Constitución y realidad

El proceso constituyente y la construcción de la igualdad en acción

Albert Noguera Fernández
Publicado en Octubre 2018 en La Migraña 28
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Si tuviéramos que ver cuál ha sido esa evolución del discurso de la derecha hacia el proceso, podríamos decir que la misma ha pasado de una crítica a la constitución de los derechos bolivianos por exceso, a una crítica a la Constitución boliviana por defecto. Es decir, sin duda los derechos o las cartas de derechos en las constituciones son una de las partes más importantes de las mismas, porque son estas las partes fundacionales de los Estados.

Los poderes del Estado, el legislativo, el ejecutivo, el judicial, no preexisten a las cartas de derechos; en rigor, no hay poderes antes de los derechos, sino, más bien, es a la inversa. Los poderes nacen y [se] fundamentan por los derechos. Con anterioridad a las cartas de derecho, los poderes carecen de motivo y de justificación. En términos constitucionales estrictos, el Poder Legislativo nace para desarrollar, de acuerdo a la Constitución, los derechos, el Poder Ejecutivo para implementarlos, y por último el Poder Judicial para resolver la instancia de partes que puedan existir. No es por casualidad que en una constitución, primero estén los derechos (la parte dogmática), y luego estén los poderes (la parte orgánica). Centrándonos en la parte fundamental, que es la parte de los derechos, durante el periodo del proceso constituyente y los momentos posteriores a la aprobación de la Constitución, la crítica de la derecha hacia a la Constitución de los derechos era una crítica por exceso. Recordemos que se escuchaban cosas como “es una constitución que tiene casi 200 artículos de carta de derechos”, que los constituyentes “están haciendo una carta a los reyes, porque esto no es realizable”, o “ponen varios artículos sobre los pueblos indígenas y esto va a derivar en un despotismo de los indígenas contra los no indígenas”.

El foco de crítica era el exceso de derechos en la Constitución, y todo lo que se estaba poniendo en ella. No obstante, durante los últimos años, se ha producido un proceso donde la derecha se ha apropiado de la Constitución, y lo que esto produce es una transformación, una evolución de la propia crítica hacia la Constitución, en este caso hacia el Gobierno. La crítica ahora ya no es una crítica por exceso, sino es una crítica por defecto. Es decir, ahora la crítica es contra el Gobierno por ser un poder deficiente, por ser un poder incapaz de hacer efectiva una Constitución que reconoce derechos. Por tanto, pasamos de una crítica por exceso de los derechos, [a] una crítica por defecto de los derechos.

Para contrarrestar la crítica de la constitución de los derechos por defecto, yo creo, que hay que entender que esta es una crítica construida sobre una idea tramposa, y sobre una idea falsa de Constitución. Esta es una crítica que se basa en una idea de texto constitucional, asociada a lo que podríamos llamar una constitución de la igualdad estática, cuando en realidad los textos constitucionales y también, así como lo diseñó el propio constituyente, la Constitución boliviana es una Constitución de la igualdad en acción. Y, a raíz de esto, vamos a desarrollar dos ideas.

En primer lugar, vamos a ver cuál es la diferencia entre lo que denomino la constitución de la igualdad estática y la constitución de la igualdad en acción. Y, en segundo lugar, se planteará el debate sobre los retos a largo alcance que se tienen para hacer efectiva esta Constitución.

Sobre la primera cuestión, la diferencia básica entre estos dos tipos de Constitución estaría en la manera en que cada una de ellas entiende la relación entre Constitución y realidad, es decir, llamo constitución de la igualdad estática a aquella que entendería la relación entre la Constitución y la realidad como una relación armoniosa, o como una relación de consenso; en cambio, llamaré a la constitución de la igualdad en acción a aquella que entiende la relación entre Constitución y realidad como una relación de conflicto o como una relación antagónica.

