Lecciones revolucionarias en tiempos de incertidumbre planetaria

Globalización y desglobalización

Álvaro García Linera
Publicado en Mayo 2018 en La Migraña 26
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Quiero compartir con ustedes un par de ideas respecto a cómo veo la situación del mundo en la actualidad.

“Estados Unidos volverá a ganar como nunca antes, recuperaremos nuestros puestos de trabajo, recuperaremos nuestras fronteras, recuperaremos nuestra riqueza y recuperaremos nuestros sueños. Vamos a construir nuevas carreteras, puentes, aeropuertos, túneles y ferrocarriles a lo largo de nuestra nación, y haremos que nuestros ciudadanos vuelvan a trabajar para reconstruir nuestro país con manos estadounidenses.

Hoy sólo miramos al futuro. Desde este momento, una nueva visión gobernará nuestra tierra. Desde este día, sólo será `América primero´. Cada decisión en comercio, impuestos, inmigración o asuntos exteriores, tendrá el objetivo de defender a los ciudadanos y trabajadores estadounidenses”.

Donald Trump, Presidente de Estados Unidos (21 de enero de 2017).

Cuatro meses después de estas palabras –que marcan una nueva faceta discursiva de los gobernantes del mundo–, la presidenta de Alemania, Angela Merkel, parte de quienes en verdad gobiernan Europa, dice:

“Los tiempos en los que nos podíamos fiar completamente de los otros [es decir, de Estados Unidos] están terminando; eso lo vi en los últimos días, y por ello solo puedo decir que nosotros, los europeos, debemos realmente tener nuestro destino en nuestras propias manos”.

Angela Merkel, Canciller de Alemania (30 de mayo de 2017).

Por su parte, el Presidente de China sostiene:

“No habrá ganadores en una guerra comercial. Seguir el proteccionismo es como encerrarse uno mismo en un salón oscuro: Puede que evite el viento y la lluvia, pero también se quedarán afuera la luz y el aire.

Tenemos que permanecer comprometidos con el desarrollo del libre comercio y la inversión, para promover el comercio y la inversión, la liberalización y la facilitación (del comercio) a través de la apertura y decir no al proteccionismo”.

Xi Jinping , Presidente de China (17 de enero de 2017).

Pero en lo que va de los últimos seis meses estamos presenciando un antagonismo discursivo, no solamente comparable a los tiempos de la Guerra Fría. Desde los años 80 hasta ahora, el mundo entero –incluidos nuestros países– hablaban un solo lenguaje, un solo horizonte, tenían una sola mirada del mundo: Todo era libre comercio, libre mercado, privatizaciones, desregulación. Es decir, la globalización se había constituido en el destino final de la historia de la humanidad. Este discurso homogéneo que hemos vivido durante los últimos 20-30 años se ha quebrado; aparece Trump hablando de proteccionismo y de “América primero”; le responde un comunista, Xi Jinping, y le dice “viva el libre comercio”; luego sale Merkel y dice que ya no pueden confiar en nadie. No estoy hablando de cualquier persona, estoy hablando de las tres personas que tienen en sus manos las tres economías más potentes del mundo: Estados Unidos, China y Alemania.

¿Cómo entender esta confrontación, este quiebre del horizonte común y esta confrontación de miradas distintas sobre el futuro del mundo que se está desplegando a la cabeza de las economías capitalistas más poderosas del mundo? Es una hipótesis que parte del capítulo uno de El Capital de Marx sobre la mercancía, donde se analiza su doble dimensión en la Edad Moderna, su cualidad de uso y su cualidad de intercambiabilidad. La cualidad de uso se asocia al sistema de necesidades que satisface una cosa o un producto, es decir, satisface alguna necesidad. Esa cualidad de satisfacer necesidades es el valor de uso; pero la manera de acceder a ese valor de uso en la sociedad moderna es a través del valor de cambio, es decir, de su costo, de su precio. Ese es el valor de cambio. Entonces, entendemos que el valor de uso habla directamente del sistema de necesidades humanas, en tanto que el valor de cambio se refiere a las cualidades de intercambiabilidad.

