...para retomar las riendas de la revolución

Integración Latinoamericana

Jaime Stay
Publicado en febrero 2018 en La Migraña 25
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Sergio Callisaya: ¿Cuál sería el balance de la situación respecto a la integración latinoamericana?

Jaime Stay.- Hay unas cuantas ideas básicas que están presentes en la manera en que yo miro eso, por un lado la crisis mundial por la cual se viene atravesando con mucha fuerza desde el año 2008 en adelante, una crisis que está lejos de haber sido superada de la cual todavía queda mucho por recorrer y que está marcando el funcionamiento de los distintos países, incluyendo los de América Latina.

América Latina logró salir relativamente bien librada, tanto del estallido mismo de la crisis, el peor año a nivel mundial fue el año 2009, pero se recuperó relativamente rápido de ese primer golpe. Hubo 3 o 4 años en que la crisis se centró en Europa, en los países europeos, sobre todo en la periferia europea en España, en Portugal, en Grecia, en Chipre, pero desde hace 3 años que AL viene sintiendo efectos fuertes de la crisis mundial, principalmente a través del deterioro del precio de las materias primas. Hubo un verdadero boom de crecimiento de precios de las materias primas desde el año 2003 hasta aproximadamente el año 2012/2013, pero de ahí en adelante ha habido un deterioro muy grande de ese precio, que además se explica en buena medida por una disminución de necesidad en China hacia ese tipo de productos y por esa vía LA y particularmente Sud América ha visto reducir sus ingresos de exportaciones y eso ha golpeado al conjunto de la economía.
Entonces, hay una situación de deterioro mundial, con expresiones bastante claras en América Latina, hay otros cambios y problemas presentes en el funcionamiento de la economía mundial, algunos que se venían arrastrando desde antes, por ejemplo el deterioro de todas las negociaciones de la OMC, el deterioro del propio comercio en sus volúmenes, con la propia crisis el comercio se vio duramente afectado a nivel mundial y de manera más reciente lo que ha venido ocurriendo con la llegada al Gobierno de Trump, en el caso de Estado Unidos y con la situación de relativa incertidumbre que se ha apoderado de Europa con el llamado BREXIT, con la salida del Reyno Unido.

En este escenario mundial, no solamente muy complejo sino con muchos problemas y con mucho reacomodo, ahora recién acabamos de escuchar algo, a nivel mundial es muy notoria la presencia que tiene sobre todo China, la menor presencia que tienen los países desarrollados y algunos países atrasados que también han aumentado su presencia junto con China, estoy pensando en la India y en los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica).

Esto configura un contexto de funcionamiento de AL, al cual se agregan en la región los escenarios políticos que han estado presentes, por un lado el escenario de llegada y de relativa consolidación en algunos casos de los llamados gobiernos progresistas y en el período más reciente, el retroceso en varias de esas situaciones políticas nacionales, lo ocurrido en Brasil, lo ocurrido en Argentina y los problemas fuertes y graves por los cuales está atravesando Venezuela, entonces yo diría que ese es un contexto en el que se ubica el desenvolvimiento de la integración económica.

La integración económica latinoamericana tuvo un verdadero auge con el arranque de este siglo, cambió el escenario de la integración regional, se pasó de una integración que estaba hecha desde la lógica neoliberal, el llamado regionalismo abierto, a un tipo de integración alternativa que se hizo presente en buena parte de la región y que dio lugar a la creación de nuevos mecanismos de integración, estoy pensando en la creación del ALBA – TCP en el año 2004, la creación de UNASUR cuatro años después y la creación de la CELAC.