Una idea de la constitución de la igualdad estática partiría de la noción de que la aprobación y entrada en vigor de una Constitución operaría como una especie de punto y aparte, como una especie de ruptura, como un antes y un después, sin continuidad a partir de conformar una nueva igualdad absoluta, una nueva igualdad óptima y acabada, es decir, una relación armoniosa entre la constitución de los derechos y la realidad, activándose desde este momento un régimen social de plena igualdad, un régimen social estático en cuyo interior ya no existirían ni conflictos ni contradicciones en la sociedad. La Constitución crearía una sociedad de los derechos perfecta, sin conflictos, que se mantendría en el tiempo. A lo largo de la historia han existido proyectos políticos de izquierda que han intentado aprobar esto, a las cuales podríamos llamar constituciones de la igualdad estática. Para poner algunos ejemplos, podríamos hacer referencia a las constituciones que se aprobaron en las colonias o las que fueron [denominadas] socialistas utópicas en el siglo XIX, por último la propia Constitución soviética de 1977. En las nuevas colonias creadas, primero por Owen y luego por Cabet, en territorio norteamericano lo que se hacía era aprobar constituciones, por ejemplo, una de las colonias que creó Robert Owen, a la que llamó New Harmony, creó una constitución; de hecho, en la colonia se crearon siete constituciones. El objetivo de estas constituciones era fijar una especie de orden perfecto en cuyo interior estaba en vigencia una igualdad absoluta, una igualdad plena donde todos los miembros que vivían en aquella comunidad, vivían en una situación de igualdad absoluta y en armonía. De hecho, en la Constitución se establecía que para acceder a la comunidad tenías que pasar por un periodo de prueba, y una vez pasabas el periodo de prueba, pasabas a integrar la comunidad, todo el mundo tenía los mismos derechos, la plena igualdad, y si alguien generaba un conflicto era expulsado de la comunidad. Por tanto, se establecía una forma de igualdad absoluta, acabada, estática que no podía ser perturbada. Otro ejemplo de esto, que podríamos llamar un constitucionalismo de la igualdad estática, es, la Constitución soviética del 77. En la época de Leonid Ilich Brézhnev, la Constitución del 77 sustituyó a la del 36, y lo que tiene de característica la Constitución del 77 es que es una especie de declaración triunfalista porque señala que ya se ha terminado la dictadura del proletariado, lo mismo que establecía el artículo 2 de la Constitución del 36, y define un nuevo Estado de todo el pueblo en cuyo interior se daría una forma de igualdad donde desaparecen todas la contradicciones sociales, políticas, económicas. Según la Constitución se estaría superando la fase del socialismo para entrar a la del comunismo.

Si nos fijamos en una anécdota muy curiosa en los años 70, en todos los países de la órbita socialista se elimina la carrera de sociología, porque la sociología es una ciencia que estudia todos los problemas sociales. Entonces, en sociedades donde no existían problemas sociales, no hacía falta que existiera una carrera que estudiara los problemas sociales. De hecho, en la Habana no es hasta los inicios de los años 90 que se vuelve a restablecer la carrera de sociología en la Universidad de la Habana, la habían fulminado en los años 70, en el periodo de sovietización de la isla.

Los modelos de constituciones de igualdad estática, que parten de la base de establecer un nuevo orden, pasan a operar una plena garantía de todos los derechos y una igualdad de todas las personas, estos modelos de Constitución que se han puesto como ejemplos, evidentemente fracasaron, porque esta noción de la Constitución de la igualdad estática es una noción tramposa de Constitución, es una noción falsa, porque se construye sobre dos falsedades principales. La primera es pretender hacer creer que la igualdad es un lugar o un espacio-tiempo concreto, es decir, la igualdad no sirve como lugar, la igualdad no sirve como espacio histórico concreto, no existe una igualdad óptima que esté implementada de manera plena y se pueda vivir de manera armoniosa con ella. La igualdad no es nada más que un ideal regulativo irrealizable por definición, que lo único que pretende hacer es crear desafíos permanentes a la realidad. Y, en segundo lugar, es una idea de constitución que lo que pretende es hacer creer que la consecución de la igualdad acción y el fin pueden darse simultáneamente. Es decir, en un proceso de construcción de igualdad acción y fin nunca puedan coincidir, en tanto que cuando un grupo social logra, mediante la acción, determinados objetivos de igualdad, automáticamente la igualdad se desplaza en el tiempo reconstituyéndose en aspiraciones más exigentes, en nuevas aspiraciones, es por eso que acción y fin nunca pueden coincidir.

