Revolución y literatura:

Hacernos cultos, hacernos libres

Camilo Alberto Morales Centellas
Publicado en en La Migraña 26
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A manera de introducción

El imperialismo, como despliegue y brazo ejecutor principal del capitalismo, no siempre presenta mecanismos violentos de imposición y dominación directa sobre países externos a su núcleo capitalista. Es decir, el núcleo fuerte del imperio capitalista, estos países de “primer mundo” encabezados por un líder de turno ―actualmente E.E.U.U.― no sólo ejecutan dominación geopolítica de manera violenta, en forma de intervención militar; sino que ésta también se efectúa de manera implícita y subyacente a la geopolítica internacional. Ahora bien, es pertinente dejar en claro que dicha dominación, no por ser implícita resulta menos efectiva ni menos violenta. De hecho, en algunos casos es más efectiva y además más duradera, puesto que es más difícil de contrarrestar y de identificar con claridad.

Es por esto que dicha dominación se lleva a cabo en todo el mundo en paralelo a la dominación explícita y violenta; una no excluye la acción de la otra.

En este breve artículo vamos a concentrarnos en la dominación implícita y subyacente que ejerce el Capital1, principalmente sobre los países pobres del “tercer mundo”; la cual no es tan estudiada por los intelectuales, pero que sin embargo genera fuertes daños a la población de muchos de nuestros países. Con fines meramente analíticos, podríamos denominar a la ya mencionada dominación como una dominación científico-cultural, aunque sin duda resulta algo burdo y esquemático. Por esto, debe existir la importante condición de nunca perder de vista durante el análisis el modo dialéctico y complejo en que verdaderamente se presentan las cosas en la realidad.

Ya adentrándonos en el complejo mundo de las técnicas y los mecanismos imperialistas para la dominación de los pueblos, debemos definir y comprender a qué nos referimos cuando hablamos de la dominación científico-cultural que ejerce el Capital. Me refiero a a la dominación ejercida por el imperialismo en los dos campos esenciales en que se despliega el conocimiento y el espíritu humano: la cultura y la ciencia. Sin embargo, mi intención en este artículo es aportar con una mirada algo diferente a la tradicional, que trata estos dos campos como ámbitos separados y distintos entre sí. La ciencia y la cultura, aun con sus diferencias, están mucho más relacionadas y articuladas entre sí de lo que se cree, o del modo en que se les trata comúnmente. Son uno solo, puesto que ambos integralmente forman el espacio del esparcimiento y desarrollo espiritual y académico del ser humano como especie.

Sobre la dominación en la cultura artística: ¿obras o mercancías de arte?

En el caso de la cultura, esta dominación científico-cultural se puede ver desde hace unas décadas en la mercantilización y vulgarización del consumo “artístico” de la población, dejándolo direccionado a mercancías2 de entretenimiento simple y cada vez más “desculturizante”. Se trata de una enajenación mundial de la industria del arte, de la producción artística en sí misma y, por consiguiente, una enajenación de los bienes culturales artísticos: las obras.

Esta enajenación se trata de que la obra de arte abandone su condición propia de obra, para convertirse en una mercancía de consumo fácil y burdo. La obra en sí misma, cuyo carácter artístico3 radica, entre otras cosas, en su esencia creativa, estética y sensible, deja de tener dicho carácter y se enajena al adquirir importancia social por otros factores. Esta obra, al dejar sus aspectos centrales como tal, comienza a adquirir peso social y político debido a otras características secundarias, las cuales aparecen luego como principales. Hoy en día, dentro del mundo de la mal llamada “cultura popular”4, una película se considera exitosa por la cantidad de dinero que recaude en taquilla, y no por la calidad ni por el contenido artístico en la elaboración de la misma.
Podemos decir, entonces, que la importancia de las obras de arte de consumo popular de hoy en día radica en su valor de cambio y no en su valor de uso5. Para las obras de arte el valor de uso se encuentra, principalmente, en su aporte creativo y estético a la sociedad, y el valor de cambio en su precio de consumo. Y aunque esto no sólo sucede en las obras de arte, sino también en casi todas las mercancías producidas por el trabajo humano, es en éstas donde esta relación se distorsiona al punto de convertirlas en bienes de consumo ignorante y vulgar que no requiere de formación alguna para su apreciación; o mejor dicho, para su consumo. Los bienes de consumo cultural, entonces, dejan de ser obras para convertirse en mercancías: mercancías del arte.

