A propósito del amor y dinero en las reflexiones de Karl Marx

La agonía de la esperanza en México

Pablo Uc
Publicado en Noviembre 2016 en La Migraña 19
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La agonía suele enfrentar la vida del ser humano con su cualidad más insorteable y a la vez complementaria: la muerte. Si la esperanza de una sociedad agoniza es porque la posible realización de sí, que consiste en sobrevivir para la vida misma, para abrigar el deseo de vivir para dejar vivir, sucumbe ante la falta de correspondencia y desconcierto. La agonía alude al momento previo a la muerte, un umbral de angustia se desdobla justo antes morir, y un horizonte de alivio se expande en el después de la vida. La esperanza agoniza si este tránsito es mutilado, si la vida es adelgazada al sufrimiento causado por la desolación de la muerte impuesta como interrupción sistemática, y no como horizonte de una vida que fenece natural y finalmente emancipada. Agoniza porque la correspondencia entre vida y muerte es abatida por la prepotencia de la no vida, mercantilizada por el dinero y convertida en una cifra, anulando su experiencia vital.

Este ensayo pretende reflexionar sobre la tensa condición de dolor y soledad que experimenta la contemporánea sociedad mexicana ante la agudización de la violencia y la sistematización de la muerte fundamentada en el secuestro, el asesinato y la desaparición forzada. Sin adentrarnos en la estricta lectura política sobre el Estado, su crisis de hegemonía, la economía político-financiera del capital criminal, la falsa conciencia del discurso sobre terrorismo y democracia, o la condición psico-social de la población -y la clase política y empresarial envuelta en la reproducción de la violencia-, nos gustaría reflexionar en torno a tal agonía a partir de las reflexiones planteadas por Marx sobre dos elementos. El primero, es el rol del dinero en su lectura simbólica, como pieza primaria y elemental del capitalismo en su desenfrenada enajenación de la sociedad. El segundo, es el de la reciprocidad que demanda la inspiración profunda del amor: en este caso, la reciprocidad digna entre vida y muerte.

Reflexionar sobre la agonía de la esperanza conlleva a señalar parte del funcionamiento de la economía de muerte que trajo consigo la guerra contra el narcotráfico (y terrorismo) impuesta tanto por el gobierno mexicano y el estadounidense en un territorio que juega con múltiples fronteras hacia el norte y el sur, así como por la estructura del crimen organizado: medios de comunicación corporativos, ejército y policía, narcotráfico, sistema bancario, complejo militar-industrial, etc. Ajena a la sociedad en cuanto a la nula adhesión ideológica de un conflicto que emerge como defensa y confrontación de un fin que la vuelve legítima, dicha guerra impera en México fincada en la precarización de la dignidad humana que enajena la vida por la magnificación del dinero (siempre concentrado en pocas manos y por poco tiempo). El gobierno del dinero rige como esquizofrenia de un deseo insaciable y estéril por el consumo, lo que conlleva al desprecio de la cohesión social y la autodeterminación. Por ello, es capaz de destruir la reciprocidad entre compañía y soledad, entendida como consuelo; entre trabajo y vida: dignidad; entre vida y muerte; entre esperanza y posibilidad.

Consideramos que las reflexiones del pensamiento humanístico expresado en varios de los Manuscritos económicofilosóficos de 1848 de Marx, constituyen una referencia de gran valor. Más allá del debate estrictamente marxista -materialismo histórico, economía política, socialismo, comunismo- las disquisiciones sobre el amor y el dinero permiten dialogar con la idea de agonía de la esperanza. También permite repensar la relevancia de la autonomía no estatal y anti-capitalista ejercida y desarrollada en varias escalas y experiencias en México, como un latente habilitador de la esperanza y lo posible.

