Marx a través de los ojos de Lefebvre

Espacio, dialéctica y crítica

Sergio Claudio González García
Publicado en agosto 2018 en La Migraña 27
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Introducción

Uno de los aspectos más interesantes de los planteamientos marxistas ha sido la variedad de ámbitos en los que estos han servido como base para diversas formulaciones teóricas. Las perspectivas marxistas aparecen en distintas disciplinas trayendo a las mismas una forma concreta de analizar la realidad social. Los elementos que sirven como núcleo central a todas estas formulaciones y reflexiones se pueden centrar en el materialismo histórico y la dialéctica, entre otros. Por lo tanto, ambos elementos vertebradores de los análisis de Karl Marx sobre la estructura económica, el proceso de acumulación capitalista y la relación capital-trabajo, han configurado una herramienta de análisis coherente aplicable durante estos casi doscientos años.

Cuando se cumplen dos siglos del nacimiento del pensador alemán, una de las tareas académicas fundamentales no solo está en la revisión y el aprendizaje de su obra, sino también en la reflexión sobre los planteamientos posteriores de distintos autores que, basados en sus ideas, han llevado sus conceptos, teorías y postulados más allá del análisis filosófico y económico. De esta manera, Marx ha servido para inspirar ideas en ámbitos como la cultura, la sociología, la

Partiendo de esta reflexión inicial, lo que se pretende con este artículo es abordar un breve recorrido por una parte específica de la teoría del autor marxista Henri Lefebvre. No se busca con este trabajo realizar una revisión extensa y pormenorizada de los planteamientos completos del autor francés. Simplemente se busca señalar cómo sus ideas, formando un corpus heterodoxo y crítico con ciertos planteamientos de su época, tienen unos componentes centrales anclados en elementos eminentemente vinculados y basados en el pensamiento marxista. Incluso, algunos de ellos, fuertemente inspirados en ideas centrales defendidas por Marx en sus primeros momentos (Petrus, 1984). De esta manera, el materialismo y la dialéctica aparecerán como base para la elaboración de las formulaciones a través de las cuales Lefebvre reflexiona sobre la naturaleza y el análisis del espacio. Este autor va a considerar a Marx alguien que desde el cual pensar la realidad pero siempre desde un punto de vista crítico y teniendo en cuenta la necesidad de encontrar los elementos que el método dejaba en un segundo plano y sobre los que se debía iniciar una autocrítica. No solo se refería a una revisión de las ideas de Marx sino también a la forma en la que éstas estaban llegando a la actualidad a través de la doctrina impuesta desde la URSS que no tenía en cuenta elementos relacionados con la dialéctica, el materialismo y el humanismo insertos en los escritos del pensador alemán (Petrus, 1984: 107).

Henri Lefebvre forma parte de un grupo de pensadores a los que se ha adscrito dentro del denominado ‘marxismo occidental’, una evolución del pensamiento marxista del segundo tercio del s. XX que habría sido caracterizado desde fuera por una suerte de separación radical entre los planteamientos teóricos y la práctica política (Anderson, 2012 [1976]: 41). Ninguno de estos pensadores habría seguido la línea que vinculaba la reflexión intelectual con la praxis y aplicación política, por lo que se les habría encasillado en una labor meramente filosófico-académica. Si bien es cierto que Lefebvre mantuvo una estrecha vinculación con el Partido Comunista de Francia, sus reflexiones no buscaron influir o marcar la estrategia revolucionaria del partido o del movimiento comunista en la acción política concreta (Anderson, 2012 [1976]: 49). Su pensamiento se sitúa más en el ámbito de la ampliación del pensamiento marxista más allá de los marcos economicistas y estructuralistas dominantes en su época, no solo por un ligero cambio de enfoque sino también por un cambio sobre los objetos centrales de la reflexión. Aunque se pueda atisbar cierta realidad en estas afirmaciones, especialmente en lo relativo al carácter principalmente filosófico de gran parte del pensamiento lefebvriano, no se debe dejar de destacar la influencia que muchos de sus conceptos, especialmente el de ‘derecho a la ciudad’, han tenido en las ideas de los movimientos sociales activos. Como señala David Harvey, la influencia de algunas de sus ideas en los movimientos sociales urbanos es una realidad constatable que pone de manifiesto su carácter conflictivo y reivindicativo (Harvey, 2013: 6).

