Reflexiones desde la juventud militante

Geopolítica del capital y la negación de la diversidad

Carla René Baldivieso Soruco
Publicado en mayo 2018 en La Migraña 28
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El capitalismo como sistema mundial se reproduce a costa de la vida y en su expansión reconfigura geopolíticamente los territorios, tanto materiales como inmateriales. Genera crisis civilizatorias que sirven para reciclar las relaciones de producción y permitir nuevamente la generación de las condiciones para continuar con un sistema incompatible con la vida misma, un sistema que tiene como base la mercantilización de las personas, de sus relaciones, de sus creaciones, convirtiéndolas en fetiches al servicio de la acumulación.

El modo de producción capitalista, se funda en una estructura económica y superestructura a la que le corresponden formas de conciencia social1. Es por ello que se expande de forma material, pero a la vez requiere expandirse ideológica y culturalmente para legitimar sus ganancias, acumulación y concentración del poder, para ello despliega un discurso hegemónico que permite ocultar las contradicciones del capital2, y que utiliza diversos dispositivos para ser naturalizado, tales como la educación.

Considerando discurso hegemónico como “la construcción y justificación ideológica de los privilegios socio-culturales, económicos y políticos a favor de las elites de poder”3, que se materializa en:

  • Sociedades que legitiman injusticias y riesgos para su propia reproducción.
  • Sociedades que ven como distante la crisis humanitaria actual, haciendo caso omiso de los 20 millones de personas en riesgo de hambruna (ONU, 2017).
  • Sociedades que presencian sin inmutarse las guerras generadas por el capital, con víctimas cada día en países como Siria, Iraq, Yemen, Afganistán y Ucrania, así como también conflictos armados que se mantienen en vilo como el de Estados Unidos con Corea del Norte, y los más cercanos geográficamente a nuestro país como los que se generan en Venezuela. Entre otros que ocurren principalmente entre Medio Oriente y África, y que día a día exterminan parte de nuestra propia humanidad.
  • Sociedades que no reaccionan ante un sistema económico en el que la brecha entre la economía real y el capital ficticio generado por la especulación financiera es cada vez mayor (el producto mundial bruto a nivel mundial, era de $75 billones en 2015, mientras la especulación en monedas ascendió ese año a $5.3 billones al día y el mercado global de derivados se estimó en $1.2 trillones4), reduciendo el tiempo faltante antes de una nueva crisis económica mundial, fundada en la excesiva acumulación en pocas manos.

Es así como el discurso hegemónico es determinante para convertirnos en seres que, en vida, pierden la capacidad de indignación ante la injusticia social que recae sobre la propia vida. He ahí la importancia para la construcción del sentido común de las personas y, por tanto, de lo que es legitimado para la formación social. Este discurso hegemónico, se difunde por medios de comunicación masiva y también por las redes sociales a través de la manipulación de los sentidos colectivos. Utiliza la palabra y el símbolo para articular las creencias de las mayorías en torno de las conveniencias de las minorías que disputan el poder del capital mundial.

A través del discurso legitimamos lo que consideramos verdadero, son las palabras alienadas y alienantes sin capacidad transformadora las que desvinculan a las personas de la realidad en la que se encuentran, y las convierten en objetos, alejadas de su capacidad de ser sujetos para la praxis emancipadora5.

Es por ello la centralidad de cuestionar nuestras construcciones personales, nuestro ser persona en sociedad, con respecto al lugar desde el cual nos situamos para la transformación social y a nuestra historia personal y colectiva, recuperando y reivindicando las luchas de nuestros pueblos, y en torno a ello, descifrando los mecanismos que utiliza el discurso hegemónico para destruir las sociedades y esfuerzos colectivos alternos a los del capital.

Cuestionar nuestra construcción personal en lo colectivo, para el bien común, para el cambio de paradigma civilizatorio hacia el Vivir Bien, nos lleva a reflexionar sobre las adscripciones identitarias y el planteamiento hegemónico de las mismas: la homogeneización cultural. Considerando a la misma como la negación de las diversidades a partir de procesos de colonización cultural, que permiten la reproducción de modos de producción y por tanto de modos de consumo para la perpetuación del sistema dominante.

Las adscripciones identitarias y el sentido de pertenencia de las personas con respecto a grupos sociales que se unifican por elementos en común, como por ejemplo, la adscripción de acuerdo a lo etario y al género, considerando el caso de “la juventud” y de “la mujer”, sufren manipulaciones por parte de los sectores conservadores a nivel mundial, pretendiendo y permitiendo, con la reproducción del capitalismo, la homogeneización social por grupos humanos, creando pautas de consumo que favorezcan sus intereses económicos.