Esta situación se evidencia claramente cuando uno va, por ejemplo, al cine6, en vez de encuentrar información útil sobre la trama o el director de ésta o aquella película, la cual le permita realmente hacer un balance para decidirse a qué función asistir, uno encuentra grandes anuncios colocados en fila, los cuales simplemente muestran la capacidad de marketing de cada producción; anuncios muy similares a los que uno se encuentra en los establecimientos de comida rápida. Esta no es una similitud casual, sino una similitud de origen causal.

El Capital impone una actitud de consumo hacia las obras de arte (ahora mercancías del arte) que raya en la ignorancia y en la simpleza, causando mayores niveles de ignorancia colectiva en la población. Es decir, los espacios de consumo artístico que deberían ser de desarrollo cultural para la población (como películas, música, pintura, etc.) ya no cumplen la función de desarrollar los conocimientos y la cultura humana, sino que se convierten en un entretenimiento burdo que entorpece la cultura y los sentidos (tanto los sentidos anatómicos como el sentido común y el sentido crítico).

Pero entonces, ¿por qué es todo esto una estrategia de dominación imperialista? La respuesta es simple: gracias a la importancia que tiene la formación cultural para las personas en su entendimiento integral de la realidad y cuestionamiento de ésta. Para decirlo mejor, si una persona, a través del conocimiento y desarrollo cultural, comprende mejor su realidad y las injusticias que en ésta se gestan, será mucho más capaz de criticarla y actuar para cambiarla. Es aquí donde radica la fuerza de la dominación cultural que impone el Capital sobre la población internacional. Es mediante la vulgarización de la cultura y su distorsión que el imperialismo puede someter a las personas, con fundamento en la ignorancia colectiva. Para concluir esto mejor, recurriremos a las palabras del brillante compositor y escritor uruguayo Coriún Aharonián, quien escribiendo sobre la falta de un consumo cultural crítico, enriquecedor y analítico, escribe:

“No es esto lo habitual, lamentablemente. Y eso es grave en el primer mundo. En el tercer mundo ya no es grave sino simplemente suicida. El primer mundo nos educa primorosamente para la inconciencia alegre. Y es precisamente nuestra inteliguentsia7 (sic) la que cae en la trampa, y brinca inocente y gozosa entre los modelos culturales que permiten y aseguran la dependencia”.8

Es importante el término que usa Aharonián al decir “modelos culturales que aseguran la dependencia” puesto que se está refiriendo a toda la política internacional de dominación imperialista. La política del Capital que impone “modelos culturales” enteros, orientados a sostener la dependencia de su población y, principalmente, de los países del tercer mundo.

Sobre la dominación en el conocimiento científico:
¿ciencia o ideología?

Ahora comprendamos la dominación de tipo científico que ejerce el imperialismo hacia la población internacional, la cual actúa paralelamente a la dominación cultural. Esta dominación en el área científica es quizá más complicada de ver que la cultural. El Capital impone una visión dogmática de tipo religioso sobre la ciencia9. Así, se le quita al conocimiento científico todo entendimiento histórico y concepción dialéctica de la realidad, y todo factor subjetivo y de cuestionamiento sobre el método y conocimiento científico establecidos; factores esenciales para la ciencia en sí misma. Por lo tanto, la ciencia se convierte en un dogma incuestionable y “ahistórico”, que “justifica” el establecimiento de las contradicciones sociales, económicas y productivas actuales del capitalismo, aunque sin mencionarlas ni reconocer su existencia. La ciencia capitalista burguesa de primer mundo ―la que domina y establece parámetros, métodos y paradigmas para el mundo entero― nos hace sentir que el sistema capitalista-imperialista mundial actual es el “resultado natural” al que la humanidad debía llegar.10

Pero esto no es lo más dramático, sino el hecho de que, como dije antes, se elimina el factor subjetivo del conocimiento científico. Esta eliminación sucede en dos aspectos importantes, que están interrelacionados dialécticamente entre sí. Como primer aspecto, se despoja al conocimiento científico de la subjetividad que lleva en sí mismo como conocimiento humano respecto a la realidad; subjetividad que le permite ser cuestionado y/o refutado por una nueva perspectiva que pueda desarrollarse con el pasar del tiempo. Es decir, los conocimientos ahora establecidos por el capitalismo como “verdades científicas” son casi absolutas e incuestionables. Dichas “verdades” sólo pueden ser modificadas, cuestionadas o refutadas por ciertos criterios científicos avalados por el Capital. Estos criterios obtienen su aval debido a su carácter político-ideológico. Es decir, aquellos nuevos criterios científicos que no develen aquello que no debe ser develado,11 obtendrán el aval del medio científico internacional.

Ahora bien, este “aval” del medio científico-intelectual internacional sobre ciertos conocimientos nuevos no se otorga de manera directa ni oficial, sino que se da de una manera extraoficial. Entonces, ¿de qué manera se presenta oficialmente dicho aval que otorga el Capital a ciertos conocimientos científicos o intelectuales? Se presenta bajo el “título” de la objetividad otorgado no sólo al conocimiento en sí mismo, sino también al autor. Con esto, podemos entrar a explicar el segundo aspecto en que se elimina la subjetividad del conocimiento científico. Este aspecto es el de la subjetividad propia del investigador, intelectual o científico. Dicha subjetividad, a mi modo de ver, no puede ser eliminada por completo. Es decir, siempre que un investigador o científico esté estudiando cierto fenómeno de la realidad, estará presente su subjetividad propia a lo largo de la investigación y la descripción de dicho fenómeno. Esta subjetividad puede ser del tipo político ―generalmente― u otro. Aunque esto no quiere decir que la producción de conocimientos científicos e intelectuales no deba tener como principio en su metodología el intento de una mirada lo más objetiva posible de la realidad que estudia.

Lo que sucede entonces es que, cuando la comunidad internacional avala cierto conocimiento, oficialmente queda como ausente el factor subjetivo del investigador y, por tanto, del conocimiento como tal. Dicho conocimiento se le presenta al mundo como un “conocimiento objetivo” y, por tanto, científico. Esto causa que se le tome como verdad, con un carácter casi incuestionable por otras perspectivas, las cuales serán tachadas de subjetivas y erróneas. En el caso de conocimientos que resulten políticamente incómodos para el Capital, el conocimiento es desprestigiado bajo la etiqueta de “ideología”, debido a la índole del criterio del autor. Como resultado tenemos, por un lado conocimientos científicos avalados como “ciencia” por el Capital –verdades supuestamente objetivas– y por otro lado conocimientos desechados como “ideología”, los cuales son supuestamente erróneos, en realidad debido a su carácter político y crítico12.

Habiendo entendido esto, podemos llegar a la conclusión de que en el ámbito científico el Capital es el que impone la verdad que debe reconocerse como válida. Es decir, existen ciertos criterios que deben tomarse como válidos y otros no, y la línea que los divide está trazada por el Capital.

Conclusiones y relaciones finales

Después de una explicación general de los dos ejes centrales que conforman la dominación científico-cultural, es pertinente volver a una parte importante mencionada en la introducción. La cultura y la ciencia son uno mismo y deben mirarse y asumirse como tal. Si bien a lo largo de la explicación anterior, yo mismo disocié ambos campos, esto fue con fines analíticos, lo cual no nos debe confundir ni hacer perder de vista la relación que tienen la ciencia y la cultura en la realidad. Esta relación entre ambos campos es dialéctica y los integra como uno, un solo campo que conforma el desarrollo y esparcimiento del espíritu humano y su esencia. Es muy importante entender que estos dos campos pueden incluirse en un solo término, que englobe los conocimientos, saberes y productos de la ciencia y de la cultura; este término es cultura. El término cultura ha sufrido reducciones conceptuales13, pero inicialmente su definición abarcaba también los saberes científicos e intelectuales de la humanidad, no sólo los referidos a las artes. Por esto, al decir cultura desde ahora, debemos comprender y asumir todo el campo de la cultura y la ciencia en uno.