Como breve aproximación al trabajo teórico de Lefebvre se deberían señalar como puntos centrales, entre otros muchos, sus reflexiones sobre la naturaleza del espacio, el derecho a la ciudad, el carácter de lo urbano y las reflexiones sobre el marxismo y el materialismo dialéctico. Si se trata de abordar su reflexión sobre el espacio, como es el caso que levemente nos atañe, resulta imprescindible mencionar su obra La production de l’espace (1974) que supuso una consolidación de ideas esbozadas en otros textos relativas a la condición del espacio, su producción, las relaciones sociales y la reivindicación del ‘derecho a la ciudad’ a través de la afirmación del carácter conflictivo del espacio. Todo este conjunto de ideas ha configurado un núcleo de pensamiento que, si bien ha sido tardíamente analizado por el mundo anglosajón –debido a la demora en la traducción de sus principales obras–, ha causado una gran reflexión a lo largo de distintas etapas y con distintos autores dentro del pensamiento marxista más contemporáneo. Algunos autores han señalado de esta forma la existencia de tres debates, momentos o aproximaciones a la obra del autor francés a lo largo de los años. Uno de estos debates, podríamos decir ‘originarios’, se centró en el análisis crítico de los planteamientos lefebvrianos desde los enfoques de la economía política urbana vinculados a las ideas de Manuel Castell, primero, y David Harvey, posteriormente. Estas críticas marxistas giraban, principalmente, sobre la consideración del espacio, es decir, sobre su naturaleza y su relación con la estructura y las relaciones sociales (Kipfer et. al., 2008: 6-7). El segundo de los momentos de reflexión profunda sobre la obra de Lefebvre giraría en torno a los enfoques posmodernos que autores como Edward Soja realizaron sobre los elementos más transgresores de la conceptualización del espacio (1996). Destacan en este debate las reflexiones sobre el espacio vivido, la diferencia y la vida cotidiana (Kipfer et. al., 2008: 8-9). Por último, se llegaría a lo que se ha considerado como la tercera ola de estudios sobre Lefebvre donde aparecería un rechazo al dualismo de la interpretaciones anteriores buscando una forma de aproximación más abierta, con muchas más ramificaciones académicas y relacionada con la vinculación de sus planteamientos con ideas de otros autores (Kipfer, et. al., 2008: 13).

El ‘giro lefebvriano’

La principal aportación que realizó Lefebvre a las reflexiones sobre el espacio fue una nueva conceptualización del mismo que suponía un cambio en su consideración como elemento clave en la realidad social. Marx no realizó una profunda reflexión sobre la naturaleza del espacio ni sobre la relación de este con la estructura económica y las relaciones sociales. De hecho, Lefebvre señala la poca importancia que este autor dio a lo urbano y la vida cotidiana (Petrus, 1984: 109, Claval, 1993: 78). Su preocupación por esta realidad se circunscribió únicamente a las menciones a los medios de transporte, los lugares de producción, las mercancías y a las reflexiones, compartidas con Engels, sobre las contradicciones entre la ciudad y el campo, es decir, entre el trabajo industrial y el trabajo agrícola (Baringo, 2013: 121). Autores como Paul Claval han analizado lo elementos espaciales insertos en los planteamientos de Marx señalando la visión que tiene este sobre la división del trabajo, la circulación del capital y el dinero y el análisis de las diferentes formas de localización y ocupación del espacio por parte de los diferentes modos de producción (1993). En esta suerte de búsqueda de elementos espaciales en la obra de Marx se pueden destacar también algunas ideas en los tres primeros libros de El capital sobre los procesos de acumulación primitiva, la revolución agrícola, la creación de los mercados interiores o las rentas del suelo (Marx, 1984 [1867]), entre otras referencias a elementos como la distribución y la propiedad de la tierra que trataría en otras obras y ensayos posteriores. De esta manera, el espacio quedaba reducido, en los planteamientos de Marx, a un mero escenario donde se realizaban los procesos del modo de producción capitalista o a una localización geográfica. Por lo tanto, el espacio quedó como un elemento infravalorado, algo que contribuyó a consolidar la preeminencia del tiempo sobre el espacio en los enfoques marxistas y, generalmente, en la mayoría de análisis en las ciencias sociales.