Sobre el dinero y el amor en los manuscritos económico-filosóficos

Eric Fromm (1970) insistió en reconocer aquella idea profunda del ser humano, la naturaleza del hombre y su interminable anhelo de libertad en la obra de Marx. Aunque el obstáculo fundamental de la independencia profunda del ser humano fue escudriñada en sus complejos estudios sobre la economía política del capitalismo, el alemán de las caudalosas barbas se refirió con fascinante devoción al sentido que abraza su idea de emancipación en su obra humanística, previa a su obra: El Capital. El amor subyace en la quietud de aquel horizonte de libertad que el complejo sistema capitalista y la violenta estructura de despojo y enajenación clausuran. El dinero es un acontecimiento, la gran ficción elemental que teje la compleja obra del pensador.

En sus Manuscritos económico-filosóficos, Marx realiza una brillante reflexión sobre el dinero y el amor que le inspiran, inicialmente, dos literatos. Cita los versos de Goethe para recordar que el dinero en todas sus formas de hacerse de la propiedad de los objetos, también puede apropiarse de la relación que el ser humano guarda con otros sujetos y la naturaleza misma. Se paga la mediación de lo ajeno para hacerse dueño de esa mediación, una ficción impuesta por el dinero: “Si puedo pagar seis caballos, ¿no son mías las fuerzas de ellos? Corro así velozmente y soy un hombre verdadero y cabal, como si tuviera veinticuatro piernas” (El Fausto de Goethe, citado en Marx, 1936: 97).

Siendo así, el poseedor del dinero cree ser el dueño de lo que puede pagar con él, incluyendo la vida, para el sicario, para el que ordena y paga un secuestro, para quien ordena y financia la desaparición. Una propiedad del dinero es hacer creer a quien lo usa, que posee la mediación misma del dinero con el intenta comprar, incluso, la vida. Esta queda sujeta al juego del dinero, que somete la realidad a un engaño y le secuestra. Mientras construye un vínculo falso de propiedad, también rompe el tejido social:

Si el dinero es el vínculo que me liga a la vida humana y a la sociedad conmigo y que me liga con la naturaleza y el hombre, ¿no es vínculo por excelencia? ¿No es también, en consecuencia, el factor universal de separación? Es el medio real de separación y de unión, la fuerza electroquímica de la sociedad (Marx, 1936: 96, cursivas originales).

Aquí se asienta el detonante de mayor fuerza en el dominio del dinero por sí mismo como principio productor de gobierno material y simbólico. El poder material para la fragmentación, el simbólico para el dominio del vínculo o la separación. Aparece la capacidad de la ficción convertida en realidad y poder material efectivo. En este sentido, Marx recurre a Shakespeare, rememorando el terrible pasaje del Timón de Atenas, refiriéndose al oro como: “este amarillo esclavo [que] va a fortalecer y disolver religiones, bendecir a los malditos, hacer adorar la lepra blanca, dar plazas a los ladrones y hacerles sentarse entre los senadores, con títulos, genuflexiones y alabanzas” (Marx, 1936: 95). Considera que dada “[l]a capacidad para confundir e invertir todas las cualidades humanas y naturales, por fomentar la fraternización de las incompatibilidades, el poder divino del dinero reside en su carácter como ser genérico enajenado, vendido, del hombre. Es el poder enajenado de la humanidad.” (Ibídem).

Este conjunto de arbitrariedades objetivas, son también un principio elemental de la enajenación vital del ser humano. Se trata de una ficción hermenéutica. Aparentemente: “[e]l dinero es el medio y el poder externo, universal (no derivado del hombre como hombre ni de la sociedad humana como sociedad) para transformar la representación en realidad y la realidad en una mera representación”. Es través de esta ‘ficción hermenéutica’ que:

El dinero aparece […] como un poder desintegrador para el individuo y los lazos sociales, que pretenden ser entidades para sí. Transforma la fidelidad en infidelidad, el amor en odio, el odio en amor, la virtud en vicio, el vicio en virtud, el siervo en amo, la estupidez en inteligencia y la inteligencia en estupidez (Marx, 1936: 97).