Pero ¿qué es el sistema de necesidades? ¿Cómo aterrizamos el sistema de necesidades de cualquier país o del mundo entero? Básicamente cuando hablamos del sistema de necesidades estamos hablamos de la cultura, de los procesos de legitimación, de organización, del conjunto de requerimientos colectivos que una sociedad genera territorialmente en un momento dado. Este es el espacio de construcción de las naciones. El valor de uso, según la hipótesis de trabajo, es lo que da lugar a la construcción de las identidades y los territorios nacionales, ya que el lugar del sistema de necesidades es el que corresponde al lugar de la construcción de legitimidad, y el lugar de la construcción de legitimidad es el lugar de la construcción de la cultura, y la construcción de la cultura en la sociedad moderna está anclada en espacios territoriales nacionales.

En cambio, el valor de cambio hace referencia ―en su modo de intercambiabilidad― a un espacio universal. El fundamento es que la mercancía se produce para quien no produce; se produce algo para personas que no se conocen y ¿cuál es el horizonte máximo del que no produce? La respuesta es el universo, el planeta entero. Es decir, por definición el valor de cambio de la mercancía define una territorialidad planetaria, y por su definición, el valor de uso tiende a anclarse en una territorialidad nacional.

Entonces el valor de uso puede ser procesado bajo políticas de proteccionismo: Proteger el territorio nacional, proteger el sistema de valores territorializado, proteger el sistema de legitimación, de cohesión social y de reproducción social, es decir, fomentar las políticas proteccionistas. En cambio, el valor de cambio es el que impulsa la universalización de la mercancía hacia la disolución de las fronteras y establece como lugar de irradiación el planeta entero. Eso, en términos de política económica, da lugar a las distintas tendencias del libre cambio como el liberalismo o neoliberalismo. Entonces, de alguna manera, se trata de una relación mediada por la mercancía con sus espacios y políticas de realización.

En otras palabras, se trata de la tensión entre espacio nacional y espacio planetario, y entre políticas proteccionistas y de libre cambio. Esta tensión es inherente a la naturaleza misma del capitalismo, es decir, a la mercancía, al punto de partida de la constitución del orden genético de la sociedad moderna. El capitalismo, en los últimos 400 años, se ha movido en torno a esta tensión; ha habido momentos, décadas de políticas proteccionistas dominantes y luego momentos de políticas librecambistas dominantes. No son espacios separados totalmente. Estoy hablando de espacios predominantes, por ejemplo, la aplicación de políticas proteccionistas con ámbitos de liberalismo en otros aspectos, o aplicación de políticas de libre cambio con aspectos de proteccionismo en algunas áreas.

En la lógica de la mercancía, en su dimensión de valor de uso, el mundo se presenta como una suma de naciones, como una suma de territorios relativamente autónomos que se interconectan, pero donde el sujeto es la unidad territorial nacional y el mundo capitalista es una suma de unidades territoriales nacionales. Es decir, bajo la lógica del libre cambio del valor de uso, el mundo capitalista es una suma de unidades territoriales nacionales con sus vínculos planetarios.

Así, en la lógica de libre cambio liberal o neoliberal el mundo es un espacio homogéneo; el mundo tiende a ser imaginado, como horizonte utópico, como un único espacio unificado y homogéneo porque es el lugar de la realización del valor de cambio, es decir, del consumo por los no productores. Y ¿quién es el no productor? El mundo entero, por lo tanto ese es el espacio concreto de realización de la mercancía. Se trata de lecturas utópicas, pero que orientan el accionar de gobiernos, empresas, ideólogos o investigadores.

En el proteccionismo lo prioritario es el planeta; hay espacios de legitimación. El capitalismo aún no ha logrado un mecanismo de legitimación planetaria sin tener que recurrir al Estado, a la cultura local, al territorio nacional, a los mecanismos de coerción para ejercer procesos de legitimación y de estabilización social.