Ahora bien, si entendemos a la cultura como un todo integral, podemos también analizar y comprender su papel en la dominación imperialista. Esta dominación se da, obviamente, por negación de la cultura, mediante su contradicción dialéctica, la cual es la principal base para cualquier forma de dominación del hombre por el hombre: la ignorancia. Es quizá muy común el referirse a la ignorancia como forma esencial de dominación, y es sin duda una verdad. Pero quizá no todo el tiempo se entiende esta verdad en toda su magnitud ni se asume su repercusión en el mundo real. Por eso, la intención de este análisis final es llegar a comprender mejor cómo se ejerce en carne viva esta ignorancia y cómo la articula el imperialismo para sostener su sistema de dominación mundial.

Recapitulando el análisis sobre el despliegue de la ignorancia como arma, podemos concluir que el Capital enajena el arte y la cultura artística para convertirlas en ignorancia colectiva. Y además, como acción paralela, el imperialismo determina ciertas verdades como objetivas y científicas, desechando ciertos conocimientos críticos valiosos etiquetados como “ideología”. De este modo, el imperialismo articula la ignorancia y la fortalece con apoyo “científico” para establecer una sólida red de ignorancia colectiva en la población, que enajena el arte y espíritu humano. Se despoja al ser humano de su esencia, convirtiendo el arte en ignorancia y estableciendo verdades como absolutas, limitando así la capacidad renovadora del ser humano.

Como se dijo anteriormente, la cultura es esencial para el ser humano en su proceso de comprender la realidad en que vive y, luego, transformarla. Nada es más cierto que afirmar que la cultura es el único medio por el que un pueblo puede ser plena y verdaderamente libre. Es la cultura el arma que derrota la ignorancia. Los dos argumentos centrales antes explicados no son más que un análisis del despliegue de la ignorancia como arma de dominación. Por tanto, la cultura como un todo es el mecanismo más antiguo y eficiente de liberación. Así o más claro lo dice Fidel Castro en su discurso en la inauguración del XVIII Festival Internacional de Ballet de La Habana en el 2002:

“Sin cultura no hay libertad posible. La certeza de ese pensamiento, que no se limita a la cultura artística, sino que implica el concepto de una cultura general integral, incluyendo preparación profesional y conocimientos elementales de una amplia gama de disciplinas relacionadas con las ciencias, las letras y las humanidades, alienta hoy nuestros esfuerzos”14.

Entonces, no es nada despreciable el dato de que los primeros sindicatos obreros para exigir derechos laborales y otras demandas justas, fueran gestados entre los gráficos de la época. Esto nos quiere decir que la formación cultural –en este caso el simple hecho de saber leer– puede jugar un papel esencial en la liberación de un sector social o un pueblo entero.

Por todo esto, y como conclusión casi prescriptiva de este artículo, está en nuestras manos la liberación de la opresión del imperialismo. La formación cultural, no sólo mediante la lectura, sino también mediante el debate y la construcción sólida de conocimientos culturales, es el mecanismo más eficiente para la lucha contra la dominación. Es mediante la formación cultural plena e integral que podemos conocer la realidad actual de dominación y explotación. Pero aún más importante, mediante la formación cultural podemos obtener herramientas analíticas y reales para desarticular dicha realidad de explotación y así conseguir la formación de un nuevo sistema humano en el que la vida sea un derecho y no un privilegio.

 

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Camilo Alberto Morales Centellas

Nació en La Paz en 1997, actualmente cursa el cuarto año de la Carrera de Sociología en la Universidad Mayor de San Andrés. El 2014 realizó estudios musicales en el Centro Nacional de Escuelas de Arte (CNEArt) en La Habana, Cuba. El 2015 estudió composición musical en el espacio cultural Casataller de La Paz, Bolivia. Actualmente forma parte del Movimiento Insurgente Universitario (MIU).