Considerando la agenda de debate actual y acción política, se observa estas adscripciones: “la juventud” y “la mujer”. Son referencias utilizadas por partidos políticos conservadores, e incluso por las denominadas plataformas ciudadanas, utilizando voces que no les pertenecen en nombre de un supuesto sentir colectivo, negando la diversidad en el interior de los grupos formados en base a las adscripciones mencionadas, en torno a un proyecto de sociedad que genera producción en masa de individuos que permitan la reproducción del capital, a partir de la homogeneización social por grupos humanos.

Mediante la homogeneización se pretende conservar las estructuras de poder, y por tanto las jerarquías propias de un sistema que a la vez que propone la globalización de patrones de vida a partir de modos de consumo, apoyados por un gran aparato de conquista cultural, mantiene aún las jerarquías propias de un sistema que se sustenta y pervive gracias a la desigualdad, pues, si bien postula la estandarización de las personas en base a una idea hegemónica de “igualdad”, la organización económica mundial continúa generando sociedades opresoras y oprimidas, en función al lugar en el que les toca estar en el reparto mundial de riquezas, considerando la concentración de las mismas ciertos países y la marginación de otros en este reparto injusto del trabajo colectivo.

Retomando los ejemplos planteados de lo identitario, en un momento político de correlación de fuerzas en nuestro país, en el que los sucesos acontecidos desde el 21 de febrero de 2016, generan una suerte de polarización política que puede resultar peligrosa al negar la diversidad del campo político–social de nuestro país, con discursos que pretenden anular lo diverso.Reflexionemos sobre los ejemplos planteados:

En el caso de “la juventud”, Torrez6 menciona la importancia de no olvidar la adscripción identitaria como resultado de una complejidad social que da cuenta de la no existencia de una sola forma de ser joven, y que abre la posibilidad de las muchas maneras de serlo. Es así que en lo joven se encuentran diversidades, y toda agrupación que pretenda utilizar con fines políticos esta adscripción, atribuyéndose la pertenencia etaria de este grupo social, no hace más que negar la diversidad presente en el mismo, pretendiendo hacer funcional su gran importancia social.

Tomando en cuenta que más allá de las consideraciones de tipo economicista que ven en la población joven una oportunidad de mejorar el desempeño económico de un país; debido al incremento de la “oferta de trabajo” en el mercado laboral, por el denominado “bono demográfico”; y las contemplaciones de lo político partidario escondido tras el manto de “ciudadanía movilizada” y sus intereses de captar votos de jóvenes para las próximas elecciones, continúan observando a la población joven como un grupo que sirve de comodín o escalera para alcanzar objetivos de acumulación económica y de poder.

Sin embargo, nuestro objetivo es considerar la importancia social del ser joven en su diversidad, en un sentido que si bien puede resultar romántico, es la base para la formación de hombres y mujeres nuevas, la juventud como un grupo poblacional que a partir del despertar de su conciencia política-social, y de su potencial despertar de conciencia de clase, puede con una mirada crítica y situada, apostar por caminos alternos a los ya utilizados por el conservadurismo para la construcción de nuevos mundos posibles.

El hablar en nombre de la juventud entonces, no es más que una falacia, pues nadie puede atribuirse un discurso en nombre de lo colectivo, ocultando los discursos de la pluralidad de opiniones, posiciones y sentires con respecto a las problemáticas existentes.

En el caso de “la mujer”, dada la coyuntura política, considerando un sistema patriarcal que se entronca con el capitalismo reconfigurando los poderes opresores7, la tecnocracia de género; las agrupaciones que utilizan a las niñas y mujeres jóvenes en situación de vulnerabilidad para fines político partidarios, las que se tiñen de feminismo burgués o liberal y defienden privilegios que muchas veces ni siquiera gozan, las que con símbolos de luchas de los pueblos surgen y se alían con las élites para ser “segundas al mando en el poder”, niegan nuevamente las diversidades, utilizando el discurso de: “la mujer”, siendo funcionales al sistema, con causas parciales y no sistémicas, que por lo tanto no permiten generar verdaderos cambios sociales sino reciclar y perpetuar las relaciones de poder entre géneros.

Estas agrupaciones de igual forma, profundizan y acompañan la ahistoricidad propia del individualismo y del “homo economicus” (hombre económico): individuo racional, ahistórico, homogéneo, competitivo, maximizador de utilidades; propuesto por la teoría económica utilitarista8, aquél que permite la consecución de un sistema que pretende la acumulación infinita en un mundo finito, que permite reproducir también el patriarcado y la colonialidad.