En resumen, el intento de este discurso de la derecha que menciona que la incapacidad del Gobierno está haciendo que estos derechos no sean efectivos, son unos discursos construidos sobre una idea falsa, una idea tramposa de Constitución que es la idea de la Constitución como igualdad estática. Frente a esto, los textos constitucionales, por su naturaleza (también el propio texto constitucional boliviano), no son nada más que, a la inversa, modelos de constitución de la igualdad en acción. Es decir, una constitución de la igualdad en acción parte de la idea de que el texto constitucional no puede entenderse como un punto final, sino que debe entenderse como un punto de inicio. Es decir, no puede entenderse al proceso como el momento de la lucha política por la toma del poder, del proceso constituyente y de la aprobación de una Constitución, y cuando una Constitución ya se ha aprobado, el proceso ya se ha consumado.

Más bien, hay que entender la Constitución como el punto de inicio del proceso. Al establecerse la carta de derechos, una constitución de la igualdad en acción, a diferencia de las constituciones de la igualdad estática, no parte de la idea de que se dará una relación de armonía o de consenso entre realidad y Constitución, sino que parte, al contrario, de la idea de que va a haber una relación de conflicto y de antagonismo entre Constitución y realidad. Es decir, se parte de la base de que siempre va a existir una divergencia entre derechos y hechos, que siempre va existir una divergencia entre normatividad y efectividad, entre derechos y realidad práctica. Y, por tanto, lo único que puede hacer una Constitución es aportar herramientas para que el poder político y la sociedad puedan, de manera paulatina, ir estableciendo las condiciones necesarias para ir disminuyendo esta diferencia entre Constitución y realidad, entre normatividad y efectividad. Este es un proceso largo, inalcanzable, inacabado siempre, porque a medida que se van consiguiendo cuotas sociales, la propia idea de justicia de igualdad se desplaza en el tiempo, reconstituyéndose en mayores exigencias. Esta es, por tanto, la diferencia entre lo que se llama una constitución de la igualdad estática y una constitución de la igualdad en acción, un poco para ver esta noción falsa de constitución sobre la que se articula esa crítica por defecto.

Sobre la cuestión de los retos, una vez explicada esta diferencia, ver un poco cuáles son los retos que se tienen por delante para intentar desmontar este discurso, esta crítica que viene de la derecha, como decía antes, ¿qué retos tenemos para hacer efectiva esta Constitución para poder, en los próximos años, seguir construyéndola?

Los retos que hay en este sentido son dos: uno hacia afuera (hacia la sociedad) y otro interno (hacia el Gobierno), ahí es donde se formula una especie de crítica a la manera cómo se ha estado llevando a cabo la implementación de la Constitución hasta ahora, y cómo se debería implementar para evitar escenarios como los que han pasado en Ecuador, como los que han pasado en Venezuela. Rápidamente, el reto que hay hacia afuera, frente al discurso de la crítica por defecto y de la constitución de la igualdad estática, lo que hay que explicar claramente a la población, es que esta es una idea tramposa de constitución, que las constituciones son constituciones de la igualdad en acción, y que la eficacia de los derechos exige siempre una cierta gradualidad en su eficacia.

Ahora, hay que explicar todos los avances que se han ido produciendo en este sentido. De hecho que la Constitución boliviana es una constitución de la igualdad en acción y es tarea evidente cuando se mira el propio articulado, podríamos poner muchos ejemplos, pero para poner solo algunos: desde el artículo que establece que los derechos tienen un carácter progresivo, se da esta idea de progresión en el cumplimiento de la Constitución. El principio de progresividad en el constitucionalismo conlleva básicamente dos ideas. La primera es la idea de partir de la idea que la eficacia de los derechos siempre es gradual, es decir, para que se pueda dar plenamente la eficacia de derechos, se tienen que dar determinadas condiciones que se tienen que ir construyendo paulatinamente. La eficacia de un derecho implica condiciones jurídicas, políticas y sociológicas.