Dadas tales consideraciones, el dinero y el poder económico (también convertido en poder político) constituye un plano de realidad de opuestos, de confusión y de realidades tergiversadas. El mundo al revés es parte de un proceso pedagógico de normalización del absurdo, y recurrentemente de la violencia, fundamentada en la escuela del terror, la desaparición forzada, las finanzas desleales, de la economía de guerra, etc. “Como el dinero […] confunde y transforma todo, es la confusión y trasposición universal de todas las cosas, el mundo invertido, la confusión y el cambio de todas las cualidades naturales y humanas” (Marx, 1936: 97). De allí que el dinero no se cambie por una cualidad particular sino por totalidades incompatibles llenas de contradicción insostenible.

El dinero puede llegar a romper la capacidad fundamental de la reciprocidad, cuando deja de ser un mero circulante, cuando adquiere en sí un poder consumado como valor de cambio y uso sobre quién cree poseerlo. Cuando se le otorga el poder de comprar todo el mundo objetivo, “real” y también exterior y superficial, llega a enajenar el mundo interior del ser humano y colonizar su ser, su razón, sentir, pensar, su relación con la naturaleza misma.

Es en este sentido que el dinero es expuesto como el ente de fractura elemental entre los miembros de una sociedad, en la medida en que divorcia al propio ser humano en su interior. Fractura la correspondencia entre vitalidad creativa y la estéril prepotencia de la acumulación. El ser humano es, según Marx, en la medida en que su relación con el mundo es una relación humana. Por lo que “el amor sólo puede intercambiarse por amor, la confianza por la confianza, etcétera”. Y continua diciendo: “Cada una de tus relaciones con el hombre y la naturaleza debe ser una expresión específica, correspondiente al objeto de tu voluntad, de tu verdadera vida individual” (Marx, 1936: 97). Por ello, el vínculo entre práctica, voluntad y discurso (sobre quién dice ser el hombre) es una relación fundamental para superar la enajenación que el dinero, en cualquier expresión impone al ser humano en distintas épocas.

El terrible gobierno de la ficción, el dinero y la muerte en México

Para inicios del año 2010, la desproporción de la violencia en México desajustó la percepción estructural de la misma (pobreza, desigualdad social, privatización de los derechos sociales, etc.) como desfallecimiento del mito sobre la revolución mexicana, tras un siglo de su estallido y decadencia. El levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994 marcó un ‘parte-aguas’ en el país y el mundo político, no tanto por su potencia militar efectiva para derrotar al Estado mexicano. Sino por su capacidad para romper con el poder simbólico sobre la idea de pobreza, el manejo del dinero mediante políticas públicas, el uso del crimen organizado como forma de cooptación y extracción del territorio, sobre la capacidad de la autogestión y la autonomía.

En la pasada Conferencia sobre México, Centroamérica y el Caribe llevada a cabo en Chiapas, en 2015, Alejandro Solalinde planteó la necesidad de analizar el comportamiento esquizofrénico de la violencia y la muerte precoz que se vive en México el norte de Centroamérica y EEUU, a partir del sistema de adoración al dinero. Más allá de las disquisiciones teológicas, lo interesante es la certera lectura sobre quiénes son gobernados por el dinero. El desbordamiento del gobierno del dinero como sistema de adoración en los múltiples canales de poder visible y poder fáctico, se orienta a la muerte, e iguala a la clase política y la empresarial con el narcotráfico, y a este con a la gestión corporativa de las empresas de telecomunicación y prensa, al Ejército y a la policía con los paramilitares y grupos de muerte convertidos en sicarios. El gobierno estructural del dinero.

