Lo nacional- popular en acción

¿Hacia la construcción de un leviatán plebeyo?

Jaime Marlon Martinez
Publicado en agosto 2018 en La Migraña 27
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Introducción

El Estado como forma organizativa del ser humano en sociedad es complejo y dominante en nuestra época. Ha tendido a desenvolverse de un modo inesperado muchas veces y otras previsibles en las cualidades que fortalecen su institucionalidad y estructuras internas. El Estado entendido desde su forma de organización moderna ha sentado las bases históricas de la constitución hacia una regulación de relaciones complejas de lo social; no se puede pensar la sociedad sin Estado, por lo cual se erige su necesidad universal de forma ideológica. Engloba la materialidad y espiritualidad del ordenamiento social, una concepción de mundo de un determinado grupo social (clase social dirigente y clases sociales aliadas). Un sentido común, creencias y habitus de pertenencia, de correlación de fuerzas, todas estas cualidades se robustecen bajo el escudo del monopolio legítimo de la violencia explicado por el sociólogo alemán Max Weber y que son herramientas necesarias para entender el Estado en su contemporaneidad.

El proceso revolucionario que vive nuestro país hace más de una década se ha configurado en el Estado Plurinacional. Esto se da por las tensiones creativas de las organizaciones nacional-populares que han arrebatado el poder a las clases dominantes bolivianas y se han proyectado desde el Estado un destino de liberación e igualdad social con fuertes caracteres socialistas/comunitarios. Un Estado que está en proceso de consolidarse como un leviatán plebeyo en permanente guerra con el leviatán capitalista. El Leviatán entendido como Estado; es tomado de forma metafórica como lo hizo Hobbes, un ser necesario que regula la convivencia de los seres humanos, que pone orden y tiene una vida propia (aparentemente) y que aumentamos nosotros que puede servir a intereses de sometimiento o de liberación según el contenido de clase; pues puede ser un monstruo para unos y un héroe de la liberación para otros. Entonces bajo esa premisa ¿se puede pensar en un leviatán plebeyo? ¿El leviatán plebeyo necesariamente es un monstruo de dominación y explotación de intereses de clase? Y esto conlleva a discernir que es posible un Estado fundado en los intereses de lo nacional/popular que expresa a los más necesitados y humildes: el pueblo. Una discordia que está presente en la lucha por el poder estatal entre las diversas clases sociales.

El leviatán: un campo de disputa entre clases sociales

En la Biblia el Leviatán es un monstruo marino asociado a Satanás asemejado a un gran monstruo o criatura. Desde esta alegoría, sentimos la necesidad de decir que el Estado moderno de formación capitalista es un leviatán que gobierna en nosotros como una persona viva que está más allá de nosotros y a la vez tan profundamente enraizado en nosotros. Es la bestia que todos quieren tener y todos quieren ser, es el que seduce con sus atributos llevando al éxito o al fracaso, su poder se hace irresistible y tentador. El leviatán es la discordia latente entre los hombres y Dios, en los pasajes de la Biblia misma se hace referencia a ello como una bestia de la maldad pero imperioso en nuestros tiempos actuales. Isaías1Santa Biblia. Reina-Valera 1960. Brasil 2015. capítulo 27, versículo 1: “En aquel día Jehová castigará con su espada dura, grande y fuerte al leviatán serpiente veloz, y al leviatán serpiente tortuosa; y matará al dragón que está en el mar”. Constatamos la destrucción del leviatán por su origen de maldad y tormento hacia los hombres, la liberación que Dios ofrece a las cadenas del miedo y la zozobra esto nos llevaría a pensar en la extinción del Estado debido a su naturaleza como institución de dominación bajo este análisis simbólico con base en la narración de la Biblia y que será discutido en las concepciones marxistas y anarquistas.