De alguna manera, esta es una representación de los ciclos librecambistas y proteccionistas del mundo desde hace aproximadamente 170 años. El ciclo de libre comercio, a la cabeza de Inglaterra en el siglo XIX, que es estudiado por Marx muy claramente y que tiene su momento de declive en la Crisis de 1929. Previamente, van surgiendo políticas proteccionistas que luego se consolidan a lo largo de los “gloriosos” años 30, 40 y 50 durante la expansión capitalista, que entra en declive en los años 80 cuando aparecen Margaret Thatcher y Ronald Reagan que nos dicen que no hay alternativa más allá del libre comercio. Con la caída de la Unión Soviética el año 89 ―y de toda Europa Oriental que es absorbida por Europa Occidental― esto se consolida.

Los ciclos de proteccionismo y libre cambio cada vez se van achicando más; y si fuéramos más atrás –estudiando los ciclos como lo hace Velderstein– vemos que cada ciclo es cada vez más largo y cuanto más nos acercamos a la actualidad los ciclos tienden a comprimirse más. La pregunta es si no estaríamos asistiendo al inicio de un nuevo ciclo proteccionista en el mundo, o al menos a un intento de dar lugar a un nuevo ciclo proteccionista en el mundo como una forma de canalizar y de dar lugar a la superación de los problemas que ha presentado el capitalismo en los últimos años.

Como ustedes saben, el ciclo proteccionista de los años 30 a los años 80 estuvo caracterizado por el i) Estado de Bienestar, ii) los acuerdos tripartidos entre sindicatos, Estado y empresarios, así como una expansión y potenciamiento de los sindicatos urbanos asalariados, iii) el Acuerdo de Bretton Woods, iv) los sistemas monetarios nacionales, v) los riesgos de mercado reducidos y controlados, y vi) las tasas de interés fijadas por los Estados. A partir de los años 80 hasta hace dos años atrás, el libre comercio estuvo caracterizado por i) la liberalización financiera, ii) internacionalización financiera y comercial por encima de los Estados, iii) tratados de libre comercio, iv) privatizaciones en todas partes del mundo, v) sistemas bancarios paralelos, vi) desregulación laboral y flexibilización en este tema, vii) creciente globalización de procesos productivos, viii) nuevo soporte técnico comunicacional globalizado, es decir, Internet ha creado un mecanismo de unificación del mundo en este ámbito, y ix) triunfo de la globalización como narrativa ideológica-política. De alguna manera los textos de Toni Negri y Michael Hart fueron sobre la derrota del pensamiento y experiencias socialistas de los años 80; fueron el flujo reciclado del pensamiento socialista, de esta mirada ya casi insuperable e irrebatible de la globalización como destino imparable de la humanidad.

Por ejemplo, de una institución que es un banco de bancos con sede en Alemania y que sale de un reporte de hace tres meses, se retrata un poco estos ciclos tomando en cuenta los activos y pasivos financieros así como el comercio. En el ciclo proteccionista los activos y pasivos financieros representaban poco menos del 15% del Producto Interno Bruto mundial, mientras que en el ciclo de libre cambio, entre 1850 y 1930 esos activos y pasivos financieros llegan hasta casi el 90% del PIB mundial. Luego viene el ciclo proteccionista y vuelven a caer mientras que en la última etapa del liberalismo económico se disparan al 400% respecto al PIB mundial. Es una relación que muestra el crecimiento y la importancia de los activos y pasivos financieros en los ciclos proteccionistas y librecambistas de la economía planetaria. Lo mismo sucede con el comercio; se ve cómo comienza a subir en el ciclo de libre cambio del siglo XIX, vuelve a caer en el ciclo proteccionista y en el último ciclo del libre cambio se dispara hasta cerca de 160% respecto al PIB mundial. Entonces, desde el punto de vista de los banqueros, la importancia de los flujos financieros y comerciales en los ciclos proteccionistas es menor que en los ciclos de libre cambio donde se expande más.

Lo que hemos mostrado anteriormente se puede asumir como la fase A de la globalización, que es la fase de expansión del ciclo globalizador reciente, y que tiene por característica los siguientes puntos: i) Menos ahorro, ii) más endeudamiento, iii) más consumo, iv) más ganancia, y v) mayores precios de los activos y más ganancias. En lo político se da lo siguiente: i) Expropiación privada de lo público, ii) des-democratización política, iii) desorganización de las clases peligrosas ―especialmente del sindicalismo― y sectores populares, y iv) hegemonía cultural innegable.