Aunque las anteriores han sido las principales relaciones con el espacio que en la obra original de Marx se podían encontrar, David Harvey ha realizado en los últimos años una profunda labor de espacialización del marxismo a lo largo de diferentes obras. Esta tarea ha llevado al autor a realizar una pormenorizada reflexión sobre las ideas espaciales que aparecían en Hegel y Marx relacionadas con la expansión colonial e imperial como ‘solución espacial’ a los problemas de acumulación capitalista (2001: 392-393). Más allá de esto, este autor también ha realizado una búsqueda sobre la dimensión espacial que podía rastrearse dentro del Manifiesto comunista (Marx y Engels, 2002 [1848]) vinculada con lo que él denomina “problema del desarrollo geográfico desigual y la solución espacial” (2001: 395) dentro de una suerte de análisis de la geografía de la acumulación capitalista esbozada tímidamente en esta obra (2001: 399). De esta manera, Harvey señala los elementos espaciales del Manifiesto comunista llegando a una reconsideración final sobre los aspectos no suficientemente profundizados que concluye con la idea de que en la obra “…se subestima de manera potencialmente peligrosa la capacidad del capital para fragmentar, dividir y diferenciar, para absorber, transformar e incluso exacerbar antiguas divisiones culturales, para producir diferenciaciones espaciales, para movilizar geopolíticamente, dentro de la homogeneización general alcanzada en todo el trabajo asalariado y en el intercambio de mercado” (2001: 406).

Debido a esta ausencia inicial dentro del marxismo, Lefebvre busca en su teoría una profundización en la reflexión, desde el interior de estos planteamientos, sobre la naturaleza del espacio. En las primeras páginas de La producción del espacio se encuentra el plan y el objetivo de la obra que pasa por un rechazo a las formas predominantes de entenderlo y la necesidad de una visión del mismo que unificara el espacio físico, mental y social (Stanek, 2008: 63; Lefebvre, 2013 [1974]: 72). En definitiva, lo que está aportando este autor es un cambio ontológico y epistemológico en la forma de observar el espacio. Manteniendo la reflexión que existe en la obra de Lefebvre, éste toma como punto de partida la idea de estructura y superestructura que marca gran parte de la elaboración marxista. La perspectiva lefebvriana parte de un entendimiento del espacio que no lo sitúa como algo objetivo, dado a priori, natural o preexistente. El espacio es algo que se produce y que además es productor, por lo tanto es necesario situarlo al nivel de las fuerzas productivas y las relaciones sociales. Por lo tanto, la crítica se centra en señalar la inexactitud del estructuralismo marxista clásico que consideraba al espacio un elemento dependiente de los procesos y dinámicas capitalistas situándolo como resultado de los procesos económicos o como mero contenedor de estos (Lefebvre, 2013 [1974]: 149). Para Stuart Elden (2004:184), el elemento más claro de ruptura de Lefebvre con la tradición marxista reside en este intento de sacar al espacio de su encasillamiento en la superestructura para reposicionarlo en un nuevo nivel que escape del reduccionismo binario estructuralista (Soja, 1996: 47). La consecuencia lógica de esta nueva situación analítica del espacio está en situarlo en una dialéctica socio-espacial interrelacionada con las fuerzas productivas y las relaciones sociales. De esta manera, el espacio adquiere un papel principal y por lo tanto el proceso de su producción tiene que ser tomado en consideración puesto que es el lugar donde se inscriben las relaciones de producción y reproducción social (Hiernaux-Nicolás, 2004: 15). Esto lleva a Lefebvre a reflexionar activamente sobre el concepto de producción ambiguamente esbozado para el autor por Marx y Engels (2013 [1974]: 125). Esto es lo que se puede analizar como un cambio ontológico sobre la naturaleza del espacio que supone un debate concreto con el economicismo estructuralista marxista predominante.