Entonces hasta hace 3 años, había un escenario de la integración regional notoriamente distinto al de las décadas anteriores y en el interior del cual se abría una suerte de integración alternativa, que no sólo cambiaban los instrumentos de la integración, los ritmos de la integración, sino que cambiaban en buena medida los fines mismos de la integración. Esta idea de para qué y para quién, históricamente había respondido la lógica de que lo que se integra son fundamentalmente los capitales, lo que hacemos al integrarnos es comerciar y eso había cambiado a lo largo de este siglo, había un sentido nuevo de la integración, la integración ya no era solamente comercio y la integración ya no era solamente para aquellos que se dedican a comerciar.
Hay razones para decir que se avanzó en una suerte de integración desde abajo, una integración de los pueblos, que era sustancialmente distinta a lo que habíamos conocido, esa situación de la integración que abría perspectivas muy provisorias a lo que podía ser la unidad latinoamericana, ha tenido retrocesos en este período reciente. La llegada al gobierno de Temer en Brasil, de Macri en Argentina, etc., ha cambiado el escenario y en este momento yo diría que la integración regional está en un momento de freno, de relativo retroceso que uno podría suponer, no sólo queriendo que ocurra, sino con elementos en la mano, que probablemente va a ser una situación transitoria. Estos gobiernos que retoman con mucha fuerza la bandera neoliberal, como los que acabo de mencionar, Argentina y Brasil tienen una base social sumamente débil, en el caso de Brasil es tremendo, el porcentaje de población que apoya a Temer es de un dígito, algunos dicen que 1, 2 o 5% de la población, en el caso de Argentina con Macri no es tan así, pero es evidente que se trata de un gobierno con una base social muy débil que lo que se había avanzado en esos países en términos de la creación de fuerzas populares, sigue estando presente y puede dar lugar a un nuevo escenario dentro de esos países y por lo tanto un nuevo escenario regional, dentro del cual la integración pudiera retomar este ritmo que venía teniendo y pudiera corregir los errores que se cometieron, porque en esa nueva integración que se comenzó a plasmar desde el ALBA – TCP y que estaba claramente presente hasta hace 4 años, desde luego se cometieron errores, hubo insuficiencia, no se avanzó tanto como se prometía, pero todo eso se podría intentar corregir sobre la base de un nuevo escenario en el que la integración volviera a ser la fuerza que llegó a ser bajo los gobiernos progresistas.

Mi reflexión gira en torno de eso, que ha ocurrido, que ocurre en este momento con la integración y que pudiera ocurrir en el futuro, en qué futuro de reacomodo de fuerzas a favor del campo progresista, la integración podría retomar el ritmo y acentuarlo corrigiendo aquello que haya que corregir respecto de lo que se hizo durante el período de esta integración alternativa.

SC.- En el contexto descrito, ¿aún es posible pensar en una unidad latinoamericana?

JS.- Desde luego, pensar en la unidad latinoamericana siempre es posible, se justifica pensar en la unidad latinoamericana, en parte como un escenario ideal hacia el cual hay que agrupar fuerzas, pero también como una realidad que bien pudiera ir siendo construida a lo largo del tiempo. Hablar hoy de la unidad latinoamericana, con la tremenda heterogeneidad de sistemas políticos que hay, de estrategias de desarrollo, de estrategias de inserción internacional que en varios casos apuntan más a Estados Unidos que hacia la propia región, suena como algo muy lejano, desde luego, no tiene ningún sentido pensar que estamos a pocos pasos de algo parecido a la unidad latinoamericana. Pero considero que la unidad latinoamericana es una suerte de imperativo histórico, que se concreta a lo largo del tiempo, en parte como exigencia de los propios pueblos de la región y en parte como exigencia del contexto mundial.

En un mundo como el de hoy con los problemas que hay, con los reacomodos que en él están ocurriendo, una Latinoamérica unida es todavía más necesaria, en el mundo de hoy los países solos pueden hacer cada vez menos, por lo tanto se impone la acción conjunta de los países para enfrentar con mayores probabilidades de éxito los retos que plantea ese mundo que está cambiando, entonces, yo diría que sí, que no sólo es posible sino necesario seguir pensando la unidad latinoamericana y seguir tratando de construirla, por más obstáculos que vayan apareciendo en el camino.

SC.- ¿Cuáles serían los beneficios de esa unidad latinoamericana para los pueblos, para los Estados?