¿Qué pasa entonces en la fase B descendente de este ciclo de la globalización? Principalmente se da i) una falta de control público sobre los circuitos financieros, como por ejemplo la crisis de 2008 en Estados Unidos que consistió básicamente en papeles que vendían papeles y que se desligaban del ámbito real de la economía, ii) sistemas bancarios paralelos, y iii) fondos de inversión especulativos, que son los que han dado lugar a este descontrol de las finanzas mundiales en el periodo 2007-2009.

¿Cuál es otra característica de esta fase B descendente de la globalización? En el informe del Bank for International Settlements2 sobre la participación del 1% de la población con más ingresos en la renta. En el ciclo proteccionista, tanto en los Estados desarrollados como en los Estados con economías emergentes, esta concentración de la riqueza tiende a decaer; la máxima concentración de la riqueza se da en los años 80, y a partir del ciclo neoliberal esta concentración de la riqueza otra vez repunta en ambos tipos de economías.

Oxfam, el año 2015, muestra que el 1% más rico, que pasa del año 2010 al 2015 –pero proyectado al 2020– de tener el 44% de participación de la riqueza mundial a tener el 48% y probablemente acabe con un 54%. En tanto que el 99% más pobre comienza con un 55% de la riqueza y probablemente acabe con un 45%. En otras palabras, el 1% más rico de la población poseía porcentualmente ―alrededor del 50%―, la misma riqueza que el 99% restante de la población. Las estimaciones muestran que esa tendencia se incrementará con los años.

El 2016, Oxfam nos muestra otra perspectiva de la desigualdad de los ingresos, es que la riqueza de las 62 personas más ricas del mundo sigue aumentando, mientras que la riqueza de las personas que se encuentran en la mitad más pobre ha disminuido y/o estancando en los últimos años.
Sobre el tema de la polarización social en cuanto a la caída de la clase media, en el último tiempo, tanto en países como Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia y el Reino Unido, datos agregados del G7 que excluyen a Japón, muestran que las clases medias se están vaciando y no solo en Estados Unidos.

El Instituto Mckinsey3, el 2016, realizó un estudio del porcentaje de población en grupos con ingresos de mercado estancados o decrecientes, donde el promedio de los países más avanzados -25 países- muestra que la caída de los ingresos en los últimos 10 años es del 65%.

En Le Monde Diplomatique publiqué unos cuadros que muestran la falsedad de la homogeneidad del espacio territorial liberal y neoliberal; muestran entonces cómo el comercio, los beneficios, el transporte, las telecomunicaciones, los flujos comerciales y los flujos de capital se concentran en territorios específicos, donde América Latina se encuentra en una posición marginal y África prácticamente no existe en el caso del transporte de carga aérea; mientras que el transporte de pasajeros da cuenta que el tránsito se concentra entre Europa, Estados Unidos y el sudeste asiático. Finalmente, las empresas tienen concentrado su capital fundamentalmente en Estados Unidos, Europa y el sudeste asiático.

Por otra parte están los presupuestos de investigación nacional militar. Y ¿qué tiene que ver esto? Es de ahí de donde salen las principales tecnologías que luego se aplican en la industria de las telecomunicaciones. A la cabeza están de nuevo Estados Unidos, Europa y Japón. Por lo mismo, no es raro que los principales descubrimientos se hagan en estos países y los principales premios Nobel sean para estos países por este plus de apoyo que hay para la investigación en ciencia y tecnología desde el ámbito militar.

El comercio de mercancías, igualmente concentrado en el norte donde la importancia comienza con Europa, sudeste asiático y luego Estados Unidos, América Latina se presenta muy débil y al final aparece África. Hay que decir que lo mismo sucede con el transporte de carga en aeropuertos y puertos donde América Latina tiene una presencia marginal.

En cuanto a la población y el Producto Nacional Bruto (PNB), vemos que Estados Unidos tiene un gran PNB y poca población, Europa un PNB muy grande y poca población, China y Mongolia tienen mucha población y un PNB mediano, Sudamérica mucha población y un PNB pequeño, y finalmente África mucha población y un PNB diminuto.