Este tipo de movimientos de mujeres, a la vez se nutren de grupos de juventudes que crecieron en la década en que el denominado “fin de la historia” hizo que el neoliberalismo tome impulso, grupos que rehúyen a la política, pero en su ser apolítica (o), la secundan sin cuestionarla, ni a ella ni a los privilegios y jerarquías de poder. O que, si se manifiestan políticamente, se sirven de ello para continuar con el discurso hegemónico y ser funcionales al sistema, aliándose con grupos que pretenden servirse de la política para acceder a dicho poder, como un fin en sí mismo, para recuperar privilegios de clase debilitados, o para lograr intereses de tipo individual.

La negación de lo diverso, no sólo pasa por la adscripción identitaria, sino por las relaciones de producción social, las ideas e instituciones que sustentan dichas relaciones y que a la vez son su creación. Instituciones creadas por la sociedad, que a la vez la definen, limitan, dominan, tales como: la democracia, la libertad, la familia, la religión. La democracia, considerando en su forma hegemónica la democracia liberal. La libertad, con base en la libertad de mercado en un sistema capitalista, la libertad de comercio, la libertad de comprar y vender. La familia, como un requisito que la sociedad exige a ser completado entre un hombre y una mujer bajo ciertos mandatos de subordinación que permiten naturalizar las relaciones de poder entre géneros. La religión, en cuanto limita en función a sus creencias y códigos de ética, las relaciones de espiritualidad.

Estas entre otras ideas son en las que se basa lo hegemónico y son defendidas por los sectores privilegiados, usualmente los sectores conservadores, tales como los partidos políticos de derecha de nuestro país, ciertas plataformas denominadas ciudadanas; en las que se escudan políticos relegados o que pretenden aprovechar el momento para visibilizarse en nombre de su “ciudadanía”. Otros grupos tales como la Plataforma por la Vida y la Familia, en defensa de “verdades únicas”, se sirven de estas ideas para perpetuar la hegemonía, planteándolas como leyes eternas de la naturaleza y de la razón9, pretendiendo negar realidades tales como la diversidad sexual y el aborto.

Tanto unas agrupaciones como otras, usan estas ideas como banderas de lucha, y al hacerlo, niegan lo diverso y la existencia de lo alterno, impidiendo constantemente las transformaciones sociales y los esfuerzos que puedan realizarse en este sentido, generando disputas tales como las generadas para la aprobación del Código del Sistema Penal, o previamente a estos sucesos, la aprobación de causales para la despenalización del aborto.

Es justamente en estos procesos de transformación social hacia la igualdad sustantiva en los que nos detenemos para reflexionar y recuperar nuestras memorias colectivas. Considerando que es en la diversidad, en la alternancia, en la pluralidad, en que se encuentran los márgenes, “donde las miradas críticas al capitalismo encuentran planteamientos teóricos y prácticos prefigurativos de otro orden”10. Son estos espacios que se deben disputar en todo tipo de territorio, tomando en cuenta que también lo virtual y las disputas de ideas materializan en las relaciones sociales de producción.

Es generando resistencias como se recupera la indignación, la capacidad de cuestionarnos sobre las relaciones sociales que permiten la reproducción de injusticias y desigualdades, y la conciencia social para el despertar de la conciencia de clase, que permite transitar más allá del discurso alternativo, a la acción política emancipadora.

Los desafíos que plantea la transición de Estado en nuestro país, ameritan aún más el recuperar lo diverso y profundizar las transformaciones estatales en este sentido, retomar lo que está al margen de dominio del capital y (re) construir alternativas al desarrollo que permitan un transitar sin perder el norte establecido para alcanzar nuestras utopías. Construir sociedades que más allá del individuo – objeto propio del capital, recuperen lo diverso del sujeto de reivindicación social. Para lograr cambios de paradigma, por mundos más justos y para profundizar las luchas de nuestros pueblos.

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Carla René Baldivieso Soruco

Investigadora adjunta de la Comunidad de Estudios JAINA. Integrante del Concejo Editorial para la publicación del Boletín Diversitas. Conformante del Aula Abierta del Pensamiento Crítico Revolucionario de la Comunidad de Estudios JAINA. Forma parte de: colectivo Liga CH Roja, Colectiva Feminista Mochas Copleras, Campaña 28 de Septiembre – Tarija.

Economista por la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho (Tarija). Becaria del Ministerio de Educación del Estado Plurinacional para estudios de Maestría en Ciencias del Desarrollo Rural en la Universidad de Ghent, Bélgica.

Algunas publicaciones son: “PROSOL: Construcción de alternativas para la revolución por la tierra” (Escuela Nacional de Formación Política, 2017), “Juventud, Mujer y Hegemonía” (Periódico El Coplero, 2017). En coautoría con Lizárraga A. Pilar: – “Los contrasentidos de la Autonomía Departamental: gobernar por Decreto como practica anti autonomista y antidemocrática” (Diversitas, 2016)