Como referencia empírica de este escenario, es posible identificar el desbordamiento de dinero que domina a México, y su poder desarticulador, ya que si bien ha continuado la dinámica de acaparamiento, también generado un canal de distribución a través de la economía criminal, que se fundamenta en el desprecio a la conservación de la vida. Las cuotas reales del dinero proveniente del narcotráfico, el secuestro y tráfico de personas, son una referencia poco certera. Sin embargo, para 2010 se señaló que anualmente ingresaban a la economía mexicana alrededor de 40.000 millones de dólares (mdd), por concepto de drogas1. Para tener referencias, es posible señalar que el ingreso de México por concepto de remesas en 2009 fue de 21.181 mdd; por turismo de 11.275; por petróleo en 2008 de 50.635 mdd; y en 2009 de 30.882 mdd; la inversión extranjera directa fue de 23.179 mdd en 2008 y de 11.417 mdd en 2009 (Ídem).

Según el estudio elaborado por la conservadora Organización de Estados Americanos (EOA) El problema de las drogas en las Américas, el valor total estimado de Mercado ilícito internacional es de 651 mil mdd. Y la ONU señala que “en los países de las Américas, los ingresos anuales provenientes de las drogas ascienden a 150,000 millones de dólares, de los cuales la región de América del Norte” (Caballero, 2015). En donde la relación fronteriza México- EEUU es la bisagra elemental de dicha interacción criminal productora de la millonaria circulación del capital criminal.

El dinero que circula desproporcionadamente en diferentes ciudades de México por la economía criminal ha generado un escenario de guerra no convencional y un reclutamiento de jóvenes al servicio de un negocio que se fundamenta en la acumulación sistemática de dinero caracterizada por la desproporción y la fragilidad. Al igual que la frenética especulación, el dinero del narcotráfico y el crimen organizado que enajena a los líderes y empleados de la estructura se regula por un tiempo de inmediatez y consumo precoz. Cientos de jóvenes reclutados por el narcotráfico y grupos paramilitares como sicarios, adquieren cuantiosas cantidades de dinero destinadas al despilfarro causado por la presión del tiempo con el que cuentan para gastar lo que aparente, y súbitamente, poseen2.

A su alrededor, una esfera esquizofrénica de consumo hunde a buena parte de la “narco-sociedad” a un esquema erróneo sobre deseo, que lo vincula al goce, a la carencia y al placer material. Esta condición ilustra justamente el poder real de adoración al dinero y la terrible fragmentación social en la que desemboca: el poder terrible de separación entre el ser humano y el deseo fundamental por la vida y la muerte digna. Dicha ruptura se refleja en algunos de los siguiente síntomas sobre la violencia en México.

Las 80 mil muertes contabilizadas desde el comienzo de la declaración de “guerra contra las drogas” en 2006, han revelado no solo la crisis de hegemonía del Estado y la inexistencia de un Estado de derecho, sino también la explícita colusión con el crimen organizado y su propia estructura criminal. En el arrebato de la guerra se ha atropellado toda legalidad y cometido serios daños a los derechos humanos.

En 2013 el gobierno de Peña Nieto señaló que más de 26,000 personas habían sido denunciadas como desaparecidas o extraviadas desde el año 2006, algo que calificó como “grave crisis humanitaria”. No obstante, este mismo gobierno ha registrado pocos avances en esa materia pues al cabo de medio año de gobierno (junio de 2013), la Comisión Nacional de Derechos Humanos del país declaró que estaba investigando 2,443 desapariciones en las cuales existía evidencia del posible involucramiento de agentes del Estado3. El Comité contra la Desaparición Forzada de las Naciones Unidas, en su informe final sobre México (febrero de 2015), señaló que en México se vive un contexto de desapariciones generalizadas en las que muchas veces participan agentes del Estado, cometiendo el delito de desaparición forzada (ONU, 2015). Un escenario en el que se sitúa el de los 43 estudiantes en Ayotzinapa, Guerrero, pero también el del desplazamiento, los feminicidios, las fosas clandestinas y otras alarmantes señalas de muerte como dinámica sistemática de violencia en el país.