Finalmente, la representación mental que tienen los jóvenes cuando les preguntan dónde creen que es el país con más opciones de desarrollo. En su imaginario aparece Europa agigantada, América Latina parece reducida a un esqueleto de pescado, Estados Unidos y el sudeste asiático agrandados y África igualmente mínimo.

De ser cierta la hipótesis de la fase B descendente de la globalización, vemos que en los últimos meses estamos asistiendo a una manifestación del malestar contra la globalización. En varios países se han producido revoluciones, malestares y descontentos: Estados Unidos, Inglaterra, Grecia, España, Francia, Italia, el norte de África, América Latina ―con excepción de Colombia, Perú y Uruguay― y Siria entre otros. Pero ¿por qué Estados Unidos? Porque consideramos que de alguna manera la elección y victoria de Trump, así como la emergencia de Sanders, son un signo de malestar contra la globalización; sucede lo mismo con Corbyn en Inglaterra, Macron en Francia y Podemos en España. Esto muestra a regiones donde no se han producido revoluciones políticas, pero donde se han manifestado tensiones, malestares y un giro radical en el debate político. El hecho de que en la actualidad un candidato en Inglaterra hable de nacionalizar los ferrocarriles, o que Sanders se declare socialista en un país donde se demonizaba esta corriente, da cuenta de una modificación de los discursos, de los idearios y de una fragmentación general del horizonte de época actual. América Latina representa en los años 2000 una canalización estatal de este malestar contra la globalización.

La tercera hipótesis es que estamos asistiendo a un momento de des-globalización. Los flujos transfronterizos como porcentaje del PIB que tuvieron su máximo punto en 2007 con 20,7% y que a partir de entonces han caído a 2,6%, sin embargo, para el 2016 no han cambiado, puesto que no ha habido una recuperación de esta caída abrupta de los flujos de capital transfronterizos.

¿Qué está pasando con el crédito bancario? Entre los años 2007 y 2015 las compras transfronterizas de bonos de inversión extranjera directa se han reducido, mientras que las compras transfronterizas de acciones han aumentado, y los préstamos bancarios se han desplomado. Este hecho también se lo puede mostrar a partir de los activos bancarios transfronterizos territoriales, que para el año 2007 llegan a representar casi el 60% del PIB mundial y caen hasta debajo del 40% en 2015, lo que se mantiene en 2016.

Por último, respecto al crecimiento mundial del comercio y del PIB, el comercio mundial ha crecido durante los años 90 hasta el 2008, en tanto que el PIB mundial se ha mantenido modesto. En estos años el primero ha crecido a razón de cinco veces más que el segundo. Por la crisis del 2009 hay una caída abrupta que se intenta recuperar hasta el 2012 que es cuando la caída del comercio mundial va en picada; tiene tasas de crecimiento por debajo del PIB mundial.

Es decir, de haber sido la locomotora de la economía actualmente se ha convertido en un lastre y su crecimiento es miserable.

Entonces, tenemos tres elementos de la des-globalización: i) El comercio mundial ya no es la locomotora de la economía puesto que crece menos que el PIB, ii) los flujos transfronterizos de capital se han reducido drásticamente hasta la tercera parte, y iii) hay una caída de los préstamos bancarios al igual que de la inversión extranjera directa en el mundo entero. De hecho, el Fondo Monetario Internacional ha abierto una página para estudiar el índice de des-globalización del mundo.

Junto a este elemento objetivo sobre cómo se está comportando la economía hay otros datos que refuerzan esta hipótesis:

  •  Gran Bretaña se sale de la Unión Europea.
  •  Trump gana en Estados Unidos con el discurso de “América primero”, con lo que:
    • Ha amenazado con subir aranceles en un 45% a China y 35% a México,
    • Ha renegociado los términos de los tratados con Canadá y México,
    • Ha amenazado a China con iniciar una auditoría respecto a los temas de propiedad intelectual,
    • Ha roto con el Tratado de Asociación Transpacífico (TTP) que unía a Canadá, Estados Unidos, México, Panamá, Perú, Colombia y Chile entre otros.
  • Crece el discurso de neo-proteccionismo en el mundo con el surgimiento de partidos políticos que reivindican la protección de sus mercados internos.
  • Se marca el fin de la narrativa de la globalización que parte de un proyecto político mundial neoliberal.