Los antiguos griegos asumían de manera general que el Estado era una condición natural y la forma perfecta de organización que no estaba creada por nadie. Es una necesidad misma de nuestra naturaleza. Esta posición ayudó a vislumbrar una forma increada del Estado que estaba por la condición misma del ser humano, ello generó una forma de aceptación sin la preocupación del origen como tal. Pero un griego, Epicuro, fue quien en esa época arremetió contra esta forma de percepción esclareciendo que esta forma de organización increada no era más que una construcción artificial del hombre.

La posición teológica en la Edad Media con los padres de la Iglesia como San Agustín y Santo Tomas, trató de explicar el Estado y su función en las relaciones del ser humano con un elemento básico; que tiene un origen divino, que su origen como tal está fuera del alcance de los seres humanos. Su poder es derivado de Dios por lo cual es imperecedero. Esta forma, explicativa, sobre todo en Europa ha buscado la manera de justificar la situación de desigualdad de la mayoría en beneficio de los grupos dominantes.

Los contractualistas con Rousseau, Hobbes y otros vieron que la posición de explicación y justificación del Estado por origen divino era obsoleta y además que no respondía a la realidad misma de los hechos. Y veían, a partir de una hipótesis ideal no comprobable del estado de naturaleza del hombre, que los seres humanos convenían un pacto o contrato para que estén bajo la tutela del Estado. A partir de allí que empiezan a justificar la necesidad del Estado como forma de organización obligatoria para la sociedad. Este estado de naturaleza podría configurarse como guerra perpetua y egoísmo desde la hipótesis de Hobbes o armonía y felicidad desde Rousseau. Cualquier que fuere el camino inicial los dos desembocarían en la necesidad del Estado.

Desde el triunfo del capitalismo y su expansión, el Estado ha adquirido una naturaleza capitalista de organización, y es el marxismo quien ha develado su verdadera función en este régimen desvaneciendo sus formas ideales, altruistas y supra humanas que servían como una cortina de humo a su verdadera naturaleza. “El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa” (Marx y Engels 2000:47). Una herramienta que se instrumentaliza hacia los fines de la clase dominante en menoscabo de las clases oprimidas, que lo utilizan como el medio de resguardar, proteger y administrar sus intereses. Su surgimiento responde al desarrollo histórico de un grado de progreso determinado de la sociedad:

El Estado es producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables (Lenin, 1960: 306).

Solo con el periodo capitalista adquiere nuevas dimensiones como ser una condensación radical de una lucha de clases entre los intereses de la clase dominante y las clases dominadas. El Estado se convierte en un campo de batalla y sentido a plenitud entre las contradicciones irreconciliables entre la lógica del capital defendida por los capitalistas y la capacidad de transformar el Estado en una herramienta de liberación que esté bajo los intereses del pueblo históricamente explotado (lógica del trabajo). En la teoría clásica marxista, el que tendrá la obligación histórica y mística es el proletariado, romperá con las cadenas de la opresión y buscara la emancipación universal. Pues el leviatán es: “Según Marx, el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano del opresión de una clase por otra, es la creación del ‘orden’ que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre las clases” (Lenin, 1960: 307). El Estado proletario cambiará la situación donde los dominantes sean los dominados, una dictadura del proletariado como fase intermedia hacia el comunismo, y con las medidas asumidas empezará un proceso largo de extinción del Estado. Porque cuando el proletariado asuma el poder estatal, asumirá la dominación hacia las clases capitalistas y sus aliados que se rehusarán perder el poder, por ello se planteara dictadura con las clases enemigas y democracia con el pueblo.

Pero si el Estado es dominación y tiene una inferencia fundamental en la sociedad que despliega diversos aparatos de legitimización por medio de la fuerza no solamente física, Gramsci gran pensador marxista nos ayuda a identificar otras cualidades constitutivas del Estado fortaleciendo la visión marxista nos dice que se funda no solamente en la fuerza sino:

Guicciardini afirma que hay dos cosas absolutamente necesarias para la vida de un Estado: las armas y la religión. La fórmula de Guicciardini puede traducirse por otras varias fórmulas menos drásticas: fuerza y consentimiento; coacción y persuasión; Estado e Iglesia; sociedad política y sociedad civil; política y moral (historia ético-política de Croce); derecho y libertad; orden y disciplina; o, con un juicio implícito de sabor libertario, violencia y fraude (Gramsci,1977: 287).

Esta dimensión del Estado como consentimiento, persuasión es tan fundamental que se plasma en el ejercicio del poder del Estado ante la sociedad. No solamente es fuerza sino que debe estar revestido de persuasión de desplegar aparatos culturales que persuadan a la sociedad en hacer suyas las visiones de concepción de mundo:

Estado= sociedad política + sociedad civil, o sea, hegemonía acorazada con coacción.

El Estado no solamente se reduce a una máquina de dominación y administración de los intereses de clase, sino que se amplía a otras dimensiones como ser en la sociedad política, un ejemplo, la disputa de los partidos políticos, agrupaciones ciudadanas etc. Que disputan no solamente el poder estatal sino los micropoderes esparcidos por toda la sociedad que son el fundamento para llegar a consolidar su concepción de mundo, por ello, los límites formales-jurídicos del Estado son rebasados por su complejidad misma. El Estado también es sociedad civil, entendida como la hegemonía política y cultural2Hay que distinguir entre la sociedad civil, tal como la entiende Hegel y en el sentido en que la expresión se utiliza a menudo en estas notas (o sea, en el sentido de hegemonía política y cultural de un grupo social sobre la entera sociedad, como contenido ético del Estado) y el sentido que dan a la expresión los católicos, para los cuales la sociedad civil es, en cambio, la sociedad política o el Estado, frente a la sociedad familiar y a la Iglesia. Gramsci, Antonio. 1977. Antología. México. Siglo XXI Editores. de un determinado grupo social sobre la totalidad social expresada como su contenido ético que se comprende como un Estado sin Estado, nos invita a pensar en una sociedad regulada donde el Estado-coacción pierde fuerza. El Estado y su ampliación hacen que la dominación y su seducción no se reduzcan a las formas económicas o políticas, sino que se deba hacer la lucha y el proceso de liberación de manera integral. Y esto revestido de hegemonía y coacción.

Esta ampliación del Estado hace que se rompa con las posiciones ortodoxas y reduccionistas que se encuadraban en consignas o frases sacadas fuera de contexto, que rompían con la creatividad dialéctica del marxismo. Gramsci además darnos a conocer la ampliación del Estado, fundamenta una cualidad más importante para comprender al Estado en acción, en su capacidad, pero que dicho concepto no se limita al Estado sino que se desborda a la totalidad social. La correlación de fuerzas entendida como las “situaciones”, o sea de cómo establecer los flujos y reflujos o relaciones de fuerza de una disputa, de un interés:

Todo Estado en el mundo entero resume o cristaliza una determinada correlación de fuerzas entre clases sociales, entre bloques de poder; el fondo de un Estado es eso, un flujo de intereses sociales que logra articular al resto de la sociedad, se objetiviza como institución, la institución se pone en funcionamiento y se cohesiona con el comportamiento individual a partir de las ideas (García, 2009: 9).

El Estado ha desbordado su límite formal impuesto por una explicación obtusa que no ha podido desmenuzar las partes que hacen al dicho leviatán. Debemos comprender que el Estado moderno desde su contenido de clase social se metamorfosea ante las situaciones históricas nuevas que surgen del desarrollo social, el rasgo de la fuerza es un hecho característico del Estado moderno independientemente de su orientación ideológica no hubo otra institución en la historia de la humanidad más eficaz para legitimar la fuerza como su condición natural de existencia:

La violencia no es, naturalmente, ni el medio normal ni el único medio de que el Estado se vale, pero sí es su medio específico. Hoy, precisamente, es especialmente íntima la relación del Estado con la violencia. En el pasado las más diversas asociaciones, comenzando por la asociación familiar (sippe), han utilizado la violencia como medio enteramente normal. Hoy, por el contrario, tendremos que decir que Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio (el territorio es elemento distintivo), reclama (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física legítima (Weber, 2008: 12).