Para que un derecho sea eficaz implica que esté reconocido en el ordenamiento jurídico, que tenga garantías en el ordenamiento jurídico, lo que implica que el poder político disponga de recursos económicos y programas políticos para ser efectivo, y depende también de condiciones sociológicas; cuando a alguien le vulneran un derecho, para hacer efectivo el derecho tiene que movilizar un conjunto de recursos no solo jurídicos, sino también tiene que movilizar recursos socioculturales, como saber hablar la lengua del sistema judicial, de conocer la constitucionalidad, saber dónde dirigirse a exigir este derecho, de saber leer y escribir y todas estas condiciones, tanto las jurídicas, como las políticas, como las sociológicas son condiciones que tienen que ir construyéndose poco a poco. El principio de progresividad implica, en primer lugar, partir de la base de que todos los derechos no son de eficacia inmediata, sino que implican una cierta gradualidad en su eficacia. Y, en segundo lugar, lleva implícito también el principio de prohibición de regresividad de los derechos, o sea, los derechos son graduales, pero efectivamente tiene que existir una prohibición en la regresividad en los derechos, una norma regresiva es aquella que implica un retroceso en el goce, un disfrute de posiciones ya alcanzadas, de derechos ya reconocidos. Otras ideas donde se ve este carácter dinámico y no estático de la Constitución es la cláusula abierta de reconocimiento de derechos, hay un artículo en la Constitución que establece el reconocimiento de derechos establecidos en esta Constitución, no implica la negación de otros derechos vinculados a la dignidad humana. Esta cláusula manifiesta este carácter dinámico de los derechos, que viene a decir que la noción de dignidad no es ahistórica sino es una concepción histórica.

Los derechos no son nada más que respuestas históricas a problemas históricos, a necesidades humanas históricas, los derechos naturales no existen, todos los derechos son resultado de luchas y movimientos históricos. Hoy en día existen derechos que hace 150 años atrás no existían, como el que las mujeres voten o los indígenas tengan derechos. Y este es un proceso abierto, hoy en día existen muchos movimientos como el LGBTI, indígenas, urbanos, vecinos que reivindican derechos que todavía no existen, pero que posiblemente en un futuro estarán reconocidos. Esta es una idea que va en contra del iusnaturalismo, esa vieja idea donde habría unos derechos inherentes a las personas previos al Estado y al derecho positivo que son absolutos y sagrados. Según esta concepción, la idea acerca de los derechos sería estática, nunca se podría dar una ampliación de derechos, ni en contenido, ni en sujeto. En cambio, este artículo lo que viene a decir es que hoy los derechos son estos, pero si el día de mañana aparecen nuevos derechos, estos, aunque no estén escritos en la Constitución, tienen igual protección. Entonces, esta concepción de que la historia de los derechos no es estática sino dinámica, es el reto que hay hacia afuera, el de explicar que la Constitución implica siempre una gradualidad y los avances que se han hecho.

El reto hacia adentro es donde se podría formular un poco la crítica. Partimos de la base de que la plena realización de los derechos no es algo que se pueda conseguir de manera inmediata, sino que existe esta cierta gradualidad; tampoco quiere decir que se tengan que postergar, sino que el principio de progresividad implica también que hay una obligación absoluta de los poderes de hacer todo lo que esté a su alcance para hacer efectivos los derechos. Y esto nos lleva a otro debate estructural, que es cómo llevar a cabo este proceso de construcción gradual de los derechos, de la dignidad o construcción de derechos una vez que ya tenemos una Constitución.

Ahora bien, cómo podemos construir estos modelos de estructura de derechos, no podemos entender como muchas veces se hacen los derechos como departamentos independientes o como derechos autónomos los unos de los otros, cada ministerio construye un derecho por su cuenta, sin una visión integral de cómo construir un modelo de derechos para todos.