¿Por qué Estados Unidos se está comportando de esa manera? Este es un tema que hay que tomar muy en cuenta. Se debe básicamente a que tiene un terrible déficit fiscal; su balanza comercial tiene un déficit de USD 719.006 millones, mientras que China y Europa -particularmente Alemania- tienen un superávit (USD 533.000 millones y USD 230.000 millones respectivamente). El déficit comercial de Estados Unidos es básicamente con China (USD 347.000 millones), la Unión Europea (USD 146.000 millones), Japón (USD 68.900 millones) y México (USD 63.200 millones). Estos son datos del Banco Mundial al 2016.

Es decir, Estados Unidos está enfrentando problemas de i) déficit fiscal, ii) baja productividad, y iii) una economía que se ha terciarizado, considerando que buena parte del sector industrial norteamericano se ha desplazado a otras geografías del mundo por las competencias salariales y la economía se ha concentrado principalmente en servicios. Pero ¿cómo se resuelven estos problemas? No se sabe aún, puede darse, pero las siguientes acciones se ven inminentes:

  1. Medidas proteccionistas:
    • Guerra arancelaria
    • Guerra de divisas (apreciación nominal)
    • Reducción del tipo de interés de la Reserva Federal
    • Aumento del gasto militar en Estados Unidos
    • Reducción del gasto en la OTAN
    • Muro contra la migración
  2. Medidas liberales
    • Obras públicas
    • Reducción del gasto social
    • Desregulación financiera

Es así que, al momento de tomar medidas proteccionistas también está fomentando otras medidas para la expansión del capital financiero, pero ¿por qué? Trump necesita dinero para construir el muro, y para tener dinero recurrirá a los bonos, y para que los bonos sean rentables tiene que desregularlos. Entonces, se ve una dualidad dentro del país; en algunas cosas se porta proteccionista mientras que en otra continúa siendo liberal. Y ¿cuál es la conclusión de todo esto? ¿Hemos de asistir a un nuevo ciclo de reconstitución neoliberal? Lo que está pasando en Argentina, Brasil, y de alguna manera Francia, habla de que el neoliberalismo tendría nuevos bríos. Es así que no hay que subestimar la capacidad de reconstitución de la política neoliberal. Lo que está pasando con Estados Unidos ―más el discurso de las nuevas izquierdas europeas― habla de un resurgimiento de nuevas corrientes proteccionistas preocupadas por reorganizar la economía en el entorno nacional disminuyendo las influencias (puertas y ventanas) del grupo planetario.

Lo que ha sucedido en América Latina es, de alguna manera, un adelanto; una buena parte de las políticas implementadas por los gobiernos progresistas fueron una combinación de medidas proteccionistas y libre cambio, es decir, políticas de protección del mercado interno con políticas de aprovechamiento selectivo de espacios de exportación ―especialmente de los commodities como el gas, el petróleo, la soya y minerales―. Esto último se combinó con una fuerte política de protección social y de incentivos para procesos internos de industrialización. Con ello vemos que verdaderamente América Latina adelantó para el mundo lo que se está debatiendo hoy en día en la izquierda europea y de cierta manera también en Estados Unidos. Otra opción es que no sea ni lo uno ni lo otro, sino algo en el medio, es decir, una globalización fragmentada o con archipiélagos.

En todo caso, y con esto cierro, surgen tres tendencias. La primera consiste en el fin del relato globalizador; aquellos que depositaban su ilusión y esperanzas en la globalización como horizonte de redención de la humanidad, de salvación de los pobres, de redistribución de la riqueza y de desarrollo y bienestar mediante el camino del neoliberalismo y el relato del libre mercado que cohesionó a la sociedad en torno a un horizonte compartido, han visto que este se ha quebrado. Los que nos decían que se aproximaba el fin de la historia dicen ahora que no es así. Entonces, sostienen que el fin de la historia no es el libre comercio ni el liberalismo y que lo que han rechazado ahora lo entienden. Los casos de Estados Unidos e Inglaterra son paradigmáticos, ya que estos dos países encabezaron la ofensiva globalizadora de los años 80 y ahora son los países que están comenzando a debatir la pertinencia de políticas proteccionistas centradas en su propio territorio para impulsar su crecimiento. De alguna manera el mundo se ha quedado sin relato; no hay un relato planetario: se ha quebrado. Es decir, nos hemos quedado sin una ilusión colectiva; sin un horizonte colectivo dominante. Lo que hay son micro horizontes; unos propugnan una cosa, mientras que otros propugnan otra cosa.

Esto es muy importante también para la academia, ya que en un momento la academia se sumó a este discurso, a esta ilusión planetaria del neoliberalismo como destino final de la humanidad. No había un congreso en el que la globalización no haya sido el título principal de las investigaciones. Por eso, provocadoramente, he llamado a esta conferencia como “des-globalización”. La idea es que incorporemos en nuestras reflexiones y debates otras hipótesis, además de flujos contradictorios. La globalización, el comercio mundial y los flujos financieros siguen creciendo, pero ya no a la velocidad de antes, es más están yendo hacia atrás. Esto tiene que ser incorporado en nuestro chip reflexivo. El hecho de que se haya derrumbado la ideología, el relato, la ilusión colectiva del fin de la historia, permite a los investigadores y a las fuerzas progresistas introducir otro relato, introducir una disputa por el relato planetario, continental y nacional, una disputa por el horizonte de época, por el sentido común de la sociedad. Todo esto está hoy en debate. El sentido común de la sociedad se ha quebrado. No hay un solo sentido común homogéneo, sino múltiples sentidos comunes. Entonces, ¿qué hacemos para potenciar nuestro sentido común y otro relato más realista acorde a nuestra realidad? Esa es una de las grandes tareas académicas, ideológicas y políticas del momento en el mundo.

Un segundo punto es que hay que estar preparados para los efectos de una posible guerra comercial en un corto plazo. Esto va especialmente para México; es el mejor momento para que este país mire hacia América Latina, ya que ¿cómo es posible que un país tan grande siga mirando a Estados Unidos que está a punto de construir un muro para separarse? México es una súper potencia; junto a Brasil conforman el 70% de la economía de América Latina. El hecho de que México esté en una transición es una oportunidad para la región para reubicar de nuevo el continente como nuestro horizonte interior y ya no pensar en la globalización como nuestra esperanza.

Tercero, ¿cómo se va a reconstituir el hegemón planetario, la economía más poderosa que coopta a las demás? ¿Cuáles van a ser los soportes técnicos de las nuevas hegemonías en el mundo? Eso está todavía por verse. Lo que queda claro es que Estados Unidos tiene problemas de productividad. Por lo general un hegemón territorial viene acompañado de un soporte técnico productivo; en el lenguaje clásico se llaman fuerzas productivas que aceleran la productividad y que incrementan las ganancias. Estados Unidos tiene problemas; no está pudiendo encontrar soporte técnico, y sin este elemento no hay hegemón político-ideológico ni económico; podrá haber hegemonía militar, pero no política-ideológica y económica. Sin embargo, tampoco China lo tiene porque ―al igual que la India― está en un proceso de absorción de tecnología de Europa y Estados Unidos. Quizás en telecomunicaciones han comenzado a hacer esfuerzos, a diferenciarse y a armar líneas paralelas de desarrollo tecnológico. Pero cuando se comparan las investigaciones y las patentes en el mundo, estas siguen siendo monopolio europeo, norteamericano y en parte japonés. China, e incluso la India, están todavía muy por debajo. Son economías muy fuertes; cuando se ven los cuadros presentados por Xi Jinping, él muestra que la economía de los países en desarrollo en los siguientes 20 años va a sobrepasar la mitad del PIB mundial por encima de Europa y Estados Unidos. Pero, hay que resaltar que eso es un tema de volumen y no de dinámica todavía, y ¿de qué va a depender la dinámica? Va a depender fundamentalmente del soporte técnico, es decir, de nuevas tecnologías que eleven la tasa de ganancia y la productividad y que puedan habilitar un nuevo ciclo expansivo del capitalismo durante 20, 30, 40 años.
Entonces, ante la ausencia de un hegemón real, ante la decadencia del viejo hegemón, ante la ausencia de un soporte tecnológico para un nuevo ciclo expansivo, vamos a tener un momento caótico, como el que acabamos de ver en los últimos meses: Merkel dice una cosa, Trump dice otra, Macron le responde, sale Xi Jinping y le responde a Putin. Es un momento en el que no existe un acuerdo general entre los principales países que encabezan la economía mundial. Es un momento de turbulencia planetaria que no se sabe cuánto va a durar; puede ser que se reconstituya el neoliberalismo o puede ser que entremos en un ciclo proteccionista, o bien sea un tiempo de mezcla, es decir, que selectivamente seamos proteccionistas para ciertas cosas y librecambistas para otras, y el mundo atraviese un par de décadas en esta mezcla contradictoria donde no haya un horizonte único compartido.

