile y actualmente estudia Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Diplomado en Gestión Legislativa del Instituto de Capacitación Parlamentaria (ICAP) – H. Cámara de Diputados de la Nación y Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Actualmente, realiza un MBA y Maestría en Big Data y Business Intelligence en la Escuela de Negocios Europea de Barcelona – Universidad Isabel I, España.

Fue alcalde de la comuna de La Higuera, Chile, con solo 24 años. Es columnista en distintos medios digitales en Chile; director de la Red de Diarios Comunales en la Región de Coquimbo, Chile; presidente de la Fundación Avancemos y cofundador de CuántoCumple.com, plataforma que realiza un control al cumplimiento de las promesas electorales que realizaron los presidentes de América Latina en sus campañas.


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