JS.- Creo que serían múltiples, siempre y cuando imaginemos el tipo de contenidos que acompañarían a ese tipo de unidad, pensar la unidad latinoamericana sólo como un escenario en el que se borran las fronteras, sin acompañar eso con una idea de cómo funciona ese espacio interno ampliado, diría muy poco. Yo asocio la idea de unidad latinoamericana con un proceso en el cual son los propios pueblos latinoamericanos los que deciden unirse y por lo tanto como un espacio en el cual, junto con esa unidad se redefinen las prioridades internas de funcionamiento, de desarrollo, de quien debe estar al servicio de quien, etc. y por lo tanto una unidad latinoamericana construida sobre la base de proyectos políticos y proyectos económicos de corte claramente progresista, significaría una cantidad muy enorme de ventajas para las poblaciones de nuestros países.

En el terreno estrictamente económico, que es lo que yo más manejo, una verdadera unidad latinoamericana, con toda seguridad que tendría como un elemento importante la complementación productiva, la creación de cadenas productivas regionales, que es algo en lo que se ha avanzado muy poco, pero que aparece como una necesidad cada vez mayor.

SC.- ¿A qué se refiere cuando habla de cadenas productivas regionales?

JS.- Las cadenas productivas regionales consisten en procesos productivos vinculados entre los distintos países, una suerte de división de actividades, de funciones y etapas de la producción entre los distintos países, como parte de una producción general de algún producto que queramos imaginar, cada país participa en esa producción con lo que mejor sabe hacer, con lo que más puede aportar en una relación de complementación con los países vecinos, de tal manera que ese producto es elaborado en las mejores condiciones, con los menores costos y con las mejores capacidades que están disponibles en la región y está en condiciones de surtir al mercado interno y de competir a nivel internacional.

Esta idea de cadena productiva se viene manejando mucho pero la posibilidad de que esas cadenas se definan a nivel regional es algo que se ha hablado y se ha hecho muy poco y la región está en condiciones de desarrollar cadenas productivas dentro de ella, tal como hoy las empresas multinacionales desarrollan cadenas productivas a nivel mundial. Lo que hacen las empresas multinacionales es distribuir todo el proceso productivo en los lugares que más les convenga, donde hay materias primas baratas instalan esa parte, donde hay un mercado grande instalan la parte de la venta, donde hay mano de obra barata instalan la parte que demanda más trabajo, el ensamblaje, la maquila le llaman.

Pero claro con una lógica empresarial y de empresa multinacional, la definición de cadenas productivas con una lógica de otro tipo, podría dar muchísimos frutos, podría hacer mucho más eficiente la producción y podría abaratar los productos que están a disposición de la población, eso sólo por dar un ejemplo del tipo de iniciativas económicas que podrían desarrollarse pensando en una AL unida.

SC.- Cadena productiva por ejemplo para hacer automóviles…

JS.- Si por ejemplo, la producción de automóviles es un buen ejemplo de lo que hoy son cadenas productivas, cualquier automóvil que hoy se venda en cualquier lugar debe tener componentes de unos 40 o 50 países, eso es una cadena productiva. Claro al hablar de cadenas productivas regionales habría que ver en qué, qué productos interesan, qué disponibilidad de recursos hay en la región, no sólo en términos de recursos naturales, sino también de recursos humanos, de gente preparada y sobre esa base definir hacia qué tipo de producciones apuntamos y sobre esa base tratar de centrar los esfuerzos de complementariedad entre los países.

De hecho ha habido algunos intentos incluso dentro de la misma industria del automóvil, cuando se creó la Comunidad Andina se intentó desarrollar una especie de distribución de funciones entre los países de la comunidad en la industria del automóvil, cosa que tuvo poco éxito, eso hubiera requerido una decisión política mucho mayor para imponer ese criterio frente a las empresas transnacionales automotrices, etc.

SC.- ¿Cuán importante son los elementos de los recursos naturales para estos procesos de integración regional en LA?

JS.- Desde luego que cualquier cosa que uno piense en términos económicos respecto del desenvolvimiento de los países latinoamericanos, tiene que tomar como un dato la gran abundancia de recursos naturales que tiene la región, AL es una región que desde el punto de vista estratégico posee una gran cantidad de recursos naturales, pero eso sigue dejando pendiente qué uso darle a los recursos y hasta que punto tratar de que ese uso permita pasar a etapas que vayan más allá de la sola extracción y venta.

Históricamente AL y particularmente América del Sur se ha caracterizado por una gran presencia de las actividades extractivas y en que lo normal ha sido extraer y vender casi lo mismo que se extrajo, sin mayores grados de elaboración, es ha sido una insuficiencia histórica, que en buena medida no se corrigió de manera importante en lo que va de este siglo y por ejemplo la gran abundancia de recursos naturales, tendría que estar acompañada de una estrategia de diversificación, de industrialización de esas producciones básicas de tal manera que AL dejara de ser exportadora de recursos básicos e importadora de manufacturas.
La región tiene capacidades que van mucho más allá del solo aprovechamiento de los recursos naturales en términos de extraerlos y venderlos, más bien hay que pensar en extraerlos, procesarlos, venderlos y además diversificar la estructura productiva.

SC.- ¿Qué Estados de AL han avanzado mejor para afrontar estos desafíos?

JS.- En términos de una cierta diversificación de la estructura productiva, históricamente se menciona los más grandes, hay una cierta diversificación en una mirad larga, en una mirada de cien años, ha habido un proceso de industrialización, medianamente avanzado, en los países grandes, en México, en Brasil, en Argentina, pero incluso yo diría que ha habido un cierto freno en algunos de ellos durante lo que va de este siglo y un vuelco hacia la explotación de recursos naturales. Este boom que hubo en los precios de las materias primas llevó a que se priorizara ese sector respecto de otros, lo cual se entiende perfectamente porque se trataba de aprovechar los buenos precios, pero eso fue en desmedro del resto de la estructura productiva, incluso en esos países.

Creo que hay experiencias relativamente exitosas de diversificación y de industrialización, pero incluso los mayores países de AL, en ese sentido todavía falta mucho por avanzar, Brasil es una economía bastante industrializada si se compara con otras economías de la región, pero que tiene muchos pendientes si se le compara con lo que podría ser una potencia industrial.

SC: La heterogeneidad de los Estados de Latinoamérica, en los niveles de tecnificación y desarrollo ¿será un obstáculo para construir este objetivo de la unidad latinoamericana?

JS.- En alguna medida que yo diría que es pequeña y que no es determinante, nadie ha dicho que para que las economías puedan unirse tienen que ser semejantes en todo, en ese sentido la heterogeneidad también puede significar complementariedad. Son heterogéneas porque alguna tiene capacidades y recursos en que otras no lo tienen, yo diría que el principal obstáculo es la heterogeneidad política, de proyectos políticos, creo que eso hoy es el obstáculo más fuerte, el hecho de que en la región están coexistiendo gobiernos que van desde intentos de crear un funcionamiento anti capitalista hasta intentos por seguir fielmente las recetas neoliberales, entonces la heterogeneidad es inmensa. La distancia que hay en términos del tipo de proyecto de sociedad que se pretende desarrollar, la distancia que hay hoy entre Colombia y México en un extremo y Ecuador, Bolivia y Venezuela en el otro extremo, es mucho mayor que cualquier diferencia en tamaño económico o nivel de desarrollo o capacidad de infraestructura, etc. Yo diría que ese es el obstáculo mayor y ese obstáculo apareció y efectivamente se redujo durante buena parte de lo que va de este siglo y hoy vuelve a aumentar por los cambios políticos que se han dado en varios de los países.

SC.- ¿En la medida en que se retomen las corrientes de izquierda en el mapa latinoamericano se podrá retomar también ese propósito de la unidad latinoamericana?

