"Cachin" Antezana, a propósito de la obra reunida de la BBB

Jorge Suárez: lo fantástico de un narrador excelente

Ricardo Aguilar Agramont
Publicado en julio 2018 en La Migraña 27
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Luis H. Antezana, más conocido como “Cachín”, habla de literatura boliviana, su ordenamiento, su trabajo de preparación del libro de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB), Jorge Suárez. Obra reunida (libro que se presentó en marzo en Sucre) y de su obra crítica ensayística que desarrolla una experiencia de escritura estética, la cual será publicada también por la BBB en el futuro próximo.

Ricardo Aguilar.-  ¿Cómo se da el paso de la lectura a la escritura en su obra que será parte de la Biblioteca del Bicentenario? Escritura en su sentido más complejo, como conciencia del lenguaje.

Luis Antezana.- En mi caso no hay mucha distancia entre la lectura y la escritura. La lectura, si quieres, es mi oficio. A lo largo de toda mi carrera, comenzando por estudiar para ser profesor de Literatura y Lenguaje en la Normal Superior hasta tener mi doctorado en Filología, siempre he estado obligado e inclinado a la lectura como oficio, aparte del gusto de leer desde niño. Entonces, mis lecturas tenían que ser traducidas en algún tipo de trabajo, de informe, de ensayo, a veces más sencillamente hasta de resumen. Ese es mi paso inmediato a la escritura, el análisis, eso era parte de mi trabajo y lectura en forma de escritura con un matiz, yo no pretendo tener la escritura en el sentido creativo de la palabra, en el sentido de un poeta o novelista. Lo mío es simplemente una escritura de trabajo académico, de análisis, y que está rodeado de una serie de criterios, voy a repetir la palabra, académicos que trato de cumplir para vehicular mi experiencia de lectura.

RA.- Pero en una experiencia de escritura digamos en el sentido que le da Barthes, con cierto gozo con esa escritura por más de que no sea ficcional.

LA.- Sí, pero el peso que puede tener cuando escribo no viene tanto de mí como de los autores que me ayudan a leer. Profesionalmente, nunca he leído solo, siempre he leído acompañado de alguna perspectiva teórica o acompañado de otros estudios sobre lo que estoy leyendo. De ahí viene lo de informe académico. Entonces agarro un autor, pero también veo qué han dicho de él, quién me ilumina, quien no y también alguna perspectiva teórica para tener algún camino a seguir. Ahí, aprovechando la mención que haces, muchas veces he tomado Barthes porque da muchos instrumentos que son útiles para leer mejor. Si eso se traduce en escritura, bueno en mi caso habrá una referencia o una cita a los autores que me han ayudado. Volviendo al ejemplo que estamos utilizando, haré la cita de Barthes y diré este criterio me parece bien y por eso lo voy a utilizar para dilucidar mejor el libro. Ese tipo de escritura lo que tiene, y eso sería barthesiano, es un trabajo de leer múltiples voces, comparar, analizar y luego sacar un camino que ilumine la obra que estoy tratando de comunicar o estudiar.

RA.- Ahora a lo más general. Recuerdo que uno de los primeros intentos de ordenamiento de la literatura boliviana a los que llegué fue su propuesta temática: literatura de guerrilla, de la Guerra del Chaco, de mina, urbana, etc. Quisiera que podamos hablar hoy de qué regiría un nuevo ordenamiento, si es que lo hubiese.

LA.- Yo diría, lo hice en varios ensayos, que tenemos un momento clave en torno a 1958-59, cuando Óscar Cerruto publica Cerco de penumbras. Leyendo esa obra —siempre a posteriori, no en el instante que se lee como si fuera una iluminación—, estoy bastante convencido de que hay una transformación en nuestra narrativa, no vamos a hablar de literatura sino de nuestra narrativa. Gracias a Cerruto se reemplaza un realismo tradicional por un acceso muy directo a la ficción, pero a la ficción en un sentido más radical. Hay dos sentidos en ficción, uno que es hacer verosímil lo posible, es decir, el Quijote no ha existido, pero es posible, entonces lo hago vivir en La Mancha medio loco, esa es una ficción que hace verosímil lo posible; pero hay otro nivel que es la que hace verosímil lo imposible. Ese nivel de ficción es el de Cerruto. Ahí los muertos vuelven para molestar a los vivos.

Después de Cerruto, nuestra narrativa comienza a ser mucho más flexible, se abren todas las puertas. Antes de eso era bastante realista, si no naturalista, es decir, dentro de lo altamente verosímil y hasta documental. Con Cerruto está el cambio.

Casi simultáneamente, con la novela Los deshabitados, de Marcelo Quiroga, hay otro cambio que va a tener ecos después. Su valor y alcances se ven, como decía al principio, a posteriori. En Los deshabitados hay una fuerte búsqueda de la subjetividad. Los personajes no están vistos desde fuera, sino desde dentro, y eso incluye no solo a los personajes, sino también al narrador. Hoy nuestra literatura recorre por ancho y largo esos caminos: los de la ficción y los de la introspección.

Después obviamente hay varios momentos de la novela previa: hemos tenido una novela minera; rural indigenista; costumbrista, que tiene grandes valores, la novela del encholamiento con La Chaskañawi como cumbre; y hemos tenido curiosamente un género que se escribe hasta el día de hoy, la narrativa de la Guerra del Chaco: se hizo mucho en su momento, pero hoy Adolfo Cárdenas o Jesús Urzagasti, entre otros, tocan el tema décadas después del hecho. Esas serían unas cuantas pistas.

Más adelante se va desarrollando algo fuerte, si bien no es un cambio sustancial, sí es de referencia. Nuestra literatura deja de ser rural, minera, y se vuelve cada vez más urbana. Ahí un momento clave es la novela Felipe Delgado de Jaime Sáenz y la enorme literatura urbana que hay hoy en día, como Periférica Blvd de Adolfo Cárdenas.

RA.- De algún modo, todos los ensayos posteriores de ordenamiento se remiten al análisis que hizo. Quisiera hablar del canon boliviano. Eso interesa por el proyecto de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia que tiene una vocación canónica. ¿Para qué sirve un canon?, ¿son necesarios?, ¿cómo ve el proceso de formación de un canon de escritores bolivianos que no necesariamente sean de literatura sino de escrituras con alta conciencia del lenguaje (como por ejemplo Almaraz o Zavaleta), para volver al concepto de “escritura”?

LA.- Perfecto, son nombres que han trabajado al mismo que sus ideas, su lenguaje, pienso en Almaraz y Zavaleta. Ambos felizmente son parte de esa colección, son obviamente parte de lo mejor que se ha dado como pensamiento local en cuanto a lo sociopolítico. Así también, en algunos trabajos de historiadores pueden lograr esto por ser una forma de narrar, están muy cerca de la literatura. La historia como documento sería la historiografía, pero el libro de historia, cuando está bien narrado y con riqueza literaria, tiende a pervivir y dejar huella en una sociedad. No sé si está en la colección, pero un historiador que narra de maravilla es Roberto Querejazu.

RA.- Están dos de sus libros: Masamaclay y Guano, salitre y sangre.

LA.- Cuenta de maravilla. Masamaclay, Llallagua, La biografía de Costa Du Rels son libros que se pueden leer con gusto. Esas son labores de escritura, no hay que olvidar que la escritura implica un acercamiento al difícil problema de lo estético, de la imaginación con el pensamiento, no solamente ideas. Volviendo a lo que hablábamos, en las ciencias sociales, porque me ha tocado estudiarlo, Zavaleta tiene una enorme riqueza verbal y siempre es un desafío leerlo. Muchas de esas obras son canónicas, por ser un poco difíciles provocan desafíos de comprensión, provocan nuevas ideas, provocan más y más lecturas. Sería bueno que la Biblioteca (del Bicentenario de Bolivia) cumpla ese propósito, no solamente de establecer un canon al que haya que obedecer, sino un canon que provoque interés, que habrá puertas. Un canon tiene que provocar.