a. Desplazados

El número de desplazados por la violencia en el país asciende a 281,4184. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) del 2013, el número de hogares donde al menos un miembro ha sido víctima de un crimen fue de 10,7 millones5. En este escenario, existe una alta participación de los actores gubernamentales en dichas cifras. Por ejemplo, de las 326 agresiones contra periodistas documentadas en 2014, el 48% de ellas fueron cometidas por funcionarios públicos6. Y del 2003 al 2013 hubo un aumento del 600% en el número de denuncias por tortura a manos de las fuerzas armadas o la policía.

El desgaste de las instituciones judiciales, políticas y administrativas ha llegado al grado de que su conducción está en manos de poderes para-institucionales, como muestran los casos recientes de los gobiernos de Michoacán y Guerrero, en colusión con el gobierno corporativo de las televisoras y su violencia política, que secuestra la información de la realidad y produce escenarios virtuales orientados a legitimar un sistema falso de seguridad.

b. Militarización

De acuerdo con la Agencia de Cooperación en Defensa de Seguridad del Pentágono y el Security Assistance Monitor, México habría gastado tan solo en 2014 mil 441 millones de dólares para la compra de vehículos militares y aeronaves, lo que representa la quinta parte del presupuesto anual de la defensa mexicana. Actualmente, México es el principal comprador de armamento a Estados Unidos, de los 39 países de América Latina y el Caribe8.

En su más reciente informe (2014), el Instituto Internacional de Estudios para la Paz9 (SIPRI por sus siglas en inglés), señaló que la tendencia mundial parece orientarse hacia una disminución promedio de la militarización, marcado por una reducción del gasto en 0.44%. No obstante, el promedio del gasto de México creció un 11% en la compra de armamento, equipo y vehículos militares, duplicando sus gastos en relación con 2005. Mientras que el gasto militar y en seguridad pública aumenta, el gobierno mexicano mantiene el uso de las fuerzas armadas en paralelo a la creación de cinco mil gendarmerías en la “guerra contra el narcotráfico” (SIPRI, 2014: 5)
Este incremento exponencial de armamento refleja, por otro lado, sólo una cara parcial del incremento total de armamento que ingresa al territorio nacional, ya que los cárteles del narcotráfico y la estructura del crimen organizado representan un índice no registrado de compras intensivas de armamento de alto calibre. En este contexto, bajo el régimen de la guerra contra el narcotráfico, el territorio nacional experimenta una dramática militarización.

c. Feminicidios

Según la ONU, 7 mujeres son asesinadas cada día en México. Entre 2013 y 2015, 6,488 mujeres fueron asesinadas, de acuerdo con los datos desprendidos de las estadísticas del INEGI. Lo que supone un 46% más que en el periodo entre 2007 y 2009. El estado de México registró 1,045 homicidios de mujeres en los últimos tres años. Le siguen Guerrero, Chihuahua, el Distrito Federal, Jalisco y Oaxaca, con 512, 445, 402, 335 y 291 asesinatos de mujeres, respectivamente, en el mismo periodo. Otras entidades que 2013 a 2015 registraron un elevado número de estos crímenes, por encima de 200, son: Tamaulipas, Puebla, Veracruz, Nuevo León, Michoacán, Guanajuato, Baja California y Coahuila. Alrededor de este perverso escenario, la mercantilización de la vida ha alcanzado niveles vergonzosos y desconcertantes para cualquier sociedad.

En una situación como esta, resalta la idea de que “el dinero, concepto existente y activo del valor, confunde y transforma todo, es la confusión y trasposición universal de todas las cosas, el mundo invertido, la confusión y el cambio de todas las cualidades naturales y humanas” (Marx, 1936: 97).