Este monopolio, rasgo primordial para entender al leviatán moderno independientemente de su cometido clasista nos da a reflexionar que la violencia es uso exclusivo suyo, y que puede permitir el uso de la violencia siempre y cuando lo quiera, es la única fuente de derecho a la violencia. Por ende no se puede pensar a un Estado sin el uso de la violencia, carecería de significado y se derrumbaría como institución.

Hemos tratado de comprender el Estado bajo su ampliación y la forma de cómo se debe comprender en los momentos históricos actuales sin dejar de lado que bajo las características de cada sociedad o época histórica de nuestra historia, siempre ha sido base de debates y reflexiones. Álvaro García Linera teoriza al Estado moderno bajo los elementos descritos e incorporando algunas cualidades más, que a nuestro parecer es una definición completa y que puede resumir lo antes descrito:

Podemos entonces cerrar esta definición del Estado en las cuatro dimensiones: todo Estado es institución, parte material del Estado; todo Estado es creencia, parte ideal del Estado; todo Estado es correlación de fuerzas, jerarquías en la conducción y control de las decisiones; y todo Estado es monopolio. El Estado como monopolio, como correlación de fuerzas, como idealidad, como materialidad, constituyen las cuatro dimensiones que caracterizan cualquier Estado en la edad contemporánea (García, 2017: 63).

Con esta definición de García, tenemos ya el elemento necesario para adéntranos en la problemática de poder construir un Leviatán plebeyo que sea la síntesis histórica de las reivindicaciones populares, los anhelos y las formas de transformación hacia el horizonte socialista. Basándonos en las experiencias históricas, como el Estado soviético o los movimientos de liberación como la comuna de París que son rasgos centrales de la lucha planetaria contra la dominación y explotación, estamos seguros que nuestro proceso revolucionario camina por la senda de la liberación en nuestra actualidad.

Leviatán plebeyo:
Lo nacional-popular en acción

El leviatán capitalista estaba fundado sobre las desigualdades económicas, sociales, políticas, culturales y raciales en nuestra realidad social. Era una fragmentación reunida de manera irracional y caótica bajo intereses grupales. Sus diversas facetas conservadoras, liberales, nacionalista y neoliberal fueron cortinas de humo para legitimar el repartimiento de sus privilegios, mientras el pueblo era el sostén y generador de las riquezas sus condiciones eran absolutamente inhumanas. Era un leviatán aparente enraizado en la lógica del capital:

El Estado aparente, ilusorio, es aquel que no logra condensar la totalidad de la sociedad, solamente representa a un pedazo privilegiado de ella; no logra articular la territorialidad del Estado y solamente representa y unifica fragmentos asilados del territorio patrio. Para Zavaleta, un Estado aparente es aquel que no logra incorporar los hábitos, la cultura y las formas de organización política de la sociedad, articula sólo a ciertos hábitos políticos y deja al margen a otros sectores sociales, regiones, territorios y prácticas políticas (García, 2010: 7).

Este leviatán aparente nunca ha podido representar en nuestra realidad nacional una mirada totalizante con un contenido nacional-popular. Y es por ello que desde las luchas sociales antes del nacimiento de la república boliviana se fue creando las condiciones históricas donde el pueblo organizado asuma el poder del Estado y derroque a las clases señoriales dominantes. Lo nacional-popular es la acción o fuerza viva de las clases sociales revolucionarias materializada en la transformación del Estado y el conjunto del a sociedad. Es el trabajo diario y constante desde sus organizaciones sociales, desde sus familias, grupos de deporte, círculos sociales, etc., da forma creativa a la construcción de un nueva civilización a partir del ejercicio del poder estatal y el liderazgo moral e intelectual de la sociedad en el sentido gramsciano para buscar el horizonte de la vida y la armonía con la naturaleza. La capacidad del ser revolucionario se institucionaliza en el leviatán plebeyo en fuerza y seducción condición de su avance histórico y su profundización debido a que todavía, de manera dominante, se sigue en un régimen capitalista a nivel planetario y por ende la lucha debe ser a esa escala, por lo cual cada momento revolucionario y toma del poder por los pobres es una suma fundamental hacia la destrucción del modelo civilizatorio de la muerte.