JS.- Si yo creo que sí y a la inversa, en la misma medida en que en distintos países de AL siga siendo dominante el discurso neoliberal, en esa medida se ve entorpecida la integración regional. Al neoliberalismo no le interesa la integración, le interesa el comercio, el neoliberalismo no funciona sobre la base de unir a los pueblos sino de unir a los capitales y por lo tanto el mayor obstáculo es el neoliberalismo y en la medida en que en la región haya la mayoría de gobiernos que estén con programas anti neoliberales e incluso en algunos casos anti capitalistas, en esa medida se multiplican las posibilidades de avanzar hacia la integración.

Yo diría que en AL la integración es casi obligatoriamente un proyecto de la izquierda, no es la derecha política la que va a encabezar verdaderos proyectos de integración, no forma parte de su programa profundo, como si forma parte del programa de la izquierda.

SC.- En ese contexto cual es el futuro del LA en el escenario político que va a tener su efecto en el modelo económico.

JS.- Bueno es muy difícil saber qué es lo que va a ocurrir, opino que el futuro de Latinoamérica no es la permanencia de este escenario de retroceso y de este escenario de relativa recuperación del neoliberalismo que se ha venido dando en los últimos cuatro años: yo no creo que eso vaya a acompañar a AL durante varias décadas, yo creo que los proyectos de recomposición neoliberal o de acentuación del neoliberalismo, están condenados al fracaso, no en términos de un fracaso histórico que de alguna forma va a llegar, sino de un fracaso en el corto y mediano plazo. Creo que el neoliberalismo no tiene cabida en AL y que so va a ir quedando demostrado en la medida en la que los regímenes neoliberales, que han permanecido o que han logrado reimponerse, vayan avanzando, vayan mostrando sus limitaciones y vayan mostrando nuevamente su incapacidad para resolver los grandes problemas de la región.

Por lo tanto digamos que soy razonablemente optimista de que el escenario político latinoamericano que hoy aparece cargado hacia el neoliberalismo, no es un escenario que va a durar en el tiempo, pero bueno es difícil poder decir más.

SC.- ¿Hablamos de las siguientes décadas?

JS.- Si yo creo que en algunos casos son períodos cortos, yo no creo que Temer vaya a dura, si es que dura, más de uno o dos años más. Todo parece indicar, a no ser que le den una especie de golpe judicial, la posibilidad de que Lula retome el gobierno. En el caso de Macri no es tan evidente pero yo no creo que sea un problema de décadas, yo creo que es un problema de años, por decir algo creo que los primeros años de la próxima década ya el escenario debe haber cambiado y para eso faltan tres años.

SC.- Por último ¿Cuán importante es la participación de las sociedades para la construcción de esta unidad latinoamericana?

JS.- No sólo es importante sino que las sociedades latinoamericanas son las que tienen que encabezar los procesos de integración. Una de las cosas que creo que habría que corregir respecto de la integración, que logró desarrollarse sobre la base de estos gobiernos alternativos es justamente eso, si bien hubo una participación de sectores sociales mayor que en la integración neoliberal, hubo un cierto espacio que se creó para la sociedad, se creó el consejo de movimientos sociales en el caso del ALBA, etc. Creo que todo eso fue insuficiente y que una de las cosas que habría que lograr en un nuevo esfuerzo integrador es que esa integración sea más claramente desde abajo, que esa integración involucre por completo no sólo como espectadores sino como actores principales a los grupos sociales, a la sociedad y que en buena medida los gobiernos sean un agente que hace aquello que sus propias sociedades le van demandando y por lo tanto el papel que yo le asigno a la sociedad en cualquier proceso verdadero de integración regional es central, creo que sin participación activa de la sociedad las integración no va a poder ser realidad.

La integración Latinoamericana requiere de transformaciones que solo se pueden logara con la participación de las sociedades e impulsadas desde las sociedades, entonces sí, le asigno un papel central.

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Jaime Stay

Licenciado en Economía en la Universidad Autónoma de Puebla, Máster en Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM, Doctorado en Economía de la misma universidad. Trabajó como profesor investigador en la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Puebla México. Ejerce como docente universitario de varias cátedras de estudio.