La insuficiencia del dinero…
sobre la dignidad rebelde…

Después de la apenas esquemática argumentación expuesta, y sin que aquellas referencias empíricas pretendan explicar toda la compleja estructura de violencia y muerte en México ni un contraste certero de cifras e indicadores, lo que se pretende es interrogar sobre la interpretación total expuesta por Marx para definir los alcances del dinero. Para ello, es importante reconocer también la geografía de experiencias sociales que han construido su capacidad de autonomía política en relación, justamente, con el poder avasallante del dinero y sus múltiples formas de capital. El propio marxismo, en sus múltiples variantes, ha sido un referente vital para reflexionar y teorizar sobre la praxis del comunitarismo y la autodeterminación, la autogestión y la autonomía.

El movimiento zapatista contemporáneo en México, más allá de su historia político-militar y su ala marxista-leninista, se ha caracterizado en cuanto proyecto político, por el desarrollo agudo de autonomía, desafiando la enajenación del dinero. Por un lado, la desconexión estratégica frente a la geopolítica del Estado, territorialmente posible no tanto por el uso activo del armamento, tanto como de su capacidad de no utilizarlo sin deponerlo. Pero sobre todo, por su autonomía frente al dinero del sistema del que adquieren poder desconectándose de su tiempo y su espacio. Las bases zapatistas en el estado de Chiapas, evitan el dinero de las políticas sociales y anulan la capacidad de enajenación del dinero del narcoestado, del capital del armamento y de muerte que se adscribe a todo el engranaje de crimen organizado. La organización del proyecto político de la autonomía en comisiones de educación, salud, alimentación, gobierno, confronta la capacidad total del dinero expresado por Marx:
“…el dinero me ahorra la molestia de ser deshonesto; por tanto, se supone que soy honesto. Soy estúpido, pero como el dinero es el espíritu real de todas las cosas su poseedor no puede ser estúpido. Además, puede comprar a los que tienen talento y ¿no es acaso el que tiene poder sobre los inteligentes más inteligente que ellos? Yo que puedo tener, mediante el poder del dinero, todo lo que ansia el corazón humano ¿no poseo todas las facultades humanas? ¿No transforma mi dinero, pues, todas mis incapacidades en «sus opuestos (Marx, 1936: 97)

Esta cita revela el cinismo de la lógica constitutiva del dinero en una sociedad, pero en las experiencias autónomas frente al capital, el valor ético de la honestidad es reconstituido como principio, aunque siempre expuesto a su corrupción. Lo cierto es que el dinero, escaso por condición real de la autonomía y exclusión estratégica por parte del Estado, ha fortalecido el valor de la austeridad y disminuido el poder de la riqueza, incluso el poder sobre la definición de pobreza. En espacios autónomos, el dinero deja de ser el vínculo fundamental que liga al ser humano con la naturaleza y a la sociedad, deja de ser el vínculo por excelencia, y en todo caso, puede producir, en su escases, unión interna: cohesión.

Si esto es así, es posible considerar que la agonía de la esperanza en México encuentra también distensiones vitales en las experiencias de autonomía múltiples (no sólo la del zapatismo). Existe a pesar de todo una capacidad de reequilibrar la correspondencia entre vida y muerte digna, por que al igual que el amor certero capacita para ser amante y amado, la muerte digna que se libera del gobierno del dinero, evoca a la vida para ser vivida y no cotizada ni vendida.

Bibliografía

Fromm, Eric, 1970 [1961] Marx y su concepto del hombre, México: FCE.

Marx, Karl, 1932, Manuscritos económico filosóficos de 1844, en Fromm, Eric, 1970 [1961] Marx y su concepto del hombre, México: FCE.

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Pablo Uc

Investigador social y escritor mexicano. Es investigador en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (CESMECA-UNICACH) en Chiapas, México, y del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

Sus líneas de investigación se centran en el desenvolvimiento histórico de la geopolítica latinoamericana, los movimientos sociales en Abya Yala y la historia política de las democracias y los movimientos populares en México y Centroamérica.


Nota: