El aporte de reflexiones desde Giovanni Sartori1

La democracia como utopía en reciclaje

Marcelo Arequipa Azurduy
Publicado en en La Migraña 26
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I. Introducción

Corría 1993 y Giovanni Sartori nos entregaba uno de sus tantos trabajos que alimentaron a la ciencia política desde su primer texto (1957: Democrazia e Definizioni), éste en concreto comienza alertando una suerte de cambio mundial donde un régimen es desplazado (comunismo) a partir de 1989 por otro que conocemos y que él mismo lo llama a partir de la teoría liberal-democrática.

Digo lo anterior porque tal parece que con la partida de este mundo de Sartori se mezclan otros acontecimientos actuales que tienen que ver con un momento especial de crítica a todo eso que salió victorioso entre 1989 y 1991, otra vez, eso que hoy conocemos como el orden democrático.

Una advertencia antes de seguir, el texto con el que comenzamos la discusión sartoriana es una continuación a su ya célebre “Teoría de la Democracia” publicado en 1988 y que para los politólogos se ha convertido en un verdadero manual de consulta. En esta ocasión más bien mi intención va en dos sentidos: una, seducir a quien esté comenzando con el estudio de la ciencia política para adentrarse más en la obra principal referida; y dos, dialogar con quienes ajenos a la ciencia política se encuentren leyendo esto.

Por tanto, el objetivo en este trabajo no es centrarse en lecciones de manual, sino en intentar aterrizar algunos puntos importantes que el autor sostiene y que alimentan hoy día la discusión sobre la democracia en general y sobre la representación política en particular.

II. Los hitos y un escenario aparentemente indisputado

Sartori nos recuerda dos momentos claves al pre- triunfo de la democracia que suenan a paradoja pero que son reales: a) el 14 de julio de 1789 con la famosa toma de la Bastilla donde la Revolución Francesa toma el mando; b) cien años después, el 9 de noviembre de 1989 con la caída del muro de Berlín.

A partir del momento b descrito arriba, al parecer en el mundo el régimen democrático habría triunfado y por lo tanto desde ese momento hasta ahora se jugaría en un marco de un terreno donde nadie más le disputaría su espacio y su lugar. Sin embargo, esta democracia liberal tal como la conocemos, hoy se encuentra pasando por un momento de debate interno en el que ya no es que exista un oponente externo, es decir, un modelo alternativo a este, sino que algunas particularidades del sistema democrático tal y como lo conocemos están siendo puesta a prueba y necesitan ser profundizadas.
Otra alerta importante que nos hace Sartori es la de saber diferenciar, en el terreno antes dicho, entre instauración y consolidación democrática, son dos cosas distintas puesto que, por ejemplo, en nuestro caso latinoamericano hemos “sufrido la experiencia de la instauración sin consolidación, o en general de consolidaciones siempre precarias” (1993:17).

La diferencia fundamental para el tránsito de la instauración a la consolidación, para nuestro autor, se daría en una suerte de primero haber ganado a otro enemigo (las transiciones de la dictadura a la democracia), luego de esto cuando el vencido adopta el sistema del ganador (los militares aceptando vivir en democracia), no podemos hablar de consolidación aún porque siempre está el peligro de que requerimos de tiempo porque podríamos seguir operando dentro de democracias inestables.

El enemigo principal de la democracia que era el comunismo, lo era en realidad según el autor porque proponía pasar del presente hacia un futuro atrayente (1993:20), una vez derrotado este enemigo, si miramos a nuestro alrededor alternativas de régimen que quieran mostrarnos un ideal de futuro difícilmente podremos hallarlo, quizá en parte por eso que Brian Barry (2001) lo llama como la politización de las identidades de grupo, como ese espacio en el que diversos tipos de grupos reclaman para sí derechos exclusivos.
Aquí es donde Sartori se anima en decir que “el viento de la historia ha cambiado de dirección y sopla en un único sentido: hacia la democracia” (1993:25), y es ahí dentro donde debemos debatir qué hacer o si es que hoy día tenemos alguna alternativa de legitimidad que le pise los talones a la democracia y se presente como alternativa de futuro.

Al parecer en general, no se presenta aún una alternativa a la democracia como lo fue en su momento el comunismo, los detractores de Fukuyama (1992) a casi treinta años de la publicación de esa obra por ejemplo, no han sido capaces de ofrecer un modelo distinto. Todo lo que en los sistemas políticos democráticos de hoy se mezclan entre democracia representativa, libre mercado y asistencialismo, de parte del Estado se ofrece solamente en la figura de una “enmienda a la totalidad de gran sofisticación teórica y escaso impacto social” (Manuel Arias Maldonado, 2017). Es decir, la matriz democrática sigue importando y mucho.

III. La representación política
y el debate democrático

Siguiendo entonces a la idea de matriz democrática, nos enfocaremos en dos elementos que son aludidos por nuestro autor en este análisis político. Partimos con una alerta importante para los cientistas políticos que somos quienes de alguna forma mantenemos contacto directo con la formación y encumbramiento de los líderes políticos, esta tiene que ver con la estrategia que diseñamos de cara a conjugar en el ciudadano de hoy la idea de representación política y a partir de eso cómo se practica el llamado debate público.

El dardo de la crítica que lanza Sartori es respecto a que hemos cargado demasiado la dosis ideológica en los representantes llevando esto a un terreno de “guerra entre epítetos nobles” (1993:55) a favor de quienes están alrededor del líder y de apodos y descalificaciones a todos los que se presentan como contrarios a mis ideas. Es este el marco donde el debate es entendido a partir del principio de quien no está conmigo está contra mí, y muy poco podemos hacer para visualizar una representación política que se esparza como ramas y atraiga simpatías.

Como alternativa, Sartori nos propone a los ciudadanos distinguir entre crítica negativa y crítica constructiva, es decir, criticamos para negar o para cambiar (1993:67), a partir de que sepamos diferenciar estos tipos de crítica podemos llegar a integrarla con la idea de representación política, sobre todo hoy que nos encontramos debatiendo al respecto, con la pregunta de, entonces ¿cuál es la alternativa?, nuestro autor es muy tajante respecto a que la única forma viable de solución de vida colectiva sigue pasando por la vía de la democracia representativa.

Como premonición a lo que hoy ocurre con el tema de las extremas derechas, diría en el libro citado que “el nacionalismo de hoy no se plantea como una legitimidad sustitutiva de la legitimidad democrática” (1993:22), es por tanto contradictorio pensar en permanecer en la propia casa de uno cuando alrededor tenemos una conexión directa con el mundo. Es tan contradictoria la defensa poco democrática que hacen políticos mundiales hoy del nacionalismo que otros países como China son los abanderados del globalismo. Para muestra, parte del discurso del mandatario Chino nos puede ilustrar con contundencia lo dicho: “seguir el proteccionismo es como encerrarse uno mismo en un salón oscuro: puede que evite el viento y la lluvia, pero también se quedarán afuera la luz y el aire” (Xi Jinping, Cumbre internacional de Davos, 2017).

Hablando de debate, una condición importante que subraya Sartori es que en democracia las opiniones deben ser libres, sin imponerse (2009:31), esto sería reforzado más tarde con aquella idea de Manin (2008) de que la opinión pública libre requiere dos elementos: a) es necesario que tengan acceso a informaciones políticas, lo que exige que las decisiones gubernamentales se hagan públicas, no en secreto; b) se debe tener la libertad de opinar en todo momento, no solo cuando se vota en elecciones. Por tanto, el Estado debe garantizar la seguridad de la opinión pública para todos2.

En lo que significa la representación política, Sartori defiende la idea de que esta pase necesariamente por los partidos políticos3, a propósito del actual descontento que hay en contra de estos, el mismo se pregunta en los noventas si ¿deberíamos buscar la desaparición de los partidos? Para inmediatamente responder que no, porque “con independencia de cuan deficientes sean la actuación de los partidos y los sistemas de partidos, las democracias aún no pueden actuar sin ellos” (2000:11).

Al respecto, un par de apuntes desde la teoría política contemporánea sobre la representación política, se expresa a través de una línea crítica a propósito de los nuevos tipos de partidos políticos que están apareciendo en la escena son los llamados pop-up parties (Tormey, 2015:116) que funcionan de manera similar a aquellas tiendas sin decoración y que su principal objetivo es maximizar el impacto con el comprador en el mayor corto tiempo posible, asemejándose a aquellas organizaciones políticas que se empeñan en ofrecer iniciativas temporales con alguna crisis presente.

Aquí también se hace presente un problema adicional, la posible volatilidad electoral4, nos lo advierte claramente P. Mair (2015) cuando subraya que la dependencia de la política respecto de los ciudadanos es cada vez menor y, por tanto, esto se manifiesta en la poca voluntad de votar y por otro lado, en el debilitamiento del compromiso político de aquellos que asisten a votar o participan activamente en política y en la búsqueda de la satisfacción de factores de corto plazo (pop-up parties, arriba descrito). O también en la cada vez más reducida intención de los ciudadanos a querer afiliarse a algún partido político (Linz, 2007; y Van Reybrouck, 2016).

Esta forma actual de los partidos choca con aquella visión más tradicional que establece que las organizaciones políticas nacen a partir del sentimiento de exclusión de los procesos políticos con el cual se identifican sobre todo las clases sociales más bajas quienes son producto de la división social del trabajo y de la agregación de identidades, ideologías e intereses (Tormey, 2015:53).

En nuestra región Latinoamericana, probablemente nos enfrentamos a un fenómeno cada vez más creciente que tiene que ver con aquello que Torcal (2015) dice que la distancia entre ciudadanos y partidos como canales de organización están más debilitados, y hasta se ve a los partidos como un mal necesario, el voto por tanto se articula fuertemente con el candidato.

IV. Entre lo ideal y lo real
de la democracia

Sartori a propósito de los dilemas a los que nos enfrentamos después de la caída del muro de Berlín, va decir que uno de los grandes debates dentro de la teoría democrática se centra en aquello que algunos plantean que idealmente debiera ser lo democrático y aquellos que a través del dato empírico intentan demostrar que la realidad no es como la pensábamos. Dicho sea de paso, resaltando que los ideales son más que importantes para que una democracia exista (2009:27).

Deberíamos abogar por formar cientistas sociales más normativos, pero también críticos con lo que ocurre a partir de sus propias visiones ideales de democracia, nuestro Sartori por eso aquí nos da un aviso para navegantes en el sentido de que “todos proponen ideales suspendidos en el aire, pero casi nadie nos explica cómo realizarlos” (1993:74).

Si somos capaces de mezclar esto entonces habremos superado como sociedad aquello que critica Sartori, quince años después del texto de 1993, en sus lecciones sobre la democracia, cuando nos dice que todos sabemos de alguna forma cómo debería ser la democracia pero muy poco de las condiciones para conseguir una democracia real (2009:19).

En este escenario democrático actual, otra apuesta es la que ya en ese entonces nos alertaba sobre la llamada “sociedad de las expectativas” (1993:118), esperamos más y nos sentimos como ciudadanos merecedores de mayores competencias a nuestro favor. Las libertades y derechos que se nos van dando no las entendemos como privilegios, es decir, como cosas exclusivas; si cuando menos las entendiéramos de esta forma, entonces, aceptaríamos que toda concesión a nuestro favor también involucra obligaciones de contra parte, aquí volvemos a esa idea antes descrita como la politización de lo social.

Pero además, esto está plenamente involucrado con aquella doble distinción de lo que es la democracia: como ideal o como procedimiento. En el caso de la primera relacionada con la cuestión de lo que Sartori arriba menciona como sociedad de las expectativas, y no necesariamente una sociedad que busca una transformación democrática donde los ciudadanos participen activamente. Segundo, se encuentra la democracia como procedimiento, aquí es cuando observamos en carne propia cómo se aplican ciertas reglas del juego declaradas como democráticas.

Sin embargo, suele ser bastante común que aquello que demandamos como expectativas choque con lo que se aplica realmente, en cuyo caso estamos frente a un dilema contemporáneo, puesto que los políticos aprovechan esto con especial astucia para dividirnos como sociedad entre aquellos que están a favor o en contra. Una última tentativa futura para nuestras democracias, las de la región, quizá pase por el tema de asimilar al cien por cien aquello que Juan Linz dijo cuando recibió el premio Johan Skytte de Ciencia Política de que “sin Estado no hay democracia” lo que se plantea como un reto de fortalecimiento institucional porque aquí los políticos importan pero las instituciones parecen importar mucho más.

V. Conclusión

Hasta aquí como se habrá podido observar, nuestro autor nos plantea bastantes tareas inconclusas, no porque no le haya dado el tiempo de realizarlas, sino porque son retos que cada uno de nosotros debe encontrar respuesta sea que se encuentre en el mundo de la academia o desde el ejercicio de una ciudadanía activa y responsable.

No hay duda por ejemplo que hoy las formas de obtención del poder político no son las mismas de como cuando presenciamos en el contexto de la región latinoamericana la transición de la dictadura a la democracia, hoy día el poder se ha “vuelto más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder” (Entrevista a Moisés Naim, 2014), si sumamos a esto la tesis de que la democracia es irresistible en su expansión a nivel del globo, cabe preguntarse también si en lo autocrítico, ésta sabrá resistirse a sí misma.

El debate sobre la democracia que hoy sostenemos a propósito de la ausencia en este mundo por parte de Sartori, va seguir la ruta de siempre de no saber precisarla con exactitud, a no ser que como dice Santos Juliá que aclaremos “de qué democracia estamos hablando” (2015:5). Por lo que resulta coherente concebir el debate respecto a lo que entendemos como democracia a partir de la idea del reciclaje constante de principios fundamentales que se nos pueden volver a abrir como nuevas utopías según el tiempo en el que nos encontremos.

Un elemento más que no se aludió aquí y que se puede sumar a propósito de contextos particulares, se habla respecto a un medio social que hoy prefiere la búsqueda de satisfacción individual por encima del sentido colectivo. Quizá esta sea parte de la raíz de los problemas a los que nos enfrentamos hoy, porque no es posible concebir democracia que perdure en el tiempo si es que “los hombres y las mujeres no se reconocen tal como son para formar un mundo común. Esto requiere que exista una forma de comprensión recíproca entre sus miembros. El costo de la mala representación es tanto social y moral como individual” (Rosanvallon, 2017:155).
Finalmente, quisiera apropiarme de unas palabras que usa el mismo Sartori al inicio de su texto del 93: “La democracia se alimenta con el debate, y se discute mejor sobre ella cuando todavía está en discusión” (1993:12) para decir igual que Safranski que siempre podemos volver a las preguntas que son la esencia misma de la vida en sociedad sola y exclusivamente en un sistema democrático, hay una luz al final de este túnel, y quizá esa salida es tan sencilla de comenzar a analizar que entre todo ese manto de complejidad posmoderna la hemos olvidado, por eso siempre los clásicos serán clásicos; y por eso Sartori siempre será Sartori.

Bibliografía

  • Arias, M. 2017. Izquierda, capitalismo y utopía: comedia para el fin de los tiempos. En la Revista de Libros. España. junio de 2017.
  • Brian, B. (2001). Nuevo Manual de Ciencia Política.Tomo I. España: Istmo.
  • Bobbio, N. 2013. Democracia y secreto. México: FCE.
  • Fukuyama, F. (1992). El fin de la historia y el último hombre. España. Planeta.
  • Juliá, S. (2015). Sombras sobre las democracias. En laRevista de libros.
  • Linz, J. et.al. (2007). Partidos políticos. Viejos conceptos y nuevos retos. España: Editorial Trotta.
  • Mair, P. (2015). Partidos, sistemas de partidos y democracia. La obra esencial de Peter Mair. Argentina.EUDEBA.
  • Manin, Bernard (2008). Los principios del gobierno representativo. España. Alianza Editorial.
  • Naim, M. (2014). Hoy en día el poder está más limitado y es más efímero que antes. Entrevista en Agenda Pública. Eldiario.es.
  • Rosanvallon, P. (2017). La democracia del Siglo XXI. En la Revista Nueva Sociedad. mayo junio. No. 269.
  • Safranski, R. (2017). Tiempo. La dimensión temporal y el arte de vivir. España. Tusquets editores.
  • Sartori, G. 2009. La democracia en 30 lecciones. España. Taurus.
  • Sartori, G. 2000. Partidos y sistemas de partidos. España. Alianza editorial.
  • Sartori, G. 1993. La democracia después del comunismo. España. Alianza editorial.
  • Torcal, M. (coord.). (2015). Sistemas de partidos en América Latina. Argentina. Siglo XXI editores.
  • Tormey, S. (2015). The end of representative politics. Polity. Polity Press.
  • Van Reybrouck, D. (2016). Against Elections. The case of democracy. UK. Penguim Random House.

Bibliografía en español sobre Sartori

  • 2016. Carrera hacia ningún lugar. España. Taurus.
  • 2012. Homo videns. España. Taurus.
  • 2011. ¿Cómo hacer ciencia política?: lógica, método y lenguaje en las ciencias sociales. España. Taurus.
  • 2009. La democracia en 30 lecciones. España. Taurus.
  • 2007. ¿Qué es la democracia? España. Taurus.
  • 2005. Elementos de Teoría Política. España. Alianza Editorial.
  • 2003. Videopolítica: Medios, información y democracia de sondeo. México. FCE.
  • 2003. Ingeniería Constitucional Comparada: una investigación de estructuras, incentivos y resultados. México. FCE.
  • 2002. Política: lógica y método en las ciencias sociales. México. FCE.
  • 2001. La sociedad multiétnica. España. Taurus.
  • 1994. La comparación en las ciencias sociales. España.Alianza editorial.
  • 1997. Partidos y sistemas de partidos. España. Alianza Editorial.
  • 1993. La democracia después del comunismo. España.Alianza editorial.
  • 1988. Teoría de la democracia. España. Alianza editorial.

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Marcelo Arequipa Azurduy

Doctor en Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Madrid. Docente titular en la materia: Élites, partidos y sistemas de partidos en la Carrera de Ciencia Política y Gestión Pública (UMSA), y docente de las materias: Teoría Política, y Sistema Político Boliviano en la Carrera de Ciencia Política (UCB-La Paz).

Publicaciones: Partidos y coaliciones legislativas más allá del clivaje ideológico en el contexto boliviano (1985-2009), Composición y estructura de las élites parlamentarias en Bolivia a través de sus características sociodemográficas (1985-2005).