Esta crítica al estructuralismo al nivel de la consideración del espacio es una consecuencia lógica del entendimiento crítico que Lefebvre va a tener de Marx y de la recepción en su época. Lefebvre, imbuido de este espíritu crítico, que considera el elemento esencial del análisis marxista, va a intentar sacar al mismo de lo que considera la ortodoxia oficial del momento para repensar los textos originales. Lo fundamental es acabar con el economicismo y la rigidez que la interpretación predominante del materialismo histórico y dialéctico, algo que veremos más adelante. Uno de los reproches fundamentales será la pérdida del humanismo y su sustitución por un mecanicismo estructural que impide la aplicación de muchas ideas que están en el corpus teórico de Marx (Petrus, 1984: 106). Para Lefebvre, existe un problema en reducir el materialismo histórico al materialismo, puesto que el primero es eminentemente dialéctico y el segundo se convierte en una mera abstracción mecánica que no está dentro de la lógica defendida por Marx, a pesar de las interpretaciones derivadas del materialismo dialéctico soviético (Elden, 2004: 36).

El cambio epistemológico también busca superar el reduccionismo en el conocimiento del espacio a través de una teoría unitaria que permita conocer todas las dimensiones de este en su totalidad dejando de lado los enfoques fragmentarios (Hiernaux-Nicolás, 2004: 14; Lefebvre, 2013 [1974]). La unificación de lo social, lo mental y lo físico en la búsqueda de una ‘espaciología’ o ‘espacio análisis’ (Hiernaux-Nicolás, 2004: 16) deviene de una aproximación dialéctica como elemento fundamental de aproximación, como se verá más adelante. Partiendo de la crítica al espacio euclidiano se busca superar la mera abstracción que compartimentaliza esta realidad reduciéndola a lo medible, observable y geométrico, dejando de lado otras dimensiones fundamentales. Una absolutización del espacio euclidiano que oculta elementos que son básicos para el pensamiento lefebvriano como son la vivencia y la realidad social del mismo, creando una forma de analizar el espacio que lo separa de la vida cotidiana, de lo vivido (Hiernaux-Nicolás, 2004: 15; Lefebvre, 2013 [1974]: 71-75). La importancia de la vida cotidiana vuelve a llevar al autor al Marx más clásico porque esta deriva de la necesidad de recuperar el humanismo que Lefebvre considera un elemento fundamental de los textos de Marx (Petrus, 1984: 109). Desde este humanismo, que extrae de Marx, llega a la importancia de la vida cotidiana y del espacio vivido, dos elementos fundamentales en sus elaboraciones sobre el espacio, las que posiblemente sean las más estudiadas del autor francés.

La dialéctica como base del pensamiento de Lefebvre

Este cambio de aproximación parte de una base que se convierte en el elemento fundamental del análisis, la dialéctica. La importancia que da Lefebvre al entendimiento profundo del materialismo dialéctico lo sitúa en una conexión muy estrecha con las ideas marxistas más cercanas a su creador. Pese a sus intentos de fijar la atención en realidades que se salían de los esquemas clásicos del interés marxista, su método de análisis a través de la dialéctica lo convierte en un autor eminentemente conectado con el pensamiento de Marx.

El punto de partida para entender la forma en la que Lefebvre va a comprender la dialéctica parte de un convencimiento sobre la necesidad de entender la realidad a través de sus contradicciones (Lefebvre, 1961: 7). Este estudio no puede reducirse al nivel idealista/conceptual que se extraía del pensamiento de Hegel (Schmid, 2008: 31) sino que tiene que estar estrechamente vinculado al análisis de la realidad social, es decir, del mundo externo material que es lo realmente verdadero siguiendo a Marx. Así, Lefebvre se sitúa en un planteamiento más cercano a este en su consideración de la importancia de la dialéctica materialista frente a la dialéctica idealista hegeliana (Schmid, 2008: 32). Por lo tanto, se puede afirmar que la interpretación lefebvriana es profundamente materialista (Lefebvre, 1961: 9, Stanek, 2008: 66), de donde se puede deducir la importancia que da al proceso de producción del espacio situándolo al nivel de las relaciones sociales y las fuerzas productivas y no como mera abstracción.