Actualmente, y desde hace algunos años, Bolivia goza de estabilidad económica, seguramente como nunca había estado a lo largo de su historia, pero las experiencia de Venezuela o Ecuador, que por el contrario se encuentran en situaciones económicas bastante críticas, nos tiene que hacer pensar que ahora que se está en situación económica buena hay que ser cautos y seguir pensando un modelo de construcción integral de derechos pensado, para cuando Bolivia pueda entrar en crisis económica, porque al fin y al cabo, si esto no se construye, lo que estamos haciendo es hacer depender la vigencia del proceso de la coyuntura económica, y es lo que ha pasado en Ecuador y en Venezuela. Cuando la coyuntura económica es buena, el proceso va bien, cuando es mala se derrumba. Y esto es lo que se debe evitar, y la manera de evitarlo es construyendo determinados modelos de construcción progresiva de derechos.

Cuando en un país hay dinero, económicamente se está en una fase de crecimiento económico y el Gobierno tiene las arcas saneadas. El Gobierno asume tres grandes responsabilidades a la hora de prestar derechos, de hacer efectivos los derechos, las prestaciones sociales, etc. Estas tres grandes responsabilidades podríamos decir que son una responsabilidad de garantía, una responsabilidad infraestructural y una responsabilidad directiva, es decir, el Estado organiza la prestación de los derechos. En segundo lugar, habría una responsabilidad de ejecución, una responsabilidad de implementación, el Estado implementa, hace efectivos estos derechos. Y, en tercer lugar, hay una responsabilidad de financiación, el Estado aporta los recursos económicos para hacer efectivos estos derechos. Cuando la situación económica no es tan buena, es decir, cuando hay una situación de debacle económico, ya sea provocada por escenarios de guerra económica, como los que se están dando en Venezuela, o por disminución de los precios de los recursos naturales, o por cualquier otra circunstancia. El Estado, no puede continuar manteniendo estas tres responsabilidades, pero en muchos otros derechos y en muchas otras prestaciones el Estado mantiene la responsabilidad directiva, la responsabilidad garantista o infraestructural, pero la responsabilidad ejecutiva y la responsabilidad de financiación son desplazadas hacia agentes de la sociedad. Es decir, se produce una desagregación de funciones donde el Estado continúa manteniendo la función directiva, es decir, el Estado continúa haciéndose cargo de articular las estructuras jurídicas necesarias para que los derechos, los servicios se presten, pero la responsabilidad de ejecución y financiación es desplazada hacia agentes de la sociedad, porque el Estado no tiene recursos necesarios para hacerse cargo de ello.

Si se produce esta desagregación de funciones el Estado solo es capaz de continuar manteniendo un modelo de garantía de derechos, si el campo de garantía de los derechos continúa moviéndose en una lógica hegeliana binaria, donde solo hay lo público estatal, como representante del interés general, y lo privado social, como sociedad civil burguesa, como espacio de libre interacción económica, de mercado, de interés privado; si solo hay estos dos elementos, cuando en momentos de crisis económica se tienen que producir la desagregación de funciones del Estado hacia la sociedad, esto deriva necesariamente en privatizaciones, y, por tanto, en desigualdad y vulneración de derechos.

Si se ha sido capaz de construir un modelo de sociedad más complejo, donde junto a lo público y lo privado, se ha articulado de manera correcta la sociedad comunitaria, es decir, el espacio comunitario, cooperativo, solidario; la desagregación de funciones en época de crisis del Estado hacia la sociedad no necesariamente se tiene que traducir en privatización y vulneración de derechos, sino que puede traducirse también en comunitarización; por tanto, el mantenimiento de la garantía de los derechos.

Este es el reto a asumir en el proceso de los modelos de construcción de derechos, pasar del modelo donde solo el Estado presta derechos, porque hay una situación de bienestar económica, a poder pensar que esta situación de bienestar económica nos tranca, y, por tanto, empezar a construir un espacio comunitario. Y para entender la importancia de construir estos espacios comunitarios, que es la crítica que formula el presente trabajo al proceso boliviano, donde esta construcción se está haciendo de manera muy lenta o incluso de manera ineficaz.

Este concepto de lo común, o de lo procomún, que se ha puesto tan de moda, en realidad de nuevo no tiene nada, aquí en Bolivia existen hace mucho antes de que existiera el Estado. Lo que realmente es novedoso de este concepto de lo común y lo procomún es el papel fundamental, o la importancia que el espacio del procomún pasa a tener en las próximas décadas, tanto para la supervivencia de los procesos de cambio y de las clases populares, como para la supervivencia del capitalismo.

Junto al campo de lucha de lo público y lo privado, ha aparecido un nuevo campo de lucha entre lo común cooperativo y lo procomún extractivo. La primera cuestión, el tema de la vigencia de las clases populares, como digo, cuando lleguen épocas de crisis económica, donde el Estado no pueda asumir toda la prestación de derechos, la única manera en que la gente va a seguir ejerciendo sus derechos −y esto es lo que pasa en Venezuela– es accediendo al mercado y los que no puedan, pues mediante redes de solidaridad ciudadana −eso en Venezuela se intenta crear desde el año pasado, el ministerio de los huertos en la terrazas de la casas−, es decir, empiezan a aparecer espacios del procomún cooperativo.

En Europa, en situación de crisis y del desgaste neoliberal, hay vecinos que construyen un molino de viento para generar electricidad, o familias que construyen guarderías donde cada una, un día de la semana, se hacen cargo de los niños de todos, etc. Evidentemente, estos espacios del procomún cooperativo son todavía muy residuales y comunitarios, cuando se dan situaciones de crisis económica y el Estado no puede asumir las tres responsabilidades que ya he mencionado, la creación de espacios del procomún cooperativo van a ser de fundamental importancia para que gran parte de las clases populares puedan continuar garantizándose derechos cuando el Estado no puede garantizar al 100 % los derechos. Estos espacios del procomún cooperativo son también de fundamental importancia para la supervivencia del capitalismo actual, porque si nosotros vemos la evolución del capitalismo de las últimas décadas, veremos que hasta ahora aquellos espacios cooperativos que existían fuera del mercado, pasan a ser de importancia para el capitalismo.

Durante la década del 2 000 se produce la financiarización de la economía, que es el paso de un modelo de economía productiva a un modelo de economía financiera; el sector financiero ya no sirve para complementar al sector productivo a través de créditos a la industria, y la única manera que encuentra para generar más acumulación es invertir en el sector especulativo financiero, y esto implica todo un proceso de financiarización de la economía, gran parte de la acumulación de beneficio es capital ficticio. Esto crea una contradicción sistémica en el propio capitalismo, esto rompe las bases del propio capitalismo: que es poder reproducir el proceso de conversión del dinero en capital, que por eso el capitalismo se llama así, si consistiera en la conversión del capital en dinero, se llamaría dinerismo. Es decir, en la década del 2 000, ante la desaparición cada vez mayor de la economía productiva, donde ya no hay medios de producción, donde ya no se producen mercancías y el beneficio ya no se produce enajenando la propiedad de las mercancías, la forma de acumulación era el sector financiero, el sector especulativo.

A partir del 2007 y 2008, con la crisis mundial, la caída de Goldman Sachs, el sector financiero cae, se rompen las burbujas especulativas. ¿Cuál es en este escenario el único modelo que tiene el capitalismo para continuar generando beneficios y acumulación? El capitalismo de aplicativo, o empotrar procesos extractivos en las relaciones cooperativas entre las personas. Y empiezan a surgir empresas como Air B&B, Uber, Car To Go, We Smart Park, Trip For Real, etc., estas empresas trasladan de la realidad geográfica a la realidad virtual, relaciones cooperativas que todos hemos hecho toda la vida: hacer dedo, intercambiar la casa entre dos amigos que hacen viajes cruzados, hacer un mandado, trasladan estas relaciones de la realidad a plataformas virtuales controladas por grandes empresas. Y, en segundo lugar, lo que hacen es cambiar las condiciones de la relación, ya no son relaciones sociales para pasar a hacer relaciones pecuniarias, relaciones comerciales.