Los autores que han escogido, por lo menos los que conozco de literatura como Cerruto, Sáenz, Suárez (que yo he preparado), está Adolfo Cárdenas, y más, todos son provocadores. En historia, dos libros maravillosos que sé que están, joyas de nuestra literatura e historia, son Los últimos días coloniales en el Alto Perú de Gabriel René Moreno y el Diario del Tambor Vargas (Diario de un comandante de la Guerra de la Independencia, de José Santos Vargas). Esos libros no son solo para quedarse, educar, no, son provocaciones para pensar mejor, ver mejor y pensar de otra manera.

Son libros antiguos, el Diario del Tambor es de la época de la independencia, cuando se acabe la Biblioteca, van a pasar 200 años de que fue escrito y sigue desafiando. Lo maravilloso de ese libro (y acá quizá venga la palabra que usted está buscando) es que es un diario fundamentalmente escrito en medio de la guerrilla de Lanza, escrito ahí, a golpe de tambor, qué teórico de cenáculo va poder competir con escribir a golpe de tambor en medio de las batallas de la independencia.

Nadie le gana al Tambor. Es un libro de historia, pero que puede ser un ejemplo enorme para la literatura, es bellísimo.

RA.- Es increíble y también terrible.
LA.- Sí, he tenido la suerte de hacer un ensayo sobre eso y que felizmente está integrado en la edición que hizo la ABNB.

RA.- Algo así se puede decir también, en cuanto escritura, de la Historia de la Villa Imperial de Bartolomé Arzans.

LA.- Ese es una bomba atómica, ¿está pensando en Arzans?

RA.- Exacto.

LA.- Esa es una bomba atómica, eso no es un libro. Es inagotable, absolutamente inagotable. ¿Está incluida en la Biblioteca (del Bicentenario de Bolivia)?

RA.- Están los tres volúmenes.

LA.- Aunque es un error porque ese libro es anterior a la República.

RA.- Se incluyen varios del periodo colonial, por ejemplo la Crónica moralizada de Calancha, incluso de la precolonia con Mitos y ritos del Huarochiri, el texto de Viedma, y otros más…

LA.- Eso es un error porque no son libros de la República. Aunque, como digo, probablemente no hay libro superior al de Arzáns, después del descubrimiento que hizo don Gunnar Mendoza. Pero ese libro no está escrito en la República de Bolivia, mínimo en el Virreinato del Perú.

RA.- Pero son libros que explican el presente de Bolivia.

LA.- No había Bolivia entonces, en el territorio boliviano. No importa, pero me alegra que se haya colado Arzans, porque ese libro merece ser parte de nuestro horizonte cultural, sobre todo porque Potosí en esa época, no hay que olvidarse, era una de las urbes más importantes del mundo occidental.

RA.- Finalmente, Potosí es una de las razones más fuertes de por qué Bolivia existe, ¿no?

LA.- En cierta forma sí, por lo menos el occidente.

RA.- Entonces, en defensa del corpus colonial de la Biblioteca (que debe llegar a algo así como 10 títulos), pienso que de algún modo ese es el criterio que se tomó al incluir la Historia de Arzans.

LA.- Me alegra que no seamos rencorosos con lo colonial y debemos agradecerle a Arzáns y a don Gunnar Mendoza. Hay países como México, que en una época tenía enormes problemas con su pasado colonial, tanto que se decía que para México no existía la colonia, simplemente había la época precolombina y la independencia. Hasta que Octavio Paz tuvo que reivindicar a Sor Juana Inés de Cruz para que se den cuenta que muchas cosas importantes habían pasado en ese periodo.

RA.- Ese es el criterio
LA.- Está bien que se rescate.

RA.- Pasando al final de la entrevista quisiera que nos hable de la edición de Jorge Suárez. Obra reunida de la BBB, que ha estado a su cargo. Y también de la obra de Suárez.

LA.- La obra que ha promovido la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia es la Obra reunida. Tiene todo lo que publicó como literatura, por lo menos lo que ha logrado llegar a la imprenta, no está su obra periodística. Por supuesto ahí está El otro gallo.

Era su vocación ser poeta, lo dice en alguna entrevista. También se lanzó y narró cuentos. Logró un libro que creo que es maravilloso: El otro gallo, que es una joya de saber manejar la ficción. Son las aventuras imaginarias de un bandido, de un chico, que en sus borracheras cuenta una serie de aventuras, todas ellas quijotescas, todas ellas narradas a momentos con una prosa extraordinaria, qué se yo, “los tajibos en flor” o “el lago de las mariposas azules”, toda esa es prosa poética de primera calidad. Tiene lo que a veces le faltó a nuestra literatura, felizmente hay excepciones, un exquisito sentido del humor, sabe cuándo está haciendo las cosas con humor.

Por suerte, en la Obra reunida los directores de la Biblioteca han aceptado incluir un libro que se llama Melodramas auténticos de políticos idénticos. Son crónicas en verso donde tomaba el pelo. En 1960, con el desarrollo del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), toma el problema de la diferencia entre el MNR de Estenssoro y el de Guevara, ¿quiénes eran los idénticos y cuáles los auténticos?, ahí se ve su enorme sentido del humor.

El otro gallo lleva al humor con una exquisitez que en un escritor menor habría sido una simple parodia. Y bueno, Suárez poeta y narrador poético tiene una novela inconclusa, pero que la Casa de la Cultura de Santa Cruz publicó póstumamente. También está incluida (en la edición BBB): Las realidades y los símbolos.

Entonces, el libro tiene una buena parte de poesía y otra de prosa, faltaría su obra periodística y algunos inéditos que recién la familia está ordenando. Jorge Suárez fue activísimo, toda su vida trabajó de periodista y falleció como periodista. Ya van a ser 20 años (de su deceso), ojalá que la presentación pudiera ser en julio de este año, él estaba trabajando como director del Correo del Sur y le dio un ataque al corazón.

Como periodista también trabajó en los años 50-60 con Jornada, Los Tiempos, en El País de Santa Cruz. Fue diplomático durante el gobierno de Juan José Torres, primero en México y luego en Argentina. Cuando vino el golpe tuvo que huir a Chile y después exiliarse en México. En fin un hombre cuya fidelidad al sentido de su labor de periodista fue excepcional. Junto a eso está su pasión por la literatura: un orfebre de la forma, por ejemplo cuando trabaja los sonetos, pero también cuando trabaja la lírica popular, como en su libro Serenata, donde hay obras que tienen que ver con los boleros de caballería, con taquiraris, etc.

También logró que don Hernando Sanabria publicara en su cancionero de Vallegrande algo que tenía inédito, las Coplas pícaras, hasta malhabladas, pero él tenía mucho interés en ese tipo de lírica.

Si se quiere encontrar una síntesis de lo que ha hecho, ahí está El otro gallo, donde está la tradición popular, el mundo de lo cotidiano (que le gustaría al periodista), lo fantástico de un narrador excelente, todo en una prosa poética.

RA.- A propósito de la falta de sentido del humor que decía de nuestra literatura (salvo excepciones que cada vez son más frecuentes), ¿se deberá quizá a nuestra herencia realista?

LA.- Sí, la seriedad viene de todo ese pasado realista. Nuestra literatura tuvo que trabajar como sociología. Entonces, nuestros autores, recogiendo las enseñanzas del realismo y naturalismo tuvieron una especie de suplencia laboral, hicieron literatura pero también tuvieron que hurgar la sociología. Un resultado genial de eso es el libro de Salvador Romero Pittari, Las claudinas. Él ve cómo la literatura ayuda a ver los problemas sociales, porque no había sociología para entenderlos. Entonces, como usted decía, esa seriedad es porque la literatura tuvo que cargarse un fardo excesivo, cargarlo en el hombro y esperar reemplazar a la sociología hasta que esta comience a caminar por sí sola. Cuando pudo caminar, entonces la literatura se sintió más libre y pudo corretear por otras partes.

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Ricardo Aguilar Agramont

Periodista. Actualmente responsable de contenidos del CIS.