La dialéctica brinda a Lefebvre una aproximación teórico-práctica que le permite tener una unidad de conocimiento con la que superar la fragmentación, llegando a una comprensión de la realidad marcada por la totalidad. Esto le aportaría un método para comprender la realidad social a través del entendimiento de las relaciones que se producen dentro de la misma evitando separaciones, reduccionismos y particiones, es decir, evitando la separación entre el espacio social, mental y físico (Merrifield, 1993: 518). Método que él encuentra directamente en las aportaciones de Marx (Lefebvre, 1961). Lo importante es el conocimiento de la totalidad del espacio desde el entendimiento profundo de las relaciones y contradicciones de las partes del conjunto, es decir, se debe entender las relaciones de las partes y de estas con el todo, de tal forma que la separación responda a una cuestión meramente analítica puesto que lo importante es entender cómo se relaciona el todo con todo lo demás en una relación intacta (Harvey, 2001: 88). No es posible llegar a la comprensión de las diferentes partes de un todo sin entender la relación entre estas partes dentro del conjunto puesto que esta relación forma parte de lo que son, así, no se puede entender el espacio ni elaborar una teoría unitaria del mismo sin entender la forma en la que se relaciona lo mental, lo físico y lo social.
La dialéctica aparece como una forma de superar el enfoque cartesiano-newtoniano donde la totalidad no es más que la suma de sus partes, donde es posible analizar de forma separada y aislada lo material y lo mental, incluso separando al observador de lo observado, dejando de lado las relaciones y contradicciones que se dan en el seno de la realidad (Merrifield, 1993: 517). Por lo tanto, la dialéctica aparece como arma y método que afirma la unidad del conocimiento a través de la cual es posible sentar las bases para acercarse a un análisis del espacio que permita crear una teoría unitaria y que se aleje de la fragmentación y la abstracción matemático-geométrica (Lefebvre, 2013 [1974]: 64-65).

La aplicación lefebvriana de la dialéctica parte también de una crítica al marxismo hegemónico puesto que considera que éste ha perdido la conexión que el método dialéctico tiene con la experiencia humana. El materialismo dialéctico no puede ser entendido como un a priori sino que la dialéctica no existe al margen de la experiencia humana de la historia. En definitiva, la crítica reside en la conversión del método en un mecanicismo estructural por encima de la experiencia humana que se saldría de la verdadera interpretación que Lefebvre busca en las ideas de Marx (Petrus, 1984: 108). De nuevo aquí la recuperación del humanismo marxista, algo que resulta fundamental en las elaboraciones que Lefebvre realizaría en la incorporación del espacio vivido y la vida cotidiana como primer lugar de explotación (Kipfer, 2008: 198).

Lo fundamental en los planteamientos teóricos del autor que nos ocupa es la introducción de un tercer elemento como cierre de su aplicación de la dialéctica y como intento de superación del binarismo que había marcado los análisis marxistas. Esta concepción no binaria de la dialéctica implicaría la introducción de un tercer elemento, en un intento por recuperar la idea marxista de la contradicción entre capital-trabajo-tierra como forma de complejizar e enriquecer el análisis (Soja, 1996: 47, Elden, 2004: 36). El binarismo que suponía reducir el materialismo dialéctico a un simple economicismo marcado por la contradicción capital-trabajo suponía despreciar una parte del análisis marxista. Por esto, Lefebvre decide introducir un tercer elemento. En un primer momento este tercer elemento aparecía como síntesis de la relación dialéctica entre los otros dos siguiendo la conceptualización hegeliana de la dialéctica entre tesis-antítesis-síntesis o su reelaboración marxista como afirmación-negación-negación de la negación (Schmid, 2008: 33-34). Esta conceptualización que recuperaba la idea de un tercer elemento superador evolucionó dentro del pensamiento lefebvriano suponiendo un cambio en su concepción en los últimos trabajos del autor. De esta manera, tras las primeras aproximaciones llegó a una concepción del tercer elemento donde este aparecía con relación a los otros dos afectándose simultáneamente en una interrelación continua donde ninguno adquiría una situación predominante (Elden, 2004: 36; Schmid, 2008: 34). Una contradicción constante a tres bandas. A partir de aquí se configuraba su dialéctica espacial de tres elementos, la trialéctica (Soja, 1996, 60), que supondría la introducción de la idea del espacio vivido como elemento constitutivo de la interrelación constante con el espacio concebido y percibido (Lefebvre, 2013 [1974]: 97).