Los diferentes espacios privados o públicos de las relaciones sociales se manifiestan de manera intensa en ciertos niveles todavía dominados por la lógica tradicional como pugna latente y en otras como un proceso de transformación hacia los valores plebeyos que se fundamentan en la praxis de la lógica del bien común y de la identidad humanitaria. Para poder ser más concretos, pongamos ejemplos, en el caso de la pugna latente; podemos visualizar este fenómeno en la movilización del 2017 de los médicos bolivianos por la anulación del Nuevo Código Penal boliviano; ha salido a flote la disconformidad con el proceso revolucionario y su participación activa como organización (además, la mayoría de sus integrantes buscaban la destrucción del proceso mismo), a su disconformidad que lo plebeyo asuma lo estatal, este hecho todavía marca el rechazo de estos actores sociales que buscan por medio de conflictos inventados desestructurar el avance popular. Podemos mencionar también las exclusiones por la vestimenta y origen étnico que se dieron en Santa Cruz en un micro de servicio público por parte de una ciudadana que se notaba que mantenía esos valores retrógrados fundados en la desigualdad, herencia de nuestra colonialidad, que deben ser extirpados. La otra cara de la moneda son aquellos espacios preferentemente de las organizaciones nacional-populares donde el proceso revolucionario avanza a pasos seguros por la senda de la profundización; las comunidades indígenas y la lógica comunal son un hecho indiscutible de este proceso, sindicatos campesinos, sindicatos obreros, organizaciones barriales, etc.

Describiendo la realidad misma de las acciones de los actores sociales en favor o en contra del proceso, el leviatán plebeyo asume un matiz popular y da una preferencia de expansión a lo nacional-popular, desplazando a los sujetos tradicionales y transformando las estructuras estatales señoriales en plebeyas. De una lógica de la preferencia del capital, se ha asumido la lógica del trabajo como camino de la liberación. El leviatán plebeyo es un espacio de conflictividad pero bajo el liderazgo de lo nacional-popular que somete, busca y planifica la erradicación de la lógica tradicional todavía inserta en la memoria de algunos sectores sociales de nuestra sociedad y que son el fundamento y la instrumentalización de esa vieja clase tradicional que busca por medios democráticos, en apariencia o en una violencia directa y abierta tratar de volver al estado de las cosas del pasado injusto y desigual.

El leviatán plebeyo es la articulación de los humildes y pobres, que bajo sus experiencias organizativas acumuladas han desembocado en su liberación, dando el primer: paso la toma y el ejercicio del Estado (pero sobre las ruinas del Estado colonial y excluyente) y han expandido su liderazgo por las alianzas con sectores sociales que han asumido el proyecto social como suyos. Esto ha generado las transformaciones necesarias que denominamos lo nacional-popular en acción desde el leviatán plebeyo.

Esta acción misma no se ha llevado por el camino del consenso totalizante de nuestra sociedad, sino que es la viva expresión de la lucha de clases que dentro de nuestra caracterización tiene rasgos peculiares como ser: Lo cultural y lo étnico representan un valor indispensable para el desenvolvimiento de la lucha, donde son un escenario de resguardo y de capacidad de acción que se orienta al socialismo comunitario desde lo indígena-obrero. Por ello, las clases sociales en Bolivia están revestidas por formas culturales y étnicas que asumen papeles preponderantes en la lucha pero que escarbando son la prolongación de la lucha de clases con nuestras peculiaridades en forma integral. El leviatán plebeyo es la hegemonía de lo nacional-popular pero aun así sigue siendo un campo de lucha porque las clases enemigas no han dejado todavía de anhelar la vuelta al antiguo régimen.

La cultura plurinacional del leviatán

La cultura es un aspecto primordial de nuestra sociedad, lo cultural es el rasgo mismo de nuestra identidad como nos percibimos y queremos ser o proyectamos. La cultura nos dará un parámetro respecto a la visión conservadora e individualista que se pierde en elucubraciones sin sentido que solo se activan para desacreditar o injuriar la creatividad nacional-popular. Estas ciertas corrientes que asumen la cultura como un hecho aislado y de acumulación de datos y fechas:

Hay que perder la costumbre y dejar de concebir la cultura como saber enciclopédico en el cual el hombre no se contempla más que bajo la forma de un recipiente que hay que rellenar y apuntalar con datos empíricos, con hechos en brutos e inconexos que él tendrá luego de encasillar en el cerebro como en las columnas de un diccionario para poder contestar, en cada ocasión, a los estímulos varios del mundo externo (Gramsci, 1977: 15).

Esta mirada perdida en el solipsismo sin sentido de la cultura es muy dañina para nuestras organizaciones populares, esta función de cultura asume una disponibilidad de resguardar las formas culturales de la visión capitalista fundamentada en el egoísmo. “Solo sirve para producir desorientados, gente que se cree superior al resto de la humanidad” (Gramsci, 1977: 15), esta mirada fútil de la cultura era muy común en el Estado colonial y su sociedad, la acumulación de datos, fechas o ciertos títulos universitarios generaban la superioridad excluyendo otras formas de cultura. Y eran el fundamento de acallar, denigrar y hasta de tener el derecho de la eliminación de los aportes de los pueblos indígenas y movimiento obrero.

Pero esta concepción de la cultura ha quedado rota dentro del leviatán plebeyo, se está buscando la superación total. No se puede pensar que un proceso revolucionario deba estar fundado bajo la cultura intelectualista de corte capitalista. La cultura misma debe ser un motor del cambio de las relaciones sociales, de la construcción de una nueva sociedad por ello debemos entender la cultura bajo esta mirada nacional-popular: “La cultura es cosa muy distinta. Es organización, disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior conciencia por la cual se llega a comprender el valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus derechos y sus deberes” (Gramsci, 1977: 15). Una construcción colectiva de las organizaciones sociales de nuestro proceso revolucionario con base en su creación histórica desde su espíritu nacional-popular.

Llegando a establecer una cultura plurinacional del leviatán plebeyo, su consolidación material, espiritual y simbólica, prolongación misma de concebir una mirada diferente a las tradiciones señoriales. Las prácticas y formas culturales se han institucionalizado en la forma estatal, llevando las creaciones de aparatos culturales estatales nacional-populares para la creación y fortalecimiento de formas culturales que estén en articulación con el proceso de liberación que está diseminado por toda nuestra historia revolucionaria de lucha de las organizaciones populares como ser pueblos indígenas, campesinos, obreros, gremialistas, etc. Estas formas se perciben en la sociedad misma como la revalorización de las indumentarias de los pueblos indígenas, apropiación colectiva de símbolos plebeyos como ser la whipala, la chacana andina, el monolito, entre algunos emblemas de los pueblos indígenas o también la forma de organización del proletariado nacional como método de lucha contra cualquier tiranía o abuso que ponga en tela de juicio el proceso revolucionario; estas formas creativas culturales hacen que se expanda como una forma de pertenencia colectiva que pareciera ser algo intrascendente pero que es una victoria cultural contra las formas cosificantes y apátridas que todavía perviven en nuestra sociedad. El Estado plebeyo es cultura plurinacional de las clases sociales revestidas como parte constitutiva, inherente a su naturaleza de su rasgo etno-cultural que abren la puerta de la lucha para destronar condiciones de injusticias y exclusión.