El capital empieza a extraer valor de relaciones cooperativas que se han dado toda la vida entre nosotros, es decir, se cambia el modelo y el espacio, cambia la lógica de acumulación de capital, que antes eran los medios de producción, la empresa que fabricaba mercancías y se vendían, ahora la empresa es sustituida por la red y la propiedad es sustituida por el acceso. Lo que hacen es, cuando ya no hay medios de producción, convertir a todos en pequeños agentes económicos y extraer valor de nuestro coche, de nuestra casa, de nuestra bicicleta, de las relaciones que nosotros tenemos entre nosotros.

En un modelo donde se ha producido una financiarización de la economía, donde ya no hay medios de producción, donde la gran parte de la economía es ingrávida, y el sector especulativo financiero se ha caído, la única manera que tiene el capital para continuar acumulando beneficios es apropiarse del espacio procomún cooperativo, de las relaciones cooperativas entre todos para convertirlo en el espacio del procomún extractivo.

Por eso decía que el espacio del procomún pasa a ser de fundamental importancia tanto para la supervivencia de las clases populares en épocas de crisis y los procesos de cambio en épocas de crisis, como para el capitalismo, que es el único espacio que le queda para continuar acumulando beneficios. Y esto hace que las sociedades actuales nos movamos en sociedades complejas donde se cruzan dos ejes. El eje de lo público y lo privado, donde, en función de si predomina lo público o lo privado, habrá más o menos garantía de derechos. Y el eje de lo común cooperativo y lo procomún extractivo, que en función de si prima lo procomún cooperativo sobre lo procomún extractivo habrá más o menos garantía de derechos. Y, por eso, cualquier proyecto de construcción progresiva de derechos para establecer un modelo integral, capaz de hacer frente a situaciones de crisis económica, solo se podrá dar construyendo un modelo donde, conjuntamente con un fuerte sector público, se construya a la vez un fuerte sector del procomún cooperativo, para, de esta manera −cuando el Estado llegue a situaciones de crisis económica y no pueda hacerse responsable de todas las responsabilidades de prestación de derechos−, se puedan descentralizar las garantías de muchos derechos en el espacio comunitario.

Este es el reto que hay por delante, hay que entender que las constituciones no construyen modelos de igualdad estática; las constituciones construyen modelos de igualdad en acción que hay que ir construyendo paulatinamente. Y, en segundo lugar, hay que pensar a partir de qué modelo llevamos a cabo este proceso de construcción progresiva de los derechos y empezar a pensar un modelo que no haga depender la supervivencia del proceso de la coyuntura económica.

Y la única manera de llevar a cabo esto es construir un modelo donde, conjuntamente con un fuerte sector público, se empiece a crear un fuerte sector comunitario, no necesariamente solo asociado a lo indígena, sino, también, asociado a lo urbano.

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Albert Noguera Fernández

Es experto en constitucionalismo latinoamericano, procesos constituyentes y derechos humanos. Es Doctor en Ciencias Jurídicas por la Universidad de La Habana (Cuba) y la Universidad Jaume I de Castellón (España). Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente es profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Valencia. Antes lo ha sido en la Universidad de Extremadura y la Universitat Rovira i Virgili en España.

Es autor de una amplia producción científica donde destacan 7 monografías y más de 70 aportaciones en obras colectivas y revistas científicas españolas e internacionales sobre constitucionalismo latinoamericano; Poder y procesos constituyentes; teoría del Estado y de la democracia; Justicia constitucional; igualdad, derechos sociales y justicia social; crisis y medidas de austeridad en la UE.

Fue asesor de la Asamblea Constituyente de Bolivia (2006-2008) y de la Presidencia de la Asamblea Constituyente de Ecuador (2008), participando en las comisiones técnicas de redacción de ambas asambleas constituyentes.