Esta evolución en la forma en la que Lefebvre pasa a entender esa triada donde los elementos se sitúan al mismo nivel en una interrelación constante no se realiza en el vacío, como la mayoría de las aportaciones lefebvrianas se sustenta en una interpretación de los textos del propio Marx. Lefebvre destaca la importancia que, en el método dialéctico configurado por Marx, tiene la materialidad y el movimiento. La dialéctica marxista parte de la afirmación de la existencia de una contradicción en la realidad, en la materialidad, que implica, como hemos mencionado, la necesidad de entender la relación de las partes que configuran el todo objetivo, no al nivel de las ideas. En el análisis concreto se puede producir una abstracción de los elementos para su identificación y conocimiento pero siempre teniendo en cuenta la relación constante, es decir, el movimiento. La abstracción debe llevar en el análisis a conocer los elementos en contradicción pero el conocimiento del todo en su máxima expresión supone tener en cuenta la relación, el movimiento constante a través del cual estas partes se relacionan para entender el todo (Lefebvre, 1961: 8). De esta manera, el análisis del espacio, al colocar en una interrelación constante y conflictiva a sus elementos cumple con esta interpretación dialéctica que Lefebvre realiza de Marx señalando elementos que la visión hegemónica del análisis marxista dejaba en segundo plano o despreciaba.

Conclusiones

Si bien es cierto que, dentro del pensamiento de Lefebvre, su concepción de la producción del espacio a través de la interrelación de lo vivido, lo percibido y lo concebido es uno de los elementos más destacados y citados –si dejamos de lado el concepto de ‘derecho a la ciudad’–, desde este artículo creemos necesario entender cómo la configuración de esta triada está marcada por un análisis desde el interior de la teoría marxista. La importancia de superar el reduccionismo dialéctico y estructuralista dentro del marxismo occidental llevó a este autor a realizar una lectura crítica constante. Lectura crítica que no solo se circunscribió a fijar el objeto de estudio en un elemento que había quedado fuera de los planteamientos marxistas más extendidos sino también a realizar una relectura de los elementos clave de esta concepción, el materialismo y la dialéctica.

A partir de esto, la producción del espacio se pensaba en una relación de tres momentos que permitían cumplir con todos los puntos del pensamiento lefebvriano, a saber: la situación del espacio al nivel de las fuerzas productivas y las relaciones de producción como un elemento producido y productor, el análisis del mismo a partir de un cambio en la concepción de la naturaleza de este que lo colocaba en una situación protagónica y que buscaba establecer un marco unitario para comprenderlo desde la unión de todas sus dimensiones (social-mental-física), y la necesidad de entender las contradicciones inherentes al mismo para poder conocer su realidad total a través del conocimiento de las relaciones que le dan forma (concebido-vivido-percibido). Así, Lefebvre sentaba las bases de la trialéctica marcada por lo que denominó representaciones espaciales-prácticas espaciales-espacios de representación, como elemento fundamental para analizar la producción del espacio. Ahora, con este breve trabajo se ha podido dar a conocer a grandes rasgos los elementos básicos sobre los que se asentaba esta elaboración y que estaban marcados por una adscripción, heterodoxa en algunos casos, a los planteamientos marxistas. Por lo tanto, la idea que ha abierto este trabajo se mantiene, la necesidad de comprender a Marx a través del conjunto de formulaciones y elaboraciones realizadas con posterioridad que permiten llevar el análisis marxista a otros ámbitos. Un análisis marxista que, para Lefebvre, tenía como principal misión la crítica hacia el exterior y hacia el interior de los propios planteamientos para alejarse de la ortodoxia y el dogmatismo.

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Sergio Claudio González García

Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid (2017). Actualmente es Personal de Apoyo a la Investigación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología (UCM). Entre sus publicaciones: Heritage, place and neighbourhood: itineraries as public space contention in ring- road districts of Madrid, Research in Urban Sociology, Vol. 15, 2016 (with P. Limón). Las luchas por el patrimonio en la construcción de la ciudad desde Carabanchel. Prácticas socio-espaciales y memorias colectivas desde el espacio vivido (WPCC-165501), Working Paper Series CONTESTED CITIES, 2016. La liberación’ del Campo de Concentración de Castuera: rebelarse a través del espacio, Revista Páginas, Vol.9, Nº21, 2017.