Este reconocimiento institucionalizado de la diversidad cultural no es suficiente para la hegemonía cultural del proceso revolucionario. La cultura plurinacional estatal debe combinarse con la expansión en la sociedad misma, haciendo un todo inquebrantable de su unificación de las clases revolucionarias por excelencia (indígenas, campesinos, obreros, juntas barriales populares, clase media progresista) que sostenga y haga avanzar a la totalidad social. Y también la diversidad cultural tiene que estar muy ligada a la defensa y eliminación de estas prácticas culturales señoriales, la forma hegemónica de creatividad cultural está junto a lo nacional-popular, con sus contradicciones y formas de influencia, destinada a una misión histórica de derrotar estas praxis señoriales en el ámbito de la cultura nacional, pero otra cosa es que de manera hasta ingenua aceptemos que lo señorial se imponga o contamine las prácticas culturales del pueblo bajo sus apariencias democráticas o falso/populares y de esto hay muchos ejemplos, como asumir un disfraz de lo indígena como propio, hablar idiomas nativos para mimetizarse en las organizaciones indígenas, apropiarse de la simbología en determinados casos para un fin político; pero todo esto bajo la herramienta de su instrumentalización de clase para poder perforar el bloque histórico hegemónico de la revolución democrática y cultural.

Para esta guerra cultural no solamente es necesario el despliegue estatal, sino que es más urgente que la misma sociedad organizada recurra a construir aparatos culturales de ataque a lo señorial, discursos de legitimación creativos para consolidar el proceso revolucionario. Una forma nueva de vida y de percibirnos es el ideal que se debe plasmar en cada praxis de los actores revolucionarios que sostienen y hacen avanzar a la sociedad en su conjunto a construir desde la cultura plurinacional. Por ello se debe estar en constante lucha contra la cultura oprimente y reforzar las dimensiones culturales. La cultura es el armazón que se necesita para que el leviatán plebeyo salga victorioso.

Conclusión

Nuestro proceso revolucionario es de los humildes y pobres, apenas ha dado pasos significativos hacia la senda de la liberación total. Nuestra articulación con base en nuestras experiencias de lucha nacional y la lucha mundial de los pueblos es la fortaleza que nos ayuda cada día a seguir encaminándonos en las glorias de nuestros antepasados y los sueños a realizar. La derrota del leviatán capitalista-colonial ha significado que se han roto aquellos mitos fundados en la exclusión donde se desprestigiaba hasta el extremo lo popular como sinónimo de vergüenza, primitivismo e irracionalidad para buscar la aniquilación de cualquier manifestación sensata que pusiera en entre dicho las situaciones de dominación.

Pero esta fuerza de rebeldía y resistencia popular ha despertado en articulación y manifestación gloriosa la lucha definitiva y la toma del poder estatal hacia la destrucción de la forma alienante de las lógicas tradicionales señoriales, para levantar un mundo de libertad e igualdad con base en la concatenación de lo nacional-popular como el alma madre de nuestros ideales en acción. El resultado es el actual proceso revolucionario que se va expandiendo en los tejidos sociales nacionales más íntimos y profundos.

Bibliografía

  • García, Álvaro. 2009. Del Estado neoliberal al Estado Plurinacional, autonómico y productivo. La Paz: Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.
  • García, Álvaro. 2010. Del Estado aparente al Estado integral. La Paz: Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.
  • García, Álvaro. 2017. La construcción del Estado. La Paz: Ministerio de Trabajo, Empleo y Previsión Social.
  • Gramsci, Antonio. 1977. Antología. México: Siglo Veintiuno Editores.
  • Lenin, Vladimir. 1960. Obras Escogidas Tomo 2. Moscú: Ediciones en Lenguas Extranjeras.
  • Marx y Engels, Carlos y Federico. 2001. Manifiesto del Partido Comunista. Oruro: Latinas Editores.
  • Weber, Max. 2008. El político y el científico. Buenos Aires: Ediciones Libertador.

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Jaime Marlon Martinez

Egresado de la Carrera de Sociología, actualmente estudiante de la carrera de Derecho de la Universidad Mayor de San Simón. Militante revolucionario comprometido con la construcción de un mundo mejor. Miembro fundador y coordinador del colectivo Comunidad y Revolución que es un espacio de autoformación de líderes políticos y sindicales, de organizaciones y movimientos sociales, con sensibilidad social, pensamiento crítico, capacidad de organización y generación de propuestas, para la contribución, aporte y defensa de todos los cambios sociales, políticos, económicos y culturales que vive nuestro país.