En todo caso, y ya aterrizando en América Latina, considero que es un buen momento, no solo para la reflexión, sino también para repensar tácticamente nuestra cohesión continental. Cada país por sí mismo no va a llegar a ningún lado; somos demasiado pequeños económicamente hablando para poder ser influyentes en un contexto planetario. La economía y los problemas se están moviendo muy rápidamente y los esfuerzos que hacía cada país7, así como la dispersión en la que la región intentaba sumarse a lo que hacían los del norte, han fracasado y no tienen futuro. Así es que vale la pena pensar en nuestra región. Es fácil decirlo, pero es muy difícil hacerlo ―aun teniendo a Lula, Chávez, Kirchner, Evo o Correa―.

Estos temas de integración regional, más allá de la voluntad y el apoyo político, nunca pudieron concretarse en lo económico. Y mientras este aspecto no se concrete, la integración es solamente discursiva. Al parecer, como continente vamos a atravesar muchas caídas, crisis económicas internas y otros fracasos antes de que comencemos a ver una nueva integración más seria. La forma es crear una institucionalidad económica continental mucho más sólida que respete las identidades nacionales, pero que cree un segundo piso de flujos financieros, inversiones, regímenes de propiedad dentro de un marco regional. Eso se dará en los próximos 50 años y mientras tanto el mundo está de cabeza, no tiene un horizonte compartido, es un caos generalizado, y en tanto haya este caos generalizado es un buen momento para el intelecto y para presentar propuestas que puedan alumbrar este momento en el que parece que no hay un camino visible.

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Álvaro García Linera

Nació en Cochabamba-Bolivia. Fue a estudiar la carrera de Matemáticas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). A su regreso a Bolivia se dedicó a la organización y aporte ideológico en el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), conciliando la teoría indianista con el marxismo y generando una praxis revolucionaria-comunitaria.

En 1992 fue encarcelado durante cinco años; en 1997 sale de prisión por no haber sentencia en su contra. Dictó cátedra en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y otras universidades.

En el año 2005 fue invitado por el Presidente Evo Morales como candidato a la vicepresidencia para las elecciones en las que obtuvieron un triunfo histórico. Actualmente es Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia.

Entre algunas de sus publicaciones destacan: De demonios escondidos y momentos de revolución. Marx y la revolución social en las extremidades del cuerpo capitalista (1991); Forma valor y forma comunidad (1995, 2009); Reproletarización. Nueva clase obrera y desarrollo del capital industrial en Bolivia (1952-1998) (1999); Sociología de los movimientos sociales en Bolivia (2004); La potencia plebeya. Acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia (2008); Las tensiones creativas de la revolución. La quinta fase del Proceso de Cambio (2011); El “oenegismo”, enfermedad infantil del derechismo (2011); Geopolítica de la Amazonía, poder hacendal patrimonial y acumulación capitalista (2012); Identidad Boliviana. Nación, mestizaje y plurinacionalidad (2014); La condición obrera en Bolivia. Siglo XX (2014), Las vías abiertas de América Latina (2017), ¿Qué es una revolución? De la Revolución Rusa de 1917 a la revolución de nuestros tiempos (2017).